¿La economía de mercado es coherente con el catolicismo?

Por Belén Marty: Publicado el 19/3/15 en http://esblog.panampost.com/belen-marty/2015/03/19/la-economia-de-mercado-es-coherente-con-el-catolicismo/

 

Una conferencia en Argentina reunió a más de 200 personas para discutir las relaciones entre libertad religiosa, política y económica

 

¿En que se relacionan los valores cristianos con un gobierno limitado? ¿Es compatible una libertad religiosa con una libertad económica y política? ¿Hay progreso sin libertad? El Insituto Acton Argentina auspició este miércoles una conferencia internacional con más de 200 profesores universitarios, líderes de la sociedad civil, sacerdotes, seminaristas, y estudiantes en las que buscó responder a estas cuestiones.

El evento, que se realizó en la Universidad Católica Argentina, apuntó a debatir entre los líderes católicos actuales y futuros la relación, “inexplorada por el clero”, entre la fe, la libertad religiosa y la libertad económica.

“Acton espera estimular una reflexión más profunda entre los católicos y cristianos sobre los modos en que estas formas de libertad pueden complementarse mutualmente y generar una comprensión más amplia de la libertad”, indicaron desde el instituto.

Gabriel Zanotti, uno de los cuatro conferencistas y cofundador del instituto, conversó con PanAm Post sobre la libertad religiosa y sobre su deseo de conciliar la economía de mercado y el catolicismo.

“Esa conciliación es muy difícil ya que históricamente la doctrina social de la iglesia ha sido identificada con el partido Peronista y eso es un grave error”, expresó el doctor Zanotti.

Para él, el mercado en sí mismo no tiene nada de contradictorio con el catolicismo, sino que usualmente “se confunde al capitalismo con el capitalismo de amigos, en el cual existen privilegios y prebendas entre empresarios del Gobierno”.

Defendió asimismo los dichos del Papa Francisco, quien criticó al capitalismo, ya que para Zanotti, en realidad, “el Pontífice estaba haciendo alusión a la definición de capitalismo como el capitalismo de amigos”.

Gustavo Hasperué, secretario académico del instituto, precisó que no hay incompatibilidad entre el modo liberal clásico de entender la organización social y los valores morales del cristianismo.+

Por su parte, Guillermo Covernton, profesor y asistente del evento, resaltó el punto de vista de la conferencia. En Argentina, insiste Covernton, el instituto investiga cuestiones de la economía de mercado en una sociedad abierta con principios republicanos, en este país, esa mirada suele asociarse a personas agnósticas o a individuos liberales clásicos que no tienen aproximación a la religión católica.

La nicaragüense encargada de los proyectos de Acton Institute, Anielka Olson, fue la última conferencista de la tarde. La ex ministra de Turismo de su país abordó la última iniciativa de la organización: Poverty Cure (La Cura a la Pobreza).

El objetivo de este proyecto audiovisual es cambiar la manera en que los individuos piensan sobre la pobreza. “Quiero invitar a la audiencia a pensar nuevos modelos para salir de la pobreza, que tengan que ver con la iniciativa empresarial y con permitirle a las personas que ellas puedan proveer a las personas por sí mismas”, indicó.

Añadió que el enfoque de la propuesta es que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios, y con una responsabilidad de cuidar por su familia.

“La creación de empleos es parte de la solución”, explicó. Entre otros lugares, precisó que visitaron una villa miseria en Argentina donde no hay títulos de propiedad; y que en todos esos lugares la gente pedía “acceso al mercado”.

Para salir de la pobreza, resumió, es necesario un Estado de Derecho, un acceso a la justicia de forma equitativa (que no dependa de a quién uno conozca), y la posibilidad de obtener un título de propiedad.

En cuanto a la relación entre gobierno limitado, progreso y valores cristianos, el profesor Mario Silar, investigador del Instituto Acton, respondió que el cristianismo entiende por un lado al hombre como un ser creativo, con libertad en un sentido amplio. Según él, el cristianismo sienta las bases para hacer “de tu vida, tu destino”.

En este sentido, explica, un gobierno limitado es compatible con el cristianismo porque “un gobierno limitado no se mete en la vida de cada individuo”. Un gobernante cristiano deberá tener —además de un fundamento jurídico de limitarse— un fundamento teológico. “Si esta persona tiene dignidad y libertad yo no puedo decirle que es lo bueno para él”.

Explicó asimismo que un gobierno limitado permite el progreso. “Solo en condiciones de libertad, los seres humanos pueden ver esas oportunidades específicas que puedan generar su mejora vital y eso va llevando al progreso de la sociedad”, exhortó.

En una cartas encíclicas el Papa Francisco rechazó la teoría del derrame. Sobre esto, Silar dijo que no siempre el mercado soluciona todo. “Sería hacer una versión simplista de la teoría de la mano invisible”.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Alibaba y el destino de las grandes corporaciones en manos de los consumidores.

Por Martín Krause. Publicado el 21/9/14 en: http://bazar.ufm.edu/alibaba-y-el-destino-de-las-grandes-corporaciones-en-manos-de-los-consumidores/

 

Muchas veces los alumnos manifiestan su preocupación por el supuesto poder que puedan tener las grandes empresas para determinar el rumbo de la sociedad e incluso para controlar a quienes detentan el poder. No es algo que vaya a negar aquí, el “capitalismo de amigos” se encuentra en todos lados. Pero, al mismo tiempo, sobrestimamos mucho el poder de estas empresas cuya posición puede ser muy inestable. Por ejemplo, hace 15 años Ebay y Amazon no existían. Ahora son dos grandes empresas de comercio electrónico, pero esa posición está siendo cuestionada.

Jack Ma

La noticia empresarial de la semana fue el lanzamiento de las acciones de la empresa china Alibaba en la bolsa de Nueva York: http://www.ieco.clarin.com/empresas-managment/record-accion-Alibaba-disparo-primer_0_1214878980.html

“Hace catorce años le pregunté a mi esposa si quería que fuese un hombre rico o prefería un empresario respetado. Ella, evidentemente, respondió un empresario respetado, porque nunca pensó que llegaría a ser rico”, aseguró desde el parqué neoyorquino Jack Ma mientras su compañía se preparaba para hacer historia.”

“Alibaba, que ganó el año pasado 3.700 millones de dólares (un negocio más rentable que eBay y Amazon.com juntas) y facturó 8.400 millones, emplea a unas 25.000 personas encargadas de operar el portal Alibaba.com y el motor de búsqueda eTao, además de tener su propia tecnología de pagos por internet, Alipay, de ahí que sea una mezcla de Amazon, eBay y PayPal.”

Al mismo tiempo, la noticia sobre Alibaba, que fundara Ma en 1999, o sea hace 15 años es también un ejemplo de un emprendimiento que crece y se abre. Su fundador posee solamente el 7,8% de las acciones, el vicepresidente Joseph Tsai tiene el 3,2%. Ambos han preferido aumentar el capital de la empresa aunque tengan que resignar su total control. Por ahora son quienes la dirigen pero eso podría cambiar en el futuro.

También es un ejemplo de globalización. El principal accionista es la empresa de telecomunicaciones japonesa SoftBankCorp con un 32%. Yahoo va a quedar con el 16% y hay unas dos decenas de inversores internacionales que compraron acciones en una emisión privada por $1.700 millones en 2012. Con la venta de las acciones en Wall Street habrían recaudado casi $22.000 millones. Los bancos que las vendieron son Credit Suisse, Deutsche Bank, Goldman Sachs, JP Morgan y Morgan Stanley.

En fin, hace 15 años dos emprendedores crean el comercio electrónico y convierten a sus pequeñas empresas en gigantes. Ahora viene otro que los desafía y, por el momento, los supera en el valor accionario. Nada está dicho respecto a quienes son los “grandes”. Los grandes de hoy se pueden derrumbar mañana y tal vez ahora están naciendo las que serán las grandes empresas de unos pocos años más. Nadie tiene garantizado nada.

Ese es el resultado de la competencia: el que decide en última instancia es el consumidor o sea, nosotros.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

EL LIBRO ESTATISTA DE MODA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Nos referimos a Capital in the Twenty-First Century de Thomas Piketty, francés, doctorado en economía en MIT y profesor en la Escuela de Economía de París (institución que él contribuyó a establecer en 2005). El libro está muy bien traducido del francés por Arthur Goldhammer (Le captital au xxi siécle). Está dividido en tres partes y la conclusión, casi 700 páginas que contienen 32 cuadros estadísticos.

 

Es una obra que combate la desigualdad de ingresos y patrimonios sustentado en confundir el capitalismo con el llamado “capitalismo de amigos” (en verdad ausencia de capitalismo puesto que las relaciones incestuosas entre el aparato estatal y los empresarios prebendarios -desde Adam Smith en adelante- niega el significado de esa tradición de pensamiento), además, como han demostrado economistas como Hunter Lewis, Rachel Black, Robert T. Murphy y Louis Woodhill, basado en  proyecciones sesgadas y estadísticas equivocadas (especial aunque no exclusivamente las referidas a retornos sobre el capital).

 

Dejemos las transcripciones numéricas que efectúa el autor de este libro para reflexionar sobre el centro de su tesis para lo que sugiere elevar considerablemente los impuestos al efecto de mitigar las referidas desigualdades, puesto que como es sabido incluso para leer tablas estadísticas se requiere un andamiaje conceptual previo y es a esta estructura teórica del autor la que vamos a comentar telegráficamente en esta nota periodística.

 

Incluso aunque las series en cuestión estuvieran bien fabricadas, las comparaciones pertinentes, los años base significativos, bien realizadas las correlaciones, bien seleccionadas las muestras y bien construidos los índices, no cambia la línea argumental. Esto es, si es cierto que en mercados abiertos y competitivos las diferencias patrimoniales las decide el consumidor en el supermercado y equivalentes, cualquier resultado en el delta es, por definición, el que ha establecido la gente con sus compras y abstenciones de comprar. Como los recursos no crecen en los árboles, su correspondiente asignación no resulta indistinta: la administración debe estar en manos de los que atienden mejor las demandas de sus congéneres a través de los cuadros de resultados para que los que dan en la tecla ganen y los que yerran incurran en quebrantos en posiciones que no son irrevocables sino sujetas a las cambiantes necesidades del público consumidor.

 

Resulta un tanto cansador repetir un aspecto de reflexiones ya hechas con anterioridad pero me incentivó la posibilidad de introducir nuevas consideraciones a raíz de la obra de Piketty. Otra razón para producir esta nota, es que economistas como Krugman y Stiglitz alaban el libro de marras, junto a las autoridades del FMI y el mismo Obama y, en el momento de escribir estas líneas, el libro está en la lista de los best-sellers del New York Times.

 

Como queda dicho, en la medida en que las riquezas van a los bolsillos de empresarios que operan en base a privilegios otorgados por gobiernos, la consiguiente desigualdad se traduce en una flagrante injusticia que nada tiene que ver con la eficiencia para atender al prójimo sino con el poder de lobby para acercarse a los funcionarios del aparato estatal, es decir robo indirecto (para no decir nada de los patrimonios más abultados del mundo -según Fortune– que son fruto de usurpaciones y despojos directos como es el caso de la Rusia actual que se incluyen en las antedichas estadísticas globales como si fueran el resultado del mercado).

 

Y esto es lo que desafortunadamente existe en buena parte del mundo y es lo que Piketty confunde con capitalismo en el libro que comentamos. Lo que vivimos no es “la crisis del capitalismo” como afirma el autor sino la crisis del estatismo cimentada en gastos públicos astronómicos, deudas estatales siderales, déficit insostenibles, impuestos insoportables y absurdas, asfixiantes y crecientes regulaciones, de modo que está embistiendo contra un blanco equivocado.

 

Escribe Piketty que “La distribución de la riqueza es uno de los temas más discutidos y controversiales hoy”, lo cual es evidentemente cierto si nos guiamos por las propuestas políticas y por gran parte de los textos en economía y ciencia política, pero el asunto consiste en investigar la razón o sinrazón de las partes en este delicado debate. La tradición que inició J. S. Mill al pretender la escisión entre la producción y la distribución sentó las bases de la confusión. Para comenzar, como ha puesto de manifiesto Thomas Sowell, los economistas no deberíamos hablar de “la distribución del ingreso” puesto que “los ingresos no se distribuyen, se ganan”. Por su parte, Robert Barro ha señalado repetidamente que lo relevante no es la desigualdad de patrimonios sino la elevación del promedio ponderado de los ingresos (que es la tendencia en la medida en que la sociedad sea abierta), lo cual, dicho sea de paso, puede simultáneamente incrementar las desigualdades.

 

Piketty, por una parte, alude a Marx en cuanto a la concentración de la riqueza (que según él equivale a la explotación de los más pobres sin inferir conclusiones de sus niveles de vida en términos absolutos), y por otra, Kuznets que pronosticaba armonía en base a la reducción de las desigualdades (con célebres gráficos no del todo ajustados a la realidad). Pero es que, nuevamente destacamos que en la sociedad abierta las diferencias patrimoniales y de ingresos de deben a las instrucciones del consumidor en el mercado y, por tanto, cumplen un rol vital para maximizar las tasas de capitalización que es la única causa que eleva salarios.

 

Este es el sentido de lo consignado por Buchanan en cuanto a que “mientras las transacciones se mantienen abiertas y mientras no se recurra al fraude y a la fuerza, el acuerdo logrado es, por definición, clasificado como eficiente” y es el sentido por el que escribe Hayek en cuanto a que “la igualdad de las reglas generales es el único tipo de igualdad compatible con la libertad y la única igualdad que puede asegurarse sin destrozar la libertad”.

 

Sin embargo, Piketty se refiere a “los violentos conflictos que inevitablemete instiga la desigualdad [de rentas y patrimonios]” y los relaciona con los sucesos ocurridos en la Francia pre-revolucionaria, lo cual es nuevamente una situación totalmente distinta a la de los mercados libres y la sociedad abierta. Incluso sus reflexiones sobre la sobrepoblación de esa época no son comparables al crecimiento vegetativo en el contexto de la libertad. El antes referido Sowell muestra que toda la población mundial podría ubicarse en el estado de Texas con un promedio de 600 metros cuadrados por familia tipo de cuatro personas y señala que la densidad poblacional de Manhattan es la misma que en Calcuta y la de Somalía igual a Estados Unidos con lo que concluye que en un caso se habla de hacinamiento y en otro de opulencia debido a marcos institucionales diferentes y no debido a la llamada sobrepoblación.

 

Incluso las referencia a Malthus y a Ricardo en el libro no se condicen con lo que puede inferirse de épocas posteriores, no solo en cuanto a la población sino en cuanto a los impuestos a la tierra que parecen un adelanto de la teoría de Henry George al sugerir cargas fiscales adicionales a la tierra debido a que es un bien que aumenta su escasez sin que pueda atribuirse mérito al propietario, es decir, una especie de externalidad de la naturaleza, sin percatarse que, por ejemplo, eso mismo ocurre con nuestros ingresos que son debidos a las tasas de capitalización generados por otros (y tantas otras ventajas que obtenemos como que al nacer estamos insertos en lugares donde ya existe un lenguaje, insitituciones, etc.).

 

Thomas Piketty concluye que no está todo perdido puesto que “Hay sin embargo maneras en que la democracia puede recuperar el control sobre el capitalismo y hacer que los intereses generales prevalezcan sobre los particulares”. En esta conclusión hay por lo menos tres asuntos que deben resaltarse. Primero, en gran medida no estamos en democracia en el llamado mundo libre tal como la concibieron en combinación con la República los Padres Fundadores en Estados Unidos, ni como la conciben los Giovanni Sartori de nuestros tiempos. Se trata mayorías ilimitadas que arrasan con el derecho y toda la tradición constitucionalista desde la Carta Magna de 1215. Segundo, no hay tal cosa como el capitalismo para controlar por las razones antes apuntadas. Y tercero, aunque es un lugar común, en la sociedad abierta no hay conflicto entre lo particular y lo general por la sencilla razón que lo general es la satisfacción de todo lo particular que no lesione iguales derechos de otros.

 

El autor de esta obra ahora de moda le da por completo la espalda al hecho de que el proceso de creación de riqueza es dinámico y no un bulto estático que opera en el contexto de la suma cero y que los burócratas tienen que decidir como “lo distribuyen”.

 

Por último, debe subrayarse que, en rigor, no es posible imponer el igualitarismo ya que las valorizaciones son subjetivas y, aunque todos dijeran la verdad no pueden realizarse comparaciones intersubjetivas, al tiempo que debido a la intervención gubernamental para imponer la guillotina horizontal se deterioran los precios relativos lo cual malguía aun más la producción. En el contexto del igualitarismo forzoso se requiere un sistema autoritario puesto que cuando alguien se sale de la marca niveladora establecida, debe recurrirse a la violencia para encauzar al “infractor”. Y, además, en otro plano de análisis, si fuéramos todos iguales con las mismas inclinaciones y talentos, la división del trabajo y la cooperación social se derrumbarían y la misma conversación se tornaría en un aburrimiento colosal ya que sería lo mismo que dirigirse al espejo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.