El futuro inmediato

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

 

Quedan pocas dudas que el futuro inmediato en materia política y económica sería bastante diferente de ganar una de las dos fuerzas mayoritarias en pugna, por un lado, el peronismo (representado por la secta denominada ahora «Frente de Todos» (FdT) y, por el otro, Juntos por el Cambio (JxC). Para decir esto no nos basamos tanto en los discursos de campaña, los que en precisión poco nos dicen de lo que realmente hará en el gobierno el partido que se alce con el poder, sino más bien los antecedentes de ambas facciones partidarias que ya ejercieron el poder,
Nunca nos parecieron profundas las críticas que se le han hecho al gobierno, y no digo por parte de la oposición sino de los medios e incluso las de analistas que merecen nuestro respeto. Una de esas críticas, sobre las cuales se ha insistido desde distintos sectores, dice que la mala gestión de Cambiemos residió preponderantemente en no haber explicado a la gente claramente cuál era la «herencia» recibida del anterior. No obstante, fueron muchas las ocasiones en las que -al menos- el presidente Macri lo hizo luego de asumir la primera magistratura, y suponiendo que no se hubiera expuesto después de obtener el poder, seguir sosteniendo esa falacia importa tanto como subestimar al votante de Cambiemos, porque si en la anterior elección nacional la gente votó por Macri y no por el candidato del -entonces- oficialismo era porque el electorado tenía bien en claro que la gestión del anterior gobierno fue lo suficientemente mala como para votar por algo distinto a lo que había, y de esa conclusión salieron los votos en favor de Cambiemos. Pretender que después de asumido el poder Cambiemos declarara a sus electores que lo habían elegido cuál era la situación del país al momento de la elección, importaba tanto como tener que manifestar al votante de Cambiemos porque había votado a Cambiemos, cosa que el elector ya sabía (si no, no hubiera votado a Cambiemos). Es decir, quienes sostienen como un error que el gobierno no hubiera revelado a la gente (post elecciones) la situación del país al momento de la elección que le diera el triunfo, implica tanto como creer que la gente que elige a quien en definitiva resulta ganador no sabe porque lo vota o porque lo votó, lo que significa tanto como conjeturar que es estúpida.
Otra crítica fútil me parece la que se le hace al «gradualismo» del gobierno. Aquí hay un fenomenal mal entendido a mi modo de ver. Con la palabra gradualismo, en rigor, no se dice mucho más que se procede o se va a proceder a realizar un cambio de manera pausada o por fases espaciadas en el tiempo. Pero esto no tiene en sí mismo ningún significado si en realidad no se sabe explícita o implícitamente hacia donde se piensa o se desea dirigir ese cambio gradual (o gradualista).
La lectura que se hace de esto último es bastante diferente cuando la hace un liberal a la que le da un antiliberal o no-liberal. Todo parece que indicar que muchos liberales han entendido que cuando el gobierno hablaba de gradualismo se refería a dirigirse hacia una economía liberal o de mercado. Yo siempre he insistido que el presidente Macri es un desarrollista no un liberal, y cuando el habla de gradualismo lo hace no refiriéndose al camino a seguir hacia una economía liberal o de mercado, sino hacia otro tipo de economía más afín con su desarrollismo. O sea, gradualismo hacia una economía desarrollista (sobre lo que nos hemos explayado en otras ocasiones). Y al momento actual consideramos que esta sigue siendo la idea y proyecto del presidente Macri. Quizás los liberales tengamos cierta arrogancia en pensar que todo político debería (por el mero hecho de llegar al poder) de insertarse en nuestras ideas y dirigirse en forma automática del modo en que los liberales estamos convencidos que debe actuarse y, asimismo, casi de forma mecánica, que cuando el presidente hablaba de gradualismo se estaba refiriendo a ir hacia una economía de mercado o liberal. Pero -yo al menos- nunca creí que el presidente hablara de eso y que fuera su intención. El aludía y sigue haciéndolo de salir de una economía de tipo populista y recorrer el camino del gradualismo hacia otra economía de carácter desarrollista (cosa que hizo en su gestión enfocada en la obra pública y de infraestructura industrial). Opiné y sigo opinando que a este gradualismo apunta el presidente, y no como muchos liberales creen que la meta que él tiene es una economía de libre mercado absoluta. Nada más lejos de la realidad.
Otra cuestión en la que no coincidimos con muchos analistas es en que el gobierno no tuviera un plan económico. Creemos que siempre lo tuvo como gobierno desarrollista, ya que el desarrollismo implica un proyecto económico. Esto tiene conexión con lo que dijimos al comienzo cuando manifestamos cual fue la razón por la que el electorado eligió a Macri presidente. Si no subestimamos a la gente tenemos que concluir que fue escogido porque quienes lo hicieron sabían o presumían que el nuevo gobierno llevaría a cabo una política económica diferente a la del gobierno que se descartaba. Seria infravalorar al elector del nuevo gobierno insistir en que estaba eligiendo lo mismo en materia económica a de lo que se pretendía salir o, más absurdo, algo peor. Por lo demás, una cosa es no anunciar un plan económico y otra diferente es tenerlo y llevarlo a la practica en hechos concretos. La política de obras públicas y de infraestructura encarada por el actual gobierno responde claramente a un plan económico, sólo que, de tipo desarrollista, no liberal. Claro que, como liberal, hubiera preferido que Macri tuviera un plan económico liberal, pero no se le puede pedir a un desarrollista que haga cosas de liberales. Y eso es lo que -me parece- muchos liberales no terminan de comprender.
Ahora bien, ante la alternativa electoral próxima, se enfrentan dos modelos emparentados en algunas cuestiones menores, pero con diferencias cruciales en cuanto a sus respectivos esquemas: por un lado, el desarrollismo de Cambiemos (o ahora JxC) y por el otro, el populismo extremo del peronismo (nunca consideré pertinente diferenciar por sus distintas etiquetas tanto al anterior «Frente para la Victoria» como ahora e este «nuevo» «Frente de Todos» de lo que son en esencia : peronismo puro, con todo lo negativo que este último término implica y resume).
Y aunque son cosas diferentes desarrollismo y liberalismo, mi opción electoral ha de ser por aquella a la que más se acerque a la liberal y, por muy lejos que el desarrollismo este del liberalismo no me cabe duda que la distancia que separa al liberalismo del populismo es todavía muchísimo mayor, y esa distancia es insalvable, y si bien hay una alternativa liberal en la oferta electiva también es cierto que no tiene ninguna chance de arrimar los votos mínimos para acceder a un ballotage, lo que me lleva -en esta hora decisiva donde están en juego las libertades individuales, la propiedad y aun la vida de los argentinos- a optar (al menos electoralmente aunque no en el terreno de la pura economía) por el actual gobierno, que se perfila -al momento- como la única candidatura capaz de rivalizar con el monstruo populista y dirigista que siempre fue y sigue siendo el peronismo (K o no K).

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Hoy no vivimos nada diferente a las crisis de los últimos 44 años

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/8/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/08/20/hoy-no-vivimos-nada-diferente-a-las-crisis-de-los-ultimos-44-anos/

 

El resultado de las PASO mostró que la fórmula Fernández-Kirchner tiene más chances de ganar en la primera vuelta en octubre que Juntos por el Cambio dar vuelta el resultado adverso, llegar a un ballotage y ganarlo ahí

 

Es evidente la desconfianza que genera en los inversores la formula FF. Si habiendo ganado las PASO con 15 puntos de diferencia, al otro día se dispara el dólar, cae la Bolsa y se estalla el Índice de Riesgo País, todos activos líquidos de los que se puede salir en el día, es de imaginar que si nadie quiere tener activos líquidos por si gana la fórmula FF, menos habrá gente que quiera hundir una inversión en una fábrica de mayonesa, contratando personal, lidiando con el complejo sistema impositivo argentino, las locuras sindicales y la ausencia de una moneda.

Es decir, si con Mauricio Macri no se produjo la lluvia de inversiones, la sequía de inversiones continuará con los FF de ganar la presidencia a partir  del 10 de diciembre en octubre.

De manera que el primer problema a la vista es que hoy ninguno de los dos partidos o alianzas políticas con mayores chances de ganar la elección generan confianza. Los FF por su trayectoria de 12 años de incumplimiento con los compromisos internacionales y sus políticas populistas y Cambiemos por su gradualismo que fue inmovilismo que lo llevó a esta crisis económica justo en la puerta de las elecciones.

La pregunta es: ¿qué grados de libertad tiene cada uno para enfrentar la larga decadencia argentina? El gobierno de Macri, de aquí a las elecciones y, en caso de ganarlas, ¿qué hará luego? Y el kirchnerismo, ¿qué grados de libertad tendrá para enfrentar la economía si gana las elecciones?.

Grados libertad para el presente y para el futuro

Mi visión es que Macri tiene que lograr revertir la crisis cambiaria antes que se traduzca en una crisis financiera. En este tema ya queda claro que la tasa de interés dejó de ser un instrumento para frenar transitoriamente la corrida. A casi un año del lanzamiento de las Leliq en reemplazo de las Lebacs, pagan la misma tasa que al inicio y no consiguen dominar el mercado de cambios o, dicho con más precisión, la desconfianza en el peso.

Ahí no tiene muchas chances, a mi juicio. O logran un acuerdo con EE.UU. para recibir un apoyo del Tesoro que le permita al Banco Central cancelar  las Leliq de un cachetazo, para hacer bajar el dólar y la tasa de interés, o usa las reservas para amortiguar la corrida.

Cuando digo un acuerdo con EE.UU. estoy pensando en el apoyo que Bill Clinton le brindó a México cuando se produjo el Efecto Tequila, entre 1994 y 95. Recordemos que el Congreso había rechazado el apoyo a México, pero el departamento del Tesoro encontró la forma de ayudarlo con una paquete de USD 20.000 millones de aquél momento vía el Fondo de Estabilización de Divisas, más otro por USD 30.000 millones del FMI, del Bank for International Settlement y un swap de Canadá.

Obviamente, ahora a la Argentina ya no le queda más margen para mayor apoye del FMI, así que la única opción que quedaría es buscar el respaldo del Tesoro norteamericano para rescatar las Leliq del Banco Central y establecer una especie de convertibilidad de hecho para desactivar la corrida cambiaria. Hoy las reservas de libre disponibilidad se acercan bastante para cubrir la base monetaria, falta desarmar de un golpe las Leliq.

El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)
El Banco Central tiene reservas en divisas para cancelar de golpe las Leliq (Manuel Cortina)

Si no se recibe ese apoyo del Tesoro de los EEUU, están las reservas y cambiar las Letras intransferibles que tiene el BCRA que le entregó el Tesoro argentino a cambio de las reservas en la era K, por un bono largo como un instrumento para quitar liquidez del mercado. No es gran cosa, pero es lo que hay. En este caso, no bajaría la tasa de interés pero al menos se desarmaría el misil que son las Letras de Liquidez por ya remuneran una tasa cercana a 75% anual a 7 días.

Es necesario presentar un plan económico de largo plazo

De nada sirve anunciar medidas para apagar el incendio si al mismo tiempo no se anuncia un plan económico de largo plazo a ser aplicado en caso de ganar las elecciones Cambiemos. Muchos podrán decir que ahora no hay tiempo, pero insisto con mi argumento: las campañas políticas son para anunciar los planes económicos de los gobiernos, no solo para apagar incendios y tratar de flotar para llegar a octubre o diciembre.

¿O acaso creen que pueden ganar las elecciones abrazando a la gente en el conurbano? Esa gente va a seguir votando al peronismo, lo que tiene que lograr Cambiemos es recuperar el apoyo de la clase media, esa a la que esquilmó con impuestos para sostener a piqueteros y ñoquis. Y la forma de recuperarla es, en primer lugar siendo más agresivo con la suba del mínimo no imponible de Ganancias y más agresivo en la baja del gasto público en el revoleo de planes sociales junto con el dominio de la corrida cambiaria.

¿Los márgenes de acción de Alberto Fernández en caso de ganar las elecciones? Recibe un gasto público consolidado de 46% del PBI; una presión impositiva consolidada del 42% del PBI; un peso que hace décadas dejó de ser moneda; sin ahorro interno para financiar el déficit fiscal; sin acceso al crédito externo y con vencimientos de deuda pública que solo podrá refinanciar con el apoyo del FMI, pero para eso tendrá que cumplir con una estricta disciplina fiscal y reforma laboral. Pregunta, ¿le aprobarán Pino Solanas, Recalde y los diputados de La Cámpora esas medidas y reformas?

Vuelvo al punto de partida, ninguno de las dos alianzas políticas generan hoy confianza en los inversores, sean financieros o aquellos que tienen que hundir inversiones en Argentina.

Mi impresión es que a Alberto Fernández le va a costar más trabajo generar confianza considerando los 12 años de kirchnerismo y la lista de legisladores que presenta, que a Macri que viene con 4 años de fracasos económicos pero podría llegar a hacer un mea culpa de lo hecho hasta ahora y reorientar su gobierno hacia una economía de reformas estructurales con un plan económico que genere un shock de confianza por su integración al mundo.

No hay que confundirse, la crisis cambiaria actual es el resultado de la falta de confianza en el peso, que a su vez es resultado de la prostitución monetaria fruto del continuo desborde del gasto público.

Tuvimos la misma crisis en 1975 con el Rodrigazo; en 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y su gradualismo; en 1985 con la gestión de Bernardo Grinspun que terminó en el Plan Austral, el cual a su vez terminó en varios australitos hasta el Plan Primavera que desembocó en la hiperinflación. Luego vino el plan BB que terminó en el plan Bonex en diciembre de 1989, para finalizar en la convertibilidad fija con el dólar en marzo de 1991.

El no ajuste del gasto público que propuso Ricardo López Murphy en marzo de 2001, boicoteado por los eternos «ahora no se puede», derivó en el corralito, la crisis institucional y el default de fines de 2001, más el desastre que hizo Eduardo Duhalde al salir de la convertibilidad generando una llamarada inflacionaria, confiscación de ahorros y un fenomenal salto de la pobreza.

Y luego el kirchnerismo que terminó tapando la crisis económica destruyendo el Indec para no conocer la pobreza, la inflación, el nivel de actividad, etc., con un cepo cambiario y casi cero reservas.

En síntesis, no estamos viviendo nada a lo que vivimos en los últimos 44 años. Crisis fiscales que derivan en crisis de confianza y corridas hacia el dólar. Repasemos qué se hizo en las crisis anteriores y vamos a entender la gran incertidumbre actual.

Que nadie se crea que ganando el kirchnerismo se podrá salir mágicamente de las crisis recurrentes o que ganando Mauricio Macri la reelección va a pasar lo mismo. Esto no es una cuestión de personas o partidos políticos, es una cuestión de grosero populismo que periódicamente estalla por falta de financiamiento y que ninguno está dispuesto a decir, con todas las letras, que hay que terminar con la cultura de la dádiva y volver a la cultura del trabajo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Elecciones en Brasil: la democracia necesita recuperar confianza

Por Constanza Mazzina. Publicado el 9/10/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/09/elecciones-en-brasil-la-democracia-necesita-recuperar-confianza/

 

Con reglas electorales como las de nuestro país, hoy Jair Bolsonaro sería ya presidente electo de Brasil. El titular de algún diario diría: «Bolsonaro es el nuevo presidente» en lugar de «Bolsonaro a ballotage». Sin embargo, en el país vecino, si ningún candidato se alza con la mitad más uno de los votos, se procede a la segunda vuelta. En cierto sentido, el sistema obliga a los candidatos a buscar mayorías, y si no las encuentran, a construirlas, por lo tanto, a formar coaliciones.

La sorpresa radica en la gran distancia que hay en esta primera vuelta entre el primero y el segundo candidato. Léase, que el segundo contendiente es el candidato del partido de Lula da Silva. ¿Son estos resultados realmente sorprendentes? América Latina muestra, desde hace algunos años, un deterioro de la democracia. El desencanto con la democracia se ha hecho presente y ha llegado para quedarse. ¿Son los lideres populistas hijos de los ciudadanos desinteresados y desencantados de y con la política? ¿Asistimos a una espiral ascendente entre apatía y populismo? ¿Perder la confianza en los políticos es sinónimo de perder la confianza en la democracia?

El informe de Latinobarómetro para el 2017 señalaba (sin referirse específicamente al caso que hoy comentamos, pero haciendo un déjà vu sobre los resultados que ahora conocemos): «Hoy la derecha y la izquierda compiten en una cancha más pareja que al inicio de la transición, poniendo a prueba el sistema de partidos (…) Da la impresión de que la izquierda también perdió el halo de superioridad moral que le daba ventaja al inicio de la transición, entrando como un competidor más a la cancha, y a veces siendo reemplazada también por independientes. El resultado de estos mayores grados de libertad de elección que se han tomado los latinoamericanos con una fuerte crítica al poder político».

El mismo estudio mostraba que la percepción de la corrupción en Brasil para el 2017 se ubicaba en 7,4, donde 10 es mucha y 0 es ninguna. Para el mismo 2017, otra institución, Transparencia Internacional, señalaba que Brasil se encontraba en el puesto 94 del ranking —que encabeza Nueva Zelanda—, y comparte ese puesto con Zambia, Tailandia y Colombia, entre otros. El puesto 180, el final de la tabla, lo ocupa Somalia. Además, la media global de transparencia se ubica en 43,07 y Brasil medía en el índice de percepción de la corrupción (IPC) solo 37 puntos. Veámoslo así: un puntaje de 100 indica que la percepción es que no hay corrupción, un puntaje de 0 indica una percepción de la corrupción muy alta, Nueva Zelanda tiene 89 puntos, Somalia, 9.

Hace algunos años, Mainwaring y Pérez Liñán indicaban la importancia de lo que ellos llamaron la «preferencia normativa por la democracia», esto es, el valor intrínseco de la democracia más allá de los resultados. El compromiso de los valores democráticos se expresa, por ejemplo, en el reconocimiento de la derrota electoral en lugar del cuestionamiento de sus resultados. Hoy, los resultados electorales de Brasil muestran que los ciudadanos están dispuestos a votar prospectivamente, es decir, por lo que el candidato promete que va a hacer, y que retrospectivamente ven lo que hizo el PT (nótese la mala elección de Dilma Rousseff) y por eso no lo votan (permítanme la simplificación). Pero, además, el desencanto democrático lleva a creer en soluciones providenciales.

El resultado muestra una crisis de confianza en los líderes y los partidos tradicionales, y a su vez, reflota la posibilidad de que alguien solucione mágicamente todos los problemas. Las sociedades que logran construir confianza son aquellas en las que sus líderes dan cátedra de ejemplaridad.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.