Recordando al Kirchnerismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/5/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/05/03/recordando-al-kirchnerismo/?fbclid=IwAR2pofAD5G0slIql4V2–C8ydDcNl7JzgLHWGBTl-8bHAlVOeiKq7gzt8yg

 

Las últimas encuestas muestran que, de presentarse a alecciones, Cristina Kirchner (CFK) tendría ciertas chances de ser electa Presidente nuevamente. Qué tan probable este desenlace, más allá de las encuestas, es discutible. No obstante, lo cierto es que la discusión “Macri vs CFK” ha tomado un renovado impulso. El pobre desempeño económico pareciera favorecer las chances electorales de CFK.

Es cierto, como críticos han señalado, que ciertas decisiones y actitudes de Cambiemos son un”kirchnerismo de buenos modales” (recordar el reciente nuevo control de precios). Pero marcar ciertas similitudes aún se encuentra a años luz de implicar que Cambiemos y Kirchnerismo son lo mismo. Más allá de las críticas a Cambiemos, un número de indicadores institucionales muestran mejoras bajo el gobierno de Cambiemos respecto al kirchnerismo (un resumen de indicadores populistas aquí).

¿Es, acaso, un nuevo gobierno de CFK preferible a un segundo mandato de Macri? El siguiente es un listado de recuerdos del kirchnerismo. Seguramente incompleto, y sin ningún orden en particular, un listado de actitudes y políticas del kirchnerismo:

  1. El programa televisivo 678 como medio de propaganda política
  2. Fútbol Para Todos como medio de propaganda política
  3. Politización de la educación primaria y secundaria
  4. Origen de la alta inflación
  5. Cepo cambiario (se perdieron más reservas que con la crisis del 2001)
  6. Ministros diciéndole a los argentinos que no “saben votar” cuando el FpV perdía elecciones
  7. El Canciller Timermann violando secretos militare de Estados Unidos con un alicate
  8. Deterioro de la infraestructura energética
  9. Deterioro de la infraestructura de transporte
  10. Significativos avances del narcotráfico en suelo argentino
  11. Un Ministro de Defensa (Agustín Rossi), que pierde misiles del ejército
  12. Falsificar datos de inflación
  13. Falsificar datos de pobreza y Anibal Fernádez diciendo que en Argentina hay menos pobres que en Alemania
  14. Falsificar datos de actividad económica
  15. Récord de corrupción (recordar que se pesaba el dinero -más rápido que contarlo- y se revoleaban bolsos a los jardines de un convento; más todo lo que sabemos)
  16. Tragedia de Once (¿los recursos para mantenimiento de los trenes a dónde fue?)
  17. Argentina entre las 10 economías menos libres del mundo
  18. Capitanich (Jefe de Gabinete) rompiendo radios en conferencia de prensa
  19. Presiones a la prensa independiente (“Clarín miente”, etc.)
  20. Los aún desaparecidos fondos de Santa Cruz
  21. Actitud de “patotero” frente al ciudadano de bien (cadena nacional para hablar del “abuelo amarrete”)
  22. Intento de modificar la Constitución Nacional para perpetuarse en el poder
  23. Alineamiento político e ideológico con gobierno dictatoriales como el régimen de Chávez-Maduro en Venezuela
  24. Martín Lousteau empujando un innecesario conflicto social con la “125”
  25. Las incansables amenazas y atropellos de Guillermo Moreno
  26. Transformar al Congreso en una escribanía
  27. Pacto con Irán
  28. Utilizar la AFIP como instrumento de intimidación al contribuyente
  29. CFK bailando cumbia mientras la policía reprime manifestantes en el interior del país
  30. Expropiación inconstitucional al estilo “far west” de Repsol-YPF (una expropiación debe ser aprobada por el Congreso y los dueños expropiados deben ser compensados)
  31. Nacionalización de los fondos privados de retiro (AFJP)
  32. Politización del Poder Judicial
  33. Encarcelamiento sin juicio previo por ser portador de uniforme o apellido (es notable que la prensa no haya hecho de esta inaceptable transgresión constitucional un tema más importante)
  34. NISMAN

El listado es incompleto (invito a dejar más recuerdos en la sección de comentarios). No obstante, este listado debería ser suficiente para tomar conciencia de lo peligroso que es volver al kirchnerismo. Quien crea que CFK ha cambiando y, finalmente madurado, puede darse una vuelta por sus expresiones en su libro “Sinceramente”.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Un delincuente es un delincuente: con votos o sin votos.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 26/10/14 en: http://economiaparatodos.net/un-delincuente-es-un-delincuente-con-votos-o-sin-votos/

En una democracia republicana el voto no es otorgado para autorizar un saqueo generalizado vía el estado.

En una de sus defensas matinales de lo indefendible, Capitanich dijo, refiriéndose a alguna declaración que se había formulado en IDEA, que se presentaran a elecciones para ver quién tenía razón. El kirchnerismo no tiene mejor argumento para defender sus ideas que someter todo a votación. Como si los votos dieran la razón. Si así fuera, el genocidio de Hitler estuvo sujeto a derecho porque fue elegido por el voto popular.

El mismo argumento utilizó CF cuando en 2008, en medio del conflicto de la 125, dijo por cadena que a pesar de haber tenido el 45% de los votos iba a mandar al Congreso un proyecto de ley, para aprobar el incremento de la carga tributaria sobre el sector agropecuario. Semejante afirmación dejó al descubierto sus inclinaciones autoritarias o su profunda ignorancia de lo que es un estado de derecho.

En efecto, en primer lugar nuestra Constitución establece que es el Congreso de la Nación el que establece la carga tributaria, no el poder Ejecutivo, así que al mandar un proyecto de ley no le estaba haciendo ningún favor a nadie ni estaba otorgando ninguna concesión. Solamente tenía que cumplir con la ley. No es prerrogativa del Ejecutivo establecer impuestos.

En segundo lugar, el hecho de tener el 45% de los votos no la convierte en monarca que le da derecho a decidir sobre la vida y la fortuna de los habitantes de país. El artículo 29 de la constitución nacional es muy claro al respecto. Textualmente dice: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.

En una democracia republicana el voto no es otorgado para autorizar un saqueo generalizado vía el estado. Es solo un mecanismo pacífico para elegir a determinadas personas que, por un tiempo determinado, tendrán como función administrar la cosa pública, sometidas al estado de derecho. Es decir, gobiernos subordinados a la ley.

En nuestro país, y también en muchos países del mundo, se ha desvirtuado por completo el sentido del voto, transformándolo en una forma de elegir a nuestros propios dictadores. Puesto de otra manera, cuando el gobernante utiliza el monopolio de la fuerza que se le delegó y viola el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, pierde toda legitimidad y no solo se levanta contra el orden constitucional sino que pasa a ser un delincuente como cualquier otro que usa la fuerza para violar derechos.

En su ensayo La Ley, Bastiat distingue entre el robo común y el robo legalizado. Dice Bastiat que el estado no puede hacer algo que si lo hiciera un particular constituiría un delito.

Por ejemplo, si un grupo armado impide que nuevos empresarios compitan con algún grupo ya establecido, eso es un delito que debe ser sancionado. Ahora, si el grupo ya establecido recurre al estado para que sancione una ley que les prohíba a nuevos empresarios competir con los que ya están establecidos, también es un delito porque el estado es cómplice del grupo ya establecido violando el derecho a ejercer toda industria lícita en beneficio del grupo ya establecido. De esta manera, no solo crece la corrupción porque nadie que esté en la función pública va a otorgar semejante beneficio en forma gratuita, sino que además, el estado se convierte en un delincuente más. Y un delincuente es un delincuente con votos o sin votos. Los votos no convierten un acto ilegítimo en legítimo. Los votos no transforman una violación de derechos en estado de derecho.

En nuestro país hoy rige lo que algunos llaman democracia delegativa y que antes Hayek había distinguido entre democracia (gobierno sujeto a ley) y democracia ilimitada en la cual quienes acceden al poder por medio del voto terminan usando e monopolio de la fuerza para violar derechos y establecer la corrupción, o en su momento lo que Karl Popper escribió en La Sociedad Abierta y sus Enemigos. Este es un tema que viene de larga data.

Ya los padres fundadores de EE.UU. estaban preocupados por limitar el poder del gobierno. Veían que al otorgarle el monopolio de la fuerza a un grupo reducido de personas, se podía caer en un sistema autoritario.

El problema fundamental es que si el voto decide la legitimidad de los actos de gobierno aunque estos violen derechos de tercero, se cae en una competencia de populistas para ver quien promete saquear con mayor intensidad los derechos de una minoría para favorecer a una mayoría circunstancial.

Si la democracia se limitara a votar y el que más votos tuviese pasara a tener derechos absolutos sobre los ciudadanos, me declararía abierta y categóricamente antidemocrático.

El mundo en general tiene un problema con este tema de los votos y el monopolio de la fuerza, pero en Argentina, al igual que en Venezuela y en otros países de América Latina, parece haber una estupidez suprema al respecto.

En síntesis, tener más votos no da la razón. Los votos son un sistema pacífico de cambio de gobierno que para no ser autocrático tiene que respetar el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Y si viola esos derechos es una autocracia y un delincuente, con votos o sin votos. Pero delincuente al fin porque comete el robo legalizado del que hablaba Bastiat.

Es más, y con esto cierro la nota, me preocupa más el robo legalizado de los gobiernos que el de los ladrones comunes. De estos últimos es más fácil defenderse.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Lo que no se discute del anuncio de Capitanich y Kicillof

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/1/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/01/29/lo-que-no-se-discute-del-anuncio-de-capitanich-y-kicillof/

 

Los últimos días han mostrado una gran intensidad por parte del gobierno. Desde un intento de aumento de impuestos a los bienes personales que duró menos de 24 horas, pasando por la contramarcha en la importación de tomates hasta el anuncio de la flexibilización del cepo para el atesoramiento de dólares a las pocas horas de comunicar que sólo se podían realizar hasta dos compras online en el exterior para cuidar las reservas. Que el cepo vaya a ser flexibilizado aún está por verse. Si hay algo que la experiencia del kirchnerismo muestra es que lo único que se hizo fue dar la libertad de ser rechazado por la AFIP, que no es lo mismo que liberar el cepo. Si bien el problema del tipo de cambio y reservas apremian, y los anuncios y contra-anuncios se han vuelto casi moneda corriente, una expresión particular del anuncio que hizo Capitanich con Kicillof es muestra clara de la falta de republicanismo en la que ha caído el país.

Según Capitanich y Kicillof el viernes pasado, el gobierno ha decidido “autorizar” la compra de dólares para atesoramiento. Este acto fallido denota un serio problema. ¿Desde cuándo en una república es el gobierno de turno quién decide qué es lo que el pueblo (el soberano) puede y no puede comprar? El kirchnerismo está profundamente confundido si cree que las libertades individuales son concesiones del Estado. Hace tiempo que esta concepción medieval fue dejada de lado. Las restricciones a las importaciones y la compra de dólares son sólo dos de las manifestaciones de esta confusión conceptual. Por eso algunos tanto insistimos con la importancia de las instituciones. Hoy esta confusión institucional se traduce en cierre de importaciones y cepo a la compra de dólares, mañana puede ser cualquier otra cosa. Límites a los bienes personales que se puede tener, limite a la tenencia de propiedades, etcétera. Basta darse una vuelta por los países populistas para ver que la falta de republicanismo puede manifestarse de varias maneras distintas. Creer que las libertades son una concesión del Estado, y no un derecho de las personas que impone límites al Estado es, en el fondo, más grave que cualquier cepo.

Pero esta confusión institucional no podría tener lugar sin otros dos factores. Una cultura que lo permita y un poder judicial incapaz o falto de voluntad de poner los límites que le corresponde institucionalmente. Que los dichos de Capitanich hayan pasado inadvertidos y hasta aceptados hablan de la educación cívica en parte importante de la sociedad. Sería interesante ver un estudio que busque el origen de este deterioro institucional-cívico. Sólo a modo de ejemplo, una pregunta para la que no tengo respuesta, ¿qué rol juegan en esta devaluación republicana programas como el de “Sociedad y Estado” en el CBC? ¿Cuántas personas han pasado por este curso desde que se hizo la reforma educativa? ¿Es posible que el contenido de esta materia contribuya a creer que las libertades son concesiones del Estado y no potestades autónomas de las personas? A todo esto, ¿Qué hace el Ministerio de Educación que permite tremenda devaluación conceptual en los votantes? Los ministros de Educación deben recordar que de acuerdo a la Constitución Nacional, Argentina es una república y que su trabajo consiste en velar por la protección de ese marco institucional. Mientras los argentinos sigamos creyendo (quizás por temor a ser genuinamente libres) que nuestras libertades y derechos son potestades del Estado lo único que conseguiremos es cambiar el color de los gobiernos populistas, pero no sus políticas de fondo.

Uno de los roles fundamentales del Poder Judicial es proteger a las minorías de las mayorías. El motivo es claro, vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad. La mayoría no puede utilizar el método del voto para oprimir a las minorías. Mal que le pese a los sectores oficialistas, el 54% no es argumento válido para “ir por todo” ni imponer su autoritarismo. Los sectores de la oposición que aceptan esta postura porque “son las reglas del juego” confunden democracia con república y no hacen más que contribuir al daño institucional al validar una actitud anti-republicana por parte del gobierno de turno. Es la democracia la que tiene como límite las libertades individuales, y no las libertades individuales las que son limitadas por la democracia. Si bien no soy abogado y los temas judiciales no son mi especialidad, creo igualmente válido compartir algunas impresiones. ¿En qué tipo de república el Poder Judicial no tiene oportunidad en un período de diez años de poner freno a los avances autoritarios de un gobierno? ¿En ningún momento de la década kirchnerista el Poder Judicial tuvo oportunidad de recordar al Poder Legislativo y al Poder Ejecutivo que la ley debe ser acorde a derecho? Sin que se interprete como una generalización, el siguiente ejemplo puede aclarar el problema que veo de fondo. Ningún argentino tiene el derecho de autorizar o no la compra de bienes (por ejemplo dólares) que quieren realizar otros argentinos. Si este no es un derecho de las personas, entonces no puede ser un derecho delegado al Estado. No está en discusión que el Estado tiene los mecanismos y el poder para imponer un cepo, pero tener el poder y tener el derecho no es lo mismo. La justicia no puede iniciar de oficio una causa contra el Estado, necesita que un ciudadano la presente. Si usted inicia, entonces, una causa judicial contra el Estado por el tema del cepo, ¿tiene la certeza de que el juez fallará a su favor por inconstitucionalidad del cepo? Si usted no tiene esa certeza, entonces el Poder Judicial bien puede ser parte del problema.

Como agudamente decía Frederic Bastiat, “cuando el saqueo se vuelve un modo de vida para un grupo de personas en la sociedad, con el paso del tiempo crean para sí mismos un sistema legal que les autoriza el saqueo y un código moral que lo glorifica.”

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Game Over!

Por Juan Carlos Cachanosky. Publicado el  25/1/14 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/25/game-over-por-jcc/#more-6161

El pensamiento Mercantilista parece ser el más arraigado en el mundo, y en especial en Argentina. Mucho más que las ideas socialistas. Lo normal es que la gente crea que un saldo positivo del comercio internacional es bueno para el país y uno negativo es malo.

Si bien los economistas clásicos refutaron esto con enorme claridad hay “algo” que hace que las ideas mercantilistas sigan teniendo una gran vigencia. Es difícil entender que para exportar “hay” que importar y que frenar las importaciones necesariamente frena las exportaciones.

Esto se puede ver relativamente fácil si uno analiza el comercio internacional en “modo trueque”. Si el intercambio fuese directo bienes o servicios por bienes o servicios se puede ver claramente que si exportamos bienes los habitantes de otros países nos tienen que pagar con bienes. O sea para poder exportar tenemos “necesariamente” que importar. Si no dejamos entrar mercaderías o servicios del exterior entonces no podemos exportar. Si exportamos trigo a Alemania y nos pagan con automóviles una prohibición o encarecimiento de la importación de autos alemanes haría caer la demanda de trigo.

Obviamente podríamos destinar a comprar con el trigo automóviles nacionales si queremos obligar a la gente a comprar automóviles más caros y de menor calidad. De todas maneras si se hiciera esto no importaríamos pero tampoco exportaríamos trigo.

Si queremos exportar hay “necesariamente” que importar.

Cuando las transacciones no se hacen mediante trueque sino con dólares (o cualquier otra divisa) no cambia la conclusión. Al exportador le conviene un tipo de cambio alto esto si aumenta la demanda de dólares en el mercado, o sea se importa más, se viaja más. Cuanto más importamos mayor es la demanda de dólares y mayores serán las exportaciones.

Si en un extremo el gobierno lograra cerrar totalmente la economía entonces la demanda de dólares caería prácticamente a cero. El banco central tendría que emitir dinero para hacer subir el dólar y mejorar las exportaciones.

Por el contrario al importador le conviene un dólar bajo y esto lo logran las exportaciones. Cuanto más se exporte mejor. El gran mérito de los economistas clásicos fue haber mostrado que a todos los países les conviene el comercio internacional porque se amplían los mercados. A los productores de Argentina (y de cualquier país) les conviene tener más y no menos mercados. Cerrar la economía achica mercados y empobrece a todos. La demanda de trabajo cae.

Este punto de los clásicos se puede ver con gran claridad en Argentina. Parece que estamos condenados a que los gobernantes aprenden a costa de errores que cuesta mucho a la población.

Hasta el mismo Marx comprendía que si hay menos oferta de un bien el precio sube. Esto pasa con “cualquier” bien, incluido el dólar. El stock de dólares disponible cada día es igual al stock del día anterior más la entrada de dólares hoy menos la salida de dólares hoy. Si queremos que el stock aumente hay que mejorar las exportaciones. Pero, en el largo plazo, no se pueden mejorar las exportaciones si no se aumentan las importaciones.

El Kirchnerismo intenta bajar el precio del dólar limitando la demanda en vez de sin darse cuenta que limitar la salida de dólares reduce su entrada. Muy pocos entran donde no pueden salir o los vuelven locos con impuestos o regulaciones. Cada vez que el gobierno pone trabas a las importaciones baja la demanda de dólares en el mercado y esto baja la entrada. Es por este motivo que el BCRA va perdiendo stocks (reservas). Esta película se ha visto tantas veces que parece increíble que la estemos repitiendo.

Finalmente están llegando al punto de que no queda más remedio que devaluar o dejar que el mercado ajuste. Mi alumno Capitanich parecía entender este punto en las clases. Ahora lo está verificando en la realidad que niega, como todo gobierno que hace mal las cosas.

Como decía Einstein, “La diferencia entre la estupidez y la genialidad es que esta última tiene un límite.”

Juan Carlos Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), y Doctor of Philosophy in Economics, International College, California. Es director del Doctorado en Administración de Swiss Management Center. Ex profesor e investigador senior en ESEADE. Fue profesor y director del Departamento de Economía de UCA, (Campus Rosario). Ha sido decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín. 

El turno de Kicillof

Por Adrián Ravier. Publicado el 14/1/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/14/el-turno-de-kicillof/

 

No comprendí el optimismo que despertó en los medios el nombramiento de Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete hace sólo un par de meses. Es cierto que dialogó con la prensa en estos dos meses más de lo que sus antecesores lo hicieron en los años previos. Pero la situación argentina amerita cambios de fondo, no cambios de estilo. Y esos cambios de fondo brillaron por su ausencia.

Ahora es el turno de Kicillof, que estratégicamente supo hacer silencio y dejar caer la imagen de su socio en el gobierno sin ver deprimida la propia. Pero él es el ministro de Economía, y las noticias no son buenas en la órbita que maneja: las reservas siguen cayendo, el dólar blue se volvió a disparar, la inflación no cesa, la escasez de productos es cada vez más visible y el desequilibrio fiscal no encuentra financiamiento.

La Argentina necesita cambios estructurales, pero la apuesta oficial -especialmente de la presidente- va por otro camino. Se trata de llegar al 2015 sin abandonar la línea que caracterizó al gobierno todos estos años. Bajo esa premisa, conjeturo que veremos un fracaso atrás de otro, con caras nuevas recurrentemente que intentarán lo imposible. Kicillof no podrá escapar a lo sucedido con sus antecesores. El problema central, una vez más, es el exacerbado gasto público. La teoría de las finanzas públicas nos enseña que para financiarlo hay tres instrumentos centrales. Impuestos, deuda y emisión.

En el primer caso, la presión tributaria ha ido aumentando incesantemente desde el comienzo del kirchnerismo. De poco más del 20% al final del menemismo a más del 40% en 2012. Este es un dato relevante que destaca la voracidad fiscalque ha caracterizado al gobierno argentino durante los últimos 10 años.

Algunos analistas creyeron encontrar el límite a la presión tributaria hace algunos años, pero el ingenio y la creatividad de este gobierno siempre encontró nuevas respuestas. Hoy muchos analistas dicen que no habrá más recursos por esta vía, aunque yo no lo veo tan claro. Este gobierno tiene una única meta, otra vez, que es llegar a 2015 sin cambiar la línea. No importa que paguemos un nivel de impuestos europeo o nórdico y recibamos servicios públicos africanos. Sólo importa evitar el ajuste a cualquier costo. Conjeturo entonces que la presión tributaria continuará su ascenso aunque resta definir qué sector de la población pagará el costo.

En el segundo caso, el gobierno buscará tomar deuda. Cinco o diez mil millones de dólares que refuercen las reservas harían la diferencia. En este sentido, Kicillof sólo hizo una cosa desde su llegada al nuevo rol en el gobierno. Trató de llegar a un acuerdo con Repsol tras la expropiación de YPF y viajó a Asia en busca de fondos. Muchos analistas destacan el “alto costo” de este potencial financiamiento, sin embargo, esto no será un limitante. Si alguien accede a prestarle dinero al gobierno y esto le permite evitar el ajuste antes de 2015, el gobierno avanzará “sin importar el costo”.Conjeturo entonces que el endeudamiento aumentará en estos dos últimos años de mandato.

Por último, la fuente de financiamiento que el gobierno viene utilizando y que también parece llegar a un límite es la de la emisión monetaria. La consecuente inflación ya está en boca de todos. El malestar social por la suba continua de precios es generalizado. Y muchos analistas concluyen entonces que no podrán seguir abusando de este “recurso”. Sin embargo, insisto, lo único que está en juego en este último período del kirchnerismo es evitar el ajuste. Conjeturo entonces que emitirán todo lo necesario para sostener el modelo. Las fuentes alternativas de financiamiento están agotadas, pero el gobierno se niega a creerlo. No habrá un cambio estructural de la política económica, y sólo decantará el modelo cuando los estallidos sociales impongan un límite. Ahora sólo podemos sentarnos a ver lo que la creatividad de Kicillof nos depara, pero aumentando a la vez la presión tributaria, el endeudamiento y la inflación, mientras la oposición va preparando propuestas estructurales que recién en 2015 iniciarán el cambio.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El neoliberalismo, el enemigo:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 15/1/14 en:  http://www.lanacion.com.ar/1655278-el-neoliberalismo-el-enemigo

 

En una de sus recientes matinales conferencias de prensa, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”. Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país. En todo caso, Capitanich, que pasó por la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra de Friedrich Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre. Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el Gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio Gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.

Pero el problema es que durante todos estos años, el Gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿Qué quiso decir Jean Baptiste Say en su famoso Tratado de economía política? Simplemente que “los productos, en última instancia se intercambian por otros productos” o, puesto de otra manera, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados. Ejemplo, el panadero le compra al zapatero los zapatos gracias a que primero generó ingresos produciendo pan que le vendió al pintor, que a su vez ganó dinero pintando casas y con eso le compró pan al panadero. Y el dueño de la casa le pagó al pintor con los ingresos que generó fabricando trajes, que se los vendió al abogado que le compró el traje gracias a los ingresos que generó vendiendo sus servicios de abogado. Lo que nos dice Say, es que para poder demandar, primero hay que producir.

Es más, cuanto mayor stock de capital tenga la economía, mayor será la productividad y más bienes y servicios estarán a disposición de la gente, lo que implica que a mayor inversión, más oferta de bienes, precios más reducidos y salarios reales que crecen gracias al aumento de la productividad. Es en este punto en que se relacionan calidad institucional con inversiones y mejora en la calidad de vida de la gente.

Pero el kirchnerismo tomó otro camino. Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía (el stock de capital existente). Más bien se limitó a consumir el stock de capital que había para financiar un nivel de consumo artificialmente alto.

Como ya no queda gran stock de capital que el Estado pueda confiscar para financiar el consumo artificialmente alto que impulsó en todos estos años, además la tasa de inflación es asfixiante y genera malestar en la población, la presión impositiva es insoportable y el acceso al crédito está cerrado, Capitanich no tiene mejor idea que inventar un nuevo enemigo: el neoliberalismo, que en palabras del jefe de Gabinete, quiere ajustar los salarios, cuando en rigor, es el Gobierno el que está ajustando los salarios reales licuándolos con el impuesto inflacionario y no encuentra más stocks de capital y flujos de ingresos para confiscar y repartirlos para que la gente sostenga un nivel de consumo artificialmente alto.

Puesto en términos más sencillos, las palabras del jefe de Gabinete parecen confirmar que el Gobierno tiene miedo a decirle la verdad a la gente, esto es, que durante la famosa década ganada lo que se hizo fue forzar el consumo por encima de los bienes y servicios que realmente podía generar la economía, y ahora, como no puede decir que estuvo engañando a la población, inventa un enemigo fantasma: el temido neoliberalismo que nadie conoce, pero por lo que cuentan las voces oficialistas, parece ser un monstruo muy malo cuyo mayor placer es que la gente se muera de hambre por la calle.

Recordará el lector cuando la Presidenta decía que era bueno que las tarifas de los servicios públicos fueran baratas porque de esa forma la gente disponía de más dinero para consumir. Claro que nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas. Y, encima, no hay plata para financiar el arreglo de toda esa destrucción de stock de capital. Ahora no hay ni más electrodomésticos ni luz.

Mi impresión es que esa desafortunada frase de Capintanich, “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”, esconde un problema mucho más profundo, que es que tienen miedo de decirle la verdad a la gente. ¿Cuál esa verdad que tiene miedo de decir? Que ya no hay más recursos para sostener la fiesta de consumo artificial. Tienen miedo de decirle a la gente que la engañaron durante un tiempo, pero ya no pueden engañar a todos todo el tiempo. No hay más plata para seguir con la borrachera de consumo que ellos mismos crearon.

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzado a un populismo desenfrenado. Simplemente llegó la hora de la verdad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cortes de luz: el costo de la fiesta de consumo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/12/13 en:  http://economiaparatodos.net/cortes-de-luz-el-costo-de-la-fiesta-de-consumo/

La crisis energética que se tradujo en los padecimientos que sufrió mucha gente con cortes de luz durante días, falta de agua, pérdida de alimentos porque no funcionaban las heladeras, etc. es parte de la factura que hay que empezar a pagar por la fiesta de consumo artificial de todos estos años de populismo.

Desde esta columna insistí hasta el cansancio que el gobierno, en su búsqueda de apoyo político, había exacerbado el consumo en forma artificial. La gente estaba feliz comprando televisores, celulares, autos, zapatillas y demás bienes de consumo durable, todo en 50 cuotas y “sin intereses”. La advertencia era que ese consumo no estaba fundado en un aumento de la productividad de la economía derivado de más inversiones, nuevos puestos de trabajo y mejores salarios reales.

¿Cómo se financió entonces esa fiesta? En parte consumiendo el stock de capital existente. Uno de los mecanismos que utilizó el gobierno para estimular el consumo consistió en dejar congeladas las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, transporte) para que la gente gastara menos en esos rubros y ese  dinero pudiera destinarlo a comprar bienes de consumo durable y no durable. Ahora bien, ¿cómo se financiaron esas tarifas baratas de servicios públicos? Con subsidios y consumiendo el stock de capital.

Lo que hizo el gobierno fue no dejar margen para que se mantuviera y ampliara el sistema energético, tanto en la generación, como en el transporte y en la distribución. En los días que colapsó el sistema energético, y va a seguir colapsando cada vez que la temperatura suba, también se estuvo al límite de colapsar la generación de energía porque se está al límite de la capacidad de generación. Para que se entienda mejor tomemos un equipo de fútbol, el director técnico tiene que tener un plantel mayor a los 11 jugadores porque siempre habrá alguno lesionado, con tarjetas amarillas o rojas que no les permiten jugar por algunas fechas, etc. El director técnico necesita más que 11 jugadores, más los que van al banco. Con el sistema energético pasa lo mismo. Si el sistema puede producir 100, no siempre está produciendo 100 porque hay equipos que entran en mantenimiento, o las represas no están trabajando a full porque no tienen suficiente agua y otros problemas. El sistema energético tiene que tener más jugadores en el banco para reemplaza usinas que puedan fallar o entrar en revisión técnica. Bueno, por falta de inversiones, el sistema energético argentino está como un equipo de fútbol con solo 11 jugadores y, encima, algunos tienen que jugar lesionados porque no hay reemplazos.

Luego está el problema de la distribución. Mucha gente ha protestado contra EDENOR y EDESUR por no tener luz. Claro, es la cara visible del problema y el gobierno, como es su costumbre, le echa la culpa a estas empresas por la falta de luz. La realidad es que de los miles de millones de dólares que se malgastan en subsidios energéticos no van a parar a las distribuidoras, que son EDESUR y EDENOR en CABA y gran Buenos Aires. Apenas reciben unos pocos pesos y sus balances están en rojo porque las tarifas que ellos cobran no les alcanzan ni para pagar la energía que distribuyen en los domicilios. ¿Dónde va el dinero? A cubrir la diferencia entre lo que cuesta generar la energía y lo que se cobra por ella. Por eso las distribuidoras de energía no pueden mantener adecuadamente la parte del sistema energético que les corresponde. Transformadores, cables, cuadrillas de mantenimiento, sueldos, etc. son parte del costo que no es cubierto por los ingresos que reciben por distribuir la energía. La realidad, que el gobierno se niega a reconocer, es que ellos sabía que para sostener artificialmente bajas las tarifas de energía había que subsidiar la generación de energía y consumirse el stock de capital heredado de los 90. Sí, hasta el antimenemista más acérrimo debería reconocer que el mejor marco regulatorio de las privatizaciones de los 90 fue el del sistema energético. El kirchnerismo heredó ese fenomenal stock de capital en generación, transmisión y distribución de energía. Recuerdo que al comienzo del gobierno k uno conocedor de estos temas me dijo: estos bichos tardan mucho en morir, refiriéndose al aparato energético. Bueno, ya están muriendo. Ahora bien, no mueren por muerte natural, sino que fueron asesinados para alimentar la fiesta artificial de consumo.

Según mis cuentas, entre 2006 y 2013 se destinaron subsidios al sistema energético por U$S 57.500 millones. A pesar de semejante cifra, hoy la gente no tiene luz y encima hay que estar importando combustibles para sostener en funcionamiento la generación. Más disparatado no podía haber resultado el esquema. Pero la realidad es que la furia de la gente por los cortes de luz debería ser contra ella misma. O al menos deberían ponerse furiosos aquellos que ingenuamente votaron este modelo porque les permitía comprar celulares, televisores y todo tipo de electrodomésticos. Lo que no le dijeron o mejor dicho se lo dijeron muchos expertos y no quisieron escuchar, fue que esa borrachera de consumo tenía como destino la actual falta de luz con todos los problemas que ello acarrea. Que esa borrachera se financiaba, en parte, con este consumo de stock de capital que conducía a no tener luz. Y ahora que no tenemos luz, Capitanich, muy suelto de cuerpo, sale a decir que si las empresas no están dispuestas a prestar un buen servicio, el Estado se encargará directamente de prestarlo. Es decir, amenaza con una estatización. En el mundo k todo es posible, la pregunta es: ¿con qué dinero van a financiar la compra de nuevos transformadores, cables, costo de las cuadrillas, etc. si tienen el tesoro tiene un déficit fiscal fenomenal de más de $ 100.00?0 millones este año? Digo, ¿con qué van a financiar el las inversiones sin tocar las tarifas que les permiten aplicar a las distribuidoras?

Es lo mismo que pasa con los trenes. Le dieron a la gente un boleto “barato” pero se producen accidentes fatales y otros no tan fatales pero serios que no salen en los diarios. Qué responda el gobierno, ¿si la semana pasada una formación de la línea Retiro-Tigre no tuvo que parar en el medio de estaciones, abrir las puertas de los vagones y decirle a la gente que saltara porque se incendiaba el tren?

Otra forma de financiar el consumo consistió en consumir el stock de capital en rutas. Basta transitar algunas de las principales rutas nacionales de la provincia de Buenos Aires, la 3, la 5, la 7 y la 8, para advertir el riesgo que implica manejar en esas viejas cintas asfálticas que ni siquiera están preparadas para soportar el paso de los gigantescos camiones que transportan mercaderías.

El kirchnerismo se consumió nuestros ahorros en las AFJP, el sistema energético, las rutas, los puertos, las reservas del BCRA y encima nos matan con impuestos para financiar un gasto público gigantesco que no brinda los más mínimos servicios de los que tiene que brindar el Estado como, por ejemplo: seguridad.

Y como si todo esto fuera poco, la gente no solo padece la falta de luz, sino que, encima, la inflación nos está liquidando a todos. No les alcanzó con consumirse el stock de capital, esquilmarnos impositivamente y destruir el patrimonio del BCRA, que ahora la inflación se siente cada vez con mayor intensidad. El resultado es la caída del salario real y menor consumo. Así que ahora, gracias a ese populismo desenfrenado, tenemos menos consumo, falta la luz y, para colmo,  hay que importar combustibles.

Si lo que hicieron en todos estos años fuera una venganza cruel contra la gente, podríamos decir que les salió perfecto. Primero la drogaron con una fiesta de consumo y ahora no saben cómo parar los aumentos salariales que se les vienen encima.

En síntesis, la falta de luz que tanta furia genera en la gente es parte del costo que hay que pagar por la borrachera de consumo irresponsable que impulsó el gobierno. La mala noticia es que la falta de luz es solo una parte de la cuenta que hay que pagar. Espere unos meses más y verá la otra parte de la cuenta que le presentarán.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.