Derribar el Muro del Dólar

Por Iván Carrino. Publicado el 12/11/15 en: https://igdigital.com/2015/11/derribar-el-muro-del-dolar/

 

En un nuevo aniversario de la caída del Muro de Berlín, vale la pena reflexionar sobre uno de los muros que construyó el kirchnerismo y que urge derribar.

Hace tres días se cumplieron 26 años de la caída del Muro de Berlin que dividía Alemania Occidental de Alemania Oriental. A diferencia del resto de los muros que existen en cualquier parte del mundo, este no fue construido para evitar el ingreso a un determinado territorio de seres extraños al mismo, sino más bien para impedir la salida.

Frente a esta situación, Roberto Ampuero, novelista y convencido comunista chileno exiliado en la República Democrática Alemana en los años ’70, comentaba con decepción:

“En cuanto hube desembarcado al día siguiente en Berlín Occidental y cruzado la frontera de la RDA con su muro, alambradas, torreones, casamatas, campos minados y perros amaestrados, una suerte de escalofriante depresión se apoderó de mí. ¿Por qué se impedía así el tránsito de los ciudadanos hacia Occidente? ¿No construía acaso el socialismo un mundo superior al capitalismo?“

Salvando las distancias, en nuestro país se levantó un muro hace cuatro años. Ese muro es el cepo cambiario, que en lugar de evitar que las personas salgan del país, lo que busca es evitar que los ingresos de esas personas sean transformados a dólares de manera libre y legal. Como puede observarse a simple vista, esto constituye un atropello contra la libertad de la todos y una  razón más que suficiente para derribar este “muro cambiario” de la misma forma que se derribó el Muro de Berlín 26 años atrás.

Pero esto no es todo. El cepo cambiario, al ser un control de precios aplicado a la divisa, genera otros problemas adicionales a la lesión de derechos. Entre los costos más evidentes podemos enumerar:

  • La caída de reservas: como todo control de precios, cuando se impone aparece la escasez. En el caso del dólar, esto se ve reflejado en la caída de las Reservas Internacionales del Banco Central, que pasaron de USD 47.000 millones a 26.000 millones.
  • La brecha cambiaria:los controles de precios también son responsables de la aparición de mercados paralelos. Con el dólar sucede exactamente eso y hoy la brecha cambiaria es un indicador de la incertidumbre hacia el futuro.
  • El desplome del comercio internacional: dado que los exportadores deben vender sus dólares al tipo de cambio oficial, su rentabilidad se debilita y, por tanto, las exportaciones caen. Por otro lado, las importaciones también caen debido a los controles, pero en menor medida, lo que achica el superávit comercial.
  • La caída de la inversión: nadie trae dólares para invertir a un país del que sabe que nos los podrá sacar. Así, mientras en 2011 recibíamos el 7,2% de toda la Inversión Extranjera Directa que llegaba a la región, en 2014 sólo recibimos el 4,6%.
  • La desigualdad social: como está planteado el sistema, solo algunos tienen el privilegio de poder comprar dólares al subsidiado precio oficial. El “dólar ahorro”, por ejemplo, beneficia solo a un sector acomodado de la sociedad, mientras que condena al resto a ahorrar en una moneda que se deprecia día tras día.
  • El estancamiento económico: la elevada incertidumbre, el desplome exportador, las trabas para importar y los desincentivos a invertir que generó el cepo dieron lugar a un combo perfecto que asfixió la producción nacional. El resultado son 4 años de estancamiento económico.

 

En este marco,  la eliminación del cepo cambiario no solo se vuelve un imperativo moral, sino también un paso necesario para poder recuperar el crecimiento de la economía. Es claro que por sí sola, esta medida no será suficiente para que ello suceda, pero ningún plan serio puede dejar de lado la inmediata eliminación del control de cambios.

Frente a esta posibilidad, sin embargo, muchos hacen énfasis en el impacto inflacionario que podría tener la decisión. Un dólar libre fijado por el mercado sería superior al del dólar oficial y eso impactaría en el precio de los bienes que pueden exportarse e importarse, generando un salto en las mediciones tradicionales de la inflación.

Podemos tomar este punto, pero la pregunta relevante es: ¿cuál es la alternativa?

Cuando cayó el Muro de Berlín seguramente había mucha incertidumbre respecto de lo que podía pasar el día después. ¿Quedaría alguien en Alemania Oriental? ¿Aumentaría el desempleo en Alemania Occidental? ¿Quebrarían todos los productores de la Alemania comunista al enfrentar la competencia de los productos vecinos?

La decisión, a pesar de la incertidumbre, fue derribar el muro que en nada había contribuido al bienestar de los alemanes de la falsamente llamada república democrática. El 9 de noviembre de 1989, la gente prefirió la incertidumbre de la libertad, que al menos ofrece la probabilidad del éxito, que la certidumbre de la esclavitud que garantiza el fracaso.

Es imperativo que los argentinos hagamos lo mismo con el cepo cambiario y derribemos de una vez ese muro que nos impide progresar.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Salir del cepo, relato o realidad

Por Aldo Abram. Publicado el 13/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1709329-salir-del-cepo-relato-o-realidad

 

A veces, le es difícil a un candidato transmitir la realidad, y otras, les resulta más cómodo escuchar a los asesores que les plantean soluciones “facilistas”. Hay un cierto consenso en que será relativamente sencillo salir de los problemas gravísimos que dejará este gobierno gracias a las expectativas positivas que despertará un nuevo presidente.

El cepo es el caso más grave y difícil de resolver; por las distorsiones que ha generado y que habrá que corregir. Lamentablemente, volver a un mercado cambiario único y libre implicará reconocer la realidad de que el peso no vale alrededor de 12 centavos de dólar, sino mucho menos.

A lo largo de la gestión actual y del anterior gobierno se ha estado exprimiendo en forma creciente al Banco Central (BCRA), para obtener recursos que le permitan sostener niveles excesivos de gasto público. Para ello, el BCRA ha emitido de más, depreciando nuestra moneda y apoderándose de parte del poder adquisitivo de nuestros pesos para transferírselo al Gobierno. Esta quita es lo que usualmente conocemos como “impuesto inflacionario”.

En 2011, año electoral, el Gobierno decidió evitar que la desvalorización de nuestra moneda se reflejara en el tipo de cambio y arrastrara los precios de lo que los votantes compraban en los supermercados. El problema es que siguió gastando de más y demandando recursos del impuesto inflacionario. Esta decisión cambiaria se transformó en un precio máximo para las monedas extranjeras y, como todos hemos experimentado muchas veces en el supermercado, eso desincentiva su oferta y alienta su demanda, generando desabastecimiento. Pero, como en el mercado cambiario no puede haber “góndolas vacías”, el que terminó “llenándolas” fue el Central con pérdidas de reservas.

Luego de la victoria oficial en las elecciones presidenciales, el Gobierno debió haber moderado el ritmo de crecimiento del gasto y su presión sobre los recursos del BCRA. Sin embargo, la respuesta fue la inversa y eso exigió imponer el actual control de cambios, excluyendo del mercado oficial gran parte de la demanda de divisas de los particulares y empresas, para disminuir la presión sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, siguió devaluando el peso sin reflejarlo en el “dólar cepo” y, por lo tanto, volvió a desincentivar la oferta y a incentivar la demanda. Conclusión: retornó la caída de reservas, que sólo pudo corregir parcial y coyunturalmente con un reconocimiento, a principios de año, de parte de esa devaluación en el tipo de cambio oficial.

El problema persiste y el próximo gobierno deberá salir a un mercado único y libre de cambio reconociendo la realidad. No habrá lluvia de dólares si antes no se resuelve esta ficción que implica que un inversor debe dejar un tercio o más del valor del capital que trae en las arcas del Banco Central. ¿Cuántos proyectos pueden ser rentables con esa “retención a la inversión extranjera”? Cabe destacar que para fines de 2015, esta quita será mayor.

Según nuestros cálculos, para salir del cepo con una suba del tipo de cambio de sólo 20% (como la de inicios de año), el futuro gobierno necesitaría capitalizar al “saqueado” BCRA con más de US$ 10.000 millones y, si lo fondeara con US$ 5000 millones, el alza necesaria sería de más de 50 por ciento. Será muy difícil que alguien esté dispuesto a brindar semejante financiamiento antes de que se tomen las principales medidas para resolver los problemas más graves del país, entre ellos, el mencionado control de cambios.

Aun si imagináramos que alguien nos prestará esos fondos, ¿cómo se resolverá el problema de un déficit fiscal que supera 5% del PBI? Una forma posible sería el alza del tipo de cambio que incrementa los recursos tributarios respecto del gasto, licuándolo. Otra es reducir las erogaciones, lo que implica bajar jubilaciones, salarios y empleo público, Si no, habría que conseguir financiamiento por más de US$ 15.000 millones para no tener que hacer ajuste alguno. ¿Quién nos va a prestar para que sigamos manteniendo elevados déficits fiscales?

Aun si suponemos que el futuro gobierno conseguirá semejante cantidad de crédito (algo imposible), el cepo asfixia a los sectores productores de bienes exportables e importables. Éstos ven cómo el dólar oficial, en el que se referencian sus precios, no refleja la real depreciación del peso, al tiempo que sus costos lo hacen plenamente. Por lo tanto, o se acepta la realidad de que el tipo de cambio vale más pesos o nuestra moneda se tiene que apreciar, lo que implica que todos los precios de la economía tienen que bajar (incluidos salarios, jubilaciones y el gasto público).

¿Alguien se puede imaginar un escenario de fuerte deflación en la Argentina?

Más allá del relato y de los discursos preelectorales, esperemos que los candidatos presidenciales y sus asesores tengan clara la realidad. Sin el diagnóstico adecuado, será difícil curar una economía que ya está en terapia intensiva, con una minimización de los costos sociales que esto implicará.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Reservas: el Gobierno ataca la fiebre en vez de la infección

Por Julián Obiglio. Publicado el 8/1/14 en:

Frente a la caída de reservas del Banco Central de esta semana, el Jefe de Gabinete ha expresado que “lo importante es quebrar la lógica de convertibilidad” ya que “no necesariamente tiene que haber una asociación entre el volumen de reservas y la base monetaria”.

Si bien ello es técnicamente cierto, sería aplicable exclusivamente a un país con niveles de seguridad jurídica, equilibrio fiscal, libertad de comercio y  previsibilidad como los de Suiza. En Argentina todos los indicadores y valores están en alerta amarilla, con tendencia hacia el rojo, por lo tanto la caída de reservas se convierte en una variable a la cual la sociedad comienza a prestarle especial atención. Sucede lo mismo que vimos con las mediciones del ‘riesgo país’ durante el 2001: nadie sabía muy bien qué implicaba su escalada, pero todos tenían la certeza que era algo negativo.

Mientras tanto, el Gobierno centra su atención en los métodos que debe aplicar para detener la caída de reservas (la fiebre), en vez de atender las causas de dicha realidad (la infección). El equipo económico y la Presidenta siguen sin comprender que el valor de la moneda y el nivel de reservas serán estables cuando se procure lograr un equilibrio fiscal y no exista un déficit que deba ser financiado con la emisión de billetes en cantidades superiores a las que la gente (el mercado) demanda.

La emisión de billetes de los últimos seis años ha aumentado un 350%, mientras que la producción ha crecido un 50%, y ello provoca que cada día menos gente quiera ahorrar en pesos y que la mayoría busque escapar hacia otras monedas basadas en sistemas jurídicos y económicos más serios y previsibles. Debemos tener en claro que cuando la gente compra dólares o euros, no busca solamente el papel color verde, sino que está comprando la seguridad jurídica y económica que le brindan el sistema norteamericano o el europeo.

En los últimos tres años la pérdida de reservas fue del 40% (unos u$s 22.000 millones) y ellas fueron utilizadas para cubrir un déficit fiscal cada día mayor, la falta de ingreso de divisas, la huida de capitales y la importación de la energía que nuestro país dejó de producir. En el mismo período de tiempo Uruguay aumentó sus reservas un 107%, Perú un 49%, Chile un 47%, México un 55%, Brasil un 30% y Colombia un 55%.

El escenario actual nos muestra entonces un exceso de pesos en circulación que aumenta día a día, un estancamiento en el ingreso de dólares, un Estado deficitario y un panorama general de desconfianza hacia las instituciones, con violaciones evidentes al libre comercio, a la propiedad privada y a la previsibilidad para hacer negocios. Frente a todo ello, la caída de las reservas del BCRA se convierte en un indicador más que refleja un panorama poco alentador.

El Gobierno debe enfocar su atención en la infección ya que por más que en esta oportunidad logre bajar la fiebre, si no soluciona los problemas de fondo, ella volverá a aparecer con mayor intensidad. Si comienza a reencauzar las expectativas, acepta reducir el déficit fiscal, aumenta la seguridad jurídica y respeta el libre comercio, logrará niveles de previsibilidad en los cuáles el volumen de reservas del Banco Central no será un tema determinante para el futuro del país. Si no lo hace, asistiremos a una película que todos los argentinos pensamos que no volveríamos a tener que ver.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

Que hacer para evitar una crisis:

Por Aldo Abram. Publicado el 3/2/14 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=727028

 

Cada vez se generaliza más la percepción de que la economía argentina se encuentra en un rumbo de colisión. Por eso, es útil proponer qué debe hacerse en este contexto para evitar estrellarnos y naufragar.

valor del dolar

Lo primero, un buen diagnóstico. Como casi todos los anteriores, este Gobierno hizo crecer fuertemente el gasto público. Arribamos a los comicios presidenciales de 2011 y, para ganarlos, se intentó que el tipo de cambio no creciera al ritmo al que depreciaban el peso para cobrarnos el impuesto inflacionario que necesitaban para gasto electoral. Conclusión, perdieron más de u$s 6.000 millones de reservas. En vez de corregir el rumbo, después de una contundente victoria electoral, priorizaron seguir diluyendo la solvencia del Banco Central con una reforma de su carta orgánica para habilitar mayor financiación de más aumento excesivo de erogaciones. Para evitar la disparada del dólar que esto hubiera generado, pusieron el cepo. Es evidente que en los últimos meses el Gobierno ha venido reaccionando como pudo para moderar la caída del stock de divisas del Central. El problema es que es necesario que los exportadores, los importadores y otros demandantes de divisas de ese mercado le crean al Gobierno que el actual tipo de cambio oficial es un valor de equilibrio y que, a futuro, subirá moderadamente. La continuidad de la caída de reservas indica que no le creyeron ambas o alguna de esas premisas.

Con el diagnóstico correcto, podemos dar con el remedio adecuado. El objetivo debe ser volver a un mercado único y libre de cambios. Para eso, deberíamos recuperar el tipo de cambio oficial hasta que refleje el verdadero valor del peso. Eso implicaría un alza de cerca del 50%, que esta gestión sólo admitirá ante la misma crisis. Habrá que recetar algo más gradual, desdoblar el tipo de cambio, luego de un salto que permita una parte importante de lo que ya devaluaron el peso para cobrar el impuesto inflacionario y gastárselo. El comercio exterior quedaría en el oficial o “comercial” (excepto, quizá, algunos bienes de lujo importados) y todas las demás operaciones se harían libremente en lo que es hoy el paralelo, que pasaría a ser formalizado. En un plazo razonable, ambos deberían converger, para lo que todavía falta curar la verdadera enfermedad: el excesivo crecimiento del gasto público.

No vamos a pedir siquiera que congelen el gasto primario, sólo que se suba a una tasa más cercana al 20% (que igual es mucho) y no de más del 30%, como sucede actualmente. La devaluación mejora ostensiblemente los ingresos públicos, pero será necesario licuar una parte de las erogaciones y reducir al mínimo posible la inversión pública.

Sin embargo, el mayor esfuerzo lo deben hacer los que más tienen, y más del 70% de los subsidios a las tarifas públicas van a quienes pueden pagarlas. Por lo tanto, hay que ayudar a los más necesitados; pero subir lo que efectivamente pagamos de las tarifas gradual, pero rápidamente.

Si logramos contener la necesidad de financiamiento total del Banco Central a un monto en pesos (incluidas las divisas y ganancias transferidas) de $ 100.000 millones o menos, podemos lograr que la inflación y el alza del dólar financiero se moderen, permitiéndole al “comercial” que lo alcance con un mayor ritmo de suba. Esto tendrá otra consecuencia coyuntural que generará picazón a algunos funcionarios, un alza de las tasas de interés.

Hasta acá, ordenamos la parte fiscal y monetaria para, con suerte, evitar la crisis. Sin embargo, otras materias pendientes ayudarían a disminuir el costo social. Por ejemplo recuperar la seguridad jurídica, reinsertarse en el mundo, reducir la presión tributaria, desarmar la maraña de controles que dificultan la producción y la generación de empleo en el sector privado. Todo esto lo debe hacer un Gobierno que pierde poder en el presente proceso de transición política y que, con su actual gestión, diluye rápidamente su credibilidad. Así que no queda mucho tiempo, ya que, sin credibilidad, no hay solución posible, por buena que sea. Ojalá que escuchen y pronto.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .