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Davos, lo que el mercado no es

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://elnuevodiario.com.do/davos-lo-mercado-no/

 

Es llamativo el que parte de la opinión pública tenga una imagen negativa del mercado natural cuando éste no son sino las personas, esa misma opinión pública que lo rechaza. El mercado natural, subrayo, es el conjunto de los seres humanos desde el punto de vista de la cooperación voluntaria, pacífica, espontánea entre las personas con el fin de vivir y mejorar.

Sucede que la idea de mercado se ha deformado hasta contrariar su verdadero sentido. Tomemos por caso el Foro Económico de Davos, que está de moda. Se presenta como “pro mercado” cuando no lo es, confundiendo al público. En primer lugar, como dije, el mercado está compuesto por 7500 millones de personas -la población mundial- y los “líderes” llegados a Davos ni 2000, ni la millonésima parte.

En segundo lugar, en esta costosísima reunión en la que -entre el 23 y 26 de enero- se encuentran diez presidentes de empobrecidos países africanos, nueve de oriente medio y norte de África, seis de Latinoamérica además de occidentales, como Emmanuel Macron y la primera ministra británica Theresa May. En total, 350 líderes políticos, incluidos más de 60 jefes de Estado. El primer ministro de India dio el discurso inaugural y Trump antes de la clausura. Luego, una entrega de premios con la asistencia de Cate Blanchett, Shah Rukh Khan y Elton John.

O sea, son muchos burócratas estatales, de esos que se dedican a “regular” al mercado -a interferirlo coactivamente- los que allí concurrieron. Y los temas en la agenda son temas -algunos casi hilarantes como “la hipnosis para evitar los dolores físicos”- de cómo el Estado debe regular al mercado natural, cómo estos gobernantes deben coartar a las personas de acuerdo con el “sector privado” allí presente. Y, por cierto, nunca olvidan “cómo mejorar los sistemas de impuestos” porque de ellos viven.

Ahora, este “sector privado” -que no es ni la millonésima del mercado- está conformado por empresarios como Bill Gates que ha amasado una fortuna exagerada gracias, precisamente, a privilegios otorgados por los burócratas presentes, como el “copyright” que es un monopolio intelectual impuesto coactivamente al mercado. Otros, como los CEOs de Coca-Cola, Nestlé y Dell, y en particular el de Alibaba, Jack Ma, interactúan intentando que no los regulen o no los perjudiquen, política errada en mi opinión.

Y los discursos son incoherentes. Trump intenta “hallar maneras de fortalecer la cooperación internacional para defender intereses compartidos”, cuando en realidad es solo un golpe mediático más del egocéntrico promotor del “America first”. Por su parte, los políticos latinoamericanos están preocupados por la pobreza que ellos mismos crean, por ejemplo, con abusivos impuestos que terminan pagando los más pobres ya que los empresarios los derivan subiendo precios, bajando salarios, etc.

Insólitamente, el presidente argentino, cuyo país exhibe un nivel de pobreza que alcanza al 30% de la población, es uno de los que más ha gastado abriendo una “Casa Argentina” donde recibió -inútilmente- a empresarios que no han invertido precisamente porque la carga fiscal es muy alta y el país no crece.

Irónicamente, quizás no estaba errado el conservador sitio online Breitbart cuando describía al foro como “un colectivo de élites izquierdistas y sus compinches corporativos multinacionales que debaten sobre cómo configurar las agendas globales para dividir el botín”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

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Desmitificando al liberalismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/04/desmitificando-al-liberalismo/

 

La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

El liberalismo no es pro empresa, es pro igualdad ante la ley.

El liberalismo no es una doctrina que busque beneficiar a un sector a expensas de otro. Si hay un sector sobre el cual Adam Smith ya alertaba tener cuidado, era justamente el empresarial. Es una doctrina que busca respetar la igualdad ante la ley. No sólo para trabajadores y empresarios, fundamentalmente también para el Estado. No hay lugar para la extorsión para mafias, ni para sindicatos, ni para funcionarios públicos.

Podría decirse que si hay un sector social al cual el liberalismo beneficia, es al trabajador. En los países con economías más libres del mundo el factor trabajo recibe un porcentaje del ingreso total mayor al factor capital. Mientras que en las economías menos libres, esta relación tiende a invertirse.

El liberalismo no es anti Estado, es pro límites al abuso de poder. Hay varias corrientes de liberalismo, por ejemplo, el liberalismo clásico, el anarco-capitalismo, el minarquismo, etcétera. El término “libertario” abarca a todas esas corrientes. Salvo el anarco-capitalismo, el liberalismo no busca eliminar al Estado. Lo que el liberalismo requiere son maneras eficientes de contener los abusos de poder estatal. Es un error conceptual pensar en el libertarismo como un indicador de pureza liberal. Mayor rechazo al Estado no implica necesariamente ser más liberal, es simplemente ser más anti Estado o quizás más anarquista.

Posiblemente los tres economistas liberales con mayor reconocimiento del siglo XX sean Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Milton Friedman (Karl R. Popper y Robert Nozick en el área de la filosofía). Ninguno de los tres era anarco-capitalista, los tres fueron liberales clásicos que consideraban al Estado necesario, en términos de liberalismo clásico, para tener una economía libre y estable.

El liberalismo no es despreocupado de las necesidades sociales, busca justamente ayudar a los más necesitados.

El liberalismo no es una doctrina fría a la que no le importa la suerte de los más necesitados. Por el contrario, considera que una economía libre es el sistema económico con más posibilidades de reducir la pobreza. De hecho, la historia muestra que los grandes procesos de reducción de pobreza se dan a la par de mayores libertades económicas. Quien crea que al liberalismo no le importan los pobres o los necesitados puede darse una vuelta por los textos de autores como Mises, Hayek, Friedman, Adam Smith, etcétera.

Hoy día se habla menos de pobreza y más de desigualdad del ingreso. Esto se debe, justamente, a la fuerte reducción en pobreza que se ha observado en las últimas décadas. La distribución del ingreso es un problema distinto al de pobreza. Y como sugiere Angus Deaton, nobel en Economía por sus estudios en este tema, el problema no es la distribución del ingreso en sí sino qué tan justo es el proceso por el cual se distribuye el ingreso. Al buscar la igualdad ante la ley en lugar de beneficios sectoriales, el liberalismo desea un sistema social más justo.

Se encuentra arraigado en la opinión pública que las economías más libres poseen una peor distribución del ingreso. Este no es el caso. El porcentaje del ingreso nacional que recibe el 10% de la población con mayores ingresos es independiente del grado de libertad económica. La diferencia es que en países como la Argentina del kirchnerismo o la Venezuela bolivariana los ricos son aquellos que se benefician a través del Estado. Mientras que en países con economías libres, los ricos son aquellos que sirven al consumidor. Empresarios como Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs se encuentran en países con economías libres, no con economías reprimidas como la de Argentina.

El liberalismo no es partidario, es constitucional. Al liberalismo le preocupan las normas que deben gobernar a una sociedad, es decir, su Constitución. El liberalismo no es un movimiento o un partido político, es una concepción constitucional o fundacional. Consiste en pensar cómo limitar al rey o al Estado, indistintamente de quién sea el gobierno de turno. Pedir que el liberalismo “arme un partido y gane las elecciones” es simplemente confundir cómo se debe administrar al Estado (partidos políticos) con cuál debe ser el papel del Estado (liberalismo como filosofía política).

El liberalismo es fundamentalmente democrático y republicano. Sugerir que el liberalismo es pro dictadura porque algún funcionario supuestamente liberal se ha identificado como tal no hace sombra la constante oposición al autoritarismo del liberalismo. Por ejemplo, a diferencia de los mitos que rondan por sectores de izquierda, ni Friedman ni Hayek apoyaron ni contribuyeron con la dictadura chilena. Por el contrario, en ambos casos dejaron cuestionamientos inequívocos a la dictadura.

La época de oro de Argentina coincide con su época liberal. Argentina tiene la posibilidad de volver a discutir estas ideas y dar inicio a un cambio en serio y de fondo. Para ello es necesario discutir las ideas del liberalismo, en lugar de perderse en mitos y versiones caricaturescas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El lado bueno de la desigualdad

Por Iván Carrino. Publicado el 31/1/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-lado-bueno-de-la-desigualdad/

 

El nuevo enemigo de los intervencionistas es la desigualdad de ingresos y riqueza. Sin embargo, cuando la desigualdad es resultado del éxito de los emprendedores, se vuelve netamente positiva.

La revolución industrial fue un  momento de inflexión en la historia económica mundial. Por décadas y décadas la humanidad había permanecido con una bajísima tasa de crecimiento y una muy modesta expectativa de vida.

Entre el año 1500 y el 1800, un británico promedio no podía esperar vivir más allá de los 40 años. Eso cambió radicalmente después de la Revolución Industrial. A nivel mundial, el ingreso per cápita comenzó a crecer a pasos acelerados, al igual que la esperanza de vida.

Todo esto se dio, además, en el medio de un exponencial crecimiento poblacional. Así, las agoreras predicciones de Thomas Malthus quedaron refutadas. El desarrollo del capitalismo, la propiedad privada y el comercio internacional dieron lugar a este fenómeno y -a pesar de algunos contratiempos debidos a las guerras- el progreso humano no cesó desde entonces.

Claro que los defensores de la intervención estatal en la economía, los mercantilistas y los marxistas no iban a dejar que esta historia saliera a la luz tan fácilmente. Así que difundieron la idea de que, a pesar de todo el progreso derivado de la Revolución Industrial, la desigualdad había sido una de las partes más repudiables de todo el proceso.

Como consecuencia del crecimiento económico, argumentaban, la riqueza de algunos creció desproporcionadamente en comparación con la de otros y eso es digno del máximo de los repudios…

Por curioso que parezca, en la actualidad el debate es bastante similar. El mundialmente conocido economista Thomas Piketty puso a la desigualdad en el centro de la escena nuevamente en 2014, cundo publicó “El Capital en el Siglo XXI”. Allí pronosticaba que la desigualdad seguiría una trayectoria creciente a nivel mundial y que los ricos serían cada vez más ricos en comparación con los pobres.

Para mitigar el supuesto problema que significa esta desigualdad, Piketty y otros que se han sumado a su cruzada, abogan por cobrar más impuestos a los altos ingresos, a la riqueza acumulada y también a las herencias.

El estado tiene que sacarle a los ricos, darle a los pobres, y así conseguir una sociedad más igualitaria.

La verdad es que el caso de Piketty no es tan fuerte como parece. Tanto desde el punto de vista teórico, como en su correlato con los datos, los postulados del francés fueron seriamente cuestionados.

Las críticas mencionadas apuntan a desechar la idea de que efectivamente exista una desigualdad creciente de ingresos y patrimonios. Sin embargo, pocos se animaron a defender por sí misma la desigualdad.

Al parecer, todos deberíamos desear una sociedad igualitaria.

Ese no es mi caso. Y tampoco el de Edward Conrad.

En su nuevo libro, “El lado positivo de la desigualdad”, el investigador y ex director de la firma financiera Bain Capital, plantea que la enorme diferencia de ingresos que existe entre los norteamericanos, lejos de ser un problema, es un activo que ese país tiene.

Conrad plantea que las diferencias que se observan entre los ricos y los pobres de Estados Unidos son principalmente el resultado del enorme éxito que está teniendo el famoso “1%”. De acuerdo con su argumento:

A medida que la economía crece, valora más la innovación. Así, los innovadores que alcanzan el éxito a través de toda la economía, como Steve Jobs y Bill Gates, se enriquecen mucho más de lo que previos innovadores lo hicieron en el pasado. Y se enriquecen más que los doctores, los maestros de escuela, los conductores de colectivos… cuya paga está limitada al número de personas que pueden servir.

Es decir, a medida que avanza la globalización y la tecnología de la información mejora nuestra capacidad de comunicarnos, también se incrementa la capacidad de las empresas y los individuos de llegar a una mayor cantidad de consumidores.

Justin Bieber, que comenzó subiendo videos a YouTube, hoy tiene un mercado potencial de 7 mil millones de personas gracias al avance de la globalización y la tecnología. Lo mismo pasa con los CEO de las compañías multinacionales exitosas. Manejan negocios que cambian la vida de miles de millones, y eso exige una compensación acorde.

Así, “el aumento de la desigualdad de los ingresos es un subproducto de una economía que ha desplegado su talento y su riqueza más efectivamente que otras economías”. No por casualidad, Estados Unidos es más desigual que Europa, pero históricamente ha crecido a ritmos muy superiores.

Cuando uno tiene éxito en una economía globalizada, las ganancias que recibe pueden sonar desproporcionadas, pero es lo que mantiene los incentivos alineados y a la economía en crecimiento.

Como sugiere Conrad:

Los retornos más altos por el éxito incrementan la oferta de talentos debidamente entrenados, y estos altos retornos motivan a los innovadores, los emprendedores y los inversores para que tomen riesgos. Estos dos efectos relajan los obstáculos al crecimiento, lo que permite que la economía crezca más rápido.

Para estimular la innovación y el crecimiento, hay que permitir que los innovadores y los empresarios exitosos cosechen la totalidad de las ganancias que la sociedad, eligiendo en el mercado libre, quiere otorgarles.

Castigar el éxito con más impuestos logrará el objetivo contrario. Habrá menos innovación, menos crecimiento económico y, por tanto, salarios más bajos y más pobreza.

Es hora de sacarse de encima los prejuicios y mirar el lado positivo de la desigualdad.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Oxfam, la desigualdad, la riqueza y la corrección política

Por Guillermo Luis Covernton.

 

En estos días nos hemos visto bombardeados (1) por la publicación de un panfleto izquierdizante de Oxfam: ente multinacional que promueve la miseria, el estatismo y la falta de libertad, así como el respaldo a los gobiernos dictatoriales que se financian con ayudas internacionales.

Como muy bien se ha ocupado de difundir el Acton Institute en sus documentales de la organización “Powerty Cure”,(2) estos mecanismos no solo no ayudan a los países menos desarrollados, sino que generan alteraciones de la demanda, los precios y la provisión de bienes y servicios de tal magnitud que imposibilitan la correcta evaluación de proyectos de inversión, y el desarrollo de nuevas empresas. Y por ende, se ven privados de poder recibir inversiones de países extranjeros, de remunerar la creatividad y la empresarialidad latente en cualquier individuo, y de generar una sociedad más justa.

Y con esto, condenan a los más desfavorecidos, en países menos desarrollados a ser víctimas del clientelismo político y de la corrupción descarada de los sátrapas que los gobiernan e espaldas de los sanos principios republicanos y de una democracia madura.

El organismo explota la sensibilidad de los poco informados y afirma extremos que se han demostrado claramente falsos, como bien destaca un interesante análisis de Diego Sanchez de la Cruz. (3)

Todo esto nos inhibiría de ahondar en el desenmascaramiento de estas falacias, financiadas por las organizaciones de izquierda, si no se nos ocurriera, además, destacar un tema sobre el que pareciera que nunca se insiste demasiado: Esto es la verdadera génesis de la riqueza. Es decir, de cómo pasamos de una caverna al hiperespacio, la productividad a base de trabajo virtual y la verdadera formación de la riqueza.

Un gran economista, de quien tuve el privilegio de recibir lecciones y quien me delegara una cátedra, Manuel Ayau Cordón, iniciaba siempre sus cursos recordando que el estado natural del hombre era la extrema pobreza. Nuestra civilización nació, vivió y evolucionó, a partir de estar desnudos en una caverna, sin nada que les garantizara la supervivencia más allá de unas horas. Ignorando el universo que nos rodeaba, por más del 90 % del tiempo en que habitamos esta tierra.

La única fuente de nuestra actual prosperidad, como muy bien lo titulara otro de mis maestros, el Dr. Israel Kirzner, es la “Creatividad, el Capitalismo y la Justicia Distributiva” que se derivan del proceso de mercado y a partir de los intercambios libres y voluntarios de los agentes económicos. (4) Quienes estén particularmente interesados, pueden profundizar en dicha obra que, como alguien expresara, es:

“Una de las obras maestras de Israel Kirzner, donde destaca la importancia del empresario en los procesos de mercado, donde muestra el proceso dinámico del mercado (derribando las críticas al mercado típicas del socialismo y de las políticas redistributivas que consideran erróneamente que la riqueza y recursos es algo dado y estático. Kirzner muestra que la creatividad y el descubrimiento son básicos en la generación y creación de recursos, cambiando así de manera radical la manera de entender los criterios de justicia redistributiva, mostrando cómo el capitalismo mejora eficazmente el bienestar material de las sociedades, sin que ello comporte el coste moral que le achacan sus críticos.”

Creemos que el principal error crucial del planteo de Oxfam es esta falacia tremenda del socialismo ponzoñoso y confrontante de asumir que la riqueza está dada y que solo hay que redistribuirla.

Si esto fuera así, estaríamos perdidos, toda vez que los 300 mil homo sapiens que agonizaban de hambre 100 mil años atrás, podían distribuirse entre ellos toda la riqueza del mundo. Y hoy, hay que hacerlo entre 7000 millones. Y pese a eso somos infinitamente más ricos. No solo que esos homo sapiens de hacen 100 mil años. Un hombre que vive en un barrio careciente, en viviendas precarias, en una capital de latinoamérica como puede ser Buenos Aires es hoy mucho más rico que el hombre más rico de Francia, hacen apenas 300 años atrás: Como nos muestra la historia, el rey de Francia en aquellos años, carecía de agua potable, vacunas, antibióticos, internet, televisión satelital, comunicaciones celulares, y la posibilidad de estudiar el universo que nos rodea, en la magnitud y la profundidad que hoy puede hacerlo cualquier niño en edad escolar, en uno de esos asentamientos urbanos. Nos falta muchísimo por recorrer. Pero hay estimaciones que hablan de que en el 2030 podríamos erradicar la pobreza del mundo. Como lo indican las Metas y Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (5). Muy autorizadas opiniones coinciden con estos objetivos. Vemos como personas que han demostrado claramentew como generar riquezas, estiman como muy viable el logro de estas metas (6). No en base a quimeras y utopías socialistas, estatistas y dictatoriales, sino permitiendo el ejercicio del libre albedrío, liberando la iniciativa privada individual, generando el marco jurídico y la necesaria protección a la innovación, el cumplimiento de los contratos y la defensa de la propiedad privada de las inversiones y sistemas de producción.

Pero el punto sobre el que me gustaría enfatizar es: ¿Quiénes son los demonizados por Oxfam? ¿Quiénes son los que merecen el castigo de estos estatistas delirantes?: Veamos:

“A la cabeza de la lista se encuentran Bill Gates, fundador de Microsoft, con una riqueza que asciende a 75,000 millones de dólares; el español Armando Ortega, (sic) fundador de Inditex, con 67,000 millones de dólares y Warren Buffet, director ejecutivo de Berkshire Hathaway, con 60,800 millones de dólares.

Los otros cuatro son: Jeff Bezos, fundador de Amazon, con una riqueza de 45,200 millones de dólares; el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, con 44,600 millones de dólares; Larry Ellison, cofundador de Oracle, con 43,600 millones de dólares; y por último Michael Bloomberg, fundador de Bloomberg LP, quien cuenta con una fortuna de 40,000 millones de dólares.” (7)

Como podemos ver, todos ellos son emprendedores en el estricto sentido de la palabra. Es inadmisible plantearse la mera posibilidad de atacar sus patrimonios, obtenidos en forma pacífica y a través de intercambios libres y voluntarios. Han sido los consumidores, con sus decisiones autónomas sobre sus compras y abstenciones de comprar los que han forjado sus fortunas.

Ha sido la visión y capacidad de lograr una mejor asignación de recursos lo que ha generado esa riqueza. Tanto Gates como Larry Ellison, diseñaron y perfeccionaron herramientas que incrementan de tal modo la productividad de sus usuarios, que estos han producido riqueza en exceso, que no solo ha elevado su nivel de vida sino que les ha permitido pagar los precios que estos empresarios proponian. Ortega y Bezos crearon negocios en ramas que ya existían, pero logrando fuertes mejoras en la logística, economía de escala y asignación de factores, que han posibilitado a los consumidores acceder a muchos más bienes y servicios, a precios más bajos.

Buffet y Bloomberg han accedido a su fortuna solo por haber logrado mejores asignaciones de recursos, inversiones, una adecuada evaluación de riesgos y el acceso de capitales y ahorros a empresas y productores. Zuckerberg dio a luz un modelo de negocios y una forma de comunicarnos que es prácticamente gratis para sus usuarios. Que nada pueden reclamarle ya que derivan una inmensa gama de posibilidades de comunicación y aprendizaje, sin comparación con el costo que les implica.

En definitiva, ninguno de ellos se ha apoderado de la plusvalía de nadie. Ni derivan su riqueza de la apropiación indebida de recursos dados o estáticos. La prosperidad y el crecimiento se basan precisamente en innovación, descubrimiento, creación, diseño de estrategias, bienes o servicios.

La economía no es ni nunca será un juego de suma cero, como lo conciben los socialistas totalitarios y estatistas, que proponen redistribuir en base a impuestos regresivos lo que los agentes económicos ya han distribuido previamente a través de la legitimidad de las ganancias y las pérdidas empresariales.

 

(1)  http://elpais.com/elpais/2017/01/13/planeta_futuro/1484311487_191821.html

http://eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2017/01/16/ocho-hombres-riqueza-medio-planeta-oxfam

(2) https://www.youtube.com/user/povertycure

http://www.povertycure.org/

(3)  http://www.libremercado.com/2017-01-17/diego-sanchez-de-la-cruz-el-igualitarismo-anticapitalista-de-intermon-oxfam-ataca-de-nuevo-81145/

(4) https://www.amazon.es/Creatividad-capitalismo-y-justicia-distributiva/dp/8472092909

(5) http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/poverty/

(6) https://megaricos.com/2016/07/01/bill-gates-podemos-erradicar-la-pobreza-para-2030/

(7) http://eleconomista.com.mx/finanzas-publicas/2017/01/16/ocho-hombres-riqueza-medio-planeta-oxfam

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Y ahora son liberales, vaya, por Dios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/y-ahora-son-liberales-vaya-por-dios/

 

Carlos Alsina, con manifiesta intención provocadora, me dijo ayer que los de Podemos son liberales, según Íñigo Errejón. Veamos lo que les respondió a Daniel Basteiro y Alberto Lardiés en El Español.

Primero, la ambigüedad calculada. Los políticos se acuerdan del liberalismo en campaña electoral, como hizo Zapatero, que sostuvo que era liberal, y al que tampoco creí («Cual torna la cigüeña al campanario», Expansión, 13 noviembre 2000). El PP también ha coqueteado con el liberalismo, cuando le ha convenido, pero siempre lo ha reivindicado a la vez que reivindicaba lo contrario, eludiendo la contradicción mediante el viejo truco de aclarar, como los socialistas, que ellos son liberales pero no extremistas, claro que no.

En terreno parecido se mueven los de Podemos. Errejón divagó sobre la “transversalidad” donde caben multitudes, porque la “frontera en España pasa hoy por la regeneración democrática y la protección de los derechos sociales o un modelo económico que no deje a la mitad del país atrás. En torno a esa frontera hay una mayoría popular nueva, con gentes que se identifican con etiquetas muy diferentes”.

Basteiro y Lardiés, lógicamente insatisfechos ante semejante humareda populista, le repreguntaron si los liberales pueden votar a Podemos, en especial tras su pacto con los comunistas. Atención a la respuesta: “Creo que sí porque en primer lugar están de acuerdo con nosotros en la soberanía nacional, que hoy está en peligro, pero no por cuestiones territoriales o por el cambio político. Está en peligro porque se reconoce que nos gobiernan señores que no hemos elegido y que son capaces de decirles a nuestros gobernantes electos lo que pueden hacer y lo que no.”

Ningún liberal ha incurrido en esta paranoia que comparten marxistas y fascistas de que estamos gobernados por malvados capitalistas. Sabemos que quienes nos arrebatan la libertad y la propiedad no son Amancio Ortega ni Bill Gates, sino los políticos.

Distingue don Íñigo a los liberales buenos de los malísimos que “quieren recortar las pensiones porque tienen un plan de pensiones privado”. Ningún liberal quiere recortar las pensiones: los populistas lo hacen, como sus amigos griegos. Los liberales queremos que los pensionistas, y no los políticos, sean los propietarios de sus pensiones. Y eso, que es la libertad, es lo que Podemos odia. Y por eso ha pactado con los comunistas la supresión de la desgravación de los planes privados de pensiones en el IRPF, es decir, ha pactado subirles los impuestos a millones de trabajadores españoles. Mienten, por tanto, los de Podemos cuando aseguran que el delirante plan de aumento del gasto público que han acordado con IU se financiará persiguiendo sólo a los superricos.

Eso sí, aunque en Podemos mienten como los demás políticos, también pueden ser muy divertidos. Errejón dice que, como “el liberalismo protege la separación de poderes”, entonces los liberales podríamos votar a Podemos. No me dirá usted que no tiene gracia.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los ricos son cada vez más ricos:,… en realidad es al revés, los ricos no pueden mantenerse ricos

Por Martín Krause. Publicada el 19/3/16 en: http://bazar.ufm.edu/los-ricos-son-cada-vez-mas-ricos-en-realidad-es-al-reves-los-ricos-no-pueden-mantenerse-ricos/

 

Mas sobre los ricos que son más ricos y los pobres que son más pobres. Ahora un artículo publicado en el Cato Journal, “The Myth of Dynastic Wealth: The RIch get Poorer”, por Arnott, Bernstein & Wu: http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/cato-journal/2015/9/cj-v35n3-1_0.pdf

“El libro ‘El capital en el siglo XXI’ de Thomas Piketty explotó en los primeros puestos de los libros más leídos en cuanto fue publicado en 2013, y allí estuvo por meses. Si bien es un logro destacable para un pesado volumen de economía, no es un misterio porqué ha creado tal sensación: está bien articulado, es accesible para el no-economista y contiene muchas observaciones históricas.

Creemos que el argumento principal de Piketty es probablemente errado en varios niveles, como resultado de errores fundamentales y evitables en sus supuestos básicos. Comienza con la sensata presunción de que el retorno sobre el capital invertido, r, excede el crecimiento macroeconómico, g, como debe ser en cualquier economía saludable. Pero desde esta casi tautología, avanza para presumir que las familias ricas van a ser cada vez más ricas en las generaciones futuras, llevando hacia una sociedad dominada por la riqueza hereditaria, no ganada.

Ahora bien, esta lógica resulta cierta solamente si los ricos nunca disipan su riqueza a través del gasto, las donaciones caritativas, los impuestos, malas inversiones, y la división de la propiedad entre muchos herederos. Como individuos, y como familias, los ricos generalmente no son más ricos; después que se construye una fortuna, generalmente los ricos se vuelven lenta e inexorablemente más pobres.

La evidencia que usa Piketty en apoyo de su tesis es básicamente anecdótica, sacada de novelas de Austen y Balzac, y de las fortunas actuales de Bill Gates y Liliane Bettencourt. Si Piketty está en lo cierto, ¿dónde están ahora los actuales descendientes hiper-ricos de las dinastías empresariales del pasado: los Astors, los Vanderbilts, Carnegies, Rockefellers, Mellons y Gettys? Casi todos ellos están fuera de las listas de los super-afluentes. Nuestra evidencia –presentada para refutar el argumento de Piketty- es empírica, resultado de la alta rotación entre los rangos de los super-ricos de la revista Forbes 400, y sugiere que en cualquier determinado momento, la mitad o más de la riqueza conjunta de los hiper-ricos es riqueza generada por esa primera generación, no heredada.

Los que originan grandes riquezas son genios que se encuentran uno en un millón: su innovación, inventiva, y su focalización en el esfuerzo empresarial crean cantidad de empleos y mejoras de productividad para toda la sociedad. Ellos crean riqueza para la sociedad, de la que extraen riqueza para sí mismos. En contraste, los descendientes de los hiper-ricos rara vez poseen ese genio de uno en un millón. Bettencourt, citada por Piketty, es una excepción. Típicamente, encontramos que los herederos reducen esa riqueza a la mitad –en relación al crecimiento del PIB- cada 20 años o menos, sin ninguna asistencia adicional de las recetas redistributivas de Piketty.

La acumulación dinástica de riqueza es simplemente un mito. La realidad es que cada generación  produce sus propios emprendedores que crean vastas sumas de riqueza totalmente nueva, y disfrutan una parte de ella, desplazando a muchos de los emprendedores que crearon riqueza en generaciones anteriores. Hoy, las enormes fortunas del siglo XIX se ha prácticamente vaciado y casi todas las fortunas generadas medio siglo atrás también se han ido. ¿Realmente queremos frenar la empresarialidad, la invención y la innovación en un esfuerzo para acelerar el ya rápido proceso de redistribución de la riqueza?”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Diez aclaraciones un tanto impacientes sobre las mediciones de desigualdad

Por José Benegas. Publicado el 19/1/16 en: http://josebenegas.com/2016/01/19/diez-aclaraciones-un-tanto-impacientes-sobre-las-mediciones-de-desigualdad/

 

La excluyente moralina izquierdista está encantada con los resultados del índice de Oxfam (una buenísima respuesta aquí de Ramón Rallo), una ONG “buena”, que acumula causas nobles sobre la pobreza en el mundo. Perdonen que ponga entre comillas esa bondad, se que eso escandaliza a más de uno que se siente culpable de solo considerar que gente que reparte a los pobres pueda ser cuestionada, sobre todo porque no me tomé ni me tomaré el trabajo de contabilizar sus acciones. Ese antecedente es el que se usa para dar valor a sus observaciones, nunca en la historia la demagogia ha dado tanta impunidad. Está mal porque gente que recibe donaciones y las reparte usa el prestigio que eso da para difundir ideas que están incluso contra los que producen el dinero que reciben en donación, contra los intereses de la gente a la que asisten y solo opera en en función de su figuración y poder.

Definamos izquierda: sincretismo doctrinario, moral, esotérico y tribal parasitario, basado en culpabilizar la habilidad y el éxito, exacerbando el sentimiento de fracaso de la población con falsos dilemas.

Dicho esto, lo que de verdad se está confrontando es el modelo de falsa desgracia, parasitario, contra otro productivo. El hambre en el mundo no lo combaten las ONGs ni las iglesias, ni los grupos de voluntarios. Si en cambio lo hacen los millonarios a los que quieren señalar por la sencilla razón de que si ese proyecto productivo es es entendido como bueno, ellos, los culpabilizadores cuyo papel es juzgar, no tienen sentido de existir. Pero no porque sean impotentes para combatir el hambre, mi sospecha es que no les interesa tres pitos a esta altura. Están mucho más enfocados después de repartir y sacar fotos, en esta parte política con la que atraen toda la atención. Para lo que son impotentes es para ser buenos, que es el cartel que les interesa, porque ser buenos como quieren les da poder y sobre todo es gratis. Un poco de reparto de zapatillas por aquí y por allá y ya se sienten con derecho a juzgar lo que tienen los grandes millonarios. Es contra el peligro que representa esta gente que la Biblia sabiamente dice que hay que procurar que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. El cartel de bueno es abuso de poder, no es bondad.

Primera aclaración: Lo que tienen las ONGs es recursos para consumo. Sean esas zapatillas, alimentos, abrigo, lo que sea. Lo que tienen los millonarios si lo obtuvieron limpiamente, en su mayor medida son recursos de capital, que están produciendo entre otras cosas para combatir el hambre. Lo que ellos realizan se multiplica, lo que hacen las ONGs se termina en la primera operación.

Segunda aclaración: En el caso de los millonarios tanto lo que tienen para su propio consumo como lo que tienen invertido en bienes de capital destinados producir cosas útiles para la población, son el reflejo de transacciones en las cuales lo que recibieron a cambio quienes pagaron, fue superior a esa suma. Eso está en la lógica de toda transacción pacífica, ambas partes valora más lo que reciben que lo que dan y por eso intercambian. Esto implica que la comparación entre los más ricos y los más pobres es tramposa, porque la riqueza de los ricos contribuyó seguro a la menor pobreza de los pobres y no al revés como sugiere el estudio.

Tercera aclaración: La capacidad de consumo de una persona más allá de determinado nivel no sube demasiado. Tener cien o cincuenta mil millones de dólares en la cuenta, no hace que el que tenga la segunda suma coma mejor caviar que el de la primera. La diferencia está en que el segundo toma decisiones económicas que benefician a muchas más personas. Tiene mayor poder económico, no político. Digo benefician, algo que el resentimiento impide ver, porque bajo reglas de mercado no tienen capacidad de obligar a nadie a pagar por lo que ofrecen.

Cuarta aclaración: Cualquier poder ilegítimo que los millonarios tuvieran sería ejercido contando con apoyo de gobiernos. Estas organizaciones se desentienden por completo del poder del gobierno, más bien quiere que los gobiernos se ocupen de que los ricos no sean tan ricos. Eso les da poder a ellas y también a los gobiernos. El gobierno no tiene dinero, solo lo extrae, cada peso que acumula va en empobrecimiento de los individuos privados.

Quinta aclaración: Mientras por lo indicado antes la utilidad de los millonarios para el resto de la población se mide justamente por sus millones, que es lo que este estudio trata de convertir en problema, la de las ONGs se mide emocionalmente. Esa emoción está basada en la explotación de la culpa por lo que se tiene y la promoción del resentimiento. Desde el punto de vista de la superación de la pobreza, sus acciones se consumen en un acto, no promueven una solución ni un flujo permanente y sostenible y alteran la capacidad de subsistencia de los asistidos si se prolongan en el tiempo. Como bien lo señalaba Ayn Rand, el reparto de los repartidores no podría existir sin la previa actividad de los productores. Ni siquiera podemos afirmar que el dinero regalado no estaría mejor en una inversión o en sueldos para actividades productivas. Solo podemos considerar subjetivamente útiles los propósitos de los donantes y de los que reciben las donaciones; algo que queda entre ellos, que puede entenderse como producto de la cultura culposa. No se cuántas personas han dejado la pobreza por ser asistidas por ONGs, pero gracias al mundo empresario se puede decir que esta es la época de mayor riqueza general de la historia humana. Como dice Rallo, nada se dice de que las fortunas se concentran en los países que respetan medianamente la producción y la pobreza en los países que siguen las pautas morales o políticas de los igualadores. Pero hasta esos países son menos pobres gracias al valor que crean los que son capaces de producir.

Sexta aclaración: Si un cataclismo natural hiciera desaparecer a las 62 personas más ricas del planeta y a sus empresas, las otras se volverían más pobres, no más ricas.

Séptima aclaración: El asalto a los millonarios puede tener éxito como un solo acto de depredación, a partir de ahí tendría el mismo efecto que el cataclismo natural de la aclaración anterior.

Octava aclaración: Los ricos nos convienen para venderles bienes y servicios. Incluso los ricos ilegítimos como los gobiernos, cuya riqueza nunca se compara con la pobreza de la población, son utilizados como fuentes de recursos a cambio de servicios (en el segundo caso, ilegítimos).Sin ricos no solo no hay capitalismo, tampoco hay socialismo ni ONGs. Esta es la razón también por la que pululan organizaciones, académicos y periodistas que hacen comparaciones que lo único que logran es justificar al estado, del cual obtendrán algún favor, o culpabilizar a los que producen para quitarles dinero sin darles nada util a cambio más que un falso perdón. Hay una manera honesta de obtener dinero de los ricos, pero no es ninguna de las dos mencionadas.

Novena aclaración: En un mercado libre todos tenemos la posibilidad de ser Bill Gates, pero solo hay unos pocos que logran ser Bill Gates ¿Por qué? Porque el descubrimiento de la riqueza es difícil, lleno de riesgos y sin ninguna seguridad. Hacer aparecer a los ricos más ricos como privilegiados, es un trabajo de parásitos. Lo cierto es que no son privilegiados sino elegidos por consumidores que combaten su pobreza y que su triunfo explica en gran medida el avance de la humanidad y nuestro estándar de vida. Lo que estas ONGs pretenden es construir un sistema de elección paralelo al del mercado, donde los bienes no estén distribuidos en base a su productividad, sino a un criterio moral que ellos manejan, despreocupándose por completo del resultado, porque su único interés es el manejo en sí.

Décima aclaración. Si el capitalismo es injusto y genera por generación espontánea millonarios malos que explotan al mundo ¿Por qué razón los buenos no hacen empresas super exitosas y las usan para repartirnos sus frutos? Porque no tienen idea de como hacerlo, pero tampoco aceptan la realidad de que el mercado es un ámbito de libertades y de riesgos donde el mejor lugar para que esté la riqueza es en manos de quién la supo crear. Esto es bueno para ellos y también para todos los demás.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Los ricos y el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/8/15 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/los-ricos-y-el-mercado-alejandro-tagliavini-columna-el-tiempo/16215055

 

Al contrario de lo que muchos creen, los superricos no son un resultado natural del mercado, sino que este, naturalmente, tiende a nivelar las fortunas y a dar infinitas chances a cada persona.

Time elaboró un escalafón de las personas de toda la historia, que alcanzaron las mayores fortunas del mundo, luego de entrevistar a historiadores y economistas para elaborarlo. Comenzando desde atrás, el décimo en riqueza habría sido el conquistador Gengis Kan (1162-1227), que unificó a las tribus nómadas fundando el primer Imperio mongol.

Lo supera Bill Gates (1955) en el puesto nueve, que acumula una fortuna de US$ 79.000 millones. El fundador de Microsoft es considerado la persona más rica del planeta hoy. En el octavo lugar, estaría Alan Rufus (1040-1093), que era sobrino de Guillermo el Conquistador, a quién se unió en la conquista de Normandía. Su riqueza llegó a los US$ 194.0000 millones. Luego, en el séptimo lugar, John D. Rockefeller (1839-1937) que acumuló US$ 341.000 millones con su empresa, Standard Oil, que llegó a controlar el 90 % de la producción petrolera norteamericana.

En sexto lugar aparece Andrew Carnegie (1835-1919), considerado el norteamericano más rico de la historia. Inmigrante escocés que vendió su compañía, US Steel, a JP Morgan por US$ 480.000 millones, equivalente al 2,1 % del PIB del país. En el quinto puesto estaría Joseph Stalin, el todopoderoso de la URSS, a la que controlaba totalmente cuando tenía una riqueza correspondiente al 9,6 % del PIB mundial. Si bien es difícil separar su riqueza personal de la del Estado, por su situación es considerado una de las personas más ricas.

En el cuarto puesto estaría Akbar I (1542-1605), de la India, que controló el Imperio mogol cuando representaba un cuarto de la producción económica mundial. Tercero aparece el emperador chino Song Shenzong (1048-1085), cuya fortuna se basaba en el dominio de un imperio que controlaba cerca del 25 % del PIB mundial y provenía tanto de sus innovaciones tecnológicas como de su extrema habilidad para la recaudación tributaria.

El segundo personaje más rico de la historia habría sido César Augusto (63 a. C. – 14 d. C.), que acumuló lo que hoy serían unos US$ 4,6 billones. No solo estuvo a cargo del Imperio romano, que llegó a representar casi el 30 % del PIB global, sino que se habría hecho con una quinta parte de la economía imperial. Y, finalmente, está Mansa Musa de Malí (1280-1337), que fue rey de Tombuctú y el mayor productor de oro del mundo y, por tanto, la persona más adinerada de toda la historia, explica Rudolph Ware de la Universidad de Michigan.

Ahora, de esta lista, siete hicieron su fortuna por fuera del mercado, utilizando las armas del Estado. Los otros, empresarios privados, la consiguieron en base a privilegios que les dio el gobierno “regulando” –imponiéndose coactivamente- el mercado a su favor. Por caso, Microsoft se enriqueció gracias a las leyes de “derecho de autor” que otorga el monopolio de una idea al más rápido en presentarse en la oficina de patentes.

El mercado natural, en cambio, prevé una sana competencia –en base a la oferta y demanda- de modo que, cuando alguien está consiguiendo mucho dinero, atrae a otros al mismo negocio repartiendo su rentabilidad entre muchos. Por eso John D. Rockefeller llegó a afirmar, descaradamente, que “la competencia es un pecado, y procederemos a eliminarla”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Capitalistas ganadores

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/6/14 en: http://www.libremercado.com/2014-06-15/carlos-rodriguez-braun-capitalistas-ganadores-71871/

 

Jorge Otero escribió en publico.es sobre “Los capitalistas que siempre ganan”. Su visión del capitalismo es tan generalizada como errónea.

Todo el artículo invita al recelo hacia unas personas poco recomendables:

España es una auténtica ganga para los grandes inversores. Todo el mundo sabe que los activos españoles están baratos. La crisis ha tirado los precios –y los salarios– por los suelos y siempre hay gente dispuesta a sacar tajada comprando barato para luego, en un futuro indeterminado, vender más caro.

¿Ah, sí? ¿Todo el mundo lo sabe? Pues si fuera verdad, entonces todo el mundo compraría, los activos dejarían de estar baratos y los precios y los salarios subirían. Nada de esto ha sucedido todavía, precisamente por un aspecto crucial del papel empresarial que el señor Otero ignora: la incertidumbre; porque los empresarios, como descubrió Richard Cantillon hace mucho tiempo, conocen el valor de lo que compran, pero nunca están seguros del valor de lo que pueden vender.

 

Según don Jorge, hay ricos riquísimos como Bill Gates, George Soros, Amancio Ortega, Warren Buffet o Carlos Slim que “siempre ganan cuando se trata de hacer negocios”. Pues no es así, porque no todas sus inversiones han tenido éxito. Pero además nos cuenta el señor Otero que “Bill Gates, al que tampoco se la da nada bien perder dinero, adquirió el pasado octubre el 6% de la constructora de Esther Koplowitz” y “compró barato”. ¿Qué pasa con la señora Koplowitz, una mujer muy rica? ¿Acaso es tonta, perdió dinero al vender barato al odioso extranjero?

Pues claro que no. La verdad es que don Jorge no sabe si Bill Gates ganó con esa compra y Esther Koplowitz perdió. Eso sólo lo puede decir el tiempo, porque, al revés de lo que dice su artículo, no es verdad que los capitalistas ganen siempre.

Otro error habitual es asociar las inversiones de los ricos a la malvada e improductiva especulación:

La economía productiva en España sigue bajo mínimos –26% de paro– pero la especulativa despegó en 2013.

Con ese argumento, cuando el paro estaba en el 8% en España no había “especulación”, lo que, dada la evidencia de la burbuja inmobiliaria, es un apreciable desvarío.

Y, por fin, esta joya de la coherencia progresista:

El entusiasmo del Gobierno del PP es evidente, pero no puede ocultar una realidad: los magnates invierten en España, sí, pero una diminuta parte de sus enormes fortunas.

¿En qué quedamos, señor Otero? Si sus inversiones no son buenas, ¿para qué queremos que inviertan más?

 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

 

 

Príncipes y mendigos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/2/14 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/principes-y-mendigos-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo-_13458624-4

La reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, y después, fue una buena ocasión para discutir sobre pobreza y desigualdades. Bill Gates pronosticó que para 2035 casi no quedarán países pobres, según el Banco Mundial, lo que resulta creíble definiendo como pobres a quienes viven con menos de US$ 1,25 diarios. A la vez, según Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir 3.500 millones de personas; y la riqueza del 1 % más adinerado del globo llega a US$ 110 billones, 65 veces más que lo que posee la mitad más pobre mundo.

El fundador de Microsoft asegura haber donado –a través de la Fundación Bill y Melinda Gates– más de 28.000 millones y planea seguir, según cuenta Jorge Ramos Avalos, “el trabajo que hemos hecho ha salvado 8 millones de vidas… ”. Pero muchos aseguran que los Gates tiran su dinero en países donde hay dictadores y sin efectos a largo plazo. Lo que resulta coherente con el hecho de que, como dice la doctrina católica, antes está la justicia que la caridad; es decir, es mejor un orden social que permita a todos vivir dignamente trabajando que tener que estar dando ayudas ocasionales.

Sin dudas, el mundo está mejor hoy. Ahora, está mejor por las “acertadas” políticas gubernamentales, pareciera que es al revés. Según cita Andrés Oppenheimer, tiene razón Marcelo Giugale, director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial, en que gran parte del progreso se debe, precisamente, el que los Estados chino e indio han dejado de hacer cosas que ahora realizan las personas dentro del mercado. Con lo que no se entiende, luego, que el mismo Giugale proponga que los gobiernos utilicen nueva tecnología para identificar a los pobres, suena a Gestapo.

Y en cuanto a desigualdad ocurre lo mismo. Al contrario de lo que muchos creen, asegura Peter G. Klein que “lo típico es que las grandes firmas surjan donde los mercados… sufren la interferencia gubernamental; estas circunstancias proporcionan ventajas” a las grandes corporaciones que, entre otras cosas, tienen gran capacidad de cabildeo con la que logran la promulgación de regulaciones que las benefician o que dificultan o impiden las operaciones de sus rivales pequeños. Así vemos cómo las multinacionales ocupan un lugar dominante en la economía de muchos populismos latinoamericanos.

O sea, que las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, concretamente, ha hecho sus millones gracias a los “copyright” de Microsoft, “copyright” que son verdaderos monopolios “intelectuales” impuestos por el Estado. Si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta vía monopolio de la violencia estatal, significa que no se daría naturalmente.

Esta “propiedad” suelen ser monopolios, garantizados por el Estado a grandes grupos económicos, que realizan millonarios cabildeos esgrimiendo que la libre distribución desincentivaría la creatividad, cuando está muy claro que, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros impulsando exponencialmente el desarrollo. Por caso, dicen serios historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador” con el fin de hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor, sólo fue perfeccionada por él y patentada en 1879.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.