¿EL ABORTO, ES ABORTO?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es verdaderamente inaudito que a esta altura del siglo xxi se ponga en duda el hecho de la vida humana en el seno materno y, por ende, se niegue la equiparación de ese ser con el resto de las personas y, consecuentemente, se le niegue el derecho a la vida, el primero y más fundamental de los derechos individuales inscripto en todas las normas de convivencia civilizada.

 

Debo reiterar parte de lo que he apuntado antes sobre la materia. Antiguamente no se establecía conexión causal entre el acto sexual y la procreación. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

 

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

 

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

 

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

 

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Como ha señalado Durant, constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie.  Hoy en día los llamados abortistas, en una macabra demostración de regresión a las cavernas, volviéndole la espalda a los conocimientos disponibles más elementales y encubriendo las contradicciones más groseras, mantienen que el feto no es humano y, por tanto, se lo puede descuartizar y exterminar en el seno materno.

 

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet– se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

 

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

 

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar la matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

 

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

 

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión -nada frecuente en la medicina moderna- que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

 

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”.

 

Es increíble que aquellos que vociferan a favor de los “derechos humanos” (una grosera redundancia ya que los vegetales, minerales y animales no son sujetos de derecho) se rasgan las vestiduras por la extinción de ciertas especies no humanas pero son partidarias del homicidio de humanos en el seno materno. La carnicería que se sucede bajo el rótulo de “aborto” constituye una enormidad, la burla más soez a la razón y al significado más elemental de la civilización.

 

La lucha contra este parricidio en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el homicidio no hay posibilidad de revertir la situación.

 

Estremecen las historias en donde por muy diversos motivos y circunstancias hubo la intención directa o indirecta de abortar a quienes luego fueron, por ejemplo, Juan Pablo II, Andrea Bocelli, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, Celine Dion, Jack Nicholson y Beethoven. Por supuesto que no es necesario de que se trate de famosos para horrorizarse frente al crimen comentado. Todos los seres humanos son únicos e irrepetibles en toda la historia de la humanidad. Cada uno posee un valor extraordinario y no puede ser tratado como medio para los fines de otros puesto que es un fin en si mismo.

 

Lo dicho es la razón por la que en las normas de países civilizados se destaca el derecho a la vida de las personas en el seno materno y desde la concepción. El eminente constitucionalista Gregorio Badeni ha enfatizado este punto en el ilustrativo caso argentino. Así explica Badeni los siguientes seis puntos. Primero, el autor del Código Civil de 1871, Dalmasio Vélez Sarfield, apunta en su nota al artículo 63 que “las personas por nacer no son personas futuras pues ya existen en el seno materno”. Segundo, el artículo 70 de ese código “establece que la vida de las personas comienza desde su concepción”. Tercero, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución argentina “impone la protección de la niñez desde el embarazo”. Cuarto, el artículo 4 inciso primero de la Convención Americana “citada en el artículo 75 inciso 22 de nuestra Ley Fundamental, y que tiene jerarquía superior a las de las leyes del Congreso, prescribe que el derecho a la vida está protegido desde la concepción”. Quinto, la ley 23.849 “establece, con relación a la Convención sobre los Derechos del Niño, que en la Argentina reviste ese carácter toda persona desde su concepción y hasta los 18 años de edad”. Y sexto, el Código Penal establece “entre los delitos contra la vida (artículos 85 a 88), sanciona a quien cause un aborto con dolo o culpa, a los médicos, parteras y farmacéuticos que provoquen o cooperen en causar un aborto y a la propia madre que produzca o consienta su propio aborto. La pena prevista, considerando las circunstancias agravantes de cada caso, es la prisión de 6 meses a 15 años”. Concluye Badeni en su escrito de 2001 que “para la legislación argentina, la vida de las personas comienza antes de su nacimiento y el aborto es un homicidio”.

 

En estos contextos debe tenerse muy presente la indispensable responsabilidad que es perentorio que asuma cada cual al mantener relaciones sexuales y no solo vinculado al importante tema matrimonial. Hay infinidad de métodos que evitan el embarazo, no es cuestión de tomar el asunto frívolamente y luego arremeter contra una vida. Va de suyo que este comentario sobre la responsabilidad individual no se aplica al caso espantoso y repugnante de la violación sobre lo que ya nos pronunciamos más arriba o, en línea equivalente, la aberración indescriptible del incesto forzoso, pero en las relaciones voluntarias se comprueba una enorme dosis de irresponsabilidad y cinismo superlativo.

 

Para cerrar esta nota periodística, es pertinente subrayar que, tal como escribe Niceto Blázquez -doctor en filosofía y en psicología médica- “la escalada mundial del aborto legalizado es un fenómeno extraño de última hora, más o menos desde la segunda guerra mundial en adelante para los países social-comunistas y sus satélites” y se detiene a considerar muchos casos históricos de sociedades consideradas “primitivas” que castigaban lo que se denomina aborto en la parla convencional, comenzando desde el Código de Hammurabi más de mil setecientos años antes de Cristo. Marcamos al abrir esta nota que en la antigüedad no había necesariamente noción del nexo causal entre el vínculo sexual y la aparición de la prole, pero si había clara idea de la vida en el seno materno, de allí la tendencia a los castigos  y reprimendas a los que atentaban contra esas vidas. Ahora la “modernidad” en gran medida se inclina por arrojar al basurero a seres humanos indefensos. Es de desear que esto cambie radicalmente puesto que remite a las bases más elementales de la sociedad civilizada.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

ACERCA DE LA CREATIVIDAD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El proceso creativo es a mi juicio uno de los temas de mayor interés. Hace unos años escribí en torno a este asunto, pero  es pertinente volverlo a hacer con el análisis de otros ángulos. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles por una sola vez en la historia de la humanidad. Esto nos da una enorme responsabilidad para estar atentos a que hacemos con nuestras vidas. Si estamos al acecho de cual es nuestra razón de ser en el corto lapso en esta tierra o si consideramos que podemos consumir el tiempo que nos es dado para divertirnos, alimentarnos, copular y hacer nuestras necesidades fisiológicas. El llamado interior es nuestra vocación, se trata de actualizar nuestras muy diversas potencialidades, como ha escrito Octavio Paz, “al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos”.

 

La creatividad supone el poner al descubierto algo que estaba oculto siempre teniendo en cuenta que la originalidad resulta sumamente difícil (“para novedades, los clásicos” reza el conocido adagio), pero por lo menos el poner sobre la mesa algo no recordado, algo no evidente o dificultoso para el momento.

 

La creatividad opera en muy diferentes planos y campos, en  algunos se destaca más algún viso de originalidad (por ejemplo en el arte) y en otra se trata más bien de descubrir nexos causales en lugar de creación propiamente dicha (por ejemplo, en la ciencia).

 

De todos modos, ¿como ocurre el proceso creativo?. Con la concentración y el interés en el estudio de determinada materia se va archivando información en el subconsciente y en ese contexto de trabajo en cierta instancia el nivel conciente traba relación con el antedicho archivo y se produce el “momento eureka”. Es el resultado de la perseverancia, la constancia y la atención en la materia que interesa. Muchas veces en este proceso, la creatividad o el descubrimiento sorprende puesto que alumbra una idea colateral. Casi como en la ciencia médica en la que muchas de las líneas de investigación en un área dan por resultado un descubrimiento en otra.

 

Cuanto mayor el valor de la creatividad, mayor es el grado de soledad que requiere el investigador y muchas veces a contracorriente de lo que opinan los demás. Contar con el temple para continuar en el camino es requisito para la creatividad sin dejarse influir por otros. En el extremo está el  conocido experimento tan citado del acuerdo con el organizador de un grupo de personas -menos una- que se les solicitó sostener que en una serie de cuadros que se les exhibía decir que un  bastón es más grande que otro cuando en realidad no era así. La única persona que no estaba informada del truco, al principio se sorprendió de las respuestas de los colegas pero a medida en que se sucedieron los cuadros y las respuestas erróneas que se daban por verdaderas, el sujeto en  cuestión optó por contestar equivocadamente tal como lo hicieron los demás. Es la presión del grupo, es la masificación, es la abdicación de la individualidad, es la renuncia a la honestidad intelectual, es la entrega del yo en pos de los demás, es la desaparición de la condición humana.

 

Sin duda que la creatividad no es ex nihilo para los mortales puesto que se basa en la incorporación de conocimiento provisto por otros y por sucesos externos a quien crea. Por supuesto que hay muy diferentes grados de creatividad en base a talentos muy distintos. En otra oportunidad he señalado que Stefan Sweig nos recuerda que Mozart componía sin borradores como si alguien le estuviera dictando para escribir con rapidez en el pentagrama. Beethoven en cambio necesitaba muchos borradores antes de la obra final y Balzac para escribir a la velocidad que lo hacía inventó una especie de taquigrafía para estar a la par de sus pensamientos,  al contrario de Gothe que tardó sesenta y cuatro años de intenso trabajo para escribir Fausto. Durero requería de varios croquis y mucho ejercicio en el lienzo para pintar, mientras que van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día.

 

Como hemos consignado la creatividad humana no procede de la nada, se sustenta en información previa, procesada, digerida y reformada con el correspondiente  valor  agregado. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias.

 

A diferencia del reino animal, vegetal y mineral, el ser humano no está determinado por otras causas anteriores sino que opta y decide debido al libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo”.

 

 

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos muy distintos. El profesor brillante en su especialidad puede ser incapaz de colocar un foco de luz o de recitar una declinación en latín, el agricultor puede desconocer la matemática, el mozo en un restaurante puede recordar cada uno de los múltiples platos que solicitan muchos comensales y relacionarlos entre sí pero es incapaz de entender el significado de la física cuántica y así sucesivamente. Como bien ha dicho Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”, lo cual está vinculado con las muy diversas capacidades sea en cuanto a la memoria o la inteligencia.

 

El producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

 

Por esto es que resulta en interés de quien contrata gente supuestamente debe pensar en distintos puestos de trabajo el considerar con cuidado el clima laboral al efecto de lograr los mejores resultados. Si quien es contratado se desempeña en  ámbitos conflictivos y poco amigables naturalmente su rendimiento será deficiente.

 

Por otra parte, para desarrollar la mayor energía creativa posible es indispensable un clima de libertad lo cual significa respeto recíproco y no las imposiciones de reglamentaciones asfixiantes que pretenden el tratamiento  de  personas como si fueran autómatas del poder político de turno. Se pierde una dosis inmensa de energía si las personas deben atender con el fruto de su trabajo los desmanes del Leviatán. Hay lugares en que el contribuyente debe trabajar más de la mitad del año para satisfacer la voracidad fiscal del gobierno y eso sin contar con la enmarañada papelería y trámites engorrosos que exige el aparato estatal, además de tener que responder a preguntas insolentes impresas en formularios absurdos. En este contexto hostil naturalmente decae rápidamente la creatividad.

 

Entre lo mucho escrito sobre la creatividad, hay una obra de especial interés titulada The Courage to Create de Rollo May, en la que enfatiza la traición a uno mismo si no se expresa lo que se piensa sin subterfugio alguno. Por supuesto que esto no es incompatible con la educación: no significa que a una mujer fea se le haga notar su fealdad, May se refiere a la competencia por valores y principios. Tampoco excluye sino más bien requiere que permanentemente se revisen las propias conclusiones ya que el conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones. May destaca el ejemplo de Alexander Solzhenitsyn “que enfrentó solo el poder de la burocracia soviética” (en este sentido es menester recordar la obra de Leonard Read titulada The Courage to Stand Alone). Rollo May no alude al coraje físico ni a la temeridad sino al coraje moral, estrechamente vinculado a la honestidad intelectual. Explica la importancia de dejar testimonio con total independencia de lo que piensa la mayoría. Rechaza lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto donde se propone que la gente “se ajuste a la tendencia del momento” y subraya que esto es más necesario que nunca en la actualidad donde “el fascismo, el socialismo, el conformismo y el poder militar hacen que el individuo no solo se siente perdido sino que está perdido”.

 

Como ha sentenciado Cervantes “cada quien es hijo de sus obras” pero la creatividad se ahoga y queda aplastada por el espíritu autoritario; Mafalda ha dicho bien que “la vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

UN TRABAJO NOTABLE DE EMIL LUDWIG

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Como es sabido, el gran Emil Ludwig se exilió del régimen nazi y primero se nacionalizó suizo y luego viajó a Estados Unidos donde escribió la mayor parte de sus numerosas obras. Entre muchos otros trabajos, es autor de las célebres (y voluminosas)  biografías de Beethoven y de Goethe. En esta oportunidad aludo a su libro titulado El Mediterráneo, mar en torno del cual el autor relata la historia de pueblos que han resultado clave para la civilización (“el Mediterráneo ha sido el centro de la historia cultural” escribe Ludwig en el Prefacio).

 

Es uno de los libros de historia más profundos que he abordado hasta el presente, fruto de una magnífica pluma (y un extraordinario traductor: Federico López Cruz)) con la mira puesta en las ocurrencias de lo privado y no circunscripto a los menesteres de los gobernantes. Su ejemplo favorito de civilización son los fenicios quienes no buscaban conquistas militares sino las ventajas del libre comercio y la consiguiente expansión de la riqueza recíproca y el conocimiento que brinda el contacto con otras poblaciones, los modales que enseñan las relaciones mercantiles como el cumplimiento de la palabra empeñada y la cortesía junto al abandono de los siempre destructivos sentimientos nacionalistas y con un adecuado sistema de pesas y medidas en el contexto de un lenguaje propicio para la comunicación eficaz (ellos fueron los fundadores de los puertos-ciudades más descollantes de la época como Cartago, Cádiz y Trípoli). Es en realidad llamativo y resultado de las ideas socialistas que muchas veces se recurre a la expresión “fenicio” para hacer referencia peyorativa al espíritu empresarial (de la misma manera que se usa con ironía la expresión “burgués” para aludir a una persona sin iniciativas, cuando en verdad los burgos eran los pueblos liberados del sistema feudal en donde los valores supremos eran los de la propiedad privada, la familia y el fomento a la creatividad).

 

En esta ocasión, en lugar de glosar la obra, he optado por limitarme a citar algunos pocos pasajes del libro al efecto de trasmitirle al lector una idea más directa del trabajo aunque naturalmente no pueden transcribirse párrafos largos y razonamientos y explicaciones extensas y solo mostrar apenas  retazos muy salteados y fragmentarios, no solo por el tema de los derechos de autor sino porque esta nota periodística se convertiría en algo tedioso y contradeciría el objeto de interesar al lector en que explore la obra completa. Dejo mis comentarios para el final (especialmente la aplicación de la utilidad marginal a la financiación de procesos educativos oficiales).

 

  • “Bajo la superficie de este libro se observará una filosofía política definida. Está escrito desde el punto de vista de un individualista que siempre ha creído en el predominio de la inteligencia sobre la fuerza”.

 

  • “Las obras de la mente y del arte sobreviven a sus creadores; pero las acciones de los reyes y estadistas, papas, presidentes y generales cuyos nombres llenan algunos períodos de la historia, perecen con sus autores o poco después de ellos”.

 

  • “Cualquiera que viva a la orilla del mar, cuya mirada se vuelva constantemente hacia la inconmensurable distancia, captará mucho más profundamente las grandes emociones porque no tiene la costumbre de desviar los ojos hacia pequeñeces”.

 

  • “La historia de Atenas demostró que una nación puede entender y cultivar al mismo tiempo la riqueza y el intelecto, el comercio y la belleza. La voluntad pura de poder es lo que, a la larga, convierte en bárbaro a un pueblo”.

 

  • “Una consecuencia fatal de sojuzgar a los vecinos es que esa determinación tenía que aumentar forzosamente el poder del estado sobre el individuo”.

 

  • “Esparta presenta un modelo perfecto de los ideales que predican y para los cuales viven los estados totalitarios. En efecto, era una nación en armas, en la cual la única educación era la guerra; se desdeñaba la inteligencia; se dictaban disposiciones estableciendo cuando debía casarse un ciudadano y cuando el estado debía sustraerlo de su familia; se restringía todo movimiento y existía un estado autárquico”.

 

  • “Y así la libertad, la belleza y los goces de la vida desaparecieron en el estado militar mediterráneo de Esparta, en el cual, andando el tiempo, no quedó nada. En el estado marítimo de Atenas, por el contrario, todo deriva de la libertad, inmortalizando el concepto de Grecia. El hecho de que un día Esparta fuera victoriosa [en las guerras del Peloponeso que duraron veintisiete años], sólo produjo un muy breve interludio en la imperecedera gloria de Atenas”.

 

  • “El sentido romano del estado, construido sobre la base de la libertad y el orden se convirtió en el verdadero cimiento de un creciente imperio mundial”.

 

  • “Diocleciano fue el primer socialista de estado y, puesto que era hijo de esclavo y también dictador nos recuerda doblemente a varios de sus colegas de nuestros días: como éstos, privó a sus súbditos de libertad, a cambio de una especie de garantía de alimentos y albergue a cargo del estado […] La primera lista de precios máximos de la historia, de la cual poseemos fragmentos, regulaba salarios y precios de los artículos, desde el oro y la púrpura hasta los huevos de gallina”.

 

  • “De las tres religiones [monoteístas] la islámica fue la más tolerante”, lo cual naturalmente no quita que hayan islámicos que faltan el respeto a creencias diferentes a la suya, igual que en otras denominaciones, por ejemplo, la cristiana en épocas de la Inquisición y las “guerras santas”, pero no son por la religión sino debido al espíritu criminal de la persona que comete el crimen.

 

En resumen, Ludwig pasa revista a los sucesos más relevantes de la historia antigua haciendo gala de una nutrida documentación y con observaciones de gran calado que son del todo aplicables a nuestros días. Describe una y otra vez como “el cerebro de un solo sabio o poeta puede producir el derrumbe de una época y el encumbramiento de otra, pero ningún conquistador ha podido hacerlo” por eso es que los derrumbes tipo el romano (y todos los demás) no fueron ni son el resultado de “invasiones bárbaras” sino consecuencia del deterioro y la descomposición moral interna fruto de la decadencia de valores sobreponiendo otras ideas a contracorriente de las republicanas, puesto que “la opresión embota a los individuos”.

 

Es de desear que se reflexione sobre aspectos del pasado en base a consideraciones como las que proporciona Ludwig en el tratado que hemos comentado a vuelapluma, al efecto de evitar lo dicho por Cicerón en cuanto a que estamos condenados a repetir problemas si no decantamos con esmerada atención lo ocurrido a través de la historia. Tropezar con la misma piedra no parece una manifestación de inteligencia. Y, sin embargo, es lo que sucede una y otra vez como si el ser humano fuera incapaz de mirar por el espejo retrovisor al efecto de continuar el rumbo sin recaer en viejos errores.

 

En este sentido, es del caso recordar la reiterada sentencia de los Padres Fundadores en Estados Unidos en cuanto a que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. Nada puede darse por sentado, si queremos ser respetados debemos contribuir diariamente a que se entiendan los fundamentos de una sociedad abierta. Tal como escribía Alexis de Tocqueville, “es frecuente que los países que han disfrutado de progreso moral y material lo den por sentado, este es el momento fatal” porque ocupan espacios tradiciones de pensamiento autoritarias que desplazan al espíritu liberal con lo que se arremete contra las autonomías individuales y los consiguientes derechos.

 

Dado que en este contexto lo más importante es la educación a los efectos de fortalecer los valores y principios a que alude Emil Ludwig, debemos evitar la repetición de la falacia grotesca de la “educación gratuita” puesto que nada es gratis, siempre alguien paga y, en este caso, la educación estatal siempre la pagan principalmente los más pobres. Esto es así debido a que las cargas fiscales que pagan los relativamente más ricos recaen sobre los más pobres ya que la retracción en las inversiones repercute directamente sobre sus salarios. Si aplicamos el concepto de la utilidad marginal comprenderemos que -aunque en estos terrenos no hay posibilidad de referencia a números cardinales ni comparaciones intersubjetivas- en general un peso para un pobre no es lo mismo que un peso para un rico por lo que concluimos que el sacrificio de la referida educación estatal recae mayormente sobre los pobres que la deben financiar compulsivamente aunque no la usen, lo cual implica que se hacen cargo de los estudios de los más pudientes.

 

Por otra parte y por último, tengamos presente que Ludwig escribe “estado” con minúscula por respeto al individuo puesto que el aparato gubernamental está subordinado a quienes representa para proteger sus vidas, libertades y propiedades y no para conculcar, atropellar y aplastar esos derechos. En todo caso habría que escribir “Individuo” con mayúscula. Como ha consignado Collingwood, el célebre historiador de Oxford, toda la historia es la historia del pensamiento y el pensamiento lleva implícita la libertad. Por eso aquello de Benedetto Croce de “la historia como hazaña de libertad”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

¿Que es la Creatividad?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 28/11/13 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2013/11/28/que-es-la-creatividad/

Escribe Stefan Zweig en Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación”. Sin embargo, conviene precisar que, estrictamente, el ex nihilo no es atributo de los humanos ya que siempre existe la influencia de otros en lo que uno produce. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias. El ex nihilo propiamente dicho es solo atributo de Dios.

De todos modos, el significado de la creatividad humana alude a la producción de ideas de muy diversa naturaleza que se concretan en la escritura, en la música, en la pintura, la escultura y en cualquier proceso del quehacer diario fruto de una idea que permite proceder de otra manera al efecto de la resolución de problemas de distinta índole.

Conviene precisar que en un plano diferente lo humano es ex nihilo, no en el sentido de que lo producido surge de la nada sino porque, a diferencia del reino animal, vegetal y mineral, no está determinado por otras causas anteriores sino que irrumpe debido a nuestro libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo” (por mi parte, escribí un largo ensayo sobre este tema titulado “Positivismo metodológico y determinismo físico”).

Entonces, a esta altura, es de interés intentar una explicación del proceso creativo. El proceso comienza (y termina) con trabajo y constancia en la concentración por resolver un problema, aun lo que aparece como un descubrimiento “accidental” es debido a una preocupación y ocupación previa (de lo contrario la solución aparece desapercibida a los ojos de alguien que no le ha prestado atención a lo investigado). Estas concentraciones y cavilaciones se archivan en el subconsciente y, tarde o temprano, frente a cualquier atisbo de resolución conecta el conciente con el subconsciente y aparece “el momento eureka” que en no pocas ocasiones es atribuido a musas o a fantasmas que, a veces, traducen la sensación que la inspiración vino de otro lado y no de un proceso interior.

Sin duda que las etapas y características de la creatividad en el sentido indicado resultan diferentes en cada caso y, a veces, da la impresión que el asunto es fácil como, por ejemplo, en los casos de Mozart que parecía escribir en el pentagrama automáticamente sin considerar los estudios, la práctica y los esfuerzos previos, del mismo modo que ocurría con Balzac que inventó una especie de taquigrafía debido a la rapidez en que se le ocurrían ideas que no daba tiempo a la escritura corriente. Por supuesto que en unos casos hay más facilidad que en otros debido al tipo de talento, lo cual no disminuye el de Beethoven que tardaba mucho para finiquitar una composición musical o el caso de Goethe que tardó setenta y cuatro años en escribir sin pausa el Fausto (Durero requería mucho croquis y mucho cálculo sobre el lienzo antes de pintar, mientras que Van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día).

En realidad, la creatividad está íntimamente conectada a escucharse uno mismo, a la actualización de las potencialidades de cada cual. El torcer el rumbo para amoldarse a lo que otros dicen y piensan es fatal y así el sujeto en cuestión deja de ser él mismo para convertirse en los demás, es la mayor de las traiciones como apuntaba Ortega. Por eso es que prestar atención a las vocaciones resulta tan crucial. En este sentido, Octavio Paz en “La espuma de las horas” ha escrito que “Al descubrir nuestra vocación, nos descubrimos a nosotros mismos”. Este ejercicio de escucharse a uno mismo, a su vez, está conectado con el coraje moral, en la capacidad de estar solo frente a la opinión dominante tal como nos enseña Leonard Read en The Courage to Stand Alone y a eso a lo que precisamente se refiere Rollo May en The Courage to Create.

Paul Johnson en la introducción a Creators, titulada “The Anatomy of Creative Courage”, enfatiza los obstáculos y las dificultades con las que se topa el proceso creativo que solo se resuelve con la perseverancia en el trabajo y la consiguiente disciplina.

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos distintos.

En resumen, el producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.