Mauricio Macri, el hacedor de pobreza en Argentina

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 1/4/19 en: https://www.ambito.com/mauricio-macri-el-hacedor-pobreza-argentina-n5023876?fbclid=IwAR3KH7tAs2r38k42SulGeCPZeKZ3RfpqaMs3aWiwvFmcamZwn2pLLjqq04o

 

Mauricio Macri, el hacedor de pobreza en Argentina

Del Congreso Internacional de la Lengua Española, en particular de la charla sobre inteligencia artificial de José María Álvarez-Pallete, surge que los cambios culturales serán radicales en las próximas décadas y, quizás, ya nadie se interese por los presidentes de gobiernos. Pero si acaso recordarán a Macri, no extrañaría que fuera por lograr un nivel de pobreza con casi el 50% de los niños en esa situación.

Veamos el mercado financiero. El nuevo S&P Merval, que sólo considera empresas locales, pasa a ser un índice claro de lo que sucede en Argentina. Mientras que en el primer trimestre del año el S&P500 ganó 13% y el Nasdaq 16,5%, como anticipé el año pasado -y lo sostuve contra la opinión de muchos operadores cuando la Bolsa en enero subía 20% en dólares-, el S&P Merval ya está debajo de los valores de 2018 en términos reales: en 2019 sube 10,5% contra 14% el dólar y 12% la inflación.

Y va para peor; de hecho, marzo fue el peor mes y el S&P Merval cayó 2,93% cuando el dólar ganó casi 12%. Los bonos en dólares bajaron 3% en promedio, y en el tramo pesos cayeron casi 3% en promedio para los ajustables por CER, y leves alzas para el resto. Los ADR en Wall Street terminaron con mayoría de bajas. Por su parte, la tasa de interés de los plazos fijos apenas superó el 3%, perdiendo contra la inflación -3,5%- y el dólar. Hasta el carry trade resultó negativo; por caso, los retornos en pesos alcanzaron 3,3% para las Lecap.

Así, la mejor inversión es comprar dólares y tenerlos sin producir. O sea que Argentina se desinvertirá porque la rentabilidad de la economía del peso -dados los impuestos, la inflación y las altas tasas- es negativa. En otras palabras, el PBI caerá -contra todos los pronósticos que dicen que en 2020 crecerá- con el modelo que Macri viene implementando desde hace 14 años -ya en la CABA- de aumento del peso estatal sobre los ciudadanos -el mercado- que producen.

Los políticos llegan al absurdo de malversar la ciencia de la lógica. Por caso, el dolor -físico o psicológico- es una advertencia -del cuerpo o la mente- de que estamos errando y debemos corregirnos. Al acercamos al fuego, sentiremos una molestia, una advertencia del cuerpo para no acercarnos más so pena de dañarnos. La función del dolor es precisamente advertir un daño potencial mayor.

Yendo entonces a la política, cuando nos proponen un “ajuste doloroso” -que, supuestamente, nos llevaría al bien – debemos rechazarlo y denunciar la violación de las leyes de la lógica. “Tienen que aguantar, yo estoy convencido de lo que hago”, dijo Macri. Deberían explicarle que, precisamente, en un mercado libre lo que importa es, para cada persona, su propia opinión y no la de un líder mesiánico.

¿Por qué crece la pobreza? Porque crece el modo coactivo en que el Estado retira recursos del mercado. Impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas. Y toda coacción perjudica más a los más vulnerables. La inflación -el exceso de emisión para solventar gastos estatales- resulta peor para los más modestos, por caso, los precios de los alimentos y servicios básicos subieron en febrero 5,1%, frente al 3,8% general.

Mientras que las tasas de interés hacen inaccesible el crédito a los más humildes, según LCG, la pobreza cero se conseguiría con una transferencia extra, de recursos en manos del Estado, por $244.000 M anuales a los 2,1 M de hogares pobres, o sea, aumentar el gasto social en 1,7% del PBI cuando el FMI autoriza sólo 0,3%.

Ahora, estos recursos son coactivamente retirados del mercado, particularmente de los más pobres -los empresarios, pagan los impuestos subiendo precios, bajando salarios, etc.- luego filtrados por una burocracia que se queda con buena parte, devolviéndose en asistencialismo bastante menos.

Cuenta Matías Di Santi que, según OJF, la población pobre pasó del 8% en 1980 al 16% en 1985. En 1989 eran 39,8% y, en 1990, 41,3%. De acuerdo con los primeros datos del Indec, para el Gran Buenos Aires (GBA), a fines de 1989 la pobreza llegaba al 47,3%, y para mayo de 1995 baja al 22,2%. En octubre de 1999, sube al 26,7% y dos años más tarde alcanza el 35,4%, para llegar en mayo de 2002 al 49,7% y un año más adelante toca el récord de 51,7% en el GBA, según el Indec que en ese 2003 comenzó a medir en 31 centros urbanos encontrando una tasa del 47,8%.

Antes de su intervención, el Indec mide 26,9% para el segundo semestre de 2006. Según Cedlas, bajó de 37% a fines de 2007 a 30% a principios de 2015. Luego, a mediados de 2016, la pobreza subió al 31,4%. Con el Indec normalizado, en el segundo trimestre de 2016 alcanzaba al 32,2%. En 2018, llegó a 32%, 6 pp más respecto del segundo semestre de 2017 (25,7%) y la cantidad de niños pobres -de 0 a 14 años- aumentó de 39,7% en 2017 a 46,5% en 2018.

Macri ha dicho que seguirá el mismo modelo -de aumento de la exacción coactiva al mercado- pero más rápido, es decir, crear pobreza a un ritmo más rápido que los 6 pp anuales. Así, dos años antes de que acabe su hipotético segundo mandato romperá el récord de 50%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Fluctuación sucia en Argentina, ¿al garete?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 19/2/19 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2019/02/fluctuaci%C3%B3n-sucia-en-argentina-al-garete.html

 

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A diferencia de un sistema de tipo de cambio fijo ―donde los bancos centrales tienen que proporcionar la cantidad de moneda extranjera que se necesite para financiar los desequilibrios de la balanza de pagos, al tipo de cambio vigente―, un sistema de tipo de cambio flexible requiere que los bancos centrales se abstengan de intervenir, y la relación cambiaria se ajuste para igualar oferta y demanda de divisas.

Sin embargo, en la literatura económica se describe la modalidad de tipo de cambio flexible o fluctuante que opera en la Argentina de hoy: fluctuación intervenida o sucia. En tal sentido, la autoridad monetaria interviene comprando o vendiendo divisas, en un intento de influir en los tipos de cambio, aunque solo bajo determinadas condiciones.

El plan del BCRA consiste en frenar la expansión monetaria hasta el mes de junio de 2019 mediante una zona de no intervención cuyos límites, desde septiembre pasado, fueron fijados entre 34 y 44 pesos, respectivamente, con un ajuste inicial mensual del 3% recalibrado al 2,2%, en el mismo lapso, hacia diciembre pasado. Si el dólar pasa del límite superior, el organismo podrá vender hasta 150 millones de U$S diarios para tratar de contenerlo. De lo contrario, si el dólar se deprecia por debajo de 34, el BCRA podrá comprar reservas internacionales y decidirá cuándo esterilizar dichas compras.

Se trata de un fuerte control de la base monetaria (billetes y monedas en poder del público, billetes y monedas en entidades financieras más los depósitos de los bancos en el BCRA). Pero todo el sistema depende de un indicador crucial, el premio de su contrapartida, la tasa de interés de las Letras de Liquidez (Leliq). Mediante este instrumento, el plan persigue un doble objetivo: reducir la inflación y evitar la volatilidad cambiaria.

Ante la mirada optimista del gobierno, los datos estadísticos de enero encendieron las primeras luces de alarma sobre el primer objetivo, la inflación. El índice de precios comenzó el sendero a la baja desde la implementación del nuevo plan en el mes de septiembre, con 6,5% mensual, pero modificó su tendencia hacia el mes de enero, con un  2,9%, y avivó  la incertidumbre sobre la meta cambiaria.

Frente a la evidencia, y a la zaga de los acontecimientos, el Banco Central limitó la tenencia de Leliq por parte de los bancos, a fin de evitar que fondos llegados desde el exterior en forma de capitales “golondrina” aprovechen las tasas que ofrece el instrumento para luego “fugarse” con rapidez. Con esta modificación se dispuso limitar el máximo de Leliq que un banco puede tener en su poder, al 65% de los depósitos de sus clientes o al 100% del patrimonio del banco. ¿Alcanzará?

¿Cuál será el costo que pagará la plaza local cuando se reviertan los buenos vientos hacia mercados emergentes? Las mesas de dinero de Argentina recomiendan ahora ser muy cautos con el “carry trade” y los vientos favorables son vistos como transitorios.

Lo más importante según la ortodoxia económica abreva en la visión de Robert Mundell y Marcus Fleming, en lo que se conoce como el Modelo de Mundell-Fleming. En ausencia de intervención cambiaria (los autores hablan de un tipo de cambio plenamente flexible, aunque los efectos pueden verse atenuados y hasta desvirtuados bajo el presente escenario de flotación sucia), un tipo de cambio flexible implica un balance pagos en equilibrio. La primera implicancia establece que cualquier déficit de cuenta corriente debe ser financiado con entradas de capital privado, y cualquier superávit con salida de capital.  Es decir, los ajustes del tipo de cambio aseguran el equilibrio de las cuentas corriente y de capital.  Ahora, la segunda implicancia y la más contundente esencia de inequidad del sistema consiste en que solo hay un tipo de interés con que se equilibra la balanza de pagos: aquel que iguala el tipo de interés interior con el del resto del mundo. De lo contrario, habrá entradas o salidas infinitas de capital únicamente mitigadas por el “trade off” rentabilidad-riesgo.

En síntesis, las bandas buscan soslayar el ancla nominal, en este caso el tipo de cambio, ya que no están dadas las condiciones de hecho económicas para que la divisa norteamericana fluctúe libremente y tienda a converger hacia su verdadero precio. Cotización que no es ni más ni menos que la que se establece bajo las condiciones que subyacen en la economía nacional.

Hasta tanto no exista la convicción de que es imprescindible solucionar la cuestión fiscal, y ello presupone prescindir de las transferencias de recursos, en grado superlativo, hacia los beneficiarios del sistema (políticos, sindicalistas, jueces, etc.), poco  podrá hacerse agregando énfasis en la política monetaria. Tal vez ayude recordar las palabras del expresidente del BCRA, Federico Sturzenegger, quien dijo, “Nuestra capacidad desde el Banco Central para contribuir al bienestar de la sociedad es dotarla de una moneda con poder de compra estable como resultado de un entorno de baja inflación. No podemos lograr casi ningún otro objetivo.” De lo contrario, la experiencia de la flotación sucia flotará, pero lo hará al garete como en tantas otras ocasiones de nuestra empobrecida historia.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

La calma cambiaria es solo aparente

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 13/2/19 en: https://www.ambito.com/la-calma-cambiaria-es-solo-aparente-n5015749

 

La calma cambiaria es solo aparente

 

Acaba de conocerse que la formación de activos externos netos acumulada entre 2017 y 2018 supera los u$s59.000 M -incluidos los dólares “en el colchón”- lo que refleja la alta inflación del peso. Inflación que continúa y por eso la paz cambiaria es aparente y superficial y en algún momento el billete verde se pondrá a tono con los nuevos precios.

Entre otras cosas, qué pasará cuando quienes hicieron un plazo fijo en torno del 40% tengan que renovarlo con tasas más cerca del 30%. No sería de extrañar que la subida de la Bolsa -que no se explica ni con la macro ni con el PER, todo lo contrario- esté precisamente, adelantando el precio del dólar.

Y el hecho de que el Gobierno está intentando frenar el “carry trade” con las Leliq, es un reconocimiento implícito de que el dólar está planchado circunstancialmente gracias a las altas tasas. En cualquier caso, es imposible saber cuándo el dólar tomará ritmo porque, de momento, el Gobierno tiene fuerza, y ayuda para plancharlo.

Sobre todo si tenemos en cuenta que el FMI este año aportará la friolera de u$s30.000 M, cuando desde el BCRA calculan que una corrida no superaría los u$s5.000 M, y aunque los privados estiman hasta u$s25.000 M.

El BCRA aceleró el ritmo de baja de tasas, y desde el máximo del 73% en septiembre, la tasa de Leliq acumula una baja de casi 28 puntos, quedando en alrededor de 45% anual. Pero los operadores esperan una baja más gradual hasta quedarse en un piso del 43%.

Y con el FMI, discuten la posibilidad de que la “zona de no intervención” vaya ajustando a un nivel más bajo que la inflación esperada. Considerando que la inflación esperada por el Gobierno (23%) promete ser mucho más baja que la real, que los analistas ya estiman bien arriba del 30% y sigue subiendo, probablemente tendremos “carry trade” para rato.

Ayuda el campo, ya que los dólares de los productores agropecuarios sumarían este año más de u$s30.500 M por ventas al exterior. Considerando que en 2018 ingresaron unos u$s25.500 M, esto implicaría un salto del 20%. Dicho sea de paso, no tanto como para creerse el entusiasmo del Gobierno de que esto revertiría la caída del PBI. La contracara de este dólar artificialmente bajo es, entre otras cosas, que Argentina exporta poco más del 10% de su PBI, cuando la media global es superior al 35%.

Por otro lado, más allá del déficit primario cero, quedaría un déficit financiero del 3% del PBI, que debe cubrirse con emisión adicional de deuda, aumentando la presión a la baja del dólar. El déficit fiscal total se redujo en 2018 solo el 0,2% del PBI ya que pasó del 6% al 5,8% dado que los gastos primarios, sin los intereses de la deuda, se redujeron del 2,9% al 2% del PBI, pero la cuenta de intereses subió del 3,1% al 3,8% del PBI.

Y la recaudación fiscal baja -y cada vez más- en términos reales, complicando estas cuentas. Por tomar un indicador, según el INDEC, entre enero y noviembre de 2018 los salarios perdieron 17,3% frente a la inflación, es decir, que así las cosas el consumo y la inversión de las personas cae.

La situación externa también mejoraría ya que podría desacelerarse la apreciación global del dólar, gracias a la ralentización en la subida de tasas por parte de la Fed, aunque falta la otra pata, el balance. Crossroads, o encrucijada, son las palabras fetiche del presidente de la Fed, frente a los riesgos que acechan: un divorcio sin acuerdo por el “brexit”, una brusca desaceleración en China y, principalmente, el incremento de las tensiones comerciales, según se confirmaba que Trump y Xi Jinping no se reunirán el 27 y 28 de febrero en Vietnam, aunque podrían hacerlo después del 2 de marzo, cuando expire el plazo de las negociaciones.

En estos momentos un 81,2% de los analistas descuenta que no habrá subidas de tasas este año, según FedWatch, en tanto que el porcentaje de operadores que proyectan una bajada para el próximo 11 de diciembre (15,3%) es cinco veces mayor que el de los que esperan una subida (2,8%). Aunque, por otro lado, hay cierto optimismo en cuanto a la economía de EE.UU. ya que para la Fed “el desempleo es bajo, los precios están cerca del 2%, por lo que ahora estamos en un buen lugar”. Pero, aun suponiendo que las tasas no se muevan, queda por ver el balance, que está de moda, ya que para achicarlo la Fed ha venido inundando a los mercados de deudas absorbiendo dinero. La Fed todavía acumula en este registro más de u$s 4 B, de los cuales 2,22 son bonos del Tesoro y unos 1,6 B son activos respaldados por hipotecas (MBS). Casualidad o no, en octubre de 2018 las bolsas globales comenzaron a temblar y la volatilidad invadió los mercados. Justo en ese mes, la Fed apretó el turbo en la reducción de balance alcanzando los u$s50.000 M mensuales que deberían seguir desapareciendo hasta alcanzar el tamaño ‘adecuado’. Cuando el proceso comenzó en 2017, la Fed proyectó que la normalización finalizaría en 2022 y el remanente sería de u$s2,3 B, pero ahora se discute la ralentización y hasta poner fin a la reducción del balance.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.