El desánimo global pesa más en Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/2/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/el-desanimo-global-pesa-mas-49612.htm

 

A pesar de que los organismos internacionales siguen tirando expectativas optimistas con respecto a la economía global, los mercados parecen desanimados y desconfiados.

 

 

Wall Street intenta tranquilizarse tras vivir una semana de vértigo que iba camino de ser la peor desde octubre de 2008, en plena crisis financiera. El índice Dow Jones logró cerrar el viernes pasado con un repunte del 1,4% aunque con mucha volatilidad. Aun así, se produjo una caída acumulada del 5,2% desde el lunes, la peor desde enero de 2016. El impulso final volvió a colocar al índice por encima de los 24.000 puntos y lo sacó de la zona de corrección. Pero ha visto evaporarse 2.200 puntos -casi 10%- desde el máximo histórico del 26 de enero.

Los mercados estadounidenses vivieron una auténtica montaña rusa que hacía subir y bajar las acciones durante toda la sesión. El lunes perdió, de un plumazo, 1.175 enteros, el mayor desplome en puntos de la historia. En porcentaje fue del 4,6%, la mayor caída desde 2011. El martes rebotó el 2,33%. El miércoles, cerró equilibrada. El jueves perdió otro 4,15%, el segundo mayor descenso histórico, en puntos. Durante toda la semana, las Bolsas europeas y asiáticas bailaron al ritmo que marcaba Wall Street y todas las grandes plazas cerraron el viernes con pérdidas.

Entretanto, los bonos del Tesoro, donde la tasa de interés de las letras a 10 años supera el 2,8%, su nivel más alto en cuatro años, se convierten en el puerto seguro para los inversores cuando sube el precio del dinero. Este trasvase del mercado de acciones al de renta fija se ve alimentado por una escalada del índice de volatilidad Cboe, que se movió entre los 30 y los 40 puntos, frente a menos de 10 a comienzos de año.

Los tres índices de referencia de Wall Street -Dow Jones, Nasdaq y S&P- entraron en zona en negativa para el año, al bajar a niveles de mediados de noviembre del pasado año. El desplome provocó que se evaporara el equivalente a 2,6 billones de valor bursátil en el S&P 500. En perspectiva, el desplome suma 3,5 billones en valoración desde las elecciones presidenciales.

La volatilidad se comió el 40% de lo ganado en la era Trump. Google, la segunda compañía cotizada, es el mayor perdedor en términos absolutos con más de 114.000 millones desde el máximo. Le sigue Apple, la mayor del parqué, con 83.000 millones. Las dos están en zona de corrección. Microsoft les sigue con 69.000 millones, Berkshire Hathaway con 63.000 millones y Exxon Mobil con 54.000 millones.

La remontada -por no decir burbuja- de los últimos nueve años en Wall Street estuvo, de hecho, subvencionada por una política monetaria extremadamente laxa por parte de la Fed. Y esta política se aleja cada vez más, ya que el dato de empleo de enero estaría mostrando que el crecimiento es sólido y que los salarios suben, lo que se interpreta como un incentivo para subir las tasas -según ya anticipan todos los analistas- con más agresividad para “contener la inflación”.

Por cierto, tras los sobresaltos de los últimos días, los inversores “clásicos”, los que creen en las perennes reglas del mercado bursátil, se preguntan en qué momento deberían comprar. “Las correcciones en los mercados suelen ser del 10%”, dice Levitt de Oppenheimer. “Estamos cerca de ese punto y después, las acciones suelen subir durante los siguientes meses”, concluye.

En cualquier caso, resulta evidente que “el optimismo que llevó a las acciones de EE.UU. a nuevos máximos se está agotando, al menos temporalmente”, explica Craig Burelle, analista de Loomis Sayles. Así, los inversores buscan activos de cobertura, prefiriendo los bonos del Tesoro a 10 años y para ello han desarmado posiciones, sobre todo en instrumentos de riesgo como el caso de las acciones y activos de emergentes al punto que los bonos de mercados emergentes soportaron la mayor salida de capitales en la historia.

Y, por cierto, en esta bajada global, los bonos argentinos vienen sufriendo una caída adicional como consecuencia de la mayor depresión local: en lo que va del año pierden 10% en la parte larga de la curva y 5,5% en los vencimientos a 2026. En tanto que los bonos brasileños, en la parte larga cayeron 7%, los mexicanos 4,85%, los de Perú 5,7% y los colombianos, puntualmente el bono a 2045, sufrieron una merma de 6,05% en lo que va del 2018.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Las adivinanzas sobre el futuro del dólar

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 26/6/15 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=796524

 

Qué pasará con el dólar hasta la llegada del próximo Gobierno es pura adivinanza, porque no existe racionalidad en el mercado a partir de que el Gobierno ejecuta acciones contradictorias y en proporciones también imprevisibles. Como tuvo éxito, al llegar Vanoli al BCRA, en bajar el “blue” -mejor dicho, revaluar el peso-, cree que fue exitoso el envío de policías y gendarmes a la City, pero lo cierto es que el triunfo se debió a medidas paralelas contradictorias: cierta liberación en la entrega de dólar “ahorro”, aumentando la oferta.

Por el contrario, la represión desalentará a los oferentes de un dólar “blue”, cuya brecha con el “oficial” ya ronda el 50% y con una ganancia de alrededor del 8% en lo que va de junio. Para colmo de males, a mediados de julio vence el 60% de los plazos fijos -para mediados de agosto, el 75%- que en buena parte podrían volcarse al “blue” que ya no está planchado y cuyo retorno supera holgadamente el 25% anual de los plazos fijos. Para remate, el “efecto adiós Cristina” se ha compensado completamente con el “efecto Zannini” que tuvo resultados contundentes: las acciones que cotizan en el exterior bajaron hasta un 7%; y los bonos argentinos, alrededor del 2%.

El país no crece hace cuatro años, el dólar oficial está atrasado, lo que provoca, entre otras cosas, la caída de las exportaciones, y el déficit fiscal rondaría el 6% del PBI, pero aun en el escenario menos favorable, el monto de los vencimientos netos de deuda en dólares totaliza el 1,4% del PBI, una cifra manejable y que el próximo Gobierno podrá financiar sin inconvenientes. Con las decisiones que viene tomando Scioli -al menos hasta las PASO, luego veremos-, creo que el mercado está incorporando la idea de un dólar más alto para el próximo año, dado que no prevé cambios en la política en 2016.

Decía que el verdadero motivo del triunfo del Gobierno en la baja del “blue” -insisto, la revaluación del peso, en rigor- se debió al aumento en la venta de dólares “ahorro” y, también, a la moderación en la expansión monetaria. Sin embargo, típico de tiempos electorales, ambas acciones sufrieron modificaciones y la expansión monetaria aumenta mientras se reduce la venta de dólar “ahorro”. El Gobierno se lanzó a inyectar pesos para alentar el consumo. Según Bein y Asociados, durante estas semanas se inyectarían $ 118.580 millones entre jubilaciones, Plan Progresar, el aumento del 30% en la Asignación por Hijo y otros ítems.

Y la absorción de dinero vía títulos públicos va tocando su techo. El lunes, el Tesoro colocó bonos (Bonac) para financiar sus gastos corrientes por $ 5.103,5 millones. En lo que va del año, en seis veces, ya lleva colocados títulos por $ 29.513. Pero muchos bancos estarían comenzando a desalentar la captación de plazos fijos de grandes empresas para evitar terminar colocando los sobrantes en bonos públicos. Mientras que los plazos fijos privados crecen a un ritmo del 33%, la demanda de préstamos se mantiene en el 26,8%, quedando un excedente que se vuelca en títulos del BCRA -las Lebac- o se coloca ahora en las licitaciones cada vez mayores de Bonac.

Ahora, como el BCRA ya no puede endeudarse más, está tomando medidas para desalentar la compra de sus Lebac en favor de los Bonac. Pero no es lo mismo, advierten los operadores, ya que mientras que el Central nunca reestructuró, el Tesoro sí que lo hizo. En el mercado bursátil, de hecho, hay una clara preferencia por las Lebac antes que los bonos del Tesoro. Así, Letras por las que el BCRA paga una tasa del 27% anual en su licitación primaria en el mercado secundario se consiguen a un precio mayor que da como resultado una tasa anual inferior del 20%.

Además, los bancos podrían perder comprando bonos del Gobierno a un año al 27% si llegaran a subir las tasas del mercado, algo que históricamente ya ha sucedido frente a un ajuste cambiario. Aunque hoy pagan entre el 16% y 17% a grandes empresas por los plazos fijos, cuando sobrevino la devaluación de 2014 las tasas de interés pasaron de un día para el otro del 17% al 28% anual.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.