El peronismo lideró las relaciones carnales con el FMI

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/5/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/05/10/el-peronismo-lidero-las-relaciones-carnales-con-el-fmi/

 

En la Argentina el FMI es casi una mala palabra. Podríamos decir que es «la» causa de todas nuestras desgracias. Confieso que esa institución no me cae muy simpática ya que nació en Bretton Woods en 1944, poco antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial y fue inspiración de Keynes entre otros economistas.

Lo cierto es que el FMI comenzó a funcionar en 1946 y Argentina ingresó como socia del FMI en abril de 1956.

De acuerdo al sitio del BCRA, el historial entre Argentina y el FMI suma 26 acuerdos. De esos 26 acuerdos, 18 son Stand By y el resto son de facilidades extendidas y del tipo Compensatory Financing Facility.

Ahora bien, el dato curioso es que fundamentalmente el peronismo es un férreo enemigo del FMI, aunque el radicalismo tampoco se queda atrás al igual que la izquierda a la hora de señalar con el dedo acusador al FMI. En general tiende a asociarse a los gobiernos militares y al liberalismo como los que siempre se sometieron al FMI, vendiendo la patria, como suelen argumentar.

La pregunta es: ¿de qué signos políticos fueron los gobiernos que firmaron acuerdos con el FMI? ¿Fueron los militares y los malditos liberales los que vendieron la patria?

La realidad es que de los 26 acuerdos firmados entre 1958 y 2003, el peronismo fue el que más acuerdos firmó con el FMI, 9 en total de los 26. En otras palabras, el 35% de los acuerdos se hicieron bajo gobiernos peronistas.

Como puede verse en el gráfico, los peronistas fueron los que lideraron los acuerdos con el FMI firmando 2 en 1975, 1 el 18 de marzo de 1976 poco antes de la caída de Isabel Perón y luego en 1989, 1991, 1992, 1996, 1998 y en enero de 2003, con el gobierno de Duhalde y Lavagna como ministro de Economía.

Los radicales firmaron 6 acuerdos, 2 en 1984, 2 en 1987, 1988, estos 5 bajo el gobierno de Alfonsín y en 2000 con el gobierno de De la Rúa.

Con el desarrollismo se firmaron 4 y Guido, 1.

De manera que los partidos más «populares» y anti FMI fueron los que más acuerdos firmaron con el FMI. De los 26, entre peronistas y radicales firmaron el 57,7% de los acuerdos con el FMI y los militares el 23% del total.

En síntesis, es muy curioso cómo funciona el ideario popular que está en contra del FMI. Cree que los militares fueron los que más «entregaron» el país al FMI y sin embargo fue el peronismo el que lideró los acuerdos con dicha institución y el radicalismo estuvo muy cerca.

Esto sirve para darse cuenta de que mucho se habla desde la tribuna, la televisión y los micrófonos de las radios, pero en las relaciones carnales con el FMI primero está el peronismo y luego los radicales y los militares.

Aquí nadie puede hacer el distraído ni tirar la primera piedra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

1945: el desaprovechamiento de un contexto económico favorable

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/10/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/10/17/1945-el-desaprovechamiento-de-un-contexto-economico-favorable/

 

Es curioso cómo el peronismo suele hacer alarde de democracia, cuando su fundador, el entonces coronel Juan Domingo Perón, fue un activo miembro del golpe de Estado fascista de 1943 que iba a derrocar al Gobierno de Ramón Castillo. Ya Perón había participado del golpe fascista de 1930 y, por lo tanto, era un golpista fogueado.

Perón utilizó el golpe militar para acumular poder. Recordemos que llegó a ser vicepresidente de facto, ministro de Guerra y secretario de Trabajo, puesto desde el que fue acumulando el apoyo de los sectores de ingresos más bajos con la legislación laboral que fue promulgando.

El 17 de octubre de 1945 ocurrió luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. Alemania se rindió el 7 de mayo de 1945 y Japón lo haría el 15 de agosto del mismo año. Durante la Segunda Guerra Mundial, contienda en la que Argentina no participó, ya que le declaró la guerra al Eje el 25 de marzo de 1945, menos de un mes y medio antes de que Alemania se rindiera.

El hecho de no haber participado de la guerra le permitió a la Argentina acumular créditos a cobrar por las exportaciones de alimentos a los países beligerantes, un saldo de balance comercial positivo con el resto del mundo, situación que continuará aun luego de terminada la guerra, y el incremento de las reservas de oro. Ese stock de reservas de oro y el flujo positivo de comercio exterior posibilitó que Perón financiara su política populista cuando llegó al poder, en 1946. Recordemos que las elecciones se llevaron a cabo en febrero de 1946 y, un par de meses antes, en diciembre, Perón impulsó el aguinaldo y las vacaciones pagas. Eso le aseguró, en febrero, un importante caudal de votos y alzarse con la presidencia.

Ahora bien, durante la guerra, además de acumular un flujo positivo de comercio exterior con crecientes reservas en el Banco Central, también continuó un precario proceso forzado de sustitución de importaciones para desarrollar un sector industrial. Lo que no podía importarse por la guerra se producía internamente. En rigor, ese proceso de sustitución de importaciones ya había comenzado en la década del treinta con el gobierno fascista de facto.

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6 de Septiembre de 1930. El Capitán Perón, junto al Gral. Uriburu

Pero si retrocedemos algo más en el tiempo, se puede ver que las políticas intervencionistas, de gasto público y proteccionismo comenzaron con la crisis del treinta. Por ejemplo, en 1929, Hipólito Yrigoyen declaró la inconvertibilidad del peso y cerró la Caja de Conversión. En 1931, con el gobierno de facto ya establecido desde 1930, se creó la Comisión de Cambios, cuyo objetivo era otorgar dólares a aquellos que importaran bienes que fueran prioritarios para el desarrollo de la economía local. El resto de las importaciones que no entraban en esa categoría se canalizaban con un dólar más caro (un cepo cambiario temprano). También en 1930 se estableció un aumento generalizado de los derechos de importación. En 1933, se creó la Junta Nacional de Granos y Elevadores, por la que el Gobierno comercializaba y garantizaba un precio mínimo a los productores de granos ante la caída de los precios internacionales. En 1935, se instaló el Banco Central. Con el cierre de la economía, comenzó un proceso proteccionismo para el sector industrial.

Este proteccionismo hizo que muchas empresas norteamericanas, que hasta ese momento exportaban a la Argentina sus productos, optaran por instalarse en nuestro país para eludir la barrera proteccionista.

Entre 1930 y 1939 se produjo un crecimiento importante de la actividad industrial, lo que trajo aparejado un proceso de urbanización, sobre todo concentrado en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, dato no menor, porque se crearía una nueva «clase social», con una importancia política destacada en la década del cuarenta, con la llegada de Perón al poder.

Pero, terminada la crisis del treinta y la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países abandonó las políticas de más gasto público, proteccionismo y controles. Por ejemplo, poco antes de finalizar la guerra, se hizo el acuerdo de Bretton Woods, que apoyaba políticas de gasto público moderadas. En 1947, se creó el General Agreement on Trade and Tariffs (GATT), con el objetivo principal de reactivar el comercio mundial. Así, a partir de 1950, la economía mundial experimentó un fuerte crecimiento, con mucha exportación de bienes de capital, en vez de bienes de consumo. También hay un fuerte desarrollo de la tecnología producto de los conocimientos que se habían incrementado durante el conflicto bélico para la fabricación de elementos para la guerra.

Podría afirmarse que, además de la habilidad política para fragotear y moverse políticamente, Perón contó con la suerte de un contexto internacional favorable y la herencia de reservas que le permitieron financiar sus políticas populistas. Es decir, heredó stock de riqueza (oro y créditos a cobrar por exportaciones durante la guerra) y flujo (crecientes exportaciones durante y luego de la guerra para alimentar al mundo). Salvando las distancias, algo parecido a lo que recibieron los Kirchner: stock de riqueza y flujo por buenos precios internacionales para financiar su populismo. Sumado a eso, por causas fortuitas, se creó una nueva clase social que fue a trabajar a los centros urbanos y constituyó el sostén político de Perón para llegar al poder. Esta nueva clase social urbana y el apoyo del jefe de la policía permitieron que el 17 de octubre se transformara en un acto político importante.

El dato relevante es que luego de la crisis del treinta y de la guerra, la mayoría de los países abandonó el proteccionismo, las políticas expansivas del gasto público y la maraña de regulaciones que, por ejemplo, había establecido el New Deal de Franklin Roosevelt. En cambio, Perón las adoptó y profundizó como políticas de largo plazo. El proteccionismo, las regulaciones, los controles y el estatismo fueron, a contramano de lo que ocurría en el mundo, el corazón de su política económica. Curiosamente, Perón desperdició una oportunidad, con el fin de la guerra, para integrar la economía argentina al mundo, al igual que el kirchnerismo. Los stocks y los flujos positivos los usaron para financiar el populismo.

En síntesis, el 17 de octubre de 1945 se da en un contexto internacional muy favorable a la Argentina, con una economía que ya en el golpe de 1930 había abandonado los principios alberdianos de nuestra Constitución nacional. La libertad económica fue reemplazada por el intervencionismo, el estatismo y el proteccionismo. Esto creó una nueva clase social que Perón supo conquistar con una legislación demagógica. Aclaremos que la mayoría de los sindicatos tenía tendencia de izquierda, con lo que las políticas fascistas de Perón para atraer a los dirigentes sindicales le permitieron neutralizar a los elementos de izquierda. El sindicalismo se volcó al fascismo como «medicina» para frenar al sindicalismo de izquierda, y todo eso fue financiado gracias al contexto económico favorable del fin de la guerra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Un FMI chino?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/8/14 en: http://www.eluniversal.com/opinion/140810/un-fmi-chino

 

El presidente chino inició una gira por América Latina, de la que es el segundo socio comercial y uno de sus principales inversores. De entrada, participó de la cumbre anual de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el 15 y 16 de julio, en Fortaleza, en Brasil que es su contraparte más importante en la región: su intercambio comercial superó, en 2013, los US$ 90.200 millones. Irónicamente, la «comunista» China ve con preocupación algunas medidas proteccionistas del «capitalismo» brasileño. Luego Argentina -con un intercambio debajo del potencial, US$ 14.800 millones el año pasado- y Venezuela. Y finalmente Cuba, su tradicional aliado, donde repasará las reformas económicas.

De toda la gira sin duda lo más sintomático es la cumbre de los BRICS que, desde 2009, representaron el 75% del crecimiento mundial, aunque los datos de 2014 no son tan alentadores. Algunos emergentes fuera del grupo han sorprendido, como Nigeria al convertirse en la primera economía de África, delante de Sudáfrica. Entre 2014 y 2019, según el FMI, la economía de Nigeria crecerá 62% y Sudáfrica 18%. Pero no solo destacan los africanos, Filipinas crecería 71,6% y Panamá, 59%. Entretanto, China solo 45%, India 43%, Brasil 21% y Rusia 13%. En Latinoamérica destaca Perú 40.5%, Bolivia 35.4%, Colombia 31% y, en menor medida, México 22%. Argentina 8.2% y Venezuela 2.5%, en las posiciones 177 y 186 entre 187 países, siendo Guinea Ecuatorial el último cayendo 29%. Entre los desarrollados, Australia sumaría 20%, EEUU 16%, Reino Unido 12% y Alemania 11%.

El foco de poder económico continúa desplazándose hacia el Pacífico que, por sí solo, generará cerca del 80% del crecimiento mundial. Por su lado, el grupo de los ‘Eagles’ (águilas), China, India e Indonesia en Asia, México y Brasil en Latinoamérica y Turquía y Rusia en la Europa emergente contribuirán al 51% del crecimiento mundial durante los próximos diez años, y sus clases medias aumentarán cerca de 1.000 millones de personas, con lo que las clases medias emergentes alcanzarán cerca de 3.000 millones.

Ahora, dentro de los Brics, China supone una vez y media el PIB de los otros cuatro, es la segunda economía del mundo, mientras que Brasil es la séptima, India la décima y Rusia la 11va. Así, Beijing inicialmente pretendió -y luego desistió- la mayoría de las acciones del nuevo «FMI», el Banco de Desarrollo que crearan para rivalizar con el Banco Mundial y las instituciones de Bretton Woods. Este Banco de Desarrollo, que solo traerá más burocracia a un sistema notoriamente fracasado, tendría una aportación inicial de US$ 50.000 millones de capital y 100.000 millones de capacidad de préstamo, y un fondo de reservas por otros 100.000 millones. Son US$ 250.000 millones que se pagan con los impuestos de sus empobrecidos ciudadanos.

En julio de 1944, representantes de 44 países se reunieron para diseñar las nuevas relaciones comerciales y financieras, que han demostrado ser un fracaso con aumento de la inflación global y la aparición de un nuevo fenómeno: la impagable deuda externa. Efectivamente, en Bretton Woods se dio vía libre a la descontrolada emisión por parte del monopolio estatal de moneda y estos bancos multiestatales -FMI, etc.-, salieron a prestar dinero que la banca privada no otorgaba, precisamente, porque los proyectos eran inviables y ahora incobrables.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El Fondo Monetario Internacional

Por Gabriel Boragina. Publicado el 11/5/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/05/el-fondo-monetario-internacional.html

 

«Fondo Monetario Internacional. Agencia especializada de las Naciones Unidas creada en 1945 como parte de los acuerdos de Bretton Woods. Su principal propósito es facilitar la expansión equilibrada del comercio internacional alentando la estabilidad de las tasas de cambio y la cooperación internacional en materia monetaria. El FMI, concretamente, otorga préstamos de corto plazo para equilibrar la balanza de pagos de los países miembros, busca la eliminación de barreras comerciales y auspicia la convertibilidad de las monedas a tasas estables.

`Desde el principio de los años sesenta sus miembros, que llegan al centenar, tienen una cuota expresada en dólares americanos que determina su poder de voto y sus derechos como prestatarios y como prestamistas. El Fondo actúa como banquero entre sus miembros, prestándoles las divisas que necesitan: el prestatario las compra con su propia moneda, comprometiéndose a utilizarlas para reducir sus déficits comerciales. En los últimos años el FMI ha cooperado en la renegociación de la gran deuda externa contraída por muchos países en desarrollo, otorgando préstamos a largo plazo y facilitando fondos para la recompra de la deuda por parte de esos países.»[1]

Este organismo estatal funciona a la manera de un gran banco central. Es decir, su objetivo real (y el que en los hechos ha venido cumpliendo) consiste en monopolizar la moneda. Los «miembros» de este «banco mundial de bancos» como se lo ha llamado, son gobiernos y no empresas ni particulares. Por lo que se opone tanto al liberalismo como al capitalismo, en tanto estos últimos postulan una moneda libre del control estatal y político.

«Las burocracias internacionales como el FMI y el Banco Mundial financian o ayudan a financiar alegremente a los gobiernos más corruptos del planeta. En realidad la deuda pública significa la inmoralidad de comprometer coactivamente los patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección de los gobiernos que contrajeron la deuda.»[2]

Los préstamos que el FMI otorga a los gobiernos del mundo no son, desde luego, financiados con dinero de los burócratas que dirigen y controlan al FMI, y los pagos y cancelaciones que los prestamistas hagan de los mismos tampoco son abonados con dinero proveniente del patrimonio personal de gobernantes y su séquito de burócratas. Todo el movimiento financiero entre el FMI y los gobiernos recipiendarios se hace siempre -y desde 1945- a costa del patrimonio de los habitantes de los países cuyos gobiernos despilfarran sus recursos de esa manera, complicando, como se expresa antes, a varias generaciones posteriores que no intervinieron en las decisiones de terceros ajenos a ellos que, finalmente, los terminarán perjudicando.

Vemos los efectos de la actuación real del FMI:

«Cuando Ferdinand Marcos fue derrocado, dejó a Filipinas con una deuda externa de 26.000 millones de dólares, en gran parte con el Banco Mundial. Una investigación posterior descubrió que, por lo menos 10.000 millones de éstos habían sido “desviados” a cuentas bancarias en Suiza, de las cuales prácticamente nada se recuperó. En 1981, el FMI transfirió 22 millones de dólares al Tesoro de Haití. Luego descubrieron que habían sido retirados por el presidente Duvalier para su uso personal.»[3]

Naturalmente, los casos mencionados arriba se multiplican a lo largo y a lo ancho del mundo entero desde la misma creación del FMI, máxima expresión -a mi juicio- del socialismo e izquierdismo monetario más absoluto. Cabe señalar que, en los hechos citados arriba, esos «préstamos» estaban destinados supuestamente a mejorar las condiciones de vida de los filipinos y haitianos. Las únicas vidas que efectivamente mejoraron -como observamos- fueron las de F. Marcos y Duvalier. Pero –insistamos- que estos resultados son los que a diario también se suceden en los demás países desde la misma creación del FMI.

El Fondo Monetario Internacional ocasiona conflictos sociales de gran envergadura, lo que es contrario a un orden liberal/capitalista:

«Si los alimentos se encarecen mensualmente en un 2%, será muy improbable que estalle una rebelión. Significa que en 12 meses el aumento asciende a más del 26%. Pero si el aumento se diera de una sola vez, no se podría imponer sin protestas ni disturbios.

Ejemplo: muchos países, como Túnez, Indonesia y Tailandia, tuvieron experiencias con el aumento radical de los precios de los alimentos básicos por presión del FMI o del Banco Mundial; una estrategia de pequeños pasos hubiera podido evitar los disturbios y las luchas.»[4]

Debe recordarse que en un sistema liberal-capitalista (o capitalista-liberal, que es lo mismo, al fin de cuentas) el precio de los alimentos (o de cualquier otro bien o servicio) no sube, sino que tiende a permanecer en su nivel, e inclusive a bajar, por efecto de la mayor oferta que –a su turno- es el necesario resultado de la libre competencia entre los productores del bien en cuestión.

«No se pueden exagerar los efectos del imperialismo occidental, real o supuesto, en el surgimiento del fundamentalismo. En muchos países del Tercer Mundo, el comercio internacional y el sector secular del intercambio de conocimientos, la transferencia de tecnologías, la industria moderna y la actuación del FMI y del Banco Mundial aparecen como acciones explotadoras, colonialistas de las potencias occidentales.»[5]

El FMI representa, en efecto, un verdadero fundamentalismo de orden monetario, de explotación monetaria y crediticia, que el partidario de una sociedad libre o abierta combate enérgicamente.

El Fondo Monetario Internacional es instrumento de corrupción:

«Aparentemente hay un alto riesgo de corrupción… Tal es el caso, por ejemplo,…cuando aportadores internacionales de fondos (FMI, Banco Mundial, UE, etc.) inician grandes proyectos de desarrollo»[6]

Es por eso que ilustres liberales y excelentes pensadores pro-capitalistas han postulado el cierre definitivo de estos organismos estatales internacionales.

 

 

[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz respectiva.

[2] Alberto Benegas Lynch (h) EL LLAMADO “PENSAMIENTO ÚNICO” pág. 2

[3] Alberto Benegas Lynch (h) – Martin Krause. En defensa de los más necesitados. Editorial Atlántida. Buenos Aires, pág. 335

[4] Schröder, Peter. Estrategias políticas. ISBN 0-8270-4733-9. pág. 115

[5] Schröder, Peter. Estrategias …ob. cit. pág. 293

[6] Schröder, Peter. Estrategias …ob. cit. Pág. 300

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.