LIBERALISMO CLÁSICO, CRISTIANISMO E ISIS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 31/7/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/07/liberalismo-clasico-cristianismo-e-isis_31.html

 

Los liberales clásicos y los libertarios siempre hemos sido partidarios de la libre entrada de capitales y de personas. Es una de las enseñanzas claves de Ludwig von Mises. Por ende siempre fuimos partidarios de la libre inmigración (de la libre emigración también, dado que últimamente no hay naaaaaaaaaaaaaaaaaaada que no tenga que aclarar……………………………….). Está en la esencia de los derechos individuales y es parte fundamental del libre mercado. Pero frente a los últimos acontecimientos que son de dominio público, frente al ISIS entrando a todos lados NO como un ejército, sino disfrazados de turistas cual mansas palomitas………….. ¿Qué queda de nuestra postura?

Esto es una ensalada de cosas que hay que aclarar y distinguir.

  1. Estamos hablando de estados-nación.

Muchos libertarios me van a decir que en una free-city no se puede entrar a la propiedad privada sin autorización del dueño. Pero me van a disculpar, estoy hablando del mundo actual, quelamentablemente derivó en los estados-nación actuales. Es allí donde proponemos que no haya aduanas y libre ingreso. Los que hemos estudiado a Mises incorporamos en el debate su distinción entre estado y nación, bien explicada en Liberalismo(1927) y Nation, State and Economy (1919), y que fue su solución cuando vio disolverse a su Imperio Austro-húngaro:nación como cultura unificada por un lenguaje, estado como unidad administrativa inter-cultural. Allí que él proponía la convivencia pacífica de naciones diferentes bajo un mismo estado. Eso no fue una utopía. Espontáneamente sucedió en los EEUU originarios y en la Argentina de fines del s. XIX, por ejemplo.

  1. Derechos in abstracto e in concreto.

Pero los derechos individuales tienen una definición in abstracto y, a la vez, una vida jurídica in concreto. Por eso siempre hay que ver la circunstancia histórica desde la que hablan los autores y por eso siempre he explicado desde dónde hablaba Mises. A parte de eso, lo que quiero decir es que todo derecho individual tiene una definición in abstracto (por ejemplo, la definición de libertad religiosa que da el Vaticano II) que funciona siempre como ideal regulativo (como aquello a lo cual la circunstancia histórica tiene que ir) pero, a la vez, vive concretamente en circunstancias jurídicas que, ya sean Common law (Hayek) o codificación, les marcan límites que siempre serán discutibles: lo importante es extender esos límites al ideal regulativo (como el proceso de mercado tiende a la coordinación total, SIN alcanzarla nunca).

Ahora bien, en ese sentido, si un derecho individual se enfrenta con una circunstancia histórica donde tiene jurídicamente un límite, el liberal clásico debe entender (hermenéuticamente) dicha circunstancia sin escandalizarse. Lo importante es que señale el ideal regulativo. Por ejemplo, si alguien dice que su libertad religiosa incluye el derecho a casarse con una niña de 8 años, lo lamentamos pero no: en el derecho de menores concreto de varios países, eso está prohibido y está muy bien. Nuestro conocimiento es limitado y por eso mismo está muy bien NO incurrir en un relativismo total y seguir las tradiciones de moralidad que nos parezcan correctas, jurídicamente concretadas, atendiendo siempre al harm principle de Mill.

Siguiendo esta misma línea, si por una guerra de terrorismo, como la que ISIS ha declarado, el derecho a la inmigración sufre alguna restricción, que la sufra. Podemos declarar abierta la frontera PERO lamentablemente podemos pedir pasaporte, antecedentes penales y visado únicamente a los que vengan de ciertos países, por ejemplo. Es lamentable pero no queda otra. Es la circunstancia que enfrentamos y que Dios nos juzgue.

  1. El terrorismo y el debido proceso.

Pero en esto se mezcla otro tema. Ante el terrorismo, sea islámico, ETA, ERP, Montoneros, Brigadas Rojas, etc., surge una pléyade de personas pidiendo el fin del debido proceso. La administración Buch ya lo hizo (siendo este el ejemplo más trágico de traición al Bill of Rights) ya lo hizo con la Patriot Act. Muchos argentinos en su momento apoyaron el método que propuso el Proceso y algunos aún lo siguen defendiendo. Ante eso volvemos a decir: no. La guerra NO da derecho a extra-limitarse en la legítima defensa. Por lo demás, una república democrática NO está indefensa: cuenta con recursos constitucionales ante situaciones de emergencia. La Constitución argentina de 1853, aunque violada e ignorada eternamente, establece las condiciones del estado de sitio, que NO incluye el asesinato, tortura o desaparición del enemigo. Claro, estamos hablando de las funciones de defensa militar del estado ante una guerra, que está en sus funciones legítimas, aunque ahora, en un país como el nuestro, totalmente inoperable. Las fuerzas armadas argentinas NO tienen ninguna capacidad operativa…

  1. El islam.

Por lo demás, volvemos a decir que no hay que demonizar a ningún grupo en general. Tampoco nadie de nosotros, creo, y yo menos, es experto en Sagradas Escrituras para afirmar que el Corán debe tener una interpretación necesariamente violenta. Claro, cualquier cosa se puede interpretar desde la violencia.Los grupos radicalizados de los teólogos de la liberación lo hicieron con las Escrituras Cristianas y nunca han pedido perdón. Así que el fanatismo religioso es una cosa y la religión, otra, y por lo demás, yo siempre diré del Islam lo que dice el Vaticano II en la Nostra aetate y nada más (ni nada menos). Lo que siempre agrego es: son ustedes, hermanos islámicos, los que deben ir hacia la libertad religiosa y la distinción entre Iglesia y estado (sana laicidad). Son ustedes los que deben recorrer el mismo camino intelectual que recorrió el Catolicismo hasta terminar en el Vaticano II. Nosotros, los liberales católicos occidentales, NO lo podemos hacer por ustedes. Pero: si lo hicieron, no parece. Y si no lo hacen, los que NO van a sobrevivir son ustedes.

  1. Europa y su des-cristianización.

Pero la Europa envejecida, indefensa, tonta, que vemos en este momento, no es fruto del Islam, sino de una ideología iluminista, anticristiana radical, que parece no aprender de sus errores. Europa tiene raíces cristianas. Negarlo conduce a su propia desaparición. Afirmarlo NO es caer en integrismos o clericalismos, NO es volver al Sacro Imperio. Es llegar naturalmente al Vaticano II, con libertad religiosa y distinción entre Iglesia y estado; es llegar a los discursos de Benedicto XVI en el parlamente inglés y alemán. Si dejaran de leer a Marx por un momento y leyeran todo eso, se enterarían de lo que hablo. Pero un reconocimiento de las raíces cristianas de Europa tiene que ser algo más que una declaración: tiene que ser un cristianismo que legítimamente reclame las libertades individuales del liberalismo clásico para afirmar su derecho a la libertad de enseñanza, de expresión, de asociación, sin ningún estado central que imponga las ideologías del género y la disolución obligatoria de las prescripciones cristianas sobre el matrimonio y la familia. Mucho sexo, droga y rock and roll han hecho olvidar el orden verdadero: matrimonio, sexo e hijos, en ese orden. Muchos casamientos, mucho sexo en el matrimonioy muchos hijos. Y por ende padres no imbéciles que sepan educar a sus muchos hijos en esos valores. De lo contrario, sí: esta Europa envejecida terminará siendo culturalmente superada por los pueblos que han sabido mantener el valor de los hijos. Así de simple.

  1. Conclusión.

 

Ni el liberalismo clásico es una utopía indefensa ante el terrorismo de ISIS ni el Cristianismo es hoy lo que son muchos cristianos adormecidos. La Iglesia, por lo demás, es indefectible para los creyentes; siempre ha respirado de la sangre de sus mártires y siempre ha sobrevivido a la vergüenza de muchos de sus miembros. Pero las civilizaciones, como tales, no son indefectibles. Occidente, ese maravilloso encuentro entre lo griego, lo romano y lo cristiano, puede desaparecer, por el olvido de sí mismo, por la banalidad y estupidez de sus supuestos líderes. Hoy, no sabemos qué pasará. Depende de nosotros. De todos nosotros.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

UNA CONVERSACIÓN PECULIAR

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Me refiero al libro titulado El diálogo. El encuentro que cambió nuestra vida sobre la visión de la década del 70, editado en Buenos Aires por Sudamericana en el año que corre de 2015 donde se consignan las conversaciones entre Graciela Fernández Meijide y Héctor Ricardo Leis con la coordinación de Pablo Avelluto. Como es sabido, los contertulios son una madre a la que el gobierno militar de entonces secuestró y mató a uno de sus hijos y un ex miembro de la banda Montoneros.

 

Personalmente he escrito en varias ocasiones sobre los procedimientos militares en la guerra antiterrorista a través del secuestro, la tortura, la exterminación y el robo de hijos de los capturados, todo inadmisible para cualquier persona con un mínimo de decencia, por un lado, y la responsabilidad que le cabe a los guerrilleros que iniciaron las matanzas y masacres a diestra y siniestra de civiles indefensos y blancos variados y en muy diversos frentes, al tiempo que se aplicó y se aplica una grave hemiplegia moral y una justicia tuerta al condenar a los primeros y eximir a los segundos de lo que les cabe en esta tragedia superlativa.  Leis explica que “Los intelectuales de izquierda siempre estaban en contra de la violencia del Estado contra los guerrilleros. Pero de la violencia de los guerrilleros contra el Estado no decían nada […] A nadie le interesaban las leyes de la guerra ni a nosotros ni a los militares. Cuando tenías secuestrado a alguien, si te pedía que aplicaras la Convención de Ginebra te morías de risa”, tema sobre lo que Fernández Meijide recuerda que “en la época de las Brigadas Rojas a Dalla Chiesa [general italiano] le habían propuesto torturar detenidos como un modo de obtener información sobre el secuestro de Aldo Moro y declaró que Italia podía sobrevivir a la pérdida de Aldo Moro pero que no iba a sobrevivir a la introducción de la tortura”.

 

De entrada subrayo una vez más la actitud criminal de la tortura sobre lo que escribí la última vez en “La Nación” de Buenos Aires en un largo artículo titulado “Ninguna causa justifica la tortura”, el 23 de julio de 2007 donde aludí al abuso monstruoso que significa y destacaba el valor de cada persona que, como se ha dicho, nunca puede utilizarse como medio para los fines de otros con la pretensión de sonsacar la información que fuere (que, además, como escribe César Beccaria, no es confiable) al tiempo que reflexionaba sobre lo improcedente de pretender el establecimiento de normas compatibles con el derecho en base a life boat situations  y citaba la opinión de Michael Ignatieff en cuanto a que para evitar todo debate sobre si se recurre o no a la tortura, los respectivos procedimientos e interrogatorios deben ser filmados y archivados en organismos de auditoría.

 

Fernández Meijide, refiriéndose a los militares,  concluye que “Podrían haber hecho un juicio y nos hubieran puesto en un gran problema a los organismos de derechos humanos. Hubiéramos tenido que poner abogados para defender el derecho de un grupo de personas a ingresar al país con armas para llevar adelante acciones subversivas. ¿Como hubiéramos hecho? Nos hubieran deshecho políticamente. Y en lugar de hacer eso, los liquidaron prácticamente a todos”; así es, el juicio y el proceder a cara descubierta no hubiera generado las tremendas consecuencias morales que tuvieron lugar. Si no fue posible con la Cámara Federal en lo Penal debido al ataque a mansalva a sus miembros y al bloqueo del gobierno peronista, por lo menos había que haber establecido juicios en la jurisdicción militar en base al debido proceso y consecuentemente con las necesarias garantías procesales. En una línea argumental equivalente, dejando de lado otros aspectos reprobables, es pertinente citar la muy oportuna advertencia del general Lanusse dirigida a sus camaradas de armas el 29 de diciembre de 1970: “En la lucha contra el enemigo subversivo debe evitarse la fácil tentación de emplear los mismos métodos que los terroristas, ya que ello deterioraría gravemente la eticidad de nuestra posición y destruiría el fundamento de nuestra lucha”.

 

Leis elabora sobre la violencia a la que incitaba Perón que era “un ejemplo de fomento al odio” y “Entonces no veíamos los contenidos fascistas dentro del peronismo” y “Después del asesinato de Aramburu, Perón coqueteaba con la idea de la guerra revolucionaria y lanzó la consigna del Socialismo Nacional. Cualquier parecido con el nacionalsocialismo no lo registramos” puesto que antes que nada “el peronismo es violento”. Leis en su origen  comenzó “en la Juventud Comunista y después, en el Partido Comunista” que “se dio en simultáneo con la Revolución Cubana” y “en la universidad comencé a leer, me pasaron textos y me convertí al marxismo y el deseo de la Revolución, atrapado por una facilidad romántica”. Por su parte, Graciela Fernández Meijide apunta sobre los guerrilleros que “muchos de esos jóvenes de clase media y media alta provenían de familias católicas. Hay que sumar el surgimiento de la Teología de la Liberación. Antes de ese momento, en los 60, existían los curas obreros” a lo que Héctor Leis adhiere al destacar que “Los Montoneros eran católicos conservadores unidos con izquierdistas marxistas”. En todo caso, Leis enfatiza que “Cuando me miro a la distancia no me reconozco. Eso es justamente porque hice cosas que no podía explicar […] cuando pusimos las manos en la masa, en la violencia, la estética y la ética desaparecieron […] Nos fuimos brutalizando […] El ERP se dedicaba a asaltar cuarteles y los montoneros a matar gente, secuestrar y robar dinero”.

 

Fernández Meijide recuerda que a los tres días de asumir Alfonsín dictó dos decretos “uno pidiendo el procesamiento de las cúpulas de las organizaciones guerrilleras y en el otro el de las cúpulas militares” lo cual en parte se descompuso con las leyes de punto final y obediencia debida y, mucho peor, con los indultos del menemato lo cual permitió que muchos miraran para otro lado hasta su abrogación para entrar en la faz de la justicia tuerta a la que nos referimos más arriba.

 

Continúa Graciela Fernández Meijide en referencia a los perseguidos por las Fuerzas Armadas que “Nos está faltando reconocer que la mayoría era militante, que en buena parte eran combatientes y que las consecuencias de todo esto fueron brutales” a lo que responde Leis recordando que “Hubo muchísimos intelectuales que en esa época también incentivaron la lucha armada y no se dieron por aludidos […] Hay un oportunismo y un cinismo terribles en esta cuestión” y que, a su criterio, “Firmenich es igual a Videla. Porque ninguno de los dos se hace cargo de lo que hizo. El problema está en las conducciones que piden que el otro bando se haga cargo de todo. Como si no hubiera habido errores y crímenes contra la humanidad en ambos lados”.

 

Hago un paréntesis o una digresión para decir que hay una frase de Leis que contiene una idea muy cara a nosotros los liberales y es cuando se refiere a la “ilusión según la cual todos somos iguales. Es la mentira populista. Somos iguales desde el punto de vista de la ley pero en el resto de las cosas de la vida no somos todos iguales”. Más claro imposible, con el agregado de que en un mercado abierto los que quieren mejorar patrimonialmente deben servir a sus semejantes: los que aciertan en sus necesidades ganan y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencia de los pseudoempresarios que en cópula hedionda con el poder explotan miserablemente a los demás a través de prebendas y canonjías varias con el apoyo logístico de organismos perversos como el FMI y el Banco Mundial que operan con recursos succionados al fruto del trabajo ajeno. Las diferencias de ingresos en una sociedad abierta dependen de los votos diarios de la gente en el supermercado y afines.

 

El jugoso diálogo inserto en este libro da para muchas otras reflexiones pero no hay espacio en una nota periodística. Termino con una anécdota que he relatado en otras ocasiones. Como rector de ESEADE, uno de mis invitados fue Henri Lepage que cuando recibió la invitación me respondió que no la aceptaba en vista de las torturas que tenían lugar en la Argentina. Enfrascado en mis críticas a la política económica del gobierno militar que se consignaron en los medios de la época y concentrado en mis faenas docentes, daba por sentado que el combate al terrorismo se llevaba a cabo por canales normales, en ese entonces no me percaté de lo que venía sucediendo y le contesté de inmediato al profesor francés que lo que decía era infundado. Lo convencí y finalmente dictó sus conferencias entre nosotros y manifestó que por lo que pudo ver e informarse estaba “completamente equivocado”. Al tiempo de su regreso a París -por aquello de noblesse oblige– le escribí nuevamente pidiendo perdón puesto que él tuvo razón en su opinión original.

 

Ganar batallas en el terreno militar y perderlas en el terreno moral conducen a resultados muy perjudiciales a los ojos de la civilización, por más que como ha escrito Jorge Masetti en El furor y el delirio “si hubiéramos ganado, el continente se hubiera convertido en un río de sangre” debido a “la gran barbarie que significó el comunismo cubano”.  Cuando me informé de los procedimientos criminales de los militares en el combate a los terroristas tuve una crisis feroz que me revolvió las tripas y, como dije en otra ocasión, me produjeron náuseas en sentido literal, porque una cosa es discutir acaloradamente sobre las equivocaciones gruesas en materia de política económica (incluso la irresponsabilidad canallesca del gobierno militar de entonces por la guerra de las Malvinas) y otra es recibir un cachetazo en pleno rostro por haberse abandonado las bases más elementales de la conducta moral.

 

Cierro finalmente al dejar nuevamente constancia de mi plena coincidencia con el tres veces candidato presidencial estadounidense Ron Paul y el Juez Andrew Napolitano del mismo país, en cuanto a que Edward Snowden es un héroe al poner al descubierto las inmundicias de los aparatos de inteligencia del llamado mundo libre con el pretexto de combatir el terrorismo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.