“Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente”

Entrevista a Carlos Rodriguez Braun, por Javier Labiano. Publicada el 11/12/19 en: http://www.twecos.com/2019/12/11/entrevista-carlos-rodriguez-braun-2/

 

¿Es complicado divulgar conocimientos económicos sin faltar al rigor académico? 

La clave está en entender al público, tener claro a quién se está hablando en cada momento. Lo que no se puede hacer es mezclar las cosas y hablar, por ejemplo, en un seminario de economía de la universidad como lo harías en la radio. Son públicos distintos y hay que utilizar lenguajes diferentes. De cualquier manera, la idea de que la divulgación no puede ser rigurosa me parece falsa.

¿La última crisis nos ha obligado a todos a saber un poco más de economía?

Un amigo argentino siempre dice que la inflación convierte a un país en una inmensa facultad de ciencias económicas. Y, efectivamente, la adversidad fuerza a uno a formarse mejor en economía que si viviera en un país apacible en el que nunca hubiera ningún sobresalto. Así que, efectivamente, creo que la crisis nos ha ayudado. Además, en general, yo diría que en los casi 43 años que llevo viviendo en España el nivel de conocimiento en economía de la población ha aumentado claramente.

¿Cuáles están siendo los efectos más positivos de la globalización?

Lo que ha pasado es bastante evidente, aunque algunos se resisten todavía a entenderlo. La caída del Muro de Berlín lanzó una ola de libertad en todo el mundo y eso es a lo que llamamos globalización. El principal enfrentamiento político, que venía durando décadas, desde finales de los años 40, desapareció porque entró en crisis el comunismo. Y esa mayor libertad dio lugar a una espectacular ola de prosperidad. Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente. Las cifras son impresionantes: cientos de millones de personas dejaron atrás la pobreza extrema. Es cierto que la mayoría de ellos en África y Asia. Como a veces no los vemos parece que no existen, pero sí que existen y es un grandísimo resultado de la globalización.

La globalización también habrá tenido efectos negativos….

Las ideas antiliberales, que algunos ingenuos pensaron que iban a desaparecer en 1989, cuando cayó el Muro, han sobrevivido. Y, de hecho, en los últimos tiempos están experimentando un renacimiento. Es decir, que la globalización ha tenido también como efecto una resistencia a la propia globalización. Esto se ha producido desde diferentes ángulos. Hemos visto como en los últimos años, sobre todo después de la crisis, dos movimientos arrecian, tanto el nacionalismo populista proteccionista como el viejo socialismo anticapitalista. Ambas corrientes son muy contrarias a la globalización.

Hablemos del ámbito empresarial. ¿Se han acostumbrado las compañías españolas a cruzar fronteras?

Ha habido una evolución importante en este tema. Si hay una señal que ha caracterizado a la empresa española en el último medio siglo es la internacionalización. Este proceso ha sido facilitado por la globalización y ha ayudado mucho a la economía. Uno lo detecta en todos los niveles empresariales. En los grandes es muy evidente, pero también hay pequeñas y medianas empresas españolas que se ven en cualquier rincón del mundo.

Las exportaciones ayudaron a muchas empresas a remontar el vuelo después de la última crisis. ¿Sucederá lo mismo en la siguiente?

La verdad, no lo sabemos. Así como la globalización que sucedió a la caída del Muro de Berlín supuso una ola de libertad, la situación que tenemos actualmente puede suponer un paso atrás. El presidente de Estados Unidos está alabando el proteccionismo, y está el Brexit y el auge de los populismos. Es posible que la nueva crisis nos pille con un aliento más proteccionista que antes. Esta es una de mis grandes inquietudes, sino la mayor. La libertad y apertura permite sortear las crisis con menos daño, pero cuanto más te cierras más te pueden golpear los ciclos económicos adversos.

¿En qué cree que terminará la actual ralentización económica?

No sabemos lo que va a pasar, pero podemos intuir que viene una desaceleración económica. Los indicadores así lo sugieren. Hemos repetido errores del pasado, con una expansión monetaria muy irresponsable en todo el mundo; y, al mismo tiempo, nuestros gobernantes no han sido austeros, a pesar de lo que se nos ha dicho. Nos encontramos con una gran diferencia respecto a la crisis anterior, en la que el nivel de endeudamiento del sector público era relativamente bajo. En los últimos 10 años, mientras el sector privado se desendeudaba, la deuda pública ha explotado en muchos países, empezando por el nuestro. En 2007 era inferior al 40% del PIB, y ahora está en el 100%. La próxima crisis nos va a encontrar con una situación más débil, ya que el endeudamiento tendrá un margen de crecimiento menor.

En este contexto, ¿de qué dependerá el comportamiento de los mercados financieros en 2020?

Sobre todo, de lo que pase con la política monetaria. Es verdad que lo más importante es la actividad económica, pero la clave estará en la política monetaria porque hemos tenido los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo. Las tensiones y la volatilidad que estamos viendo en los últimos tiempos se deben a eso, a la incertidumbre de lo que va a pasar y, al mismo tiempo, al convencimiento de que esta situación no puede durar.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la última crisis?

El seguro es una gran institución, una de las más antiguas de la economía, cumple un papel muy importante y sospecho que éste va a ser aún mayor en el futuro. En particular, los seguros relacionados con el comercio exterior y con el crédito a la exportación porque, a pesar de las fuerzas proteccionistas, hemos vivido una época de gran apertura internacional que, espero, no se revierta.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

CAMBIO DE CICLO

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/10/19 en:  https://www.sotograndedigital.com/2019/10/01/cambio-de-ciclo-por-carlos-rodriguez-braun/

 

Ahora que llega el otoño, y empieza a llover en Sotogrande, podemos reflexionar sobre otro tipo de precipitación: ¿estamos cerca de un cambio en el ciclo económico o a las puertas de una crisis?

Habrá quien proteste por la pregunta, alegando que no podemos estar próximos a un colapso cuando aún no hemos superado plenamente el anterior. Sin embargo, se trata de una percepción errónea, porque en realidad la economía española lleva seis años creciendo, y a bastante buen ritmo. Dejamos atrás la crisis en el año 2013.

Carlos Rodríguez Braun

Y tampoco es cierto que, considerando que no todos los indicadores son mejores que los registrados en 2007, entonces hay que concluir que seguimos atrapados en la última gran caída de la actividad económica. Recordemos que ese año marcó el final de un ciclo notablemente prolongado de expansión, iniciado en 1993. Por fin, esas percepciones equivocadas son relativamente frecuentes, y operan en los dos sentidos, tanto en las expansiones como en las recesiones.

Sea como fuere, y dando por sentado nuestra completa e inerradicable ignorancia sobre qué sucederá en el futuro, lo que sí podemos constatar es que el ritmo de crecimiento de la economía española se está desacelerando. Los indicadores son a estas alturas suficientes como para afirmarlo, en términos de actividad, empleo y comercio exterior.

La situación internacional tampoco es halagüeña, no solo por el freno de varias economías en Europa y fuera de ella, sino también por la incertidumbre que afecta a tres campos importantes: el Brexit, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y la política monetaria.

Es verdad que tales incógnitas pueden despejarse de manera positiva, pero no lo veo probable, especialmente en el caso de los bancos centrales, cuyas políticas han sido a mi juicio demasiado expansivas durante demasiado tiempo. Esto rara vez termina bien.

Por lo tanto, conviene que nos preparemos para un nuevo escenario con más dificultades, o incluso un cambio de ciclo. Si nuestros gobernantes fueran precavidos, lo que estarían haciendo ahora es bajar gastos e impuestos y flexibilizar los mercados, para amortiguar cualquier golpe negativo en ciernes. No lo están haciendo, y, lo que es peor, no está nada claro que lo vayan a hacer en el futuro.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Google no puede ser Dios

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/4/18 en: http://elpais.bo/google-no-puede-ser-dios/

 

No recuerdo quién dijo que “pedirle al Estado que resuelva un problema es pedirle al zorro que cuide a las gallinas”, pero es verdad, absolutamente verdad, aunque no lo crea. Desde muy pequeños –por la televisión y en los colegios- los gobernantes nos han saturado con propaganda y “explicaciones” sobre las buenas cosas que harán y lo bien que nos gobernarán… pero, en realidad, hacen lo contrario.

Parece que la Comisión Europea ha renunciado a sugerir leyes para “proteger de injerencias los procesos electorales”, confiando en la autorregulación en las redes sociales en lo que a “Fake news” -noticias falsas- se refiere. Pero hete aquí que fueron precisamente los políticos quienes iniciaron estas falsedades. Así que resultaría irónico que pretendieran cuidarnos de ellas.

La Comisión se sintió forzada a tratar el tema debido a la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y las campañas de desinformación rusas hacia las repúblicas bálticas. Quizás el mejor chiste lo dijo un eurodiputado centro derechista español: “Las noticias falsas son un instrumento que usan los enemigos de la democracia”, afirmó cuando estas noticias fueron iniciadas por sus colegas políticos elegidos, precisamente, en un proceso democrático.

Ahora, quizás lo más preocupante es que esta campaña contra las “fake” ha sido amplificada por muchos medios de prensa cuando las medidas que podrían tomar los gobiernos implican cercenar la libertad de expresión. Se diría que algunos medios no quieren la competencia de las redes sociales. Tanto la han amplificado que de una encuesta resultó que el 83% de los encuestados dice que las noticias falsas son un peligro para la democracia.

Por suerte, buena parte de la opinión pública se mantiene clara y ha presionado contra estas medidas al punto que en la Comisión han dicho que “No queremos que se nos acuse de querer ser un ministerio de la verdad… que diga: vamos a decir que es cierto y que falso”. Pero dada tanta presión, sumada a la de algunos tribunales, Google se ha sentido forzada a tomar algunas medidas.

El “reconocimiento jurídico” del derecho al olvido en Europa tiene su origen en 2011, cuando Google defendió ante la Audiencia Nacional española su negativa a cancelar datos de personas que consideraban que las referencias que el buscador arrojaba lesionaban su dignidad. La multinacional sostenía que eliminar o alterar los contenidos supondría la pérdida de “objetividad” y “censura”.

Desde 2014, Google ha recibido en los países de la Unión Europea más de 650 mil solicitudes para retirar más de 2,4 millones de direcciones de Internet, de las que ha cancelado alrededor de un millón, es decir, que atendió alrededor del 40% de los casos. Pero esto es pedirle Google que juegue a Dios decidiendo que es verdad y qué no.

Los rumores falsos, y los malentendidos, son parte de la vida humana. Todos los hemos sufrido, aunque solo sea a nivel social dentro de nuestra comunidad y, sin embargo, seguimos viviendo. Los que tienen la conciencia tranquila sabiendo que actúan con honestidad, sinceridad e intentando el bien común, duermen despreocupados. Cada uno es responsable de sus actos, y sabe con qué personas se junta y qué datos entrega. Pedirle al zorro que cuide el gallinero, es muy peligroso, es pedirles a los políticos que solo podamos conocer aquellas noticias -y del modo- que ellos quieren.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El origen de las mayores trifulcas

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

En realidad las disputas humanas comenzaron con la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra, seguramente con Adán y Eva que se echaron recíprocamente la culpa o con Caín y Abel, pero en lo que se refiere a las relaciones entre distintos pueblos, el nacionalismo juega un rol preponderante. Con razón ha dicho Mario Vargas Llosa que “el nacionalismo nos ha llenado de guerras” y Albert Camus ha escrito que “amo demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

 

El nacionalista es un ser acomplejado que debido a su vacío existencial se asimila al esperpento del “ser nacional” y otras sandeces por las que siempre considera que lo de su país es un valor y lo del extranjero un desvalor. En realidad, la única razón por la cual el globo terráqueo está dividido en países es para evitar los abusos de un gobierno universal. La subdivisión a su vez en provincias y municipios es para fraccionar aun más el poder. Indudablemente el mundo está complicado pero hay que mirar el contrafáctico e imaginarnos como sería si cualquiera de nuestros políticos tuviera poder sobre todo el planeta. No hay que tomarse las fronteras en serio como si fuera atractivo construir cercas impenetrables para evitar la competencia de bienes de una mayor calidad y un precio más bajo, incluyendo en primer término libros, obras de arte y músicas de diverso tenor y origen.

 

Por ejemplo, uno de los blancos preferidos de la gestapo en las aduanas son las obras de arte sin percatarse, entre otras cosas, que con ese criterio tribal no existirían museos cosmopolitas con lo que se privaría a aquellos que no pueden viajar del disfrute correspondiente.

 

Una cosa es el afecto por el lugar donde nacimos y donde nacieron nuestros ancestros y otra bien distinta es batallar contra lo extranjero. Hay cristianos  que en misa cantan lo de “toma mi mano hermano” pero pierden la paciencia y se exaltan hasta la obnubilación cuando se trata de abrir fronteras y alimentar la cultura al contrastar con otros orígenes, para no decir nada cuando hay un conflicto de cómo trazar un mapa.

 

Incluso en el comercio internacional pacífico y voluntario se recurre a terminología militar al decir que tal o cual producto “nos invade” como se si se tratara de un ejército de ocupación en lugar de simplemente una mercancía más barata y mejor que la gente prefiere pero hay que bloquear.

 

Las trifulcas entre los humanos son muy variadas y responden a distintas causas pero, según Bertrand de Jouvenel las trifulcas gordas y generalizadas comenzaron con la contrarrevolución francesa. Allí se comenzó a extrapolar la divinización de la monarquía a la divinización de la idea de nación. Allí se dio origen a la idea de servicio militar como parte del “ejército en armas de la nación”. Allí se comenzaron a destruir los derechos de las personas bajo el paraguas de “la soberanía nacional” en lugar de comprender que la soberanía reside en el individuo y que el aparato estatal es su empleado solamente para que proteja sus derechos.

 

Entre muchos otros autores de peso,  de Jouvenel marca la diferencia radical con  la revolución norteamericana en la cual se puso de relieve la antedicha jerarquía de los derechos individuales y que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. En realidad esa era la idea de unos pocos al redactar la Declaración de los Derechos del Hombre en el inicio de la revolución francesa. Mercier de la Riviere, Pierre du Pont de Nemours y, sobre todo, Emmanuel-Joseph Siéyes, resaltaron los derechos de propiedad y la noción de la igualdad ante la ley.

 

Más aun, la redacción original de Siéyes rezaba así: “Aunque los hombres no sean todos iguales en los medios que poseen, es decir, por sus riquezas, por su inteligencia, por su vigor etc. no hay nada que los fuerce a no ser tampoco iguales en derechos. Ante la ley, un hombre vale tanto como otro; la ley protege a todos sin distinción”. Como es sabido el artículo finalmente quedó redactado de la siguiente manera telegráfica en la primera parte de su primer artículo: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” (y el artículo 17 se refiere a la propiedad como “derecho inviolable y sagrado”). Todo eso quedó arrasado en la práctica de la contrarrevolución y se endiosó a la nación, en algunos casos con poderes aun mayores que los de la monarquía.

 

También antes he escrito en una revista académica chilena (Estudios Públicos) sobre algunos criterios trasnochados del nacionalismo que en parte reproduzco aquí. Los partidarios del nacionalismo hacen aparecer a la nación como algo natural cuando en verdad constituyen inventos impuestos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras, las que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña o de movimientos geológicos. Sin embargo, los nacionalistas afirman que las naciones tienen un lenguaje, una etnia, una historia y una religión común, lo cual, siempre según este criterio, haría que la formación de naciones sea producto de un &”devenir natural&”.

 

Canadá o Suiza, por ejemplo, son naciones en las que sus habitantes no comparten un idioma común. En América Latina se comparte el mismo idioma y sin embargo constituyen varias naciones. El lenguaje es fruto de un proceso de evolución espontánea. Los idiomas más difundidos no fueron diseñados ni inventados por nadie (casos como el esperanto han resultado un fiasco para la buena comunicación). El lenguaje resulta esencial para pensar y para trasmitir pensamientos y los diversos idiomas y dialectos provienen de troncos comunes que son también fruto de las más variadas combinaciones. Los diccionarios son libros de historia que se modifican por neologismos y usos que responden a los requerimientos de millones de personas que, al interrelacionarse, van forjando formas de comunicación que consideran útiles.

 

La raza es por cierto una idea bastante resbaladiza. Igual que el idioma procede de troncos comunes y las combinaciones y mezclas son muchas. Dobzhansky, el padre de la genética moderna, sostiene con Darwin que cada clasificador tiene su propia clasificación de raza. Sostiene que las razas son estereotipos, son abstracciones difíciles de concretar. Se ha confundido también la idea de raza con el lenguaje. Este es el caso de los que señalan la raza aria como el paradigma de la pureza, sin percibir que fue Max Müller quien originalmente sugirió la expresión “ario” para designar a lo que era primitivamente el sánscrito en la India utilizado por un pueblo cuyos habitantes se conocían con el nombre de aryos. Müller señala que “En mí opinión un etnólogo que hable de raza aria, sangre aria, ojos arios se hace tan culpable de un pecado tan grande como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”. Este término “ario” para designar esa lengua fue el que sustituyó a las llamadas indo-europeas que más adelante se denominaron indo-germánicas resultado del entronque del sánscrito con el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas.

 

Otras veces se pretende basar el análisis racial en la sangre. Así se habla de la “comunidad de sangre”. Pero, como es sabido, la sangre está formada por glóbulos que se encuentran en un líquido llamado “plasma”. Estos glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes) y el plasma es un suero que se compone de agua salada y sustancias albuminosas disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos (aglutinógeno) con otra que contiene el suero (aglutinina) da como resultado cuatro grupos sanguíneos. Estos cuatro grupos sanguíneos se encuentran distribuidos entre las más diversas personas.

 

Se ha sostenido que la raza puede definirse por el color de la piel. Pero como esto es básicamente el resultado de un proceso evolutivo en gran medida ligado a factores climáticos, descendientes de un blanco que estén ubicados durante un período suficientemente prolongado en un lugar propicio tendrán una dosis distinta de melanina en la epidermis y, por ende, se convertirán en negros. Blanco, negro y amarillo son el resultado de la pigmentación de la piel.

 

También se ha confundido raza con religión, especialmente en el caso de los judíos. Como se ha dicho, es tan difícil la definición de la raza semita que en los campos de concentración nazis se tatuaba y rapaba a las víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por eso es que Hitler finalmente repetía que “la raza es una cuestión mental”. He aquí la clave del asunto: el polilogismo racista, calcado del polilogismo clasista de Marx.

 

El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principio: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que aparezca una tendencia a la historia común.

 

Ya antes hemos puesto de manifiesto la barrabasada de la llamada “protección a la industria incipiente”. En primer lugar, no es protección sino desprotección de los consumidores puesto que los aranceles significan mayor erogación por unidad de producto por lo que los productos se reducen, con lo que también lo hace el nivel de vida.

 

En todo caso se trata de proteger a pseudoempresarios que viven a expensas de la gente en alianza con el poder político al efecto de contar con un mercado cautivo. Si el proyecto en cuestión arroja pérdidas durante los primeros períodos y se conjetura que las ganancias futuras más que compensará aquellos quebrantos, si esto es así (si las pérdidas se mantuvieran no vale la pena seguir conversando sobre el asunto), entonces es el empresario quien debe financiar las diferencias iniciales y no pretender endosar el costo sobre los consumidores a través del arancel. Si el  empresario no contara con los recursos suficientes deberá conseguirlos en el mercado local o internacional y si nadie aceptara la propuesta quiere decir que el proyecto está mal evaluado, o estando bien evaluado hay otro proyectos que se estima tienen prioridad y como todo no puede hacerse al mismo tiempo el emprendimiento deberá dejarse de lado.

 

Hoy en día desafortunadamente ha resurgido el nacionalismo, en Europa a través del caudal electoral esa línea de pensamiento ha exhibido resultados llamativos: nada menos que en Alemania acaba de ganar 88 escaños en el Parlamento el Partido Alternativa para Alemania, en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra la versión derechista del Brexit, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor y, en Estados Unidos, ahora aparece Donald Trump con su “proteccionismo”. Todas aquellas propuestas trogloditas apuntan a implantar una especie de cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración de la anticultura. Para no decir nada de los peronismos en Argentina y los también populistas de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y los sistemas ya abiertamente criminales de Cuba y Corea del Norte.

 

Este es el origen de las mayores trifulcas, el nacionalismo, porque como escribió Frédéric Bastiat “si las mercancías no cruzan las fronteras, las cruzarán los ejércitos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

La economía que viene

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/12/16 en: http://sotograndedigital.com/la-economia-viene-carlos-rodriguez-braun/

 

El año 2016 ha sido atípico, entre otras razones porque los economistas hemos compartido nuestra notoria incapacidad para predecir el futuro con otro grupo de profesionales: los que se dedican a hacer encuestas.

El mundo político, en efecto, nos brindó sorpresas mayúsculas, como la victoria del “no” en el referéndum del Brexit, y la de Donald Trump en las elecciones en Estados Unidos. Pero hubo otras sorpresas, que revelan que los ciudadanos no siempre hacen lo que se espera de ellos, y tampoco secundan los criterios de sus gobernantes, como sucedió en Colombia con la consulta popular sobre el acuerdo de paz con las FARC.

En política, lo extraño de 2016 no fue el triunfo de los populistas, sino su llegada imprevista allí adonde no se les esperaba, pero recordemos que en países como la Argentina y Venezuela el populismo cosechó derrotas significativas.

En economía, como ya hemos apuntado en este rincón de El Periódico de Sotogrande, la clave del año fue que los pronósticos lúgubres no se cumplieron: la economía mundial continuó con buena marcha, la europea también, y la española con un ritmo superior al de los demás grandes países de la eurozona. La reactivación del sector inmobiliario, por poner el ejemplo de la actividad más castigada durante la crisis, es visible en todo el país, y se ha notado también en Sotogrande.

En 2017, donde habrá además elecciones en países importantes, como Alemania y Francia, vamos a enfrentarnos con los resultados de la política económica en Europa, Estados Unidos y Extremo Oriente. Mientras que no se espera una recaída apreciable en la actividad, los europeos seguimos con problemas financieros, los más recientes en Italia, que también registró un nuevo terremoto político, y la incógnita de cómo abordarán los británicos su salida de la Unión.

En el caso concreto de España, tendremos subidas de impuestos, que posiblemente no frenen del todo la recuperación, aunque no la ayudarán. En Estados Unidos, creo que los elementos negativos del programa de Trump se verán compensados por los positivos, como la rebaja de impuestos a las empresas. Y en Oriente hay señales inquietantes en China, mientras que Japón continúa estancado.

En Sotogrande, los más viejos del lugar no recordaban una tromba de agua como la que cayó en el Campo de Gibraltar en diciembre. Los pesimistas dirán que el temporal de 2016 anuncia tormentas en 2017.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Y SI GANA TRUMP…

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 3/11/16 en: https://alejandrotagliavini.com/2016/11/03/y-si-gana-trump/

 

Es una pena que no tenga chances de ganar Gary Johnson, el candidato a la Casa Blanca por el Partido Libertario, ya que, sin ser ideal, es el único serio. Con los otros dos, Hillary Clinton y Donald Trump, el liberalismo económico quedará enterrado precisamente en el país del “libre mercado”.

La remontada en las encuestas del republicano ha elevado el nerviosismo en los mercados. Un reciente informe del Citi mejoraba las probabilidades de victoria de Trump hasta 40%, y aseguraba que a ello se debían los máximos de la moneda estadounidense frente a la de México, siendo que un dólar llegó a comprar más de 20 pesos por primera vez en la historia. Desde el Saxo Bank, aclaran que la divisa mexicana es “el barómetro más preciso del ánimo inversor”.

Los analistas de Citi estiman que el riesgo-Trump es “parcialmente descontado” pero que “aumenta”. Desde Saxo Bank, opinan que a corto plazo los inversores podrían manejar una victoria de Trump, pero a largo plazo “podría ser un desastre financiero y económico… y podría… empujar al mundo a una nueva recesión”. Según Moody’s el impacto sobre Europa sería limitado dada la moderada relación comercial. En cuanto a China, si EE.UU. desarrolla una economía proteccionista, el gigante asiático podría responder con dureza.

Por el riesgo-Trump suben los valores-refugio tradicionales: oro, plata, franco suizo, y bono del Tesoro. Y baja prácticamente todo lo demás, empezando por el peso mexicano, y continuando por las divisas de otros emergentes, hasta llegar a la renta variable de casi todo el mundo, así es que caen todas las bolsas. El índice VIX, que mide la volatilidad del mercado de futuros de Chicago, ha subido 30% desde que el director del FBI anunció el hallazgo de más e-mails de Hillary. Eso significa que el mercado da alrededor de 20% de posibilidades a Trump de ganar las elecciones. Es una cifra aún modesta.

“Entre 1929 y 2011, el mercado ha ganado más de la mano de los presidentes demócratas, lo que puede significar que una victoria de Clinton representará buenas noticias para el Dow Jones y el S&P 500”, dicen los analistas. Por su parte, James Butterfill, jefe de estrategia de ETF Securities, es más concreto: “El precio del oro aumentará hasta 10% si Donald Trump gana” y, por el contrario, “podría perder hasta 6% si triunfa Hillary”.

El metal dorado protagonizó una corrección del 8,5% desde los máximos que alcanzó el 6 de julio, tras el Brexit, hasta los 1.250 dólares por onza que marcó a principios de octubre. Desde ese nivel, rebota ya más de 4%. Entre tanto la plata, que sube casi 8% desde los mínimos del mes pasado, la zona de los 17,3 dólares hasta la que corrigió desde los máximos post Brexit.

Sin embargo, para el consenso de mercado, ni uno ni otro metal cuentan con mucho más recorrido en los próximos meses. Sobre todo, teniendo en cuenta la inminente subida de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Trump ha dicho que no tiene nada contra su jefa “pero no es republicana”, y la ha acusado de mantener las tasas bajas demasiado tiempo, contradiciéndose con su propuesta de una política monetaria basada en el dólar débil y tasas de interés bajas, lo que fomentaría las exportaciones. Por otro lado, sugirió que EE.UU. refinancie su deuda.

El que más ganaría con Trump es el mercado energético que, en términos generales, ha superado a los mercados globales en épocas de dólar frágil y, así, la recuperación que tuvieron este año las acciones petroleras podría continuar. Además, Trump aboga por un agresivo esfuerzo de exploración de gas y petróleo y, entre las pocas desregulaciones, eliminaría restricciones a la extracción por fracking y a las emisiones de gases contaminantes “porque el cambio climático es un invento chino para que EE.UU. deje de ser competitivo”.

El dato de las tasas para Argentina no es menor, porque los mercados fueron aliados incondicionales del gobierno al comprar deuda por más de US$ 40.000 millones este año y, además, tiene que financiar, según cálculos privados, US$ 30.000 millones en 2017 y Trump podría traer más inestabilidad, y quién sabe, quizás tasas más altas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Simetrías antiliberales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/10/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/simetrias-antiliberales/

 

En una de sus viñetas en el diario El País dibujó El Roto a un hombre ante varias papeletas electorales, que pregunta: “¿Qué es lo que votamos, si gobiernan los mercados?”. En el diario ABC, no precisamente alineado con las opiniones publicadas en el periódico del Grupo Prisa, escribió Juan Manuel de Prada que la democracia es “esa pantomima que el Dinero controla a su gusto”, es decir, la misma idea de El Roto.

Estas simetrías antiliberales, por supuesto, son conocidas, desde el acercamiento, gracias a su común rechazo al capitalismo, entre fascistas y comunistas hace casi un siglo hasta la coincidencia entre Podemos y el partido de Le Pen, votando siempre en contra del libre comercio en el Parlamento Europeo, y pasando por los falangistas en nuestro país, que migraron al PSOE tras el final de la dictadura franquista, sin olvidar las tradicionales coincidencias de muchos religiosos y ateos a la hora de recelar ante la economía de mercado.

No pretendo, por tanto, haber descubierto nada. Lo que me interesa es plantear si la prédica antiliberal que hace tan extraños compañeros de cama tiene fundamento.

La vinculación entre el mundo empresarial y la política es antigua, y ha sido denunciada por los economistas liberales desde Adam Smith: esas relaciones incestuosas son lo contrario del capitalismo y el mercado libre. Pero el socialismo, desde el propio Marx, le dio un giro radical, porque pasó de dicha denuncia liberal contra los grupos de presión a sostener que las empresas son las dueñas absolutas de los Estados, que serían, como dijo Marx, “meros títeres de la burguesía”. Esta es la idea que en el siglo XX cultivaron, entre otros, los nazis, los fascistas, los socialistas y los comunistas, y que subyace a la mencionada simetría entre El Roto y de Prada.

Problema: no es verdad. Es imposible que el Estado esté por completo en manos de los empresarios, salvo que los empresarios sean masivamente idiotas o suicidas, lo que no parece ser cierto. La realidad es que los Estados han crecido a expensas de las empresas, a las que han lastrado con toda suerte de obstáculos y a las que han cobrado impuestos que no han dejado de crecer. Mientras en Podemos deliran con que el PP y Ciudadanos son “partidos del Ibex 35”, ambas formaciones coinciden en…subirles los impuestos a las empresas del Ibex 35. Realmente, si el Estado es el títere de la burguesía, es un títere muy curioso, porque obliga a pagar al titiritero.

Y los ejemplos podrían multiplicarse. Las grandes multinacionales no ocultaron su hostilidad al “Brexit”, y sin embargo, “los mercados” no impusieron su criterio a los votantes.

Ahora bien, si no es verdad que las empresas ostenten el poder político real ¿por qué tanta gente tan diferente como El Roto y Juan Manuel de Prada proclaman que nos mandan los mercados y no los gobiernos?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los beneficios de la inmigración

Por Martín Krause. Publicada el 15/8/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1928158-los-beneficios-de-la-inmigracion

 

Las migraciones se han convertido en un tema central de discusión en Europa. Más aún luego de los atentados terroristas ocurridos en Bélgica, Alemania y Francia, y del Brexit. También son motivo de debate en la campaña electoral en los Estados Unidos. Las imágenes de este fenómeno nos muestran situaciones dramáticas y esto ha ayudado a que se desaten todo tipo de pasiones sobre el asunto. Sin embargo, un análisis más profundo demuestra que el movimiento de personas, tal como el de bienes y capitales, trae beneficios muy superiores a los costos, aunque éstos puedan ser más visibles.

Los temas en discusión son muchos, y tienen que ver tanto con cuestiones de “derechos” como de los costos o beneficios que se generan y en quien recaen.

Lo primero es responder si existe un derecho a migrar. En general, todos estamos de acuerdo en que existe un derecho a la “salida” -aunque esto no se verifica en todos los casos, como en Corea del Norte o hasta hace poco en Cuba- y consideramos que poner barreras a esto es una violación del derecho a trasladarse que cada persona tiene. ¿Existe, sin embargo, un derecho a la entrada? Aquí el consenso es mucho menor y la constelación de opiniones que lo niegan va de un extremo al otro del espectro político-filosófico.

En principio, pareciera que una barrera a la inmigración violaría el derecho del ciudadano a “invitar” a un extranjero a su casa o a entrar en algún tipo de relación con él. Digamos que quiero contratar a un extranjero para que trabaje conmigo, ¿por qué no podría hacerlo? ¿No resulta violado mi derecho a establecer relaciones contractuales con quien desee?

Los contratos libres entre dos o más partes, sin embargo, pueden generar efectos “externos”, o externalidades. En este caso, sin embargo, todo daño que pueda ocasionarse por estas circunstancias no es en nada diferente al que pudieran causar contratos similares entre nativos, cuyas consecuencias han de ser asumidas.

Existen otros efectos “externos” que suelen plantearse como originados por la inmigración. Uno de ellos es la cuestión de si la inmigración perjudica al empleo local.

Según una encuesta de Gallup, un 58% de los residentes de países de altos ingresos señalan que los inmigrantes ocupan empleos que esos mismos residentes no desean ocupar, y un 18% afirma lo opuesto. Esto mismo se repite en los diez principales países receptores de inmigrantes.

Un estudio de la OCDE (2014) informa que en los 10 años hasta 2012 los inmigrantes representaron un 47% del aumento de la fuerza laboral en los Estados Unidos y un 70% en Europa, y que representaron alrededor de un cuarto de todos los ingresos en las ocupaciones que más han declinado en los Estados Unidos (28%) y Europa (24%), básicamente operarios; ocuparon así funciones que, como lo confirma la encuesta, no son consideradas atractivos por los locales.

Un informe del Banco Mundial de 2005 encontró que si los 30 países de la OCDE permitieran un crecimiento del 3% en el tamaño de su fuerza laboral a través de reducir las restricciones a la inmigración, los beneficios para los ciudadanos de los países pobres serían de unos US$ 300.000 millones. Esto es US$ 230.000 millones más que la ayuda internacional que estos países destinan a los países pobres. Si hubiera fronteras abiertas por completo se duplicaría el PIB mundial en pocas décadas, virtualmente eliminando la pobreza global.

Pero no terminan aquí los debates que genera este complejo problema.

¿Son los inmigrantes una carga fiscal? El estudio de la OCDE sugiere que el impacto de olas sucesivas de migración en los últimos 50 años hacia los países más desarrollados es en promedio cercano a cero, rara vez excediendo 0,5% del PIB, tanto sea en términos positivos como negativos. El impacto es mayor en Suiza y Luxemburgo, donde los inmigrantes proveen un beneficio neto estimado de cerca de 2% del PIB a las finanzas públicas. “Contrariamente a la percepción general -dice el estudio-, los inmigrantes con baja educación tienen una posición fiscal [la diferencia entre sus contribuciones y los beneficios que reciben] mejor que sus pares locales. Y cuando los inmigrantes tienen una posición fiscal menos favorable, no es por tener una mayor dependencia de los beneficios sociales sino porque tienen a menudo salarios más bajos y tienden, entonces, a pagar menos”.

¿Pueden los inmigrantes trastrocar la cultura local? La existencia de barrios enteros en algunas ciudades europeas y norteamericanas hace temer que esto ocurra, pero de ahí a afirmar que sea posible existe un largo trecho. La cultura occidental, la de los países que más inmigración reciben, es la que les permitió desarrollar las instituciones que permitieron su crecimiento y riqueza. Si han deteriorado sus instituciones ha sido más por modificaciones culturales propias que importadas a través de inmigrantes. Después de todo, las grandes ideologías totalitarias del siglo XX, que causaron estragos y catástrofes en todo el mundo son de origen europeo, no importadas por los inmigrantes. Argumentos similares pueden desarrollarse en relación con el temor que ingresen inmigrantes que cometerán crímenes. La evidencia empírica muestra la tasa de criminalidad de los inmigrantes no es superior a la de los locales, y el argumento se puede extender a todo tipo de migración interna o a la existencia de criminales en los barrios informales, pese a que sean nacionales.

¿Los que se van perjudican a los que se quedan? Este no es, en realidad, un tema de debate, sino la consideración de un hecho que debe ser tenido en cuenta. La llegada de los migrantes, tanto refugiados como laborales, acerca a quienes provienen de sociedades con baja productividad debido a la escasez de capital invertido a otras donde su productividad es mucho mayor. Esto les genera ingresos muy superiores a los de los lugares de origen, siendo éste uno de los principales incentivos para emigrar. Y esos mayores ingresos se han convertido en el programa de ayuda más importante y con mayor sustento moral que pueda imaginarse: las remesas.

El Banco Mundial estima que las remesas en 2015 alcanzaron la suma de US$ 588.199 millones, unas cuatro veces más que toda la ayuda internacional. Para algunos países se han convertido en su principal ingreso. Por ejemplo, las remesas son un 41,7% del PIB de Tayikistán y un 29,9% del de Nepal. En América latina, significan el 22,4% del PIB de Haití, el 17,8% del de Honduras y 16,8% en el caso de El Salvador.

Lentamente, se produce en el mundo un proceso de competencia entre las distintas jurisdicciones de la que la salida y entrada de migrantes es un efecto y un indicador. La calidad institucional es un elemento fundamental en esa competencia y pone presión sobre los países, porque aquellos con buena calidad atraen recursos y los de peor calidad los expulsan, como a los migrantes. Parece haber una tendencia hacia una mejora de esa calidad institucional, aunque muchos eventos presentes o de un pasado cercano generan ciertas dudas y retrocesos. Es un proceso impulsado por esa competencia. En el pasado, ésta tenía un contenido básicamente militar; con la llegada del capitalismo y la globalización es esencialmente comercial y económica. Aunque, como vemos, la primera no ha dejado de estar presente: los refugiados son el resultado de la competencia militar; los migrantes, de la económica.

Cerrar las puertas a ambos limita esa competencia y crea un riesgo: el reemplazo de la competencia económica por la militar. Por cierto, el proceso no está exento de costos, pero podemos razonablemente esperar que continúe ejerciendo presión para lograr una mejora institucional en los países donde hoy no existe y mejoren así las oportunidades de progreso para sus habitantes.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

¿ESCRIBIR SOBRE LA COYUNTURA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En una amable reunión de días pasados donde di una charla sobre la Escuela Austríaca de Economía, entre los interrogatorios me preguntaron cual es la razón por la que habitualmente escribo en mis columnas semanales sobre ideas de fondo y no  sobre los sucesos de coyuntura. Mi respuesta es que las dos cosas son necesarias pero el análisis coyuntural está sobredimensionado mientras que las ideas de fondo son muy poco debatidas. Y es que la coyuntura irá para un lado o para otro según sea la compresión o incomprensión de las ideas que le dan sustento a los sucesos cotidianos.

 

Si nos concentramos solo en la coyuntura estamos comenzando por el final y, más aun, a media que se abandonan las ideas de fondo desde la perspectiva de la sociedad libre, se va encogiendo la posibilidad de debatir ideas porque se engrosa lo “políticamente correcto” que es cada vez más inclinado al estatismo dado que los partidarios de la libertad dejan el terreno inexplorado respecto a los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de la sociedad abierta.

 

Ya se sabe que el político no puede ir más allá en la articulación de su discurso de lo que pueda digerir la opinión pública. Si se excede, indefectiblemente pierde apoyo electoral y finalmente es desplazado. ¿Cómo se hace entonces para revertir la situación? La respuesta debe verse en los tan necesarios debates respecto a ideas de fondo y en la medida en que se comprendan en los distintos estadios hasta llegar a la opinión pública el político podrá, recién en esa instancia, articular un discurso en línea con la sociedad libre que apunta a desmantelar un Leviatán engrosado desmedidamente y que todo lo atropella a su paso.

 

Las máquinas infernales de impuestos astronómicos, de gastos públicos siderales, de deudas estatales insoportables y de regulaciones asfixiantes no se revierten automáticamente, requieren explicaciones y debates. No se resuelven simplemente con descripciones de las ocurrencias cotidianas, se necesita fundamentación y argumentación adecuadas.

 

No es que no sea conveniente describir la coyuntura, se necesita saber que sucede, es necesario comentar sobre la noticia del momento, pero mi punto es que, dada la situación imperante, hay un manifiesto desbalance entre el análisis de las ideas de fondo que subyacen en esa coyuntura y la descripción de los sucesos diarios. Por supuesto que no he podido dejar de escribir sobre la coyuntura frente a sucesos tremendos como las Torres Gemelas, los ataques terroristas en Francia, los desvaríos espantosos del dictador venezolano, el significado del Brexit, las características de Donald Trump, el peligroso avance del nacionalismo en Europa, el caso argentino del desplazamiento  kirchnerista, en su momento la atolondrada invasión  a Irak, la deuda estadounidense, las barrabasadas de los Castro, declaraciones estridentes del Papa, las falsas apariencias del Mercosur, las compadradas del sátrapa de Corea del Norte, incluso la irrupción masiva del Pokémon y similares hechos de envergadura que no pueden soslayarse, pero el foco lo concentro en el debate de ideas de fondo por las razones apuntadas.

 

Antes he escrito sobre el significado de la teoría y la práctica pero es del caso volver sobre el asunto. En la mayor parte de las acciones y propuestas para aplicar en el terreno político no hay maldad sino buena voluntad y las mejores intenciones, el tema estriba en la idea que se encuentra tras las conductas, es decir, como se conciben los nexos causales correspondientes, en otros términos, cual es la teoría que fundamenta tal o cual política. “Nada hay más práctico que una buena teoría” ha dicho con mucha razón Paul Painlavé, por lo que se torna imperioso discutir la teoría.

 

Todo lo que ha creado el hombre se basa en una teoría, si el resultado es bueno quiere decir que la teoría es correcta si es malo significa que la teoría es equivocada. Esto va desde el método para sembrar y cosechar, la fabricación de una computadora, hasta la plataforma de un partido político.

 

Ideas y teorías son conceptos que interpretan diversos sucesos, como se ha apuntado tantas veces no se trata de “ideologías” en el sentido de propuestas cerradas e inexpugnables, por el contrario, se trata de procesos abiertos dado que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad sujeto a refutaciones y en un contexto siempre evolutivo (es por eso que hace poco escribí una columna titulada “Contra la ideología”).

 

Entonces, si la raíz del asunto estriba en las ideas es allí donde debe concentrarse el trabajo: en debates abiertos y en el estudio desapasionado de diversas corrientes de pensamiento ya que la cultura forma parte de un entramado de préstamos y donativos, de recibos y entregas múltiples que se alimentan entre sí conformando una textura que no tiene término.

 

Sin embargo, se observa que la mayoría de quienes desean de buena fe terminar con la malaria paradójicamente se dedican a la coyuntura y a repetir lo que está en los noticieros y que todo el mundo sabe. El relato de la coyuntura no escarba en el fondo del asunto, se limita a mostrar lo que ocurre lo cual ni siquiera puede interpretarse si no se dispone de un adecuando esqueleto conceptual. Más bien, como se ha dicho, es pertinente subrayar que la buena coyuntura se dará por añadidura si se comprende y comparte la teoría que permite corregir lo que haya que corregir.

 

Por parte de los que se dicen partidarios de la sociedad abierta hay un gran descuido de las faenas educativas, muy especialmente en lo que hace a la gente joven en ámbitos universitarios que constituye el microclima del que parirá el futuro. Y no solo eso sino el referido desbalance entre la noticia y el análisis de ideas de fondo. Afortunadamente los medios de comunicación no se circunscriben a dar la noticia sino que se publican columnas de opinión.

 

Muchos son los bienintencionados que estiman que los problemas pueden resolverse dirigiéndose a quienes al momento tienen posiciones de poder sin percatarse de la futilidad de la tarea. Se dice que no hay tiempo que perder y que el trabajo intelecutal es a muy largo plazo, lo cual se viene repitiendo desde tiempo inmemorial. Por otra parte, los espíritus totalitarios operan con notable éxito en la difusión de sus ideas, con lo que han logrado un plafón intelectual de enormes proporciones que naturalmente empujan a discursos políticos en sintonía con esa tendencia. Tienen presente los dichos de Gramsci y Mao que respectivamente rezan de este modo: “tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura” y “la marcha más larga comienza con el primer paso”.

 

Está bien ilustrar la idea con la coyuntura como anclaje para algún ejemplo, pero sin perder de vista que es aquella la que marca el rumbo y nada se gana con inundar de series estadísticas si no se tiene clara la teoría que subyace. Es que no pocos de los que se circunscriben a los datos de coyuntura desconocen los fundamentos de la propia filosofía que dicen suscribir. Esto se nota ni bien salen a relucir temas de fondo.

 

La dedicación y los esfuerzos por explicar y argumentar la raíz de los problemas son tanto más necesarias cuanto que los socialismos de diversas tonalidades apuntan a sentimientos de superficie y evitan hurgar en razonamientos que permiten vislumbrar las ventajas de la libertad. En este mismo sentido, el premio Nobel en economía Friedrich Hayek nos advierte que “la economía es contraintuitiva” y el decimonónico Bastiat insistía en que el buen analista hurga en “lo que se ve y lo que no se ve”, lo cual demanda faenas adicionales.

 

Como la energía es limitada y los recursos disponibles también lo son, conviene establecer prioridades para enfrentar los crecientes desmanes de los gobiernos, supuestos defensores de las autonomías individuales. Como queda apuntado, correr tras las coyunturas es poner la carreta delante de los caballos, se requiere como el pan de cada día el prestar debida atención al debate de ideas ya que son éstas precisamente las que generan tal o cual coyuntura.

 

Finalmente, conviene precisar que por el momento no hay ningún mecanismo de gobierno que mejore la marca de la democracia, lo cual no significa rendirse ante espacios por los que se filtra el rostro del autoritarismo con la pretensión de que mayorías circunstanciales expriman y aplasten los derechos de las minorías, por eso se hace necesario estar alerta y reforzar procedimientos para maniatar al Leviatán. En esta línea de pensamiento, debe subrayarse que en el plano político se requiere el consenso y la negociación entre posturas diferentes al efecto de permitir la convivencia, pero lo que destacamos en esta nota periodística es la imperiosa necesidad de esforzarse en incentivar debates abiertos de ideas en la esperanza de que la comprensión de los beneficios de la libertad se hagan más patentes, para lo que el enfrascarse en  mediciones y gráficos de lo que ocurrió no contribuye al objetivo de marras.

 

En otras palabras, circunscribirse a correr tras la coyuntura es un certamen destinado al completo fracaso puesto que los números serán cada vez peores debido, precisamente, a que no se han comprendido las ideas que posibilitan la corrección de datos que constituyen la expresión de lo que ocurre. Comprendo que en la desesperación -porque la barranca abajo a veces es muy empinada- haya quienes se empeñan en batallar con cifras con la pretensión de que se entienda el desastre pero esta tarea es equivalente a correr tras la sombra de uno mismo con el sol a las espaldas que nunca se alcanza, hasta que se decida “tomar el toro por las astas” y encarar el problema de fondo y aclarar las ideas que subyacen a los datos de coyuntura.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

“El empleo, la riqueza y la prosperidad los crea la gente, no un gobierno”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 5/8/16 en: http://sotograndedigital.com/empleo-la-riqueza-la-prosperidad-los-crea-la-gente-no-gobierno/

 

Nuestro querido amigo y columnista de El Periódico de Sotogrande, el reconocido economista Carlos Rodríguez Braun, se encuentra pasando unos días en Sotogrande, como es habitual en él desde hace un cuarto de siglo. Con esta excusa no hemos querido perder la oportunidad de proponerle una charla, coloquial y distendida, que abarque diferentes temas de la actualidad para esta edición del mes de agosto.

¿En qué coordenadas nos movemos estos días en lo económico?

Lo más interesante, desde el punto de vista económico, es lo poco que están afectando ciertos asuntos que teóricamente deberían influir mucho. Se suponía que el no contar con un gobierno en España afectaría negativamente, y vemos lo contrario: un buen año económico. Lo mismo ocurre con los males augurados a raíz del ‘Brexit’. Esto no quiere decir que no vayamos a tener una crisis nunca más. Al contrario, tendremos otra, aunque los economistas no sabemos cuándo, nadie lo sabe. Y la tendremos porque las condiciones monetarias y fiscales no han cambiado a mejor, la deuda es gigantesca, y el aroma a burbuja es perceptible en algunos casos. No sé cuándo llegará la crisis, pero sí sé que cuando estalle se le echará la culpa al capitalismo, al mercado, y a las empresas, como siempre. Y será mentira, como siempre.

¿Es cierto que estamos mejor sin gobierno?

Le asignamos al gobierno una importancia que no tiene. El gobierno no es el que crea empleo, riqueza y prosperidad, sino la gente, los empresarios y los trabajadores, que han sido la verdadera fuente de la recuperación. Obviamente, el poder influye, tanto para bien como para mal: puede liberalizar los mercados, pero también puede subir los impuestos. Su principal tarea debe ser no dañar el crecimiento: no es tan importante que haya gobierno, sino que el que esté no lo haga muy mal.

¿Entonces, la recuperación y el crecimiento nacen desde el sector privado?

Sin duda. Se habla mucho de ajuste y austeridad, pero quien de verdad los ha protagonizado ha sido el sector privado. Al revés de lo que se nos dice, el sector público no se ha reducido marcadamente, ni nada parecido. Si lo hubiera hecho, la economía se habría recuperado antes.

Carecemos de una bola de cristal, aún así, ¿qué va a pasar con la formación del gobierno?

Parece que los ciudadanos se están cansando. Según una encuesta de “La Razón”, unas terceras elecciones elevarían la abstención hasta el 40 %. Los políticos perciben que, más allá del interés del país, que a menudo les preocupa poco, todo esto puede dañar sus propios intereses, lo que sospecho que aumenta la probabilidad de que haya un gobierno en esta legislatura.

¿Y si esto no ocurre?

Pues no se va a acabar el mundo [bromea]. Recordemos que Bélgica estuvo casi un año y medio sin gobierno, y no sólo no desapareció, sino que su economía creció.

Por último, ya que trabajas en esta profesión, ¿cómo crees que están reflejando los medios de comunicación toda esta nueva realidad?

Creo que la reflejan bien. No quiero decir con esto que los periodistas seamos perfectos (por hablar de mi otra profesión, es evidente que tampoco lo somos los profesores). Lo que digo es que el abanico de opiniones, especialmente en la prensa y la radio, los medios que mejor conozco, es lo suficientemente amplio como para que el público se forme bien su opinión. Repito, los medios son bastante aceptables. Puede ser que me falte criterio, o independencia. Y, dado que estoy otra vez, como siempre que puedo, en un lugar tan maravilloso como Sotogrande, puede ser que mi corazón tienda a enternecerse…


“Employment, wealth and prosperity are created by people, not the government”


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Our dear friend and columnist from El Periódico de Sotogrande, the renowned economist Carlos Rodríguez Braun, is spending a few days in Sotogrande, as he has done for more than twenty-five years. Therefore, we did not want to miss out on this opportunity to have an informal and relaxed conversation with him, covering different current issues, for the August edition.

Where is the economic compass pointing at the moment?

What is most interesting in terms of the economy, is how little impact certain issues are having, issues which in theory should have a lot of influence. It was assumed that not having a government in Spain would have a negative effect, and we are seeing the opposite: a good year for the economy. The same has happened with the bleak prospects predicted as a result of Brexit. This does not mean that we will never have another crisis. On the contrary, we will have another one, although economists do not know when, nobody knows. We will have it because the financial and tax conditions have not improved, there is a gigantic amount of debt, and there is a whiff of a bubble in some cases. I do not know when the crisis will arrive, but I do know that when it comes, capitalism, the market and companies will be blamed, and that will be a lie, as always.

Is it true that we are better off without the government?

We assign the government an importance that it does not have. The government does not create employment, wealth and prosperity, rather, it is the people, entrepreneurs and workers who have been the true source of the recovery. Obviously, power has an influence, for better or worse: it can free up markets, but it can also increase taxes. Its main task should not be to damage growth: it is not so important to have a government, but rather the one we do have should not do a really bad job.

So recovery and growth stem from the private sector?

Without doubt. There is a lot of talk about adjustments and austerity, but those that have really carried that out have been from the private sector. Contrary to what we are told, the public sector has been reduced drastically, not at all. If it had been, the economy would have recovered sooner.

We lack a crystal ball, but even so, what is going to happen to the government team?

It seems that citizens are getting tired. According to a survey by La Razón, holding the third series of elections would raise the abstention rate to 40%. Politicians can perceive that beyond the country´s interest, which is often of little concern, all of this could harm their own interests. I suspect that this increases the probability of having a government in this legislature.

What is that does not happen?

It will not be the end of the world (joking). We should remember that Belgium did not have a government for almost a year and a half, and not only did it not disappear, but rather, its economy grew.

Lastly, given that you work in this profession, how do you think that the media is reflecting all of this new reality?

I think that the media is reflecting it well. I don´t want to claim that journalists are perfect (to talk about my other profession, it is clear that teachers aren´t either). What I mean is that the range of opinions, especially in the press and radio, the media sources I know best, is sufficiently broad for the public to form an opinion properly. I repeat, the media is quite satisfactory. Perhaps I lack judgement, or impartiality. Also, given that I am here again, as I am whenever possible, in a place as marvellous as Sotogrande, perhaps my heart tends of soften a little…

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.