“El problema de los argentinos es cultural”

Por Belén Marty: Publicado el 6/3/16 en: http://cadenaba.com.ar/nota.php?Id=35366

 

¿Se acuerdan de esa publicidad que salió al aire en todas las teles del país en 2010 en la que dos hombres charlaban en un bar que en Europa si tirás un papel a la calle te dicen que lo levantes y el otro le contesta que era un tema cultural? Eso mismo me vino a la cabeza hace unos días cuando arranqué a seguir la telenovela de Canal 13 “Los ricos no piden permiso”.

Mas allá de mi poca o nula experiencia en critica de series televisivas hubo una serie de condimentos (por así decirlo) que me llamaron la atención. En primer lugar, haber caído en el lugar común de “los ricos” versus “los pobres”. El “tema cultural” acá es la esterotipación de los ricos como las personas poderosas, siniestras, maquiavélicas, dispuestas a todo y los pobres como las personas que han sido encasilladas a permanecer bajo las sombras de tales personas sin escrúpulos.

La noción misma de ricos y pobres refiere al concepto de “clases sociales”. Las personas no deberían encasillarse en clases sociales, en este concepto marxista de “clase” que entendía (o entiende) a que las clases sociales burguesas y proletarias tienen estructuralmente diferencias lógicas.

Esta concepción marxista de clases sociales es utilizada por líderes de opinión, periodistas, expertos en diferentes áreas de marketing, finanzas o administración. El léxico que utilizamos define nuestro universo de pre comprensión. Las palabras que usamos son clave para entender cómo definimos nuestra realidad.

Jorge Luis Borges decía en 1973: “Yo creo que solo existen los individuos: todo lo demás, las nacionalidades y las clases sociales, son meras comodidades intelectuales”. El concepto de clases sociales está arraigado en la idea de cuánto ingreso recibe cada “clase social”.

En el programa previamente mencionado los ricos son los “privilegiados” dando a entender que, por lo general salvo excepciones, los ricos han adquirido su preciado patrimonio por medio de prebendas. Son los “buitres”. Sin embargo, la realidad es bastante opuesta: Argentina está repleta de empresarios honestos y trabajadores que se ganaron la buena vida en buena ley.

Por supuesto, cuanto más abierto y libre es el mercado, mayor es la dificultad de que personas en situación de privilegio (cerca del poder) consiga favores políticos y aumente su riqueza por izquierda. Cuanto más transparente es el sistema comercial, cuantas menos trabas al comercio imponga un gobierno, mayor será la certeza de que triunfen aquellos que mejor servicio ofrezcan.

Aparece por debajo de la superficie también el hecho que los únicos que realmente trabajan son “los de la clase trabajadora” dejando de lado el trabajo realizado por los empresarios y como si ellos no fueran, realmente, verdaderos trabajadores.

¿No hay honor acaso en poner en riesgo el propio capital para invertir en un proyecto? ¿No hay honor en ser el primero en afrontar la quiebra en el caso de que la iniciativa no funcione?

Si bien esto no se vislumbra en la serie del Canal 13 es harto común escuchar expresiones en los medios de comunicación que defienden a los pequeños comercios y no a los grandes, como si estos no merecieran respeto o simplemente los pequeños no quisieran ser grandes al aumentar sus ventas.

Personas malvadas y personas honorables encontramos en todos los barrios, en todos los trabajos y empresas y en todos los países. No se trata de permanecer a una mal llamada clase social (en realidad, de obtener cierto grado de ingresos) sino de realizar el trabajo con dignidad y honradez.

Las personas de bajos ingresos pueden salir adelante con educación, trabajo y condiciones adecuadas que incentiven mejores condiciones de vida.

La riqueza, un poco contrariando la idea detrás de esta nefasta serie televisiva, no está fija. No es un juego de suma cero que si el rico tiene plata, el pobre por ende no tienen nada. La riqueza puede crearse y agrandarse constantemente.

Ahora el presidente Mauricio Macri tiene el visto bueno de la gente dado por la gradual devolución de ganancias, otros beneficios anunciados y el comienzo de clases. Pero este trampolín cortoplacista que tiene el mandatario en este momento necesita de un cambio cultural que vea con buenos ojos los emprendimientos, el trabajo de los empresarios y que entiendan que porque muchos tengan mucho no significa que muchos tengan poco.

La responsabilidad para que ello suceda es de todos nosotros.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

¿Qué cambió y qué no en Argentina?

Por Martín Krause. Publicado el 29/10/15 en: http://diario.latercera.com/2015/10/29/01/contenido/opinion/11-201339-9-que-cambio-y-que-no-en-argentina.shtml

 

EL RESULTADO de las elecciones del pasado 25 de octubre fue una sorpresa para todos, incluyendo a los candidatos más informados, los encuestadores o los agentes del servicio secreto. Nadie pudo ver el cambio que se estaba gestando que cambió la situación política de la noche a la mañana.

Todo parece anunciar que Argentina ha emprendido un camino de cambio, siendo precisamente éste uno de los argumentos centrales del mensaje de una alianza que se llama -y cómo va a ser de otra forma- Cambiemos.

La lógica de esto es tan simple como clara: uno de los argumentos más usados por candidatos de todo tipo que se enfrentan a un gobierno que lleva muchos años es, precisamente ese: hay que cambiar.

La gente entiende el mensaje. Eso le permite no tener que decir mucho acerca del contenido del cambio, algo que hubiera causado un alto costo político, porque los necesarios cambios que se aproximan en este país serán dolorosos.

Pero todo gobierno puede realizar los cambios que el consenso general de las ideas le permite realizar. Entonces, la pregunta sobre Argentina es: ¿qué profundidad tiene el pedido de cambio que se expresó en las urnas?

La respuesta es mixta. La gente votó por un cambio cansada de la prepotencia de un gobierno que se pelea con todo el mundo; intolerante y matón. Quiere un gobernante moderado, amable, y, si puede, simpático. Básicamente una persona normal. María Eugenia Vidal es el principal ejemplo de esto, y lo más contrapuesto a su gran derrotado: Aníbal Fernández. La gente quiere, también, alguien que administre al Estado con mayor eficacia, que tenga ideas creativas sobre la gestión de los recursos públicos, que logre mejoras en la seguridad, la salud y la educación: Macri tiene esa imagen.

Esta demanda de moderación y eficacia va a tener su impacto en la calidad de las instituciones: se busca un gobierno que respete la división de poderes y la independencia de la justicia; que no pretenda controlar los medios con recursos públicos; que acepte ciertos controles al poder, que respete la autonomía de gobiernos provinciales y municipales.

Y no mucho más. El argentino sigue siendo profundamente estatista y anti-yanqui. Por eso, Macri ha dicho que no dará marcha atrás con la estatización de las pensiones, o de la empresa petrolera YPF, e incluso tal vez de la deficitaria Aerolíneas Argentinas. Y va a tener mucho cuidado en la necesaria mejora de las relaciones con los fondos buitres, el FMI y el gobierno de los Estados Unidos.

Además, y en virtud del pasado reciente, el argentino teme profundamente un cambio brusco que genere un cataclismo económico. No quiere más crisis como la del 2001. Ni como la de 1989, ni como otras anteriores.

Esto enfrenta al próximo gobierno con un serio dilema: la gente no quiere escuchar sobre esos problemas ni que le digan nada de ajustes. Sin embargo, con un déficit fiscal rondando 8% del PIB y un Banco Central quebrado y sin dólares; con miles de millones de dólares que se deben de importaciones, de dividendos no transferidos o de contratos a futuro de dólares, la perspectiva a corto plazo es aterradora.

Ante la gangrena que corroe a la economía argentina, el dilema del próximo gobierno es o trato de curarla con remedios en dosis moderadas y me arriesgo a que me devore la enfermedad; o procedo a operar a un paciente que se cree que tiene un simple resfriado. La anestesia es clave, y en el caso argentino tiene nombre: dólares, y muchos. ¿Generará el nuevo gobierno suficiente confianza para atraerlos o conseguirlos? Eso es lo que definirá su suerte en el verano que se aproxima.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El dilema del náufrago.

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 21/9/14 en: http://economiaparatodos.net/el-dilema-del-naufrago/

 

Meditando sobre el modelo nacional y popular y el liberalismo

Imagine que Ud. está solo en una isla luego de naufragar. Tiene hambre y ve un cocotero. La única manera de comer uno de los cocos es treparse al árbol utilizando una cuerda que rescató del naufragio.

Toma la decisión y trabajosamente se sube al cocotero. Cuando llega a los cocos logra desprender, con gran esfuerzo, 4 cocos. Lo suficiente como para comer ese día. Baja y está con los brazos y piernas sin más fuerza. Esta tarea de treparse al cocotero le lleva varias horas y es tan extenuante que luego de realzarla le quedan pocas fuerzas para realizar otras tareas, como mejorar el techo de su choza o hacerse una cama más confortable.

Un día ve varias maderas y ramas sueltas, además de más sogas del naufragio que trajo la marea. Se le ocurre, entonces,  que en un solo día podría construir una escalera lo suficientemente alta como para subir al cocotero sin gran esfuerzo y bajar los cocos. Pero si se dedica a hacer la escalera, ¿qué comerá ese día?

Si come 4 cocos por día opta por comer 3, guardar 1 por día, y así al cuarto día tiene 4 cocos para alimentarse. Empieza entonces un período de 4 días de ahorro de 1 coco por día que le permitirá tener un día completo de alimento para poder dedicarse a fabricar su escalera y ese día no tendrá que treparse al cocotero para tener su alimento diario.

Transcurridos los 4 días ya tiene un ahorro de 4 cocos que le permitirá concentrarse en la escalera. Ese día se levanta temprano, construye la escalera y la prueba.

Resulta que antes le llevaba 4 horas treparse al cocotero, bajar los 4 cocos y terminaba tan extenuado que no tenía más fuerzas para hacer otra cosa. Ahora, con la escalera, que es un bien de capital, puede subir hasta donde están los cocos en pocos minutos, sin gran esfuerzo físico, puede desprender 16 cocos. Es tan fácil mantenerse en lo alto y desprender los cocos que logra los 16 cocos en menos de media hora.

Feliz de la vida ese día se sienta a la sombra a descansar y contempla los 16 cocos que consiguió en media hora. Esto es aumentar la productividad, se dice a sí mismo. Pero recuerda las teorías económicas de la isla k y se pregunta: ¿soy más rico ahora o soy más pobre? De acuerdo a los k soy más pobre porque no tengo trabajo. Me sobra el tiempo. Ya no tengo que subirme trabajosamente al cocotero a bajar 4 cocos. Ahora, con este stock de capital llamado escalera, consigo 16 cocos que no voy a consumir porque no como tantos cocos por día y me queda el resto de la jornada sin hacer nada.

Pero su subconsciente le dice que algo está mal. Y entonces recuerda el discurso de algún economista que en la isla k llamaban destituyente y neoliberal.  Ese economista destituyente le repica en el cerebro con esta teoría. Ud. tiene varias opciones con los cocos que le sobran. Una opción es que tiene alimentos por 4 días,  así que como por 4 días no tiene que subirse a la escalera  para bajar cocos, puede destinar todo un día a arreglar el techo de la choza, el otro día libre a hacerse una cama más confortable y otro día a descansar. Si opta por esta alternativa, al cuarto día comió normalmente, a la choza ya no le entra agua cuando llueve porque pudo arreglar el techo, tiene una cama más confortable y además pudo tomarse un día de vacaciones. ¿Es más rico o es más pobre?

Pero en su cabeza de náufrago le sigue repiqueteando el discurso k según el cual el modelo neoliberal genera pobreza y desocupación. El tema es que Ud. siguió la receta del neoliberal recalcitrante que, según los k, disfrutan viendo a la gente morirse de hambre por la calle y haciendo ajustes salvajes. No le cierra nada. Los k le dicen que si sigue la receta liberal va a ser más pobre, pero mira lo que consiguió y tiene mejores condiciones de vida, más alimentos y tiempo para el descanso.

Pero Ud. sigue pensando y se dice: una vez que arreglé la choza y me hizo la cama confortable, ¿qué hago con los 16 cocos que puede bajar por día? Ya tiene  arreglada la choza, duerme mejor pero le sobran 12 cocos por día. Axel le diría que Ud. es un desocupado porque no tiene más nada para hacer. El neoliberal le diría: bueno, baje los 16 cocos, 4 los come y los otros 12 los cambia con los isleños vecinos. A unos les entrega 4 cocos por pescados, otros 4 cocos por bananas de la otra isla y los restantes 4 cocos los intercambia por ropa que producen en la isla del norte. Así tendrá para comer cocos, pescado y bananas, dispondrá de ropa nueva y, además, disfrutará de una cama más cómoda y una choza que no se le llueve.

Su cabeza le estalla porque ve que mejora su calidad de vida, accede a más bienes y sin embargo la teoría k le dice que Ud. es más pobre con la receta liberal.

Es que le resuena en la cabeza el argumento de Axel, que le dice que si Ud. importa peces, bananas y ropa de las otras islas, su economía termina destruida por la competencia desleal de los aldeanos vecinos. Le repica en la cabeza eso del modelo de sustitución de importaciones. De vivir con lo nuestro. La retórica de que si compra productos de las islas vecinas deja sin trabajo a los que viven en su isla. En este caso Ud. se queda sin trabajo.

Imagina un diálogo con Axel y Ud. le dice: pero Axel, si importo ropa, peces y cocos es porque exporto más cocos. Para poder exportar más tengo que importar más por definición. Si entrego cocos a mi isleño vecino (exporto cocos) y el me entrega peces (importo peces) aumentan tanto mis exportaciones como mis importaciones. Los dos estamos mejor.

Pero Axel le insiste que su razonamiento es una ilusión óptica. Un invento de los liberales que conspiran contra su bienestar. Por definición si el isleño de vecino hace el intercambio es para perder. Ud. tiene que exigirle que si hacen el intercambio su vecino pierda. Y Ud. dice. Lo de Axel debe ser cierto. Después de todo es economista y progre. Los otros economistas como Cachanosky son unos liberales que disfrutan viendo a la gente en la pobreza, según me dicen los progres. Además siempre me traen malas noticias.

Mejor sigo los consejos de Axel y no intercambio mis cocos con la ropa, los peces y las bananas de las islas vecinas. Voy a proteger mi industria nacional. Mi fuente de trabajo. Y si el habitante de la isla vecina quiere hacer un intercambio me tiene que jurar que yo gano y el pierde.

Pero se queda pensando y dice: si Axel tiene razón, me sobran los cocos que no voy a comer y tampoco voy a intercambiar por bananas, peces y ropa. ¿Qué hago? De ahora en más solo voy a bajar los cocos que necesito.

Pero medita un segundo más y dice: ¿y para qué quiero la escalera si necesito solo cuatro cocos por día? Mejor la destruyo a ver si me entusiasmo y cometo el error de bajar más cocos y me fundo intercambiando bienes con los de las islas vecinas.

El tiempo pasó. Ud. volvió a treparse al cocotero con una cuerda, bajando solo cuatro cocos diarios. La choza volvió a romperse. La cama se fue rompiendo y terminó como el día antes de construir la escalera. Eso sí: ahora era soberano. No dependía para vivir de los buitres de las islas vecinas y podía cantar: este es mi proyecto nacional y popular.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Condenan a los buitres y no a quienes les dan de comer: los que gastan y se endeudan

Por Martín Krause. Publicado el /7/14 en: http://bazar.ufm.edu/condenan-a-los-buitres-y-no-a-quienes-les-dan-de-comer-los-que-gastan-y-se-endeudan/

 

Los fondos buitre han generado mucha polémica, con opiniones más bien encendidas que ilustradas. La Nación reproduce un artículo publicado en el diario español El País, de Hugo Sigman, quien firma como “empresario”, lo cual no habla bien de la comprensión que éstos tienen de la economía: http://www.lanacion.com.ar/1706248-los-fondos-buitre-una-plaga-globalBuitres

Vamos frase por frase:

“Tiempo después de que surgiera como modo de representar valor, el dinero comenzó a utilizarse como una mercancía más, y así trabajaban los primeros banqueros: recibiendo ahorros de los ciudadanos y prestándolo a cambio de un interés. Con el paso de los siglos, los gobiernos entendieron que estas actividades debían ser reguladas. Entonces los bancos, y luego las bolsas de valores y de materias primas, tuvieron que adaptarse a ciertas normas de funcionamiento, ratificadas tras la crisis de 1929 con el objetivo de prevenir nuevos crash de la economía.”

Comentario: Incorrecto, primero una mercancía fue utilizada como medio de intercambio. La moneda, además, no es “medida” de valor, el valor es subjetivo. El precio monetario refleja la interacción entre las valoraciones subjetivas de compradores y vendedores. Y no es que los “benévolos” gobiernos entendieron que los bancos debían ser regulados, sino que encontraron allí una fuente de recursos para cubrir sus gastos.

“En los años 80, en el contexto del ascenso del pensamiento ortodoxo, las presiones de los sectores neoliberales generaron modelos financieros no regulados: en 1985 surgió la International Swaps and Derivatives Association (ISDA), que se ocupó de establecer un contrato tipo para las operaciones de derivados, es decir, instrumentos financieros que cotizan en relación con un activo subyacente (el inversor no compra acciones, bonos o materias primas, sino que especula sobre la variación de los precios de esos activos; por eso se dice que el valor “deriva” del activo).”

Comentario: No fue ninguna “conspiración neoliberal” que dio origen a los derivados. Es que el capital siempre busca oportunidades, sobre todo donde no está cerrada la puerta por regulaciones. Es más que probable que quienes desarrollaron los derivados ni idea tenían de lo que es “neoliberal”, simplemente vieron la oportunidad de un negocio.

“Un tipo particular de derivados son los Credit Default Swap (CDS). Consisten en un convenio entre una parte A que, teniendo bonos soberanos emitidos por los Estados o empresas privadas, toma un seguro con otra parte B, para que, en caso de que el Estado o la empresa entre en suspensión de pagos, la parte B pague a la A el valor del seguro. En 2012, el monto de CDS era de 22,5 billones de dólares, equivalentes a una vez y media el PBI estadounidense. Al tratarse de una operación con derivados, ningún organismo público las controla y, por tanto, no se le impone al “asegurador” ninguna norma de solvencia. Los intentos por establecer algún tipo de regulación, como los realizados en el Congreso estadounidense en 1974 y 1978, siempre fracasaron.”

Comentario: Lo que controla estas operaciones son los contratos. Cada CDS es un contrato que debe cumplirse. Y si no, llévaselo a Griesa a ver qué pasa. La norma de solvencia es la que evalúa el comprador respecto a la solvencia del emisor, y/o del activo subyacente.

“Los fondos buitre utilizan habitualmente los CDS para sus operaciones especulativas. ¿Cómo operan? Cuando un país entra en suspensión de pagos, los buitres compran los bonos defaulteados al 10 o 15% de su valor. Algunos de los que tienen esos bonos los venden porque creen que es mejor recuperar algo que nada. Articulados con estudios de abogados muy expertos e importantes compañías de lobby, a veces con el apoyo de personalidades importantes, los buitres, radicados casi siempre en paraísos fiscales, lanzan juicios contra los países en default y rastrean sus activos por el mundo en busca de embargos que sumen presión.”

Comentario: Sin que sea su objetivo, los buitres cumplen una función. Como ante el default los acreedores se enfrentan ante un problema de “acción colectiva”, todos los acreedores tendrían incentivo a ser “free riders” de los esfuerzos de los demás. Si todos actúan de esa forma, nadie perseguiría la vía judicial y todos se resignarían a arreglar con quita. Solamente porque el premio es muy grande es que hay algunos que siguen ese camino. Los otros holdouts que no hicieron juicio son free riders de los buitres. Y los que entraron en el canje no deberían cobrar más, ya que no estuvieron dispuestos a seguir el largo e incierto camino del litigio. Tal vez sean éstos, los holdin, más perversos que los holdouts, si es que ahora quieren cobrar de nuevo.

“Los fondos buitre no aceptaron entrar en esa negociación. Compraron deuda argentina por 325 millones de dólares y están reclamando 3250 millones; es decir, 1000% de interés en siete años. Un juez de Nueva York ya ha determinado que al fondo buitre NML se le debe pagar el total al contado, e incluso ordenó al Banco de Nueva York, sede del pago a los acreedores que aceptaron reestructurar la deuda, embargar las transferencias y utilizar ese dinero para pagarle. Algunas versiones indican que, como suele suceder, el fondo buitre NML tenía CDS sobre los bonos argentinos. Se trata de un juego win win: si el fallo es positivo, cobra, y si hay default, también.”

Comentario: Esa es una acción común en todo negocio. Se trata de reducir el riesgo. Técnicamente se conoce como “hedging”. Por un lado se asume el riesgo de un bono, con la vaga probabilidad de cobrarlo, y por el otro se asegura en caso de no pago con un CDS. No cobra dos veces, sino que o es una o es otra. Es un servicio financiero esencial, muy común en todo tipo de mercados.

“Lejos de ser entidades abstractas, los fondos buitre tienen dueños y empleados, abogados y lobbistas, pero no son como las personas corrientes que cada día dedicamos buena parte de nuestro tiempo a estudiar, a la investigación científica, a la creación artística o a trabajar en el campo o en la ciudad. Viven lejos de todo eso, alienados, desconectados de la realidad, imaginando muy creativamente la mejor manera de multiplicar su dinero a través de productos financieros que dañan al conjunto de la sociedad. Podríamos decir, con Freud, que son psicóticos sociales.”

Comentario: Si fueran tan alienados de la realidad no se entiende cómo pueden haber tenido éxito. El señor autor empresario, ¿acaso no busca multiplicar su dinero?

“…Pero lo peor es que puede que nos acontezca si, como dice Felipe González, los países no establecen leyes de gobernanza internacional sobre el sector financiero, que permitan controlar el proceso creciente de financiarización de la economía que acentúa las desigualdades.”

Comentario: Hace falta leer algo de Public Choice si es que vamos a asumir que gobiernos benevolentes van a perseguir el bien común y para el beneficio de todos. Supuestamente son esos gobiernos los que nos van a cuidar de estos buitres, cuando fueron esos mismos gobiernos los que crearon y magnificaron el problema: primero gastaron por demás, luego se endeudaron, luego no pagaron y dieron origen a todo esto. ¿Esos son los que van a controlar si no pueden controlarse a sí mismos?

“Los fondos de cobertura, algunos de los cuales disponen de un capital superior al PIB de un país desarrollado, han capturado una parte importante del dinero que los bancos destinaban a la producción y a la creación de empleo, orientándolo en buena medida a operaciones de compra y venta de dinero. En 2008, algunos millonarios americanos encabezados por George Soros presentaron una ponencia en el Congreso estadounidense en la que advertían el riesgo que representan los fondos de cobertura para la economía mundial.”

Comentario: Parece que estamos de vuelta con la condena al interés de la Edad Media. Los escolásticos comenzaron ya a separarse de este asunto y la Iglesia finalmente lo abandonó a comienzos del siglo XIX.

“La solución inmediata no consiste en ejercer una crítica moral para que recapaciten. Lo más efectivo es aplicar lo que nos duele a todos: una fiscalidad que quite rentabilidad a este tipo de operaciones, una fiscalidad que debería pensarse globalmente de modo que los fondos especulativos no encuentren refugios en donde operar y prohibir que los bancos comerciales actúen como bancos de inversión tal como promulgó en 1933 el Parlamento de los Estados Unidos. Ningún país desarrollado con una deuda de entre el 80 y el 120% de su PIB, que es el peso de la deuda en la mayoría de los países de Occidente, puede pagarla sin ayuda, porque no genera el superávit fiscal necesario para eso.”

Comentario: ¿Alguna condena para esto? ¿Algún límite es propuesto para el gasto y el endeudamiento? ¿Qué tal si en vez de perseguir inversores se sanciona a quien gaste de más y a quien se endeude? Ups, pero esto es lo que ya hace el mercado….

Como una familia con una hipoteca que, si no ahorra, no puede afrontar los vencimientos, los países dependen de la confianza del mercado y de la renovación de los créditos para seguir funcionando. Así como tuvieron éxito con la Argentina, Perú, el Congo, Panamá y Grecia, cualquier país, aun los más desarrollados, puede ser una víctima de estos depredadores en el futuro.

Comentario: La conclusión y la enseñanza debería entonces ser: no gasten de más, no se endeuden.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).