¿Será Macri el Ronald Reagan argentino?

Por Iván Carrino. Publicado el 9/12/16 en: http://www.elcato.org/sera-macri-el-ronald-reagan-argentino

 

Ronald Reagan nació en 1911 en Illinois, EE.UU. Si bien llegó a la política como un “outsider”, lo cierto es que antes de ocupar el cargo de presidente había sido por 8 años gobernador de uno de los estados más importantes de ese país: California.

Mauricio Macri tampoco es un político de carrera, pero antes de ser presidente también ocupó un cargo clave por 8 años: el de intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

Estas coincidencias podrían ser meras casualidades. Sin embargo, hay algo más que une a ambos políticos: la situación económica a la que se enfrentaron cuando asumieron el poder y el programa económico que buscaron llevar a la práctica.

La “revolución de Reagan” y la economía de la oferta

La economía de EE.UU. sufría, en 1980, del fenómeno llamado estanflación, donde se combina un bajo crecimiento económico con una elevada inflación. Precisamente ese año el PBI se había contraído 0,2%, pero la inflación superaba el 12% anual, uno de los niveles más altos jamás vistos.

Además, coherente con la idea de que el estado todo lo puede, la economía estadounidense se encontraba plagada de regulaciones que impedían el desarrollo pleno de la economía de mercado.

Para revertir esta situación, el nuevo gobierno implementó lo que luego se conoció mundialmente como “reaganomics”, basada en 4 objetivos principales:

  1. Bajar la inflación controlando la oferta monetaria.
  2. Reducir la regulación.
  3. Reducir las tasas marginales de impuestos al trabajo y al capital.
  4. Reducir el ritmo de crecimiento del gasto público.

El gobierno fue exitoso en el primer objetivo. De la mano de Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, las tasas de interés subieron y el ritmo de aumento de la cantidad de dinero cayó.

En consecuencia, la inflación se redujo significativamente. En diciembre de 1980 los precios trepaban al 12,5% anual. Al año siguiente, este guarismo había caído a 8,9%. Para 1986 la inflación no superaba el 2% anual.

Otro tema que encaró Reagan fue la desregulación de la economía. Según William Niskanen, miembro del Consejo de Asesores de la presidencia entre 1981 a 1985:

“Reagan relajó o eliminó los controles de precios en el combustible, el gas natural, la TV por cable, el servicio telefónico de larga distancia, el sistema de transporte terrestre interestatal y los trasportes oceánicos. A los bancos también se les permitió invertir en una mayor cantidad de activos y el rango de alcance de las leyes antimonopolio se redujo”.

Además de la baja de la inflación y la desregulación de la economía, Ronald Reagan redujo considerablemente los impuestos que pagaban los estadounidenses. De acuerdo con Niskanen, las tasas marginales cayeron desde el 70% al 28%, mientras que los impuestos a las empresas también se redujeron de manera contundente, desde el 48% al 34%.

Reagan el keynesiano

El último objetivo de la revolución de Reagan era controlar el incremento del gasto público. Una de sus frases de cabecera era que: “Solo reduciendo el crecimiento del gobierno, podremos aumentar el crecimiento de la economía”.

Sin embargo, este no fue para nada el punto fuerte de su presidencia. Durante su mandato, el gasto total del gobierno pasó de U$S 678.000 millones en 1981, a U$S 1,06 billones en 1988. Esta variación —de 56,9%— superó ampliamente a la inflación del período, que totalizó 17%. La combinación de un mayor gasto público junto a recortes impositivos dio lugar a un incremento del déficit fiscal.

Gráfico 5. Gasto Público y Déficit en % del PBI (1977-1989)

Durante los primeros tres años, el déficit pasó del 2,5% a casi el 6% del PBI. La gradual reducción del desequilibrio posterior a 1984 no fue suficiente para evitar el crecimiento de la deuda pública, que pasó del 31,7% del PBI en 1981 a 51,5% en el año en que Reagan abandonó su cargo.

Ahora bien, a pesar de esta laxitud fiscal, los resultados favorecen a la estrategia que Ronald Reagan eligió para sacar a EE.UU. de la estanflación. El crecimiento anual promedio entre 1976 y 1982 fue de 2,7%. Sin embargo, una vez superada la crisis del ‘82 y, la economía volvió a crecer y a un ritmo promedio de 4,4% anual.

Al mismo tiempo que bajaba la inflación y crecía la economía, también se redujo el desempleo. Luego de alcanzar el pico de 9,7% en 1982, fue por un camino de descenso hasta llegar al 5,3% en el año en que Reagan dejó de ser presidente.

Un último dato a considerar es la riqueza per cápita. Cuando Reagan asumió la presidencia en 1981, la riqueza per cápita de los estadunidenses era de USD 28.400 al año (en dólares constantes de 2009). En 1988 este índice se había elevado a los USD 35.000, un importante incremento del 23,1%.

¿Ronald Macri?

La economía que tomó Macri se enfrenta a problemas similares a la de EE.UU. en los años ’70. Básicamente, padece la enfermedad keynesiana-intervencionista, que le impide crecer y la azota con altos niveles de inflación.

Para combatir la estanflación, el presidente designó a Federico Sturzenegger en el Banco Central y la política monetaria pasó a ser contractiva en lugar de expansiva. La tasa de interés subió, la cantidad de dinero crece menos que antes y la inflación está cayendo. Además, desreguló algunos sectores de la economía, al eliminar de un plumazo el cepo cambiario y quitar o relajar algunos controles de precios.

Otro aspecto comparable fue la reducción y eliminación de impuestos. Principalmente, la eliminación de retenciones a la exportación y la modificación del mínimo no imponible de ganancias les dieron más aire a consumidores y productores.

Sin embargo, y al igual que en EE.UU., el déficit terminará subiendo este año en comparación con el anterior. Para financiarse, el gobierno emitió cerca de USD 50.000 millones de nueva deuda. Macri, como Reagan, no abandonó todavía el gasto deficitario keynesiano.

Dos interrogantes fundamentales

Las similitudes entre la situación y la propuesta económica de Macri y Reagan están a la vista. Sin embargo, también hay dos diferencias que se transforman en los principales interrogantes.

La primera es el grado de desregulación. Es cierto que hoy la economía argentina es más libre que cuando gobernaba CFK, pero ¿será suficiente? No debemos olvidar que seguimos teniendo mercados laborales excesivamente rígidos y un estado empresario que solo este año nos costó a todos los argentinos $90.000 millones.

La segunda diferencia es el tema fiscal. Cuando Reagan acudió a la deuda para financiar su “modelo”, ésta era del 32% del PBI, mientras que el déficit era 2,5%. En nuestro caso, el espacio fiscal está considerablemente más limitado, con un déficit récord en torno al 7% del PBI y una deuda que está en los mismos niveles de 2001.

Los cambios implementados por la administración Macri están bien encaminados e imitan en alguna medida lo que hizo Ronald Reagan para salir de la estanflación. Sin embargo, las dudas en torno al grado de liberalización económica permanecen, y el nivel de déficit fiscal deja poco espacio para seguir derrochando dinero público.

En conclusión, creo que la economía acusará el giro y se recuperará con fuerza en 2017, pero es ilusorio pensar que podemos seguir manteniendo este nivel de gasto público y déficit indefinidamente.

Bien Macri si quiere imitar lo bueno de la “Reaganomics”. Mal si también copia lo malo y sigue aplicando políticas keynesianas que, por incrementar el déficit, nos han llevado de una crisis a la otra en los últimos 40 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

EE.UU.: Regulación ineficiente de la energía empaña el crecimiento económico

Por Belén Marty: Publicado el 18/8/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/08/18/ee-uu-regulacion-ineficiente-de-la-energia-empana-el-crecimiento-economico/

 

Nueva York, California, Wisconsin y Connecticut son los Estados que regulan menos eficientemente la producción, distribución y consumo de la energía en EE.UU. El balance lo ofrece el Indice de Regulación de Energía publicado del Pacific Research Institute (PRI), publicado el pasado 7 de agosto.

El instituto estadounidense, que apunta a proveer soluciones prácticas de mercado en las políticas públicas, realizó un índice donde analiza en una escala del 1 (más eficiente)  al 10 (menos eficiente) las regulaciones energéticas en los 50 Estados.

El informe destaca además una correlación entre mayor regulación ineficiente y menor crecimiento del Producto Interno Bruto. Así, en promedio, los Estados mejores ubicados tienden a crecer mas rápidamente que aquellos en donde la regulación no es utilizada de la mejor manera.

Según describe el estudio, entre 2002 y el 2012 los Estados posicionados al tope del ranking sumaban un 20% de crecimiento superior que aquellos al final del índice.

Además de generar más actividad económica (y crear más riqueza), los Estados que utilizan sus recursos de la forma más eficaz y eficiente también generan mas puestos de trabajo. Siguiendo esta misma tendencia, aquellos Estados del quintil superior en promedio obtienen un 8% de mayor crecimiento laboral.

Por ejemplo, Alabama, Texas o Alaska aumentaron en un 9,8% su tasa de creación de puestos de trabajo, contra un 1,7% de los Estados de Nueva York, California y Wisconsin.

“Esta relación tiene sentido. La energía es uno de los ingredientes esenciales que impulsan el crecimiento económico en una economía moderna. En consecuencia, se debe esperar que los Estados que fomenten la producción y el consumo de energía eficiente experimenten un crecimiento económico más rápido que aquellos que desalientan la eficiencia económica en el mercado de la energía”, explicó Wayne Winegarden, autor de la publicación junto a Marc A. Miles.

Contribuciones a la política pública nacional

Winegarden y Miles afirmaron que los Estados que salieron mejor parados en cuanto al uso eficiente de las regulaciones fueron Alabama, Alaska, South Dakota y Texas –todas compartieron el primer puesto.

“Como economistas, hemos adoptado una perspectiva de eficiencia económica definida como la asignación de recursos a los usos más productivos”, indicó el Dr. Winegarden.

El índice de 56 páginas destaca que el espectro de energía que hoy utilizan los estadounidenses es muy amplio e incluye las fuentes renovables y no renovables: el petróleo, el gas natural, la energía nuclear, la hidroeléctrica, la eólica y la energía solar. Todas ellas, manifiestan los autores, son sujetas a todo tipo de regulaciones, estatales y federales.

Parque eólico en Texas. (Wikipedia).

Como las regulaciones federales afectan a todos los Estados, el estudio se basó únicamente en las medidas llevadas a cabo por los Gobiernos de cada entidad en particular.

Rescata asimismo que 17 de los 50 estados le dieron a sus residentes la posibilidad de optar a quién le compran la energía.

Desde el PRI manifestaron que los efectos de las políticas particulares de cada región se evaluaron de la manera más objetiva posible: “Las políticas que promueven la eficiencia económica reciben las puntuaciones más altas, las que reducen la eficiencia económica reciben puntuaciones más bajas”.

El índice se basó en una serie de preguntas que determinaron el grado y tipo de regulación que reina en cada Estado.

Así puede verse en el mapa interactivo del documento que los Estados del sur y centro de este país son los distritos que utilizan más eficientemente sus recursos energéticos.

Algunas de estos interrogantes son: ¿cuáles son las opciones que tienen los clientes industriales, comerciales y los consumidores en cuanto a las opciones energéticas?, ¿cuáles son las regulaciones diseñadas para reducir el consumo de energía?, ¿tienen los productores flexibilidad para que los precios fluctúen con las condiciones del mercado?, ¿qué tecnología renovable ofrece el Estado y cómo ésta afecta la eficiencia económica? Y, ¿existen restricciones en la distribución y transmisión de la energía?

Como resultado, aquellos Estados que utilizan sus recursos menos eficientemente son los que se ubican en la costa oeste, noreste y los del noroeste.

La eficiencia económica relativa de las regulaciones energéticas de cada Estado.

Se avecinan más regulaciones a nivel federal

El estudio muestra, también, que existe muy poca relación entre los Estados que poseen recursos energéticos substanciales (carbón, gas, petróleo) y el hecho de que utilicen sus recursos de manera eficaz.

Advierten que el índice es apartidario y que su investigación no tiene como objeto resaltar a qué administración o partido responden las regiones que mejor salen puntuadas, sino explicarlo desde una perspectiva meramente económica.

Las fuentes utilizadas para la realización de este documento provinieron principalmente delDepartamento de Energía de Estados Unidos, de grupos ambientales y de organizaciones relacionadas con la industria energética.

Los investigadores destacan que el panorama en el futuro cercano implicará mayores regulaciones en el ámbito federal. La Agencia de Protección Ambiental propuso nuevas regulaciones en junio de este año que, en caso de implementarse, buscarán reducir para el 2030 un 30% en las emisiones de dióxido de carbono.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

¿Exuberancia irracional en los precios de viviendas y terrenos en Vaca Muerta?

Por Martín Krause. Publicado el 6/5/14 en: http://bazar.ufm.edu/exuberancia-irracional-en-los-precios-de-viviendas-y-terrenos-en-vaca-muerta/

 

Carlos Pagni escribe en La Nación un muy breve artículo sobre el pueblo llamado Añelo, ubicado  en la zona de desarrollo de los nuevos yacimientos de shale oil y shale gas en Neuquén:  http://www.lanacion.com.ar/1687200-anelo-la-fiebre-del-shale-ya-tiene-su-meca

Vaca Muerta

Lo reproduzco todo porque es corto:

“En 1848, en Coloma, California, un agricultor descubrió pepitas de oro. La noticia atrajo una oleada de cazafortunas que pasó a la historia como “la fiebre del oro”.

Neuquén tiene hoy su Coloma. Se llama Añelo, y está sobre Vaca Muerta . Desde que se decidió explotar ese yacimiento, Añelo es un caso de “exuberancia irracional”. Alquilar un monoambiente puede costar $ 18.000 por mes. Y el local de un maxiquiosco, $ 25.000. Un lote de 500 m2 cuesta US$ 100.000. Una hectárea cerca de la ruta, US$ 300.000.Casi todos los terrenos son fiscales. En 2010, Añelo tenía 2500 vecinos. Ahora tiene más de 4000.

Aún nadie sabe qué tipo de negocio es Vaca Muerta. Pero la fiebre del shale gas y el shale oil está desatada. A pesar de que Añelo carece de infraestructura, se multiplican las inversiones hoteleras. Como la provincia y el municipio no se pusieron de acuerdo, ya hay dos parques industriales.

Añelo es la metáfora del desafío nacional. Puede simbolizar una vía rápida hacia la modernidad. O ser la semilla de un nuevo conurbano.”

No creo que debiéramos llamar a lo que ocurre “exuberancia irracional”. No quiere decir que ésta no exista. Se utiliza eso para señalar las “burbujas” que se generan en distintos activos originadas en políticas monetarias expansivas. Es decir, la autoridad monetaria emite, aumenta la oferta de dinero por sobre su demanda, y ese dinero adicional se dirige a comprar algunos activos, donde aparece una “burbuja”, que luego se pincha. Como en la Argentina hay también exceso de emisión monetaria se pueden generar “burbujas” (aunque las nuestras son casi siempre en el dólar paralelo). ¿Es Añelo un caso “de esos?

No creo, es una clara respuesta a lo que ocurre en la zona. Es un desierto, no hay nada. La señal del mercado es muy clara, hacen falta más viviendas, maxiquioscos. Esos precios son una señal muy fuerte que busca atraer inversores para que vayan y los construyan.

Anticipo que algunos van a pensar que eso muestra gente que se está aprovechando. Sí, claro, como cualquiera, pero sobre todo están señalando la escasez y generan el incentivo para reducirla. El problema básico es que hay pocos oferentes y muchos demandantes. Si la tierra está tan cara, bien podría el estado vender sus terrenos fiscales y aumentar la oferta, los precios caerían.

Lo peor que podría hacerse en ese caso es intervenir en los precios, por ejemplo, fijando precios máximos para las viviendas o los alquileres, pues de esa forma estaríamos destruyendo la señal que llama a los gritos a los inversores a poner su dinero allí en viviendas y comercios.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).