“Leo teorías sobre si pueden existir sociedades sin Estado”

Por Martín Krause. Publicado el 27/11/17 en: http://www.laprensa.com.ar/458302-Leo-teorias-sobre-si-pueden-existir-sociedades-sin-Estado.note.aspx

 

NUESTROS ECONOMISTAS, EN LA INTIMIDAD. Martín Krause aboga por un aparato público reducido. Vuelve siempre a las obras de Jorge Luis Borges. No pudo terminar “El Capital”, de Marx. El rugby, una pasión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 – ¿Qué libros de economía está leyendo ahora? ¿Suele leer varios libros a la vez?

-Estoy leyendo papers de economía, no libros. En particular, de tres áreas específicas que son la teoría de los juegos, la economía experimental y la sicología evolutiva. Aún más específico, estoy leyendo las últimas contribuciones en estas áreas relacionadas con la provisión voluntaria de bienes públicos, la cooperación y la posibilidad de que se puedan alcanzar órdenes espontáneos sostenibles en el tiempo. Para ponerlos en términos más “agresivos”, estoy leyendo si la más moderna teoría sostiene la idea de que puedan existir sociedades u órdenes sociales voluntarios, sin coacción, es decir, sin estados. En cuanto a libros, leo y vuelvo a leer a Borges, sus libros, sus entrevistas y otros libros sobre él y su obra. Y cada tanto intercalo algún otro autor.

2 – ¿Qué autor nuevo o clásico descubrió últimamente? ¿Por qué motivos lo atrapó?

-Leda Cosmides y John Tooby, un matrimonio que dirige el Center for Evolutionary Psychology en California, quienes han generado un área nueva en las ciencias sociales que, creo, va a revolucionar nuestra ciencia. Sus investigaciones se relacionan, en parte, con la economía de la conducta, por la que recibiera el último premio Nobel Richard Thaler, pero van mucho más allá explicando muchos de esos casos en las conductas como resultados de largos procesos evolutivos.

3 – ¿Podría mencionar un economista de cualquier época que considere injustamente olvidado?

-Eugen von Böhm-Bawerk, austríaco, no solamente fue un gran teórico, que desarmó la teoría del valor-trabajo de Marx y la plusvalía, sentó las bases de la teoría del capital. También fue ministro de Economía del entonces Imperio Austro-Húngaro, uno de los países más libres del momento (fines del siglo XIX).

4 – ¿Algún economista contemporáneo o clásico que le parezca sobreestimado, o que no haya estado a la altura de sus expectativas?

-Joseph Stiglitz. Se dedicó a investigar temas relacionados con la economía de la información pero partiendo de conclusiones erróneas. Nótese que digo que parte de “conclusiones” porque es obvio adónde quiere llegar, a tratar de mostrar que los mercados “fracasan” en la provisión de información, que ésta es un bien público y que el Estado debe cumplir un rol activo para proveerla. Toda ciencia que parte de las conclusiones a las que se quiere llegar no es ciencia sino que es ideología. Otro premio Nobel antes que él, Friedrich A. Hayek ya había mostrado que los mercados son como enormes sistemas de generación y uso del conocimiento y, al contrario, las intervenciones estatales modifican e interfieren las señales.

5 – ¿Hay alguna página web o blog sobre economía que frecuente?

-Bueno, la propia porque la utilizo mucho para las clases que dicto: http://www.bazar.ufm.edu.

6 – Fuera de la economía, ¿qué le gusta leer para relajarse? ¿Lee ficción o sólo ensayos?

-Como dije antes, Borges y más Borges.

7 – ¿Recuerda uno o más libros consagrados que se le resistieran y no haya podido terminar de leer?

-El Capital, de Marx. Hay pocos tan aburridos.

8 – ¿Qué otro economista de cualquier época le hubiera gustado ser, ya sea por su obra o por su vida? ¿Lee biografías de economistas?

-Alguno de los clásicos, como Adam Smith o John Stuart Mill, porque dominaban profundamente varias ciencias sociales: economía, filosofía política, historia, ética.

9 – ¿Admira a alguno de sus colegas? ¿Con quien le gustaría compartir el gabinete en el Ministerio de Economía?

-Nunca quisiera estar en el Ministerio de Economía. Es más, creo que un tal ministerio no debería existir. Solamente el de Hacienda para manejar las cuentas públicas y nada más, nada de ministerios de Producción, o de Agricultura, o de Industria, o de Energía.

10 – ¿Podría recomendar alguna película de economía?

-Serían muy aburridas, pero todas tienen algo de economía porque la economía estudia la acción humana en un entorno de escasez, y siempre vamos a encontrar personajes que de una u otra forma están tomando decisiones “económicas”.

11 – ¿Qué mira en Netflix o en el cable? ¿Le gustan las series? ¿Podría recomendar alguna?

-Rugby o series. De rugby, todo lo que se pueda ver. De las series, son mejores las inglesas que las norteamericanas. Tal vez la mejor sea Black Mirror.

12 – ¿Cuándo supo que quería ser economista? ¿Qué autor le marcó su vocación?

-De a poco. Había cursado varias materias en la UBA pero el verdadero interés vino leyendo historia y casos como el del milagro alemán después de la Segunda Guerra, en particular las reformas implementadas por Ludwig Erhard.

13 – ¿A cuál de sus profesores recuerda con especial cariño?

-Horacio Pericoli. Le discutíamos todo, nunca estábamos de acuerdo, pero nos conocíamos del barrio, yo era amigo de su hermano menor, con quien jugaba al rugby, y podíamos tener una muy buena relación.

14 – ¿Cual cree que es el economista más influyente hoy en día a nivel local o internacional? ¿Tiene usted algún “héroe” en este oficio?

-No. No veo que haya uno que me parezca deslumbrante y por encima de todos los demás.

15-Si no fuera economista, ¿de qué le gustaría trabajar?

-De front man en un grupo de rock.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

La psicología evolutiva y una búsqueda de las razones por las que la gente prefiere la redistribución de ingresos (II)

Por Martín Krause. Publicada el 2/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-psicologia-evolutiva-una-busqueda-las-razones-las-la-gente-prefiere-la-redistribucion-ingresos-ii/

 

Un grupo de científicos, y entre ellos un par de argentinos, expertos en el nuevo y prometedor campo de la psicología evolutiva plantean una respuesta. Los argentinos son Daniel Sznycer, de la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Arizona, y María Florencia López Seal, de la Universidad Nacional de Córdoba. Investigan y escriben con los ‘padres fundadores’ de esta nueva disciplina, Leda Cosmides y John Tooby, creadores del Center for Evolutionary Psychology. Según ellos el apoyo a la redistribución se basa en emociones, en particular la compasión, la envidia y el interés propio, no por alguna convicción general de justicia social. Esas emociones son el resultado de largos procesos evolutivos durante los miles de años que fuimos cazadores-recolectores. No descartan el impacto de las prácticas locales, las ideas y valores compartidos o la historia reciente, pero centran su atención en las primeras. El crecimiento de la psicología evolutiva se ha basado en presentar crecientes evidencias de que el cerebro o mente humana contiene una cantidad de programas neuro-computacionales que fueron construidos por la selección natural porque resolvían recurrentes problemas de adaptación al mundo ancestral. En ese entorno se desarrollaron dos conductas con respecto a la distribución de bienes y servicios y sus correspondientes emociones para guiarlas. Los cazadores-recolectores compartían riesgos en actividades sujetas al azar (por ejemplo, la caza de algunos animales grandes) pero estaban menos dispuestos a compartir resultados de actividades más regulares que dependieran del esfuerzo personal (caza de animales menores y más abundantes o recolección de frutos más comunes). Aun hoy, entonces, el apoyo o rechazo por la redistribución se explica por las diferencias en considerar que, por ejemplo, los desempleados no han tenido suerte en conseguir empleo o que su situación se debe a la falta de esfuerzo personal. Nuestros ancestros en mejor posición compartían con otros miembros del grupo o banda como una forma de asistencia mutua que reduce el riesgo a que, por mala suerte, se encontraran de pronto en la otra situación. Esto es motivado por la emoción de la compasión. El interés propio, por otro lado, apoya la transferencia de recursos de quienes están mejor que uno. Pero cuando se trata de consolidar una posición social en relación a otros, la persona puede estar a favor de quitar al más rico o poderoso aunque otros no reciban nada, simplemente para debilitar su posición relativa en el grupo. Es motorizado por la emoción de la envidia. Los autores realizaron trece estudios con 6.024 participantes en cuatro países para testear la hipótesis que la compasión, la envidia y el interés propio explican la posición de las personas sobre la redistribución. Los resultados de esas investigaciones parecen confirmar que, efectivamente, la compasión, la envidia y el interés personal guían las preferencias de las personas respecto a la redistribución. Ayudar a los pobres con dinero y esfuerzo propios están directamente basado en la compasión, pero favorecer la redistribución tiene también otros motivos, entre ellos el interés personal y la envidia. Por ejemplo, se pidió a los participantes de la investigación que compararan dos escenarios: en uno los ricos pagaban 10% más de impuestos y los pobres recibían algo; en otro los ricos pagaban 50% más de impuestos y los pobres recibían la mitad. Es decir, más impuestos resultaban en menos dinero para los pobres. Entre un 14 y un 18% de los participantes prefirieron este escenario. Esos valores y emociones parecen estar detrás de las preferencias por la redistribución. ¿Serán los presos los motivados por la envidia y los que están fuera por la compasión? ¿o habrá entre todos nosotros tanto unos como otros? ¿o incluso algunos motivados por ambas? Por cierto, quienes se sientan motivados por la compasión su ayuda voluntaria satisface esa emoción, el apoyo a la redistribución los puede mezclar con los motivados por la envidia.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.