Cómo el gasto público subió la pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/10/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/10/15/como-el-gasto-publico-subio-la-pobreza/

 

Los gobiernos populistas no han sido buenos reasignaciones de los recursos para reducir la población que no puede acceder a recursos monetarios para poder comprar la canasta básica de alimentos y pagar los servicios públicos y privados esenciales

La pobreza trepó al 35,4% en el primer semestre de este año segun el INDEC (Foto NA)

Existe la falsa creencia que el aumento del gasto público funciona como un mágico factor multiplicador de la actividad económica. Los economistas que juegan a ser brujos con poderes mágicos nos quieren hacer creer que un dólar gastado por el Estado produce más actividad que un dólar gastado por el sector privado.

En economía no hay magia, por lo tanto, si el dólar de más gastado por el Estado generara algún tipo de efecto multiplicador, el dólar de menos gastado por el contribuyente produciría el mismo efecto desmultiplicador y de retracción de la economía, en igual intensidad que el supuesto efecto expansivo del Presupuesto.

A los políticos que les encanta gastar el dinero del contribuyente este supuesto efecto mágico del gasto público les viene como anillo al dedo porque pueden vender populismo y tratar de insensible a todo economista que no solo se oponga a un aumento del Presupuesto, y peor aún a quienes pedimos reducirlo, porque “no consideramos a los pobres”.

En la Argentina el populismo estatista ha llevado el gasto público a niveles que, como veremos enseguida, ha sido el mayor causante de la pobreza, y hasta tanto no se entienda que no va a ser la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, ni sus antecesores ni sus sucesores, la que va terminar con la pobreza revoleando cheques del contribuyente.

Es que el aumento del gasto público ha sido la causa de un largo período de déficit fiscal que ha impactado en 4 variables económicas haciendo explotar la pobreza y llevarla a los niveles que, la misma dirigencia que la creó, ahora se espanta de verla.

El gráfico de abajo muestra la evolución del déficit fiscal consolidado entre 1961 y 2016 en base a datos del Ministerio de Hacienda.

Tomando los 55 años que van entre 1961 y 2016, en solo 6 de ellos hubo superávit fiscal. En rigor esos superávit fiscales estuvieron basados en la llamarada inflacionaria que generó Eduardo Duhalde con la salida de la Convertibilidad, licuando el gasto público en salarios y jubilaciones. Si a eso se le agrega que Adolfo Rodríguez Saá antes había declarado el default y ya no se pagaban los intereses de la deuda pública; y se establecieron retenciones a las exportaciones con un tipo de cambio de $4 por dólar, que hicieron licuar el gasto y no pagar la deuda, más que ordenar el Estado para bajar el gasto público.

Es más, el gráfico 2 muestra la evolución del resultado fiscal en la era K. Como puede verse, comienza el 2004 con un superávit consolidado del 3,54% del PBI gracias al viento de cola y al desastre económico institucional que hizo Duhalde, y terminaron entregando el poder en 2015 con un déficit fiscal de 7,24% del PBI. Un recorrido de deterioro de las finanzas públicas de casi 11 puntos del PBI.

Ahora bien, volviendo al largo período de aumentos del gasto público y déficit fiscal, hubo 5 factores de ese aumento del gasto público que llevaron al estallido de pobreza impensada en una Argentina que fue pujante y un país que le ofrecía al mundo un lugar donde prosperar a fines del siglo XIX y principios del veinte:

Emergencia permanente

1Los recurrentes déficits de las finanzas públicas llevaron a transformar a la Argentina en un infierno fiscal. El actual Impuesto a las Ganancias nació como un gravamen de emergencia en 1932 llamado Impuesto a los Réditos. Hace 87 años que estamos en emergencia. El IVA, que comenzó con una tasa del 13% en 1975, fue aumentando hasta el actual 21%. Recordemos que en 1995 se pasó de una alícuota del 18% para llevarla al 21% para enfrentar la emergencia por la crisis del Tequila. Es decir, llevamos 24 años de emergencia. Lo mismo ocurre con el impuesto a los créditos y débitos bancarios, creados como emergencia en 2001, tenemos 18 años de emergencia. Y podríamos seguir con los ejemplos mostrando la creciente presión tributaria a nivel nacional, provincial y tasas municipales que transformaron a la Argentina en tal infierno fiscal que condujo a tener cada vez menos inversiones;

2. el aumento del mercado informal de la economía (la curva de Laffer funciona en la realidad) y la fuga de capitales en busca de países que no expropiaran impositivamente al sector productivo. Pero la salida de capitales no se produjo solamente por la presión tributaria. Las recurrentes crisis fiscales derivadas del déficit estatal llevaron a continuas confiscaciones de activos líquidos. En 1987 el ahorro forzoso; en 1989 el plan BONEX; en 2001 el corralito; en 2002 el corralón y la pesificación asimétrica; en 2008 la expropiación de los fondos en las AFJP; los balances que no se ajustan por inflación, deteriorando parte del capital de trabajo de las empresas y los ingresos de las personas.

3. la sistemática violación de los derechos de propiedad con confiscaciones que hicieron que la gente buscara resguardar el fruto de su trabajo lejos de la mano del Estado. Por esa razón hoy en día los depósitos en el sistema financiero argentino no representan más del 14% del PBI cuando en países como España representan el 96% del PBI, en Irlanda el 90% o en Chile el 52%. El argentino atesora o vuelca sus ahorros en países donde le respetan el derecho de propiedad, países que son desarrollados, con lo cual el populismo gastador compulsivo ha logrado que los argentinos terminemos financiando la inversión y el consumo en economías maduras. Encima, el escaso ahorro interno que se vuelca al sistema financiero local es absorbido por el estado vía Lebac, Leliq y cuanto instrumento de deuda interna pueda inventar el estado.

4. Como la carga impositiva infernal no alcanza para financiar el gasto público, como tampoco alcanzan los recursos confiscados, como tampoco es suficiente el endeudamiento interno, también el Estado toma deuda externa para financiar el gasto. Los populistas viven protestando contra la deuda pública, pero no despotrican contra el gasto público que lleva al déficit fiscal y al endeudamiento que se transforma en más gasto público por los intereses que hay que pagar.

5. Pero no conformes con todo esto, además el Estado ha financiado el déficit con emisión monetaria destruyendo 5 signos monetarios y produciendo períodos de alta inflación, megainflación e hiperinflación. Sin moneda es imposible hacer cálculo económico y sin cálculo económico no hay posibilidad de estimar si un proyecto de inversión es viable. O sea, la ausencia de moneda es otro impedimento para que se produzcan inversiones. Sin moneda la economía trabaja en el día a día y no proyecta períodos largos dado que no se pueden hacer estimaciones por falta de un instrumento de medición.

La tormenta perfecta

Tenemos entonces que el gasto público ha transformado a la Argentina en un infierno fiscal, en un Estado que es un confiscador serial ahuyentando el ahorro hacia plazas donde se respeten los derechos de propiedad dejando sin crédito interno la economía argentina, al tiempo que el estado, para financiar su gasto público, absorbe el escaso crédito interno y encima toma deuda externa y destruye la moneda con emisión monetaria.

En definitiva el gasto público ha creado la tormenta perfecta para hundir la economía argentina en la pobreza que vemos como viene creciendo desde hace décadas. No es este gobierno el que hizo explotar la pobreza, en todo casi ni empezó a solucionarla, son décadas de gobiernos gastadores que destruyeron todos los instrumentos económicos básicos para que haya inversiones, se creen puestos de trabajo, mejore el salario y baje la pobreza. El gasto público destruyó la calidad institucional de Argentina dejándola sin inversiones y con una pobreza insospechada.

La pobreza actual es hija de un Estado depredador que espanta las inversiones, y ese Estado depredador es consecuencia de una dirigencia política que solo sabe gastar y confiscar el fruto del trabajo de la gente laboriosa e innovadora. Son los políticos, con su competencia populista, los que llevaron el gasto público a niveles extremos haciendo explotar la pobreza. Son los verdaderos responsables de esta decadencia argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

 

La Argentina está muriendo sepultada bajo el peso del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/23/la-argentina-esta-muriendo-sepultada-bajo-el-peso-del-populismo/

 

Curiosamente, Cambiemos encara las elecciones de octubre adoptando medidas populistas como son los acuerdos de precios con una nefasta ley de Lealtad Comercial, para que no venga otro populismo

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

En declaraciones de ayer lunes, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”, lo que significa que, una vez más, se verifica que cuando se establece un precio artificialmente bajo, hay que racionar por cantidad porque a ese precio artificialmente bajo no hay suficiente cantidad de oferta para abastecer la demanda que aumenta por ese fenómeno.

Dicho en otras palabras, por más que los gobiernos se empeñen en tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda, ésta sigue con vida y goza de buena salud.

Uno puede entender que sea una simple aspirina para llegar a las elecciones, pero francamente haber desperdiciado cuatro años en un gradualismo que fue inmovilismo, termina en el riesgo de la vuelta de un populismo con tendencias autocráticas como es el kirchnerismo.

Si bien mucha gente puede recordar la fiesta de consumo del kirchnerismo, la realidad es que esa fiesta de consumo no va a poder reeditarse tan fácilmente. Para hacer populismo hay que tener recursos, sean propios o confiscados, y no creo que vaya a quedar un centavo en la Argentina si CFK se perfilara como ganadora en la segunda vuelta.

En varias oportunidades di el siguiente ejemplo sobre la fiesta de consumo del kirchnerismo: esa fiesta fue como si hubiese vendido mi casa, mi auto; hubiera dejado el trabajo y sacado todos mis ahorros del banco; y me hubiese ido a Europa, alojándome en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más caros. A la vuelta de Europa, me encontraría con que no tengo dónde vivir, ni auto, ni ahorros, ni trabajo.

Si me preguntaran cuándo estaba mejor, ¿cuándo estaba en Europa o a la vuelta?, es obvio que diría que cuando estaba en Europa, lo que ocurre es que ese lujo en Europa era insostenible. Solo financiable hasta dónde dieran los recursos consumidos. Eso hizo el kirchnerismo, por un lado dilapidó los ingresos fiscales que recibió de los precios de la soja y por otro lado se consumió el sistema energético, los trenes, las rutas, nuestros ahorros en las AFJP y 12 millones de cabezas de ganado para financiar tarifas de servicios públicos artificialmente bajas y tener asado artificialmente barato.

En términos de recaudación tributaria, en 2002 los ingresos fiscales fueron USD 16.182 millones y en 2015 la recaudación llegó al equivalente a USD 166.150 millones. En otras palabras, el kirchnerismo aumentó sus ingresos fiscales por retenciones y matando con impuestos a la gente, en USD 149.968 millones.

Se dilapidó el equivalente a un Plan Marshall

Para tener idea de lo que significa esta cifra, el plan Marshall, implementado luego de la Segunda Guerra Mundial, fue de USD 14.000 millones de ese momento, unos USD 140.000 millones de hoy, repartido entre 18 países. A Alemania le tocaron unos USD 14.500 millones actuales, con lo cual no es cierto que Alemania se haya recuperado gracias al plan Marshall, sino que se recuperó gracias a la política económica de libre mercado que implementó Ludwig Erhard, a pesar de la oposición de los aliados que en ese momento estaban con las ideas keynesianas y del estado de bienestar.

Volviendo a nuestro caso, el kirchnerismo recaudó el equivalente a un plan Marshall completo y 10 veces el apoyo que recibió Alemania del plan Marshall y sin embargo dejó destruida la economía argentina.

El fenomenal consumo de stock de capital más lo gran caja que tuvo el kirchnerismo lo condujo a regalar planes sociales, jubilaciones y empleo público que llevó el gasto público consolidado a 48% del PBI.

¿Qué hizo Cambiemos frente a esta herencia recibida?

En vez de contar la herencia recibida, el Gobierno se limitó a esperar una lluvia de inversiones que nunca llegó; lluvia que mágicamente iba a producir un crecimiento económico que terminaría licuando el gasto público sobre el PBI a menos del 48%. Así, el peso del Estado sería licuado por el mágico crecimiento sin necesidad de bajar el gasto público, ni tocar el revoleo de planes sociales, empleo público y un sistema previsional quebrado que se heredó de CFK; y la ministra Carolina Stanley sigue entusiastamente regalando la plata de los contribuyentes a todo aquél que corte la Avenida 9 de Julio exigiendo vivir del trabajo ajeno.

El gradualismo significaba tomar deuda pública y financiar el déficit fiscal hasta que llegara la lluvia de inversiones y mágicamente pudiésemos salir de la brutal herencia k sin sacrificios de ningún tipo. El mayor milagroso crecimiento iba a producir más ingresos fiscales y eso iba a cerrar la brecha negativa con los gastos antes del pago de intereses.

El resultado que tenemos es que a la herencia K hay que sumarle la herencia Cambiemos y mi visión es que es un verdadero delirio creer que de este lío salimos estimulando el consumo interno. El discurso populista de: hay que ponerle plata a la gente en el bolsillo para que consuma y así crecemos, es un verdadero delirio.

Con un mercado interno de 44 millones de habitantes, de los cuáles un tercio es pobre, no hay consumo interno que lleve a ninguna inversión. Un poco parece ser la propuesta del kirchnerismo y de Lavagna. En Cambiemos todavía están esperando la lluvia de inversiones.

La cruda realidad es que la única salida de crecimiento de largo plazo que tiene Argentina es volver a ver el mundo como una oportunidad. Es decir, la salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

Para poder incrementar las exportaciones hay que tener inversiones porque se requieren volúmenes de producción muchos mayores y para tener inversiones se requiere: 1) una legislación laboral que incentive a las empresas a contratar personal; 2) una carga tributaria que sea competitiva a nivel mundial; y 3) seguridad jurídica.

Días atrás, Infobae publicaba el trabajo del Banco Mundial en el que Argentina es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas.

En efecto, Argentina le aplica una carga tributaria a las empresas del 106% sobre las utilidades. Esto es posible porque las empresas no pueden ajustar sus balances por inflación y, por lo tanto, se aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital. Es decir, el Estado se está comiendo parte del capital de las empresas con el Impuesto a las Ganancias más el resto de los delirantes impuestos nacionales, provinciales y municipales.

En definitiva, durante décadas hicimos populismo y eso nos llevó a caer en una crisis tras otra. El kirchnerismo llevó ese populismo hasta niveles insospechados, y Cambiemos se limitó a financiar con deuda pública ese populismo a la espera de la milagrosa lluvia de inversiones que todo lo resolviera, pero ninguno parece estar dispuesto a encarar en serio las reformas mencionadas para ser competitivos para exportar y así captar inversiones en cantidades suficientes que permitan bajar la tasa de desocupación y la pobreza.

Todo el arco político argentino sabe que la situación económica es terriblemente complicada, pero ninguno está pensando en proponer las reformas estructurales. Todos están imaginando cómo seguir financiando esta locura populista y esperar que mágicamente tengamos una lluvia de kamikazes dispuestos a invertir en Argentina para ser sometidos por la nueva Ley de Lealtad Comercial, tasas del 68% anual, una legislación laboral que implica adoptar de por vida a cualquier persona que se tome en relación de dependencia, a que lo esquilmen con impuestos y demás barbaridades económicas.

Argentina está muriendo sepultada bajo los escombros del populismo del empleo público y los planes sociales y nadie de la dirigencia política parece estar tomando debida nota de lo dramático de la situación. Siguen delirando con más populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

A la herencia K se le agrega ahora la herencia Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/12/a-la-herencia-k-se-le-agrega-ahora-la-herencia-cambiemos/

 

El Gobierno ha desperdiciado 3 años y monedas con la historia del gradualismo

Ahora, en su último año de Gobierno de CambIemos, aparece de nuevo el fantasma de que el kirchnerismo pueda tener la posibilidad de acceder al poder. Sería imperdonable que luego del esfuerzo que tanta gente hizo para frenar a esa asociación ilícita que llegó al Ejecutivo, vació la Argentina a puro latrocinio, produciendo uno de los saqueos más grandes de su historia, esa legión de delincuentes tenga alguna chance de volver a revolear bolsos con euros gracias al inmovilismo del gobierno y, por sobre todas las cosas, por no haber denunciado en su momento la terrible herencia recibida.

Lo cierto es que si en octubre se produce la polarización esperada entre Cambiemos y el kirchnerismo y el primero retiene el poder, tendrá que lidiar de nuevo con la herencia recibida y con la propia herencia, ya que en estos 4 años habrán agregado otros problemas a los ya heredados por el kircherismo como es el caso de la deuda pública para financiar el déficit fiscal por el gasto público que no se animaron a bajar.

El desafío que la Argentina tiene por delante para entrar en serio en una senda de crecimiento sostenido es de una magnitud insospechada que no se resuelve con retoques en el tipo de cambio, en la tasa de interés o haciendo artilugios financieros ni aplicando aspirinetas al tema fiscal.

Los 163 impuestos nacionales, provinciales y municipales que detectó el IARAF implican un aumento sobre los 96 impuestos nacionales, provinciales y municipales que ya había detectado Antonio Margariti en 2015, si mal no recuerdo.

Pero esa maraña de impuestos se explica por el fenomenal aumento del gasto público consolidado a partir de la llegada del kirchnerismo al gobierno en 2003.

Como puede verse en el gráfico, el gasto público consolidado pasó de un promedio del 31,5% sobre el PBI en la década del 90, cuando ya el gasto público era alto, a un máximo de 47,1% en 2016. O sea que el gasto consolidado aumentó 15,6 puntos porcentuales del PBI. Para ponerlo de otra forma, si quisiéramos volver a los niveles de gasto público consolidado respecto al PBI de los 90, habría que bajar el gasto consolidado unos USD 77.000 millones o, si se prefiere, habría que reducir un 34% el gasto público consolidado actual.

Si eso no se quiere hacer, entonces habrá que soportar una carga tributaria consolidada que pasó del 23% del PBI en 2003 al 41,7% del PBI en 2018 y que tampoco alcanza para evitar el déficit fiscal.

Como consecuencia del aumento del gasto público, la carga tributaria casi se duplicó desde el inicio del kirchnerismo a la actualidad, haciendo estragos en el endeudamiento público, disparando el peso de los intereses de la deuda sobre la recaudación impositiva y afectando el nivel de empleo privado.

Deterioro de la economía real

La recesión de 2018 comienza en abril de ese año. Si tomamos la cantidad de puestos de trabajo del sector privado en blanco en marzo de 2018 y los comparamos con los de noviembre del mismo año vemos una caída de 158.000 puestos sin considerar a los autónomos ni a los monotributistas. En cambio, en el mismo período, el empleo público consolidado (nación, provincias y municipios) aumentó en 43.900 puestos. Todos estos datos son de la Secretaría de Trabajo.

Tomando todo el período de Cambiemos, el empleo privado en relación de dependencia cayó en 102.000 puestos de trabajo y el empleo público consolidado creció en 58.800 puestos de trabajo. Es muy clara la evidencia que es el sector privado el que está sufriendo los efectos del ajuste, mientras los tres niveles de gobierno tiemblan ante la posibilidad de reducir un solo puesto de trabajo en el Estado.

Por un lado el que pierde puestos de trabajo es el sector privado y, por otro lado, el único rubro en que el Gobierno bajó el gasto público fue en subsidios económicos que tienen como contrapartida el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Puesto de otra forma, como corresponde y apoyo, el gobierno fue eliminando los subsidios económicos, en particular los que mantenían artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos, y la gente empezó a pagar más por dichos servicios, pero al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo no bajó otros gastos del Estado para aliviar la carga impositiva.

De manera que el sector privado paga lo que corresponde por los servicios públicos pero no tiene alivio de la presión impositiva porque tiene que seguir sosteniendo a piqueteros, infinidad de planes sociales que Carolina Stanley decidió que son un derecho de los que reciben esos planes, sin aclarar de dónde surge ese derecho ni quién tiene la obligación de mantener a otro para que no trabaje y a legiones de empleados públicos que son intocables. Como si en Argentina hubiese prerrogativas de sangre y de nacimiento.

Para que tengamos una idea, el gasto público corriente (incluidos los intereses de la deuda pública) disminuyeron 3,6 puntos del PBI en la era Cambiemos, pero 2 puntos de esos 3,6 se explican por menos subsidios económicos, que es lo mismo que decir mayores tarifas de los servicios públicos pero no baja de impuestos.

Además, el Gobierno bajó 3,6 puntos el gasto corriente pero aumentó el gasto en intereses en 1,6 puntos del PBI que pasaron de 2% en 2015 a 3,6% en 2018, incluyendo los interés intrasector público.

En síntesis, el Gobierno ahorró 2 puntos del PBI en gastos corrientes cobrando más tarifas, pero otros 1,6 puntos del PBI se le fueron en intereses de la deuda para financiar el gradualismo. Puro costo para el sector privado.

Expectativas sin fundamentos 

Desde el Gobierno dicen que a medida que la economía crezca, se va a poder bajar el gasto público, y la oposición, que habla sin mirar los números, se espanta del ajuste salvaje y dice que esto se resuelve con crecimiento. Me permito advertir que ambos deliran. La Argentina no puede crecer con este gasto público ni carga tributaria. Así que decir que esto se resuelve bajando el gasto público y dejando de mentir con que la salida es el crecimiento sin que se baje el gasto previamente.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo se rompe este círculo vicioso por el cual el Gobierno dice que no se puede bajar el gasto hasta que no haya inversiones y sabemos que no hará inversiones con esta carga impositiva? Lamentablemente, Cambiemos no sólo desperdició la oportunidad de contar la herencia recibida, sino que además se endeudó para no cambiarla. Se endeudó para pagar los sueldos en vez de endeudarse para financiar la reforma del estado. Si antes uno podía pensar en bajar los impuestos para atraer inversiones a un ritmo mayor al que se bajaba el gasto público y financiar el déficit hasta que hubiese equilibrio con endeudamiento, ahora ese instrumento no lo veo.

De manera que, desafortunadamente, el mayor ritmo de ajuste tendrá que venir por el lado del gasto público para poder reducir la carga tributaria y atraer inversiones para crecer. Una combinación de baja del gasto público, con reducción de impuestos y reforma laboral podría romper el círculo vicioso en el que estamos metido. Dicho de otra forma, el famoso gradualismo dejó una herencia más pesada que la que se recibió y tendrá costos políticos que pagar más altos que si se hubiese aplicado una política de shock desde el inicio contando la herencia recibida.

Las 3 bases para el mejor ajuste

¿Dónde bajar el gasto? En los programas sociales (ya he explicado varias veces cómo hacerlo), en las jubilaciones de aquellos que nunca aportaron al sistema y Cristina Fernández de Kirchner agregó terminando de quebrar a un sistema de reparto inviable, y en el empleo público.

Esto debería ser acompañado por el ajuste por inflación de los balances en una primera etapa y luego la reducción de las tasas impositivas. Tal vez habría que pensar en pasar de un Impuesto a las Ganancias a un flat tax. Considerando que la salida más rápida para crecer está en las exportaciones, la reducción de derechos de exportación hay que retomarla en forma inmediata.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher consolidaron su liderazgo cuando pagaron el costo político de enfrentar a la mafia de los sindicatos. Reagan con los controladores aéreos y Tatcher con los mineros. Mostrada la convicción de avanzar en las reformas, la confianza renace y las inversiones pueden llegar.

En síntesis, para lograr romper el círculo vicioso de decadencia en el que estamos sumergido hace falta un plan económico consistente, ejecutado por personas de trayectoria y prestigio y una fuerte y clara convicción del presidente de pagar el costo político que haya que pagar para llevar adelante ese plan.

En ese contexto no hay lugar para funcionarios que sigan difundiendo la demagogia diciendo que quienes reciben un plan social no tienen que agradecer nada porque es su derecho a vivir del trabajo ajeno, ni tampoco hay para los especialistas en roscas políticas que pueden servir para ganar una elección pero luego no sirven para sacar al país de la decadencia, al contrario, lo terminan hundiendo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

Un debate económico entre dos populismos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/1/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/01/15/un-debate-economico-entre-dos-populismos/?fbclid=IwAR3gfVUJTRcUXt8WG1b22RIWCUSsV2mRe7OOkleNompTRN-O0U3xL_Mma5o

 

De cara a las elecciones 2019, el oficialismo no tendrá muchos argumentos económicos como para mostrar su éxito de gestión durante sus 4 años de gobierno

Dos estilos de gobernar, el Presidente la Nación, la mandataria Santa Cruz

Dos estilos de gobernar, el Presidente la Nación, la mandataria Santa Cruz

A lo máximo que puede aspirar Cambiemos en términos económicos durante la campaña electoral es llegar a las elecciones con el mercado de cambios bajo control, con una inflación que sea la mitad de la de 2018 y con un nivel de actividad que no siga cayendo e, idealmente, muestre algún signo de recuperación.

Para llegar a octubre sin convulsiones en el mercado de cambios, sugiero el cambio de LELIQs por algún bono de largo plazo del tesoro, bonos que el tesoro le entregaría al BCRA a cambio de las letras intransferibles que viene acumulando desde la era K.

Cambiemos ya no podrá argumentar la herencia recibida para explicar el complicado escenario económico de Argentina. En ese caso estaría hablando de su propia herencia. La oportunidad para mostrar el destrozo que había dejado el kirchnerismo ya pasó.

Lamentablemente el marketing político estuvo por encima de las necesidades de cambios profundos que requerían mostrar la cruda realidad heredada de la gestión K. Hoy día la gente protesta por el ajuste de las tarifas de los servicios públicos. Nunca el gobierno mostró datos muy elementales como cuántos recursos dilapidó el kirchnerismo en mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos.

Si Cambiemos hubiese mostrado este simple gráfico en que se ve que entre 2006, cuando empiezan a darse subsidios para las tarifas de servicios públicos (subsidios que han dado lugar a casos de corrupción que hoy se investigan) y 2015, el kirchnerismo revoleó USD 161.318 millones, la gente podría haber entendido la gravedad de la herencia recibida y del sacrificio que le esperaba para poder tener nuevamente energía, gas, transporte, etc. en calidad razonable.

Para que el lector tenga una idea de magnitudes, el plan Marshall que lanzó Estados Unidos en 1948 para ayudar a 16 países que habían estado en la Segunda Guerra Mundial fue de USD 13.000 millones de ese momento, equivalente a USD 130.000 millones actuales. Es decir, el kirchnerismo gastó en subsidios para mantener artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos un monto mayor a todo el plan Marshall.

Como el grueso de los subsidios se concentró en energía y transporte, el Gobierno podría haber mostrado este otro gráfico:

Entre 2006 y 2015 se destinaron USD 138.896 millones a financiar tarifas “baratas” de energía y transporte, el 86% de los recursos destinados a financiar subsidios económicos se concentró en esos dos rubros. El kirchnerismo llegó a destinar 5 puntos del PBI a este revoleo de recursos para ganar votos.

Para seguir ejemplificando, el total de recursos destinados solamente a subsidios económicos, equivale a la construcción de 70.000 Km de rutas. O sea, con esos recursos se podrían haber hecho 20 rutas de norte a sur de Argentina o 50 rutas de este a oeste de Argentina.

no agrego el revoleo de plata en planes sociales, jubilados que nunca aportaron al sistema o crecimiento del empleo público porque sería muy extensa la nota.

Pero insisto, todavía sigue siendo imperdonable que el gobierno no haya informado el 10 de diciembre de 2015 a la población el deplorable estado en que dejaba la economía el kirchnerismo.

Ahora, muy astutos como son, los kirchneristas harán el relato que con ellos se vendían más televisores, celulares, autos y demás bienes de consumo durable y no durable y con Cambiemos tienen recesión.

Como ejemplifiqué alguna vez y funcionarios del gobierno usaron el ejemplo sin citar al autor. Mi ejemplo era el siguiente: durante la era K era como si una familia hubiese vendido la casa, el auto, juntado todos sus ahorros y se hubiese ido a Europa de vacaciones alojándose en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más lujosos. Al volver no iban a tener ni casa, ni auto ni trabajo. Si alguien les preguntaba cuándo estaban mejor, ¿cuándo estaban en Europa o a la vuelta? Obvio que la respuesta iba a ser cuando estaban en Europa, aunque claramente la fiesta de consumo en Europa era insostenible.

Eso hizo el kirchnerismo. Nos consumimos las reservas de gas, el sistema energético, las rutas, 12 millones de cabezas de ganado, los trenes, etc. para que la gente pudiera comprar más televisores, celulares y ropa. Al final nos quedamos sin energía, rutas, agua potable, gas, etc. pero ellos ya se habían ido.

Era función de Cambiemos pagar la cuenta política de lo que dejaba el kirchnerismo. ¿Y qué hizo Cambiemos? Pago el costo político pero no arregló el problema económico.

Cuál es el fondo de cada propuesta de gobierno

Y aquí viene un punto a considerar sobre cuál es en el fondo la propuesta económica del kirchnerismo y de Cambiemos. Además de la matriz corrupta del kirchnerismo y del populismo más grosero, el kirchnerismo busca redistribuir hasta lo que no hay con tal de conseguir votos. El kirchnerismo llegó a consumirse stock de capital para financiar la redistribución del ingreso, que en realidad no redistribuía ingreso sino que al final redistribuía stock de capital.

Cambiemos no apunta a terminar con la redistribución y el asistencialismo. Continúa con la cultura de la dádiva al punto que la ministro Carolina Stanley acaba de afirmar que los que reciben subsidios no tienen que agradecerle a nadie porque ese subsidio es un derecho que tienen, sin explicar quién y por qué tiene la obligación de pagar ese subsidio. Pero Cambiemos luce más racional en lo económico, aunque en el fondo no lo es tanto ya que lo que dice Cambiemos es quiere que la economía crezca para que el estado pueda cobrar impuestos para luego redistribuirlos.

Es algo así como decir, inviertan y trabajen para que yo pueda ganar votos repartiendo el trabajo de Uds. Ellos creen que son racionales porque primero proponen producir y luego redistribuir, pero la propuesta es muy irracional porque nadie va a invertir para que luego venga el Estado a confiscar impositivamente parte de ese ingreso para financiar la redistribución de Cambiemos.

En definitiva, acá tenemos un serio problema de cara al futuro.

Los dos principales partidos políticos con mayores chances de llegar al poder solo piensan en continuar con la cultura de la dádiva, financiándola de manera diferente, pero ninguno de los dos está pensando en la cultura del trabajo. Si la idea es seguir expropiando con impuestos a los que producen, imaginar inversiones y crecimientos es una utopía.

Por eso, para terminar, insisto una vez más, el problema económico argentino es el emergente de un problema de los valores que imperan en la sociedad, en que hay oferta y demanda de populismo y ninguna fuerza política ofrece una propuesta no populista posible para salir de nuestra larga decadencia.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

De la situación actual se puede salir con mucha ciencia y docencia sobre la realidad económica

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/10/18 en: https://www.infobae.com/economia/2018/10/23/de-la-situacion-actual-se-puede-salir-con-mucha-ciencia-y-docencia-sobre-la-realidad-economica/?fbclid=IwAR3e-yK65yPQjn2lO0l5J3GQ-yNQXV7SpF8Toe-JM4PL8iQiCZApgEHWr2U

 

Diputados del oficialismo y de la oposición se pusieron de acuerdo para aumentar los impuestos
Diputados del oficialismo y de la oposición se pusieron de acuerdo para aumentar los impuestos

La situación económica llegó a un punto en el cual la dirigencia política está dando un espectáculo patético.

El Gobierno relatando la crisis como si hubiese caído del cielo. Como si fuesen simples relatores de un partido de fútbol. Encima, ofrecen escasas propuestas de soluciones con ciencia e insisten con una postura de buena onda que, a esta altura del partido, luce casi irresponsable.

Por el lado de la oposición tenemos al peronismo tradicional que solo parece decir que es una barbaridad lo que está pasando, pero no se les cae una idea para ofrecer una salida consistente. Se limitan a decir que de esta crisis se sale con crecimiento, no bajando el gasto público, baja del gasto público, que brilla por su ausencia, baja que ellos entienden que eso es el ajuste.  Propuesta absurda que no tiene en cuenta que la economía argentina no puede arrancar empujando el pesado vagón del Estado. No hay suficientes caballos de fuerza en el escuálido motor del sector privado para mover semejante aparato estatal a nivel nacional, provincial y municipal.

Finalmente, el papel más deplorable lo hace, como de costumbre, el  kirchnerismo que es el responsable de habernos metido en este campo minado del cual se puede salir pero con mucha ciencia y abundante docencia económica para que la gente comprenda el sentido de las medidas que hay que adoptar, que por cierto, no son las que está adoptando el gobierno, que se empecina en ofrecer, como toda propuesta económica, discursos de optimismo y entusiasmo.

Obviamente, ni que hablar del sindicalismo, en gran medida corrupto y oportunista, con un Hugo Moyano que primero estuvo aliado con Néstor Kirchner, luego se pasó a la oposición, se juntó con el macrismo y ahora está diciendo que en la época del kirchnerismo las cosas estaban mejor. El grado de cinismo del sindicalismo llega a los niveles que estamos acostumbrados a ver en esa dirigencia pero incluso ya supera la media histórica.

Lo concreto es que casi nadie de la dirigencia política argentina se anima a contar la realidad. Que venimos de una larga decadencia económica que fue potenciada por el kirchnerismo hasta niveles insólitos con un nivel de gasto público récord histórico y de deplorable calidad. Un país que ha sido devastado en su infraestructura por el kirchenerismo, destruyendo el sistema energético, las rutas, los puertos, el stock de gas, el transporte público, doce millones de cabezas de ganado y el listado sigue.

El peso del gasto público es infinanciable

Si uno tiene en claro que este nivel de gasto público es infinanciable por el sector privado y que la carga tributaria que dejó doce años de gobierno K destruye al sector privado y desestimula cualquier proyecto de inversión, es evidente que recuperarnos va a llevar muchos años y sacrificios importantes.

Porque los países pueden recuperarse de una guerra, pero es mucho más  complicado recuperar un país que destrozó el respeto a la propiedad privada; un Estado que incumplió con sus contratos; que es defaulteador serial y confiscador de activos (corralito, corralón, default con festejo de los políticos incluido, confiscación de los depósitos, de los ahorros en las AFJP y pesificación asimétrica).

Diputados aplaudieron de pie la iniciativa de anunciar el defauult por el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, a fines de diciembre 2001 (Getty)

Diputados aplaudieron de pie la iniciativa de anunciar el defauult por el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, a fines de diciembre 2001 (Getty)

En fin, es más fácil recuperar un país que viene de una guerra que un país que destrozó sus instituciones.

Las casas, los caminos, las cañerías se reconstruyen con plata. Reconstruir la confianza en las instituciones de un país ya son palabras mayores. Para reconstruir las instituciones de un país, se requiere, en primer lugar, de una dirigencia política que esté dispuesta a dejar de lado el populismo y cambiar su discurso.

Un discurso que no aporta soluciones concretas

La realidad es que hoy ese discurso no se ve ni en la oposición ni en el gobierno. Entre ellos hay una competencia por ver quien otorgó más planes sociales.

El Gobierno muestra como un logro destinar más del 60% del Presupuesto en programas sociales, cuando debería ser la muestra cabal del fracaso de la política económica. Es más, el principal argumento que parece tener para no cambiar se limita a decir es que es esto o vuelve el kirchnerismo, es un discurso extorsivo que no formula una propuesta superadora hacia el futuro. El problema es que la gente está haciendo un enorme sacrificio para sostener los planes sociales, la burocracia estatal, los jubilados que nunca aportaron y demás gastos estatales, sin ver una luz al final del túnel.

Atención, no vaya a ser cosa que, cansada de no ver un camino de salida, el gobierno, por jugar con la extorsión de la vuelta del kirchnerismo, termine cansando a la gente que no le encuentra sentido al sacrificio que está haciendo.

Desde el punto de vista electoral, la cuenta es muy fácil. Entre gente que recibe planes sociales, jubilados y empleados públicos a nivel nacional, provincial y municipal, tenemos 21 millones de personas. Los que pagamos ese fiesta populista somos solo 7 millones.

Para el político que está pensando únicamente en las próximas elecciones, es más fácil apostar al populismo redistributivo argumentando que es para frenar una crisis social con derivaciones imprevisibles, que ponerse a desarmar ese monumental Estado financiador de la vagancia y el clientelismo político.

Hay que achicar el ministerio de la felicidad que maneja Carolina Stanley, que reparte miles de millones de pesos del sufrido contribuyente y agrandar las condiciones para que sean premiadas la capacidad de innovación y la cultura del trabajo y no castigados, como lo son actualmente por un Estado voraz que no logra que recursos algunos le alcance para financiar un populismo con el que nadie se anima a terminar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El mejor plan social es un puesto de trabajo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/10/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/10/19/el-mejor-plan-social-es-un-puesto-de-trabajo/

 

Cambiar es, justamente, dejar la cultura de la dádiva y del clientelismo político

La mayoría de los políticos suelen hablar de los pobres, unos de buena fe pero equivocados sobre cómo solucionar la pobreza y otros felices, aunque no lo digan, que hayan tantos pobres para ellos mantenerlos y tenerlos cautivos con el voto. En realidad no los mantienen ellos, los mantiene el contribuyente.

La semana pasada en IDEA hubo dos afirmaciones, una de Carolina Stanley y otra de Macri que me generaron preocupación sobre la posibilidad de ir terminando con la pobreza. Personalmente a Macri y a Stanley los colocaría en la categoría de los políticos que realmente están preocupados por la pobreza pero proponen hacer exactamente lo contrario a lo necesario para poder terminar con ella. Voy a ponerlo de esta manera, para el kirchnerismo fabricar pobres es su negocio. A mayor cantidad de pobres, más planes sociales a repartir y en cada elección la amenaza que si ellos no ganan les quitarán los subsidios. Una vil extorsión de una asociación ilícita que necesita que los pobres les mendiguen un plan social para ellos, mientras ellos se dedican a robar descaradamente todo lo que pueden. Posiblemente los k no sean progres, pero aplican políticas progres sabiendo que generarán más pobreza y más clientelismo político. Que el país se destroce económicamente a ellos no les preocupa demasiado porque su objetivo no es mejorar la situación económica del país, sino acumular para ellos los bolsones de euros. Es como el ladrón, no le interesa dejar sin nada al que roba porque su objetivo es maximizar su ingreso, no el de la víctima. En todo caso, el ladrón eficiente dejará que cada tanto la víctima pueda producir algo para luego ir robársela.

Ahora bien, la semana pasada el presidente Macri dijo en IDEA, dirigiéndose a los empresarios: “pueden generar riqueza y ahí uno puede pensar en distribuir”. Lo que Macri le pide a los empresarios es que inviertan, aumenten la productividad, generen riqueza que luego el estado va y les quita esa riqueza (en parte o todo) para redistribuirla. Es decir, le quita lo que le pertenece legítimamente a uno para dárselo a quien no le pertenece. Desconozco quién asesora a Macri en temas económicos, pero claramente no pasa el filtro de un examen de introducción a la economía.

¿Cuál es la propuesta de Macri? Ud. invierta, asuma los riesgos empresariales correspondientes (vender, cobrar lo que vende, asumir los riesgos laborales, etc.) que luego viene el estado, le quita lo que ganó asumiendo el riesgo empresarial y lo reparte entre los pobres.

Con semejante propuesta, solo otro delincuente al que le ofrezcan un negocio cautivo puede llegar a invertir en Argentina. Y al ser un negocio cautivo (proteccionismo, subsidios, etc.) son inversiones de baja productividad, escasa generación de riqueza y, por lo tanto, poco para redistribuir. En rigor este es el modelo de decadencia de Argentina. Empresarios con baja competitividad que piden proteccionismo, subsidios o directamente alianzas corruptas con el estado para hacer obras públicas, y como todo consuelo le tiran un hueso a la gente del producido de ese sistema ineficiente bajo la forma de planes sociales para mantenerla tranquila y siempre enganchada como cliente político.

Quien asesoró a Macri en semejante disparate, claramente desconoce la relación entre crecimiento económico y calidad institucional. No ha leído nada al respecto. Pocos van a invertir en un país para que luego el estado los exprima impositivamente en nombre de la justicia social. Por eso Argentina tiene tanta desocupación y pobreza, porque se persigue impositivamente al que produce. Al que genera riqueza. Al que invierte y crea puestos de trabajo.

El camino es otro, el estado no tiene que redistribuir nada, lo que tiene que hacer el estado es no entorpecer al sector privado para que pueda producir, invertir y hacer crecer la economía. El mejor plan social es un puesto de trabajo. No hay nada más digno para una persona que poder sostener a su familia con el fruto de su trabajo. Y no hay nada más denigrante para una familia que vivir de la dádiva del político de turno.

Cambiar es, justamente, dejar la cultura de la dádiva y del clientelismo político y pasar a un sendero de crecimiento económico basado en inversiones competitivas. Para eso se necesita un estado que no derroche los recursos de los contribuyentes en un gasto público descomunal, que encima no brinda ningún servicio de seguridad o salud para la población. La contracara de un estado sobredimensionado es una presión impositiva asfixiante para el sector productivo. Y la contracara de asfixiar al sector productivo es la desocupación y la pobreza.

Para ver lo confundido que están en el gobierno, recurro a otra declaración de la semana pasada, en este caso de Carolina Stanley que sostuvo en IDEA: ”Este país no puede crecer con un 32% de pobreza”. No, Carolina, es al revés. Sin crecimiento no se puede eliminar la pobreza. Estás poniendo el carro delante del caballo. ¿Cómo hago para terminar con los pobres si no logro inversiones? ¿Y cómo logro inversiones si me la paso matando al sector privado con regulaciones e impuestos siderales?

No creo que el gobierno de Macri esté buscando generar más pobreza, pero claramente sus medidas de ayudar a los pobres terminan convirtiéndose en más pobreza.

De todo lo anterior no pretendo que de un día para otro se solucione mágicamente el tsunami de desastres económicos que dejó el kirchnersmo. No estoy diciendo que en 10 meses el gobierno tendría que haber terminado con la pobreza y resuelto todos los problemas fiscales, de regulaciones, estados sobredimensionado, etc., pero sí era posible ir a un discurso de grandeza. Un discurso que transmita los valores que alguna vez hicieron grande a la Argentina. Y ese camino no pasa por decir que la gente tiene que producir para que luego el estado le confisque lo producido para poder redistribuir. Ni pasa por demostrar que son sensibles diciendo que este gobierno tiene más planes sociales que el gobierno anterior. Afirmar semejante cosa es afirmar que está fracasando en atraer inversiones, genera puestos de trabajo y lograr que la gente logre sostenerse con el resultado de su esfuerzo.

En síntesis, tengo toda la impresión que Macri está muy mal asesorado económicamente y lo están llevando por el camino del mismo progresismo que condujo a la economía argentina a esta situación de colapso social con millones de pobres.

El primer paso es empezar a cambiar el discurso mostrándole a la gente que el cambio va en serio. El segundo es implementar un plan económico que permita obtener resultados diferentes a los que dejaron los k.

Ayudar a los pobres se logra con calidad institucional e inversiones. El discurso progre de redistribuir solo lleva a hundirlos más en la miseria. Sugiero que dejen de hablar de los pobres y comiencen a aplicar políticas que produzca el mejor plan social que puede haber para un pobre: puestos de trabajo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE