Tres clases de economistas y lo mínimo que hay que hacer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/13 en: http://economiaparatodos.net/tres-clases-de-economistas-y-lo-minimo-que-hay-que-hacer/

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Luego de tantas crisis económicas que hemos vivido, la gente presiente que, más temprano que tarde, llegará algún ajuste. Por supuesto que el gobierno niega tal posibilidad, por otro lado buena parte de la oposición minimiza el problema económico diciendo que puede resolverse sin grandes sacrificios para la población y, finalmente, algunos economistas sostienen que si bien el panorama económico es complicado, la solución no tiene porqué ser dolorosa.

Que el gobierno niegue el ajuste no es ninguna novedad. Que los políticos opositores digan que la solución no es tan grave, también es entendible (digo entendible y no justificable) porque ellos no van a tener el control del Ejecutivo luego de las elecciones de octubre y, además, ¿para qué asustar a la gente y perder votos mientras el gobierno niega el ajuste? En todo caso que sea el oficialismo el que se haga cargo del ajuste llegado del momento.

Ahora bien, donde la gente puede tener más confusión es en las declaraciones de los economistas, lo cual es entendible porque hay tres tipos de discursos dependiendo del economista que hable.

Como no soy corporativo, me parece que hay que distinguir, al menos, entre tres clases de economistas. Están los que siempre van a hacer declaraciones light porque su negocio es hacer lobby o bien entretener a la gente con un discurso suave para que las empresas los sigan contratando. No vaya a ser cosa que advierta sobre los peligros económicos y la empresa deje de contratarlo por miedo al gobierno. Lo he padecido en carne propia.

Luego están los economistas cuya función es siempre estar metidos en los partidos políticos con mayores expectativas de llegar al poder. Esos economistas pueden un día estar con Menem, luego con Duhalde, después con Kirchner y hoy con Massa. ¿Cuál es su negocio? Generar la expectativa de que pueden estar en el poder o muy cerca del poder para que empresarios buscadores de privilegios los contraten con el solo objeto de tenerlos como “amigos” llegado el momento de pedir alguna protección, un subsidio o cualquier otro “beneficio”. Incluso tener información privilegiada. Estos economistas en realidad son traficantes de influencias y, por lo tanto, su discurso económico se va acomodando a las necesidades políticas del partido político en el cual recalen. Van saltando de partido político en partido político y acomodando su discurso de acuerdo al perfil de su nuevo socio político. Obviamente, en este caso, sus discursos no tienen nada que ver con las perspectivas económicas, y el lector habrá notado lo difusas que son sus respuestas al momento de responder cómo solucionaría determinado problema. Responden como políticos en busca de votos y no como profesionales de la economía.

Finalmente estamos los que nos dedicamos a la economía como consultores, profesores, investigadores, etc. En esta tercera clase de economistas hay de diferentes tendencias o escuelas económicas. Puede haber diferentes posiciones entre nosotros, pero decimos libremente lo que pensamos sobre lo que está ocurriendo y qué puede llegar a ocurrir. Obviamente que podemos equivocarnos tanto en el diagnóstico como en el pronóstico, pero lo que no hacemos es un discurso para entretener a la tribuna para no perder el contrato o bien hablar como políticos para traficar influencias.

Como pertenezco a esta última clase de economistas, al igual que muchos otros colegas, es que me animo a decir que luce muy difícil que pueda salirse de este embrollo económico con dos medidas menores y sin ningún impacto en la sociedad. Solo con ver los $ 110.000 millones en subsidios que se gastan anualmente para financiar  las tarifas artificialmente bajas de los servicios públicos y que dada la inflación existente ni siquiera pueden quedar congelados, uno tiene idea de la magnitud del ajuste tarifario que en algún momento habrá que hacer en energía y transporte público (trenes, subtes, colectivos, etc.).

El tema del tipo de cambio real es otro problema. Dado que difícilmente alguien se anime a hacer reformas estructurales profundas que permitan ganar productividad en la economía y hacer fuerte el peso en forma genuina, las probabilidades de una mega devaluación son altas. Solo un dato, si el dólar de $ 1,40 con el que se salió de la convertibilidad hubiese aumentado al ritmo de la tasa de inflación interna menos la inflación de EE.UU., para no caer en términos reales hoy tendría que estar en $ 9,30. Es solo un indicador para advertir cómo cayó el tipo de cambio real.

La enorme carga tributaria que soportamos en el sector formal de la economía es la contrapartida de un gasto público récord, tanto en cantidad cómo en baja calidad. Encima ni siquiera alcanzan los impuestos para financiarlo y el BCRA sigue aplicando el impuesto inflacionario para sostener al tesoro. Esa situación no se arregla con maquillaje o dos curitas y una aspirina. Se arregla con cirugía mayor en el gasto público.

No nos engañemos, si bien no soy keynesiano, el economista inglés propuso su fórmula de aumentar el gasto público para reactivar la economía cuando el gasto representaba el 10% del PIB. Jamás se le hubiese ocurrido sugerir semejante receta con un gasto público que orilla el 50% del PBI. A mi juicio Keynes estaba equivocado pero no era un delirante como para formular semejante disparate.

Y la disciplina monetaria depende, en gran medida, de la disciplina fiscal. Para frenar este creciente proceso inflacionario hace falta poner orden en las cuentas públicas.

Pero el tema más complicado va a consistir en recuperar la confianza en las instituciones, entendiendo por instituciones respeto por los derechos de propiedad, estabilidad en las reglas de juego, etc. Si CFK se va a fines del 2015 sin que le explote la economía antes, el que venga tendrá que asumir el costo de poner orden económico y recuperar la confianza de una Argentina que hoy es una marginada en el mundo.

Arreglar el tema energético, la infraestructura (rutas, trenes, puertos, etc.) va a requerir de grandes inversiones que solo vendrán cuando tengan la certeza de que aquí se acabó esta locura confiscatoria, reguladora y apretador. Cuando sepan que pueden girar sus utilidades y dividendos. Cuando no haya más cepo cambiario, lo cual es todo un tema eliminarlo porque ya se transformó en otro corralito. Si la salida del corralito era traumática, la del cepo también lo será. Por lo menos con este nivel de dólar oficial.

El listado de problemas económicos a arreglar es muy importante y nada fácil de esquivar los costos de 11 años de populismo desenfrenado. Pero atención que no se puede arreglar la economía si no se recupera la confianza en el respeto por las reglas de juego.

No estoy diciendo que nos espera un tsunami económico luego del kirchnerismo, pero a diferencia de las otras dos clases de economistas que mencionaba anteriormente, ningún economista serio puede afirmar que de esto se sale suavemente.

Sí reconozco que del total de medidas económicas que yo tomaría, muchas de ellas serían inviables políticamente. Ahora bien, aun aceptando ciertas restricciones políticas a las medidas económicas que personalmente considero óptimas, hay un mínimo de medidas que sí o sí habrá que tomar.

Cuando tomaba examen a mis alumnos en los post grados, mi principio era que había un mínimo de conocimientos de la materia que tenían que saber sí o sí. Si no conocían ese mínimo, no podían pasar. El resto  de lo que sabían era el lujo de la excelencia académica. Pero había un mínimo que no podía no conocer.

Con las medidas económicas para salir de este berenjenal pasa lo mismo. Hay un óptimo que dudo que alcancemos, pero ojo que el mínimo de medidas a adoptar es cada vez más elevado porque la destrucción económica va avanzando a medida que se profundiza el “modelo” y va pasando el tiempo.

Muchos no podrán estar de acuerdo con lo que acabo de expresar. Otros creerán sinceramente que puede salirse suavemente. Pero de lo que puede estar segura la gente es que acabo de escribir estas líneas cómo economista y no como traficante de influencias que se hace pasar por economista.

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Oposición u oposición-K?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 24/6/13 en http://economiaparatodos.net/oposicion-u-oposicion-k/

¿Qué le espera la país si ante la situación actual la dirigencia política no puede enamorar al ciudadano con un país distinto?

Ahora que las listas de candidatos para las elecciones PASO están definidas, y los dramas de “quien acuerda con quien” han quedado en el pasado, quedará a la vista la falta de ideas de proyecto de país en la mayoría de la oposición. ¿Qué le espera la país si ante la situación actual la dirigencia política no puede enamorar al ciudadano con un país distinto? Lavarle la cara al “modelo” es algo muy distinto a cambiar de “modelo.” La diferencia entre un genuino dirigente político y un oportunista político, es que le primero está convencido de un proyecto por el bien de su país y no viola los derechos de la minoría en su camino, mientras que el segundo se deja llevar por la opinión pública y va pidiendo permiso al momento de violar la propiedad de terceros, como si las disculpas hiciesen desaparecer los problemas ocasionados.

Los casos de corrupción que azotan al Kirchnerismo ciertamente han devaluado la posición de superioridad moral con el que este movimiento tanto gusta de presentarse. Ciertamente la magnitud de las sospechas de corrupción, abuso de poder, autoritarismo inocultable y una extensa variedad de vicios institucionales son un factor muy importante y de gran relevancia.

Pero el mismo peso de estos problemas puede jugar en contra al distraer la atención sobre la inconsistencia del modelo K. Sin disminuir la importancia ni los efectos de los actos de corrupción, la delicada situación económica del país se debe a inconsistencias del modelo puro y no a su forma de gestión. El modelo no deja de ser inconsistente si lo único que se cambia son figuras como Kirchner, Kunkel, Moreno, Kicillof y tantos otros por profesionales educados que no sientan la necesidad de faltar el respeto a terceros y violentar las instituciones a cada oportunidad que se les presenta. ¿Qué fue el acto por el día de la bandera sino otra cosa que una falta de respeto a los símbolos patrios? ¿Qué interés por el país y sus habitantes puede tener un gobierno que ni siquiera se comporta como tal en el día de la bandera?

El respeto a las instituciones, transparencia y comportarse como funcionarios públicos no deberían ser objetos de discusión. Confundida está la oposición si identifican los problemas actuales del país con el estilo K, y no con el modelo K. El opositor que cree que con un mero cambio de estilo va a poder sortear la hipoteca que la década K esta dejando se engaña a sí mismo. Si el problema fuese una cuestión de morales, bastaría con reemplazar al equipo económico sin atacar los problemas de fondo como el déficit fiscal, las asfixiantes regulaciones al mercado y la pesada carga tributaria.

Que tiene la oposición que decir, por ejemplo, a los siguientes interrogantes y problemas:

  1. ¿Cómo reducir en el corto/mediano plazo el déficit fiscal (de manera creíble) sin aumentar la ya pesada carga tributaria?
  2. ¿Que piensan del default de la deuda soberana y que piensan hacer al respecto? ¿Se sienten orgullosos de representar a país que no honra sus deudas hace ya diez años y, encima, “falsifica” las mediciones de inflación con el fin de pagar menos deuda? ¿No es eso acaso un default en los hechos?
  3. ¿Qué piensa la oposición de las expropiaciones que se han hecho en contra de la voluntad del pueblo, como las de las AFJP? ¿Acaso los votantes no optaron por quedarse en el sistema de AFJP cuando tenían la opción? ¿Qué autoridad moral tiene el político de turno para elegir de qué y de qué no es libre el votante Argentino? ¿Están dispuestos a devolver esta libertad a los ciudadanos, o la oposición se compone de gente que habla pero no hace?
  4. ¿Y las expropiaciones inconstitucionales, serán debidamente compensadas y se verá que los responsables respondan ante el Poder Judicial, o importa más lo que dicte el corazón y no la razón ni los principios?
  5. ¿Qué piensa hacer la oposición con empresas y emprendimientos públicos que son una aspiradora de recursos como Aerolíneas Argentinas y Fútbol Para Todos? ¿Realmente creen que la administración pública tiene mejores resultados que la competencia entre privados que deben cuidar a sus clientes y recursos en lugar de recibir fondos obtenidos compulsivamente a través de impuestos?
  6. ¿Qué opina la oposición de la pesificación forzada? ¿Están dispuestos a obligar a que el Banco Central se gane la confianza del argentino compitiendo con otras monedas, o harán de los ciudadanos rehenes del una moneda administrada por autoridades que dicen no creer en la relación entre oferta de dinero e inflación?
  7. ¿Está dispuesta la oposición a llevar al país a un nivel de competitividad internacional abriendo sus fronteras al comercio, o prefiere sentarse en el voto fácil del discurso de “sustitución de importaciones” que tan mal le ha hecho la país?
  8. ¿Qué piensan hacer con el sistema de coparticipación que tantos problemas trae a la estabilidad fiscal?
  9. ¿Están dispuestos a reformar el sistema político para evitar los abusos a los que el presidencialismo ha sometido al país una y otra vez? ¿Hay interés en que la Argentina sea un país republicano y federal en los hechos, y no sólo en los papeles, o en el fondo prefieren mantener el actual sistema que parece un reinado de tiempo limitado, haciendo de la presidencia un botín de guerra cuyas batallas se ven en las calles cada vez que se aproximan los períodos de elecciones?
  10. ¿Qué piensa hacer la oposición con los responsables políticos del actual destrozo institucional, económico y social? ¿O acaso en Argentina uno puede asumir la presidencia, destruir las instituciones, llevar la corrupción a niveles alarmantes, generar niveles de tensión social pocas veces vistos, y luego retirarse en el exterior como si nada hubiese pasado?

Seguramente el lector podrá extender largamente esta serie de preguntas. El punto a ilustrar es que no es momento de evitar debates profundos perdiéndose en el maquillaje del modelo. La situación crítica a la que el Kirchnerismo ha empujado, y sigue empujando, al país no tiene la ventaja de crisis anteriores. En esta ocasión el Kirchnerismo se ha consumido el capital existente que había al inicio de su gobierno (no por nada chocan los trenes y los barcos de la Armada se hunden solos). Y como si eso no fuese poco, el mercado de crédito internacional está cerrado al país. ¿Con qué recursos se piensa administrar el contexto que va a dejar el Kirchnerimos? La única manera de obtener recursos es a través de un fuerte de shock que genere confianza en el país, tanto en el exterior como en los propios Argentinos. ¿Cuántos Argentinos y extranjeros le creen a la oposición?

Uno de los errores de los 90 fue llevar adelante reformas por necesidad, no por convicción. La política económica de los 90 fue inconsistente por los mismos motivos que lo fue la de los 80 y la actual; un descontrolado déficit fiscal. Si la oposición no discute seriamente reformas consistentes de largo plazo se corre el alto riesgo de nuevamente caer en reformas por necesidad sin una brújula que guíe los mismos. Reformas por necesidad pueden llevar a creer que lo que el modelo K necesita es una mano de chapa y pintura. El problema no es el chofer, es el auto.

Es la reacción ante cuestiones como las enumeradas anteriormente las que separan a la Oposición-K de la Oposición. Las semanas venideras van a mostrar cuántos y quienes son opositores-K y cuántos realmente están pensando en un país diferente, un país que sea orgullo internacional, y no una curiosidad asociada a los peores regímenes que aún subsisten en el siglo XXI.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.