El problema de los inmigrantes: ¿ perjudican el empleo local o asumen trabajos que los locales no quieren? (V)

Por Martín Krause. Publicada el 27/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/problema-los-inmigrantes-perjudican-empleo-local-asumen-trabajos-los-locales-no-quieren-v/

 

Es interesante que, nuevamente según la encuesta de Gallup citada, un 58% de los residentes de países de altos ingresos señalan que los inmigrantes ocupan empleos que esos mismos residentes no desean ocupar y un 18% lo opuesto. Esto mismo se repite en los diez principales países receptores de inmigrantes. (op. cit., p. 2).

Julian Simon (1989, p. 357) hace referencia a un estudio realizado con Stephen Moore en el que entrevistaron a 27 economistas de alto prestigio, que habían sido presidentes de la Asociación Americana de Economía o del Consejo de Asesores Económicos del Presidente, mostrando que veintidós de ellos habían respondido que los efectos de inmigración en el siglo XX habían sido muy positivos y los otros cinco que levemente favorable, sin ninguno que dijera que la considerara negativa.

Huemer (2010) cita un trabajo evaluando el impacto de la inmigración en los años 1980s en los salarios de los trabajadores nativos mostrando que sería del 1 al 2% en las industrias más fuertemente impactadas (un 5% para los que no completaran el secundario).

Un estudio de la OCDE (2014) informa que en los diez años hasta 2012 los inmigrantes representaron un 47% del aumento de la fuerza laboral en los Estados Unidos y un 70% en Europa y que fueron alrededor de un cuarto de todos los ingresos en las ocupaciones que más han declinado en los Estados Unidos (28%) y Europa (24%), básicamente operarios, ocupando funciones que, como lo confirma la encuesta de Gallup antes citada, no son considerados atractivos por los locales. La proporción de inmigrantes con educación superior en los países de la OCDE ha crecido mucho, un 70% en la última década, alcanzando casi 30 millones en 2010/11, en particular debido a la inmigración asiática.

Dalmia (2012) señala que “un informe del Banco Mundial del 2005 encontró que si los treinta países de la OCDE permitieran un crecimiento del 3% en el tamaño de su fuerza laboral a través de reducir las restricciones a la inmigración, los beneficios para los ciudadanos de los países pobres serían de unos 300.000 millones de dólares. Esto es 230.000 millones más que la ayuda internacional que estos países destinan a los países pobres. Si hubiera fronteras abiertas por completo se duplicaría el PIB mundial en pocas décadas, virtualmente eliminando la pobreza global”. También afirma que los economistas están de acuerdo en que los inmigrantes aumentan los ingresos de los trabajadores nativos entre 6.000 y 22.000 millones de dólares (dólares del 2003) anualmente.

Los inmigrantes serían también más emprendedores que los locales. Dalma (op cit) cita un estudio de la Kauffman Foundation según el cual los emprendimientos iniciados por inmigrantes en los Estados Unidos produjeron ventas por 52.000 millones de dólares y emplearon 450.000 trabajadores en 2005. Un 25% de las empresas de alta tecnología fundadas entre 1995 y 2005 tienen al menos un fundador inmigrante. Más del 40% de las empresas de la lista Fortune 500 de 2010 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos. Los inmigrantes obtienen patentes a una tasa doble que los locales. Un reciente estudio de banco alemán KFW (Bank aus Verantwortung) señala que una alta proporción de los inmigrantes son emprendedores, de una u otra forma. La proporción de estos que inicia emprendimientos ha sido de 1,86% entre 2009 y 2014, cifra que es superior a la de los ciudadanos alemanes, 1,68%. En 2014 unos 179.000 inmigrantes (KfW 2015).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El FMI no es liberal, vaya, por Dios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/12/16 en: https://www.elcato.org/el-fmi-no-es-liberal-vaya-por-dios?utm_content=buffer0f2d3&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Me enteré, gracias a Amanda Mars en El País, de que el Fondo Monetario Internacional, “bastión del neoliberalismo“, ya no es liberal: “El FMI asume que la riqueza no se reparte sola”. La destacada periodista tiene opiniones claras al respecto:

“Una forma de ver la economía dice que las políticas deben centrarse exclusivamente en potenciar los crecimientos de los países y no intervenir mucho más, porque esa riqueza que se genera se va repartiendo por sí misma, goteando a todas las capas sociales. No funciona”.

Empecemos por este último disparate, que, como he explicado en alguna ocasión, es una teoría que todo el mundo combate, desde el Partido Comunista hasta el Papa… ¡y que nadie defiende! En el mercado los ricos no benefician a la sociedad después de acumular su fortuna, sino que deben beneficiarla antes de hacerlo. La llamada teoría del goteo o del derrame es un caso notable de mixtificación ideológica, mediante la cual se inventan un enemigo que no existe, y acto seguido lo atacan valerosamente.

Es asimismo absurdo pensar que el FMI fue alguna vez liberal, y que alguna vez reclamó la desaparición de las políticas redistributivas. El FMI es una criatura política, inventada por políticos y nutrida por miles de burócratas que cobran jugosos sueldos libres de impuestos y que se han pasado toda la vida pidiendo que los impuestos que pagamos los demás suban. Jamás ha dicho el FMI nada que los políticos no le ordenaran, y siempre ha defendido unos Estados crecientes: su prédica contra los déficits públicos jamás se ha concentrado exclusivamente en la prioridad liberal, a saber, reducción del gasto público.

Esa misma lógica la ha seguido, por cierto, el Banco Mundial, otra entidad política y burocrática que oscila entre la inutilidad y el daño, y que siempre ha seguido consignas políticas: ahora, por ejemplo, es un enérgico defensor del medio ambiente y el desarrollo inclusivo.

El FMI es igual, y no ha hecho otra cosa que fortalecer la legitimidad de los Estados que lo crearon y lo sostienen. ¿Cuál es la consigna de moda para legitimar el poder? La “lucha” contra la desigualdad, o, como se dice ahora, contra “las desigualdades”, como si no quisieran dejar ni una en pie.

Todos los jefes del FMI han sido políticos, y la demagogia ha sido su regla. Es el caso de la muy admirada Christine Lagarde, que, ante el aplauso de la corrección política mundial, proclamó: “El crecimiento solo ha beneficiado a unos pocos”, lo que es clamorosamente falso, y no solo por el hecho evidente de que el crecimiento ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza. También está la circunstancia de que el gran remedio que el pensamiento único cultiva para nuestros males, a saber, el incremento del gasto público y los impuestos, conspira contra el crecimiento. Pero no hay nada que arredre a la señora Mars, que proclama de modo tajante: “Porque la desigualdad, en sí misma, lastra el crecimiento”, lo que está lejos de ser evidente. Pero parece que, como lo dicen muchos economistas, tiene que ser verdad. Y como lo dice hasta el FMI, ese supuesto héroe de la libertad que por fin ha visto la luz…

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Vemos los capítulos 2 y 3. Fallas de Mercado y un tema nuevo:¿existen los bienes Públicos globales?

Por Martín Krause. Publicada el 5/6/16 en: http://bazar.ufm.edu/vemos-los-capitulos-2-y-3-fallas-de-mercado-y-un-tema-nuevoexisten-los-bienes-publicos-globales/

 

El proceso de globalización, o la movilización de recursos por todo el mundo, plantea, para algunos autores, no solo la necesidad de bienes públicos nacionales, sino también “globales”. Sus características principales serían (Kaul et al 1999, p. 2) las ya mencionadas de no exclusión y no rivalidad en el consumo, y que sus beneficios sean “cuasi universales” en términos de países —cubriendo más de un grupo de países—, pueblos —llegando a varios, preferiblemente todos—, grupos poblacionales y generaciones —extendiéndose tanto a generaciones presentes como futuras, o por lo menos cubriendo las necesidades de las generaciones actuales, sin eliminar las opciones de desarrollo para generaciones futuras—. En tales circunstancias, pocas cosas quedan fuera de esta definición y la lista de bienes públicos aumenta considerablemente.

Estos autores clasifican a los bienes en públicos puros y públicos impuros. Los primeros fueron definidos antes y a nivel global se presenta como ejemplo la paz, ya que, “cuando existe, todos los ciudadanos de un país pueden disfrutarla y su gozo, digamos, por poblaciones rurales no reduce los beneficios de las poblaciones urbanas”. Ya hemos comentado antes el grado de colectividad de la defensa; ahora se suman también en esta categoría la provisión de la ley y el orden, y un buen manejo macroeconómico. En cuanto a los bienes públicos impuros, serían aquellos que cumplen parcialmente con las características mencionadas: es decir, son parcialmente no rivales o parcialmente no excluyentes. Como ejemplo, Kaul y otros plantean el caso del consumo de una comida nutritiva, que a primera vista parece ser un bien privado, pero que también brinda beneficios públicos, ya que mejora la salud y con ella la posibilidad de adquirir habilidades para desempeñar un trabajo productivo, lo cual beneficiaría no solamente a la familia, sino también a la sociedad en su conjunto, pese a que los beneficios inmediatos sean mayormente privados.

Está claro que con esta definición no hay bien o servicio alguno que no tenga algún tipo de impacto en los demás. Y en tanto vivamos en sociedad, parece que esto es inevitable. La discusión no es que produzcan o no produzcan algún tipo de impacto, sino cómo considerar si ese impacto es negativo o positivo, siendo que las valoraciones son subjetivas, y si el Estado es el único capaz de proporcionar determinados bienes. Así, “males” públicos demandarían soluciones colectivas que serían “bienes” públicos, incluyendo, según Kaul y otros, las crisis bancarias, crímenes y fraudes en Internet, problemas sanitarios debidos al mayor comercio y transporte de personas, y también del incremento de actividades riesgosas, como el abuso de las drogas y el tabaquismo.

Un programa para aliviar la pobreza en África, por ejemplo, sería un bien público global si, además de mejorar la situación de esa población contribuyera también a prevenir conflictos, o a fortalecer la paz internacional, o a reducir el deterioro ambiental, o a mejorar las condiciones sanitarias globales. Las organizaciones internacionales y las ONG internacionales serían las que proporcionan este tipo de bienes públicos globales (Martin 1999).

Pero si se pudiera justificar la existencia de cualquier bien o servicio con efectos para terceros por el hecho de ser proporcionado por el Estado, o a través de organismos internacionales financiados por los Estados, o en última instancia por contribuyentes nacionales, entonces prácticamente “todo” tiene características de bien público. Un bien público “puro” no sería ya un bien económico, como en el caso del aire puro; y todos los demás serían “impuros” y sujetos a ser proporcionados mediante decisiones políticas, y no por la decisión de los consumidores tomadas en el mercado.

Stiglitz (1999), por ejemplo, considera que el “conocimiento sobre el desarrollo” es un bien público que debería ser provisto por instituciones como el Banco Mundial. Es cierto que las ideas tienen características de bien público, ya que, una vez producidas, su costo de reproducción es mas bien bajo. Esto lleva a dicho autor a pensar que serán “subproducidas” en el mercado, problema que se puede superar con la provisión pública. Sin embargo, el ejemplo no podría ser peor elegido: una gran cantidad de autores han escrito sobre el tema y propuesto enseñanzas sobre el mismo, desde Adam Smith en La riqueza de las naciones hasta una gran cantidad de autores contemporáneos. ¿Por qué hacen eso, si luego, cuando un país se desarrolla —siguiendo, por ejemplo, las enseñanzas de Adam Smith— este o sus sucesores no pueden excluir a quienes implementaron esas ideas y no pagaron por esos beneficios? En otros términos: una vez que dicen cómo se desarrolla un país, nadie parece que les va a pagar por ello; entonces no habría propuestas y el mercado fracasaría en proporcionarlas.

Nada de eso sucede en la realidad, sino todo lo contrario: hay un sinnúmero de libros y artículos sobre las causas del desarrollo económico; un activo mercado de ideas donde compiten las propuestas de Stiglitz con muchas otras. ¿Por qué ofrecen los autores estas ideas, si luego no pueden cobrar por ellas? Existe una gran cantidad de incentivos para hacerlo: el autor cobra un porcentaje por las ventas de sus libros; es invitado a conferencias donde recibe honorarios, viaja a lugares que nunca conocería de otra forma y se aloja en los mejores hoteles; puede llegar hasta recibir el Premio Nobel, que, además de ser un premio suculento, le garantiza un flujo de ingresos asegurado de ahí en adelante, como sabe muy bien el mismo Stiglitz, que lo ha recibido[1].

[1]. “Gran parte del conocimiento que se necesita para el desarrollo exitoso no es patentable; no es el conocimiento que subyace en nuevos productos o procesos. Más bien, es conocimiento fundamental: cómo organizar empresas, cómo organizar sociedades, cómo vivir vidas más saludables de forma que ayudan al medio ambiente. Es conocimiento que afecta la fertilidad y el conocimiento acerca del diseño de políticas económicas que promueven el crecimiento económico” (Stiglitz 1999, p. 318). “Las ideas presentadas hasta aquí dejan en claro que ese conocimiento es un bien público, y sin un apoyo público activo, habrá una sub-provisión de ese bien. Las instituciones internacionales, incluyendo al Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) cumplen un papel especial en la producción y diseminación de este conocimiento” (p. 319).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El camino ‘capitalista’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/4/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-camino-capitalista-1023241

 

Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington.

Los políticos tienden naturalmente a agrandar el Estado porque de él viven, pero, a veces, el crecimiento no previsto se debe a que toman el camino equivocado. Es el caso del presidente argentino, Mauricio Macri. A pesar de su discurso, supuestamente proclive a una economía de mercado, “capitalista”, una serie de errores lo llevan por el camino inverso. Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington. Por no comprender que el gasto estatal crea pobreza, ya que los impuestos son derivados hacia abajo vía de aumento de precios o baja de salarios, la suba de la presión fiscal -impuestos más inflación- está provocando un aumento de la pobreza. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, la tasa de indigencia pasó del 5.3% a fines de 2015 al 6.9% de la población en marzo de este año, mientras que la tasa de pobreza subió de 29% a fines de 2015 a 34.5% en marzo de 2016.

Por no comprender que la inflación es la sobreoferta de dinero por sobre la demanda del mercado, el aumento del índice de precios al consumidor (IPC) ronda el 36% anual y sigue en aumento.

Así, creer que la inversión en obra pública es buena cuando se financia con impuestos ha llevado a Macri a anunciar un faraónico plan por $10 mil millones cuando debería recortar drásticamente el gasto público para bajar impuestos e inflación. Probablemente este amor viene de su padre -que tiene empresas , según los “Panamá Papers”-, al que la obra pública le permitió pasar de inmigrante albañil a una de las personas más ricas e influyentes de Argentina.

El sector privado va camino de convertirse en un pequeño apéndice del enorme aparato estatal, al estilo socialista. El consumo ha caído alrededor del 6% solo en marzo, la producción automotriz bajó 8.5% y hay sectores industriales que cayeron hasta 20%.

Según las recientes cifras de la Cepal, el PIB de Latinoamérica y el Caribe se contraerá -0.6% en 2016. Sobre todo, debido a la caída en los precios de las materias primas. América del Sur, especializada en bienes primarios, tendrá una contracción de -1.9% y Argentina caerá -0.8%. Centroamérica crecería 3.9% y el Caribe en torno a 0.9% en 2016. En tanto, el FMI y el Banco Mundial también dieron pronósticos sombríos para 2016, siendo los de peor desempeño Venezuela y Brasil.

Argentina podría empezar a recuperarse a fines de año, dice el FMI, y para el 2017 se espera que muestre un crecimiento importante, dado un incremento de las inversiones gracias a un “clima de certidumbre económica”. Ridículo. Si las inversiones no están llegando -por el contrario, hay fuga de capitales-, se debe a que el “costo argentino” -impuestos, inflación, regulaciones, etc.- hace inviable cualquier inversión privada, y esto va camino de empeorar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

DEL TERROR AL CAPITALISMO AL TERRORISMO:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/8/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/08/del-terror-al-capitalismo-al-terrorismo.html

 

(Escrito en Agosto de 2005 para Eseade de Buenos Aires).

Ciertos últimos acontecimientos, que son de dominio pùblico, han mostrado otra vez, de modo cruel y lamentable, a la violencia como mensaje. La condena hacia ese tipo de metodología no se ha hecho esperar. Sin embargo, muchas de esas condenas comparten con los terroristas un peculiar terror: el terror al capitalismo, a la economía de mercado, a la sociedad libre y abierta, como el antiguo “horror al vacío” de la física antigua. Muchos, en efecto, condenan la violencia pero consideran que los terroristas se están defendiendo, de un mal modo, de algo que también es malo. Algo que según ellos implica más muertes que las bombas, muertes que son producto de la pobreza y el subdesarrollo. ¿Y quién es este peculiar asesino que mata por inanición? Según algunos, el capitalismo. Pero, ¿es así? Sencillamente, no. Una vez más, de modo incansable, hay que afirmar que no. Es todo lo contrario. Y hay que insistir con ello porque Marx ha triunfado como creencia cultural: el capitalismo es, según muchos, la causa de la pobreza. Pero es precisamente al revés. El aumento de los bienes de capital, en una economía de mercado, tiene como efecto el aumento de la demanda de trabajo, con el consiguiente aumento del salario real en términos relativos. Hay efectivamente, en el mundo, muchos focos indignantes de pobreza y de miseria, pero ello es debido a la falta de capital y no a su abundancia. Los que producen la pobreza son los Castro, los Chavez, y también, en no menor medida, el Fondo Monetario, el Banco Mundial, financistas internacionales del intervencionismo. Es también causa de la pobreza la ONU, con todos sus proyectos intervencionistas que aumentan las burocracias de los gobiernos, y todas las medidas intervencionistas de tipo monetario, fiscal, migratorias y redistributivas de los países supuestamentecapitalistas. No es el capitalismo la causa del subdesarrollo de los pueblos islámicos: es su falta de garantías institucionales a la propiedad y a la sociedad abierta, problema que no les afecta con exclusividad: casi toda Latinoamérica, con los mencionados “héroes” a la cabeza, padece del mismo subdesarrollo cultural y consiguientemente material.   Mientras se siga viendo al capitalismo como el asesino, y a los terroristas como una “mala reacción” contra una “real injusticia”, seguiremos, no sólo desenfocando el tema, sino además, produciendo más pobreza y fomentando la violencia a la cual le damos un “casi si”. El capitalismo no tiene nada que ver con los imperialismos, ni con bancos internacionales, ni con tratados internacionales, ni con nada que venga desde los gobiernos. No es el mercado el que ha planificado las relaciones de poder de ciertos gobiernos con los pueblos del Islam. El mercado no planifica, no invade, no coacciona, excepto que, claro, desde el marxismo, como situación cultural, se vea al libre comercio como una invasión. El mercado tiene que ver con el orden espontáneo de empresarios, comerciantes, vendedores y compradores que al encontrarse intercambian su cultura, produciendo con ello una auténtica convivencia entre razas, religiones y tradiciones. Ver a eso como “violencia” es producir más violencia.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El poder económico internacional

Por Gabriel Boragina. Publicado el 31/5/14 en http://www.accionhumana.com/2014/05/el-poder-economico-internacional.html

 

Es típico escuchar o leer que “somos dominados por el dinero” o por “el poder económico internacional” o los “grandes grupos financieros; monopólicos; oligopólicos; concentraciones; conglomerados; corporaciones; .oligarquías; poderes ocultos; en las sombras…privados” y demás vocabulario “temible”. Toda esta terminología podría ser correcta, con una sola excepción: la calificación de “privados”. Porque ningún grupo privado (enorme, grande o pequeño) tuvo jamás ni tiene semejante poder de dominación en el mundo. Entonces, lo que corresponde a todas esas terribles y amenazantes denominaciones es seguirlas con el adjetivo correcto, es decir el de estatales y no privadas. Inclusive, hasta el “dinero” que hoy en día se maneja a nivel mundial y es impuesto a nivel planetario es dinero del estado, y no privado.
Ese supuesto “poder” financiero internacional o mundial “privado” no es tal, desde el momento que constatamos que el “dinero” que operan los bancos (ya sea “dinero” contable o físico) no es de ellos, es “dinero” fabricado por y del estado. Propiedad estatal, no privada.
De otro modo ¿qué banco privado -por multimillonario que fuera su patrimonio- puede imprimir dólares, euros, yens, etc.? Ninguno. Sólo los bancos centrales y/o estatales pueden crear dinero. Y los bancos centrales, se diga lo que se diga, no dejan de ser organismos estatales, por mucha “independencia” que aquellos declamen en sus cartas orgánicas. Ergo, todo el actual “dinero” del mundo es propiedad de los gobiernos. Ni un centavo es nuestro, ni siquiera de los bancos. Lo que los gobiernos hacen (casi sin darnos ya cuenta) es permitirnos el uso de su dinero gubernamental (es decir, el que sale de las siempre multiactivas e infatigables imprentas de las Casas de Moneda gubernamentales). Y no más que eso. Pero ese “dinero” no es nuestro, sino del gobierno. Lo mismo que el “dinero” de los bancos. No es dinero de los bancos, es dinero de los gobiernos, que son sus fabricantes exclusivos (máquinas de imprimir billetes) y por tanto sus verdaderos y reales dueños.
El gobierno crea “el dinero”, se lo presta a los bancos y los bancos nos lo prestan a nosotros. Pero salvo el gobierno, desde los bancos hasta el último empleado del mundo jamás somos dueños ni de un céntimo. Todo -al fin de cuentas- es del gobierno.
La Escuela Austriaca de Economía nos enseña que ese “dinero” estatal es “dinero” falso. Efectivamente lo es. Pero las leyes gubernamentales de curso forzoso y curso legal imponen bajo pena su uso obligatorio a todo el mundo, incluyendo a los grandes bancos privados. Nadie puede usar otro dinero que no sea ese, o sea el falso “dinero” gubernamental.
A veces creemos que somos dueños de “nuestro” dinero, sólo porque podemos poseerlo en nuestras billeteras o cuentas bancarias abiertas a nuestro nombre, y cambiarlo por bienes y servicios. Pero esto no es más que una pura ficción e ilusión. Mito que se revela cuando aparece la inflación, o el gobierno devalúa la moneda. Y esto es posible sólo porque el gobierno es el dueño real y de última instancia de ese “dinero”. Por eso, es el gobierno el que controla su precio y cantidad (lo que se conoce como oferta monetaria).
Las oligarquías siempre son políticas. Nunca privadas. El capitalismo es siempre privado. No estatal. Ergo, no existe -en este sentido- hoy “capitalismo” en el mundo. Si –en cambio- tenemos estatismo, intervencionismo, socialismo, populismo, pero jamás capitalismo.
Entonces se admite esto, pero se dice que “los gobiernos obedecen las órdenes de los bancos”. Lo cual es el mismo absurdo que se impugnaba antes, pero con otras palabras.
Las órdenes las dan sólo quienes tienen la autoridad para hacer “cumplir” esas órdenes .Quien tiene la única potestad para ejecutar y hacer cumplir órdenes gubernamentales es el gobierno. Nadie más puede hacer cumplir órdenes que los gobiernos. Ergo, los gobiernos son esas oligarquías. Porque “oligarquía” significa literariamente “gobierno de la minoría”, y no le cabe esta definición a nadie más que a los gobiernos, poseedores de todo el poder para crear leyes y hacerlas cumplir contra quien sea.
Me objetaban antes que esas “oligarquías” eran “los grandes bancos internacionales”. ¿De qué manera “los bancos” podrían “obligar” al gobierno a cumplir sus órdenes? Y si el gobierno se niega cumplir las órdenes de esos “bancos” ¿enviarán los bancos al presidente del país, sus ministros, legisladores y jueces a la cárcel? Claro que no, porque “los bancos” (unidos o separados) no tienen ese “poder”, ni ninguno semejante frente al gobierno.
Los gobiernos surgen del voto popular, o bien de la fuerza (gobiernos “de facto”). No salen de ninguna otra parte. Y con partidos políticos o sin ellos.
Por supuesto, esto no tiene nada que ver con el poder mundial o “el poder económico internacional” o los “grandes grupos financieros monopólicos, oligopólicos, concentraciones, corporaciones, oligarquías, poderes ocultos, en las sombras” ESTATALES. Estos últimos si existen, y son verdaderamente temibles y atemorizantes. Estas organizaciones mundiales, tales como el tremebundo Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y demás organismos financieros que pertenecen -directa o indirectamente- a uno, o muchos gobiernos juntos si, son el verdadero peligro mundial y deben ser temidos y combatidos con todas nuestras fuerzas.
Las únicas y verdaderas “oligarquías” del mundo fueron, son y serán los gobiernos del mundo, juntos o por separado. Apartados entre sí, los gobiernos son peligrosos siempre para sus gobernados, y unidos entre ellos (sea cual fuere la denominación que adopten en sus famosos “tratados internacionales”) los gobiernos son peligrosos para el mundo entero. El peligro –debemos darnos cuenta de una vez por todas- no es el capitalismo financiero internacional, sino el estatismo financiero internacional, ya que es este el que domina a aquel otro. El segundo, siempre tiene más poder que el primero, porque se nutre del primero. El estatismo se alimenta del capitalismo, y lo termina fagocitando por completo, pero es más rentable políticamente decir que es al revés, ya que –esto último- a los políticos estatistas les trae innumerable cantidad de votos.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

La educación no necesita más fondos sino mejores incentivos

Por Iván Carrino. Publicado el 5/5/14 en: http://www.elpuntodeequilibrio.com/front/opinion.php?id=171#.U3DMf_l5P51

 

Según datos del Banco Mundial, desde 1970 hasta 1990 el gasto público destinado a educación en Argentina nunca superó el 3% del PBI. En ese período, el promedio para los años en que hay información disponible fue del 1,7% del producto. Esto cambió en los años 90. En 1996 el gasto en educación subió al 3,7% del PBI, unos diez mil millones de dólares de ese momento, y se mantuvo entre el 3,5 y el 5% del PBI hasta el año 2008. En 2009, un viejo reclamo docente se cumplió y, ley de financiamiento educativo mediante, el gasto de allí en adelante se mantuvo en torno al 6% del PBI.

Si tomamos los presupuestos de las provincias, vemos que en 2012 el gasto en el rubro “Educación y Cultura” ascendió al 32% del total. A su vez, el incremento en el período 2003-2012 asciende a un impresionante 925%.

Sin embargo, este aumento del gasto no se materializó en una mejora de la calidad educativa. Si se observa la performance en el informe internacional PISA , Argentina ocupa un cómodo y alejado puesto 59 sobre 65 países analizados. Por otro lado, como refleja Mariano Narodowski, desde 2003 las escuelas primarias públicas perdieron 210 mil alumnos mientras que la matrícula privada aumentó un 20% en el mismo período. Otro informe revela que desde el año 2000, a pesar del aumento del gasto, el porcentaje de jóvenes con capacidades de lectura insuficiente pasó del 44% al 52%.

¿Cómo es posible explicar este deterioro educativo en un período en que los recursos destinados a la educación crecieron considerablemente? ¿Cómo es posible que ante un aumento sostenido del gasto educativo, la educación pública expulse involuntariamente a sus alumnos?

La respuesta debería encontrarse en el sistema de incentivos que presenta la educación en el país. En educación, los incentivos también importan y si se está en presencia de lo que se conoce como “incentivos perversos”, entonces los resultados no pueden ser buenos.

En un mercado libre, los incentivos no son perversos porque el productor, para obtener mayores beneficios, necesariamente debe ofrecer un producto o servicio de mayor calidad, o bien un producto o servicio de igual calidad pero a precios inferiores. El beneficio del empresario es, entonces, el beneficio de sus clientes y de su comunidad.

Por el contrario, en un sistema centralmente financiado y regulado las cosas son distintas. En el caso de la educación, el beneficio del “productor” no está directamente relacionado con el beneficio del consumidor. El productor, es decir, el Estado (a través del gobierno nacional y los gobiernos provinciales) a diferencia de lo que se cree, no es un ente dedicado a alcanzar el “bien común”, sino un agente interesado en incrementar su capital político. De esta forma, incrementar el gasto educativo mejorando salarios o aumentando la contratación pueden beneficiarlo políticamente sin que eso redunde en una mejora de la calidad educativa.

Por otro lado, el gobierno puede buscar incrementar su beneficio político introduciendo contenidos ideológicamente sesgados a favor de su “relato”, lo que conspira también contra la calidad de la educación.

Otro actor fuerte dentro del sector educativo son los sindicatos docentes. En un sistema centralmente dirigido, el aumento del gasto solo incentiva a los docentes a hacer un lobby mayor para quedarse con una porción mayor de ese gasto. Así, los incentivos de los docentes no están dirigidos a mejorar el nivel de enseñanza, sino a capturar las rentas que el gobierno administra.

Es probable que la educación necesite más plata, la educación es una herramienta fundamental y está directamente correlacionada con la riqueza de los países. Sin embargo, lo que de ninguna manera necesita disponer de más fondos para administrar es nuestro centralmente dirigido sistema educativo actual. Los últimos años sirvieron para demostrar su fracaso, por lo que llega la hora de darle una chance a un modelo más abierto y menos centralizado donde los incentivos de los que ofrecen y los que demandan educación estén mejor alineados.

En este sentido, toda propuesta destinada a descentralizar el sistema, ya sea mediante vouchers  que subsidien la demanda o mediante la privatización y liberalización de la oferta , debe ser tenida en cuenta.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Increible disminución de la pobreza en los últimos 40 años

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 7/1/14 en:  http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/07/increible-disminucion-de-la-pobreza-en-los-ultimos-40-anos/#more-6076

En AEI-ideas, el blog del American Enterprise Institute, Mark J. Perry muestra un gráfico con la disminución de la pobreza en los últimos 40 años. El gráfico lo toma de un trabajo de Martin Pinkovskiy y Xavier Xala-i-Martin en el NBER. Si la disminución de la pobreza es un fenómeno tan claro, ¿por qué se sigue insistiendo con que la pobreza es un problema cada vez más serio?

 

Veamos primero el gráfico que reproduce Perry.

El Banco Mundial define como pobreza vivir con 1USD o menos por día (obviamente ajustado por inflación.) Se ve una fuerte caída del 25% al 7.5% en 15 años y luego una consistente reducción hasta un 5% en el 2006.

Hay dos cuestiones importante a tener presente con el tema de la pobreza. En primer lugar su definición, que puede ser absoluta o relativa. La pobreza absoluta, que es la concepción tradicional, ha sido prácticamente eliminada como problema. La pobreza como concepción de problema de subsistencia es la concepción de pobreza en términos absolutos. Esto es lo que mediciones como la del Banco Mundial observa lo que se dice cuando se afirma que es el libre mercado el mejor arma para erradicar la “pobreza” de la tierra.

El segundo aspecto es la ambivalencia de la pobreza con una concepción relativa. Justamente porque la pobreza en términos absolutos fue desapareciendo junto con el desarrollo del mercado se pasó de una concepción absoluta a una relativa. Es lo que socialmente se considera mínimo de una vida decente lo que, en la concepción relativa, define la pobreza. Ya no es cuánto hace falta para subsistir, es cuánto hace falta para no sentirse demasiado diferente del ciudadano medio. Esto genera ambivalencia en dos sentidos.

En el primer caso, es importante identificar la fuente de la diferencia de ingresos. No es lo mismo que haya ricos por que hay personas como Steve Jobs, Bill Gates, o Jeff Bezos cuya riqueza, justamente, proviene de mejorarle la vida a los consumidores, a una sociedad donde los ricos son los gobernantes y capitalistas amigos que obtienen su fortuna de esquilmar al ciudadano con impuestos, regulaciones y mercados cautivos. El primer tipo de riqueza incentiva el esfuerzo y la creatividad en cuanto a mejora de calidad de vida. El segundo tipo de riqueza incentiva políticos oportunistas y capitalismo de amigos, no capitalismo de mercado. La desigual distribución del ingreso del primer tipo es “buena”, la segunda es “mala” y la que debe ser combatida. Tengo la impresión que los críticos del libre mercado ven los males del segundo tipo de desigualdad también en la primera. Esto es problemático. Eliminar el incentivo a producir eficientemente para el consumidor es eliminar el incentivo a mejorar el nivel de vida. Este es el motivo por el cual en las competencias deportivas se premian a los mejores en lugar de distribuir los premios “equitativamente” ni asignarlos a jugadores beneficiados por un árbitro corrupto. El mundo seria un lugar muy distinto si la vara con la que evaluamos la conducta de los deportistas y árbitros fuese la misma con la que evaluamos la conducta de políticos y empresarios.

La segunda ambivalencia tiene que ver con confundir los males asociados a la pobreza absoluta con la pobreza relativa. Los problemas que pueda tener la pobreza relativa no son los mismos que los problemas asociados a la pobreza absoluta. Un “pobre relativo” en Estados Unidos tiene un ingreso superior al 60% de la población mundial. La misma persona no puede ser pobre y no pobre a la vez. Esta persona es pobre si pensamos en términos relativos en Estados Unidos, pero lo deja de ser si seguimos pensando en términos relativos a nivel mundial.

Cierro con una transcripción que Perry hace una sección de un video en su blog:

It turns out that between 1970 and 2010 the worst poverty in the world – people who live on one dollar a day or less – that has decreased by 80 percent (see chart above). You never hear about that.

It’s the greatest achievement in human history, and you never hear about it.

80 percent of the world’s worst poverty has been eradicated in less than 40 years. That has never, ever happened before.

So what did that? What accounts for that? United Nations? US foreign aid? The International Monetary Fund? Central planning? No.

It was globalization, free trade, the boom in international entrepreneurship. In short, it was the free enterprise system, American style, which is our gift to the world.

I will state, assert and defend the statement that if you love the poor, if you are a good Samaritan, you must stand for the free enterprise system, and you must defend it, not just for ourselves but for people around the world. It is the best anti-poverty measure ever invented.

HT: Steve Horwitz

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Cumbre de países emergentes, ¿mucho ruido y pocas nueces?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/3/13 en http://www.lanacion.com.ar/1567934-cumbre-de-paises-emergentes-mucho-ruido-y-pocas-nueces

Desde 2009, el grupo de países emergentes -denominados Brics- se ha reunido una vez por año -a nivel de jefes de Estado- para analizar la marcha de la economía mundial y su participación en ella. Acaban de hacerlo, una vez más, en Durban, Sudáfrica.

Cabe recordar que el grupo está compuesto por Brasil, Rusia, India, China y en 2011 se agregó Sudáfrica, incorporando así a una nación del continente negro, pese a que su economía es 20 veces más chica que la de China, que es el país de mayor peso entre sus integrantes. El grupo representa, recordemos, el 25% de la producción del mundo y contiene al 40% de su población.

No obstante, frente a los inversores, particularmente a los financieros, los Brics parecen haber perdido parte de su atractivo original. Ocurre que -superado lo peor de la crisis económica del 2008- las inversiones han regresado a los Estados Unidos y a Japón y encontrado, particularmente en el sudeste de Asia, otras opciones entre los países emergentes que aparentemente lucen más atractivas.

La situación individual de los Brics

Brasil es, de todos sus integrantes, por su tradicional perfil exportador, quizás el más afectado por la desaceleración económica del mundo. De haber crecido al 7,5% de su PBI en 2010, cayó a un anémico 0,9% el año pasado. Si bien en enero de este año aparecieron señales positivas, que sugieren una mejora, es aún temprano como para pensar que el problema ha quedado atrás, lo cual se refleja en el persistente retraimiento de los inversores. Pese a que la economía brasileña genera un alto nivel de empleo, Dilma Rousseff se esfuerza en recuperar los flujos de inversión evaporados.

La economía de Rusia también se ha frenado. En rigor, ha estado cayendo a lo largo de los últimos cinco trimestres. Este año su crecimiento, se estima, será del 5% del PBI. La liberalización de su economía se ha revertido y el autoritarismo y el estatismo han regresado al centro de la escena de la mano de un gobierno que esconde -mal- su autoritarismo, que genera desconfianza en los inversores.

Por su parte, en la aún excesivamente burocrática India, las tasas de crecimiento “chinas” han quedado atrás. Ahora la India crece al 5% anual. No obstante, el reciente cambio de gobierno y la adopción de medidas que disminuyeron los subsidios, así como las iniciativas que apuntan a reducir los déficits de cuenta corriente y fiscal, han devuelto optimismo al sector empresario. Habrá que esperar a las elecciones nacionales de mayo del año próximo para confirmar el cambio de rumbo.

China es, como hemos dicho, el país más importante del grupo. Tanto en términos económicos, como políticos. Es su indiscutido “peso pesado”, entonces. Sin embargo, su crecimiento ya no es vertiginoso, esto es de dos dígitos anuales. Ha sido del 7,8% el año pasado. Y sigue en ese nivel. Este es, para China, el ritmo más lento de los últimos 13 años. Con un nuevo gobierno en el timón del país, procura dinamizar el consumo interno. Si las cosas no cambian significativamente, la economía china alcanzará a la norteamericana en apenas tres años más.

Sudáfrica padece el mal de la desaceleración económica. Tiene ahora un ritmo lento de crecimiento del 2,7% anual. Algo mejor que el 2,5% del año pasado. Lo que no es para celebrar, atento a que resulta insuficiente para destruir pobreza, la mayor urgencia sudafricana. Con un 6,5% de déficit de cuenta corriente, la popularidad del presidente Jacob Zuma está en baja, pese a que su reelección parecería asegurada.

Falta de homogeneidad de sus miembros

Cabe señalar que los Brics no son homogéneos. Son, en rigor, bien diferentes entre sí. Sus intereses, obviamente, difieren.

En términos de titularidad del PBI del mundo, China ocupa el segundo lugar, Brasil el sexto, Rusia el noveno, la India el décimo y Sudáfrica el vigésimo puesto. En cambio, de medir el ingreso per cápita, China ocupa apenas el puesto 86°, Brasil el 54°, Rusia el 52°, la India el 136° y Sudáfrica el 69°. Muy distintas realidades cuando hablamos de riqueza y cuando, en cambio, nos centramos en la distribución de los ingresos.

Los une a todos el deseo clarísimo de ser potencias. En sus respectivas regiones de influencia y más allá de ellas. La ambición geopolítica, entonces. O sea, la aspiración de pesar significativamente en el concierto de las naciones. Lo que supone la voluntad de influir y el desafío de lograr ser tenidos en cuenta.

Por esto no sorprende demasiado que apenas un 2,5% de las inversiones externas de los Brics vaya a otro país del mismo grupo. Ni que más del 40 de sus inversiones aún se radiquen en el mundo desarrollado. Más allá de la retórica, Francia y los Estados Unidos, pero también Malasia, invierten más que China en África. Pese a lo cual, crecen las acusaciones contra China de tener una política colonialista y desindustrializadora, respecto de los países africanos.

Los logros en la cumbre

En Durban, los Brics anunciaron que ya han decidido crear una institución financiera para el desarrollo, que competirá con las instituciones de Bretton Woods. Para China, debería tener su prioridad respecto en el desarrollo de África. Para los demás, no necesariamente. Aunque se habla de un capital inicial de 50 billones de dólares, todavía no hay decisión final sobre ello. Ni tampoco sobre cómo se harán los aportes, ni dónde tendrá su sede la entidad que -queda visto- sigue en el “tablero de dibujo”.

A ello se sumó la constitución de un “pool” de divisas para que los Brics puedan enfrentar con mayor holgura las eventuales crisis de liquidez que, de pronto, pudieran sobrevenir en un mundo todavía frágil.

Como suele suceder en las cumbres, también hay avances bilaterales. El más importante de los cuales en Durban fue el acuerdo alcanzado entre China y Brasil en función del cual se acordó un mecanismo trianual de “swap” de sus monedas nacionales, como “colchón” para el supuesto de problemas cambiarios. El intercambio comercial entre ambos gigantes es ya del orden de los 75 billones de dólares anuales. Brasil vende a China materias primas (fundamentalmente mineral de hierro) y China exporta a Brasil electrónica y maquinaria.

Una marcha con poca concertación externa

Por el momento no hay coordinación entre las políticas exteriores de los miembros. Tampoco en materia económica. Por esto, no pudieron, por ejemplo, influir en las recientes designaciones de los principales funcionarios del FMI y del Banco Mundial. Aunque lo cierto es que, en Durban expresaron un tibio parecer común a favor de una resolución de la crisis siria sin interferencias externas. Pero no aceptaron la invitación formulada por Bashar al-Assad para que mediaran en el conflicto.

Más grave aún -más allá de las constantes declamaciones- no han avanzado en su objetivo de influir decisivamente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, al que Brasil, la India y Sudáfrica aspiran poder ingresar de modo permanente, aunque todavía no haya consenso internacional en ese sentido.

No obstante, lo cierto es que tanto Brasil como la India han permitido asombrosamente que, en los últimos dos años, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad hayan agregado -a la manera de grave hecho consumado- un nuevo privilegio a los que ya tienen respecto del funcionamiento del organismo.

Me refiero a la creación de la categoría -absolutamente inédita- de los “penholders”, que reserva para quienes la tienen nada menos que todo lo que tiene que ver con la confección y redacción material de los proyectos de resolución referidos a la agenda del Consejo. Sólo un “penholder” puede escribir sobre el tema, que así ha quedado insólitamente reservado para él, sin sustento normativo alguno. Esto demuestra que, más allá de las declamaciones, no hay -ni en Brasil, ni en la India- voluntad seria de asumir las responsabilidades que sus ambiciones suponen. Ni de confrontar con nadie por eso.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

LA INMISERICORDE CRUELDAD DE LAS FRONTERAS NACIONALES

Por Gabriel J. Zanott. Publicado el 3/2/13 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

INSISTAMOS:

 “… la crisis internacional del 2008 ha implicado en los EEUU una casi estatización masiva del mercado de capitales, cuando es la propia Reserva Federal la que causó y causa las crisis (1), y han recrudecido en Latinoamérica, antes y después de la crisis, los llamados socialismos del s. XXI. Ante estas circunstancias, no sólo basta recordar la necesidad de las inversiones para la disminución de la pobreza, sino también las condiciones de libertad de entrada al mercado, sobre todo en un mundo supuestamente globalizado pero sin embargo cerrado. Hablamos de solidaridad internacional focalizando nuestra atención en organismos tales como Fondo Monetario y Banco Mundial, pero dichos organismos, al trabajar directamente con los gobiernos, son parte del problema. La cuestión es la libre entrada de personas y de capitales. Ello sí se corresponde coherentemente –aunque no decimos sea la única solución- con la sensibilidad cristiana al emigrante, al refugiado, a los terribles sufrimientos de millones y millones de personas que huyen desplazados por espantosas guerras, genocidios y condiciones infrahumanas de vida. La atención de esas personas, ¿no tiene que ver con la caridad social? Entonces hagamos propuestas posibles y realistas. No parece realista que proclamemos nuestra caridad para con el inmigrante y al mismo tiempo cerremos nuestras fronteras. Pero la libre entrada y salida de capitales y de personas no es una autoinmolación de la propia región. El libre comercio internacional no es un juego de suma cero o negativo, es un sistema donde cada persona, aportando libremente su trabajo al mercado, en igualdad ante la ley y sin los privilegios del estado asistencial, aumenta el nivel de vida de todos, porque toda acción en el mercado, en esas condiciones, es una inversión. Vengo de un país que es prácticamente un desierto de aproximadamente unos 3.700.000 km cuadrados. ¿No sería un acto de verdadera caridad que millones de seres sufrientes encuentren refugio en esa tierra? Pero no, permanece cerrada incluso para sus propios habitantes, porque la opinión pública de gobernantes y gobernados cree que la economía es como una torta fija de recursos que si aumenta para uno disminuye para otro. Pero ello no es así en un mercado abierto a la creatividad de las inversiones en igualdad ante la ley. Por ende, una magnífica oportunidad de conjugar la caridad con la escasez, el don con el mercado, sería decir: vengan, esta es su tierra con sólo pisarla y trabajar, sin privilegios, sin subsidios, en igualdad de condiciones con los demás. ¿No resuena en nuestros oídos que “…no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [2]? Pues bien, ¿no sería una traslación, aunque opinable, de ese espíritu a nuestro orden social, abrir las fronteras en un libre mercado? Hago estas preguntas porque si hablamos de caridad, y la queremos aplicar al orden social, los laicos debemos ser críticos de las estructuras existentes y valientes en nuestras propuestas concretas, aunque conscientes, por supuesto, que nada de lo que propongamos se deriva directamente del depositum fidei. Pero sí, de nuestra sensibilidad cristiana. Millones y millones de seres humanos luchan por sobrevivir en condiciones infrahumanas en regiones destruidas por guerras y autoritarismos de diversas especies. Sabemos de ello pero parece que nada podemos hacer, excepto recurrir a complicados esquemas de ayuda internacional a través de organismos estatistas como los nombrados que parecen eximirnos de nuestra responsabilidad personal para caer en nuevas formas de racionalidad instrumental, mientras se siguen fomentando las ideas de estado-nación y odio al extranjero. Pero no, ya no debe haber extranjero. La mirada al otro en tanto otro, la mirada al otro desde el buen samaritano, implica que el otro es ante todo un ser humano que requiere nuestra mirada de igual a igual. “Para el cristiano –dice Edith Stein- no hay personas extrañas”(3). Pues bien, aunque la intensidad de la caridad de esas palabras no se pueda plasmar en las limitaciones de la ley humana(4), al menos sí podemos hacer que esta última borre las diferencias de fronteras y borre también las nuevas marginaciones y esclavitudes que producen un papel con el sello de “extranjero” colocado por la racionalidad instrumental de los estados-nación.”

(1) Ver la teoría austríaca del ciclo económico, fundamentalmente en Mises, L. von: The Theory of Money and Credit (1912), Liberty Fund, 1981, y La Acción Humana, (1949), Sopec, Madrid, 1968, caps. XX y XXXI.

(2) Ga 3, 28.
(3) Citado por Theresa a Matre Dei en su libro Edith Stein, En busca de Dios, Verbo Divino, Pamplona, 1994, p. 224.
(4) Nos referimos a estas palabras de Santo Tomás: “. . . la ley humana se establece para una multitud de hombres, en la cual la mayor parte no son hombres perfectos en la virtud. Y  así, la ley humana no prohíbe todos los vicios, de los que se abstiene un hombre virtuoso; sino sólo se prohíben los más graves, de los cuales es más posible abstenerse a la mayor parte de los hombres, especialmente aquellas cosas que son  para el  perjuicio de los demás, sin cuya prohibición la sociedad no se podría conservar como son los homicidios, hurtos, y otros vicios semejantes” (I-II, Q. 96, a. 2).

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.