Justicia, verdad y memoria (1976-2016)

Por Alejandra Salinas:

 

A cuarenta años del golpe de 1976 que instauró un gobierno dictatorial y criminal en la Argentina debemos profundizar la reflexión teórica sobre cómo lidiar con el legado de la violencia política. Muchos de los disparadores de esa reflexión giran en torno a las cuestiones de justicia, verdad, perdón y memoria. Sirva este breve texto de compendio preliminar de varias preguntas y algunas (pocas, escuetas) respuestas ya formuladas en torno al tema.

Entre los interrogantes: ¿Cómo articular la construcción de memorias subjetivas y parciales con la búsqueda de la verdad histórica y con una administración de justicia que reconozca el derecho a la verdad para todos y la igualdad ante la ley como principio insoslayable?

¿Es posible resolver las tensiones emergentes de las demandas simultáneas de justicia, verdad y memoria? ¿Existe una preeminencia moral de alguna de estas tres demandas sobre las otras? Si fuera así, ¿en base a qué principios quedaría justificada?

¿Cabe, por ejemplo, descartar el perdón en pos de la justicia? Si no fuera ese el caso, si castigar es un deber, ¿cuál sistema judicial aplicar? ¿Quién lo decide?

¿Cuáles deben ser las funciones respectivas del Estado nacional, los organismos internacionales y las organizaciones de la sociedad civil en estas tareas?

¿Puede haber reconciliación social sin justicia o sin perdón?

¿Quién define lo que ha de ser recordado, investigado y juzgado sobre los crímenes de lesa humanidad? ¿Memoria(s) de qué, y por quién(es)?

 

Justicia

Hacer justicia implica llevar adelante la doble tarea de castigar el crimen y rectificar el daño causado. Sobre la rectificación: ¿Quién define lo que es una víctima? ¿Cómo y a quienes indemnizar?¿Cómo implementar un proceso de rectificación sin cometer nuevas injusticias?

La Asamblea General de las Naciones Unidas entiende por víctima “toda persona que haya sufrido daños, individual o colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas del Derecho Internacional Humanitario” (2005).

En 1984 la CONADEP documentó la desaparición de 8.963 personas durante la dictadura; entre 1984 y 1999, se sumaron tres mil casos; Amnistía Internacional estima más de quince mil, y otros hablan de treinta mil (Acuña, 2006: 209). En el 2006, el informe Nunca Más fue ampliado, listando en el Anexo II a 7.158 víctimas, que comprenden 6.415 desaparecidos y 743 víctimas de “ejecución sumaria” (Reato, 2013).

La rectificación del daño a estas víctimas incluye pensiones a los ex presos políticos e indemnizaciones a nacidos en el extranjero durante el exilio de sus padres.

Excluidos de los procesos de rectificación del daño causado durante aquellas décadas de tremenda violencia política están las otras víctimas, las que sufrieron daños a manos de la guerrilla. Para remediar esta situación, la exdiputada Nora Gunsburg (2008) propuso indemnizar a los familiares de quienes fallecieron a manos de grupos terroristas entre 1960 y 1989. El Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus víctimas (CELTYV) trabaja actualmente para lograr el reconocimiento y la reparación a estas víctimas y el castigo a sus victimarios.

En lo referente al castigo, hablamos de una retribución punitiva en respuesta a quien ha cometido un mal o un daño a otros. El filósofo Carlos Nino sostuvo el “deber de castigar” a todos los perpetradores: “Otorgar el perdón a los principales culpables de las dos clases de terrorismo es perjudicial para esa concientización, ya que el perdón indiscriminado confirma la impresión de que el peso de la ley nunca se aplica a los más poderosos, lo que crea incentivos para actuar ilegalmente y promueve el desencanto en el país” (2004: 11-12).  Si el castigo a todos es un deber de justicia, podemos afirmar por otro lado que el exceso de castigo no lo es. Para Roberto Gargarella (2013) resulta especialmente cuestionable cuando abolicionistas y garantistas abandonan sus posturas y sostienen de modo inconsistente que en los casos de lesa humanidad se justifican los encarcelamientos sin condena, o la prisión domiciliaria para ancianos.

En tales casos la justicia toma la forma de una venganza, porque no reconoce límites y porque no actúa en base a criterios jurídicos sino en base a motivaciones personales (Nozick, 1981: 366-368).

Contrapuesto a la justicia está el perdón. La filósofa política Claudia Hilb (2010) argumenta que el perdón es posible como camino de reparación al estudiar el caso de Sudáfrica, donde al lidiar con el legado del apartheid se optó por “una amnistía asentada en la exposición de la Verdad”; [allí] “puede haber perdón porque puede haber arrepentimiento”. En contraste, afirma, en “la Argentina está obturada la posibilidad de la reconciliación porque está obturada la posibilidad de la asunción de la responsabilidad, y está obturada la posibilidad del perdón porque está obturada la posibilidad del arrepentimiento”. También Ernesto Verdeja (2004) admite el perdón, al reconocer que “tanto el castigo como el perdón son formas de reconciliación en la medida en que representan una respuesta moral al pasado. Ambos se abstienen de olvidar y rechazan la venganza”.

La Argentina eligió el camino de la justicia, pero de un modo parcial o incompleto. Habrá que debatir públicamente los modos y procedimientos para continuar y ampliar la administración de la justicia, tanto retributiva como reparadora, tanto como debatir la posibilidad o no del perdón.

 

Verdad y Memoria

 

¿Qué implica buscar la verdad? Implica la intención de reconocer todos los hechos y a todos los actores involucrados. Dos testimonios han ilustrado tal intención. En una confesión pública Alfredo Scilingo admitió haber participado en dos vuelos de la muerte que arrojaron al mar a treinta detenidos clandestinamente. Por su parte, Oscar del Barco reclamó “no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad ‘nuestra’. (…) Los otros mataban, pero los ‘nuestros’ también mataban. Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo.”

Hablar es sincerarse, y habilita la posibilidad del perdón o del castigo. Callar es ocultar la verdad, e implica obstruir la justicia y distorsionar la historia.

En su visita al Parque de la Memoria, T. Todorov (2010) se quejó de que las víctimas de la dictadura son presentadas como seres pasivos y desideologizados en lugar de los combatientes que eran, luchando “en nombre de una ideología que, si hubiera salido victoriosa, probablemente habría provocado tantas víctimas, si no más, como sus enemigos”. Si la memoria puede ser invocada “como un medio para adquirir o reforzar una posición política”, para Todorov la historia “aspira a la objetividad y establece los hechos con precisión”.

Contra una memoria monopólica y una historia sesgada, urge promover un proyecto pluralista que refleje las múltiples memorias e historias individuales y colectivas. En este sentido coincido con Pilar Calveiro (2006) en que  “toda memoria tiene sus puntos ciegos, sus imposibilidades, lo que no puede o no quiere ver  (…). Por ello, ésta como cualquier otra memoria debe reconocerse sólo como una voz entre otras (…).”

No se trata entonces de una lucha o confrontación de memorias donde unas ‘vencen’ y otras son silenciadas, sino más bien de una convivencia de visiones plurales e incluso incompatibles, que no necesitan del diálogo ni suponen la exclusión. Lo que requiere esta convivencia es, ante todo, la no tan simple pero siempre necesaria virtud de la tolerancia, que es el respeto del otro a pesar de sus diferencias y la defensa de una vida social pacífica.

Una convivencia así entendida nos invita a realizar proyectos colectivos tal como el que propuso Héctor Leis (2012): “Un memorial conjunto de las víctimas, sin excluidos de ningún tipo, ni de inocentes ni de culpables, que incluya desde los soldados muertos en el asalto al regimiento de Formosa hasta los estudiantes secundarios desaparecidos en La Plata, desde los militares hasta los guerrilleros, abriría la posibilidad de un nuevo comienzo, de un ciclo de paz sin resentimientos.”

A cuarenta años del golpe, va siendo hora de dejar definitivamente atrás los residuos del plomo revolucionario y del plomo represor, de reemplazar el antagonismo por la concordia, y de pensar juntos un futuro donde el pluralismo y la tolerancia primen por sobre la hegemonía y la exclusión.

 

 

Referencias

 

Acuña, Carlos H. “Transitional Justice in Argentina and Chile: A Never-Ending Story?”, en Jon Elster (comp.), Retribution and Reparation in the Transition to Democracy, Cambridge University Press, 2006: 209.

Asamblea General de las Naciones Unidas, Resolución 60/147, 16/12/05.

Calveiro, Pilar “Antiguos y nuevos sentidos de la política y la violencia”, Revista Lucha Armada, Año 2, Número 4, 2006.

Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus víctimas (CELTYV). URL: http://www.celtyv.org/

del Barco, Oscar 2010,  “Carta a Sergio Schmucler”, en http://laempresadevivir.com.ar/2010/04/21/carta-de-oscar-del-barco/

Gargarella, Roberto “Una mirada igualitaria sobre el constitucionalismo”, 21 de mayo de 2013, en http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2013/05/qom-mferreyra-lesa-cels.html

Ginsburg, Nora “Causahabientes de personas fallecidas por el accionar de grupos terroristas subversivos en el periodo 1960 – 1989: derecho a percibir un beneficio extraordinario”, Proyecto de ley presentado en la Cámara Diputados de la Nación, Expte. 0413-D-2008, Trámite Parlamentario nº 5, 7 de marzo de 2008, en http://www1.hcdn.gov.ar/proyxml/expediente.asp?fundamentos=si&numexp=0413-D-2008

Hilb, Claudia, 2010, “¿Cómo fundar una comunidad después del crimen? Una reflexión sobre el carácter político del perdón y la reconciliación, a la luz de los Juicios a las Juntas en Argentina y de la Comisión  de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica”, en http://es.scribd.com/doc/155719000/2-Discusiones-Central-Hilb (a publicarse en Revista Discusiones, XII, 2013).

Leis, Héctor Ricardo, “La tarea que falta para reparar la memoria”, La Nación, 28 de septiembre de 2012.

Nino, Carlos S., 2004 (1991), “El Deber de Castigar los Abusos Cometidos en el Pasado Contra los Derechos Humanos Puesto en Contexto: El Caso de Argentina”, en Ensayos justicia transicional y Democracia, compilado por el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Univ. Diego Portales,  en www.cdh.uchile.cl/media/publicaciones/pdf/18/57.pdf

Nozick, Robert, Philosophical Explanations, Cambridge University Press, 1981.

Reato, Ceferino, “Hablan de 30.000 desaparecidos y saben que es falso”, La Nación, 20/9/2013. URL: http://www.lanacion.com.ar/1621505-hablan-de-30000-desaparecidos-y-saben-que-es-falso

Todorov, Tzvetan, “Un viaje a Argentina,” El País, 7 diciembre de 2010, http://elpais.com/diario/2010/12/07/opinion/1291676411_850215.html

Verdeja, Ernesto, “Derrida and the Impossibility of Forgiveness”, Contemporary Political Theory, 2004 (3).

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

Fútbol y anomia en la Argentina

Por Alejandra Salinas: 

 

La agresión con gas pimienta a los jugadores de River que salían a jugar el segundo tiempo del encuentro contra Boca coincidió ayer con mi clase sobre Carlos Nino y su análisis de la anomia social en la Argentina. En su ya clásico libro Un país al margen de la ley, Nino retrata a la sociedad argentina como un conjunto social donde abunda la falta de respeto a las normas jurídicas, morales y sociales; es una situación generalizada de anomia o “ilegalidad boba” en el sentido de que la inobservancia de las normas provoca situaciones donde la sociedad toda resulta perjudicada.

Según Nino la anomia argentina se observa tanto en el plano institucional como en el plano social. Del incumplimiento de las normas por parte de los actores políticos y económicos a lo largo de la historia argentina dan testimonio el contrabando, la anarquía, los privilegios, dictaduras, golpes de Estado y corrupción endémica. Nino postula que esta anomia institucional influye sobre la anomia social, ya que ésta “tiene ejemplo e inspiración en el manejo del poder público” (p. 85). En otras palabras, estaríamos en presencia de un “efecto de derrame perverso”,opuesto al “efecto derrame beneficioso” que Adam Smith asocia con la creación y distribución de riqueza en un sistema de libertad natural.

La anomia social así entendida es observable en la actividad económica, fiscal, vial, gubernamental y hasta académica, según lo describe Nino en el capítulo 3 de su libro. Analiza allí los casos de los accidentes de tránsito, la corrupción pública, la evasión fiscal, y la excesiva reglamentación gubernamental, entre otros, como signos de una cultura argentina que vive al margen de la ley. Algunos datos recientes parecen avalar sus afirmaciones: según una encuesta de Poliarquía e IDEA realizada entre 1.000 argentinos, un 40% está dispuesto a ir en contra de la ley si cree que tiene razón, un 80% piensa que el país «vive la mayor parte del tiempo fuera de la ley» y un 90% opina que los argentinos son «más bien desobedientes o transgresores» (http://goo.gl/YmjAVj).

Otros analistas han coincidido con el diagnóstico de Nino acerca de las causas y manifestaciones de la anomia social argentina. Por citar sólo algunas fuentes:

Carlota Jackish: “Pero el tema no se agota en el incumplimiento de normas viales, también se violan los códigos edilicios, se adulteran alimentos y medicamentos, se falsifican títulos profesionales, no se cumplen los horarios (la puntualidad en un sentido amplio es una norma que no sólo caracteriza a la vida civilizada, sino que mejora la eficiencia de la sociedad en general), se ensucian los espacios públicos y se pagan sobornos para no cumplir con determinadas normas” (“La anomia, una patología social argentina”, La Nación, 28 de septiembre de 1997).

Ricardo Sidicaro: “Suponer que la policía delinque no es anomia, es mucho más. [Es una] descomposición social. En situaciones de anomia los sujetos pierden su relación con las normas. Acá el problema pasa también por las instituciones que tienen que hacer cumplir esas normas. No es una persona que transgrede y hay un juez que aplica la norma. El que transgrede es el juez». (“Anomia es poco decir, vivimos en descomposición”, Página12, 2002).

Eduardo Fidanza: «La anomia que me interesa destacar, no obstante, es la que se produce por una falla estructural de la clase dirigente. Se manifiesta como un fracaso en el ejercicio de la autoridad y afecta las percepciones y los comportamientos. Se trata de una patología que se contagia del poder y se transmite a los grupos sociales. Su víctima es la gente común. Los victimarios, aquellos que ocupan posiciones de poder. La anomia boba perjudica a todos, la anomia a la que me refiero somete a la sociedad en beneficio de sus elites» (“Decálogo de la anomia argentina”, La Nación, 2009).

A la luz de la historia reciente del fútbol argentino y de los hechos de ayer es obvio que habría que incluir en el listado de actividades anómicas al fútbol, tanto en su organización como sus prácticas. La falta de voluntad de la dirigencia política y deportiva para solucionar el tema de la violencia en el fútbol ilustra el tipo de anomia institucional que Nino condena, aquella que se gesta en las guaridas del poder; crece bajo la protección o indiferencia de quien sabe cuántas instancias gubernamentales y sus socios; se manifiesta en el descontrol y en última instancia la ridiculez que escandalizan y estigmatizan al fútbol argentino y a la sociedad en su conjunto.

¿Cómo empezar a revertir la anomia en el fútbol? Uno de los caminos sería imitar políticas exitosas extranjeras. Luego de una serie de incidentes y muertes en partidos de fútbol de su país, Margaret Thatcher reconoció el carácter social y político del problema, asumió la responsabilidad de combatirlo y lo hizo con éxito. Sus medidas incluyeron prohibir el ingreso a los estadios a los líderes violentos, combatir a las barras bravas infiltrando sus reuniones, judicializar a más de 5.000 fanáticos, otorgar créditos a los clubes para financiar la seguridad, e impulsar la transmisión masiva de los partidos (Fuente:  Román Gómez, http://goo.gl/lUplGi). Los expertos dirán si esto es viable o posible en nuestro país, si ya se intentó o, en su defecto, podrían confirmar la siguiente frase de Mark Twain: “El hecho es que la raza humana no sólo es lenta para pedir prestadas ideas valiosas – a veces persiste en no pedir prestado en absoluto”.

¿Cómo empezar a revertir la tendencia a la anomia argentina en general? La pregunta quizás suene demasiado ambiciosa e ingenua, y la idea de lograr tal cometido parece imposible. Sin embargo, elijo creer en la tarea de proponernos hacer algo al respecto. Como dijo Norberto Bobbio, “Respeto y aprecio, en cambio, al que actúa bien sin pedir garantías de que el mundo mejore y sin esperar, no digo premios, sino ni siquiera confirmaciones. Solo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber” (N.Bobbio, Politica e cultura, en U. Eco, A paso de cangrejo. Debate, México, 2007, pp. 85-86, http://goo.gl/CLynzg).

Invito entonces a deliberar acerca de las formas y propuestas que asignaremos a este pesimismo trabajador.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.