El BCRA y los entes estatales son los principales formadores de precios

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 21/08/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/08/21/el-bcra-y-los-entes-estatales-son-los-principales-formadores-de-precios/

El exceso de emisión sobre la cantidad de bienes y servicios que genera la economía explica la inflación

El BCRA, con el control de cambios también determina la cotización del dólar (Reuters)

El BCRA, con el control de cambios también determina la cotización del dólar (Reuters)

Es elemental que el precio es la cantidad de moneda necesaria para comprar un bien o servicio. Si sobran pesos, mayor facilidad de alzar los precios. Cuando la gente quiere desprenderse de la moneda nacional es porque la inflación carcome su valor, y refleja que sobra circulante.

El BCRA, con el control de cambios también determina la cotización del dólar. Gran parte de los combustibles, insumos, bienes finales, que demandan las empresas y los consumidores son importados; al subir la cotización del dólar aumentan los precios internos.

En 2001, el dólar cotizaba a $1, actualmente la pizarra del Banco Nación marca un precio superior a $142. No puede sorprender que los bienes sean entonces nominalmente 140 veces más caros, o, más aún, en los casos en que se aplicaron nuevos impuestos y otros costos.

Está claro que ninguna empresa tiene tanto poder para multiplicar por 140 los precios con el tipo de cambio por dólar estable. Durante los 11años de la Convertibilidad, entre abril de 1991 y enero 2002, el dólar estable mantuvo estables los precios. Nadie tiene el poder de fijar precios del BCRA.

Ahora estamos peor aún. Los “cepos” a las importaciones coartan la competencia -el mecanismo que premia conocimientos, habilidades, individuales, impulsando el crecimiento de los PBI e ingresos personales, en todo el mundo- transfiriendo decisiones productivas, antes privadas, a los burócratas, recortando los patrimonios al introducir incertidumbres mayores. ¿Cuánto costará importar, reponer, los bienes?

Los “cepos” a las importaciones coartan la competencia -el mecanismo que premia conocimientos, habilidades, individuales, impulsando el crecimiento de los PBI e ingresos personales (Reuters)Los “cepos” a las importaciones coartan la competencia -el mecanismo que premia conocimientos, habilidades, individuales, impulsando el crecimiento de los PBI e ingresos personales (Reuters)

Los bienes dejan de cotizarse en competencia para depender de las determinaciones burocráticas. Protocolos similares a los soviéticos incentivan aumentar los pedidos de autorizaciones de importación y compra de divisas. Los cepos cambiarios confirman que la emisión monetaria está tan desbordada que el Banco Central no tiene los dólares que la sociedad demanda, para atender importaciones y compromisos financieros con el resto del mundo. Un verdadero desfalco.

El BCRA admite que no puede responder a sus obligaciones, la responsabilidad de garantizar una moneda de curso legal para todas las transacciones deseadas por la población. Y las proyecciones económicas no tranquilizan. Eliminar los cepos exigiría equilibrar la oferta y demanda de base monetaria, no basta suprimir el déficit fiscal.

Desequilibrio general

Todos los valores del comercio exterior están influidos por BCRA, AFIP, gabelas de todo tipo, las tasas de interés, condiciones financieras, etc. En las últimas décadas, la coordinación de los tres poderes del Estado perdió precisión para contener la inflación, fragilizada por entes varios, organizaciones sociales, sindicatos, empresas estatales, que determinan suspensiones de actividades y de tránsito e imposiciones variadas y crecientes, y ausencia de incentivos para trabajar productivamente.

En todo el planeta, a mayor suba de la cotización del dólar mayor la inflación. Los escolásticos españoles del siglo XVI y XVII desarrollaron la noción del precio justo, en un contexto jurídico y no físico. Tiene que ver con los conceptos de poder, voluntad, conocimiento individual. Una cosa vale tanto cuanto es el valor en que puede venderse, en libertad, excluidos la fuerza, y el fraude, que enturbian la voluntad del comprador.

Mientras las naciones avanzan liberando a las actividades, la Argentina está siendo agobiada, entrampada, con el peso de restricciones innecesarias, artificiales. Cada vez más lejos de las libertades exaltadas en el Himno Nacional, la Constitución y canciones patrias.

Fuente: Infobae en base a estimaciones WEO FMI

En esta hora, el partido gobernante azuza conflictos y proclama “combatir al capital”. La oposición política se desanima de contribuir a mejorar la cosa pública, durante esta gestión.

Conviene recordar la advertencia de Luigi Pirandello en Seis personajes en busca de autor. Debemos tener sumo cuidado con el uso de las palabras, pues ahí precisamente radica la dificultad de comunicar: “En cada uno de nosotros vive un mundo de imágenes diferentes. ¿Cómo es posible que nos entendamos si en mis palabras vibra el sentido y el valor de las cosas que en mí están, en tanto que, quien las escucha, inevitablemente les da el sentido y el valor que tienen para él? Creemos entender, pero no lo hacemos”.

Las marchas y contramarchas de militantes en espacios públicos exponen un culto a las invocaciones mágicas de poderes ilusorios, ficciones desmentidas por las ciencias y experiencias disponibles. Las naciones que más avanzan liberan los conocimientos, habilidades individuales. Las menos desarrolladas, violentan libertades privadas. El PBI por habitante marca el proceso de liberaciones personales.

El federalismo fiscal da potestades a la Nación, a las provincias y a los municipios para crear tributos. Hay 166 tributos vigentes, aunque apenas 11 de ellos recaudan el 90% el total. Brasil no tiene un impuesto tan distorsivo como Ingresos Brutos ni un impuesto a la exportación. Solo 12 países aplican este impuesto que lastima la competitividad. Si añadimos tipos de cambio diferenciales, entendemos el desaliento a las exportaciones.

En el 2017 se firmó un Pacto Fiscal para bajar impuestos. Excelente idea, pero ingenua porque no establecía sanciones por incumplimiento. Se suspendió por la pandemia de Covid-19 y ahora el Congreso se prepara para aprobar el nuevo Pacto Fiscal porque las provincias quieren más dinero de los contribuyentes.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE. Sigue a @blascogar

La nueva moda global, la estanflación

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 16/11/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/11/16/la-nueva-moda-global-la-estanflacion/

 ‘Estanflación’, estancamiento con “inflación” -suba del IPC, en rigor-, es un término acuñado por un político británico, Iain Macleod, en 1965, cuando muchos economistas dudaban de que una economía con poco o ningún crecimiento y tasas de “inflación” más altas de lo normal fuera posible, según cuenta Laura Sánchez de Investing.com. La peor estanflación que se recuerda en EE.UU. ocurrió durante la década de 1970.

                En 1971, Richard Nixon reaccionó a las presiones de la balanza de pagos sacando a EE.UU. del patrón oro. Obviamente el resultado inmediato fue el descontrol en la emisión de moneda, o sea, fuertes presiones inflacionarias al punto que Nixon intentó imponer controles de precios y salarios para combatir la suba del IPC, sin mucho éxito y demostrando que los conservadores nunca fueron “amigos del mercado libre” como se han presentado. 

                A finales de los 60, el economista estadounidense Arthur Okun creó una estadística simple para reflejar el impacto de la estanflación y lo llamó el Misery Index, el índice de la miseria, que sumaba la tasa de desempleo a la “inflación”, la suba del IPC. En 1975, este índice alcanzó el 19,9%, y en 1980 llegó a su máximo del 22%.

               Ahora, la estanflación asoma en EE.UU. Durante octubre el IPC subió un 6,2%, mientras se esperaba 5,8%-5,9% y muy por encima del 5,4% de ascenso de septiembre, la subida más alta desde 1990. Así las cosas, los salarios reales -ajustados según la suba del IPC- cayeron 2,2% desde el primero de enero. De momento, la fuerte suba del IPC se compensa con creces con la caída de la tasa de desempleo, quedando el índice de miseria por encima del 10%, según calculan los analistas del Bank of America quienes esperan que a fines del 2022 el índice de miseria baje al 6,3%, con una tasa de desempleo del 3,5% y una inflación del 2,8%. Demasiado optimistas en mi opinión.

               Otro término de última moda para disimular las causas reales de la inflación es el de “Inflación transitoria” con el que la Fed pretende lavarse las manos del problema que ha causado con una emisión astronómica. El objetivo de la autoridad monetaria es del 2% y el dato de octubre marcó 6,2% y subiendo…

                Irónicamente, el dólar está en máximos de 2021 comparado con otras monedas ya que el comportamiento del resto de los Bancos Centrales es aún peor ya que, por casos, ni el BCE ni el Banco de Japón prevén un ajuste en su política monetaria en el futuro inmediato. En cambio, el aumento de “la inflación” – el IPC en, rigor- de EE.UU. ha elevado las expectativas de que la Fed comenzará a subir las tasas de interés relativamente pronto. El índice dólar, que sigue la evolución de esta moneda con respecto a una cesta de otras seis divisas, está en su cota más alta desde junio de 2020:

              El movimiento de la divisa también se ha visto respaldado por un aumento del rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense; así, por ejemplo, la diferencia entre el rendimiento de los bonos a 5 años de EE.UU. y sus equivalentes en Japón y Alemania ha crecido como no lo hacía desde principios de 2020.

             Y claro que esta inflación – el exceso de moneda en el mercado- marca, en parte, el ritmo del Bitcoin como el de toda la renta variable. Por casos, el ETF suizo WisdomTree Bitcoin (SIX:BTCW) o el Grayscale Bitcoin Trust (OTC:GBTC), superaron el 200% de rentabilidad en el 2020.

              En el mundo de las criptomonedas, según el número de bitcoins que se posea se llama Camarones a los que tienen menos de 1 bitcoin, Cangrejo a los que poseen entre 1 y 10, Pulpo entre 10 y 50, Pescado 50-100, Delfín 100-500, Tiburón 500-1.000, Ballena entre 1.000 y 5.000 y, finalmente, Ballena jorobada al que supera los 5.000 bitcoins. El mercado de criptomonedas está dominado por 10 grandes ballenas, y los 10.000 inversores más importantes de bitcoins controlan más de un tercio de las criptomonedas en circulación. Y, según un estudio del NBER, el 0,1% de los mineros más importantes del mundo controlan el 50% de la capacidad de minado de bitcoins

                Bitcoin y Ethereum han marcado la semana pasada nuevos máximos históricos y es evidente que las ballenas son una fuerza impulsora determinante. Ahora, una serie de malas noticias han provocado una caída hasta por debajo de los USD 60.000. Pero en esta caída, hay también quien aprovecha para comprar y la tercera ballena más grande de Bitcoin ha comprado 207 tokens de Bitcoin a USD 62.000, según Cointelegraph, con lo que ha vuelto la tendencia alcista.

                 Y a no olvidarse de Tesla, que “es el mercado …” según The Market Ear, o al menos lo sigue de cerca como puede verse en este gráfico de Refinitiv:

                 Entretanto, Argentina no parece ser excepción a esta moda de la estanflación y eso conseguirá el llamado «Programa económico plurianual para el desarrollo sustentable» con la invalorable ayuda del estatal, ergo, estatista FMI que colabora en financiar Estados inviables.

                  En diciembre vencen unos USD 1900 M y el Gobierno descuenta el pago con lo que queda de los DEG que mandó el Fondo en agosto. Pero luego, los vencimientos a partir de marzo exceden la capacidad de pago del gobierno ya que se deben cancelar USD 2855 M y con los DEG agotados.

                  De modo que se impone un acuerdo con el FMI salvo que el Estado argentino decida transformarse en un organismo eficiente, con un muy fuerte recorte de gastos y venta de propiedades deficitarias. Cosa que no pretende hacer y, por tanto, negocia un programa de Facilidades Extendidas, que genera un plazo de repago de 10 años como máximo. Lo que deja al descubierto la verdadera naturaleza del FMI: financia y refinancia Estados fallidos de manera que no se conviertan en eficientes y dependan de ellos eternamente.

                  El gobierno lo dejó muy claro y el plan para acordar con el FMI se dará «sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social». Léase, no tienen intenciones de dejar la clientela política sino conseguir financiamiento para seguir con la fiesta de la ineficiencia estatal.

                  El déficit previsto en el presupuesto para 2022 se ubica en 3,3% del PBI y el plan plurianual fija una trayectoria descendente, cosa que seguramente no se cumplirá a medida que el PBI no crezca lo esperado por el Gobierno. Los fondos frescos del FMI, además, permitirán controlar la brecha entre el dólar paralelo y el oficial. De otro modo, la brecha cambiaria continuaría agrandándose y pronto se terminarían las reservas netas del BCRA. Recordemos que la semana pasada el BCRA vendió casi USD 650 M, el 20% de su stock de reservas netas.

                  De la diferencia del 100% entre las cotizaciones, debería reducirse al 60% según las aspiraciones del Fondo. O sea, nada de sincerar al mercado de cambios de modo que funcione eficientemente por oferta y demanda y aliente las exportaciones y equilibre las importaciones. Se espera que el Gobierno acelere el ritmo del crawling peg, con devaluaciones que acompañen la suba del IPC mensual y recuperen algo de lo perdido en los últimos meses, o sea, ir hacia un crawling peg más rápido que el 1% mensual que viene ocurriendo desde mayo de modo que el tipo de cambio real -que desde mayo cayó 12,5%- deje de atrasarse frente a una suba del IPC que volvió a aumentar y cerró en 3,5% en octubre y bajo una previsión anual del 50%.

                  Obviamente, uno de los primeros puntos donde se llegó a un acuerdo con el FMI es tener una estructura tributaria “más justa, más eficiente y que de menos lugar a la evasión y la elusión», léase, seguir cobrando abusivos impuestos para financiar la fiesta estatal y a sus socios del FMI, total que a los impuestos los terminan pagando los pobres porque los ricos los derivan hacia abajo subiendo precios, bajando salarios, etc.

                  O sea, probablemente la suba del IPC se modere como consecuencia de una moderación en la inflación -la exagerada emisión monetaria- pero aun así, combinada con un flojo sino negativo crecimiento del PBI dado el Estado abusador en cobro de impuestos y regulaciones asfixiantes que destruyen al mercado -los 45 M de argentinos- la estanflación viene asegurada.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Para evitar una nueva crisis, necesitamos un piloto que sepa volar este avión

Por Aldo Abram: Publicado el 3/11/20 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/546491/que-numero-salio-sorteo-tombola-santiaguena?utm_campaign=ScrollInfinitoDesktop&utm_medium=scroll&utm_source=nota

Para entender lo que pasa con la economía argentina, podemos imaginarnos un avión que intenta volar y lleva una enorme sobrecarga de problemas. El combustible de la nave es la confianza de argentinos y extranjeros. Cuanto mayor es ésta, más tiempo puede volar y a más altura. Si es poca, entonces no podrá levantar mucho del piso y, quizás, empiece a descender con riesgo de estrellarse. Por eso, con su gestión, un gobierno debe ocuparse de aliviar el peso de los problemas y proveer el combustible necesario.

Con su discurso y las medidas que toma puede incrementar la credibilidad en un futuro de prosperidad del país; lo que atraerá el ahorro e inversiones de argentinos y extranjeros, permitiéndoles desarrollarse. Una gestión mediocre implicará un crecimiento de igual tono. En tanto, si no cumple las promesas, o las políticas instrumentadas son malas, veremos cómo todos pierden la fe en el futuro del país y los inversores tratarán de sacar sus capitales del país; mientras la gente empieza a ahorrar en dólares que van a parar al fondo del ropero, una caja de seguridad o al exterior. Así, con menor financiamiento, consumo e inversión, la economía entrará en una de sus habituales crisis.

Lo que estamos viendo actualmente en la Argentina es justamente el resultado de la pérdida de credibilidad en el país y es algo previo a la pandemia. La cuarentena solamente profundizó el impacto negativo en la economía y el bienestar de la gente. De hecho, el cepo fue una medida que simplemente buscó restringir las posibilidades de huir del peso y de sacar nuestros ahorros e inversiones de la economía local. Sin embargo, es insostenible en el tiempo; ya que implica mantener un nivel de valor de dólar oficialque no reconoce todo lo que el Banco Central (BCRA) está depreciando el peso para quitarle a la gente poder adquisitivo y transferírselo al gobierno para que pueda seguir gastando de más.

La prueba de que ese tipo de cambio es artificialmente barato es que cerca de 4.000.000 de argentinos compraban “dólar ahorro”, a pesar de que debían pagar un 30% extra de impuesto PAÍS. El BCRA les compra a los exportadores sus divisas a ese valor artificialmente muy bajo; por lo que pierden incentivos a vender al exterior y traer moneda extranjera. Por otro lado, los importadores pueden comprar afuera con dólares “baratos” para vender en el país, aumentando la demanda de moneda extranjera de las reservas internacionales. Es obvio que el resultado será que éstas tenderán a bajar. Cabe aclarar que sobre los flujos financieros con el exterior también ocurre algo similar; por lo que no es de extrañar que esto lleve al BCRA a instrumentar más restricciones, para que no le compren dólares. Sin embargo, éstas sólo generan un alivio coyuntural y, luego, vuelve la caída de su stock de divisas; lo que lleva a nuevas limitaciones y así en un círculo vicioso que termina en una crisis monetaria y cambiaria.

Hay que aprender del pasado. En los 70 años anteriores al cepo de Cristina Fernández de Kirchner hubo 23 cepos y todos terminaron en forma muy traumática debido a que se los intentó sostener indefinidamente. Sin embargo, de este último se pudo salir sin una crisis porque cambio el gobierno y éste prometió que iba a resolver los problemas de fondo de la Argentina. Ello despertó credibilidad; lo cual mermó la salida de ahorros de locales y extranjeros, permitiendo abandonar el cepo. En definitiva, éste último se usa para moderar la fuga de capitales. Lamentablemente, luego, no se realizaron las reformas estructurales prometidas, y a partir de 2018, se entró en crisis por la imposibilidad de mantener sin resolver indefinidamente los problemas de fondo.

Por lo tanto, para evitar una crisis y salir del cepo en forma poco traumática, el gobierno del Presidente Alberto Fernández debería anunciar que avanzará en las reformas estructurales pendientes y las llevará a cabo para despertar credibilidad; poder salir del control de cambio en forma poco traumática y lograr crecer fuerte en el tiempo.

¿Cuáles son esas políticas?

a) Eliminación y reducción gradual de impuestos: Revisión integral de la estructura tributaria a fin de suprimir gravámenes de muy escasa recaudación, reducir su peso y simplificar su administración por parte de los contribuyentes. Es imposible pensar que alguien invertirá en un país que está en el puesto 21, entre 190, en un ranking de los que más exprimen a sus empresas con impuestos o, según el Banco Mundial, una PyMe que pagará todos sus tributos es altamente probable que pierda plata. Por supuesto, sería demagógico plantear esto sin aclarar que demandará hacer más eficiente el gasto público para llevarlo a niveles que sean pagables con una imposición razonable.

b) Reforma de la administración nacional: Su objetivo es reducir sustancialmente el número de empleados de la Administración Nacional y las erogaciones innecesarias, asegurando que ninguna persona pierda ingresos en lo inmediato y que tenga oportunidad de reinsertarse y progresar. Comprende: i) Cambios en las normas laborales del sector público para incorporar la gestión por resultados. Continuar con la digitalización y las mejoras en la tecnología informática. ii) un Decreto con nueva estructura (hay un organigrama propuesto) en el marco de las atribuciones establecidas en la Ley 25.164, de Empleo Público. Se definirán las unidades administrativas dependientes de cada uno de los ocho ministerios, hasta el nivel de direcciones nacionales, direcciones generales y organismos descentralizados. El decreto establecerá la dotación de personal de cada unidad administrativa, por categoría. iii) Designación de los ministros de la nueva estructura. En forma transitoria, por 90 días, las unidades administrativas de la vieja estructura son asignadas a cada uno de los nuevos ministerios. En ese plazo cada nuevo ministro cubre los cargos de la nueva estructura dando prioridad al personal en disponibilidad. Una vez completado el re encasillamiento del personal, los que no hubieran sido reubicados en la nueva estructura quedarán en la condición de disponibilidad establecida por la Ley N° 25.164 Art 11 (No cumplen tareas; pero cobran un sueldo por uno o dos años. Así se evita el costo social de que queden sin ingresos.). iv) Incentivos a las empresas que los contraten: ej: eximición de los aportes patronales durante un período de dos años y subsidio sobre los gastos de capacitación en el nuevo empleo. Jubilación temprana a quienes, quedando en disponibilidad, no hubieran conseguido empleo en dos años y tengan más de 60 años de edad.

c)Desregular la economía: Armar un nuevo sistema con las normas que son realmente necesarias y derogando todas las otras, de las más de 67.000 existentes, que no estén incluidas

d) Reforma laboral. Privilegiar los acuerdos laborales a nivel de empresa sobre los acuerdos colectivos a nivel de sector de actividad. Ello requerirá que se unifique la representación de los trabajadores de la empresa. Esta reforma requiere un cambio en los artículos 17, 18 y 19 de la Ley 14.250 de Convenciones Colectivas (por DNU o por Ley). Asegurar la libertad sindical. Desregular y simplificar los controles administrativos de la autoridad de aplicación, y de la policía laboral. Modificar mediante decreto reglamentario, el Art 84 de la Ley de Contrato de Trabajo para aumentar la productividad y reducir el sobrecosto y el riesgo laboral. Reducir el costo y riesgo de despido, respetando los derechos adquiridos, mediante la supresión hacia adelante de la indemnización por despido (reforma de los artículos 231 a 255 de la Ley de Contrato de Trabajo, por DNU o Ley) compensado por un fondo y seguro de desempleo.

De esta forma, los argentinos y extranjeros confiarán que, si ahorran o invierten en el país, no se los exprimirá con impuestos ni se les avasallará su derecho de propiedad. Serán ellos los que decidirán sobre sus ahorros o negocios y no los funcionarios de turno a través de una maraña de regulaciones. La Argentina volverá a brindar oportunidades de hacer inversiones rentables. Con una legislación laboral que promueva la creación de empleos productivos, se podrán crear puestos de trabajo digno para todos los que lo perdieron por la crisis y la cuarentena, los que hoy sobreviven pobremente con planes asistenciales, aquellos que antes tenían un cargo público que no le era útil a la sociedad y todos los jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año. Así podremos gestar mayores oportunidades de progreso para todos los argentinos.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/12/19 en:  https://www.ambito.com/economia/cuanto-crecera-argentina-y-el-dolar-2020-n5068787

 

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

 

La actividad cayó 2,1% i.a. en septiembre, según el EMAE del Indec. Así, en 2019 un 3% habrá caído el PBI que bajará 5,2% en la era Macri y, considerando el crecimiento poblacional, el PBI per cápita será menor en casi 10%. Y la caída continúa. Según el IGA-OJF, el nivel general de actividad cayó 3% i.a. en octubre.

La intermediación financiera tuvo el bajón mayor (-14,6%) pero los bancos ganaron 116% más en términos reales. Gracias a la supertasa de las Leliq, soportaron una caída de los créditos de hasta 45% mostrando que no vale producir, sino “bicicletear”.

Lacunza -mostrando que los políticos, al fin, son una unida corporación- dijo que la deuda no es ni de los kirchneristas ni de los macristas, sino del país, es decir, los ciudadanos somos los culpables cuando gran parte fue a la “bicicleta financiera” del Gobierno. Según Federico Sturzenegger, “la crisis no fue por la herencia, sino por las políticas aplicadas” y “recibimos un bajo nivel de endeudamiento de 40% del PBI”, pero Macri logró superar el 127%, según datos del IIF.

Sana actitud, en principio, la de Alberto Fernández de no aceptarle al -estatal y, por ende, estatizante- FMI los u$s11.000 M que restan. “Es como un tipo… borracho. La solución no es seguir tomando (sino) dejar de tomar”, dijo. Habrá que ver cómo los compensa, porque si es a costa de subir impuestos, no pagar deuda contraída o inflación volvemos atrás.

Gracias al cepo, el BCRA es el único comprador de divisas y en noviembre embolsó más de u$s2.000 M que, en su mayoría, provienen de las cerealeras que venden anticipándose la suba de retenciones -fueron 810 M los liquidados en noviembre de 2018, año de sequía- si hasta venden granos aún no cosechados, lo que se descontará del cálculo del PBI de 2020. Así, el BCRA sostiene la “calma cambiaria” y las reservas ya superan los u$s43.736 M.

Como consecuencia de un dólar artificialmente abaratado, cae la producción -la exportación y el consumo interno volcado a dólares -ergo la demanda de pesos, es decir, sube la inflación que, el futuro titular del INDEC, estimó para 2020 en 40%. Insólito, es adivino, como cuando la consultora a la que está ligado, a fines de 2017, anunciaba que en 2018 se superaría la “maldición de los años pares” ya que el PBI crecería 2,5%… y la pegó, fue del 2,5%… pero negativo.

Es imposible conocer la inflación de 2020 y, por tanto, como consecuencia directa, el precio del dólar, hasta ver las políticas del nuevo Gobierno que, por cierto, podría -si quisiera- permitir un crecimiento inmediato de la economía con sólo aceptar medidas razonables.

Lo que sí vemos es la tendencia actual. Para cerrar el financiamiento del año, el Tesoro recibió $20.000 M, como de adelanto transitorio, del BCRA, según surge de la evolución diaria de la base monetaria con datos del jueves 21. Adelanto incluido en los 400.000 autorizados por el DNU 740 de los cuales se estima utilizarán, en lo que resta de 2019, unos $200.000 M. Esto en un contexto de demanda de dinero -como correlato de la caída en la actividad- en mínimos de los últimos 18 años.

La pregunta entre burócratas y políticos es cuál sería la emisión coherente con esta demanda de dinero. Y la respuesta sólo la tiene el mercado en tiempo real, de aquí que la inflación sea un fenómeno inevitable en toda moneda manejada por burócratas que responden a políticos y no al mercado.

Un indicador es la brecha cambiaria -entre al blue y el oficial ronda el 10%- porque son pesos que “sobran” volcados a la divisa. Y, por cierto, inciden directamente en el IPC. Según Elypsis, 45,9% de las Pymes considera que el blue incide en sus costos y, por tanto, el 41,7% lo traslada a precios.

Otro índice, por caso, es lo que ocurre con la emisión de Obligaciones Negociables (ON). El Banco Galicia y el Ciudad las emitieron a tasa variable de Badlar +4% y Badlar + 12,876% respectivamente y fueron sobre suscriptas por fondos comunes, a falta de activos en pesos. Y en los próximos días podrían sumarse más emisiones. A los bancos les conviene porque emitir una ON supone un encaje menor que tomar un plazo fijo.

Es decir, la presión y la tendencia actual tanto inflacionaria como de caída del PBI es clara y, por tanto, la suba de los precios incluido el dólar que, por el contrario, debería debilitarse en el mundo, aunque también todas las monedas “fuertes” dada la creciente incertidumbre global.

El PBI de EE.UU. creció 2,1% entre julio y septiembre, pero, aunque se esperaba 1,9%, en la comparación i.a., la economía se desaceleró ocho décimas. Entretanto, si bien el crecimiento global se mantiene en un razonable 3% anual, se desacelera y hasta el BC Europeo y la Fed empiezan a advertir que las bajas tasas deforman los mercados. Unos u$s19 B de deuda global con grado de inversión, un tercio del total, ya tienen rendimientos negativos.

Por la sobreabundancia de dinero, los índices bursátiles tocan récords y los precios de las acciones son altos con relación a los dividendos. Además, a nivel global, en 2019 ya se vendieron el récord de u$s24,3 B en bonos corporativos: un problema si las ganancias empresariales no resultan tan buenas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La «patria financiera» a cara descubierta

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/10/19 en: https://www.ambito.com/la-patria-financiera-cara-descubierta-n5058956

 

Si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un «ajuste salvaje». Pretensiones del establishment, algunos banqueros y su socio el multiestatal FMI.

La patria financiera a cara descubierta

En septiembre, según LG, en términos reales los depósitos en pesos del sector privado cayeron 5,9% i.a., la mayor caída en lo que va del año. Los depósitos en dólares bajaron 26,3%, acumulando desde las PASO un descenso de 34%, u$s11.179 M. Lo prestado en pesos a los privados bajó 33,6% i.a. y 2019 cerraría con un stock de préstamos en torno a 7,6% del PBI, el menor nivel en 15 años. Según First, la caída de los préstamos en dólares durante septiembre fue récord, 15,7% i.a.

El volumen negociado en la Bolsa ronda los u$s15 M diarios -en Madrid, por caso, se negocian u$s2.000 M- y la capitalización bursátil de las empresas domésticas es hoy la mitad -u$s 27.600 M- que cuando Macri llegó al poder, según BYMA. El total administrado por los FCI bajó a u$s10.000 M desde un máximo de u$s35.000 M a principios de 2018.

Esta descapitalización acelerada -que conlleva baja de productividad, de salarios reales, de consumo y demanda de dinero, ergo, inflación- es el resultado del primer mes del control de cambios. Y seguramente volveremos desde “emergentes” a “economía fronteriza”, el 20 de junio, cuando se conozcan las reclasificaciones del índice MSCI. Cuando haber dejado el dólar libre en el mercado -sin intervención del BCRA- habría tenido consecuencias mucho menos traumáticas, y al aumentar el precio de la divisa se habría desincentivado la fuga.

Además, aunque las tasas de los plazos fijos siguen altas, bajan: 60% un mes atrás, 55% hoy. La mitad de los plazos fijos en pesos de las familias son pasibles de irse a dólares, unos u$s8.800 M. Desde las PASO salieron 98.000 M de plazos fijos privados en pesos. Por cierto, el spread entre la tasa de las Leliq y la del promedio del rendimiento ofrecido a ahorristas en septiembre llegó a 25,5 puntos, asegurando un buen negocio para la banca, sin ningún esfuerzo ni riesgo como debería ser el “capitalismo”.

Por cierto, dada la inflación, los rendimientos de los ahorros en pesos son negativos. Hoy Argentina tiene tasas negativas en términos reales (-2,1%), en tanto que, en Brasil, Chile y Perú, van del 3,1% al 1% reales.

Irónicamente, Europa se argentiniza, aunque por motivos distintos, pero también anormal. Los bancos empiezan a trasladar las tasas negativas (del -0,5% que les cobra el BCE) a los depósitos de más de € 100.000. Por caso, el Berliner Volksbank cobra un interés del -0,5%. Las tasas negativas ya les están costando a los prestamistas alemanes €2.400 M anuales. Así se vuelcan al oro y a bonos del Tesoro que todavía mantienen una tasa positiva cercana al 1,5% aunque, precisamente por compras que persisten hacia el futuro, sigue bajando.

Según Ecolatina, supuesto que la actividad continúe cayendo, el saldo favorable de la balanza comercial se extendería a u$s19.000 M, dada la caída en las importaciones y la débil crecida de las exportaciones a falta, precisamente, de un dólar competitivo. No alcanza. Sin acceso al crédito, el Gobierno deberá enfrentar vencimientos por u$s25.000 M en 2020. Más la fuga de capitales y el déficit turístico, entre otras cosas, que podría superar los u$s24.000 en el año.

De modo que si el Estado no asume su realidad de deudor serial y se reconvierte vendiendo propiedades inconvenientes, sobrevendrá un “ajuste salvaje” como pretenden el establishment, algunos banqueros -“la patria financiera”- y su socio el multiestatal FMI que propone que le devuelvan sus préstamos, perdidos en la “timba”, subiendo impuestos y realizando una quita en la deuda con el sector privado.

Cavallo, padre del “corralito” -uno de los ataques más irracionales a la propiedad privada argentina, en defensa de la “patria financiera”- asegura que de no haber sido por los controles de cambio -contrarios a la naturaleza del mercado- el descontrol monetario llevaría a la hiperinflación, y propone un “ajuste” salvaje pero con “bisturí” no como en 2002, cuando sobrevino uno dada la explosión inflacionaria: el PBI cayó 10%, los salarios estatales y las jubilaciones bajaron 20%, el costo de vida subió 42%, el gasto público primario se redujo y, dado el default, quedó en cero la factura de intereses.

Un directivo bancario argentino, representativo del sector, insiste en “profundizar la bancarización minimizando el uso del efectivo” en lo que tienen que participar “los bancos, el BCRA, Hacienda, la AFIP, Anses y el Congreso”. Es decir, usar el poder de policía estatal para forzar al pueblo, el mercado, sin siquiera consultarlo.

Dice el directivo que el 80% de las acreditaciones de los ingresos de las personas físicas se realizan a través del sistema financiero, unas 26 M de transferencias electrónicas mensuales -equivalente al 26% del PBI, u$s120.000 M- y más de la mitad salen del sistema en efectivo. Si el 20% del 100% que sale en efectivo se canalizara vía medios electrónicos, y pagara impuestos, aumentaría la recaudación en 1% del PBI, casi u$s5.000 M. E implicaría una mayor capacidad prestable equivalente a u$s10.000 M, unos 2 puntos del PBI.

Y sin tapujos aseguró que “los primeros beneficiarios seríamos el Estado y los bancos”. Supuestamente esto se derivaría en beneficios al consumidor como si no supiéramos que, así como una baja en los impuestos difícilmente suele llegar al mercado, estos negociados tampoco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La tasa de interés no es la fuente de la prosperidad

Por Iván Carrino. Publicado el 1/8/19 en: https://www.inversorglobal.com/2019/08/la-tasa-de-interes-no-es-la-fuente-de-la-prosperidad/

 

Sin modificar cuestiones de fondo, bajar la tasa nos lleva a un estallido inflacionario.

Con la campaña electoral llegando a la recta final de su primera etapa (en 15 días tenemos elecciones Primarias), los candidatos se pelean por aparecer en los medios e instalar temas que atraigan la atención.

Así fue que, al mejor estilo militante del Frente de Izquierda, Alberto Fernández le dijo a Roberto Navarro que para pagar un aumento del 20% de las jubilaciones, iba a dejar de pagar los intereses de las Leliq.

En concreto, la pregunta de Navarro fue: “¿De dónde va a sacar los cientos de millones para subir las jubilaciones?”. Inmediatamente, Alberto respondió: “Vamos a dejar de pagar los intereses de las Leliq que está pagando la Argentina todos los días” (el momento exacto es el minuto 28:11 de esta entrevista).

Las declaraciones fueron propias de un militante del Partido Obrero, pero técnicamente peor fundamentadas. Es que por lo menos en el PO sugieren que se use la plata que el Tesoro (Dujovne) le gira al FMI en concepto de repago de deudas para dársela “al pueblo”. Para el neo-kirchnerismo del señor Fernández, lo que debería usarse es el dinero del BCRA (Sandleris), casi un imposible técnico.

Ahora bien, más tarde muchos salieron a aclarar y dijeron que, en realidad, lo que Alberto quiso decir fue que se iban a pagar menos intereses de Leliq porque éste obligaría al Banco Central a bajar la tasa de interés de referencia.

He aquí donde está el verdadero meollo del asunto. Es que para los economistas del kirchnerismo, la tasa de interés es la clave de todo progreso económico y social.

Tanto es así que el plan económico del Frente de Todos podría resumirse en esta secuencia de 5 pasos:

1) Se baja la tasa,

2) entonces crece la economía,

3) entonces aumenta la recaudación,

4) entonces puede financiarse todo el gasto populista prometido en campaña,

5) entonces crece más la economía por el gasto,

6) entonces Argentina es el paraíso terrenal.

Lamentablemente, este razonamiento es totalmente ingenuo y descabellado.

La tasa de interés en una economía de trueque

Si todo fuera tan fácil como bajar la tasa, solo se explicaría con maldad y odio que alguien no hubiera intentado hacer esto antes. Lamentablemente, muchos sí lo intentaron y sumieron a sus países en crisis monetarias e hiperinflaciones.

El problema es no entender la naturaleza del interés.

Para ello, remontémonos a lo que ocurre en una economía sin dinero.

¿Es posible que allí haya interés? La respuesta es afirmativa.

Supongamos que José tiene dos manzanas que no va a consumir en lo inmediato. María, su vecina, necesitaría hoy esas manzanas, ya que quiere utilizarlas para hacer un budín. En este contexto, es posible que José le preste a María las dos manzanas a cambio de que se las devuelva más adelante.

Ahora dado que José está sacrificando la posibilidad de usar dichas manzanas en el momento que quiera, María seguramente le ofrezca, a cambio del préstamo, devolverle más manzanas en el futuro.

Así, por ejemplo, podría ocurrir que, a cambio de las dos manzanas hoy, María le devuelva en el futuro dos manzanas y media.

Como se observa, en una economía de trueque, también hay una tasa de interés, que en este caso sería del 25%. Te presto un capital inicial de 2, me devolvés un capital final de 2 y medio.

¿De qué depende la tasa?

Sabiendo que existe, en una economía sin dinero y sin Banco Central, una tasa de interés, pasemos ahora a analizar de qué tres cosas depende dicha tasa.

En primer lugar, depende de la preferencia temporal de José. Si José prefiere consumir antes en el tiempo las manzanas, entonces será mucho más difícil que decida prestarlas. Ahora bien, si prefiere consumirlas “más adelante”, entonces las tendrá disponibles para dárselas a María.

Un segundo factor que influye es el riesgo del préstamo. Por ejemplo, si María en lugar de hacer budines se dedicara a salir a pasear y tirar las manzanas por el piso por diversión, entonces la posibilidad de que devuelva el préstamo es menor. Así, es probable que ella, con tal de obtener sus dos manzanas hoy, ofrezca una compensación mayor en el futuro.

A mayor riesgo de impago, mayor tasa de interés.

Por último, también influirá un tercer factor, que es el deterioro de las manzanas. Si se espera que las manzanas que devuelva María en el futuro estén todas machucadas y medio podridas, entonces José le pedirá más manzanas a cambio de las dos que presta hoy, de manera de al menos agarrar algunas que estén en condiciones de ser consumidas.

Como se observa, si la preferencia temporal es baja (la gente elige posponer su consumo al futuro), si el riesgo es bajo, y la expectativa de descomposición de las manazas es baja, también será baja la tasa de interés.

Y si es baja la tasa de interés, habrá más consumo de manzanas y más producción de budines. Pero esa tasa de interés no es un acto de magia o voluntad gubernamental. Depende de estas tres cosas que mencionamos.

La tasa de interés, el Banco Central y Jauja

En una economía monetaria con Banco Central, las cosas pueden parecer muy distintas, pero no lo son.

De acuerdo con Alberto Fernández, Guido Sandleris sube la tasa de interés y no responde a “las necesidades de millones de argentinos, de nuestras pymes, de nuestras grandes empresas, de la Argentina productiva”. Si él gana, promete bajar las tasas para “que se recupere el crédito y se puedan reorientar recursos desde lo financiero a lo productivo”.

Ahora volviendo a nuestro ejemplo anterior, la tasa de interés no es una decisión gubernamental. Mucho menos en un esquema de “control de agregados monetarios” como el que tiene Argentina.

La tasa depende de la preferencia temporal, el riesgo de la inversión y el deterioro del medio de intercambio. Ahora si asumimos que un argentino no tiene una preferencia temporal muy distinta a un norteamericano, podemos aproximarnos a este número usando la tasa de 10 años de un bono estadounidense.

Si, además, suponemos que el riesgo de la inversión está capturado por el Riesgo País y que el “deterioro de las manzanas” es la tasa devaluación esperada, entonces llegamos a los siguientes números:

—–> Rendimiento del Bono de EEUU: 2,0%

—–> Riesgo País: 7,8%

—–> Devaluación Esperada: 50%

Si sumamos estos tres componentes, llegamos a una tasa de interés en pesos de 59,8%, no muy lejos de lo que está la tasa de LELIQ hoy.

O sea, todo aquel candidato que proponga “bajar la tasa” para reactivar la economía, tiene que decir cómo va a bajar el riesgo país, o cómo va a reducir las expectativas de devaluación.

Si no lo hace, toda baja de la tasa se transformará rápidamente en una fuga de depósitos, brusca suba del dólar y violento salto de la inflación.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

El riesgo de mantener contenido el tipo de cambio con altas tasas de interés

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/5/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/28/el-riesgo-de-mantener-contenido-el-tipo-de-cambio-con-altas-tasas-de-interes/

 

Desde que fue creado el BCRA, hace exactamente 84 años, la inflación promedio anual fue del 53,3% anual acumulando una inflación de 257.710,71 billones por ciento. Este solo número, junto con los 13 ceros que se le quitó a los diferentes signos monetarios, donde un peso actual es equivalente a $10.000.000.000.000 moneda nacional, evitan abundar en detalles explicando por qué no tenemos moneda. No es casualidad que tengamos períodos de calma en el mercado de cambios y luego violentos saltos porque la gente se refugia en el dólar que es la moneda que eligió como reserva de valor y para muchas operaciones como medio de intercambio.

El gráfico muestra la evolución mensual del tipo de cambio real a pesos de abril de 2019 en los últimos 48 años y medio. Para armar la serie obviamente se van eliminando ceros a medida que se fueron produciendo los cambios de monedas, y se lo actualiza a valores actuales por el Índice de Precios al Consumidor, y se le resta la inflación de EE.UU.

Algunos preferirán usar precios combinados (mitad la variación del índice  consumidor y mitad del índice mayorista, ambos del Indec), pero la realidad es que ese esquema consiste solo en cambiar la ponderación de los bienes transables en el indexador. En cualquier caso, pueden variar los niveles absolutos de la serie pero la tendencia es la misma.

Lo que muestran estos 48 años de tipo de cambio real es que entre 1970 y 1991 la volatilidad fue fenomenal. En el gráfico se observan 3 picos: 1) en 1975 con el rodrigazo, fruto de la inflación cero de Gelbard; 2) la salida de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y la licuación de pasivos y 3) la hiperinflación de 1989 que precipitó la salida de Raúl Alfonsín.

También vemos que hay 3 períodos de tipo de cambio que son los más bajos de la serie: 1) en enero de 1981, con el fin de la tablita cambiaria (en febrero de 1982 Martínez de Hoz devalúa el peso un 10% a pedido de Lorenzo Siguat que era el ministro que le iba a seguir en el cargo); 2) el período de la convertibilidad, en los 90; y 3) a partir del momento que asume Néstor Kirchner, continúa con Cristina Fernández de Kirchner y se recupera transitoriamente con Cambiemos para volver a caer.

Características de cada ciclo 

Cada vez que el tipo de cambio fue contenido con tasas de interés artificialmente altas, con endeudamiento externo y controles de cambio, incluidos cepos cambiarios, luego vino un estallido de diferente magnitud.

Por ejemplo, el control de cambios impuesto por Ber Gelbard junto con un déficit fiscal consolidado de 7,5% del PBI comenzó con un tipo de cambio en moneda actual y a pesos de abril 2019 de $82 y termina a fin de año con un tipo de cambio real de $72,5. El ministro hace algunos ajustes a comienzos de 1974 y luego de algunas correcciones que le hace Alfredo Gómez Morales llega al rodrigazo, cuando Celestino Rodrigo destapó la olla de la inflación cero de Gelbard y el tipo de cambio llegó al equivalente a $170 actuales. En febrero de 1976, con el país totalmente fuera de control, se llegó a un dólar de $272 actuales.

La tablita cambiaria de Martínez de Hoz comenzó con un tipo de cambio, siempre a pesos de abril de 2019, de $51 en diciembre de 1978 y terminó en enero de 1981 en $28 actuales. Otra fenomenal caída del tipo de cambio real. Luego del plan Bonex en diciembre de 1989, el tipo de cambio larga en $55 actuales se llega con un tipo de cambio de $30 actuales en febrero de 1991 y se entra en la convertibilidad a $27 actuales.

Eduardo Duhalde devaluó 40% y terminó buscando el tipo de cambio de $4 por dólar. Lo cierto es que luego de corralón, pesificación asimétrica y demás embrujos, Néstor Kirchner asume en mayo de 2003 con un tipo de cambio equivalente a $55 actuales y Cristina Fernández de Kirchner termina su segunda presidencia con una paridad a pesos de abril 2019 de 28 pesos.

En los 48 años considerados, fue frecuente el uso del tipo de cambio como ancla contra la inflación. Cuando se observa toda la serie no se encuentran períodos largos en que el peso se revalorizara fruto de un fuerte ingreso de capitales para invertir en el sector real de la economía. El período de mayor ingreso de divisas por Inversión Extranjera Directa fue en los 90, pero ahí el tipo de cambio se mantuvo bajo por ese ingreso de capitales y por el endeudamiento que a partir del segundo mandato tomó el gobierno de Carlos Menem.

Factores que debilitaron el valor del peso

En general la combinación para anclar el tipo de cambio consistió en controles y cepos, uso de la tasa de interés y el endeudamiento externo y un breve período de buenos precios internacionales en el Gobierno de los Kirchner que ayudaron a financiar la fuga de capitales sin que saltara el valor de la divisa.

Para tener una idea, Fernando de la Rúa gobernó con una soja promedio de USD 179 la tonelada; en todo el período kirchnerista promedió USD 372; el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner gozó de una cotización de USD 484; y de USD 469 el segundo. Precios récord y encima tuvo que poner el cepo cambiario ni bien ganó las elecciones en octubre de 2011 y llegó agonizando al cierre de 2015 vendiendo futuros en cantidades industriales.

El gráfico 1 marca dos datos. La primera mitad de esos 48 años se caracteriza por una altísima volatilidad en el tipo de cambio real, con fenomenales subas y bajas. El segundo es que desde 1991 predomina un tipo de cambio muy bajo; la cual no puede explicarse por una lluvia de inversiones, salvo los primeros años de la convertibilidad con las privatizaciones.

Es decir, desde 1991 se acumulan 28 años mostrando uno de los tipos de cambio más bajos de la serie histórica, y se empeoró la relación gasto público/PBI, carga tributaria, inseguridad jurídica y legislación laboral, por citar algunos ítems. Todos factores que juegan en contra de la fortaleza del peso.

Obviamente no voy a caer en el ridículo de decir cuál tiene que ser el tipo de cambio que debe regir en la economía, pero sí puedo afirmar que la constante ha sido manipular el tipo de cambio como ancla contra la inflación por el hecho de no tener una moneda. Como la gente no cree en el peso argentino por los dislates cometidos desde 1935 a la fecha, el argentino eligió el dólar como su moneda y los gobiernos se empeñan en obligar a los argentinos a usar el peso, un producto que ya nadie quiere. El resultado es tener que poner cepos cambiarios, controles de precios o pagar tasas de interés disparatadas para mantener con respirador artificial una moneda que ya está muerta como tal, como es el caso del peso.

Casi medio siglo de disparates cambiarios confirman que el peso viene agonizando hace rato.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

El doble filo de abandonar la ZNI cambiaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/4/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/04/29/el-doble-filo-de-abandonar-la-zni-cambiaria/?fbclid=IwAR3LxIz_Jc1JlWNt1c2LHHL_77-vh9yjEZbYj0PT-9MvIRKP6btTYXvY_PI

 

Hoy lunes, con el visto bueno del FMI, el BCRA volvió a modificar su política cambiaria. En esta ocasión el BCRA podrá operar en el mercado de cambios cuando el tipo de cambio se encuentre dentro de la zona de no intervención (ZNI) y se expande el límite de reservas que puede vender si el tipo de cambio supera el límite superior. No sólo se altera la naturaleza del régimen cambiario, sino que dicho movimiento puede ser como un arma de doble filo.

Esta modificación trae confusión sobre si se abandona la ZNI o cuál pasa a ser el rol del mismo. Por un lado el BCRA anuncia que va a intervenir. Por lo tanto la zona dentro de las bandas ya no es de no intervención. Sin embargo, al mismo tiempo se anuncia que se aumenta la capacidad de intervención por fuera de la banda. ¿Las bandas quedan o se eliminan? Uno de los motivos por los cuales esto no es claro es porque no se han dado detalles de cuáles son los límites o reglas de intervención dentro de las bandas. Parece que queda a total discreción del BCRA. Si es así, ¿la intervención dentro de las bandas puede ser mayor a la intervención fuera de las mismas (que, si entiendo los anuncios, aún mantienen un límite)?

Pareciera ser que hay una decisión política (no económica) de que el tipo de cambio no supere los 50ARS/USD (¿y la independencia del BCRA y la política monetaria?) Lo cierto es que no es claro cuál es el nuevo régimen monetario. Quizás en el BCRA lo tengan en claro (o crean tenerlo en claro), pero tengo la impresión que el mercado aún no sabe en qué régimen está operando (lo cual explica la calma hasta que se deciden las nuevas estrategias de inversión).

Más allá de estas cuestiones, la decisión de intervenir dentro de la ZNI puede ser un movimiento peligroso. Por un lado, los inversores con posiciones en ARS pueden optar por mantener las mismas dada la expectativas de estabilidad cambiaria (el manos en el corto plazo). Por el otro lado, los inversores pueden ver una salida “barata” de las posiciones en ARS y aprovechar la misma antes que el régimen cambiario se vuelva a modificar (esta es, creo, la tercer versión del “Plan Sandleris”). Si las reservas son un “common good”, no se puede descartar que inversores intenten liquidar sus posiciones en ARS a un tipo de cambio subsidiado antes que lo hagan los otros inversores.

¿Cuál es el problema de fondo? La famosa política de esterilizar emisión con Lebacs (hoy con su primo-hermano, las Leliqs). En un contexto de estanflación donde el BCRA emite deuda (promesa de emisión futura) la estabilidad monetaria y cambiaria dependen de la demanda de dinero. La política monetaria es una promesa de mayor emisión futura, pero no hay una clara política que lleve a aumentar la demanda de dinero para absorber las Leliqs (como no la hubo con las Lebacs). En cualquier momento y por cualquier motivo inversores pueden decidir liquidar sus posiciones en ARS generando tensiones cambiarias. El BCRA se metió en el laberinto de las “política de Lebacs/Leliqs” y ahora parece no tener claro cómo salir del mismo. O no saber cómo salir sin pagar el precio de emitir deuda.

El problema es que no hay demanda de dinero propiamente dicho. No se demandan pesos para atesorar, se demandan pesos como vehículo de inversión financiera (carry-trade). Si la “demanda” de pesos colapsa, ¿por cuánto tiempo puede el BCRA mantener el tipo de cambio debajo de los 50ARS/USD antes de quedarse sin reservas?

Tenemos un Poder Ejecutivo con buenas intenciones pero muy poca credibilidad económica. Un BCRA con buenas intenciones pero de dudosa independencia y que viene perdiendo (¿aceleradamente?) credibilidad. Si, en este contexto, Cristina Kirchner sigue asomando en las encuestas presidenciales, la “salida barata” que el BCRA ahora ofrece a los inversores puede ser una estrategia más tentadora que seguir apostando a “tasa vs dólar”. No es claro que de aquí a les elecciones el nuevo régimen cambiario vaya a traer paz cambiaria; puede, también, facilitar tensiones financieras.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La calma cambiaria es solo aparente

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 13/2/19 en: https://www.ambito.com/la-calma-cambiaria-es-solo-aparente-n5015749

 

La calma cambiaria es solo aparente

 

Acaba de conocerse que la formación de activos externos netos acumulada entre 2017 y 2018 supera los u$s59.000 M -incluidos los dólares “en el colchón”- lo que refleja la alta inflación del peso. Inflación que continúa y por eso la paz cambiaria es aparente y superficial y en algún momento el billete verde se pondrá a tono con los nuevos precios.

Entre otras cosas, qué pasará cuando quienes hicieron un plazo fijo en torno del 40% tengan que renovarlo con tasas más cerca del 30%. No sería de extrañar que la subida de la Bolsa -que no se explica ni con la macro ni con el PER, todo lo contrario- esté precisamente, adelantando el precio del dólar.

Y el hecho de que el Gobierno está intentando frenar el “carry trade” con las Leliq, es un reconocimiento implícito de que el dólar está planchado circunstancialmente gracias a las altas tasas. En cualquier caso, es imposible saber cuándo el dólar tomará ritmo porque, de momento, el Gobierno tiene fuerza, y ayuda para plancharlo.

Sobre todo si tenemos en cuenta que el FMI este año aportará la friolera de u$s30.000 M, cuando desde el BCRA calculan que una corrida no superaría los u$s5.000 M, y aunque los privados estiman hasta u$s25.000 M.

El BCRA aceleró el ritmo de baja de tasas, y desde el máximo del 73% en septiembre, la tasa de Leliq acumula una baja de casi 28 puntos, quedando en alrededor de 45% anual. Pero los operadores esperan una baja más gradual hasta quedarse en un piso del 43%.

Y con el FMI, discuten la posibilidad de que la “zona de no intervención” vaya ajustando a un nivel más bajo que la inflación esperada. Considerando que la inflación esperada por el Gobierno (23%) promete ser mucho más baja que la real, que los analistas ya estiman bien arriba del 30% y sigue subiendo, probablemente tendremos “carry trade” para rato.

Ayuda el campo, ya que los dólares de los productores agropecuarios sumarían este año más de u$s30.500 M por ventas al exterior. Considerando que en 2018 ingresaron unos u$s25.500 M, esto implicaría un salto del 20%. Dicho sea de paso, no tanto como para creerse el entusiasmo del Gobierno de que esto revertiría la caída del PBI. La contracara de este dólar artificialmente bajo es, entre otras cosas, que Argentina exporta poco más del 10% de su PBI, cuando la media global es superior al 35%.

Por otro lado, más allá del déficit primario cero, quedaría un déficit financiero del 3% del PBI, que debe cubrirse con emisión adicional de deuda, aumentando la presión a la baja del dólar. El déficit fiscal total se redujo en 2018 solo el 0,2% del PBI ya que pasó del 6% al 5,8% dado que los gastos primarios, sin los intereses de la deuda, se redujeron del 2,9% al 2% del PBI, pero la cuenta de intereses subió del 3,1% al 3,8% del PBI.

Y la recaudación fiscal baja -y cada vez más- en términos reales, complicando estas cuentas. Por tomar un indicador, según el INDEC, entre enero y noviembre de 2018 los salarios perdieron 17,3% frente a la inflación, es decir, que así las cosas el consumo y la inversión de las personas cae.

La situación externa también mejoraría ya que podría desacelerarse la apreciación global del dólar, gracias a la ralentización en la subida de tasas por parte de la Fed, aunque falta la otra pata, el balance. Crossroads, o encrucijada, son las palabras fetiche del presidente de la Fed, frente a los riesgos que acechan: un divorcio sin acuerdo por el “brexit”, una brusca desaceleración en China y, principalmente, el incremento de las tensiones comerciales, según se confirmaba que Trump y Xi Jinping no se reunirán el 27 y 28 de febrero en Vietnam, aunque podrían hacerlo después del 2 de marzo, cuando expire el plazo de las negociaciones.

En estos momentos un 81,2% de los analistas descuenta que no habrá subidas de tasas este año, según FedWatch, en tanto que el porcentaje de operadores que proyectan una bajada para el próximo 11 de diciembre (15,3%) es cinco veces mayor que el de los que esperan una subida (2,8%). Aunque, por otro lado, hay cierto optimismo en cuanto a la economía de EE.UU. ya que para la Fed “el desempleo es bajo, los precios están cerca del 2%, por lo que ahora estamos en un buen lugar”. Pero, aun suponiendo que las tasas no se muevan, queda por ver el balance, que está de moda, ya que para achicarlo la Fed ha venido inundando a los mercados de deudas absorbiendo dinero. La Fed todavía acumula en este registro más de u$s 4 B, de los cuales 2,22 son bonos del Tesoro y unos 1,6 B son activos respaldados por hipotecas (MBS). Casualidad o no, en octubre de 2018 las bolsas globales comenzaron a temblar y la volatilidad invadió los mercados. Justo en ese mes, la Fed apretó el turbo en la reducción de balance alcanzando los u$s50.000 M mensuales que deberían seguir desapareciendo hasta alcanzar el tamaño ‘adecuado’. Cuando el proceso comenzó en 2017, la Fed proyectó que la normalización finalizaría en 2022 y el remanente sería de u$s2,3 B, pero ahora se discute la ralentización y hasta poner fin a la reducción del balance.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina, o cómo desaparece un país

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: https://alejandrotagliavini.com/2018/08/17/argentina-o-como-desaparece-un-pais/

 

Viajando por Europa me sorprendió la ausencia de noticias sobre nuestro país, salvo una perdida nota en un periódico madrileño… y no era buena. Ni mis ocasionales interlocutores hablaban al respecto.

Nos mató la soberbia. Demasiado intrigado, le pregunté a un destacado empresario -amigo de confianza- el por qué, de este fuerte “silencio de radio”. Y con crudeza me dijo que nadie quiere hablar mal de Argentina pero se sienten superados por tantas y tan reiteradas frustraciones, y que solo escuchan a los mismos dirigentes insistiendo en las ya fracasadas recetas: por soberbia no corrigen el fracaso.

Y tienen razón. El REM que todos los meses realiza el BCRA es un verdadero paradigma del yerro y, sin embargo, se sigue realizando y muchos siguen los consejos de los consultados. Basta mirar cualquier programa político en la TV para ver que hemos perdido el sentido común: por caso, ser un ex funcionario debería ser un fuerte descrédito dado que todos los políticos han sido parte de gobiernos desastrosos pero, por el contrario, es un gran currículo que motiva la consulta… para fracasar otra vez como vislumbran los extranjeros.

“Aumentan las tensiones el globo y los inversores se refugian en los activos de EE.UU.”, explica Fiona Nguyen, del IIF, “activos que representan ya el 58% de las carteras de fondos mundiales”. Entre abril y junio, los inversores inyectaron unos US$ 40.000 M a la bolsa americana y otros 8.000 M a los fondos de renta fija. En cambio, entre mayo y junio, de la renta variable europea salieron unos US$ 17.000 M, y de la renta fija US$ 8.000 M.

La economía de EE.UU. avanzó 4,1% en el segundo trimestre y mantiene un ritmo del 4,3%, según la Fed. Los beneficios empresariales disfrutan todavía de la reforma fiscal y “los resultados del segundo trimestre han sido estelares con un incremento del beneficio por acción del 25%”, según David Kostin de Goldman Sachs. Así, la rentabilidad acumulada por el MSCI EE.UU. en lo que va de 2018 es del 6,4%, mientras que el MSCI World (excluyendo EE.UU.) retrocede 6,6% y el MSCI Emerging Markets cae 4,6%.

Pero, “no se espera que la crisis turca se extienda, dado que los problemas son más endémicos que sistémicos”, avisa Sam Stovall, estratega de CFRA. O sea, el que países como Argentina culpen a Turquía es falta de seriedad. La divisa otomana se recuperaba después de conocerse que Qatar invertirá US$ 15.000 M en Turquía, para evitar un rescate del FMI.

Entretanto Dujovne aseguró no hay posibilidad de mega crisis ni default, y se me erizó la piel. Por cierto, con soberbia aseguró que “hay mucha gente a la que le cuesta llegar a fin de mes” pero la culpa es de los otros -el kirchnerismo- nunca nuestra. El único artículo sobre argentina que encontré en El País de Madrid decía que Macri anunció tres medidas para “reducir el déficit fiscal” en $ 65.000 M que afectan al campo, y por supuesto, se trata de mantener el tamaño del Estado a costa de seguir destruyendo al mercado.

Sí hay preocupación entre los analistas de Wall Street. Según el BCRA la dolarización de los ahorristas ya supera a la de la era Kirchner. “Los funcionarios ya erraron en abril y mayo. Intervinieron, perdieron dólares e igual tuvieron que conformarse con un tipo de cambio más alto” dicen y rematan que el Gobierno no tiene margen para seguir sacrificando reservas, ni con ayuda del FMI.

En la fase inicial de la “corrida”, las reservas cayeron en US$ 3.425 M. Llegaron los US$ 15.000 M del FMI, pero no se calmó y en los últimos dos meses salieron otros US$ 6.653 M adicionales. Los bonos registraron caídas estrepitosas, y hoy Argentina luce un “riesgo país” peor que el de varios africanos. El rendimiento de algunos títulos de mediano y largo plazo supera el 11% anual, lo que hace imposible pensar en el mercado de crédito voluntario.

Ronda el fantasma del default. La curva que dibujan los rendimientos de los bonos soberanos argentinos en dólares se invirtió, reflejando el estrés financiero. Cuando las tasas de corto plazo superan a las de largo, significa que el panorama cercano se ve muy difícil en comparación con las posibles renegociaciones de deuda en el futuro. Aunque los analistas solo adjudican 20% de probabilidad de default, los seguros se dispararon alcanzando máximos de tres años, arañando los 700 puntos.

En este país del sinsentido, hasta ONGs “liberales” supuestamente pro mercado, aconsejan las medidas que el BCRA implementó, como elevar los encajes y las tasas de interés y poner límites a los bancos para sus tenencias dolarizadas. todas medidas que implican una mayor exacción de fondos del mercado por parte del Estado. De modo que la cosa va para peor.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.