SIN EMPRENDEDORES NO HAY VIDA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Nos estamos refiriendo, claro está, a quienes emprenden actividades que apuntan a satisfacer necesidades de sus congéneres. No es esto por pura filantropía sino en interés personal cuando se opera en una sociedad abierta: al resolver los problemas de los demás, en el mercado libre, esto se recompensa con la contrapartida que entregan las personas al ver sus deseos resueltos ya se trate de la compraventa de bienes o de servicios.

 

Este proceso ha sido originalmente explicado por destacados miembros de la Escuela Escocesa del siglo xviii y elaborados a través de otras contribuciones de peso. No se trata de fabricar “un hombre nuevo” vía el uso de la violencia de los aparatos estatales. Ya hay bastante experiencia de la miseria y las muertes que estos experimentos han  creado. Se trata de estudiar la naturaleza humana y comprobar que todos actuamos en nuestro interés personal (lo cual incluye la caridad que es bienvenida y los actos criminales que deben ser combatidos). De este modo es que en un clima de libertad cada uno al satisfacer las necesidades de su prójimo, como queda dicho, se beneficia a si mismo con el producto de la transacción siempre pacífica y voluntaria, mientras  el emprendedor está atento a los cambios de preferencias al efecto de dar en la tecla.

 

Nada garantiza el éxito del emprendedor ya que sus conjeturas sobre lo que aprecian otros pueden estar erradas. De este modo, quien acierta obtiene ganancias y quien yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados marca el camino, lo cual se diferencia radicalmente de los prebendarios que solo se ocupan de acercarse al poder político para obtener un privilegio en desmedro de los consumidores que deben pagar precios más elevados, obtener calidades inferiores o ambas cosas a la vez.

 

Gracias a los emprendedores, la civilización cuenta con agua potable, con alimentos, con medicinas, con medios de transporte, con diques y represas, con libros, teatro, vestimenta, equipos, mobiliario y todo lo que atiende las necesidades básicas y las culturales y de confort. Nada hay sin el emprendedor desde al arco y la flecha hasta nuestro días y todo esto a pesar de las regulaciones absurdas y las cargas fiscales de los gobiernos que habitualmente no se limitan a proteger derechos sino a lesionarlos y atropellarlos, estrangulando libertades que son anteriores y superiores a la existencia misma de las estructuras gubernamentales.

 

Desde luego que el emprendedor no se limita al ofrecimiento de activos materiales, por ejemplo, quienes inician nuevos programas educativos son también emprendedores y, más aun, son de una categoría de la cual dependen los emprendedores de lo crematístico-material puesto que, entre otras cosas, facilitan la existencia de valores y principios que hacen posible el surgimiento de aquellos. Por supuesto que lo dicho también incluye a emprendedores que no se caracterizan por contar con activos físicos de gran valor como es el caso hoy de Facebook y Mercado Libre que reportan suculentas facturaciones por el hecho de ofrecer lugares cibernéticos de reunión y más recientemente el establecimiento de UBER, y es también el caso que mencionaremos enseguida en el que su mayor activo se encuentra de las cejas para arriba.

 

En cualquier caso,  el emprendedor está siempre al acecho de oportunidades, más técnicamente expresado está atento a lo que estima son costos subvaluados en términos de los precios finales para sacar partida del arbitraje correspondiente en el sentido más lato de la expresión.

 

En esta nota periodística quiero ejemplificar el caso del emprendedor con Federico Tessore a quien le solicité una entrevista para obtener datos de su emprendimiento que se concretó en Inversor Global.

 

Empiezo por el final, es decir, lo que es hoy Inversor Global, un emprendimiento que se basa en asesoramiento de inversiones y descripción de las diversas situaciones básicamente económicas de diferentes regiones y oportunidades. Es decir, trasmisión de conocimiento. Un análisis coyuntural con un notable anclaje en los fundamentos éticos, económicos y jurídicos del liberalismo.

 

Con su casa matriz en Miami, Inversor Global tiene representaciones en Santiago, Buenos Aires y Madrid. Organiza también eventos internacionales donde se exponen las visiones de los oradores, también con una adecuada mezcla de coyuntura y propuestas de fondo. Con esta oferta Inversos Global es sumamente rentable. Todo comenzó de la nada como son estos emprendimientos, todo comenzó en la cabeza de Federico Tessore, con un sueño que hizo realidad y ahora cuenta con un sesudo equipo de profesionales que lo secundan con gran eficiencia y rigor.

 

Tessore es el Director Ejecutivo de Inversor Global que resultó en la empresa de publicaciones de finanzas personales más importante del mundo hispanoparlante. Sus informes semanales son actualmente leídos por cientos de miles de inversores en todo el mundo.

 

Federico es argentino nacido en Buenos Aires en 1975. Comenzó trabajando en la sociedad de Bolsa Capital Markets Argentina y luego lo hizo en la filial argentina del Citibank como asesor de inversiones y, finalmente, en 2002 fundó Inversor Global. Es egresado en administración de empresas y realizó estudios complementarios en la Universidad Católica Argentina y la Universidad de New York.

 

Entre otras cosas, Federico nos dijo en el aludido reportaje que “Los ingresos de Inversor Global provienen en un 100% de la venta de suscripciones a sus servicios de análisis, capacitación y recomendaciones de inversión. La empresa no recibe ingresos por publicidad ni por comisiones. Esto es muy importante ya que asegura la independencia total de Inversor Global. A diferencias de otras empresas de comunicación, Inversor Global no recibe ni quiere recibir ingresos del estado ni de las empresas. Esto asegura que nuestros intereses sean los mismos que los de nuestros lectores. Los lectores pagan por nuestro contenido que los ayuda a entender mejor la realidad y a tomar decisiones económicas más eficientes. Además todos tienen la posibilidad de probar nuestro servicio en forma gratuita durante 90 días. Es decir, solo queremos venderle nuestro asesoramiento a gente que lo valora.”

 

También subrayó que “Hoy Inversor Global cuenta con una base de 70.000 lectores pagos a los diversos servicios que ofrecemos y 700.000 lectores gratuitos que leen nuestros newsletters diarios donde acercamos nuestra interpretación de la actualidad económica. Tenemos suscriptores en todo el mundo de habla hispana. Inversor Global emplea a 100 personas en forma directa y a unas 50 en forma indirecta. Nuestro equipo esta compuesto por economistas, contadores, periodistas, politólogos y diversos profesionales que ayudan a producir los informes, cursos y servicios de recomendación que ofrecemos a nuestros lectores”.

 

A raíz de una de nuestras preguntas, afirmó que “Uno de los emprendimientos anexos que surgieron a partir de Inversor Global es el Club de Inversores Ángeles. Este club que armamos  ocho años atrás tiene como misión unir a inversores con emprendedores. Todo emprendedor necesita capital para lanzar su idea. Y los inversores están muy interesados en invertir en buenas ideas a cambio de acciones en estos proyectos. Por lo tanto,  la expectativa es lograr rentabilidad adicional gracias a la innovación de los emprendedores. Desde su nacimiento a través del Club hemos invertido más de 10 millones de dólares en más de 40 emprendimientos en la Argentina y el resto del mundo. Por supuesto de estas 40 empresas no necesariamente van a sobrevivir en el tiempo, pero esperamos que mas de la mitad no solo se mantenga sino que además se conviertan en empresas medianas con el potencial de brindar ganancias a los inversores que invirtieron en estas empresas y asumieron el correspondiente riesgo”.

 

Como todos los sueños y proyectos, no todo es color de rosa. Así Tessore nos informa que “el camino emprendido no fue un camino sin obstáculos y problemas. Desde la creación de Inversor Global en el año 2004 estuvimos a punto de quebrar dos veces y cambiamos nuestro modelo de negocio tres veces. En el año 2012 nos asociamos con el grupo internacional Agora Inc [comandado por Bill  Bonner] y de esta forma no solo pudimos cerrar un excelente negocio para los inversores iniciales que habían confiado en nuestro proyecto, sino que además pudimos consolidar el necesario crecimiento.”

 

Esta historia muy telegráficamente contada, representa la historia de un gran innovador, es la historia de muchos emprendedores que no se dan por vencidos frente a contrariedades y ponen de manifiesto disciplina y perseverancia en sus objetivos y revelan gran cintura y reflejos para cambiar lo que haya que cambiar (y, a veces, abandonar el cometido cuando se percatan de que el recorrido no da en la tecla con las necesidades de su prójimo).

 

En todo caso este es el resultado del sistema liberal en la medida en que se lo deja funcionar sin los entrometimientos insolentes del Leviatán que siempre bloquea y entorpece mucho de lo que no sale a luz debido al tristemente célebre intervencionismo estatal piloteado por megalómenos enceguecidos por su arrogancia que,  al no permitir el proceso de coordinación de información dispersa y fraccionada entre millones de personas,  concentran ignorancia con los consabidos desajustes superlativos.

 

Herbert Spencer en su obra titulada El exceso de legislación apunta con énfasis lo mucho que la sociedad le debe a los emprendedores y los daños colosales que llevan a cabo gobiernos habitualmente descarriados que no son generadores de riqueza sino que siempre  la succionan  de la gente. Juan Bautista Alberdi, en sus Obras completas recoge ese pensamiento spenceriano para llegar a las mismas conclusiones que alarman a este pensador que siempre basó sus reflexiones en la siguiente consideración que también estampa en sus escritos, “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (al margen digo que este pensamiento lo tengo grabado en mi casa como resumen de su prédica, junto con una esfinge del mismo Alberdi que me regaló un ex alumno al que aprovecho para mencionar en la esperanza de localizarlo: Fernando López Imizcoz, al efecto de contarle el uso que le di a su obsequio). Spencer y Alberdi señalan lo paradójico que resulta que todo lo que dispone la humanidad se debe a la creatividad empresaria y, sin embargo, las plazas y las calles están generalmente tapizadas con los nombres de quienes habitualmente ponen palos en la rueda: politicastros de diverso signo y especie.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

ACERCA DE LA PERSUASIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Me acaba de llegar un libro de Mark Ford titulado Persuation. The Subtle Art of Getting What You Want. Pongo el asunto en contexto. Mark comió en casa a raíz de un congreso organizado por Inversor Global. Es el socio de quien fue otro de los comensales de esa noche,  Bill Bonner. Éramos varios los que participamos en ese evento por lo me sugirieron que lo agregue a Mark.

 

Me lo describieron como un billonario estadounidense, experto en administración de carteras. Por mi parte, tenía otra idea de esa comida en casa, pensaba tratar temas muy alejados de lo crematístico pero me pareció adecuado aceptar la sugerencia de invitarlo a Mark. Pues una vez más me equivoqué, nadie mencionó estrategias de inversión durante esa comida y Mark sobresalió por su versación en lingüística y filosofía. Es un ejemplo del “american way of life”: arreglaba techos mientras estudiaba por las suyas distintas facetas de la vida hasta que se convirtió en lo que hoy es, siempre como autodidacta eligiendo los mejores libros para leer con verdadera devoción.

 

Después de esa comida, le escribí contándole el “back stage” de esa reunión en mi casa. Le confesé que cuando confirmó su asistencia le anticipé a mi mujer que ese invitado nos arruinaría la comida dados los antecedentes más conocidos de ese personaje, ya que nos desviaría de los temas que quería escudriñar con los otros comensales. También le dije de mi craso error puesto que lo considero una de las personas más interesantes que he conocido y que su participación contribuyó grandemente a que la velada de marras fuera interesante para todos.

 

Pues bien, para entrar ahora en materia,  la persuasión es naturalmente el instrumento para trasmitir ideas que uno cree son conducentes al propósito que se persigue. Es lo que uno estima por el momento, aunque el conocimiento está teñido de corroboraciones siempre provisorias, abiertas a posibles refutaciones. Con esta prevención en la mente, tratamos de persuadir siempre atentos a nuevas argumentaciones.

 

De cualquier modo, Mark Ford con razón sostiene que desde el momento en que Eva lo persuadió a Adán para que coma la célebre manzana, prácticamente todo, para bien o para mal, es persuasión. La fabricación de la bomba atómica, la venta de un producto, la defensa en juicio, las guerras, las investigaciones médicas, la construcción de una vivienda, el ensayo, el libro, el artículo (este mismo al efecto de persuadir de la tesis correspondiente), la participación en la radio o en la televisión respecto a las audiencias, el establecimiento de una banda de forajidos, la jardinería, la novela, la música, el trasmitir valores desde la cátedra, incluso las conversaciones en reuniones sociales, etc.

 

Un mal ejemplo de Mark es el que esgrime cuando se refiere a la construcción de las pirámides de Egipto, puesto que se trató de un ejército de esclavos y no hay persuasión cuando se usa la fuerza. Los impuestos no persuaden, de lo contrario no se necesitaría la fuerza o la amenaza de violencia para lograr el cometido. Los aparatos estatales autoritarios no persuaden, imponen. El socialismo es la antítesis de la persuasión, mientras que el liberalismo es un buen ejemplo de persuadir ya que se basa en el respeto recíproco.

 

Mark Ford señala que hay diversos modos de persuadir. El más potente es el decir o escribir sobre temas que implican una forma de análisis distinto a los lugares comunes y los calcos de lo ya dicho o escrito. Sin embargo, al mismo tiempo, el autor destaca que, dejando de lado las formas, las ejemplificaciones diferentes y la exploración de distintos andariveles para que se entienda lo ya dicho y escrito, está presente lo que bautiza como “el momento ¡ah!”, esto es el instante en que se logró trasmitir la idea. Este momento es a su vez consecuencia de la reiteración del valor o principio que está en juego. En este último sentido, ilustra con un vaso con agua. Se va llenando gota a gota pero el momento en que el vaso rebalsa, el momento en que una gota adicional hace la diferencia es el climax de la persuasión aunque las gotas anteriores son imprescindibles para el instante decisivo donde se produce “la explosión”, a saber, el entendimiento de lo que se venía diciendo.

 

Como lo dice el propio Mark, este análisis del buen trasmitir o el persuadir efectivamente, es una preocupación y una ocupación que viene desde los griegos con su estudio y perseverancia en la retórica que cubría básicamente tres grandes campos: el logos (lo puramente racional), el pathos (más bien emocional) y el ethos (lo vinculado a lo moral), todo en el contexto del análisis psicológico al efecto de lograr el objetivo de persuadir.

 

Desde luego que el autor del libro que venimos comentando, enfatiza la importancia en la articulación del discurso en cuanto a la claridad en la exposición, el orden, un buen estilo y, sobre todo, la consistencia. Pone de relieve que hay una triada en la presentación que se base en la parte introductoria o la apertura del discurso, la parte media y la final. La primera debe despertar el interés de lo que se va a decir o escribir. Dice Mark que es habitual que en esta sección inicial el orador o el escritor se enreden en digresiones que disminuyen el interés, en lugar de atraer hacia el punto en los primeros reglones o en los primeros minutos de la exposición. El capítulo intermedio es en el que se presentan las pruebas de lo anunciado. Pruebas que no necesariamente son empíricas sino que se trata de razonamientos que pongan al descubierto la razón de lo dicho ya en la apertura del discurso. Y, finalmente, las conclusiones que deben ser sumarias y contundentes, estrechamente vinculadas a las secciones anteriores.

 

Por supuesto que el modo de trasmisión debe ser agradable, nunca levantar la voz o imprimir oraciones todas en mayúsculas como si se estuviera gritando. Basta con cursivas discretas para resaltar algo de lo dicho. En el intento de persuadir por la vía oral, la educación y los “manners” deben ser cuidados, solo cuando no hay argumentos se recurre a la mala educación y al ad hominem. Esto último recuerda un cuento de Borges donde describe un intercambio de dos personas, una de las cuales le arroja un vaso de vino en la cara al interlocutor a lo que su contertulio, sin inmutarse, le responde “eso fue una digresión, espero su argumento”.

 

Hay otro aspecto de este asunto y se refiere a la autopersuasión o la persuasión del propio yo que se traduce en el indispensable estudio y preparación, mucho antes de pretender la persuasión de terceros y, como hemos puntualizado, siempre en la punta de la silla para incorporar otros argumentos, incluso contrarios a los que sosteníamos como valederos.

 

En este sentido, reitero lo dicho en otra oportunidad sobre la felicidad que es la meta de todos puesto que un humano no puede encaminarse a lo no-felicidad ya que cualquier cosa que haga es porque lo prefiere antes que otras variantes o alternativas ya se trate de fines sublimes o ruines, nadie puede actuar contra su propio interés (si no está en interés del sujeto actuante ¿en interés de quien estará?).

 

En otros términos, antes de pensar en persuadir es conveniente contar con la debida autopersuasión en el contexto de una adecuada comprensión del valor de la felicidad que, en última instancia, resulta inseparable de la idea de persuadir a otros puesto que de lo que se trata es de ofrecer mayores dosis de felicidad.

 

La vida está conformada por una secuencia de problemas de diversa índole, lo cual naturalmente se desprende de la condición imperfecta del ser humano. La ausencia de problemas es la perfección, situación que, como es bien sabido y sentido, no está al alcance de los mortales.

 

Por otra parte, las dificultades presentan oportunidades de crecimiento en las personas al intentar resolverlas y sortearlas. Ahora bien, el asunto no consiste en buscarse problemas sino en mitigarlos en todo lo que sea posible, al efecto de encaminarse hacia las metas que actualicen las potencialidades de cada uno en busca del bien ya que incorporaciones de lo bueno es lo que proporciona felicidad. Lo malo, por definición, naturalmente hace mal y, por ende, aleja de la felicidad que de todos modos es siempre parcial puesto que, como queda dicho, el estado de plenitud no es posible en el ser humano, se trata de un tránsito y una búsqueda permanente.

 

El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que permiten rozar destellos de felicidad que es la alegría interior sin límites, pero no se trata solo de no robar, no matar, acariciar a los niños y darle de beber a los ancianos. Se trata de actuar como seres humanos contestes de la enorme e indelegable responsabilidad de la misión de cada uno encaminada a contribuir aunque más no sea milimétricamente a que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento, siempre en el afán del propio mejoramiento sin darle descanso a renovados proyectos para el logro de nobles propósitos.

 

Los estados de felicidad siempre parciales por las razones apuntadas, demandan libertad para optimizarse ya que esa condición es la que hace posible que cada uno siga su camino sin que otros bloqueen ese tránsito ni se interpongan en el recorrido personalísimo que se elija, desde luego, sin interferir en idénticas facultades de otros. Los atropellos del Leviatán necesariamente reducen las posibilidades de felicidad, sea cual fuera la invasión a las autonomías individuales y siempre debe tenerse en cuenta que los actos que no vulneran derechos de terceros no deben ser impedidos ya que la responsabilidad es de cada cual. Nadie deber ser usado como medio para los fines de otros.

 

Y tengamos en cuenta, por último, que la felicidad desde luego abarca el hacer el bien a los demás, todo depende de la estructura axiológica de quien se trate pero, como queda dicho, no hay forma de escindir la acción humana de lo que le interesa a la persona. En este contexto, debe subrayarse que hacer el bien a los demás no se circunscribe a entregar lo crematístico sino principalmente el persuadir sobre principios y valores que ayudarán al receptor a mejorar por aquello de que “más vale enseñar a pescar en lugar de regalar un pescado”.

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Una vez más, la deuda

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 9/7/14 en http://www.cronista.com/columnistas/Una-vez-mas-la-deuda-20140709-0019.html

 

En el embrollo en que estamos deben destacarse telegráficamente cuatro aspectos clave. Primero, el discurso patotero de nuestros gobernantes, no solo en las tribunas locales sino en el atril de organismos internacionales alegando ‘extorsiones’, ‘fallos desquiciados’ en el contexto de la terminología de los ‘fondos buitre’. Respecto a esto último, debe precisarse que son tenedores que han adquirido lícitamente títulos que pretenden cobrar y, como una consecuencia colateral, han salvado, por ejemplo, a jubilados europeos que no podían esperar. Sostener lo contrario es no saber qué es el mercado ni qué significa cumplir con la palabra empeñada.
Segundo, debe revisarse cuanto antes irregularidades en la contratación de deudas, que como se ha señalado, incluyen préstamos de la banca central que no pasaron por el directorio, otras que no contaron con la aprobación del Congreso, hubo empresas estatales que contrajeron deudas cuyo producto fue retenido por el BCRA al efecto de la política cambiaria y también se estatizó deuda privada, todo lo cual no es un pretexto para no honrar compromisos contraídos sino para castigar a los responsables de los ilícitos.
Tercero, independientemente de los trascendidos y las compadradas, cuando se habla de ‘negociar’ a raíz de la visita convenida al facilitador que sugirió el juez de Nueva York, el intercambio de ideas debe circunscribirse a la forma de pago la que sería importante que fuera luego de diciembre del corriente año a los efectos de que no se dispare la cláusula RUFO tal como aparentemente propone el gobierno (nunca se sabe cuando se mezcla el vociferar con lo profesional).
Y cuarto, el tema más importante que se refiere al debate sobre el concepto mismo de la deuda pública sobre cuya propuesta ya me he explayado en otras ocasiones que, a su vez, implica la revisión de la idea convencional de servicios públicos y la comprensión que intervenir en áreas inviables inexorablemente las expande debido a la correspondiente operación antieconómica, lo cual no significa que el aparato estatal esté inhibido de decidir sobre la forma de administrar sus pasivos.
En todo caso, el tema es que el agente teóricamente encargado de proteger y garantizar derechos se ha convertido en una máquina infame de gastos públicos astronómicos, impuestos insoportables, deudas siderales y regulaciones absurdas y asfixiantes que deben ser limitadas severamente si queremos vivir en una sociedad abierta.
Y eso no va solo para nuestro país sino que abarca la mayor parte de las naciones europeas y Estados Unidos. Para este último caso, son muy recomendables los libros recientes de David Stockman, Bill Bonner y Peter Schiff donde se consignan los peligros que se avecinan en el otrora baluarte del mundo libre si no hubiera una rectificación de gran calado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.