Cómo el gasto público subió la pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/10/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/10/15/como-el-gasto-publico-subio-la-pobreza/

 

Los gobiernos populistas no han sido buenos reasignaciones de los recursos para reducir la población que no puede acceder a recursos monetarios para poder comprar la canasta básica de alimentos y pagar los servicios públicos y privados esenciales

La pobreza trepó al 35,4% en el primer semestre de este año segun el INDEC (Foto NA)

Existe la falsa creencia que el aumento del gasto público funciona como un mágico factor multiplicador de la actividad económica. Los economistas que juegan a ser brujos con poderes mágicos nos quieren hacer creer que un dólar gastado por el Estado produce más actividad que un dólar gastado por el sector privado.

En economía no hay magia, por lo tanto, si el dólar de más gastado por el Estado generara algún tipo de efecto multiplicador, el dólar de menos gastado por el contribuyente produciría el mismo efecto desmultiplicador y de retracción de la economía, en igual intensidad que el supuesto efecto expansivo del Presupuesto.

A los políticos que les encanta gastar el dinero del contribuyente este supuesto efecto mágico del gasto público les viene como anillo al dedo porque pueden vender populismo y tratar de insensible a todo economista que no solo se oponga a un aumento del Presupuesto, y peor aún a quienes pedimos reducirlo, porque “no consideramos a los pobres”.

En la Argentina el populismo estatista ha llevado el gasto público a niveles que, como veremos enseguida, ha sido el mayor causante de la pobreza, y hasta tanto no se entienda que no va a ser la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, ni sus antecesores ni sus sucesores, la que va terminar con la pobreza revoleando cheques del contribuyente.

Es que el aumento del gasto público ha sido la causa de un largo período de déficit fiscal que ha impactado en 4 variables económicas haciendo explotar la pobreza y llevarla a los niveles que, la misma dirigencia que la creó, ahora se espanta de verla.

El gráfico de abajo muestra la evolución del déficit fiscal consolidado entre 1961 y 2016 en base a datos del Ministerio de Hacienda.

Tomando los 55 años que van entre 1961 y 2016, en solo 6 de ellos hubo superávit fiscal. En rigor esos superávit fiscales estuvieron basados en la llamarada inflacionaria que generó Eduardo Duhalde con la salida de la Convertibilidad, licuando el gasto público en salarios y jubilaciones. Si a eso se le agrega que Adolfo Rodríguez Saá antes había declarado el default y ya no se pagaban los intereses de la deuda pública; y se establecieron retenciones a las exportaciones con un tipo de cambio de $4 por dólar, que hicieron licuar el gasto y no pagar la deuda, más que ordenar el Estado para bajar el gasto público.

Es más, el gráfico 2 muestra la evolución del resultado fiscal en la era K. Como puede verse, comienza el 2004 con un superávit consolidado del 3,54% del PBI gracias al viento de cola y al desastre económico institucional que hizo Duhalde, y terminaron entregando el poder en 2015 con un déficit fiscal de 7,24% del PBI. Un recorrido de deterioro de las finanzas públicas de casi 11 puntos del PBI.

Ahora bien, volviendo al largo período de aumentos del gasto público y déficit fiscal, hubo 5 factores de ese aumento del gasto público que llevaron al estallido de pobreza impensada en una Argentina que fue pujante y un país que le ofrecía al mundo un lugar donde prosperar a fines del siglo XIX y principios del veinte:

Emergencia permanente

1Los recurrentes déficits de las finanzas públicas llevaron a transformar a la Argentina en un infierno fiscal. El actual Impuesto a las Ganancias nació como un gravamen de emergencia en 1932 llamado Impuesto a los Réditos. Hace 87 años que estamos en emergencia. El IVA, que comenzó con una tasa del 13% en 1975, fue aumentando hasta el actual 21%. Recordemos que en 1995 se pasó de una alícuota del 18% para llevarla al 21% para enfrentar la emergencia por la crisis del Tequila. Es decir, llevamos 24 años de emergencia. Lo mismo ocurre con el impuesto a los créditos y débitos bancarios, creados como emergencia en 2001, tenemos 18 años de emergencia. Y podríamos seguir con los ejemplos mostrando la creciente presión tributaria a nivel nacional, provincial y tasas municipales que transformaron a la Argentina en tal infierno fiscal que condujo a tener cada vez menos inversiones;

2. el aumento del mercado informal de la economía (la curva de Laffer funciona en la realidad) y la fuga de capitales en busca de países que no expropiaran impositivamente al sector productivo. Pero la salida de capitales no se produjo solamente por la presión tributaria. Las recurrentes crisis fiscales derivadas del déficit estatal llevaron a continuas confiscaciones de activos líquidos. En 1987 el ahorro forzoso; en 1989 el plan BONEX; en 2001 el corralito; en 2002 el corralón y la pesificación asimétrica; en 2008 la expropiación de los fondos en las AFJP; los balances que no se ajustan por inflación, deteriorando parte del capital de trabajo de las empresas y los ingresos de las personas.

3. la sistemática violación de los derechos de propiedad con confiscaciones que hicieron que la gente buscara resguardar el fruto de su trabajo lejos de la mano del Estado. Por esa razón hoy en día los depósitos en el sistema financiero argentino no representan más del 14% del PBI cuando en países como España representan el 96% del PBI, en Irlanda el 90% o en Chile el 52%. El argentino atesora o vuelca sus ahorros en países donde le respetan el derecho de propiedad, países que son desarrollados, con lo cual el populismo gastador compulsivo ha logrado que los argentinos terminemos financiando la inversión y el consumo en economías maduras. Encima, el escaso ahorro interno que se vuelca al sistema financiero local es absorbido por el estado vía Lebac, Leliq y cuanto instrumento de deuda interna pueda inventar el estado.

4. Como la carga impositiva infernal no alcanza para financiar el gasto público, como tampoco alcanzan los recursos confiscados, como tampoco es suficiente el endeudamiento interno, también el Estado toma deuda externa para financiar el gasto. Los populistas viven protestando contra la deuda pública, pero no despotrican contra el gasto público que lleva al déficit fiscal y al endeudamiento que se transforma en más gasto público por los intereses que hay que pagar.

5. Pero no conformes con todo esto, además el Estado ha financiado el déficit con emisión monetaria destruyendo 5 signos monetarios y produciendo períodos de alta inflación, megainflación e hiperinflación. Sin moneda es imposible hacer cálculo económico y sin cálculo económico no hay posibilidad de estimar si un proyecto de inversión es viable. O sea, la ausencia de moneda es otro impedimento para que se produzcan inversiones. Sin moneda la economía trabaja en el día a día y no proyecta períodos largos dado que no se pueden hacer estimaciones por falta de un instrumento de medición.

La tormenta perfecta

Tenemos entonces que el gasto público ha transformado a la Argentina en un infierno fiscal, en un Estado que es un confiscador serial ahuyentando el ahorro hacia plazas donde se respeten los derechos de propiedad dejando sin crédito interno la economía argentina, al tiempo que el estado, para financiar su gasto público, absorbe el escaso crédito interno y encima toma deuda externa y destruye la moneda con emisión monetaria.

En definitiva el gasto público ha creado la tormenta perfecta para hundir la economía argentina en la pobreza que vemos como viene creciendo desde hace décadas. No es este gobierno el que hizo explotar la pobreza, en todo casi ni empezó a solucionarla, son décadas de gobiernos gastadores que destruyeron todos los instrumentos económicos básicos para que haya inversiones, se creen puestos de trabajo, mejore el salario y baje la pobreza. El gasto público destruyó la calidad institucional de Argentina dejándola sin inversiones y con una pobreza insospechada.

La pobreza actual es hija de un Estado depredador que espanta las inversiones, y ese Estado depredador es consecuencia de una dirigencia política que solo sabe gastar y confiscar el fruto del trabajo de la gente laboriosa e innovadora. Son los políticos, con su competencia populista, los que llevaron el gasto público a niveles extremos haciendo explotar la pobreza. Son los verdaderos responsables de esta decadencia argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

 

Caen la pobreza y el relato populista

Por Iván Carrino. Publicado el 5/4/18 en: http://www.ambito.com/917252-caen-la-pobreza-y-el-relato-populista

 

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina publicó los números de la pobreza.

Luego de años de cifras poco confiables, producto de la manipulación de los datos de inflación, el INDEC hoy tiene recuperada gran parte de su credibilidad. El miércoles divulgó una caída en la tasa de pobreza, que pasó del 30,3% a fines del año 2016, al 25,7% del segundo semestre de 2017.

Al mirar la foto, lo divulgado por el INDEC no es para festejar. Una de cada cuatro personas en el país vive por debajo de la línea de pobreza. Es decir, que no tiene ingresos suficientes para alcanzar una Canasta Básica de bienes y servicios.

Si uno observa la película, sin embargo, la buena noticia es que, antes, este número era aún peor.

• Datos que incomodan algunos relatos

Una vez conocida esta nueva realidad, gran parte de los opinadores de televisión, periodistas progresistas y líderes de partidos de izquierda, comenzaron, o bien a ponerle reparos a la metodología utilizada, o bien a rechazar directamente la información.

Uno puede detectar aquí el cinismo de estos opinólogos. Es que cuando durante el segundo trimestre de 2016 el INDEC reveló que la pobreza era de 32,2%, ninguno dudó en fustigar al gobierno porque sus políticas “neoliberales” y “de derecha” habían empobrecido a la gente.

Curiosamente, cuando el dato refleja una caída de 4,6 puntos, se multiplican los planteos acerca de si la línea de pobreza no será arbitraria, si realmente representa a una persona pobre, y si debería o no incluir el costo de un alquiler, el seguro del auto, o la compra de bombitas de luz en el almacén del barrio de la esquina de mi casa.

• “Andá al Supermercado”

La polémica por los números me llevó a debatir con un hombre que estaba indignado por lo mucho que su señora había gastado en una compra en el supermercado.

“Mi mujer gastó casi $ 8 mil en llenar el changuito del supermercado. Está bien, yo vivo en una zona acomodada del partido de Tigre, pero a mí no me podés decir que una familia no es pobre porque ingresa más de $ 17 mil.”

El error en esta argumentación tal vez no salte fácilmente a la vista. Pero, precisamente, la “línea de la pobreza” busca identificar un número que, si es superado, permita a una familia sencillamente no ser considerada pobre. Está claro que estar por encima de ese umbral no equivale a poder vivir en una zona acomodada del partido de Tigre.

He aquí la gran contradicción de algunos que, con su mirada de burbuja sobre la vida, luego andan acusando al resto de “no salir a la calle”, “no ir al supermercado” o “no tener contacto con la realidad”.

¿Quién tiene más contacto con la realidad, me pregunto: aquél que sostiene que como su gasto es de $ 50 mil por mes, la línea de pobreza en $ 17 mil por hogar debe estar manipulada; o quien entiende que, precisamente, la línea de la pobreza está muy lejos de representar un ingreso “razonable” para una persona que vive en los círculos acomodados de una de las ciudades más ricas del país?

Sin sorpresas, este mismo hombre afirmaba que nadie podía sentarse a comer en un restaurante sin pagar menos de $ 700 por persona.

¿Quién tiene menos contacto con la realidad: los números del Instituto Nacional de Estadísticas, o nuestros opinólogos falsamente solidarios con los que menos tienen, pero que creen que no se puede comer en ningún lado por menos de $ 700?

• “Recorran los barrios”

Otro de las estrategias cliché a la hora de no admitir la realidad es la siguiente.

Toda vez que alguien diga que bajó la pobreza, el medio de comunicación o el político en cuestión, pondrán una cámara dentro de un barrio carenciado, merendero, o alguna parroquia que asista a la gente que sufre necesidades.

“¿Dónde bajó la pobreza? Mentira, mentira, miren cómo vive esta gente”, argumentarán, utilizando así a los pobres para su propia causa política o de negocios.

La falacia aquí es más evidente y grosera.

En un país con 10 millones de personas bajo la línea de la pobreza, y con 4,8% de personas viviendo en la indigencia (con menos de $ 72 diarios en la Provincia de Buenos Aires), es obvio que siempre va a existir la posibilidad de encontrar algún lugar que la esté pasando muy mal… ¿Pero de qué manera es eso una refutación de los datos?

La falacia es análoga a tratar de contradecir la idea de que hay 25,7% de personas pobres en Argentina, mostrando una cena de 10 empresarios millonarios y argumentar, en base a ello:

“No ve la riqueza que hay aquí, ¿cómo va a haber 25,7% de pobres?”.

Sí, así de ridículo.

La pobreza en Argentina es elevada. En los países desarrollados, utilizando nuestra misma vara de medición, los niveles no superan el 8%.

En este sentido, uno bien podría discutir si no hay todavía mucho para mejorar. También podría discutir si la mejora que mostraron los datos del INDEC no podrá ser revertida por políticas erróneas en el futuro cercano…

Todos estos debates son más que válidos y bienvenidos.

Pero seguir discutiendo los números, como si viviésemos en la época del kirchnerismo, o hacerlo desde la estrecha óptica de la realidad de un “hippie con OSDE” es poco serio, extremadamente ignorante, y de enorme deshonestidad intelectual.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El Gobierno manda, los productores definen:

Por Aldo Abram: Publicado el 23/4/12 en: http://www.latecla.info/2/nota_52377.htm

El director de la Fundación Libertad y Progreso, Aldo Abram, explicó a La Tecla el por qué del desabastecimiento de algunos productos de la canasta básica. El economista alegó que “si el precio que se le está fijando al productor no le conviene, no lo va a vender”.

 ¿Cómo se entiende el faltante de productos de primera necesidad?

-El faltante de productos como el aceite, la yerba y el azúcar, por ejemplo, son todos precios que Moreno tiene controlados. La explicación es sencilla: si el precio que el Gobierno le está fijando, al productor no le conviene, no te lo va a vender. En definitiva, van a terminar vendiendo en otros mercados, exportando. Acá, lo que está en cuestión es quién se hace cargo del aumento de los costos de comercialización, y está en claro que los supermercados no van a vender a pérdida.

 Algunos dicen que es temporario…

-Hace tiempo que están faltando productos, o que te dicen ´podés llevar uno o dos por persona o grupo familiar´. Lo que pasa es que esto se va agravando, porque hoy estamos peor que ayer, y así sucesivamente, porque es una situación que se está degenerando. Cada vez va a haber mayor presión por controlar los precios, y eso va a aumentar el desabastecimiento.

 ¿Y cómo se explica?

-Tenemos un banco central que viene financiando cada vez más al Gobierno a través de la emisión de pesos, ya sea para comprar dólares o simplemente para dárselos al Gobierno; lo que explica por qué hace que termine depreciándose, porque la gente no necesita toda esta enorme cantidad de pesos. Una cosa que hay que tener clara es que la inflación no es alta solamente en los productos de la canasta básica. Más allá de que había un alza en los últimos meses que se puede justificar a raíz de las subas que vienen del exterior, porque los precios están subiendo en el mundo, la realidad es que lo relevante es ver cuánto sube la canasta total de estos consumos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .