La sociedad civil y el capitalismo «de estado»

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/08/la-sociedad-civil-y-el-capitalismo-de.html

«Si el sistema del capitalismo estatal ha de concebirse en los tradicionales términos de clase, el papel de la clase dirigente sólo puede ser atribuido al propio Estado. Esto no impone el antropomorfismo ni tampoco requiere que el Estado esté personificado por un monarca, un dictador o por los dirigentes del partido. Ni necesita identificarse con una institución específica, la asamblea, el comité central o el consejo de ministros. De manera más general y no comprometida, es suficiente que el Estado sea (en la versión de una famosa expresión de Marx) fuerza armada y capital dotados de conciencia y voluntad.» [1]

Como hubiéramos explicado en el resto de nuestras obras, el concepto de estado/gobierno/nación, o expresiones equivalentes, es simplemente una idea, un instrumento mental. No existen en el mundo real sino solo imaginario. Detrás de esas etiquetas se esconden personas humanas como todas, que usan y abusan de tales representaciones mentales para personificarse como «el estado vivo» encarnado y visible, al cual debe rendírsele culto.

Es admisible pues decir que, el estado/nación es fuerza armada, pero no lo es afirmar al unísono que es «capital» (¿?). Ya hemos explicado que el concepto de capital es opuesto al de estado/gobierno/nación. Que estos últimos expropien el capital y le den usos en favor propio o ajeno no convierte a un gobierno/estado en capitalista porque sería la misma situación que la del ladrón que echa mano del botín y lo consume o «invierte» con su producido. No es el ladrón el «capitalista», el sólo es ladrón, el capitalista es simplemente su víctima, y podemos dar por sentado que en este ejemplo la mayoría estaríamos de acuerdo (menos los ladrones, desde luego). No existe, sin embargo motivo para que al razonamiento sea diferente cuando el que roba el patrimonio del capitalista es el gobierno en nombre de ese manoseado y etéreo «bien común».

Más aberrante es decir que la «fuerza armada» y el capital, están «dotados de conciencia y voluntad». Proponer seriamente una fórmula semejante sólo estaría indicando el nivel superlativo de delirio de quien la propone. El estado/gobierno, insistamos, no existe más que como una idea instrumental para diseñar una forma de organización social. Sin personas que ejerzan los roles pensados en función de su caracterización el estado/gobierno sencillamente no existe.

«Completar el dominio sobre la sociedad civil al maximizar el poder discrecional puede ser considerado como una cadena de movimientos correctivos, cada uno de los cuales se propone hacer al sistema social tanto sumiso a la intención del Estado como internamente coherente, aunque estos dos requisitos no son necesaria y ni siquiera probablemente compatibles. Cada movimiento correctivo es consiguientemente susceptible de crear alguna nueva inconsecuencia sistémica y de necesitar otros movimientos correctivos. Esta secuencia lleva adelante la dinámica política, como tal, del capitalismo estatal.» [2]

Dado que el Estado no existe es que preferimos la expresión gobierno o estado/gobierno para los más «exigentes», o los más apegados con la terminología tradicional. Lo que describe la cita nosotros lo explicamos con otras palabras de acuerdo al vocabulario que hemos elegido para enunciar.

Aquello que se llama la sociedad civil no son más que –sin eufemismos- los gobernados, y lo que aquí se llama «estado» no es más que el gobierno compuesto por personas que, parapetados detrás del vocablo, se arrogan el derecho de mandar sobre otras (la «sociedad civil»).

En suma, la puja siempre es entre gobernados y gobernantes. Estos últimos tratando de someter a los primeros. Nos parece mucho más simple explicarlo de esta manera, aunque no coincida probablemente con lo que el autor quiera -en última instancia- declarar.

Impropiamente, la cita emplea los vocablos sistema social y sociedad civil como sinónimos cuando -con toda claridad- no son semejantes.

Lo que aquí se llaman «movimientos correctivos» parecería ser los distintos pasos por medio de los cuales el poder avanza sobre las libertades individuales para lograr esa sumisión que se menciona. La fórmula implica o sugiere que la libertad natural de las personas se estaría considerando una desviación por parte del poder político, que necesita ser objeto de una corrección que devuelva al ciudadano rebelde (o a toda la sociedad en su caso) a su posición originaria de obediencia y sumisión, o llegar a esta a través precisamente de las medidas represivas gubernamentales.

Parece decirse luego que cada medida de este último tipo puede generar un nuevo brote de resistencia de otra naturaleza, la que -desde la «lógica» del poder- deberá ser nuevamente «corregida» (en rigor, se quiere significar sofocada). Finalmente, recusamos la insistencia del autor en utilizar la alocución «capitalismo estatal» para describir todos estos fenómenos. De lo que se habla es, sencillamente, de comunismo o socialismo, no de ninguna clase de «capitalismo».

Hay, sin embargo, otros que parecen usar «capitalismo de estado» en un sentido algo diferente, veamos algunos ejemplos de estos:

«Es una regla, continúa Johnson, que los hombres somos en exceso crueles y despiadados no por malicia tanto como por un sentido extremo de querer el bien. Los individuos, además, no tienen tanta capacidad de hacer el mal como los gobiernos, cuyas buenas intenciones pueden crear males sin límite. La I Guerra Mundial produjo un aumento en el tamaño de los gobiernos, especialmente en Alemania, Japón, pero notablemente en la Rusia Imperial, lo que fue un factor de mucho peso para ese conflicto por parte de Alemania. Lenin de hecho heredó un gobierno de capitalismo de estado y copió a los alemanes muchos de sus arreglos. En el Occidente sucedió lo mismo, los gobiernos crecieron y aumentaron su poder.»[3]

Aquí se usa «capitalismo de estado» para designar al régimen zarista que se dice «heredado» por Lenin. Viniendo de un historiador (Johnson) si bien notable e importante, no debemos perder de la mira que no se trata de un economista ni de un jurista, habida cuenta que el término capitalismo entra dentro del campo de la ciencia económica (si bien se lo utiliza en otras disciplinas, también impropiamente) y «estado» es término inherente de las ciencias jurídicas y políticas.


[1] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 320

[2] De Jasay, A. Ibídem, pag. 320

[3] Eduardo García Gaspar. Ideas en Economía, Política, Cultura. Parte I: Economía. Contrapeso.info 2007. Pág. 319

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina