Nuestros hijos, esos anticapitalistas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/2/18 en: https://www.elcato.org/nuestros-hijos-esos-anticapitalistas?utm_content=buffer7ffb6&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Hace un cuarto de siglo publiqué un artículo en Cambio 16 titulado: “Nuestros hijos, esos socialistas”. Había visto los libros de Economía del bachillerato de entonces, y denuncié que predominaba en ellos el ataque al capitalismo, el mercado, la propiedad privada y las empresas; cuando se mencionaba la realidad de los países que habían suprimido el capitalismo y esas instituciones, los textos eran notablemente comprensivos con esa realidad. En los años transcurridos he visto algunos trabajos sobre el tema, y no parece que la cosa haya mejorado. Ahora puedo confirmar que, en efecto, no lo ha hecho.

El Nº 154 de Economistas, la revista del Colegio de Economistas de Madrid, lleva este título: “Análisis de los textos de economía, empresa e historia económica utilizados en el bachillerato español”. Incluye un estudio cuyos autores son los profesores Rocío Albert López-Ibor, Francisco Cabrillo Rodríguez, Amelia Pérez Zabaleta, Jaime Requeijo González (véase también el último número de la revista Actualidad Económica).

El balance que hacen es que los manuales son de calidad irregular, como era de esperar, pero subrayan que los textos publicados por algunas editoriales relevantes presentan una visión “claramente sesgada en contra de los principios de la economía de mercado”.

Es el caso de Economía, de Editorial Anaya, escrito por Juan Torres Carmen Lizárraga, que contiene errores técnicos, como afirmar que “tener más o menos recursos es lo que hace que unos pueblos sean más ricos que otros…Por el contrario, la escasez o dificultad para obtener recursos suele ser el origen de la pobreza y del sufrimiento social”. Es una falacia, como si no fuera patente que Suiza o Japón tienen menos recursos naturales que Nigeria o Venezuela.

Las falacias anticapitalistas son persistentes, como sus deficiencias técnicas (en comercio exteriormercado de trabajofallos del mercadobanca, Hacienda, etc.) y “su nada oculto desprecio por la actividad económica…uno cree que, en realidad, está leyendo un panfleto de principios del siglo XX y no un texto del siglo XXI”.

Nunca explican la creación de riqueza, sólo su necesaria redistribución en contra de las empresas, presentadas habitualmente en tonos muy negativos. Mientras idealizan la izquierda y condenan el “neoliberalismo”, sostienen que bajar impuestos es malo en sí mismo, y desbarran sugiriendo que en España el gasto público se redujo de forma notable.

Nunca explican qué pasó con el anticapitalismo en el mundo real, e incluso llegan a la temeridad de plantear que su deterioro económico se debió a…¡los países capitalistas! En América Latina, lógicamente, no hablan de los desastres de Cuba y los países víctimas del populismo. Y jamás apuntan que la economía de mercado asegura democráticamente la libertad individual, que el anticapitalismo viola siempre.

En fin, la historia se repite. Si nuestros hijos o nietos van a reconocer en el futuro alguna virtud en el capitalismo no será porque se lo han enseñado bien en el colegio sino a pesar de que se lo han enseñado mal.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Derrumbes, delirios, mercados:

Por  Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 1/4/12 en: http://www.libremercado.com/2012-04-01/carlos-rodriguez-braun-derrumbes-delirios-mercados-63987/

Leo en La Razón declaraciones del escritor y periodista Vicente Verdú, que acaba de ganar el Premio Hoy de ensayo, que entrega la editorial Temas de Hoy, con su libro: La hoguera del capital.

“Somos prisioneros de la pobreza –sentenció el pensador– El mundo en el que nos encontramos está derrumbándose. Desaparecen las fábricas, los empleos y la moral de las personas está siendo minada. Las desigualdades se han incrementado”.

La pobreza está disminuyendo en buena parte del mundo, un mundo que no parece que se esté derrumbando hoy más que antes. Es posible que don Vicente piense sólo en los países desarrollados, que es donde la crisis ha golpeado más esta vez, como en los años 1930. Eso explica su increíble frase: “desaparecen las fábricas”, algo que parece dudoso en los países ricos y es clamorosamente falso en muchos países llamados subdesarrollados o emergentes. Si el empleo decae, que es verdad, y la moral también, que es posible, igual convendría pensar en qué cosas los hacen caer; quizá el razonamiento nos conduzca a pensar en las responsabilidades de políticos e intelectuales.

Pero es algo que el señor Verdú no parece dispuesto a hacer. Más bien propicia la irresponsabilidad de los que mandan. Por ejemplo, se opuso a la reducción del déficit con estas palabras: “Alrededor de París ya hay unas 10.000 tiendas de campaña. Pertenecen a personas que antes tenían acceso a la educación, a un coche… Estamos viviendo una gran locura colectiva como no se había conocido con anterioridad en la historia. Es igual que cuando se empezaron a revalorizar los tulipanes hace siglos. Es el mismo tipo de delirio en el que nos encontramos ahora”. Lo interesante es que no hace mención al papel de las autoridades en todo esto; así, parece que la explicación es un delirio colectivo, y no los errores y las intervenciones de quienes suben los impuestos, elevan los costes del suelo y la vivienda, y manejan y controlan actividades tan cruciales como la banca y las finanzas.

El único mal que don Vicente ve en los gobiernos es que no intervengan todavía más: “No atajan a las agencias de calificación, las bolsas, y no han nacionalizado algunas cosas”. Como si controlar los mercados y nacionalizar cosas fueran la solución. Temo que para él, efectivamente lo sean.

No para mientes a la hora de describir el apocalipsis: “El desencadenante de la situación actual es el hundimiento y la degeneración de la democracia”, asombrosa teoría que contrasta con el hecho de que nunca ha habido tanta democracia en el mundo. ¿Qué quiere el señor Verdú? Podemos bosquejar su planteamiento tras estas ideas, que apuntan contra de la libertad y a favor del poder, y subrayar una más, que es un clásico del pensamiento antiliberal: el odio a la competencia. Don Vicente abogó por cambiar los valores y dijo seriamente que el progreso jamás se ha producido a través de la competencia en el mercado sino mediante la solidaridad: “El hombre ha salido hacia adelante porque colabora”.

Si esa colaboración es entendida por Vicente Verdú como la que se desarrolla fuera del mercado, excluyendo el comercio, su frase es un error claro. Resulta razonable conjeturar que si los seres humanos no se hubiesen relacionado nunca con su capital a través de una cooperación extendida por medio de la competencia en el mercado seguiríamos cooperando sólo en órdenes reducidos y aislados, en el seno de tribus primitivas. Es notable cómo esa perspectiva de una sociedad cerrada y empobrecida sin capital resulta tan atractiva para los intelectuales más destacados. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.