Hoy no vivimos nada diferente a las crisis de los últimos 44 años

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/8/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/08/20/hoy-no-vivimos-nada-diferente-a-las-crisis-de-los-ultimos-44-anos/

 

El resultado de las PASO mostró que la fórmula Fernández-Kirchner tiene más chances de ganar en la primera vuelta en octubre que Juntos por el Cambio dar vuelta el resultado adverso, llegar a un ballotage y ganarlo ahí

 

Es evidente la desconfianza que genera en los inversores la formula FF. Si habiendo ganado las PASO con 15 puntos de diferencia, al otro día se dispara el dólar, cae la Bolsa y se estalla el Índice de Riesgo País, todos activos líquidos de los que se puede salir en el día, es de imaginar que si nadie quiere tener activos líquidos por si gana la fórmula FF, menos habrá gente que quiera hundir una inversión en una fábrica de mayonesa, contratando personal, lidiando con el complejo sistema impositivo argentino, las locuras sindicales y la ausencia de una moneda.

Es decir, si con Mauricio Macri no se produjo la lluvia de inversiones, la sequía de inversiones continuará con los FF de ganar la presidencia a partir  del 10 de diciembre en octubre.

De manera que el primer problema a la vista es que hoy ninguno de los dos partidos o alianzas políticas con mayores chances de ganar la elección generan confianza. Los FF por su trayectoria de 12 años de incumplimiento con los compromisos internacionales y sus políticas populistas y Cambiemos por su gradualismo que fue inmovilismo que lo llevó a esta crisis económica justo en la puerta de las elecciones.

La pregunta es: ¿qué grados de libertad tiene cada uno para enfrentar la larga decadencia argentina? El gobierno de Macri, de aquí a las elecciones y, en caso de ganarlas, ¿qué hará luego? Y el kirchnerismo, ¿qué grados de libertad tendrá para enfrentar la economía si gana las elecciones?.

Grados libertad para el presente y para el futuro

Mi visión es que Macri tiene que lograr revertir la crisis cambiaria antes que se traduzca en una crisis financiera. En este tema ya queda claro que la tasa de interés dejó de ser un instrumento para frenar transitoriamente la corrida. A casi un año del lanzamiento de las Leliq en reemplazo de las Lebacs, pagan la misma tasa que al inicio y no consiguen dominar el mercado de cambios o, dicho con más precisión, la desconfianza en el peso.

Ahí no tiene muchas chances, a mi juicio. O logran un acuerdo con EE.UU. para recibir un apoyo del Tesoro que le permita al Banco Central cancelar  las Leliq de un cachetazo, para hacer bajar el dólar y la tasa de interés, o usa las reservas para amortiguar la corrida.

Cuando digo un acuerdo con EE.UU. estoy pensando en el apoyo que Bill Clinton le brindó a México cuando se produjo el Efecto Tequila, entre 1994 y 95. Recordemos que el Congreso había rechazado el apoyo a México, pero el departamento del Tesoro encontró la forma de ayudarlo con una paquete de USD 20.000 millones de aquél momento vía el Fondo de Estabilización de Divisas, más otro por USD 30.000 millones del FMI, del Bank for International Settlement y un swap de Canadá.

Obviamente, ahora a la Argentina ya no le queda más margen para mayor apoye del FMI, así que la única opción que quedaría es buscar el respaldo del Tesoro norteamericano para rescatar las Leliq del Banco Central y establecer una especie de convertibilidad de hecho para desactivar la corrida cambiaria. Hoy las reservas de libre disponibilidad se acercan bastante para cubrir la base monetaria, falta desarmar de un golpe las Leliq.

El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)
El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)

Si no se recibe ese apoyo del Tesoro de los EEUU, están las reservas y cambiar las Letras intransferibles que tiene el BCRA que le entregó el Tesoro argentino a cambio de las reservas en la era K, por un bono largo como un instrumento para quitar liquidez del mercado. No es gran cosa, pero es lo que hay. En este caso, no bajaría la tasa de interés pero al menos se desarmaría el misil que son las Letras de Liquidez por ya remuneran una tasa cercana a 75% anual a 7 días.

Es necesario presentar un plan económico de largo plazo

De nada sirve anunciar medidas para apagar el incendio si al mismo tiempo no se anuncia un plan económico de largo plazo a ser aplicado en caso de ganar las elecciones Cambiemos. Muchos podrán decir que ahora no hay tiempo, pero insisto con mi argumento: las campañas políticas son para anunciar los planes económicos de los gobiernos, no solo para apagar incendios y tratar de flotar para llegar a octubre o diciembre.

¿O acaso creen que pueden ganar las elecciones abrazando a la gente en el conurbano? Esa gente va a seguir votando al peronismo, lo que tiene que lograr Cambiemos es recuperar el apoyo de la clase media, esa a la que esquilmó con impuestos para sostener a piqueteros y ñoquis. Y la forma de recuperarla es, en primer lugar siendo más agresivo con la suba del mínimo no imponible de Ganancias y más agresivo en la baja del gasto público en el revoleo de planes sociales junto con el dominio de la corrida cambiaria.

¿Los márgenes de acción de Alberto Fernández en caso de ganar las elecciones? Recibe un gasto público consolidado de 46% del PBI; una presión impositiva consolidada del 42% del PBI; un peso que hace décadas dejó de ser moneda; sin ahorro interno para financiar el déficit fiscal; sin acceso al crédito externo y con vencimientos de deuda pública que solo podrá refinanciar con el apoyo del FMI, pero para eso tendrá que cumplir con una estricta disciplina fiscal y reforma laboral. Pregunta, ¿le aprobarán Pino Solanas, Recalde y los diputados de La Cámpora esas medidas y reformas?

Vuelvo al punto de partida, ninguno de las dos alianzas políticas generan hoy confianza en los inversores, sean financieros o aquellos que tienen que hundir inversiones en Argentina.

Mi impresión es que a Alberto Fernández le va a costar más trabajo generar confianza considerando los 12 años de kirchnerismo y la lista de legisladores que presenta, que a Macri que viene con 4 años de fracasos económicos pero podría llegar a hacer un mea culpa de lo hecho hasta ahora y reorientar su gobierno hacia una economía de reformas estructurales con un plan económico que genere un shock de confianza por su integración al mundo.

No hay que confundirse, la crisis cambiaria actual es el resultado de la falta de confianza en el peso, que a su vez es resultado de la prostitución monetaria fruto del continuo desborde del gasto público.

Tuvimos la misma crisis en 1975 con el Rodrigazo; en 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y su gradualismo; en 1985 con la gestión de Bernardo Grinspun que terminó en el Plan Austral, el cual a su vez terminó en varios australitos hasta el Plan Primavera que desembocó en la hiperinflación. Luego vino el plan BB que terminó en el plan Bonex en diciembre de 1989, para finalizar en la convertibilidad fija con el dólar en marzo de 1991.

El no ajuste del gasto público que propuso Ricardo López Murphy en marzo de 2001, boicoteado por los eternos “ahora no se puede”, derivó en el corralito, la crisis institucional y el default de fines de 2001, más el desastre que hizo Eduardo Duhalde al salir de la convertibilidad generando una llamarada inflacionaria, confiscación de ahorros y un fenomenal salto de la pobreza.

Y luego el kirchnerismo que terminó tapando la crisis económica destruyendo el Indec para no conocer la pobreza, la inflación, el nivel de actividad, etc., con un cepo cambiario y casi cero reservas.

En síntesis, no estamos viviendo nada a lo que vivimos en los últimos 44 años. Crisis fiscales que derivan en crisis de confianza y corridas hacia el dólar. Repasemos qué se hizo en las crisis anteriores y vamos a entender la gran incertidumbre actual.

Que nadie se crea que ganando el kirchnerismo se podrá salir mágicamente de las crisis recurrentes o que ganando Mauricio Macri la reelección va a pasar lo mismo. Esto no es una cuestión de personas o partidos políticos, es una cuestión de grosero populismo que periódicamente estalla por falta de financiamiento y que ninguno está dispuesto a decir, con todas las letras, que hay que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

El descomunal costo del negocio de la política en Argentina y por qué EEUU es casi 4 veces más eficiente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 5/3/19 en:  http://economiaparatodos.net/el-descomunal-costo-del-negocio-de-la-politica-en-argentina-y-por-que-eeuu-es-casi-4-veces-mas-eficiente/

 

Es producto de una democracia que ha degenerado en una competencia populista en donde hay oferta y demanda de populismo

Muchos de mis colegas economistas, en particular los que se llaman liberales, insisten permanentemente en que hay que bajar el gasto público y la presión impositiva. No puedo dejar de estar de acuerdo con esa propuesta y firmo junto a ellos, sin embargo, creo que se quedan en el tema económico y no se plantean algo más profundo todavía que tiene que ver con lo institucional. ¿Por qué razón tenemos este desmadre de gasto público consolidado y, como contracara, la correspondiente presión impositiva que hace inviable cualquier idea de crecimiento?

Mi primera respuesta es que tenemos este nivel de gasto público porque la democracia ha degenerado en una competencia populista en donde hay oferta de populismo y demanda de populismo. Esa competencia populista, en gran medida hay dejado de ser ideológica y ser transformó en una competencia por un negocio que es la política. Puesto en otros términos, la política es un negocio para buena parte de la dirigencia política. El sobredimensionamiento del estado en todos sus niveles y el despilfarro en asesores y empleados públicos es alarmante.

El gasto en planes sociales y empleo público lo justifican porque dicen que si se lo baja estalla el país, pero la realidad es que cada tanto estalla el país porque sistemáticamente la dirigencia política se niega a reducir ese gasto. Es la forma de conseguir votos. Desde planes a los piqueteros, pasando por pensiones por invalidez a personas que pueden trabajar, empleo público, etc.

Por otro lado, el apoyo de punteros en las campañas políticas luego se retribuye con cargos políticos o empleo público, con lo cual el estado se transformó en un monstruo que devora la riqueza que genera el sector privado.

Un primer dato muestra el grado de ineficiencia por sobredimensionamiento del estado. Argentina tiene 23 provincias y con CABA, digamos 24 distritos contra los 50 que tiene Estados Unidos. Estados Unidos tiene una población de 326 millones de habitantes, con lo cual cada unidad administrativa a nivel estadual de Estados Unidos atiende a 6,5 millones personas y en Argentina, el equivalente en provincias atiende a 1,8 millones. En Estados Unidos, cada unidad administrativa estatal atiende a 3,6 veces más personas que una provincia argentina.

En Estados Unidos hay 3143 condados, que son los equivalentes a nuestros municipios. El promedio da 62 condados por estado. En Argentina hay 2.300 municipios para 23 provincias, es decir, hay un promedio de 100 municipios por provincia. Nuevamente tenemos más municipios por unidad provincial que Estados Unidos. Esto significa tener más intendentes, concejales, empleados municipales, jueces de infracciones, etc.

Tomemos la siguiente relación de carga burocrática. Estados Unidos tiene 3.143 condados y una población de 326 millones de habitantes, eso quiere decir que cada condado atiende las necesidades de 103.700 habitantes. En Argentina hay 44 millones de personas y 2.300 municipios, con lo cual cada municipio atiende las necesidades de 19.130 personas. Los datos anteriores son en promedio, esto quiere decir que el costo de cada unidad administrativa recae sobre mucho menos personas en Argentina que en Estados Unidos, con lo cual, la carga del costo burocrático por persona es más alto en Argentina que en Estados Unidos. Es una simple comparación de costos fijos por unidad producida, en este caso la unidad producida es el contribuyente y el costo fijo el estado.

Tomemos ahora el costo por legislador nacional. Aquí la comparación la hago con España porque tiene casi la misma población que Argentina. España tiene 47 millones de habitantes contra los 44 millones nuestros. Veamos.

La Cámara de Diputados de Argentina tiene un presupuesto anual de 208 millones de euros (tomo el tipo de cambio de $ 45 por euro) y 257 diputados, el costo promedio por diputado es de 67.400 euros mensuales. No digo que ese sea su sueldo, sino el costo de su sueldo, sus empleados, teléfonos, secretarias, movilidad, etc.

La Cámara de Diputados de España tiene 350 diputados. Su presupuesto es de 91 millones de euros y el costo promedio por diputado es de 21.700 euros mensuales. Nuevamente ese no es el sueldo del diputado español, sino todos sus costos operativos incluyendo su sueldo. Es decir, el costo por diputado argentino es 3 veces mayor que el diputado español.

La Cámara de Senadores de Argentina tiene un presupuesto anual de 204 millones de euros. Con 72 senadores el costo promedio por senador es de 236.000 euros mensuales.

La Cámara de Senadores de España tiene un presupuesto anual de 56 millones de euros, con 266 senadores. El costo promedio mensual de cada senador español es de 17.540 euros. En otras palabras, el costo de cada senador argentino es 13,5 veces mayor que el costo promedio de un senador español.

El ingreso per capita de Argentina es de U$S 14.400 y el de España de U$S 28.156 en dólares corrientes. Es decir, nosotros que somos más pobres nos damos el “lujo” de tener estructuras legislativas muchísimo más caras que España, que no es justamente un país que se caracterice por tener un estado de bajo costo.

Por cierto, que la política se transformó en un negocio queda también en evidencia en la cantidad de personal que tiene, por ejemplo cada senador.

El cuadro 1 muestra la cantidad de empleados tanto de planta permanente como de planta transitoria que tiene cada senador. El récord lo tiene el senador Basualdo de la Alianza Cambiemos San Juan con 60 empleados entre planta permanente y planta transitoria. Le sigue Naidenoff con 48 empleados. Ambos son verdaderas PYMES, pero PYMES importantes.

En total en el senado hay 1765 empleados repartidos específicamente entre los 72 senadores, aunque cabe resaltar que hay otros 3.987 empleados asignados al senado que solo Dios sabe qué funciones cumplen. Ahora bien, en promedio cada senador tiene 24,5 empleados, que surge de dividir los 1765 por los 72 senadores.

Es obvio que cada senador tiene una PYME en promedio, algunos son PYMES más grandes que otras, y otras parecen ser PYMES familiares. Por ejemplo, el senador Fernando Pino Solanas tiene 35 empleados y dice que tiene que legislar cosas muy importantes. Necesita un equipo de asesores importante con la curiosidad que dos tienen su apellido. Damian Solanas, economista y Victoria Eva Solanas que desconozco su preparación para asesorar en temas tan delicados e importantes. No quiero pensar que don Pino Solanas tenga una PYME familiar a costa del contribuyente. No digo eso. Pero llama la atención.

Lo cierto es que si cada senador va a necesitar una legión de asesores, quiere decir que no están muy preparados para desempeñar su cargo. En otros países, como por ejemplo Chile, los legisladores recurren a fundaciones  para que los asesoren. Acá el contribuyente vota a un senador y le paga el sueldo para que legisle, tampoco tiene que legislar tanto porque ahoga las libertades individuales, y los senadores terminan nombrando asesores cuyos sueldos también están a cargo del contribuyente.

En definitiva, cuando uno ve estos datos, y hay muchos más para mostrar nuestro sobredimensionamiento burocrático, se pregunta: ¿hay realmente interés de la dirigencia política de reducir el peso del estado sobre el sector privado o la política se ha transformado en un negocio personal que en forma compulsiva tiene que financiar el sufrido contribuyente?

Mi impresión es que el sobredimensionamiento del estado dejó de ser un problema ideológico y se transformó en un problema de negocio de unos pocos, aunque cada vez son más en relación a los pocos que quedamos en el sector privado generando riqueza.

Como contrapartida de ese negocio, los políticos reparten subsidios entre diferentes sectores de la sociedad para mantenerla tranquila. En definitiva, cuando digo que hay 21 millones de personas que pasan todos los meses por la ventanilla del estado para cobrar un cheque y que en el sector privado somos solo 6,5 millones que mantenemos a esos 21 millones, lo que estoy diciendo es que 6,5 millones tenemos que mantener todo el negocio que armó la política para obtener su renta y repartir subsidios a diestra y siniestra.

Definitivamente nuestro problema no es un problema ideológico. Ahora tenemos que pensar como desarmar un negocio que se inventaron los dirigentes políticos a partir de desvirtuar la democracia y transformarla en una competencia populista.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE