Capitalismo, iniciativa “privada” y propiedad

Por Gabriel Boragina Publicado el 9/9/18 en:  http://www.accionhumana.com/2018/09/capitalismo-iniciativa-privada-y.html

 

Parece mentira que siga habiendo gente que continúe diciendo que vivimos en un mundo capitalista. Lo máximo que podemos afirmar, en tal sentido, es que vivimos en un mundo que sigue disfrutando -en una muy buena medida- de los logros de una época de pleno capitalismo que, evidentemente, hoy en día ya no existe en la mayor parte del planeta, donde los estados y sus gobiernos no han parado de avanzar, aunque más disimuladamente que cuando se lo hacía a mediados del siglo pasado.
Una visión en perspectiva claramente lo indica. Pero, desde luego, también es importante que se tengan conceptos claros respecto de lo que es y no es capitalismo, ya que no para todos es lo mismo. De allí que, sea siempre significativo aclarar que nuestra idea de capitalismo es algo bastante diferente a lo que la mayoría de la gente entiende por tal término.
En una mirada retrospectiva histórica, puede afirmarse -sin temor a error- que el capitalismo jamás operó a un cien por ciento de su potencialidad. Entendemos por capitalismo un conjunto de factores, de los cuales podemos enumerar solamente algunos, por ejemplo: libertad individual, iniciativa privada, y muchos otros más. Pero, de momento, me detengo en cuanto a este requisito fundamental del capitalismo que es la iniciativa privada.
Dado que es esencial al capitalismo este “tipo” de iniciativa, va de suyo que expresiones tales como “capitalismo de estado” no pueden tener cabida dentro de las posibles caracterizaciones del capitalismo, porque si es “de estado” resulta obvio que no puede haber aquí ninguna iniciativa privada, ya que de querer hablarse de “iniciativa” (al ser “de estado”) la única “iniciativa” seria estatal. Pero henos aquí que, en ningún “estado” puede tener lugar clase alguna de iniciativa, porque toda iniciativa puede recaer nada más que en individuos, que son los únicos entes vivos poseedores de voluntad, y sin voluntad es imposible que aparezca ningún ejemplo de iniciativa. Este es uno de los tantos usos deformados de nuestro lenguaje, cuando se utilizan términos de imposible plasmación práctica, como el de “iniciativa estatal” (por evidentemente imposible) o, asimismo, el de “iniciativa privada” que es una redundancia, porque no puede existir ninguna otra clase deiniciativa que no sea -justamente- privada. De donde, se hace necesario distinguir entre iniciativa privada y estatal, habida cuenta el grado de confusión semántica y conceptual en el que vivimos.
Pero es que, no basta la iniciativa “privada” para que tengamos capitalismo, toda vez que los burócratas también actúan dentro de la esfera estatal bajo su propia iniciativa (aunque estén constreñidos por ciertas leyes) sino qué debemos agregar otro factor más, y que es que tal iniciativa privada ha de recaer sobre el destino que se la da al fruto del propio trabajo y no del trabajo ajeno, es decir, necesito (para saber que estoy dentro de un sistema capitalista) no sólo de mi iniciativa privada, sino de poder usar y disponer de lo que es mío, porque si aplico toda o parte de mi iniciativa privada a tomar, usar y disponer de lo ajeno ya no estoy dentro de un sistema capitalista, sino de otra clase, que puede ser intervencionista, o socialista/comunista. Precisamente, el estatismo se maneja de esta última manera, donde un ejército de burócratas aplica su iniciativa privada o propia al uso y disposición de bienes y fortunas ajenas.
Cuando el capitalismo operó apenas a un 30% de su capacidad, lo que es lo mismo a afirmar que la iniciativa particular (mal distinguida como privada cuando no puede haber otra forma de iniciativa que no sea la de los individuos) tuvo una libertad de acción de alrededor de ese porcentaje para usar y disponer de lo suyo, la pobreza disminuyó allí donde lo hizo. Los registros históricos confirman esto, especialmente entre los años 1780 y la primera o segunda década del siglo XX. Puede verse en la bibliografía de Mises, Hayek, Rothbard, Hazlitt, y otros autores de la Escuela Austríaca de Economía.
Estos notables efectos en un período histórico relativamente breve pueden calificarse como de verdadero milagro económico para la humanidad.
De allí que, podemos inferir que, si se le permitiera hacerlo a escalas mayores, la pobreza disminuiría de manera inversa a esa escala. La brecha se acortó. También la historia confirma que ese “estado benefactor” jamás existió. Los estados fueron y siguen siendo hoy en día intervencionistas, como antes y durante la guerra fueron totalitarios en Alemania, Italia y España entre otros. En rigor, el “estado liberal” es una contradicción en términos.
No hay rico más peligroso para el pobre que el funcionario o burócrata enquistado en el gobierno. Este rico estatal es peligroso, el otro privado no. Es al rico gobernante al que no le importa el pobre. Al otro rico (el privado) si le importa, ya que lo necesita, sea como empleado sea como cliente, sea en ambos roles.
A veces se critica a los defensores del capitalismo diciendo que queremos regresar a la “época de los terratenientes”. Pero, tales críticos deben tranquilizarse, porque no vamos a “regresar” a los tiempos de los terratenientes, puesto que estamos viviendo esos tiempos. Ya hemos regresado. Al menos, en Sudamérica ese tiempo es el tiempo de hoy. Los grandes terratenientes de la modernidad son los Estados, mediante sus legislaciones, que otorgan dádivas y privilegios de toda índole a ese ente ficticio estatal que es administrado -de tanto en tanto- por personas diferentes que pertenecen a diversos partidos políticos pero que, en base a esas legislaciones estatistas, tienen un tremendo poder sobre vidas y haciendas ajenas. Hoy en día, los estados no sólo son terratenientes, sino que también dueños de nuestros patrimonios. No sólo tienen grandes posesiones en tierras, sino también en divisas, oro y dinero. El simple hecho de pensar que solamente los gobiernos tienen la facultad legal de despojarnos del fruto de nuestro trabajo (el instrumento se denomina impuesto, forma legal de llamar a lo que es robo en cualquier otro caso) nos da la pauta que la verdadera riqueza reside en los gobiernos, pero no por derecho propio, sino por derecho impuesto, es decir por saqueo.
Sólo que en lugar de hablar de “terratenientes” tendríamos que hacerlo de “dineros tenientes”. Para salir del dominio de estos poderosos es que tenemos que volver al capitalismo.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La magia comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/2/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-magia-comunista/

 

Uno de los esfuerzos más notables de prestidigitación en el mundo de las ideas ha sido y sigue siendo la propaganda comunista. Lo primero que hicieron los comunistas fue insistir en que su sistema era mejor que el capitalismo, porque brindaba no solo libertades políticas sino beneficios económicos. En serio. Y, en serio, durante décadas numerosos intelectuales occidentales difundieron semejante patraña (puede verse: Paul Hollander, Los peregrinos políticos).

Finalmente, y con increíble retraso, el camelo se reveló como tal, y se vio que el comunismo había sido lo contrario de lo que pregonaban sus epígonos: sistemáticamente se tradujo en dictadura política y miseria económica. Entonces, la estrategia cambió. Los comunistas se volvieron defensores de los derechos humanos, del feminismo, del medio ambiente, de los pueblos indígenas y de la democracia, es decir, de todos los objetivos que se ocuparon de masacrar en todos los países donde se aplicó el comunismo. Ese esfuerzo de engaño también tuvo éxito: mucha gente lo cree, igual que mucha gente cree que lo malo del comunismo es solo el estalinismo, o que el comunismo es bueno porque combatió al fascismo.

Otro variante de la magia comunista es alegar, créase o no, que lo malo del comunismo es culpa del capitalismo: en serio, hablan de “capitalismo de Estado”. O aseguran que el comunismo, a pesar de sus innegables crímenes, sirvió para “suavizar el capitalismo” mediante la intervención del Estado, un camelo sin base alguna, precisamente porque dicha intervención no tuvo que ver con la protección del capitalismo sino con la usurpación política de la riqueza creada por empresarios y trabajadores.

Cuando se les enfrenta a la realidad criminal en que se concretan sus ideas, y se rechaza la treta habitual de considerar al capitalismo solo en sus peores resultados, y al socialismo solo en sus mejores objetivos, los comunistas perpetran el arte supremo de la negación de la realidad: proclaman que los crímenes no fueron cometidos por comunistas. Un líder de la izquierda en España dijo que si un comunista era un asesino, entonces no era comunista. El blindaje tramposo es entrañable.

Pero en los países comunistas no se aplicó el capitalismo sino el comunismo, porque se limitaron o extirparon la propiedad privada y los contratos voluntarios del mercado. Millones de trabajadores, por eso, murieron de hambre. La magia no puede ocultarlos. Intentarán atribuírselos al capitalismo, cuando fueron víctimas de políticas claramente anticapitalistas. El espectáculo continuará. ¡Ale hop!

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Sin sangre debido al capitalismo salvaje

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 30/5/13 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=39056&tit=sin_sangre_debido_al_capitalismo_salvaje

El insólito presidente venezolano –que justifica la importación de papel higiénico con cifras oficiales que demostrarían que sus súbditos comen más- durante un encuentro con trabajadores, leyó unos comentarios del Papa quien dijo: “Debemos recuperar el sentido directo de la gratuidad, de la solidaridad. Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del provecho a cualquier costo… sin mirar a las personas”. De paso, propuso construir una espiritualidad sobre valores humanistas que, para él, son la violencia ya que anunció que creará las “Milicias Obreras Boliviarianas”, con dos millones de personas armadas, para generar “respeto”.

Según la Real Academia Española, capitalismo es el “régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza”. Así, en la URSS, por caso, si bien casi la totalidad de las empresas eran del Gobierno -el mayor “capitalista”- no dejaban de crearse a partir de los capitales aunque dirigidos y aportados por el Estado. Era un “capitalismo de Estado”. EE.UU. por su parte, es un sistema mixto, aunque con gran preponderancia del capital no gubernamental, privado.   

Ahora, el capitalismo del mercado natural surge espontáneamente, sin imposiciones coactivas, es decir, por simple acuerdo voluntario entre las partes que deciden solidariamente, juntarse o no e invertir o no, sus ahorros en distintas actividades de servicio a la comunidad para, de este modo, ganar dinero. En contraposición, el de Estado nace de la imposición coactiva (utilizando el monopolio estatal de la violencia) sobre el mercado: obtiene dinero por vía de impuestos, de imposición de moneda estatal de curso forzoso, estatiza empresas y demás y, en principio, por violento es un capitalismo salvaje.

Así, cuando se impone la violencia –siempre destructiva- estatal, despreciando a las personas, es cuando falla la solidaridad que caracteriza al mercado natural. En cuanto a las actividades “gratuitas” del Estado, se solventan por vía impositiva, coactiva, que recaen con más fuerza sobre los más pobres ya que las empresas los pagan subiendo precios o bajando salarios. Por el contrario, dentro del mercado natural existen muchas o­nGs, como Cáritas, que ofrecen caridad gratuita a millones.

Salvaje capitalismo se evidenció cuando el gobierno argentino decidió no pagar (estafar, realmente) a quiénes habían comprado sus bonos. El juez Thomas Griesa, razonablemente ordenó al gobierno pagar la deuda, fallo que de momento está apelado. Pero hete aquí que, otra empresa multi estatal, el FMI advirtió sobre los “riesgos” que significaría convalidar el fallo, lo que podría generar “problemas” en otros procesos de “reestructuración de deuda” (estafa) de otros Estados socios.

Como colofón del capitalismo salvaje, la Conferencia Episcopal venezolana señaló la escasez y la dificultad para importar vino, que se transforma en la “sangre de Cristo” durante la Misa. Sucede que Industrias Pomar, la fabricante del vino Ecclesia autorizado en Venezuela para la celebración de la Eucaristía, no puede garantizar la producción y distribución, por la falta de algunos insumos para embotellarlo debido a que, coactivamente, la aduana estatal impide el paso. A esto se suma la dificultad para la obtención de divisas, dada la prohibición coactiva del gobierno, por parte de los importadores para traer vino de misa de otros países. 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.