El mito de la transferencia de ingresos II: el cepo y las retenciones

Por Iván Carrino. Publicado el 21/7/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-mito-de-la-transferencia-de-ingresos-ii-el-cepo-y-las-retenciones/

 

El fin del cepo cambiario y la eliminación de las retenciones a la exportación fueron dos de las medidas más importantes que tomó el gobierno actual. En mi nota de hoy explicaré por qué estas no constituyeron una transferencia de ingresos de pobres a ricos, sino todo lo contrario.

La semana pasada escribí la primera de una serie de notas que busca responder a una idea que está cada vez más instalada entre algunos sectores de la opinión pública. La idea, en concreto, es que algunas medidas económicas de liberalización constituyen una transferencia arbitraria de ingresos desde los sectores más pobres a los sectores más ricos de la sociedad.

El foco del análisis de la semana pasada fue el tema de las tarifas. Lo que mostré allí fue cómo, en realidad, lo que había sucedido durante la gestión del kirchnerismo había sido una transferencia de ingresos desde los productores a los consumidores, y que la consecuencia más visible era la crisis energética que vivimos en la actualidad.

Al punto anterior también habría que agregarle el tema de los subsidios que las compañías exigieron para seguir operando frente al congelamiento tarifario. Estos subsidios dieron lugar al déficit fiscal, que luego derivó en una de las inflaciones más altas del mundo y que afecta principalmente a los que menos tienen.

En mi nota de hoy voy a enfocarme en otras dos medidas importantes que el gobierno tomó al inicio de su mandato: el fin del cepo cambiario y la eliminación de las retenciones a la exportación.

Sobre el tema del cepo, la leyenda de la izquierda reza lo siguiente:

“Apenas asumió el gobierno decidió liberar el mercado de cambios, por lo que el dólar pasó de valer $ 9,6 en diciembre; a valer $ 14,5 en abril. Esta devaluación implicó una transferencia de ingresos por distintas vías. Por ejemplo, un exportador, que vendía una tonelada de trigo a USD 170, antes obtenía $ 1630 y ahora obtiene $ 2465”

Lo primero que hay que aclarar es que liberar un mercado de cambios no es lo mismo que devaluar. Para devaluar una moneda de manera deliberada, el gobierno debería incrementar la emisión monetaria y destinar los pesos nuevos a comprar dólares para hacer subir el tipo de cambio. En el caso del cepo, quienes habían generado la suculenta emisión de pesos habían sido los banqueros centrales del kirchnerismo, por lo que la devaluación ya estaba hecha. Prueba de esto es que el dólar no valía $ 9,6 como se afirma, sino que sin restricciones sólo podía comprarse en el mercado paralelo, a $15.

Tras el fin del cepo, el dólar se acercó rápidamente al valor del “mercado blue”, reflejando  que el precio real del dólar era ése y no el que decían Axel Kicillof y Alejandro Vanoli.

¿Y qué nos dice esto? Que antes del 10 de diciembre, la riqueza de los exportadores estaba siendo confiscada a causa de los controles estatales. En concreto, al exportador de trigo del ejemplo de más arriba, le estaban confiscando $ 835 por cada tonelada que exportaba.

Si el análisis de este exportador se amplía a todas las exportaciones que hizo el país desde noviembre de 2011 hasta diciembre de 2015, obtenemos una medida contundente de la verdadera transferencia arbitraria de ingresos que generó el kirchnerismo. Por la vía del cepo cambiario, a los exportadores de cualquier rubro les confiscaron $ 916.576 millones de sus ventas al extranjero.

Esta sí que es una clara transferencia de ingresos, pero una creada arbitrariamente por el gobierno que le quitaba al sector exportador para beneficiar a privilegiados importadores, turistas argentinos en el exterior, y compradores del tristemente célebre “dólar ahorro”.

Todo muy progresista.

Con las retenciones el caso es similar. Las retenciones son un impuesto que sólo se le cobraba a algunos sectores de la exportación. Los derechos sobre la soja,  el maíz y el trigo, son los casos más paradigmáticos.

Por derechos de exportación, el gobierno recaudó desde el año 2003 al año 2015 la friolera de $ 497.496 millones. Esto también constituyó una clara transferencia de ingresos de los productores de bienes gravados hacia el estado, que el nuevo gobierno decidió finalizar, reduciendo la presión fiscal sobre el sector.

Ahora la pregunta es: ¿sirvieron todas estas confiscaciones y transferencias coactivas contra los productores para mejorar la calidad de vida de los pobres? La respuesta es rotundamente negativa. De 2011 a 2015, la economía argentina sólo creció 0,3% por año, una cifra enormemente insuficiente para sacar al a gente de la pobreza. En paralelo, las exportaciones cayeron 32,4%, la inflación acumulada fue de 178,4% y la cantidad pobres creció en 2,3 millones según datos de la UCA.

Las medidas puntuales de liberalización tomadas por el gobierno deben ser bienvenidas. Y no constituyen una transferencia arbitraria entre sectores, sino el restablecimiento de su natural distribución en un mercado libre.

Si seguimos en este camino de liberalización, los beneficios los veremos todos, y no solo algunos como se quiere instalar.

Finalmente, como decía Abraham Lincoln, “No se puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia; no se puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario; y no se puede ayudar al pobre, destruyendo al rico”.

Tomemos nota.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

JOHN LAW, HÉROE DE NUESTRA ÉPOCA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Muy bien ha dicho Hans Sennholz que “confiarle el manejo del dinero al gobierno es lo mismo que entregarle un canario a un gato hambriento”. Es curioso pero todavía hay quienes seriamente proponen que el aparato estatal administre la moneda “pero bien manejada” sin percatarse que, en definitiva, se está poniendo en manos de los políticos en funciones el patrimonio de la gente que nunca puede interponer una demanda frente al saqueo gubernamental. Y tengamos en cuenta que la denominada independencia de la banca central es del todo irrelevante frente a este problema puesto que quedan en pie las encrucijadas que apunto a continuación.

 

Esto es así puesto que los banqueros centrales están siempre y en toda circunstancia frente a la decisión inexorable entre tres caminos posibles: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria y cualquiera de las tres avenidas que se elijan se alteran los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Este deterioro en los precios relativos necesariamente malguía la asignación de los escasos factores productivos con lo que disminuyen los salarios e ingresos en términos reales.

 

Los alquimistas del fine tuning y otras sandeces, son incapaces de imaginar siquiera la posibilidad que la gente ponga de manifiesto sus preferencias respecto a los activos financieros que desea utilizar en sus transacciones. Vuelvo a referirme a los premios Nobel en Economía Friedrich Hayek que escribió el libro titulado La privatización del dinero y Milton Friedman que en Moneda y desarrollo económico consigna que “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” y en lo último que escribió en materia monetaria Money Mischief concluye que “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

 

Y esto no es una cuestión secundaria de política económica sino que se trata del elemental respeto al derecho al fruto del trabajo ajeno, muy especialmente de la consideración a la integridad moral y material de los más necesitados. Desde Aristóteles en la Ética a Nicómaco se ha destacado la importancia del dinero hasta la prepotencia de los autoritarios que ven en la manipulación monetaria una fuente muy potente para controlar a sus súbditos. El dinero no es un asunto menor: hace al respeto a la propiedad privada tal como lo vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que originalmente se opusieron a la idea de una banca central (recién en lo que se denominó la revolución del año 1913 se instaló, para lo cual se requirió una reforma constitucional).

 

Desde antiguo los gobiernos vienen falsificando moneda en provecho propio, los relatos de Marco Polo sobre lo que se consideró el insólito descubrimiento que en China había papel moneda eclipsó el hecho de haber sido pioneros en la imprenta. Pero la forma sistemática y metódica de fabricar moneda inconvertible en base a largos razonamientos expuestos en extensos escritos con pretensión académica se sitúa con la aparición en escena de John Law. Un escosés heredero de cuantiosos recursos, jugador empedernido pero estudioso de sistemas bancarios y crediticios, primero propuso una banca central al Parlamento escocés basado en la contrapartida del valor de la tierra lo cual no fue aceptado y, además, finalmente se fugó de la justicia escocesa que lo condenó por haber matado a una persona en un duelo.

 

Volvió a presentar su proyecto esta vez en el continente europeo al regente -Duque de Orleans- después de la muerte de Luis XIV en pleno desorden fiscal y monetario. En esta oportunidad logró su cometido y fundó y dirigió personalmente la Banque Generale en 1716 como un banco central con el monopolio de emitir en Francia que a poco andar se transformó en Banque Royale con la imposición del curso forzoso y, al mismo tiempo, el gobierno le encomendó la dirección de la empresa Mississippi pergeñada por el mismo Law teóricamente respaldada por la tierra estadounidense de Luisiana. Los resultados de las ejecuciones de los referidos proyectos estallaron por los aires en 1720 con la hiperinflación provocada por la banca central y la burbuja financiera del esquema Mississippi, todo muy detallado en la bibliografía que menciono más abajo. Estallido que arrasó con la “soberanía” del papel falsificado en gran escala y comprometió aun más al “soberano”, y, sobre todo, intensificó la liquidación de la única y genuina soberanía cual es la de los gobernados (considerados súbditos de jure por el gobierno de entonces y súbditos de facto por los de nuestros tiempos).

 

Pero lo interesante para esta nota periodística es resaltar la argumentación y la terminología que empleaba John Law y su correlato con la utilizada hoy por las “autoridades monetarias” y sus apologistas. Subrayaba Law la trascendencia de “cuidar el valor de la moneda” y en esa dirección de estar atentos a “los ratios clave” en un contexto de “absoluta independencia de la banca central y su cuidadoso manejo del sistema de reserva fraccional”. Vale la pena abundar en algunos pasajes de los escritos de Law a los efectos de ilustrar lo dicho.

 

En su Money and Trade Considered with a Proposal for Supplying the Nation with Money  escribe que “se reconocerá que no hay otro medio para mejorar nuestra condición que el aumento de nuestro numerario […] Los objetos dependen del comercio y el comercio depende del numerario y así, para ser potentes y ricos con relación a las otras naciones, deberíamos tener numerario en la misma proporción [de esas naciones y de la producción]”.

 

En Considérations sur le Comerse et sur l´Argent afirma que “El crédito que promete un pago en moneda metálica no puede extenderse más allá de una cierta proporción que debe observar con esta moneda metálica y de tal moneda sólo tenemos una cantidad tan módica que el crédito al que ella podría servir sería muy poco considerable”.

 

En Lettres sur le Nouveau Systéme des Monnaies dice que “Es como si hubieran substraído una parte de las lanas o sedas que hay en el Reino para convertirlas en signos de transacciones: ¿no sería más fácil que se las devolviera a sus usos naturales y que se aplicaran como signos de transacciones materias que por si mismas no sirvieran para nada? Aun habría una mayor ventaja en estos signos aplicados a esta clase de materias y es que nadie estaría nunca tentado de desviarlas de su verdadero uso que es el de circular […] ¿Para que emplear la moneda metálica? Cualquier papel hará el mismo servicio y más barato”.

 

En Mémoires sur les Banques señala que “Todas las monedas del Reino pertenecen al Estado, representado en Francia por el Rey y le pertenecen precisamente como las carreteras y grandes caminos, no para encerrarlas en sus dominios, sino, al contrario, para impedir que nadie las encierre en los suyos”. Por último, en Troisiéme Letrre sur le Nouveau Systéme des Finances explica que “el curso forzoso es superior al curso libre”.

 

Charles Gide en la obra que cito enseguida concluye respecto a los trabajos de Law que “Nunca se ha rechazado con un cinismo más completo el derecho de propiedad de la moneda ni se ha afirmado con menos hipocresía el derecho eminente del Estado sobre los bienes de los súbditos”.

 

En resumen, como ha escrito Juan Bautista Alberdi en Estudios económicos: “No hay más que una esperanza de que el papel-moneda de Estado, una vez establecido y convertido en hábito, desaparezca, y es la de que arruine y entierre al gobierno que lo ha creado”.

 

Como señala Murray Rothbard en el primer tomo de An Austrian Prespective on the History of Economic Thought los dos discípulos más destacados de John Law fueron George Berkeley y John Maynard Keynes. Además de esta obra, por si interesara indagar en consideraciones sobre Law y, especialmente su vinculación con Keynes, puede consultarse de Charles Rist Historia de las doctrinas relativas al crédito y la moneda. Desde John Law hasta la actualidad, de José Antonio Aguirre El poder de emitir dinero. De J. Law a J. M. Keynes, de Elgin Groseclose Money and Man. A Survey of Monetary Experience, el ensayo de Charles Mackay “The Mississippi Scheme” y el libro de Martin A. Larson The Federal Reserve and our Manipulated Dollar. Cualquier coincidencia actual con John Law no es casual sino más bien causal.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.