La marcha del #1A

Por Gabriel Boragina Publicado  el 7/4/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/04/la-marcha-del-1.html

 

Se han dado muchas lecturas a la marcha ocurrida el 1 de abril en la Argentina. En esta oportunidad desearía dar la mía. Yo no creo mucho ni soy amigo de las manifestaciones en la vía pública. Siempre entendí que no es el ámbito adecuado para expresarse (de la manera que fuere) pero dejando de lado mis preferencias personales, y dado que -al parecer- la tendencia se dirige por esa vía, será conveniente dar mi visión sobre los móviles de esta nueva marcha. Digo nueva porque ha habido anteriores de muy distinto signo en las semanas que precedieron a la del #1A, pero esas fueron todas opositoras al gobierno de Cambiemos.
Una de las cosas que me llamó la atención fue haber escuchado a varios periodistas decir que la marcha de #1A combinó elementos que, si bien apoyaban al gobierno al mismo tiempo le reclamaban un «cambio». Dado que estuve en la marcha y hablé con mucha gente en el lugar, debo decir que mi impresión no fue exactamente esa. Tanto en los cánticos como en las conversaciones mantenidas con los asistentes percibí un claro clima de apoyo total y completo al presidente Macri. No escuché quejas ni reclamos. Y -menos aun- pedidos de «cambios de rumbo».
Esto me permite reafirmar algo que vengo expresando desde que asumió el gobierno de Cambiemos, y es que, tanto el electorado del mismo como la gente que acudió en su apoyo el día indicado, no esperan un «cambio de rumbo» sino una continuidad en la política encarada por el presidente Macri y su equipo.
El partidario de Cambiemos entiende que el cambio se operó el día que aquel asumió la presidencia. Y la marcha -en mi percepción- es un claro aval a que se continúe en el camino llevado hasta el presente. Quizás, algunos prefieran otros cambios cosméticos menores. Pero -en lo principal- la gente avala (y así lo hizo saber el #1A) tanto el rumbo económico como el político del partido de Macri.
Hubo claras expresiones de apoyo, tanto hacia el sistema democrático, como respecto de las personas de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal (gobernadora de la provincia de Buenos Aires). Cánticos contra dirigentes gremiales (por ejemplo Baradel, secretario general de un gremio docente contrario al gobierno y promotor de paros en su sector). Pero, lo que en ningún momento percibí ni nadie me lo dijo en el lugar fue disconformidad, reclamos o «cambios» de rumbo a lo que el gobierno ha venido haciendo hasta ese momento. No se pues de donde podría provenir ese comentario de que la gente que estaba allí reclamaba un «cambio» al gobierno.
He leído de amigos liberales que esperan que, después de la marcha, el gobierno de Macri dé un giro hacia una política económica más orientada a una economía de mercado y menos populista. Sigo pensando que se ilusionan con algo que no forma parte ni del gobierno ni de su base electoral. Ya he escrito que tanto Macri como la mayoría de su equipo no son proclives hacia el liberalismo ni el mercado libre, sino que su pensamiento económico se encuentra más cercano al desarrollismo (al estilo del ex presidente Arturo Frondizi) que al de un mercado libre de injerencias gubernamentales. Y –repito- el electorado de Cambiemos votó precisamente por este modelo económico, y no por un laissez faire que no dudo que sería lo ideal, pero insisto, no lo veo en los planes a corto y mediano plazo de este gobierno.
En las redes sociales, los macristas apoyan entusiastamente cada nuevo anuncio de obras públicas encaradas por el gobierno. Va de suyo que, un modelo desarrollista como el que ha emprendido el gobierno demanda la elevación del gasto público y -por consiguiente- su respectivo financiamiento a través de los únicos medios que el gobierno puede hacerlo: impuestos, inflación, deuda. Si el trayecto esperado por los macristas es este, vano es que los liberales nos esperancemos con bajas del gasto, impuestos y deuda pública. Por el contrario, podemos esperar iguales niveles de ellos a los actuales e inclusive aumentos significativos en los tres o algunos de los tres.
Algunos dicen que el gobierno no tiene un plan económico. Yo opino que lo tiene, sólo que no lo ha hecho explicito. Y, en todo caso, el plan está a la vista y en ejecución: obra pública, tanto estratégica como de infraestructura. Al menos hasta el momento, así se percibe.
Claro que coincido con mis amigos liberales que este no es el itinerario correcto. Pero no me convenzo con un giro del gobierno hacia el liberalismo, simplemente porque no juzgo que esté en las convicciones de sus dirigentes, y menos aun en la de su electorado.
Por definición, el modelo desarrollista (que puso en práctica el gobierno) ha de conllevar un grado importante de proteccionismo. También se puede decir que el desarrollismo no es más que una modalidad del proteccionismo. Por lo que es también esperable que las barreras aduaneras, aranceles y otras regulaciones contrarias al libre comercio se mantengan, quizás algo más atenuadas, porque también es de la esencia del desarrollismo la inversión extranjera y no excluyentemente la nacional. Claro que es difícil sino imposible lograr inversiones con alta presión fiscal, pero no es extraño imaginar que el gobierno combine y calibre ambos mecanismos. Lo cierto es que el electorado y la gente que fue a la convocatoria del #1A apoyan todo esto, pese a que como liberales sabemos que no es el camino acertado, y que -en largo plazo- este tipo de política economía no conduce a buenos resultados, sino que, por el contrario tiende a agravarlos.
Otros quisieron establecer comparaciones entre la marcha del 8N y esta. Conceptúo que no hay comparación posible, por muchos factores. Entre ellos, el más importante que la del 8N fue en contra del gobierno del FPV y la del #1A fue a favor de un gobierno y no en contra. En la del 8N si se le reclamaban cambios -y profundos- al FpV (los que finalmente no se llevaron a cabo nunca). Otro cantar fue el de la manifestación del #1A. Insisto, estuve presente y no escuché reclamos por «cambios», sino apoyo explicito al derrotero encarado por Cambiemos.
Finalmente, me queda expresar porque fui. En mi caso, mi presencia fue en apoyo del sistema democrático y republicano de gobierno. Particularmente preocupado por la reivindicación que se hizo una semana antes por las Madres de Plaza de Mayo hacia el terrorismo guerrillero de los años 70. Esta fue mi mayor motivación para concurrir. Quienes me conocen saben que mi opción siempre será por un régimen democrático, republicano y liberal del gobierno.
Como dejé explicado, considero que el gobierno debería cambiar el recorrido  económico y dirigirse a una economía de libre mercado pleno. Pero -al mismo tiempo- soy consciente que, de los allí presentes, seriamos muy poquitos los que pensábamos lo mismo. El grueso de los manifestantes está conforme con la línea que lleva el gobierno, política y económicamente, mal que nos pese a los liberales.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero

Una carrera decisiva

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 25/10/12 en http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7542

Observamos con preocupación que con pequeños espacios de libertad la energía creativa produce inventos de extraordinaria valía pero si se pierde la brújula moral aquellos progresos se emplearán para el mal y terminarán extinguiendo la misma capacidad productiva en todos los órdenes.

No resulta necesario detenerse a detallar todos los prodigiosos adelantos tecnológicos que se han ido acumulando en nuestra era en los campos más diversos. No se necesita ser un observador avezado para constatar tanto adelanto de magnitudes colosales. Pero este importantísimo fenómeno es solo un contendiente en la carrera en el inmenso teatro de la civilización.

Hay otros dos participantes que revisten una inmensa importancia y son decisivos para el éxito final del primer contendiente mencionado. Se trata en primer lugar del calado espiritual de los seres humanos, antes que nada referido a la comprensión moral de sus actos, en otros términos, de la vital distinción entre lo que está bien y lo que está mal en sus conductas para proceder en consecuencia. El hombre es la única especie a la que pude aplicarse la idea moral puesto que está dotado de libre albedrío, es decir, de psique, mente o estado de conciencia.

Observamos con preocupación que con pequeños espacios de libertad la energía creativa produce inventos de extraordinaria valía pero si se pierde la brújula moral aquellos progresos se emplearán para el mal y terminarán extinguiendo la misma capacidad productiva en todos los órdenes.

El eje central de la moralidad consiste en el respeto por las autonomías individuales de lo cual el resto se sigue. Esto está directamente vinculado a la gran mayoría de lo que se dice hoy día en cuanto a las concepciones colectivistas que degluten al individuo. A título de ejemplo, pensemos en la degradada noción del derecho para convertirlo en una especie de carta blanca para saquear al prójimo. Consideremos las propuestas de los integrantes de aparatos estatales en lo referente al manejo prepotente de las vidas y haciendas ajenas en una carrera desenfrenada por regular todos los espacios de las acciones libres y voluntarias de las personas. Veamos la imposibilidad de contratar tal como las partes estiman pertinente sin lesionar derechos de terceros. Miremos el cuadro lamentable de la llamada educación en la que los gobernantes se inmiscuyen sin reparo alguno. Constatemos la caterva de disposiciones y cortapisas para concretar transacciones con personas ubicadas más allá de las fronteras. Verifiquemos las legislaciones sindicales que contradicen de manera grotesca la libertad de asociación. Hay que percatarse de los atropellos del Leviatán al manipular los activos monetarios con que se realizan intercambios pacíficos. Comprobemos las burdas estratagemas que utilizan megalómanos para cercenar la libertad de expresión. Examinemos la catarata de imposiciones desde el vértice del poder que estrangulan todo tipo de decisiones privadas.

En mis escritos he incluido en repetidas ocasiones la maravillosa cita de Tocqueville que resume el aspecto medular que estamos señalando: “De hecho, aquellos que valoran la libertad por los beneficios que ofrece, nunca la han mantenido por mucho tiempo […] El hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”. Nada se gana con disponer de todo lo imaginable si no se es libre para elegir el destino de lo que se tiene. Es lo mismo que aquel fulano del cuento que vendió su libertad por millones y millones sin percibir que de nada le sirve un ingreso extraordinario si no puede usar y disponer, características que son la esencia de la propiedad, precisamente el derecho que le es primeramente conculcado en estos contextos.

Una vez, hace mucho tiempo, escribí una columna titulada “La civilización es frágil” para destacar que el largo, difícil y azaroso proceso en el que se forma la civilización siempre basada en normas de respeto recíproco, pero es fácil y rápida su destrucción. Entonces, hoy somos espectadores de una carrera suicida en la que la conducta moral queda grandemente rezagada con lo que los cimientos del progreso se encuentran severamente amenazados, lo cual, en definitiva, convierte en inútil y hasta contraproducente el avance tecnológico que será irremediablemente empleado para acelerar la decadencia.

El tercer competidor está conformado por los enemigos declarados de todo vestigio civilizado. Son los que representan las distintas vertientes del totalitarismo. Comparado con la antes mencionada degradación moral, este competidor no resulta tan peligroso ni devastador. Más aún estaría anulado y neutralizado en sus pretensiones si la fuerza moral en que descansa la civilización estuviera en su plenitud en otros ámbitos.

Estas mentes totalitarias no siempre comienzan con la idea de arrasar con todo, son muchas veces procesos escalonados, incluso hay quienes se quedan en las primeras instancias sin prever el ímpetu que desatan ya que en estas lides una cosa conduce a la otra hasta que resulta tarde para revertir la situación cuando se vislumbran las consabidas purgas, primero incruentas y luego cruentas. En esta caracterización todo parte de la arrogancia superlativa de mandones que cobijan la peregrina noción de que es posible manejar el universo desde el poder. Y no solo no tienen consideración alguna por la fabulosa presunción del conocimiento que ello significa con lo que la desarticulación es completa, sino que no tienen el menor respeto por los gustos, preferencias e inclinaciones de los súbditos en medio de extenuantes discursos donde ni siquiera cabe una inflexión para no trasmitir inseguridad.

En esta misma línea de pensamiento, los súbditos al principio se convierten en serviles cortesanos que aplauden todo lo que provenga del poder hasta que se dan cuenta en lo que se han metido, en cuyo caso hay algunos que atinan a reaccionar muy tardíamente mientras otros piden más castigos custodiados por los rufianes que hacen de comisarios a cambio de prebendas de gran envergadura.

Sin duda que la antiutopía de Orwell del Gran Hermano no es nada al lado de la de Huxley (especialmente en su versión revisitada) en cuanto a seres anestesiados que piden ser subyugados para mal de quienes mantienen su dignidad y sentido de autoestima, encandilamientos que tienen lugar siempre debido a la manera en que se van carcomiendo los cimientos morales, primero en lo chico y después en lo grande hasta que el olor a podrido envuelve los recovecos y finalmente cubre la totalidad del espectro social en el que quedan pequeños fragmentos de decencia que se debaten en un clima sumamente adverso y  pervertido.

Hay quienes se ilusionan con salir de tanto excremento en base al mencionado primer contendiente, es decir, en base al ingenio creador que se traduce en la tecnología como es ahora la avanzada investigación de ciudades en el espacio para zafar del asfixiante Leviatán (al fin y al cabo nuestro planeta está suspendido en el espacio y gira en torno al sol a 1.700 kilómetros por hora sin piloto de carne y hueso) y también notables proyectos de ciudades en el mar (además de los denodados esfuerzos y dificultades para poder concretar “ciudades libres” en nuestro mapa). Indagar en aquello efectivamente trasmite grandes esperanzas, pero también fracasarán estrepitosamente si no se fortalece y alimenta al segundo competidor clave, cual es el contenido moral de los habitantes, lo cual no se modifica por la ubicación geográfica sea en la tierra, en el espacio o en el mar.

Decía al comienzo que el aspecto medular de la noción moral reside en el respeto irrestricto a las autonomías individuales. A título del ejemplo más chocante de la masacre que se infringe a esa noción vital, me refiero al mal llamado “aborto” que es en verdad homicidio en el seno materno puesto que, como han explicado tantos científicos, la microbiología muestra que desde el instante de la fecundación del ovulo hay un ser humano en acto con toda la carga genética completa que naturalmente está en potencia de muchas otras cosas como todos los humanos, independientemente de su edad. No hay una mutación de la especie entre una etapa y otra, la aniquilación física de una persona como una manifestación agresiva en cualquier circunstancia se traduce en un crimen pero en la mencionada constituye un acto de cobardía mayúsculo, el “síndrome Polonio” tal como lo describe Julián Marías al conectarlo con el drama shakespereano en el que se le atraviesa una espada por el cuerpo de una persona a través de una cortina sin mirarle la cara. Hay situaciones que son espantosamente monstruosas como la violación pero nada justifica descargar la furia contra un inocente. Luis F. Lejeune ha reafirmado que “aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”. Es un chiste macabro el alardear de “derechos humanos” y al mismo tiempo suscribir los homicidios más espeluznantes y vergonzosos de nuestro tiempo. Si no se respeta el elemental derecho a la vida, la carrera está perdida de antemano.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.