Se abre una esperanza en la situación argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/se-abre-una-esperanza-en-la-situacion-argentina/

 

Como es de público conocimiento, este Gobierno viene a los tumbos en los temas medulares desde hace casi tres años. Puedo sintetizar que estos asuntos se refieren al gasto público elefantiásico, las regulaciones asfixiantes, impuestos insoportables, déficit total creciente, deuda estatal galopante y desbarajuste monetario y cambiario.

Este último tema puede estar en vías de solución. Por el hecho de repetir que la inflación monetaria hace estragos y que la pagan con especial contundencia los más débiles no cambia la validez de la afirmación que debe ser reiterada.

Como tantas veces he escrito, el problema radica en la misma existencia de la banca central, puesto que, aun con los funcionarios más probos y honestos, solo pueden decidir entre tres caminos: a qué tasa expandir la base monetaria, a qué tasa contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos alteran los precios relativos: serán distintos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención de la llamada autoridad monetaria. Si se supone que los funcionarios colocaran la base monetaria en los mismos niveles que la gente hubiera preferido, no tiene sentido la intervención para hacer lo mismo con ahorros de gastos administrativos y, además, el único modo de saber qué quiere la gente es dejarla actuar.

Y debe destacarse que el sistema de precios constituye la única forma de establecer señales para los operadores económicos al efecto de conocer dónde es más eficiente asignar los siempre escasos recursos. Desfigurar las señales deteriora la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Para resumir, la inflación genera pobreza.

La primara vez que escribí un ensayo extenso sobre la materia fue para el congreso anual de la Mont Pelerin Society, en Sydney, en agosto de 1986, titulado “¿Autoridad monetaria, regla monetaria o moneda de mercado?”, ensayo que también presenté el mismo año en la reunión anual, en Mendoza, de la Asociación Argentina de Economía Política, que se publicó en sus anales. Por otra parte, mi discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicos también versó sobre el mismo asunto: “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

De eso se trata ahora, según una noticia esperanzadora publicada por Infobae que alude a un contacto entre el actual gobierno y Steve Hanke, destacado profesor en Johns Hopkins University a quien conocí en los noventa, primero en México y luego en Buenos Aires. En aquellas oportunidades tuvimos muchas coincidencias y también mantuvimos algunas discusiones sobre la mal llamada convertibilidad, debido a la implementación sin reducir el gasto público, en un contexto de creciente deuda estatal interna y externa (mal llamada porque en la literatura económica alude al intercambio entre moneda-mercancía y el correspondiente recibo representado por el billete bancario y no un billete de un color por otro de color diferente, más bien política monetaria pasiva con tipo fijo). De todos modos, fuera de cuestiones semánticas, continuamos con nuestra correspondencia con Hanke referida a otras cuestiones de gran interés económico-financiero.

Puede decirse que no es el momento ideal para dolarizar, puesto que el futuro del dólar presenta ciertos nubarrones, pero es una manera de zafar del embrollo en que estamos y, además, si se eliminara el curso forzoso, queda abierta la posibilidad de encarar otros caminos, sea con una canasta de monedas u otra variantes más sólidas, eliminando simultáneamente el sistema nefasto de reserva fraccional en los bancos.

Hay otras experiencias de dolarizar en nuestra región como Panamá y Ecuador, ambos países con problemas de distinta índole, pero por lo menos se sacaron de encima el cáncer inflacionario. El contrafáctico es importante: aquellos problemas se hubieran agudizado de no haber mediado la dolarización.

Es de esperar que por lo menos en este caso se muestre algo de imaginación y coraje para enfrentar un flagelo que amenaza con arrastrar todo si no estamos atentos. El profesor Hanke cuenta con sobradas antecedentes exitosos en asesoramiento de gobiernos. No dejemos pasar esta nueva oportunidad que, en su caso, será un primer paso para salir del atolladero.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿VUELTA A LA MORENIZACIÓN DE LA ECONOMÍA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En un programa televisivo el nuevo ministro de producción del gobierno argentino acaba de declarar que desde la llamada Defensa de la Competencia habrá empresas que “serán penalizadas” ya que “vamos a garantizar que no hayan maniobras de conducta abusiva” y en ese sentido “necesitamos que la gente colabore y tenemos que tener todas las denuncias” para lo cual se facilita un 0800 para detectar subas “injustificadas” de precios.

Lo último que quiero hacer es un asunto ad hominem referido al nuevo ministro de producción argentino. Aunque no lo conozco personalmente, descuento que se trata de una muy buena persona con la mejor de las intenciones. Mi objetivo no es personalizar sino debatir ideas.  El asunto consiste en no desviar la atención de las causas de nuestros problemas y enfrentar de una buena vez el gasto público sideral, el déficit inaceptable y la deuda creciente. Solo así será posible combatir el flagelo de la inflación.

Es de esperar que no retornemos a los fenomenales trastornos del gobierno anterior a través de  una morenización abierta  o  encubierta, puesto que no resulta relevante si la pistola que amenaza se encuentre arriba o debajo de la mesa.

¿Será posible? ¿Otra vez a las andadas? ¿Todavía no aprendimos sobre las consecuencias nefastas de amenazar a los comerciantes por los precios de mercado desde hacen miles de años? Las amenazas y las denuncias a comerciantes han sido siempre un sistema solapado de control de precios.

Repasemos entonces los efectos de dichos controles. Un precio máximo es por definición uno que se establece por debajo del precio de mercado, sea por decreto o con la amenaza de multar a quienes incrementen precios por encima de lo que el burócrata del momento estima conveniente.

Los efectos son los siguientes siempre: primero, en la situación de ese instante hay más gente que puede adquirir el bien o el servicio  en cuestión respecto a lo que hubiera sido si el precio se hubiera incrementado, lo cual significa que la demanda se expande. Segundo, en ese instante no por el hecho mismo de expandirse la demanda aparece por arte de magia una oferta mayor con lo cual hace su aparición el faltante. Irrumpen las consabidas filas de personas para comprar pero henos aquí que no hay los suficiente para atender la demanda en cuestión, y tengamos en cuenta que demanda implica la necesidad más el poder de compra. Pues bien, están presentes ambas condiciones pero el producto no está.

Tercero, los márgenes operativos se alteran en el sentido que se mantienen artificialmente chatos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal, con lo que aparecen también artificialmente atractivas las ganancias de otros sectores. Cuarto, esta distorsión hace que los siempre escasos recursos se dilapiden, es decir, se canalizan artificialmente hacia otros reglones menos urgentes, con lo que,  a su vez, disminuyen las tasas de capitalización que invariablemente se traducen en menores salarios  en términos reales ya que la inversión per capita es la única causa que explica la elevación de ingresos.

Quinto, el  fenómeno de controles, amenazas y multas incentiva a los funcionarios a que centren  su atención en el comportamiento en los precios de otros sectores los cuales habitualmente tienden a sufrir los mismos embates. Sexto, a medida que las intromisiones coactivas se van extendiendo, se va extendiendo también la distorsión en la contabilidad, en la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general, situación que acelera el consumo de capital a medida que se imponen simples números dictados por la autoridad pero que nada significan desde la perspectiva económica. Y séptimo el achatamiento artificial en los márgenes operativos no solo genera faltantes como hemos mencionado sino que se agudiza debido a contracciones adicionales en la oferta del bien o servicio sujetos a control o bajo amenazas de clausuras o multas lo cual hace que la oferta resulte aun menor.

La inflación monetaria es la causante de la suba de precios ya que las bajas en la productividad resultan inocuas comparadas con la expansión del dinero por motivos políticos. Como hemos puntualizado tantas veces, las causas no son debido a las expectativas inflacionarias, ni por el aumento en el costo de productos clave, ni tampoco velocidades en la circulación dineraria.

Las expectativa podrán ser muchas pero si no son convalidadas por la emisión monetaria, aquellas se dan de bruces con la realidad y, por tanto, o vuelven los precios al nivel anterior a la suba o se deja de vender. Los costos, por ejemplo, del petróleo que están estrechamente vinculados con otros bienes no generan ningún efecto inflacionario: si siguiera consumiendo el idéntico volumen de ese bien tendrán que contraerse las compras de otros bienes y servicios puesto que, como decimos, no aumentó la masa monetaria y si se deseara consumir la misma cantidad de los otros bienes y servicios deberá demandarse menos petróleo. Por último, debe tenerse presente que la velocidad de circulación del dinero no opera en al vacío: si ésta aumenta también lo hace al mismo ritmo la velocidad de circulación de los bienes y servicios contra los cuales se intercambian por dinero. En verdad, la velocidad dineraria como un lado del binomio se suele mirar con independencia debido a la ilusión óptica que produce la inflación lo cual conduce a que la gente  tienda a desprenderse de dinero.

Desde tiempo  inmemorial ha habido la tendencia a endosar el problema inflacionario creado por los gobiernos sobre la espalda de los comerciantes. Todo empresario en toda circunstancia cobrará el precio más alto que pueda, es decir, el más elevado que permita la situación imperante, pero nunca podrá cobrar el precio que quiera, de lo contrario el vendedor de zanahorias cobrará cien millones de pesos por unidad, pero naturalmente la demanda seré cero en ese caso.

No es pertinente  consultar a los propios empresarios sobre este delicado asunto puesto que sus habilidades y talentos estriban en descubrir oportunidades en las que estiman que los  costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por tanto, sacan partida del arbitraje correspondiente. Si aciertan obtienen ganancias y si yerran incurren en quebrantos. Sus especialidades no son el estudio de la filosofía política, ni los procesos de mercado, ni los fundamentos de los marcos institucionales.

Estamos claro refiriéndonos a empresarios genuinos, esto es, aquellos que para mejorar su situación patrimonial inexorablemente deben  satisfacer necesidades de su prójimo. No nos estamos refiriendo a los empresarios perbendarios que viven a expensas de la gente debido a los privilegios que obtienen merced a sus hediondas alianzas con el poder político de turno.

Debe también puntualizarse que los monopolios otorgados por los gobiernos sean estos privados o estatales constituyen siempre un problema grave puesto que venden a precios más elevados, calidad inferior o ambas cosas respecto a lo que hubiera ocurrido de no haber existido el privilegio de marras. Sin embargo, el monopolio que surge espontáneamente en le mercado como consecuencia de la preferencia del consumidor es siempre beneficioso. Más aun, esta última situación significa necesariamente un mejoramiento y un progreso ya que el monopolista de este tipo es quien fue pionero en alguna rama, lo cual ocurrió desde que se implantó el arco y la flecha que desplazó al garrote hasta los equipos electrónicos modernos o el descubrimiento de productos farmacéuticos innovadores.

Lo mismo va para los oligopolios o trusts que a los efectos prácticos y en este contexto deben analizarse como si fueran monopolios. Y es indispensable que los monopolios de esta naturaleza (si son considerados útiles ya que el monopolio de los tornillos cuadrados no parece que tenga futuro) resulten en precios elevados puesto que es la manera de atraer a otros operadores en el ramo. Tal es el caso,  por ejemplo, del primer cirujano que realiza un trasplante: sus honorarios deben ser muy jugosos a los efectos de atraer a otros profesionales al área en cuestión (si se controlaran sus honorarios se repetirían los siete efectos de los precios máximos que hemos visto más arriba con detenimiento).

Los ejemplos de situaciones extremas siempre están a la orden del día. Frente a una epidemia se sostiene que “por única vez” los aparatos estatales controlen precios de los medicamentos con lo que, reiteramos, habrán faltantes y se ahuyentará la inversión en ese reglón con lo que se estará matando más gente. Lo mismo se ha mantenido cuando ocurren terremotos devastadores que no solo termina con vidas sino que deja a muchas personas en la intemperie con lo que aparece la tentación de controlar los precios de venta y alquiler de vivienda sin percatarse que resulta indispensable la suba abrupta de precios,  precisamente para acelerar la reconstrucción, lo contrario condena a que la gente viva a la intemperie mientras los siempre escasos factores de producción se dirigen  a otros campos en verdad menos urgentes.

En resumen, el mecanismo de precios trasmite información fraccionada y dispersa que coordina la producción y cuando los aparatos estatales lo desarticulan indefectiblemente se producen desajustes sumamente perjudiciales, especialmente para los más necesitados quienes siempre son los que con más fuerza pagan los platos rotos. Hay sobrada experiencia en la materia como para volver a las andadas. El abuso significa una lesión al derecho pero nunca se traduce en el uso y disposición de lo propio que no lesiona derechos de terceros y menos aun si es como consecuencia de la inflación monetaria generada por gobiernos que no dan en la tecla. Es de desear que las medidas que consignamos al comienzo de esta nota queden sin efecto.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

UNITED, EL MERCADO LIBRE Y LAS SILLAS QUE VUELAN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/4/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/04/united-el-mercado-libre-y-las-sillas.HTML

 

Una vez más, amigos y no tan amigos se han asombrado de mis críticas a la barbarie de los CEOs de United permitiendo y siendo responsables del bestial “castigo” al pasajero que no quiso levantarse de su asiento legítimamente adquirido. No voy a debatir ahora el caso de la sobreventa, la comparación con el free banking, etc.; de eso tendría mucho que decir pero no es el objetivo de esta entrada.

El punto que quiero destacar es que, reitero, amigos y no tan amigos creen que defender al mercado libre es defender las barrabasadas que se mandan las empresas privadas. Unos a favor, como si todo lo que sea mercado libre fuera por ello, ipso facto, moralmente bueno. Perdieron la diferencia entre moralidad y legalidad. Gente, yo voy a seguir criticando al alcohol, la TV basura, el box, las corridas de todos, el tratar mal a un empleado, los boliches donde los pobres adolescentes pierden su cuerpo y su alma,  las diversas alienaciones y escapismos, “libre y voluntarios”, NO por motivos legales o económicos, sino por motivos morales. Ello no tiene nada que ver con mi defensa del mercado libre. Defiendo el mercado libre porque en el socialismo es imposible el cálculo económico (Mises) y porque el mercado libre es lo único que permite coordinar el conocimiento disperso de oferta y demanda a través de los precios libres (Hayek).  Por lo demás, el punto moral de que una propiedad así justificada sea moral, es que todo lo que ayuda a la cooperación social es compatible con la naturaleza humana y por ende con la ley natural. That´s it.

Pero nada más. ¿De dónde sacaron, algunos liberales y antiliberales, que ello es el paraíso en la Tierra? ¿O que no seguirá habiendo graves problemas morales allí? Como dije, unos a favor, otros en contra, cometen el mismo error. Los liberales, al pensar que el mercado libre es moralmente suficiente. Los enemigos del mercado libre, al criticarlo por ello. ¿Por qué le piden lo que NO puede dar? Lo que el mercado libre “da” es nada más ni nada menos que el desarrollo, la eliminación de la pobreza, de la desocupación, de las hambrunas, de las guerras. ¡Nada más ni nada menos! Pero ya está. “El malestar en la cultura” seguirá estando, con mercado libre, o SIN mercado libre, porque LA NATURALEZA HUMANA tiene problemas que NINGÚN sistema sólo político o económico puede resolver.

Por lo demás, y esto para mis amigos liberales, claro que las empresas privadas tienen más incentivos que el estado para “portarse bien” con un cliente. Pero esos incentivos no necesariamente funcionan y, sobre todo, esos incentivos NO son tampoco la solución “moral” a una decisión “que si no hubiera sido por las pérdidas” se hubiera entonces realizado.

Si le pido a una silla que vuele, que me lleve al trabajo, que me hable, que me quiera, etc., pueden suceder dos cosas. Primero, que me vuelva loco, un loco ideológico, porque la ideología es una psicosis. En ese caso me volveré un predicador del sillalismo.

Otro resultado es que –afectado por igual alucinación- me enoje con la silla porque no vuela, y la rompa, la tire, y me vuelta un fanático anti-sillalista.

Pero, ¿de dónde saca alguien que una silla vuela?

Los debates entre liberales pro-mercado libre y los fans anti-mercado están a veces afectados por la misma alucinación. El mercado libre no vuela. No es la respuesta al sentido de la vida. No es la solución a todos nuestros problemas morales y psicológicos. NO es el paraíso en la Tierra. NO sustituye a la esperanza en lo trascendente. NO es una ideología. Es “apenas” la solución a los problemas económicos, con una propiedad moralmente justificada en su utilidad (SANTO TOMÁS DE AQUINO, entre paréntesis). Nada más.

Ni nada menos.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LAS MATEMÁTICAS Y LA ECONOMÍA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

No parece necesario insistir en la enorme utilidad de las matemáticas pero en esta nota intentamos destacar los problemas al aplicarlas a campos que estimamos no corresponden. En realidad esto ocurre con todos los instrumentos, aun siendo muy fértiles en algunos territorios no lo son en otros. Para poner un ejemplo un tanto trivial, sabemos que la tenaza es una herramienta necesaria para algunas faenas pero no es recomendable para extraer una muela y así sucesivamente.

 

Pienso que un buen resumen de lo que consideraremos brevemente aquí puede ilustrarse con lo que escribe Wilhelm Röpke (en A Human Economy. The Social Framework of the Free Society): “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […] Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad […] Tras los agregados pseudo-mecánicos hay gente individual, son sus pensamientos y juicios de valor […] No sorprende la cadena de derrotas humillantes que han sufrido las profecías econométricas. Lo que es sorprendente es la negativa de los derrotados a admitir la derrota y aprender una mayor modestia”. 

 

Paul Painlevé explica (en “The Place of Mathematical Reasoning in Economics”) que las matemáticas puras o aplicadas implican medición lo cual naturalmente requiere unidad de medida, requiere constantes, situación que no tiene lugar en el ámbito de la ciencia económica que se basa en la subjetividad del valor. El precio expresa el intercambio de estructuras valorativas cruzadas entre comprador y vendedor, no mide el valor. Incluso el signo igual es improcedente: si se observa que en el mercado se paga 10 pesos por una manzana no quiere decir que una manzana sea igual a 10 pesos puesto que si fuera así no habría transacción. El valor de los 10 pesos y de la manzana no son iguales para el comprador y para en vendedor, más aun son necesariamente distintos: el comprador evalúa en menos los 10 pesos que la manzana y el vendedor estima estos valores en sentido opuesto.

 

El lema de la Sociedad Econométrica “ciencia es medición” ha contribuido a una gran confusión al extrapolar las ciencias naturales a las ciencias sociales. B. Leoni y  E. Frola (en “On Mathematical Thinking in Economics”) subrayan este punto y se extienden en los problemas que produce el emplear métodos inadecuados para explorar la ciencia de la acción humana como si se tratara de ciencias físicas donde hay reacción y no propósito deliberado ya que las rocas y las rosas no son seres actuantes ni hay juicios subjetivos de valor. Claro que si no hay medición se trataría de lógica simbólica y no de matemáticas propiamente dichas.

 

Ludwig von Mises en su tratado de economía nos dice que “El método matemático ha de ser recusado no sólo por su esterilidad. Se trata de sistema que parte de falsos supuestos y conduce a erróneas conclusiones […] La economía matemática, al enfrentarse a los precios competitivos, solo puede ofrecernos meras descripciones algebraicas reflejando diversos estados de equilibrio […] Nada nos dice sobre las acciones capaces de implantar los estados de equilibrio”.

 

El premio Nobel en economía Fredrich Hayek se detiene en la idea del equilibrio y la llamada “competencia perfecta”  que considera una contradicción en los términos (principal aunque no exclusivamente en “The Meaning of Competition”) donde subraya la trascendencia del mercado como proceso no como equilibrio, de allí lo inconducente del referido modelo de competencia perfecta. Este modelo presupone conocimiento prefecto de todos los elementos relevantes, lo cual, a su vez, implica que no hay competencia (todos tienen el conocimiento necesario), ni empresarios (no habría oportunidades nuevas), ni arbitraje (no habría nada que descubrir respecto a costos subvaluados en términos de precios finales). Además, como se ha señalado reiteradamente, en ese modelo no tendría cabida el dinero ya que no habría imprevistos y, por ende, no habría posibilidad de cálculo económico con lo que la economía se derrumbaría.

 

Del otro lado del espectro intelectual, quien con más peso ha abogado por el análisis de equilibrio ha reconocido su fracaso. Se trata de Mark Blaug (en “Afterword” de su Appraising Economic Theories) donde consigna que “Los Austríacos modernos  [la Escuela Austríaca de Economía] van más lejos y señalan que el enfoque walrasiano al problema del equilibrio en los mercados es un cul de sac: si queremos entender el proceso de la competencia más bien que el equilibrio final tenemos que comenzar por descartar aquellos razonamientos estáticos implícitos en la teoría walrasiana. He llegado lentamente y a disgusto a la conclusión de que ellos están en lo correcto y que todos nosotros hemos estado equivocados”.

 

Por su parte, John Hicks finalmente reconoce (en Capital y tiempo) que “He manifestado la afiliación Austríaca de mis ideas; el tributo a Böhm-Bawerk y a sus seguidores es un tributo que me enorgullece hacer. Yo estoy dentro de su línea, es más, comprobé, según hacía mi trabajo, que era una tradición más amplia y extensa que la que al principio parecía”.

 

Murray Rothbard (en Man, Economy and State, A Treatise on Economic Principles) se detiene a considerer el asunto de las matemáticas en la economía al sostener que “las matemáticas se basan en ecuaciones […] que son de la mayor importancia en física respecto a partículas de materia que son inmotivadas […] en la acción humana la situación es enteramente diferente, cuando no diametralmente opuesta puesto que la fuerza causal en la acción humana está motivada debido a la acción con propósito deliberado”.

 

El uso de expresiones algebraicas como “función” no son aplicables a la economía puesto que significan que al conocer los valores de una variable se conocen la de otra, cosa que no ocurre en la acción humana. Tampoco es riguroso el dibujo de las simples curvas de oferta y demanda puesto que implican variables continuas lo cual no es correcto en la acción humana ya que en el mercado no se distingue entre pasos infinitesimales sino que se trata de variables discretas. Se dibujan las curvas solamente por razones estéticas pero, como queda dicho, encierran un error grave.

 

La pretensión de aludir a números cardinales en las estructuras valorativas no es posible en ciencias sociales (indicar que tal o cual acto significa cierto número de intensidad en la valorización carece por completo de significado), solo es posible aludir a números ordinales (es decir, los que indican orden o prioridad), todo lo cual no permite comparaciones de utilidades intersubjetivas.

 

Por último, para no cargar las tintas sobre un tema que está muy presente con estudiantes a los que frecuentemente se les exige en ámbitos de ciencias sociales un ejercicio que los desvía de las características esenciales de lo propiamente humano. Al efecto de tocar solamente los temas que son más reiterados, señalamos que las llamadas “curvas de indiferencia” se basen también en una noción equivocada (además de suponer la posibilidad de comparar valores en términos cardinales) ya que la indiferencia es lo opuesto a la acción, si el sujeto actuante se declara indiferente frente a distintas posibilidades, en verdad está de hecho eligiendo mantenerse inactivo. Como se ha dicho, si una persona sedienta en el desierto está frente a dos recipientes con agua, uno a su derecha y otro a su izquierda y se manifiesta “indiferente”, en la práctica habrá decidido morirse de sed.

 

El antes citado von Mises apunta (en “Comments about the Mathematical Treatment of Economic Problems”) que una vez que se construyen series estadísticas se entra en el terreno de la historia puesto que la economía de basa en esqueletos conceptuales para interpretar fenómenos complejos por lo que la mera estadística no prueba nada. Más aún, hay la idea de que las mediciones (como queda dicho, imposibles en cuanto al contenido del acto humano) verifican una proposición y que solo lo que se verifica empíricamente tiene sentido científico, pero como ha detallado Morris Cohen (en Introducción a la lógica) esa misma proposición no es verificable y, por otro lado, tal como enfatiza Popper (en Conjeturas y refutaciones) en la ciencia nada es verificable ya que el conocimiento es solo sujeto a corroboración provisoria y abierto a refutaciones. Deben distinguirse razonamientos de fenómenos complejos en ciencias sociales de lo que ocurre en el laboratorio de las ciencias naturales (en este último caso, como queda dicho, no hay acción sino reacción).

 

Otro premio Nobel en economía, James Buchanan (en “¿Qué deberían hacer los economistas?”), concluye que “los avances de más importancia o notoriedad durante las dos últimas décadas consistieron principalmente en mejoras de lo que son esencialmente técnicas de computación, en la matemática de la ingeniería social. Lo que quiero decir con esto es que deberíamos tomar estas contribuciones en perspectiva; propongo que se las reconozca por lo que son, contribuciones a la matemática aplicada, a la ciencia de la administración, pero no a nuestro campo de estudio elegido, que, para bien o para mal, denominamos economía”. Y Juan Carlos Cachanosky en su voluminosa tesis doctoral en economía expuso la conclusión en el título de la misma: “La ciencia económica vs. la economía matemática”.

 

En resumen, estos comentarios sobre las matemáticas se circunscriben  a la imposibilidad de construir teorías económicas en base a ese instrumento que intenta medir lo inmedible, lo cual, de más está decir, no invalida para nada su inmensa utilidad en otros muchos campos de investigación y en la misma vida diaria para evaluar proyectos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Fallas de Mercado, competencia imperfecta, captura de los reguladores e imposibilidad del cálculo

Por Martín Krause. Publicada el 16/1/16 en: http://bazar.ufm.edu/fallas-de-mercado-competencia-imperfecta-captura-de-los-reguladores-e-imposibilidad-del-calculo/

 

Con los alumnos de OMMA Madrid vemos el Cap. 3 de El Foro y El Bazar donde se analizan las distintas políticas públicas sugeridas para resolver problemas de ‘fallas de mercado’. Consideramos allí los aportes de la “teoría de la regulación’, y la extensión a ese campo del fracaso del cálculo económico en el socialismo:

Y pese a lo interesante de todas estas teorías, que describen los procesos políticos que llevan a la implementación de regulaciones y al “control” del ente regulador por los mismos intereses que supuestamente han de ser regulados, lo cierto es que existe un problema todavía mayor: la posibilidad misma de que el regulador pueda cumplir con la tarea que se le ha encomendado.

Pese a la relativa novedad de todas estas cuestiones (los trabajos de Stigler, Peltzman y Posner pertenecen a la década de los años 70), lo cierto es que la cuestión básica por considerar ya había sido tratada en la década del 20 cuando Ludwig von Mises (1881-1973) demostró la imposibilidad teórica de realizar la planificación en una economía socialista. Y si bien los argumentos de Mises se refieren a la planificación socialista y no a la regulación, se pueden extender  a esta misma circunstancia con las salvedades del caso.

Para von Mises (1949), el elemento fundamental del socialismo era la propiedad colectiva de los medios de producción; de esto se desprende que no existe un mercado para esos factores, ya que sin propiedad privada no puede haber intercambios entre sus legítimos propietarios, y sin intercambios no puede haber relaciones relativas entre factores, esto es, precios. Ésta es, por ejemplo, la situación en la que se encuentra la propiedad del espectro electromagnético, las frecuencias por las que se transmiten señales de radio, televisión o telefonía celular entre otras cosas. Este es un “medio de producción” de propiedad estatal. Mises señaló, en su momento, la dificultad intrínseca de la planificación, ya que ante la ausencia de precios los planificadores no tienen términos de referencia sobre la importancia económica relativa de cada bien o servicio para un uso alternativo. En nuestro caso, el uso de una frecuencia radioeléctrica para transmisión de radio FM o telefonía celular no puede ser valorado económicamente porque no existen precios como para poder hacerlo.

Según Mises, los planificadores socialistas no pueden saber si la asignación de un recurso para un determinado fin es más o menos deseable que la de otro. No es de extrañar que en la realidad los funcionarios de los burós planificadores en los países socialistas tomaran como referencia los precios de las economías de mercado. No obstante ello, como los precios varían constantemente reflejando las preferencias de los consumidores o las disponibilidades de la oferta, la planificación nunca podía modificarse para copiar la modificación instantánea que el mercado provee. Finalmente, las malasignaciones explican el colapso del sistema. En el caso de las regulaciones, el planificador utilizará otros criterios para la asignación, muchas veces “políticos” y, por cierto, conflictivos.

El proceso competitivo del mercado es necesario, por un lado, para movilizar el conocimiento disponible, y por otro, para generar el descubrimiento de nuevas oportunidades que hasta entonces no se hayan descubierto. La intervención gubernamental, entonces, interfiere en este proceso de descubrimiento.

 

En definitiva, la acción del ente regulador interfiere con el proceso de mercado, y como no le es posible obtener la información necesaria para cumplir su tarea, debe depender para ello de lo que le provean los mismos sectores regulados. Termina así siendo cautivo de sus propios intereses. Por otro lado, desvía la atención de los emprendedores hacia su propio interés e impide el descubrimiento de nuevas oportunidades en beneficio de los consumidores.

Tomemos el caso del monopolio natural. Si en determinado momento hay un solo proveedor de servicios de comunicaciones y no existen restricciones para el ingreso de competidores, esto significa que el mencionado proveedor satisface las necesidades de la mejor forma posible. El mecanismo de descubrimiento de nuevas oportunidades (nuevas tecnologías, nuevos servicios) se encuentra en funcionamiento y cualquier descuido del proveedor al ofrecer la última tecnología o precios adecuados será aprovechado por otros para hacerlo y minar así su condición monopólica.

Se arguye contra ello que los costos de ingreso son muy elevados en este sector. Pero lo cierto es que estos costos existen en todas las actividades, y esto no ha frenado la competencia en ellas. Por el contrario, los mismos costos de ingreso elevados desatan la creatividad para estudiar su reducción. Por otra parte, con el avance tecnológico y la eliminación de las áreas monopólicas, la competencia puede ser inmediata.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

EQUILIBRIO Y ESCUELA AUSTRIACA, OTRA VEZ

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/9/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/09/equilibrio-y-escuela-austriaca-otra-vez.html

 

  1. (Art escrito en el 2008* y publicado en Conocimiento vs información)

Un reciente artículo de D. W. MacKenzie “The Equilibrium Analisis of Mises, Hayek, and Lachmann”[1] ha puesto nuevamente de relieve la importancia de esta cuestión en la Escuela Austriaca de Economía. Lo ha hecho de un modo muy singular. Aunque no es el objetivo de este breve ensayo reseñar y/o comentar en detalle el artículo de Mackenzie, baste decir que su desafío consiste en apartarse de lo que hoy sería la visión “Kirzner en adelante” de esta cuestión. En efecto, estamos acostumbrados hoy a decir que la EA implica una teoría del proceso de mercado versus los modelos neoclásicos de equilibrio, que, como ya hemos dicho en otra ocasión[2], incorporan el problema de la insuficiente “información” de los agentes (hemos dicho también que información no es igual a conocimiento[3]) como una hipótesis ad hoc posterior al núcleo central de equilibrio. Pero MacKenzie no contrapone mercado como proceso a equilibrio, sino que afirma que la EA, especialmente en Mises, Hayek y Lachmann –nada menos– es una teoría del equilibrio, aunque diferente y superior a las teorías de equilibrio walrasiano. Muy resumidamente, su tesis central consiste en afirmar que hemos olvidado la importancia que tiene en Mises el tema del “plain state of rest” (estado natural de reposo) distinguido de la construcción imaginaria del estado final de reposo. Lo primero es esencial para el análisis del proceso de mercado en Mises. Cuando Hayek habla de la tendencia al equilibrio, continúa el autor, se refiere precisamente a ese estado final de reposo, el cual no se alcanza porque el mercado real implica una tendencia a la coordinación de planes individuales, nunca plenamente alcanzada. De igual modo, Lachmann, el supuesto partidario de un mercado aleatorio y caleidoscópico, no habría dicho eso, sino que enfatizó el desequilibrio para distinguirlo precisamente de ese estado final e imposible de coordinación total, y enfatizó la pregunta de cómo se alcanza la coordinación una vez planteada la pregunta hayekiana sobre las condiciones del proceso dinámico de coordinación. Es interesante cómo se destaca la importancia, en Lachmann, de estado natural de reposo en los mercados financieros, siguiendo con ello a Mises. Todo lo cual conduce no solo a la revisión de esta visión equilibrium versus market process que tenemos de estos autores, sino a esta conclusión general: la EA es una teoría del “equilibrio cambiante” versus el “equilibrio estático” walrasiano, pero es una teoría del equilibrio.

Nos imaginamos la sorpresa que este ensayo puede llegar a causar, sobre todo en momentos donde la diferenciación con los modelos de equilibrio tradicionales es tan importante para la EA. La sutil diferencia entre estado natural y final de reposo parece haber caído en el olvido; los partidarios de un “Mises versus Hayek” acusan precisamente a este último de no haberse distanciado suficientemente del paradigma walrasiano de equilibrio, e incluso ya se está comenzando a decir que ni siquiera debería hablarse de “tendencia al equilibrio” en la EA, que la construcción imaginaria de Mises sobre “estado final de reposo” es inútil, etc. Frente a este énfasis “anti”-equilibrio de los austriacos actuales (que no llegan a Lachmann porque la mayoría se mantiene en Mises), esta posición de MacKenzie parece ir contra la corriente –nada malo en ello, solo muy interesante– y des-equilibrar la balanza (ya que hablamos de des-equilibrio) hacia los modelos neoclásicos. Si algunos critican a Hayek por demasiado walrasiano (no es nuestra posición), ¿qué pensarán de este ensayo de MacKenzie, donde se presenta a la EA como otra escuela de equilibrio?

Pero, ¿es así? Queremos decir: este ensayo de MacKenzie, ¿inclina la EA hacia una posición neoclásica? ¿Seguro?

Pensamos que no.

En primer lugar, sin necesidad de reiterar las excelentes citas textuales que MacKenzie hace de Mises en La Acción Humana, digamos que, efectivamente, la distinción entre estado final de reposo y estado natural de reposo es sumamente relevante. El estado final de reposo es una construcción imaginaria, una herramienta mental que, aunque imposible en la realidad, nos sirve para el razonamiento praxeológico. En este caso, para distinguir, precisamente, un estado de equilibrio donde la acción humana ha alcanzado todos sus fines, de un estado dinámico donde los agentes tienden a coordinar oferta con demanda. Para esa tendencia, los precios son indispensables, y el estado natural de reposo desempeña en los precios un papel indispensable. Para la realización del cálculo económico, para la previsión, falible, de expectativas futuras en el mercado, para el sistema de precios en el mercado de capitales –nada más ni nada menos– el sujeto actuante necesita interpretar los precios “hoy” para poder proyectar sus valoraciones subjetivas hacia “mañana”. Por ello el papel de los precios es conditio sine qua non en Hayek y en su seminal The Use of Knowledge in Society[4]. Pues bien, volviendo al tema, para ello el momento de “cierre” de los diversos mercados es importantísimo..La globalización actual y el uso de internet no imposibilitan el proceso, sino que agregan un elemento adicional a la complejidad de la interpretación que tiene que hacer el sujeto actuante –con su margen de empresarialidad–, lo cual da más razones para la importancia de un mercado abierto por el aumento de los fenómenos complejos.

Lo que estamos diciendo no es que el estado natural de reposo sea igual a la coordinación de expectativas dispersas, sino que es condición para esa coordinación. Por ende, se podrían distinguir dos tipos de equilibrio. El equilibrio momentáneo como igual al estado natural de reposo, de “cierre” de las actividades de un determinado mercado libre en determinadas coordenadas espacio-tiempo. Y equilibro como tendencia a la coordinación de expectativas dispersas entre oferta y demanda, para lo cual el estado natural de reposo es indispensable.

La pregunta que sigue es terminológica. ¿Por qué llamar “equilibrio” a esa tendencia a la coordinación? Bien, MacKenzie no dice simplemente “equilibrio” sino “equilibrio cambiante”, para distinguirlo precisamente del equilibro estático de los modelos neoclásicos. Si, a su vez, tampoco se quiere usar allí la palabra “equilibrio cambiante” (yo diría “equilibrio dinámico”), la cuestión es dejar de debatir por los términos por un momento y preguntarnos, usando el método fenomenológico: ¿de qué estamos hablando?

En esto tiene razón Kirzner. Si de algún modo hay una ciencia económica, y no una mera casualidad, es que podemos establecer “universalmente” bajo qué condiciones oferta y demanda de algún modo “se encuentran”, o “tienden a coordinar sus expectativas” dando por sentado –dada precisamente la construcción imaginaria del estado final de reposo– que dicha coordinación nunca es “plena”. Mises es claro en que las construcciones imaginarias contienen en sí aporías que no están en las teorías sobre el mundo real. La competencia nunca es perfecta porque, en primer lugar, en ese caso no habría “competencia”, sino que es una competencia “suficiente”[5]. ¿Suficiente a efectos de qué, si no, precisamente, de una coordinación?

Si no queremos llamar a ello equilibrio, ok, pero es evidente que hay “algo” allí más que una mera “casualidad” de coordinación. En ese sentido cabe re-valorar los aportes de Lachmann: por lo que hemos visto hasta ahora de su pensamiento, no afirmó que la coordinación en el mercado sea casual, sino que enfatizó la dificultad del problema de la coordinación una vez planteado el aprendizaje en Hayek y la incertidumbre en Mises[6].

Por supuesto, queda la gran pregunta que este tema, estos autores, y MacKenzie también, dejan abierta: ¿por qué suponer que, aun en supuestos institucionales de mercado libre, los agentes tenderán a coordinar?[7] Ivo Sarjanovic ha sugerido entre nosotros la intrínseca dificultad de cualquier respuesta en los mercados monetarios[8], y yo mismo, en el número anterior de esta revista,[9] me incliné por una respuesta metodológicamente condicional: “Si hay alertness suficiente, entonces…”.

La cuestión allí pasa por un tema de antropología filosófica. En tiempos donde el aporte de los escoceses se relativiza, hay que enfatizar que no es más que el análisis experiencial de la naturaleza humana, al estilo Hume/Smith/Ferguson[10], lo único que nos puede llevar a universalizar una hipótesis general de tendencia al aprendizaje en la naturaleza humana, suficiente (esto es esencial) a efectos de la coordinación a la que se refieren Mises y Hayek. No creemos que haya otro modo u otro camino. Solo esa relativa confianza en una naturaleza humana medianamente capaz de aprender es lo único que puede explicar, no solo (y retrospectivamente) la evolución espontánea de ciertas instituciones, sino también la pattern prediction general de una tendencia a la coordinación en el mercado dadas ciertas condiciones institucionales. Sin esa premisa, solo habría la certeza de que, dadas ciertas condiciones institucionales, “we can hope for the best” y nada más. Habría ciencia económica, pero solo como un ejercicio de un condicional material simple: “Si hay aprendizaje, entonces…”. Nunca podríamos afirmar “que lo hay”, y entonces sí que verdaderamente todos estos debates sobre qué tipo de equilibrio hay en la EA se convierten en meramente terminológicos.

Pero lo que no es terminológico es lo siguiente. Nos atrevemos a decir que, sin pensar en estrategias ni nada que se le parezca, la auto-presentación que a veces hacemos los partidarios de la EA, como contrarios a todo tipo de análisis de equilibrio, no es fiel a esa misma tradición. La cuestión no es decirle al neoclásico que la EA hoy es contraria a toda noción de equilibrio, sino que la EA tiene otra noción de equilibrio, dinámico, identificado como una coordinación tendencial de expectativas bajo ciertas condiciones institucionales, y que esa noción de equilibrio es una respuesta a un mejor y más adecuado planteo del problema económico. Si no queremos llamar a eso equilibrio, ok. Pero los partidarios de la EA verdaderamente piensan que el mercado es “equilibrante”, en el sentido de que “tiende a”, mientras que los gobiernos producen precisamente el efecto contrario. Si no, sincerémonos y resumamos toda la ciencia económica en lo siguiente: el gobierno nunca puede coordinar; el mercado, a veces, y no sabemos por qué.

¿Seguro? ¿Eso es todo?

Con esta inquietud dejamos abierto el debate.

 

* En “La EA en el s. XXI”, junio de 2008.

[1] Bajo revisión para su publicación en The Review of Austrian Economics. Last revised on January 21st 2008.

[2] Ver nuestro libro El método de la economía política, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2004.

[3] “Paradigma de la información vs. paradigma del conocimiento”, enNOMOI, Revista Digital sobre Epistemología, Teoría del Conocimiento y Ciencias Cognitivas (2008), 2, pp. 17-21, en http://www.ufm.edu

[4] [1945], en Individualism and Economic Order, Chicago University Press, 1980.

[5] Ver Schwartz, P.: Empresa y libertad, Unión Editorial, Madrid, 1981, p. 62.

[6] Ver Lachmann, L.: Capital, Expectations, and The Market Process; Sheed Andrews and McMeel, 1977. Part III.

[7] MacKenzie lo dice de este modo: “…How do we know that there exists a strong tendency towards a final state of rest? Do we know if the forces of intertemporal equilibration outweigh the forces of intertemporal disequilibration?” (op.cit., p. 13).

[8] Ver su art. “Procesos de mercado: precios en desequilibrio + moneda en desequilibrio”, en La crítica como método, Ensayos en honor de Rogelio T. Pontón, Fundación Libertad, Rosario, 2007.

[9]  “La metodología de Friedman y una importante consecuencia para la Escuela Austriaca de Economía”, en La Escuela Austriaca en el s. XXI (2008), año 2, n.º 8.

[10] Cabe aclarar que dicho análisis es perfectamente compatible con una antropología filosófica entre aristotélica y tomista, pero eso excede obviamente los fines de este artículo.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El kirchnerismo borró de la memoria cómo es vivir en libertad:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/3/15 en: http://economiaparatodos.net/el-kirchnerismo-borro-de-la-memoria-como-es-vivir-en-libertad/

 

El debate sobre si es posible eliminar el cepo refleja que el kirchnerismo borró de la memoria de la gente cómo es vivir y trabajar en libertad

Tantos años de intervencionismo han generado tal grado de distorsión en la forma de pensar de la gente que hasta la propuesta económica más sencilla produce pánico en la gente.

A raíz de las declaraciones de Mauricio Macri de levantar el cepo cambiario hubo una catarata de tuits sobre el tema. Mi visión es que no solo se puede levantar el cepo sino que es necesario eliminarlo para poder crecer. Pero dicho esto de eliminar el cepo, inmediatamente surgían los que decían si había que devaluar. Mi visión es que no hay que devaluar porque ello implica llevar el tipo de cambio de un determinado nivel a otro que se supone de equilibrio. La realidad es que nadie tiene ese número mágico de equilibrio, por lo tanto la solución es dejar flotar libremente el tipo de cambio, lo que se llama una flotación limpia. Si esa flotación limpia se hace bajo un contexto de disciplina fiscal, es decir sin déficit, que lleva a la disciplina monetaria y, además, es implementando por un ministro de economía que genere confianza y sepa comunicarle a la gente el rumbo económico que se ha adoptado, no veo razón por la cual tenga que producirse una corrida cambiaria y financiera que haga estallar el país.

Distinto es si se elimina el cepo al estilo Duhalde 2002 con su devaluacion sin un plan económico detrás. Lo único que hizo Duhalde fue devaluar, crear un fenomenal caos económico e institucional y licuar el gasto público con la llamarada inflacionaria y cambiaria que produjo. Me parece que en la memoria de la gente quedó grabada esa traumática experiencia y por eso, hasta colegas economistas, ven la salida del cepo como algo muy difícil de implementar.

Sí creo que, aún con la confianza que pueda generarse, llevar a cabo las reformas estructurales llevará tiempo y, por lo tanto, el tipo de cambio tenderá a subir, tal vez hasta niveles cercanos al blue actual para luego bajar en la medida que se avance en la reformas estructurales y vayan ingresando capitales en el sector real de la economía. Queda claro que no es con una devaluación que se logra competitividad, sino con reformas estructurales. Los países que tienen economías sólidas y calidad institucional tienen monedas fuertes. Monedas que son respetadas en el mundo. Monedas de las que la gente no sale huyendo sino que las utiliza como refugio de valor. Monedas que permiten ahorrar y, por lo tanto, ofrecer crédito para la inversión y el consumo. Monedas que permitan hacer cálculo económico a la hora de evaluar una inversión. Como se ve, tener una moneda sólida no es contrario al crecimiento, por el contario, es condición necesaria para el crecimiento.

Las monedas que se devalúan permanentemente son las que pertenecen a países con desórdenes económicos en lo fiscal y monetario. El ahorro brilla por su ausencia y, en consecuencia, el crédito no existe. Los eternos devaluadores son los que no se animan a poner orden fiscal por el lado del gasto y optan por licuarlo transitoriamente con una llamarada inflacionaria y cambiaria al estilo Duhalde.

Otra de las preguntas que me formulaban por Twitter era: si el BCRA no interviene en el mercado de cambios, ¿quién le venderá dólares a los importadores? Tanto nos acostumbramos a que nos dirijan la vida que no nos damos cuenta que en un mercado libre una persona le puede vender dólares a otra. El importador le puede comprar dólares al exportador, y el exportador querrá vender dólares para hacer sus pagos en pesos en el mercado interno.

Algún colega economista ha afirmado que solo se podrá salir del cepo cambiario si hay confianza en diciembre. No comparto en absoluto esa propuesta. Salir del cepo habrá que salir sí o sí. Mientras exista el cepo no habrá forma de generar ingreso de divisas. Nadie entra a la cárcel, cierra la puerta con llave y luego la tira bien lejos. Nadie comete esa locura. En todo caso el cepo no es otra cosa que un parche a la desconfianza que ha generado siempre este gobierno, pero el parche no resuelve el problema. Simplemente lo tapa, en el mejor de los casos o lo termina agravando como es el caso del cepo. Quiso evitar la sangría de pérdida de reservas que tenía el Central por la desconfianza que generaba el gobierno que terminó creando tal restricción de reservas, al punto de aplicarse a la compra de insumos agravando la recesión.

Para el próximo gobierno, eliminar el cepo va a ser tan importante como en su momento era eliminar el corralito, obviamente era importante eliminar el corralito en forma bien hecha, no como lo hicieron. Pero para comparar solo digo que el cepo es tan letal a la economía como el corralito.

Lo relevante es que en el futuro la gente empiece a darse cuenta que se puede vivir en libertad y hacer transacciones sin las regulaciones del estado. Que, por el contrario, las regulaciones traban la economía, la hacen ineficiente, le quitan competitividad y malgastan la energía de la gente que tiene que estar volcada a producir eficientemente.

Me parece que el kirchnerismo se encargó de borrar de la memoria de la gente cómo era comprar y vender divisas libremente o intercambiar bienes y servicios sin que intervenga el secretario de comercio. En definitiva, el kirchnerismo se encargó de borrar de la mente de la gente cómo es vivir y producir en libertad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.