Optimista del intervencionismo

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 23/6/2015 en http://es.panampost.com/editor/2015/06/23/cual-es-la-ideologia-del-papa-francisco/

 

Poco después de la elección del papa Francisco, los comentaristas comenzaron a reflexionar: ¿es el papa un socialista? Este fue el caso especialmente en Estados Unidos. Algunas de las declaraciones en su nueva encíclica papal seguramente reavivarán el debate.

Los términos que mejor podrían describir las opiniones sobre economía política del papa, tales como “peronismo sin corrupción”, “seguidor de la Tercera Vía,” o “corporativista”, son demasiado difíciles de explicar al lector u oyente promedio. Así que no es de extrañar que el adjetivo “socialista” comenzó a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación de Estados Unidos en conjunción con “papa Francisco”, especialmente entre los presentadores populares de radio con orientación conservadora, como Rush Limbaugh o Mark Levin.

El socialismo generalmente es considerado como de izquierda, por lo que es natural que la gente se pregunte: ¿es el papa izquierdista?

Como soy economista, a veces veo todo por el lente de mi disciplina. “Izquierdista” en mi vocabulario, significa alguien que defiende y promueve un mayor papel del Estado en la economía; que quiere ampliar el control gubernamental de los medios de producción; que promueve una redistribución que no respeta los derechos de propiedad; y que apoya y defiende los regímenes que promueven políticas similares, como Cuba o Venezuela.

Pero no todo es economía o política. Consideremos el tema de la familia, por ejemplo. Muchas ideologías de izquierda, como el marxismo, atacaron a la propiedad privada y la familia tradicional, casi con la misma pasión. En este tema, el papa no encaja en el molde del ala izquierda.

En Argentina, en su papel como cardenal Bergoglio, tuvo declaraciones fuertes contra aquellos que estaban tratando de redefinir el matrimonio. Incluso definió la iniciativa como una “campaña diabólica”. Él nunca se alineó con la rama de la Teología de la Liberación que se apoyaba en el marxismo como principal base de su economía política. Además, durante el Gobierno militar, no era un crítico tan fuerte como la izquierda esperaba que fuese.

Un izquierdista nunca habría nombrado al cardenal George Pell para ser el primer prefecto de la recién creada Secretaría de Economía, que tiene autoridad sobre todas las actividades económicas de la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano. Pell no avala gran parte del alarmismo por el cambio climático, y entiende la importancia del papel de la libre empresa para lograr sociedades prósperas y virtuosas.

El año pasado, en un prefacio de “Pobre para los Pobres”, un libro publicado por el Vaticano, el Papa Francisco escribió: “esta es una gran verdad. El dinero es una herramienta que de alguna manera —como la propiedad— amplía y mejora las capacidades de la libertad humana, lo que le permite operar en el mundo, actuar, dar sus frutos. En sí mismo es una buena herramienta, como casi todas las cosas que el hombre tiene a su disposición que expanden nuestras oportunidades”. Pero advirtió que la misma herramienta podría ser utilizada para objetivos malvados. Unos meses después, remarcó: “el dinero es el estiércol del diablo”.

El papa piensa que si los actores clave en los Gobiernos, las empresas y la fuerza laboral, simplemente se comportaran bien, entonces todos estaríamos mejor, especialmente los pobres. Puede considerarse como un nacionalista, optimista del intervencionismo económico. Pero, ¿izquierdista? No en muchos frentes.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Una Brujula Para el Oficialismo (y Otra para la Oposicion)

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 11/9/13 en: http://economiaparatodos.net/una-brujula-para-el-oficialismo-y-otra-para-la-oposicion/

El resultado de las elecciones PASO debieron ser como la crónica de una muerte anunciada para el FPV (Frente para la Victoria.) ¿Realmente se esperaban un triunfo luego de las históricas manifestaciones que han tenido no sólo en suelo Argentino, sino alrededor del mundo? Difícil encontrar una mejor ilustración al dicho “no hay peor ciego que el que no quiere ver.” El kirchnerismo, que tan cerca se dice del pueblo, fue incapaz de ver la derrota que le esperaba a la vuelta de la esquina

Es curioso, triste, y gracioso ver a los Kirchneristas desfilar por TN (señal a la que tanto demonizan), como si nada hubiese pasado en las últimas semanas, para decir exactamente lo opuesto que sostenían hace tan sólo pocos días. Así como mientras Bergoglio es tratado como una figura del mal pero no sobran oportunismos para sacarse fotos con el Papa Francisco, distintos candidatos del partido de la victoria intentan remontar su derrota diciendo que la inflación no es la del Indec, enviando gendarmes a hacer el trabajo que le corresponde a la policía, aceptando que no se fue claro en explicar cómo funciona el cepo cambiario (pero todos seguimos esperando la clara explicación), y ver representantes de alto perfil como Kunkel diciendo que en verdad él nunca fue Kirchneristas, sino que siempre fue peronista. No debe ser fácil ser Kirchenrista estos días. ¿Cuál es el relato del día? ¿Hay o no hay inflación? ¿Hay o no hay inseguridad? ¿Ganamos o perdimos las elecciones? ¿Estamos o no mejor que Australia, Canadá y Estados Unidos? Cuando el relato puede más que la realidad, las contradicciones que causarían vergüenza en cualquier funcionario público serio se vuelven inevitables. El Kirchnerismo actual me hace pensar en una tripulación sin brújula con un capitán incapaz de ver el iceberg frente a sus propios ojos.
Ante la falta de un camino claro en las filas Kirchneristas, la brújula apunta a Massa como el Norte a seguir. Que haya una borocotización en contra del FPV a favor de Massa envía tres señales importantes a tener en cuenta. En primer lugar, el nivel de ruptura silenciosa en el que se encuentra el Kirchnerismo. Así como el Kirchnerismo se armó de aliados de un día para el otro, de un día para el otro puede perderlos. En segundo lugar, que el Massismo puede ser un lobo disfrazado de liebre. Si Massa estuviese realmente en oposición al estilo y proyecto K no habría lugar para ningún K en sus filas (recordemos también que él fue Jefe de Gabinete de un gobierno que mostró su corte autoritario desde el principio y no un mero técnico de bajo perfil.) Un verdadero opositor estaría más preocupado, en cambio, por reclutar gente nueva en la política, gente honesta y no que tenga en su prontuario haber sido parte de uno de los gobiernos con mayor sospechas de corrupción en la historia del país y haya defendido las violaciones institucionales de las que el Kirchnerismo tanto gusta. Llega un punto en el que ser parte implica aceptar el proyecto K por más que no se sea protagonista. Por una cuestión de principios institucionales, figuras políticas K no deberían tener lugar en las filas de una oposición que se dice renovadora de la política Argentina. La historia se repite una vez más. Los que estaban con Menem ayer, hoy están con el Kirchnerismo. Y los que hoy están en el Kirchnerismo quieren estar con el líder de mañana. Lealtad y principios no parecen ser cualidades sólidas en este movimiento. Parece haber más lealtad al oportunismo que a los principios institucionales de una república.
La oposición, por su lado, no muestra a mi gusto signos claros de entender la seriedad de los problemas actuales. Creo que sería más apropiado hablar de “opositores” que de “oposición.” ¿Qué mejor oportunidad que la actual para mostrarse todos juntos adhiriendo a ciertos principios mínimos que no se van a discutir? ¿Acaso no contribuiría a las expectativas del país un compromiso serio que, sea quien sea que gobierne luego de CFK, va a tener el apoyo político para llevar adelante las inevitables reformas que son necesarias, en lugar de aprovechar y poner palos en la rueda? No hace falta estar de acuerdo en las política para coincidir en principios institucionales. O comprometerse a que el nuevo gobierno junto con el resto de la oposición van a aprobar, en conjunto, una reformar al BCRA para que deje de una buena vez por todas de destruir la moneda Argentina. O llevar adelante una reforma política que elimine los incentivos perversos de la política Argentina.
Los eventos de las últimas semanas me generan la siguiente imagen. El FPV me da la impresión de ser el Titanic con el iceberg a pocos metros de distancia. Una CFK al mando del barco que se dedica a twittear fantasías en lugar de a evitar el problema que hace tiempo que se avecina. Los kirchneristas saltando en fila al bote salvavidas de Massa y la oposición es la orquesta que sigue tocando  canciones agradables al oído pero ofreciendo poca coordinación sonora mientras el barco se hunde.
La brújula de los políticos está desalineada estos días. Está en ellos tener la grandeza de apuntar a la reconstrucción republicana, que es el mayor costo que está dejando como herencia este Kirchnerismo en un acto triste de retirada.
Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Lesa Humanidad

Gabriela Pousa. Publicado el 28/7/13 en http://www.perspectivaspoliticas.info/lesa-humanidad/

Recuerdo aquellas épocas donde los días previos a los comicios, una gran mayoría de argentinos se convertían raudamente en analistas políticos. Esa manía de tener siempre el dato preciso, la encuesta infalible, en definitiva de “tenerla clara”. A pocas culturas le gusta tanto jactarse de conocimientos improbables como a la nuestra.

Sin embargo hoy, a pocos días de las elecciones internas, el desconcierto reina en la ciudadanía junto a un peligroso desinterés y a un entendible descreimiento en la política. No es para menos y quizás, esa falta de confianza sea un síntoma de madurez que tanto hace falta.

Lo cierto es que el 30% de los votantes llegarán el próximo 11 de Agosto a las urnas creyendo que no cambiará nada. Para algunos esta creencia se podría justificar si se atiende el escenario actual de la Argentina donde se habla de una “década ganada” habiendo desnutrición y severos focos de tuberculosis y otras enfermedades ligadas a la pobreza más extrema. Pero, pese a ello, quienes más desconfían de la política, se encuentran en los sectores altos y medios.

Posiblemente, las clases más bajas ya no esperan nada, afianzadas en la política del cortoplacismo que apenas les faculta pensar en el hoy como mañana.

En este contexto, prima la hipótesis que en Agosto se ha de votar lo que en rigor se votará en Octubre, y el sentimiento que prevalece es el de la más absoluta desidia. Los spots de campaña no sólo no dicen nada sino que agreden con la hipocresía y la falacia. Las peroratas de candidatos en espacios televisivos son harto conocidas por los argentinos. Si acaso se transmitiera un programa grabado hace dos o más años poco o nada variaría.

En gran medida se ve un todos contra todos pero, la paradoja, es que ahora todos son lo mismo, o parecidos. Subidos a este teatro somos como Mersault, ese extranjero de Albert Camus viviendo una angustiosa situación que lo lleva a sentirse extraño en su propio medio, íntimamente ajeno al alcance moral de sus actos. La pregunta que debería hacerse apunta a desentrañar el por qué de este cuadro donde los colores se destiñen y el negro parece ganarle al blanco.

La respuesta es tan compleja de llevar a cabo como sencilla de ser formulada por cualquier ciudadano. La raíz de este mal que parece tornarse crónico se halla en una palabra que no debería pasar desapercibida y esa palabra es: impunidad.

¿Cómo creer si nunca hay culpable de los males? ¿Cómo apostar si nadie se hace cargo de los errores? Y esos errores además se traducen en vidas perdidas por el virus más feroz que está descomponiendo todo el organismo social: la corrupción.

En el año 2005, el entonces arzobispo de nuestro país, Jorge Mario Bergoglio sostenía que “toda corrupción crece y a la vez se expresa en una atmósfera de triunfalismo. El corrupto tiene cara de ‘yo no fui’ y ante cualquier crítica descalifica, se erige en juez de los demás“

En ese marco realiza la más “escandalosa” afirmación: “El pecado se perdona; la corrupción, sin embargo, no puede ser perdonada”. Ayer lo dijo Bergoglio, hoy lo dice el Papa…

Recientemente, Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia fue más allá: “La humanidad viene perdonando a los corruptos que han creado décadas infames en todo el orbe humano pero la corrupción en sí misma es un delito de lesa humanidad, equivalente a un genocidio, porque su daño es brutal, dramático, inaceptable… y lamentablemente irreversible, ya que nadie devuelve a nadie los destinos sacrificados para favorecer las avaricias y las angurrias de los escasos de alma”

Basta con recordar, por poner solo un ejemplo, a los muertos en Once para entender por qué no es exagerada la sentencia mencionada. La plata que está en los bienes de Ricardo Jaime, de Julio De Vido, de Lázaro Báez y de Cristina Fernández (la enumeración sería extensa por demás) son los frenos del Sarmiento, los algodones y gasas que faltan en hospitales, son las inundaciones de La Plata… Si ello no reviste gravedad para la sociedad en su conjunto, entonces el problema no es más la dirigencia sino quienes nos dejamos robar la vida por esta.

Hoy por hoy el Estado es un mero agente recaudador sin función social alguna. Se viene perdonando a los corruptos que han creado décadas infames. Puede ser un mal generalizado pero Argentina lamentablemente está a la cabeza por la simple razón que la gobierna la personificación de la corrupción.

Únicamente entendiendo eso, se explica la utilización ruin de un cáncer para hacer campaña proselitista. Jugar con la lástima debería tener un costo imposible de saldar de aquí a la eternidad. La actitud, en ese sentido, de Martín Insaurralde tira por la borda lo positivo que haya podido hacer en su gestión municipal.

Hay que votar conductas, ideas, pero sobre todo valores porque la crisis mayor en el país pasa por la inmoralidad y hasta tanto ese germen no se erradique, la salida es imposible. ¿Cómo restaurar una ética perdida? Condenando a aquel que actúa contra ella. En tanto la impunidad sea moneda corriente, y el tedio la actitud general, poco se puede esperar.

Cuando un corrupto está en el ejercicio del poder, implicará siempre a otros en su propia corrupción, los rebajará a su medida y los hará cómplices. Y esto en un ambiente que se impone por sí mismo en su estilo de triunfo, ambiente triunfalista de pan y circo. El pecado y la tentación son contagiosos pero la corrupción es proselitista. No es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir. Los valores (o desvalores) de la corrupción son integrados en una verdadera cultura, con capacidad doctrinal, lenguaje propio, modo de proceder peculiar. Es una cultura de pigmeización por cuanto convoca prosélitos para abajarlos al nivel de la complicidad admitida. (…) Es una cultura de restar; se resta realidad en pro de la apariencia. La trascendencia se va haciendo cada vez más acá, es inmanencia casi, o a lo más una trascendencia de salón” Jorge Bergoglio en su escrito “Corrupción y Pecado”, año 2005

Poco o nada se puede agregar. Felices parecían ser aquellos tiempos en que la Argentina estaba en crisis por el mal manejo de la economía no más. En ese entonces, un cambio de ministros podía solucionar la conflictividad.

Hoy la crisis es otra y se aleja de ser un tema meramente ministerial para pasar a ser un asunto social donde cada uno de los habitantes debe tomar la decisión de ser las 24 horas de los 365 días del año, ciudadano.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.