¿Se duplicó la clase media en Argentina entre el 2003 y el 2009?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/11/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4173

Un reciente informe del Banco Mundial que se ha dado a conocer a través de distintos medios (por ejemplo en esta nota de La Nación) sugiere que la clase media en Argentina se ha duplicado en el período 2003-2009. Esta noticia ha encontrado eco y aprobación en distintos representantes del oficialismo. No deja de ser curioso que este sector del arco político deba hacer referencia a un organismo internacional asociado al Consenso de Washington que tanto gusta de criticar y no pueda ofrecer un informe con el mismo impacto mediático realizado por el Indec. Si bien el resultado de este informe puede ser acertado para la región de Latinoamerica, ¿es Argentina un caso representativo o es resultado de la ilusión monetaria de la inflación no reconocida?

Es importante tener presente como se define «clase media» en este informe. Pertenece a la clase media todo individuo que tenga un ingreso diario entre 10USD y 50USD al tipo de cambio de paridad de poder de compra. La cuestión a tener en cuenta es que los organismos internacionales no calculan sus propios indicadores domésticos, sino que utilizan los indicadores oficiales de cada país. Ya sea por diplomacia internacional o prácticas institucionales, organismos como el Banco Mundial hacen uso de las estadísticas oficiales al momento de elaborar informes oficiales.

El tipo de cambio de poder de paridad de compra es el ratio del poder adquisitivo de cada moneda. Es decir, es el ratio de los niveles de precios domésticos respecto al nivel de precios internacional. Pero al evaluar el período 2003-2009 es necesario considerar cambios en los niveles de precios, es decir, es necesario considerar la inflación. El tipo de cambio de poder de paridad de compra es TCppp = Parg/Pus. Si la inflación en Argentina se encuentra subestimada, entonces Parg aumenta menos de lo real, y por lo tanto el tipo de cambio se incrementa menos de lo realmente necesario. Esto quiere decir que cuando el Banco Mundial transforma los pesos en dólares equivalentes lo hace a un dólar más barato [un peso más caro] del real. ¿Es la inflación no reconocida un factor relevante al momento de calcular el tipo de cambio real?

Para ajustar el TCppp del 2003 al 2009 debemos tomar el TCR del 2003, multiplicarlo por la inflación Argentina y dividirlo por la inflación en Estados Unidos; TCppp [2009] = TCppp [2003] x Inflacion [Arg] / Inflacion [USA]. Podemos comparar, entonces, el TCppp oficial con un TCppp no oficial ajustado por la inflación Congreso. La siguiente lista muestra (1) el TCppp [2003], el TCppp [2009, oficial], el TCppp [2009, no oficial] y el porcentaje de sobrevaluación del TCppp [2009, oficial] sobre el TCppp [2009, no oficial].

  • TCppp [2003, oficial] = 1.13ARS/USD
  • TCppp [2009, oficial] = 1.96ARS/USD
  • TCppp [2009, no oficial] = 2.3ARS/USD
  • Sobrevaluación del TCppp [2009] = 18.6%.

Esto quiere decir que para pertenecer a la clase media -teniendo en cuenta que es en base al TCppp no y al TC nominal- no hacen falta 19.6ARS por día (588ARS por mes), sino 23.10ARS por día (693ARS por mes). En otras palabras, el Indec, al no calcular de manera eficiente la inflación, exporta errores de cálculo a investigadores en organismos internacionales que no tienen porque presuponer que deben dudar de organismo oficiales. Al no ser cuidadoso con sus mediciones, el Indec actúa de manera egoísta frente a la comunidad internacional. La baja calidad de los datos ofrecidos tiene efectos reales. Un país vecino bien intencionado que se informe con reportes del Banco Mundial puede creer que las políticas K son apropiadas para duplicar a la clase media, cuando en realidad este resultado se encuentra viciado de origen. En economista que mal informa sobre sus datos no es menos peligroso que un médico que mal informa resultados de experimentos con nuevas medicinas a la comunidad internacional.

Otras dos salvedades a tener en cuenta. El informe, al tomar el período 2003-2009 observa, de manera accidental, un período muy apropiado para el Kirchnerismo. Por otro lado, es importante tener presente que, como corresponde, el informe no habla de «causalidad» de política económica con «aumento de la clase media», sino que habla de «correlación.» Correlación y causalidad son dos conceptos muy distintos. La correlación muestra que dos fenómenos , por ejemplo A y B se mueven de manera conjunta, pero no dice nada sobre si A causa a B, si B causa a A, si ambos son causados por otra variable/s nos observada/s o si A (o B) se mueve a pesar, y no gracias, al movimiento de B (o A). Puesto en términos locales, el informe no sostiene que en Argentina la clase media se duplico gracias al Kirchnerismo más que lo que dice que se duplicó a pesar del Kirchnerismo. Basándose puramente en los datos, ambas lecturas son igual de válidas. Sin embargo, ser cuidados y leer los informes de manera correcta no ha sido un rasgo distintivo del Kirchnerismo.

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.

 

Los ricos tienen mercados, los pobres tienen burócratas:

 Por Alejandro Alle. Publicado el  Lunes, 19 de Marzo de 2012 en http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6744094

La conclusión, impecable, pertenece a William Easterly, renombrado profesor de Economía en New York University (NYU). Easterly fue burócrata del Banco Mundial hasta que un día, según sus propias palabras, «vio la luz y se arrepintió». Dejó de ser burócrata.

Un parafraseo oportuno de su expresión sería «los ricos tienen instituciones, los pobres tienen caudillos».

No hace falta ser muy imaginativo para verlo. Los países de América Latina no casualmente están llenos de burócratas y caudillos. Y de aspirantes a serlo.

A los aspirantes pudimos verlos, por cierto, en la reciente campaña electoral de El Salvador. Ataviados con diversos colores, porque nadie se salva. Haciendo promesas inverosímiles. Eso sí, de ellos no espere arrepentimientos: lamentablemente NYU no está pensando en llevárselos.

En nuestros subdesarrollados arrabales del planeta brillan por su ausencia los mercados (los verdaderos, no sus parodias) y las instituciones (las de calidad, no sus remedos). Ambas carencias van de la mano: a un remedo de institución le corresponde siempre una parodia de mercado. El subdesarrollo, claro, es la consecuencia inevitable.

El problema, lamentablemente, es que lejos de dar los pasos necesarios para dejar de ser subdesarrollados, aceptamos el camino fácil de la «ayuda internacional», esa que en gran medida comenzó en 1961 con Kennedy, convencido por su asesor Walt Rostow para que duplicase la ayuda internacional sólo durante «diez o quince años». Luego ya no sería necesaria.

Sin embargo, en 1973 el presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, reclamó una nueva duplicación. Que fue concedida. Y al final de la guerra fría, en 1990, el Banco Mundial volvió a pedir duplicación. También concedida. En 2001, con el comienzo de la guerra antiterrorista, el entonces presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, volvió a reclamar una duplicación. Concedida, naturalmente.

A Kennedy le dijeron que luego de diez o quince años la ayuda ya no sería necesaria…, aunque lo que deberían haberle dicho es que ya no sería suficiente…, y que habría que duplicarla.

Por supuesto, el punto no es preocuparse por el costo que la ayuda internacional tiene para el contribuyente estadounidense. Ese es un problema de ellos. Y por cierto, no lo van a solucionar mientras no escuchen a Ron Paul.

El tema medular en América Latina, y El Salvador no es la excepción, es tomar conciencia de esa lamentable mentalidad de menesterosos dependientes de la ayuda, esa que cómodamente adoptamos en 1961. Y abandonarla urgentemente. Porque es dañina.

Habrá oposición, sin dudas: el «negocio de la ayuda» es rentable para algunos. Necesitan que siga habiendo pobres para seguir viviendo como ricos. Son los burócratas del «subdesarrollo sostenible».

Algunos son funcionarios de países desarrollados. Otros, de organismos internacionales. Entre ellos, criollos de prosapia variada.

Por estos días se habla de «la oportunidad» que para El Salvador representan el Asocio para el Crecimiento y el Fomilenio II. Del primero es poco lo que se sabe. Del segundo, esperemos sea mejor aplicado que el Fomilenio I, ese regalo de 461 millones de dólares que pudo haberse invertido en algo más útil que un camino que une la nada con ningún lugar.

Finalmente, cabe destacar que de los Estados Unidos debemos tomar el espíritu de sus admirables padres fundadores, como Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro y autor del ensayo Nro. 12 de la colección denominada «El Federalista» (1787-1788). Ilustrativo del grado de entendimiento que esos visionarios tenían de los temas fiscales.

Y debemos dejar de escuchar a burócratas como Julissa Reynoso, Subsecretaria Adjunta de Estado para Asuntos de Centroamérica y el Caribe, quien recientemente recomendó que «por cada dólar que nosotros (los Estados Unidos) invertimos, que el sector privado (salvadoreño) invierta tres». Instilando más dependencia menesterosa. Una vergüenza.

Se refería, haciendo gala de su enorme desconocimiento, a la solución para el grave problema de la inseguridad. Como si los problemas se solucionasen tirándoles dinero arriba, sin exponer plan alguno. Deshonrando a Hamilton. Y también a El Salvador.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.