El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

De pronto, Rusia juega fuerte en Siria

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/9/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1830101-de-pronto-rusia-juega-fuerte-en-siria

 

La Federación Rusa, sorpresivamente, está desplegando su poderío militar en Siria. Lo hace en defensa del régimen de Bashar al-Assad. Esto sucede en torno al puerto de Latakia. A menos de cien kilómetros de la única base naval rusa emplazada en el Mediterráneo, la de Tartus.

Hablamos de trabajos -sustantivos e importantes- de expansión de las instalaciones portuarias rusas y de dos pistas paralelas de aterrizaje que están siendo rápidamente ampliadas y modernizadas. También, de la llegada de viviendas portátiles que pueden alojar a por lo menos un millar de soldados rusos. Ya han arribado también cuatro modernos cazas SU-27; cuatro helicópteros de transporte HIP y otros cuatro similares, pero artillados. Así como tanques T-90 y centenares de infantes de marina. Con una flotilla de aviones Cóndor de transporte, Rusia está enviando -sin pausa- pertrechos militares a Siria. Lo hace a través del espacio aéreo iraquí, desde que Bulgaria, presionada por Estados Unidos y la Unión Europea, no le concedió derecho de paso.

Estados Unidos no esperaba, para nada, ese despliegue, que los tomó por sorpresa. Apoyo militar que supone un endoso mayúsculo para al-Assad, que ya ha dado frutos desde que los norteamericanos que se negaban a convocar a al-Assad (por sus actos criminales vinculados con el uso reiterado de armas químicas contra su propio pueblo) a cualquier negociación de paz, ahora dicen que podría ser parte de ella. Pero no de la solución. Rusia, quizás tenga otras ideas.

Hasta ahora Rusia había sido esencialmente una proveedora de armas para al-Assad. Hoy lo apoya con sus propias fuerzas militares en el terreno. A la manera de Irán o de Hezbollah, los dos grandes responsables de la frágil supervivencia del régimen de la familia Assad. El general iraní Qasem Suleimani acaba de estar, una vez más, en Moscú, seguramente coordinando las acciones de ambos países.

Ante lo sucedido, uno podría suponer que Rusia se apresta a luchar directamente contra el Estado Islámico, algunos de cuyos jefes pertenecen a los movimientos insurgentes de Chechenia. Pero el tipo particular de armamentos recientemente desplegados parecería sugerir otra cosa. Distinta. Porque se trata, entre otros, de modernos sistemas de defensa anti-aérea. Y los islamistas simplemente no tienen aviones.

Se supone entonces que el objetivo central ruso podría -como hemos dicho- ser proteger a al-Assad. Incluso contra una posible incursión aérea desde el exterior. De la aviación turca o de la norteamericana, cuyos cazas operan desde la base aérea turca en Incirlik. O de la aviación militar francesa, que se apresta a intervenir más activamente contra el Estado Islámico en apoyo de las fuerzas que lo combaten en el suelo. O de otros miembros de la coalición que, desde el aire, también operan contra los islamistas, como es el caso de Australia o el de Gran Bretaña.

La trascendente decisión rusa puede tener efectos cruciales de naturaleza geopolítica. Porque, por ejemplo, podría prolongar la guerra civil siria, al fortalecer a las fuerzas de al-Assad, que estaban muy debilitadas. Pese a que está claro que sin perjuicio del acuerdo de 2011 que presuntamente lo privara de armas químicas, al-Assad ha seguido utilizando criminalmente gas mostaza.

O, alternativamente, podría también apuntar a procurar una solución de partición, aceptando que hoy no es fácil reconstituir completamente la dañada integridad territorial de Siria. Una división que podría incluir la escisión de una franja costera en el occidente sirio que quedaría en manos de los “alawitas” (shiitas) de al-Assad que -por lo demás- la habitan. Y otros pedazos, uno de los cuales podría ser gobernado por los kurdos, para preocupación de Turquía que, con su importante población kurda doméstica, teme que ello genere nuevamente impulsos secesionistas kurdos en su propia casa.

Para los norteamericanos, que han evitado a toda costa empantanarse en el conflicto sirio, el despliegue ruso los ha obligado a coordinar sus acciones con Rusia, para por lo menos evitar accidentes. Pero la alternativa de procurar maximizar la eficiencia de las acciones militares de ambas naciones parecería ser un eventual próximo paso.

Para el segregado Vladimir Putin aparece ahora una nueva oportunidad de tratar de salir del aislamiento en que él y su país quedaran luego de la ilegal anexión, por la fuerza, de Crimea y Sebastopol y de sus permanentes acciones militares encubiertas, pero ciertamente desestabilizadoras, en Ucrania. Así como de sus constantes provocaciones militares aéreas ocurridas en todo el ámbito del Báltico. Que podría derivar en poder, finalmente, reunirse con su par norteamericano, Barack Obama, con quien lo cierto es que no ha tenido nunca una relación fluida, sino fría.

Una reunión entre ambos jefes de Estado podría ocurrir pronto, desde que ellos caminarán en los próximos días los corredores de las Naciones Unidas en oportunidad del nuevo período de su Asamblea General, como lo harán también casi todos los gobernantes y Jefes de Estado del mundo. Una reunión en ese ámbito particular es factible y relativamente fácil de generar.

Putin, por lo demás, aparentemente planea usar el podio de la organización internacional para, desde allí, instar fuertemente al mundo a actuar -sin más demoras y decisivamente- contra el Estado Islámico, deteniendo la marcha de su preocupante expansión y derrotándolo.

Lo que tiene enorme importancia, en momentos en los que existe la sensación de que el Estado islámico no sólo no ha sido vencido, sino que está ganando algunas batallas importantes y creciendo significativamente como peligro -real e inminente- para la paz y seguridad internacionales. Alimentado por los importantes ingresos derivados de su actual control de todos los yacimientos de hidrocarburos que existen en suelo sirio. Por esto la enorme ola de desesperados migrantes que en las últimas semanas se ha precipitado conmovedoramente sobre la Vieja Europa.

Putin seguramente supone que éste puede ser una suerte de “merecido dividendo” que debería poder cobrar después de su decisiva cooperación respecto del acuerdo de la comunidad internacional con Irán sobre el peligroso programa nuclear de los persas.

La decisión rusa ha tonificado a Bashar al-Assad y a sus fuerzas, evitando lo que ciertamente lucía como un inminente derrumbe. Y demuestra que, pese a su debilidad económica, Rusia es capaz de actuar por su cuenta en el escenario del mundo, como muy pocos países. Hasta en conflictos peligrosos, cuando sus intereses están en juego. Más allá de su mala experiencia en Afganistán, que en su momento precipitara la desaparición de la entonces Unión Soviética.

La repentina aparición rusa en Siria ha modificado la relación de fuerzas hasta ahora existente en el conflicto que azota a ese país. Es un audaz movimiento geopolítico de peso, que la región y el mundo observan. Y que ya ha obligado precipitadamente a los Estados Unidos a tratar de coordinar sus propias acciones militares en suelo sirio con las de Rusia. Una maniobra inesperada por Occidente que hasta podría abrir la puerta para que las acciones militares, que estén en marcha contra el Estado Islámico de pronto fueran más robustas, eficaces y convincentes. Como posible cambio de rumbo, es sustantivo. Su impacto podría entonces ser fundamental no sólo para encontrar una solución que evite que la guerra civil siria se prolongue indefinidamente, sino para que el Estado Islámico deje de ser un descontrolado foco de violencia inhumana.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El violento resurgir del fundamentalismo islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/6/14 en http://www.lanacion.com.ar/1701149-el-violento-resurgir-del-fundamentalismo-islamico

 

Hace poco más de dos semanas el presidente norteamericano, Barack Obama, al delinear los ejes de la política exterior de su país destacó que el mayor peligro para la seguridad de los Estados Unidos es ahora claramente el que representa la violencia terrorista. Incluyendo a los distintos movimientos armados del fundamentalismo islámico. Para ellos, que actúan globalmente, los Estados Unidos son su principal enemigo.

Esto pese a que, el mismo Obama, había sostenido el año pasado -en su controvertido discurso ante la Universidad Nacional para la Defensa- que Al-Qaeda estaba en rigor “camino a su derrota” y que el futuro del terrorismo estaba caracterizado por el posible accionar de grupos “menos capacitados”.

Para la República Argentina, que ha sido blanco de terribles atentados terroristas, todo lo que sucede en este tema debe ser seguido muy de cerca. Particularmente por quienes tienen la responsabilidad de la seguridad en nuestro extenso territorio.

En los últimos días, dos episodios diferentes muestran cómo la capacidad de generar violencia del fundamentalismo islámico no sólo está intacta, sino en aumento. Aún más allá de las operaciones de Al-Qaeda, entidad que sigue siendo uno de los principales motores del accionar terrorista.

El primero de ellos tiene que ver con losataques perpetrados contra el aeropuerto internacional Jinnah. En la ciudad de Karachi, la capital de Paquistán. Hablamos del aeropuerto más activo de todos los del convulsionado país. Ellos fueron llevados a cabo por milicianos “talibanes”. En el primero -que duró toda una noche- quedaron sin vida 36 personas. Entre ellos, 11 atacantes.

Aparentemente la operación, toda una demostración de capacidad ofensiva, se realizó en represalia por los bombardeos de la fuerza aérea paquistaní a los santuarios del Talibán en el remoto valle de Tirah, en el norte de Pakistán, en la porosa zona de frontera con Afganistán. Por allí entran y salen los líderes y los guerrilleros del Talibán, así como sus dineros, drogas, armas y municiones.

El bombardeo paquistaní tiene que ver con presiones externas sobre Pakistán, en el ámbito de la geopolítica. Ocurre que China ha estado impulsando a Paquistán a que asegure el control de la zona referida, por la que -según los chinos- circulan algunos elementos separatistas “uighures” y “uzbecos” que promueven la violencia terrorista en el inquieto noroeste de China.

Además, también el gobierno de Afganistán reclama a las autoridades paquistaníes mayor efectividad en el control de su frontera común, desde que buena parte del liderazgo talibán circula en torno a ella.

El segundo episodio preocupante es, creemos, muchísimo más grave. Y ha sido sorpresivo. E s la toma, por parte de milicianos fundamentalistas islámicos, de la segunda ciudad de Irak: Mosul. Seguida de la de Tikrit. Llegaron procedentes de Siria y, después de cuatro días de combates en derredor de la primera ciudad, la ocuparon.

Se trata de una efervescente ciudad, algo mayor, en términos de población que nuestras Rosario o Córdoba. Es un importante centro de actividad industrial y petrolera. Con dos millones de habitantes, mayoritariamente “sunnis”, está emplazada en la provincia de Nineveh, a menos de trescientos kilómetros de la capital Bagdad, en dirección norte.

Los invasores de Mosul pertenecen al llamado “Estado Islámico de Irak y el Levante”, un pretendido “emirato árabe” que controla buena parte del territorio sirio, así como también alguna parte del territorio de Irak. Desde Alepo, en Siria, hasta Falujah, en Irak. Sus huestes han combatido desde hace ya tres años en la guerra civil siria. Templados en el combate, vencieron fácilmente al ejército iraquí que, ante el ataque, finalmente se dio a la fuga, abandonando sus armas, uniformes y pertrechos, que quedaron en manos de los recién llegados.

Los milicianos, apenas unos 800, llegaron a través de una frontera transformada en “puerta giratoria”, por la que pasa cualquiera. A su riesgo ciertamente, pero cualquiera. Tomaron la ciudad con muy poca resistencia. Rápidamente ocuparon los edificios públicos. También las televisoras, las instalaciones policiales y hasta el propio aeropuerto, donde encontraron -abandonados a su suerte- una serie de helicópteros, armas pesadas y vituallas militares de todo tipo suministrados al gobierno iraquí por los norteamericanos. Todo lo que hoy está ya en manos de los fundamentalistas islámicos “sunnis”. Abrieron, además, las prisiones y así liberaron a los presos. Portaban, a la manera de emblema, la clásica bandera negra, con inscripciones blancas en idioma árabe. Aquella que identifica al fundamentalismo islámico “sunni” afiliado a Al-Qaeda. En todas partes.

Estas mismas fuerzas insurgentes (que cuentan con unos 4000 efectivos desplegados en todo Irak) controlan desde comienzos de año a la simbólica ciudad de Fallujah, ubicada a apenas cincuenta kilómetros hacia el oeste de Bagdad. En otro claro desafío abierto, al que el gobierno central iraquí (“shiita”) no ha sabido, ni podido, responder. Quizás porque sus fuerzas armadas, sometidas a un creciente proceso de deserciones, están exhaustas y absolutamente desmoralizadas por un conflicto que ha retomado los niveles de violencia inhumana de ayer. Aquellos que conforman una pesadilla que muchos creían superada. Que ha reaparecido, con todo lo que significa.

Con estos últimos movimientos, la insurgencia “sunni” controla buena parte de tres de las dieciocho provincias de Irak. Y avanza en su ambición de crear un país “sunni” nuevo, conformado por parte del territorio sirio y parte del territorio iraquí. Por esto, la integridad territorial de ambas naciones, Irak y Siria, están ahora bajo intensa presión.

Por el momento, los invasores -comandados por el iraquí Abu Bakr al Baghdadi- que se alejaron, aparentemente, de Al-Qaeda, con la que ideológicamente comparten ideales y objetivos, están operando con gran eficiencia. Sin que las autoridades iraquíes puedan controlarlos. En rigor, ni siquiera contenerlos. Al tiempo de escribir estas líneas, han rodeado ya a Bagdad. Con el riesgo de que pronto, desintegrado que sea Irak, haya un espacio importante en manos del terrorismo, que lo utilice para operar desde allí en todo el mundo.

La facciosa guerra civil siria, iniciada hace tres años enfrenta esencialmente a “sunnis” y “shiitas”. Ahora se extiende, rápidamente. Más allá de los confines de Siria. Irak está ya inmerso en ella. El Líbano, también. Las fuerzas de Hezbollah hoy luchan en todos los frentes sirios junto a las de Bashar al-Assad, cuyo destino depende entonces fundamentalmente de Irán.

Dos concepciones islámicas se enfrentan así, encarnizadamente. En lo que parece una lucha ahora abierta por el predominio en Medio Oriente. Con un resultado final incierto que, de pronto, puede alterar los equilibrios de fuerzas en la región.

Hay ya toda suerte de peligrosos interrogantes abiertos, como: ¿Qué hará ahora Irán, además de haber desplegado tres batallones para cooperar en la defensa de Bagdad? ¿Saldrá en apoyo del primer ministro iraquí, Nuri Kamal al-Maliki, en todos los frentes? ¿Cómo reaccionarán los kurdos, hasta hoy fuera de la contienda, al tener ahora el conflicto en su cercanía inmediata, además de haber aprovechado la oportunidad para tomar, con su disciplinada “peshmerga”, el control de la ciudad de Kirkuk, que hace rato reclaman como suya? ¿Qué hará Turquía, cuyos ciudadanos están siendo apresados en Irak por los milicianos fundamentalistas? ¿Responderán los Estados Unidos positivamente al pedido de ayuda militar que está haciendo un Irak desesperado? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y, si lo hacen positivamente, cuáles serán las consecuencias, fuera y dentro de los Estados Unidos, para un debilitado Obama? ¿Se cortará el importante flujo de petróleo crudo que llega al mercado internacional proveniente de Irak? ¿Qué harán, por su parte, los países árabes del Golfo? ¿Se ahondará y expandirá aún más el peligroso conflicto faccioso que está en curso, si las fuerzas invasoras “sunnis”, cumpliendo sus enceguecidas promesas, atacan a las dos ciudades sagradas de los “shiitas”, Najaf y Karbala? ¿Es la desintegración de Irak una solución o el comienzo del caos?

De pronto todo es fragilidad en Medio Oriente. Y los riesgos son enormes.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Irán, el más activo proliferador en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 4/2/13 en http://www.lanacion.com.ar/1551518-iran-el-mas-activo-proliferador-en-medio-oriente

Irán no sólo tiene las conocidas ambiciones de poder transformarse en una potencia militar nuclear, sino que -a través de su “Guardia Revolucionaria Islámica”- está activamente armando a distintos movimientos terroristas que operan en Medio Oriente.

En los últimos meses,entonces, no sólo ha negociado y suscripto el controvertido acuerdo con Argentina sobre el caso de la AMIA, sino que se ha transformado en el más importante proliferador-de toda suerte de armamentos- en esa frágil región del mundo.

Así lo acaba de confirmar el propio Secretario de Defensa de los Estados Unidos, el demócrata León Panetta, en una de sus recientes declaraciones a los medios de su país, cuando se apresta a dejar su cargo.

Irán está ahora exportando -irresponsablemente- los llamados “manpads”, o sea misiles que pueden ser disparados por una persona desde su hombro para derribar con ellos a cualquier tipo de aviones o helicópteros, incluyendo a los comerciales, esto es a los de pasajeros. Peligrosísimos, por cierto, especialmente si caen en manos de fanáticos.

El 23 de enero pasado, Yemen, con asistencia norteamericana, logró interceptar un cargamento de esos dantescos misiles que estaba siendo transportado por un buque de cargaque navegaba en aguas de ese país. Presumiblemente,en ese caso, las armas estaban destinadas al grupo yemení denominado “Houti”, de corte separatista, que opera en el norte de ese país y que ya ha mantenido duros enfrentamientos armados, tanto con las fuerzas del gobierno de su país, en San’a, como contra las bien equipadas fuerzas armadas de la vecina Arabia Saudita.

Incidente al que cabe agregar el reciente episodio protagonizado por la aviación israelí, que destruyó una columna de camiones que circulaba en pleno territorio sirio, que aparentemente transportaba un moderno sistema iraní de defensa anti-áerea(con misiles de fabricación rusa, los SA-17) que se estaba transfiriendo a Haezbollah, para ser instalado por esta organización financiada y sostenida por Irán en el sur del Líbano.

Siria negó que ese bombardeo hubiera existido y se limitó a denunciar el ataque por parte de aviones israelíes de una instalación “de investigación” instalada -sostuvo- en las afueras de Damasco, en Jamraya, que dio por destruida.

Ambas cosas habrían, aparentemente, existido. A lo que se suma la intensa vigilancia que impone la posibilidad de que todo o parte del armamento biológico y químico sirio pueda de pronto caer en manos de la milicia shiita de Hezbollah.

Recordemos que Israel y Siria están técnicamente en guerra, aunque hayan mantenido un casi constante cese del fuego a lo largo de los últimos años. Los milicianos de la Guardia Revolucionaria iraní están luchando en el interior de Siria, defendiendo al ahora tambaleante régimen alawita de los Assad..

Este ataque se suma, ciertamente, al realizado en 2007, también en territorio sirio, contra lo que se cree eran las instalaciones del programa nuclear sirio y al más reciente raid aéreo contra una fábrica militar sudanesa, emplazada cerca de Khartoum, que producía armas destinadas a los milicianos de Hamás.

Para combatir el terrorismo y la proliferación de armas peligrosas originadas en la implosión libia o las suministradas por Irán,destinadas todas a armar a los diferentes movimientos terroristasque operan en el norte de África, los Estados Unidos acaban de anunciar que establecerán una base de aviones no tripulados (drones) en Niger. Desde allí utilizarán esos aparatos para vigilar constantemente las actividades y desplazamientos de los aliados de Al Qaeda en la región, particularmente ahora que acaban de ser desalojados por las fuerzas armadas de Francia del norte de Mali, habiéndose refugiado (una vez más) en la zona -montañosa e inaccesible- que separa a Mali de Argelia, territorio que los milicianos jihadistasconocen como las palmas de sus manos.

Detrás de todo esto aparece, cada vez con mayor frecuencia,la sombra peligrosa de las organizaciones paramilitares de la teocracia fanática iraní, obviamente preocupada por las consecuencias de perder, de pronto, el control de la Siria conducida por el clan que lidera Bashar al-Assad, eventualidad que cada vez parece estar más cerca de transformarse en una realidad,lo que naturalmente golpearía estratégicamente a Irán.

Mientras tanto Irán-el país que sigue siendo el mayor exportador de terrorismo del mundo- ha asumido,además,la referida intensa actividad proliferadora que, por su intensidad creciente, preocupa, y mucho, a la comunidad internacional.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.