MIS ESTIMADOS MARCIANOS LIBERTARIOS, CUANDO DESCIENDAN EN LA TIERRA, UBÍQUENSE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/mis-estimados-marcianos-libertarios.html

 

Lamento enormemente disentir con mi admirado Loris Zanatta, pero mi antipático papel como defensor de Trump como mal menor me pone en esa posición.

Dice Zanatta el 15 de mayo de 2018: “Trump quiere demoler el orden internacional construido por su propio país después de la segunda guerra mundial. Lo que los teóricos de las relaciones internacionales siempre han llamado “el orden liberal”, a él le da asco. este “orden” se basa en tres pilares: la democracia política y las libertades civiles, que para Trump son opcionales; la libertad económica, que considera nefasta y a la que opone el principio del America first y el multilateralismo, la densa red de instituciones internacionales que fomentan la cooperación y tratan de disuadir el conflicto: es una palabra ausente en su vocabulario. Desde el comercio transpacífico hasta los acuerdos climáticos, desde la relación con Europa hasta la gobernanza global, su consigna es: me tiene sin cuidado; somos los más poderosos, hago lo que le conviene a mi pueblo”.

Ahora bien, ¿por qué ese “orden internacional” es una garantía del liberalismo clásico y las libertades individuales que siempre ha defendido Zanatta? La Declaración de los Derechos Humanos de 1948, ok; pero por lo demás, la ONU ha tenido una agenda muy cuestionable para cualquier libertario o liberal clásico que se precie de tal. Han atacado al libre comercio con sus alianzas con el Banco Mundial, que, junto con el FMI, sólo han servido para promover el intervencionismo, prestando o regalando papel pintado a los gobiernos para que hagan lo que quieran. A través de sus organismos de salud ha difundido una agenda antinatalista en todo el planeta, al mismo tiempo que con lo primero restringía el libre mercado, fórmula explosiva para crear más pobreza y miseria. Ha corroborado las aduanas y proteccionismos entre las Naciones. Ha nacido con la Unión Soviética y China a la cabeza de sus decisiones, un chiste de mal gusto a todo amante de la verdadera libertad. Ha promovido todo tipo de neo-marxismos diversos a través de la UNESCO. Ha sido totalmente ineficaz para luchar contra todo tipo de dictadorzuelos, o al revés, los ha corroborado. Ha promovido a nivel mundial el welfare state, un fracaso total a nivel moral y económico. Etc. Ha promovido todo tipo de políticas estatistas para supuestamente defender la ecología.

¿Y ahora Trump es el malo por oponerse a todo ello?

Segundo, ¿de dónde sacó Zanatta que para Trump la democracia política y las libertades civiles son opcionales? Opcionales son para las agendas totalitarias del lobby LGTB, que quiere encerrar, literalmente, a cuantos no piensan como ellos, bajo supuestos delitos de hate sppech, discriminación, homofobia, etc. Así vemos a monjitas presas por no repartir preservativos en sus iniciativas de salud, a profesores universitarios echados por no hablar los pronombres neutros, a padres presos en Alemania por querer educar a sus hijos en su verdadera fe, a vendedores de pasteles presos por decidir ejercer su libertad de comercio y no vender sus pasteles a quienes no quieran, a Jordan Peterson luchando solo, en Canadá, por su libertad de expresión. Trump está poniendo un freno a todo ello, precisamente por defender las libertades civiles a las cuales se opone toda la agenda neo-marxista del partido demócrata.

¿Y Trump es entonces el malo de la película?

¿Y el proteccionismo? Sí, claro, allí Trump está equivocado. ¿Pero es el primero? ¿Quién NO es proteccionista, excepto los que estudiamos a Mises y Hayek? ¿Quién no era proteccionista? ¿Obama? ¿Quién no iba a ser proteccionista? ¿Hilary?

¿Y la política fronteriza? ¿Quién NO piensa que debe haber aduanas, visas y pasaportes? Los libertarios. ¿Y eran libertarios los demócratas que AHORA claman al cielo? ¿Quién eliminó las fronteras y sus controles? ¿Obama? ¿Quién NO deportó gente según las leyes federales aprobadas por el Congreso sin ningún escándalo de los AHORA “aperturistas” mass media? ¿Obama? ¿Quién iba a eliminar las visas y los pasaportes? ¿Hilary? Y por favor no me digan que es una cuestión de grado. O la ley se cumple, o no. Por favor no tengamos doble discurso. Si hay inmigración ilegal, siempre habrá deportados. ¿Y con quiénes NO iba a haber inmigración ilegal? ¿Con los demócratas?

Realmente pregunto a los libertarios y liberales clásicos que ahora son denunciadores seriales de Trump, ¿y qué esperaban con Hilary?

¿No saben ubicarse en el mundo real, en la siempre opción entre el mal menor o mayor?

 

¿No “les gusta” Trump? A mí tampoco. Es un maleducado y un grosero. Pero dedíquense entonces a lanzar sus diatribas contra la corrección política, la timidez y la falta de sinceridad y liderazgo de todo el Partido Republicano. Porque millones de electores norteamericanos se hartaron de estupideces. Y estupidez NO es mandar a la miércoles el tratado con Irán, donde Irán estaba mintiendo de vuelta. Estupidez NO fue decirle al loco de Kim Jong Un que si se seguía haciendo el loco, habría otro loco en serio del otro lado. Estupidez NO fue defender a Israel de sus bestiales vecinos ni reconocer su auténtica capital. Estupidez NO fue dejar de defender y financiar a Planed Parenthood y oponerse al aborto y a la industria de vender partes de embriones al mejor postor. Estupidez NO fue bajar los impuestos. Estupidez NO fue mandar al cuerno a acuerdos ecológicos estatistas que NO solucionan el problema. Por ende lamento mucho, estirados libertarios, que Obama sea un total caballero –lo es- al frente de una agenda totalmente socialdemócrata en lo económica y autoritaria en lo cultural. Lamento mucho que Hilary sea una dama con un maravilloso inglés bostoniano que iba a seguir el legado de su antecesor. Y lamento mucho que para frenarlos, millones de sencillos y sabios norteamericanos hayan elegido a un maleducado. Es lo que hay, gente. Del otro lado tienen a Cuba, a Corea del Norte, a los totalitarios chinos, al nuevo zar de Rusia, a la Europa vieja, moribunda y suicida, y la dictadura de lo políticamente correcto en Canadá. Váyanse allí. ¿Y saben qué, además? EEUU tampoco es ahora la tierra de la libertad. Les propongo vivir en Marte, como yo, pero al menos ubíquense en la guerra cada vez que desciendan en La Tierra.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El recurso natural por excelencia (la basura no existe)

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/9/17 en: https://elnuevodiario.com.do/recurso-natural-excelencia-la-basura-no-existe/

 

¿Qué país es rico en recursos naturales? Pues el “recurso natural” excelente es el ser humano, la mente humana y su capacidad creadora. Eso explica que Japón, tan pequeño, sea una potencia y que Holanda logre ser el segundo exportador global de productos agrícolas, teniendo solo el 2% del territorio de Argentina que posee, en las pampas, algunas de las tierras más fértiles del mundo. Es que allí el mejor recurso natural es mejor “explotado”, o sea, las personas tienen más libertad -menos “regulaciones” estatales- y pueden maximizar el desarrollo de sus capacidades.

Por caso, como resultado de la nueva ley alemana que permite que pequeños productores vendan energía, pueblos como Wildpoldsried, de solo 2600 habitantes, producen siete veces más energía de la que consumen a partir de molinos de vientos, placas solares y los excrementos fermentados de sus vacas, hierbas, manzanas podridas, patatas y biomasa en general. Así, la cooperativa local, en 2016, ganó seis millones de euros vendiendo energía sobrante.

Ahora, uno de los sectores donde mejor se ve lo destructiva que resulta la “regulación” estatal es en el manejo de los residuos. Lo común es que los gobiernos “regulen” la recolección, tratamiento y destino de la basura. El resultado -además del mayor daño ecológico- es que los ciudadanos pagan por la recolección cuando los hogares deberían recibir dinero por la venta de sus desechos.

México tiene la planta recicladora de PET (materia prima de los envases plásticos de bebidas) más grande del mundo, PetStar. Verdek, también mexicana, recicla 400 toneladas de Tetra Pak por mes, produciendo una tonelada de celulosa blanca y 350 kilos de poli aluminio cada dos horas. De los neumáticos desechados se obtiene small, material para obra civil, combustible para cementeras, acero, losetas, etc. El 40% de los residuos son orgánicos que pueden convertirse en abonos para agricultura o en biogás -metano- si fermenta. Scrapital –“La basura no existe”- es un portal para el reciclaje donde se puede comprar y vender desperdicios.

La ciudad de Monclova, México, cobra a las empresas privadas la recolección de basura. Mientras que, en muchos países, la cadena comienza con los llamados “cartoneros”, hurgadores de basura que venden lo que juntan a los “intermediarios” -acopiadores, galponeros- quienes la clasifican y la venden a las industrias que la compactan o directamente la reciclan.

Según el Banco Mundial, cada día el mundo produce 3,5 millones de toneladas de residuos sólidos hogareños. Y todo eso tiene un valor y deberían pagarnos por nuestra basura, si el mercado -recolección, disposición y tratamiento- de los desperdicios estuviera lo suficientemente desregulado y privatizado. Solamente en Europa, según la Comisión Europea, una gestión eficiente de los residuos supondría la creación de 2,4 millones de empleos y un negocio de US$ 200.000 millones anuales.

Cómo será de rentable la basura que en muchas ciudades existen robos al punto que el 75% de los 53 millones de toneladas de basura electrónica globales anuales -según la ONU- desaparece del circuito oficial, y una red de tráfico -empresas fantasmas incluidas- se encarga de mover un negocio extraordinario incluido el comercio internacional. En el libro ‘Junkyard Planet’, Adam Minter asegura que el reciclaje mueve US$ 500.000 millones anuales en el mundo y emplea a más gente que cualquier industria exceptuando la agricultura.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Mapuches, un chiste electoral

Por José Benegas. Pubicado el 28/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/28/mapuches-un-chiste-electoral/

 

“A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los ‘capitalistas’, los ‘latifundios’ y la presencia de empresas petroleras”

 

En la alocada conversación entre Jorge Lanata y un supuesto cacique mapuche (Facundo Jones Huala) se perdieron varios detalles, porque en la Argentina las noticias son espectáculo y el espectáculo requiere un avance de la línea dramática, sin distracciones.

En este caso, el cuento de que enfrentamos una lucha armada de reconquista por parte de los mapuches, perdidos en la historia, pero no en la historieta. Los detalles son los siguientes:

1) El personaje llamado Jones Wallace (nombre arquetípico de las tribus escocesas, cuyo escudo ilustra esta nota) aclaró que no está reclamando territorio alguno, sino que quiere tierras para cultivo, pero solamente las de los “ricos”.

2) Su programa marxista no tiene nada que ver con pueblos primitivos autóctonos.

3) Su programa nacionalista –la expulsión del señor Benetton−, tampoco tiene que ver con la historia de esos pueblos autóctonos.

4) El grupo político mayor que dice representar a pueblos primitivos, recibe dinero del Banco Mundial. A esto último sumémosle la reforma constitucional del 94 y la legislación consecuente, así podremos comprender que es todo un invento “occidental”, jugando con la historia para seguir configurando un estado asistencialista y victimizante, a costa de los derechos de todos.

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los “capitalistas”, los “latifundios” y la presencia de empresas petroleras. La mejor pregunta de Lanata quedó como perdida, fue cuando el personaje hablaba de obtener energía de los cocos. Sí, de los cocos en la Patagonia. Ahí Lanata le preguntó con qué capital producirían, dado que esa es una restricción común para mapuches, escoceses parientes del entrevistado, japoneses y jíbaros por igual. El capital se forma cuando se respeta la propiedad, siendo la principal
preocupación de este grupo, abolirla.

Quién haya inventado sacar este tema en este momento ha obtenido un éxito rotundo, porque dadas las ideas políticas que prevalecen y el lugar que la victimización marxista y nacionalista tiene en todos los debates, nadie parece tener los elementos para ponerse frente a gente que ataca a “los ricos”, invoca haber sido oprimida, se llama a sí misma “comunidad” y se disfraza convenientemente cuando es necesario. Les mencionan al señor Benetton, que es “extranjero” y “exitoso” y eso equivale al mal en estado puro para todos los que consumen medios de comunicación, a pesar de que el mencionado señor ingresó sus millones para que le dieran esos campos y no se los robó a nadie. En esa sopa surge una “identidad” que genera derechos. Algo que, si les interesara, encontrarían resuelto por la tradición constitucional del país, sobre todo en la Asamblea del año XIII al abolir los fueros personales y la Constitución de 1853, que consagra derechos individuales, no solo para los nacidos en el país, sino para cualquier persona del mundo que quiera habitar el suelo argentino, inclusive mapuches por supuesto.

En ese contexto, cualquiera puede formar una “comunidad”, adquiriendo tierras de modo pacífico, para instalar incluso un parque de diversiones identificándose con lo que tengan ganas.

Tampoco interesa, como muchos argumentos, si los mapuches eran “chilenos”, lo que parece ser un anacronismo parecido al que estos grupos quieren usar en su favor. Los chilenos también gozan de derechos de propiedad, si la adquieren de la misma manera que todos los demás.

El cuento es que esta gente tiene derechos “ancestrales”. Aquí es donde el marxismo ingresa falsificándolo todo con fines de agitación. Los ancestros no transmiten derechos históricamente, sino a través de procesos sucesorios. Todos recibimos de nuestros antepasados los bienes que tenían al momento de su fallecimiento. De manera que los miembros de cualquier club como éste también pueden acudir a los tribunales, demostrando la correcta concatenación de títulos, igual que cualquier hijo de vecino, para ingresar determinados derechos a su patrimonio.

Estos movimientos políticos en cambio quieren llevar su argumentación a una posición irrefutable, por eso discuten que el razonamiento que acabo de hacer es “occidental” (tanto como el marxismo, por supuesto), cuando ellos pretenden un reconocimiento que también es occidental ¿Cuál es la alternativa a un reconocimiento “occidental” de derechos pacíficamente adquiridos a través de una sucesión de títulos? Pues la guerra, algo que han perdido. No ellos, unos antepasados que nadie comprueba que sean reales. Aquellos verdaderos protagonistas de la historia no están acá para reclamar nada.

No hay siquiera un esfuerzo para demostrar cuál era el modo “mapuche” de adquirir tierras, por eso recurren al subterfugio de “indigenizar” al marxismo, mediante la abolición de la propiedad privada. Si las tierras no les pertenecen en forma privada, querría decir que les pertenecerían de forma pública, lo que los llevaría a reemplazar al Estado, es decir ejercer una “soberanía”. Lo que estarían reclamando no es “tierra” sino soberanía, derecho a gobernar. Para eso tendrían que someter a la población actual y constituirse en un linaje, como bien le indicó Lanata.

La soberanía no es derecho de propiedad, es un completo facto político que se dirime mediante ejércitos, pero aun venciendo, nada les daría derecho a violar los derechos sí adquiridos pacíficamente por sus actuales titulares, aunque les suene a ellos muy occidental.

En primer lugar, estos grupos deberían explicitar cuál es el modo pacífico de transmitir bienes según su “nación”. Si el único medio es la violencia, ya han perdido y si lo vuelven a intentar se les debe responder. El estado argentino tampoco tiene derecho a expropiar tierras a su dueño para dárselas a los supuestos “pueblos originarios”, en tanto el derecho de propiedad antecede al Estado, que se limita a reconocerlo, y el mecanismo de expropiación está limitado a causas de “utilidad pública”. La conveniencia de un grupo racial no entra en ese concepto.

¿Qué derecho tiene alguien por tener antepasados mapuches? Ninguno. Pueden adquirir y perder tierras individualmente o como grupo, de la misma forma que todos, pagando por ellas. Como entidad política los mapuches no existen más. La genética no da derechos, la transmisión de títulos sí, pero hasta eso tiene un límite que es el de la prescripción adquisitiva o usucapión.

Si a mi bisabuelo le hubieran usurpado unas tierras veinte años atrás y yo no hubiera hecho ningún reclamo, perdería todo derecho ¿Qué es lo que hace que unas personas que dicen descender de habitantes del territorio que fueron despojados siglos atrás, cuyo parentesco ni siquiera demuestran a través de los respectivas actas de nacimiento y demás, invocando nada más que un color de piel, tengan mejor derecho que yo por hechos acontecidos veinte años atrás, con todos los documentos a mi favor? Pues la capacidad manipulatoria de la política y los incentivos que da el estado izquierdista que tiene como clientes a todas las víctimas, reales o ficticias, que le sirvan para expandirse.

Distinto es el caso de grupos que han mantenido de un modo continuo una identificación con aquella historia y que aún habitan determinadas zonas. Parece un buen gesto que el estado les reconozca su situación y básicamente que no los moleste, dado que no están en conflicto con derechos ajenos, pero estos mapuches marxistas que reclaman propiedades, no tienen derecho alguno como tales y menos con ese marco conceptual. El marxismo no provee derechos de propiedad, sino que los conculca.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

El problema de los inmigrantes: ¿ perjudican el empleo local o asumen trabajos que los locales no quieren? (V)

Por Martín Krause. Publicada el 27/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/problema-los-inmigrantes-perjudican-empleo-local-asumen-trabajos-los-locales-no-quieren-v/

 

Es interesante que, nuevamente según la encuesta de Gallup citada, un 58% de los residentes de países de altos ingresos señalan que los inmigrantes ocupan empleos que esos mismos residentes no desean ocupar y un 18% lo opuesto. Esto mismo se repite en los diez principales países receptores de inmigrantes. (op. cit., p. 2).

Julian Simon (1989, p. 357) hace referencia a un estudio realizado con Stephen Moore en el que entrevistaron a 27 economistas de alto prestigio, que habían sido presidentes de la Asociación Americana de Economía o del Consejo de Asesores Económicos del Presidente, mostrando que veintidós de ellos habían respondido que los efectos de inmigración en el siglo XX habían sido muy positivos y los otros cinco que levemente favorable, sin ninguno que dijera que la considerara negativa.

Huemer (2010) cita un trabajo evaluando el impacto de la inmigración en los años 1980s en los salarios de los trabajadores nativos mostrando que sería del 1 al 2% en las industrias más fuertemente impactadas (un 5% para los que no completaran el secundario).

Un estudio de la OCDE (2014) informa que en los diez años hasta 2012 los inmigrantes representaron un 47% del aumento de la fuerza laboral en los Estados Unidos y un 70% en Europa y que fueron alrededor de un cuarto de todos los ingresos en las ocupaciones que más han declinado en los Estados Unidos (28%) y Europa (24%), básicamente operarios, ocupando funciones que, como lo confirma la encuesta de Gallup antes citada, no son considerados atractivos por los locales. La proporción de inmigrantes con educación superior en los países de la OCDE ha crecido mucho, un 70% en la última década, alcanzando casi 30 millones en 2010/11, en particular debido a la inmigración asiática.

Dalmia (2012) señala que “un informe del Banco Mundial del 2005 encontró que si los treinta países de la OCDE permitieran un crecimiento del 3% en el tamaño de su fuerza laboral a través de reducir las restricciones a la inmigración, los beneficios para los ciudadanos de los países pobres serían de unos 300.000 millones de dólares. Esto es 230.000 millones más que la ayuda internacional que estos países destinan a los países pobres. Si hubiera fronteras abiertas por completo se duplicaría el PIB mundial en pocas décadas, virtualmente eliminando la pobreza global”. También afirma que los economistas están de acuerdo en que los inmigrantes aumentan los ingresos de los trabajadores nativos entre 6.000 y 22.000 millones de dólares (dólares del 2003) anualmente.

Los inmigrantes serían también más emprendedores que los locales. Dalma (op cit) cita un estudio de la Kauffman Foundation según el cual los emprendimientos iniciados por inmigrantes en los Estados Unidos produjeron ventas por 52.000 millones de dólares y emplearon 450.000 trabajadores en 2005. Un 25% de las empresas de alta tecnología fundadas entre 1995 y 2005 tienen al menos un fundador inmigrante. Más del 40% de las empresas de la lista Fortune 500 de 2010 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos. Los inmigrantes obtienen patentes a una tasa doble que los locales. Un reciente estudio de banco alemán KFW (Bank aus Verantwortung) señala que una alta proporción de los inmigrantes son emprendedores, de una u otra forma. La proporción de estos que inicia emprendimientos ha sido de 1,86% entre 2009 y 2014, cifra que es superior a la de los ciudadanos alemanes, 1,68%. En 2014 unos 179.000 inmigrantes (KfW 2015).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El FMI no es liberal, vaya, por Dios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/12/16 en: https://www.elcato.org/el-fmi-no-es-liberal-vaya-por-dios?utm_content=buffer0f2d3&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Me enteré, gracias a Amanda Mars en El País, de que el Fondo Monetario Internacional, “bastión del neoliberalismo“, ya no es liberal: “El FMI asume que la riqueza no se reparte sola”. La destacada periodista tiene opiniones claras al respecto:

“Una forma de ver la economía dice que las políticas deben centrarse exclusivamente en potenciar los crecimientos de los países y no intervenir mucho más, porque esa riqueza que se genera se va repartiendo por sí misma, goteando a todas las capas sociales. No funciona”.

Empecemos por este último disparate, que, como he explicado en alguna ocasión, es una teoría que todo el mundo combate, desde el Partido Comunista hasta el Papa… ¡y que nadie defiende! En el mercado los ricos no benefician a la sociedad después de acumular su fortuna, sino que deben beneficiarla antes de hacerlo. La llamada teoría del goteo o del derrame es un caso notable de mixtificación ideológica, mediante la cual se inventan un enemigo que no existe, y acto seguido lo atacan valerosamente.

Es asimismo absurdo pensar que el FMI fue alguna vez liberal, y que alguna vez reclamó la desaparición de las políticas redistributivas. El FMI es una criatura política, inventada por políticos y nutrida por miles de burócratas que cobran jugosos sueldos libres de impuestos y que se han pasado toda la vida pidiendo que los impuestos que pagamos los demás suban. Jamás ha dicho el FMI nada que los políticos no le ordenaran, y siempre ha defendido unos Estados crecientes: su prédica contra los déficits públicos jamás se ha concentrado exclusivamente en la prioridad liberal, a saber, reducción del gasto público.

Esa misma lógica la ha seguido, por cierto, el Banco Mundial, otra entidad política y burocrática que oscila entre la inutilidad y el daño, y que siempre ha seguido consignas políticas: ahora, por ejemplo, es un enérgico defensor del medio ambiente y el desarrollo inclusivo.

El FMI es igual, y no ha hecho otra cosa que fortalecer la legitimidad de los Estados que lo crearon y lo sostienen. ¿Cuál es la consigna de moda para legitimar el poder? La “lucha” contra la desigualdad, o, como se dice ahora, contra “las desigualdades”, como si no quisieran dejar ni una en pie.

Todos los jefes del FMI han sido políticos, y la demagogia ha sido su regla. Es el caso de la muy admirada Christine Lagarde, que, ante el aplauso de la corrección política mundial, proclamó: “El crecimiento solo ha beneficiado a unos pocos”, lo que es clamorosamente falso, y no solo por el hecho evidente de que el crecimiento ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza. También está la circunstancia de que el gran remedio que el pensamiento único cultiva para nuestros males, a saber, el incremento del gasto público y los impuestos, conspira contra el crecimiento. Pero no hay nada que arredre a la señora Mars, que proclama de modo tajante: “Porque la desigualdad, en sí misma, lastra el crecimiento”, lo que está lejos de ser evidente. Pero parece que, como lo dicen muchos economistas, tiene que ser verdad. Y como lo dice hasta el FMI, ese supuesto héroe de la libertad que por fin ha visto la luz…

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Vemos los capítulos 2 y 3. Fallas de Mercado y un tema nuevo:¿existen los bienes Públicos globales?

Por Martín Krause. Publicada el 5/6/16 en: http://bazar.ufm.edu/vemos-los-capitulos-2-y-3-fallas-de-mercado-y-un-tema-nuevoexisten-los-bienes-publicos-globales/

 

El proceso de globalización, o la movilización de recursos por todo el mundo, plantea, para algunos autores, no solo la necesidad de bienes públicos nacionales, sino también “globales”. Sus características principales serían (Kaul et al 1999, p. 2) las ya mencionadas de no exclusión y no rivalidad en el consumo, y que sus beneficios sean “cuasi universales” en términos de países —cubriendo más de un grupo de países—, pueblos —llegando a varios, preferiblemente todos—, grupos poblacionales y generaciones —extendiéndose tanto a generaciones presentes como futuras, o por lo menos cubriendo las necesidades de las generaciones actuales, sin eliminar las opciones de desarrollo para generaciones futuras—. En tales circunstancias, pocas cosas quedan fuera de esta definición y la lista de bienes públicos aumenta considerablemente.

Estos autores clasifican a los bienes en públicos puros y públicos impuros. Los primeros fueron definidos antes y a nivel global se presenta como ejemplo la paz, ya que, “cuando existe, todos los ciudadanos de un país pueden disfrutarla y su gozo, digamos, por poblaciones rurales no reduce los beneficios de las poblaciones urbanas”. Ya hemos comentado antes el grado de colectividad de la defensa; ahora se suman también en esta categoría la provisión de la ley y el orden, y un buen manejo macroeconómico. En cuanto a los bienes públicos impuros, serían aquellos que cumplen parcialmente con las características mencionadas: es decir, son parcialmente no rivales o parcialmente no excluyentes. Como ejemplo, Kaul y otros plantean el caso del consumo de una comida nutritiva, que a primera vista parece ser un bien privado, pero que también brinda beneficios públicos, ya que mejora la salud y con ella la posibilidad de adquirir habilidades para desempeñar un trabajo productivo, lo cual beneficiaría no solamente a la familia, sino también a la sociedad en su conjunto, pese a que los beneficios inmediatos sean mayormente privados.

Está claro que con esta definición no hay bien o servicio alguno que no tenga algún tipo de impacto en los demás. Y en tanto vivamos en sociedad, parece que esto es inevitable. La discusión no es que produzcan o no produzcan algún tipo de impacto, sino cómo considerar si ese impacto es negativo o positivo, siendo que las valoraciones son subjetivas, y si el Estado es el único capaz de proporcionar determinados bienes. Así, “males” públicos demandarían soluciones colectivas que serían “bienes” públicos, incluyendo, según Kaul y otros, las crisis bancarias, crímenes y fraudes en Internet, problemas sanitarios debidos al mayor comercio y transporte de personas, y también del incremento de actividades riesgosas, como el abuso de las drogas y el tabaquismo.

Un programa para aliviar la pobreza en África, por ejemplo, sería un bien público global si, además de mejorar la situación de esa población contribuyera también a prevenir conflictos, o a fortalecer la paz internacional, o a reducir el deterioro ambiental, o a mejorar las condiciones sanitarias globales. Las organizaciones internacionales y las ONG internacionales serían las que proporcionan este tipo de bienes públicos globales (Martin 1999).

Pero si se pudiera justificar la existencia de cualquier bien o servicio con efectos para terceros por el hecho de ser proporcionado por el Estado, o a través de organismos internacionales financiados por los Estados, o en última instancia por contribuyentes nacionales, entonces prácticamente “todo” tiene características de bien público. Un bien público “puro” no sería ya un bien económico, como en el caso del aire puro; y todos los demás serían “impuros” y sujetos a ser proporcionados mediante decisiones políticas, y no por la decisión de los consumidores tomadas en el mercado.

Stiglitz (1999), por ejemplo, considera que el “conocimiento sobre el desarrollo” es un bien público que debería ser provisto por instituciones como el Banco Mundial. Es cierto que las ideas tienen características de bien público, ya que, una vez producidas, su costo de reproducción es mas bien bajo. Esto lleva a dicho autor a pensar que serán “subproducidas” en el mercado, problema que se puede superar con la provisión pública. Sin embargo, el ejemplo no podría ser peor elegido: una gran cantidad de autores han escrito sobre el tema y propuesto enseñanzas sobre el mismo, desde Adam Smith en La riqueza de las naciones hasta una gran cantidad de autores contemporáneos. ¿Por qué hacen eso, si luego, cuando un país se desarrolla —siguiendo, por ejemplo, las enseñanzas de Adam Smith— este o sus sucesores no pueden excluir a quienes implementaron esas ideas y no pagaron por esos beneficios? En otros términos: una vez que dicen cómo se desarrolla un país, nadie parece que les va a pagar por ello; entonces no habría propuestas y el mercado fracasaría en proporcionarlas.

Nada de eso sucede en la realidad, sino todo lo contrario: hay un sinnúmero de libros y artículos sobre las causas del desarrollo económico; un activo mercado de ideas donde compiten las propuestas de Stiglitz con muchas otras. ¿Por qué ofrecen los autores estas ideas, si luego no pueden cobrar por ellas? Existe una gran cantidad de incentivos para hacerlo: el autor cobra un porcentaje por las ventas de sus libros; es invitado a conferencias donde recibe honorarios, viaja a lugares que nunca conocería de otra forma y se aloja en los mejores hoteles; puede llegar hasta recibir el Premio Nobel, que, además de ser un premio suculento, le garantiza un flujo de ingresos asegurado de ahí en adelante, como sabe muy bien el mismo Stiglitz, que lo ha recibido[1].

[1]. “Gran parte del conocimiento que se necesita para el desarrollo exitoso no es patentable; no es el conocimiento que subyace en nuevos productos o procesos. Más bien, es conocimiento fundamental: cómo organizar empresas, cómo organizar sociedades, cómo vivir vidas más saludables de forma que ayudan al medio ambiente. Es conocimiento que afecta la fertilidad y el conocimiento acerca del diseño de políticas económicas que promueven el crecimiento económico” (Stiglitz 1999, p. 318). “Las ideas presentadas hasta aquí dejan en claro que ese conocimiento es un bien público, y sin un apoyo público activo, habrá una sub-provisión de ese bien. Las instituciones internacionales, incluyendo al Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) cumplen un papel especial en la producción y diseminación de este conocimiento” (p. 319).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El camino ‘capitalista’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/4/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-camino-capitalista-1023241

 

Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington.

Los políticos tienden naturalmente a agrandar el Estado porque de él viven, pero, a veces, el crecimiento no previsto se debe a que toman el camino equivocado. Es el caso del presidente argentino, Mauricio Macri. A pesar de su discurso, supuestamente proclive a una economía de mercado, “capitalista”, una serie de errores lo llevan por el camino inverso. Creer que ser amigos del Gobierno de EE.UU. es estar a favor del “capitalismo democrático” es tan errado como desconocer la tiranía saudí, por caso, fuerte aliada de Washington. Por no comprender que el gasto estatal crea pobreza, ya que los impuestos son derivados hacia abajo vía de aumento de precios o baja de salarios, la suba de la presión fiscal -impuestos más inflación- está provocando un aumento de la pobreza. Según un informe de la Universidad Católica Argentina, la tasa de indigencia pasó del 5.3% a fines de 2015 al 6.9% de la población en marzo de este año, mientras que la tasa de pobreza subió de 29% a fines de 2015 a 34.5% en marzo de 2016.

Por no comprender que la inflación es la sobreoferta de dinero por sobre la demanda del mercado, el aumento del índice de precios al consumidor (IPC) ronda el 36% anual y sigue en aumento.

Así, creer que la inversión en obra pública es buena cuando se financia con impuestos ha llevado a Macri a anunciar un faraónico plan por $10 mil millones cuando debería recortar drásticamente el gasto público para bajar impuestos e inflación. Probablemente este amor viene de su padre -que tiene empresas , según los “Panamá Papers”-, al que la obra pública le permitió pasar de inmigrante albañil a una de las personas más ricas e influyentes de Argentina.

El sector privado va camino de convertirse en un pequeño apéndice del enorme aparato estatal, al estilo socialista. El consumo ha caído alrededor del 6% solo en marzo, la producción automotriz bajó 8.5% y hay sectores industriales que cayeron hasta 20%.

Según las recientes cifras de la Cepal, el PIB de Latinoamérica y el Caribe se contraerá -0.6% en 2016. Sobre todo, debido a la caída en los precios de las materias primas. América del Sur, especializada en bienes primarios, tendrá una contracción de -1.9% y Argentina caerá -0.8%. Centroamérica crecería 3.9% y el Caribe en torno a 0.9% en 2016. En tanto, el FMI y el Banco Mundial también dieron pronósticos sombríos para 2016, siendo los de peor desempeño Venezuela y Brasil.

Argentina podría empezar a recuperarse a fines de año, dice el FMI, y para el 2017 se espera que muestre un crecimiento importante, dado un incremento de las inversiones gracias a un “clima de certidumbre económica”. Ridículo. Si las inversiones no están llegando -por el contrario, hay fuga de capitales-, se debe a que el “costo argentino” -impuestos, inflación, regulaciones, etc.- hace inviable cualquier inversión privada, y esto va camino de empeorar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.