La imagen de los empresarios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 31/10/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-imagen-de-los-empresarios/

 

En el XXI Congreso Nacional de la Empresa Familiar, clausurado ayer en Valencia, se habló mucho de la imagen de los empresarios. El presidente de Mercadona, Juan Roig, que pronunció una conferencia sobre el orgullo de ser empresario, preguntó: “¿Cómo es posible que los empresarios estemos orgullosos de serlo y la sociedad no nos reconozca?”. Su diagnóstico fue que la imagen empresarial no es buena porque “no salimos a dar la cara. Nos da mucho miedo salir a decir que somos empresarios”. Es un mensaje importante, y acertó Roig al subrayarlo, instando a sus compañeros a “salir del armario” y explicar que los empresarios son los creadores de riqueza y empleo.

Ahora bien, no cabe engañarse sobre la dificultad del empeño. La mala imagen de los empresarios no es un fenómeno superficial ni reciente sino el resultado de una larga historia de confusiones y distorsiones sobre la economía, que ha desembocado en la demonización del capital, la empresa, y todo lo que tiene que ver con el comercio y el mercado, y las instituciones de las que provienen, a saber, la propiedad privada y los contratos. Es cierto que esa imagen ha mejorado relativamente en las últimas décadas, pero en absoluto se ha revertido. Y la crisis económica, como siempre sucede, ha vuelto a alentarla.

La triste realidad es que la empresa es censurada en múltiples ámbitos, y desde púlpitos y cátedras y tribunas sin fin se anima una visión recelosa de los empresarios, que los retrata como gente de cuidado: a veces se admite que son necesarios, pero rápidamente se añade que deben ser controlados, regulados y sobre todo recaudados, por el bien de todos.

He dicho en alguna oportunidad que con las empresas no funciona el Estado de Derecho, porque en su caso no se presume la inocencia sino la culpabilidad. Si el empresario explota, engaña, empobrece y contamina, ¿cómo va a tener una imagen buena?

Es verdad, como dijo Juan Roig, que a los empresarios les da miedo decir que lo son, pero esto no es casualidad, porque ellos y toda la sociedad son continuamente bombardeados con mensajes negativos sobre el mercado, el capitalismo y las empresas.

Sospecho que será difícil contrarrestar estos retratos hostiles con paños calientes, a los que recurren a menudo los empresarios, cuando insisten en ideas del estilo de la “responsabilidad social corporativa”, como si los empresarios no fueran responsables y hubiera que forzarlos a serlo. Lógicamente, los que se ocuparán de forzarlos serán los políticos, los legisladores, los burócratas, los sindicalistas, etc., que, ellos sí, son siempre socialmente responsables.

Para reivindicar al empresario, conjeturo que esos grupos de depredadores, por utilizar la retórica épica de Ayn Rand, tienen que ser expuestos y censurados. Al mismo tiempo, me apresuro a reconocer que sólo los héroes estarán a la altura, y nadie puede pedir a nadie, y tampoco a los empresarios, que sean héroes. Bastantes problemas tienen ya.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

De vuelta los liberales o lo que fuere excomulgándose entre ellos.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 31/10/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/10/31/de-vuelta-los-liberales-o-lo-que-fuere-excomulgandose-entre-ellos/

 

Nunca me voy a olvidar del Partido Liberal Republicano que se intentó formar allá por 1984/85 como opción ante la “intervencionista” UCEDE. Eran no más de 10 que se reunían en la inolvidable escuelita de Sánchez Sañudo. Se terminaron disolviendo porque se pelearon por el Patrón Oro.

Las circunstancias mundiales, ahora, han cambiado, y han surgido temas y problemas que multiplican las divisiones.

Ya hablé varias veces de esto; en una de esas oportunidades distinguí entre tres grandes corrientes: la neo-kantiana (Mises, Hayek, Popper), la neo-aristotélica (Rothbard, Ayn Rand) la iusnaturalista clásica (escolásticos, liberales católicos del s. XIX, Novak, Sirico, Liggio, Chafuén, etc.), y en general la gente del Acton Institute.

Las tres tienen diferencias filosóficas importantes y es utópico pensar que las van a superar, aunque obviamente durante mucho tiempo pudimos trabajar juntos en muchas cosas.

Ahora hay dos circunstancias que han cambiado esa paz transitoria.

Primero el tema del lobby LGBT. Los más iusnaturalistas (y NO me refiero ahora al Acton Institute) insisten en el error conceptual de la ideología del género, que va contra la ley natural, etc., y se enfrentan por ende con el escepticismo de los neokantianos y los neoaristotélicos en esos ámbitos, que defienden a la homosexualidad, al transexualismo y etc. como opciones morales legítimas en tanto, por supuesto, no atenten contra derechos de terceros. Y se matan por eso.

Los dos grupos no se dan cuenta de la importancia de su coincidencia en “en tanto no atenten contra derechos de terceros”. Porque ninguno de ellos afirma que el estado deba imponer leyes que coactivamente obliguen a hablar de un modo determinado, a contratar de un modo determinado, a enseñar de un modo determinadoESA coincidencia en la libertad individual es la clave en estos momentos. La defensa de las libertades de expresión, religiosa, de propiedad, de asociación. Suponer que nos vamos a poner de acuerdo en el tema de la ley natural es vano. Y por ende podemos trabajar juntos, porque el lobby LGBT se llama lobby precisamente porque sus pretensiones son totalitarias: que todos hablamos con lenguaje neutro so pena de ir presos, que nadie pueda hablar libremente de sus convicciones en materia sexual sin ir preso, que nadie dentro de su institución pueda hacer o decir cosas que NO coincidan con la ideología del género sin ir preso, etc. Y con ESE totalitarismo, ¿hay algún liberal clásico o libertario que coincida? Me resultaría extraño, por más que sus fuentes sean Santo Tomás, Kant, Ayn Rand o el Sr. Spock.

Otro tema sobre el cual nos hemos peleado mucho últimamente, sobre todo en Argentina, es el aborto. Pero que casi ningún liberal clásico era abiertamente anti-abortista ya lo sabíamos hace milenios y no había problema. Todos los rothbards-boys estaban a favor y los Mises y Hayek-boys dudaban. Y la despenalización ya regía en Argentina, en dos casos, hace décadas. Y que de hecho ninguna mujer iba presa por abortar ya lo sabíamos todos hace mucho y nadie se peleaba. El problema fue que la ley presentada fue una ley que obligaba a todos los institutos estatales y privados a realizar el aborto, y sin ningún tipo de objeción de conciencia institucional. Muchos liberales argentinos miraron para otro lado, y fue allí cuando yo mismo les advertí: cuidado, eso sí que no es liberal, no tenés que ser un Juan Pablo II fan para estar en contra de elloEse es el problema y allí sí, de hecho, los liberales deberíamos haber presentado un frente claramente unido y no fue así. Fue preocupante.

Otro tema es el ascenso al poder de líderes “de derecha” que obviamente no son liberales pero que ponen un freno evidente al socialismo del s. XXI, al totalitarismo del lobby LGBT y a algunas otras cosas bonitas. Allí de vuelta nos estamos peleando todos porque no sabemos mucho de la realpolitik o del mal menor. Ningún liberal que yo sepa defiende a XX en tanto XXsino porque es una opción mejor ante los Clinton, los Obama, los Lula, los Kirchner, etc. O sea, en los duros momentos de las difíciles opciones en el mundo real, nadie “apoya” al mal menor en cuanto mal, sino como estrategia para que el mal mayor no avance, y además es importante denunciar siempre los dobles estándares hipócritas de la izquierda. Ello debe hacer con prudencia, obviamente. Si se hace acaloradamente y descalificando al otro o excomulgando a alguien porque piense que en cuanto mal menor Trump es mejor que Hilary, entonces estamos en problemas.

Ciertos principios son también importantes. Violaciones del Estado de Derecho, de libertades individuales, incluso cierto lenguaje agresivo e insultante, no debemos admitirlas ni siquiera al mal menor o al bien menorCuidado porque entonces es verdad que un fascista es un liberal asustado. Incluso en esos momentos nos debemos perdonar los sustos, pero el miedo no convierte en justo lo que es radicalmente injusto.

 

Finalmente, se extraña en todos nosotros, últimamente, cierta delicadeza en las formas, el apreciarnos como somos, el perdonarnos, el aceptar nuestras falencias, y se extraña una buena formación filosófica, hermenéutica y epistemológica, que bajaría los decibeles de muchas discusiones. Debates tales como si fulano no es un “verdadero” liberal porque es un free banking, o que tal interpretación de Mises es la “verdadera” y el que no se da cuenta es un imbécil, y así ad infinitum, lo que revela es que nuestra calidad intelectual y moral ha caído. Son como los debates cuasi-religosos de los grupos que surgen a partir de un “fundador”: cuál es el verdadero pensamiento del fundador, quiénes son los verdaderos intérpretes del fundador, cuáles son los textos canónicos del fundador, etc. Son debates que no existirían con un mínimo training en historia de la filosofía, epistemología y hermenéutica. Cuidado, gente, los liberales no podemos salir al ruedo de la batalla de estos días por haber leído un librito y por fanatizarnos, como si no hubiéramos salido de los 15 años. Un poco más de estudio, un poco más de bondad, tolerancia y perdón, un poco menos de neurosis obsesivas y pensamiento monotemático, un poco menos de sentirse pontífices máximos y excomulgantes, son todas cosas necesarias para los nuevos liderazgos que necesitamos. No son cosas que se aprenden en un curso. Son fruto de una terapia, por un lado, y de una conversión del corazón, por el otro.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

 

El debate objetivismo-subjetivismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 26/4/18 en: https://www.elcato.org/el-debate-objetivismo-subjetivismo

 

En una oportunidad participé de una acalorada discusión entre quienes se decían partidarios de la Escuela Austríaca y los que se identificaban como randianos (partidarios de Ayn Rand). Antes de intervenir naturalmente presté debida atención a lo que cada uno alegaba. Después de un rato me percaté que argumentaban en una dirección perfectamente conciliable, la confrontación se debía a que argumentaban en planos bien distintos. En realidad la coincidencia era plena, por lo menos en este tema ya que en otros hay discrepancias de fondo.

Unos sostenían que las cosas son independientemente de lo que circunstancialmente se opine que son y los otros mantenían que el valor de las cosas depende de criterios subjetivos. Efectivamente, una cosa es me gusta o no me gusta, prefiero o no prefiero y otra son las propiedades de las cosas que siguen siendo tales no importa como se las describa.

En otros términos, en este caso y circunscripto a este tema, a ambos lados les asistía la razón solo que el aparente enfrentamiento, como queda dicho, era debido a que estaban apuntando a planos distintos. Como veremos enseguida,  el problema serio reside en el subjetivismo y el objetivismo radicales y no en lo que se pretendía debatir en esa ocasión.

Es pertinente recalcar que el relativismo epistemológico no solo convierte en relativo al propio relativismo sino que elimina de un plumazo toda posibilidad de investigación ya que no habría nada que investigar, solo gustos dispares y circunstanciales.

En esta línea argumental debe subrayarse que el conocimiento tiene el carácter de la provisionalidad sujeto a posibles refutaciones. No es que no haya verdades que aprehender, sino que la faena es de prueba y error en un proceso evolutivo que no tiene término. Somos seres imperfectos y limitados por lo que nunca llegamos a una meta final en el conocimiento puesto que la ignorancia siempre será mayor de lo que logramos conocer.

Respecto del subjetivismo, reiteramos que una cosa es la teoría del valor donde cada uno tiene sus gustos y preferencias y otra cosa es lo que se ha denominado un “subjetivismo radical” que puede ejemplificarse con economistas (que en otras áreas han realizado contribuciones importantes a la economía) como George L. S. ShackleLudwig M. LachmannDon Lavoie y Alexander H. Shand quienes con mayor o menor énfasis sostienen que lo subjetivo lo abarca todo puesto que no solo el valor es subjetivo sino las características de las cosas también lo son. Desde esta perspectiva las cosas son según lo que cada cual piensa que son, incluso la comprensión en la comunicación es subjetiva (al contrario de lo que nos han enseñado maestros como Umberto Eco John Ellis respecto de los textos, sobre lo que he escrito antes en detalle).

En otra oportunidad también he escrito sobre los ejes centrales del subjetivismo radical que ahora reitero parcialmente. Pensamos que de los autores mencionados en este problema medular del radicalismo subjetivista, quien mejor resume el tema es Don Lavoie por lo que brevemente centramos nuestra atención en su pensamiento que pretende vincular su tesis a la antes mencionada Escuela Austríaca.

En uno de sus ensayos de mayor significación (“Understanding Differently: Hermeneutics and the Spontaneus Order of Comunicative Process”) aparece como acápite un dictum del hermeneuta Hans-Georg Gadamer en el que Lavoie se inspira: “Por tanto, la comprensión no es un procedimiento de reproducción sino más bien uno productivo […] Es suficiente decir que uno entiende de modo diferente cuando uno entiende como tal”. En aquél ensayo de Lavoie en el que conecta el tema a la economía, mantiene que su enfoque “implica el tratar las acciones humanas como ‘textos’ sujetos a interpretación. En este plano encontramos no sólo el tema de cómo los economistas entienden las acciones de los agentes de la economía, sino también el tema de cómo los agentes se entienden unos a otros”.

A continuación Lavoie la emprende contra quienes sostienen que el hermeneuta debe tomar el texto como un proceso de copia, lo más cercano a lo que es un scanner puesto que dice que la comunicación no es un proceso de suma cero por el que se reubica información sino de suma positiva, “un proceso creativo”, ya que no se trata de un fenómeno pasivo. Según este criterio se trata de un proceso de “dar y recibir”, un fenómeno bidireccional y no meramente unidireccional.

Para utilizar un concepto muy central a la teoría de los juegos, la comunicación genera un resultado de suma positiva pero, aunque parezca paradójico, en base a lo que, dentro de lo posible, resulte lo más cercano a la suma cero de los mensajes que se intercambian. Nunca aparecería la suma positiva si cada uno interpreta cosas distintas de lo que el otro quiere significar. La conversación fructífera  nada tiene que ver con la atrabiliaria idea de interpretar el mensaje como le venga a uno en gana, porque entonces no sería un proceso de “dar y recibir” puesto que lo que se da y lo que se recibe se tornarían en mensajes desfigurados y desdibujados debido a interpretaciones caprichosas. De acuerdo a su hermenéutica, “una comunicación exitosa necesariamente se lleva a cabo de manera que un agente entiende lo que se comunica de modo diferente al otro. Hablando estrictamente, la precisión no sólo resulta imposible sino que no es deseable” (sic).

En esta última cita, resulta difícil concebir que se exprese con tanta claridad una aberración como la allí contenida, la cual, de tomarse al pie de la letra, terminarían con toda posibilidad de comunicación. Pero más grave aún es la interpretación retorcida que pretende Lavoie de los trabajos de Carl Menger —el fundador de la Escuela Austríaca— en gran medida en consonancia con Ludwig Lachmann (también inspirados por Gadamer, Richard Rorty, Paul Ricoeur y William James). Dice Lavoie que “Ser un mengeriano no consiste en (mecánicamente) copiar algo con la mayor fidelidad posible desde la cabeza de [Carl] Menger a la nuestra, sino (creativamente) interactuar con él y aprender de sus palabras […] El punto de Menger sobre el subjetivismo puede describirse como un obvio proceso hermenéutico […] Es un tipo de proceso que Menger, si lo pudiéramos imaginar hoy con nosotros, llamaría de orden espontáneo […] Entender la economía de Menger, para parafrasearlo a Gadamer, necesariamente quiere decir entenderlo de manera diferente de la que Menger lo hubiera entendido cuando escribió”.

El esfuerzo mengeriano por explicar la teoría subjetiva del valor que revolucionó la ciencia económica hubiera quedado totalmente opacada si se hubiera seguido la interpretación de Lavoie, quien deriva de la teoría marginalista un relativismo inaceptable para Menger, tal cual como se desprende no sólo en sus dos obras más conocidas sino que expresamente refutó el relativismo en la célebre disputa sobre el método (Methodenstreit) con el representante más conspicuo de la Escuela Histórica alemana (Gustav von Schmoller).

A través de esta singular interpretación que intenta Lavoie se revertiría uno de los aportes más significativos de Menger y, por tanto, de la Escuela Austríaca respecto de la pretensión de recurrir al caso histórico como sustituto del método de la ciencia económica. El relativismo de la Escuela Histórica negaba la universalidad de los postulados de la ciencia económica y sostenía que, según la nación y “la raza”, debían aplicarse distintas recetas y, aun en el mismo lugar, las teorías debían ser diferentes según el momento histórico. Rechazaban la posibilidad de conocimientos abstractos, en favor de procedimientos casuísticos.

En cuanto al orden espontáneo a que alude Lavoie, Menger lo refiere de un modo muy distinto. Por ejemplo, cuando aplica el concepto a la evolución del dinero, se refiere a procesos que son consecuencia de millones de arreglos contractuales que no son el fruto del invento o construcción deliberada de nadie y que tienen lugar debido a intereses muy fragmentados que producen como resultado un orden no-diseñado conscientemente. En el mercado, el orden espontáneo resultante constituye un proceso de coordinación que tiene lugar a través de la información dispersa que trasmiten los precios.

Antes de proseguir con la materia objeto de nuestro estudio, dada la importancia del tema, detengámonos un instante en el significado de la mencionada coordinación de información dispersa. Es frecuente que esta coordinación del orden espontáneo no sea percibida y se sostenga que si no interviene el aparato de la fuerza el resultado será el más completo desorden: ¿y si todo el mundo decidiera estudiar ingeniería y no hubieran médicos? ¿y si todos producen pan y no hubiera leche? Estas y otras preguntas se formulan debido al desconocimiento de procesos tipo “mano invisible”, sin percibir que el desorden precisamente tiene lugar cuando una junta de planificación concentra ignorancia en lugar de permitir que el sistema de precios recoja la antes aludida información dispersa.

Y no se trata de que la información es mucha y muy compleja. No es un problema de almacenamiento de información o de insuficiente memoria en los ordenadores. Esta es una cuestión posible de resolver, el asunto estriba en que la información no está disponible ex ante. Si a alguno de nosotros nos pidieran que hiciéramos una conjetura de lo que haríamos en caso de quiebra podríamos, por ejemplo, elaborar una lista de prioridades respecto de los activos que venderíamos, pero llegada la situación de quiebra cambiaríamos la lista puesto que las circunstancias se modificaron. No sabemos lo que nosotros mismos haríamos en un futuro inmediato, no sabemos qué conocimientos tendremos dentro de cinco minutos, no podemos manejar lo que ocurre en nuestro propio cuerpo porque excede nuestra capacidad analítica y, sin embargo, se tiene la arrogancia de pretender el manejo de vidas ajenas.

Entonces, el orden espontáneo no guarda relación alguna con lo que interpreta Lavoie, haciéndole decir a Menger lo que no ha dicho. Las consecuencias no previstas o no queridas que surgen de la acción, nada tienen que ver con dar rienda suelta a la imaginación para interpretar textos que no dicen lo que el intérprete circunstancial quiere que digan. Se trata de una extrapolación ilegítima de un plano para el cual fue concebida una explicación a otro plano de naturaleza sustancialmente distinta.

En resumen, el debate que mencionamos al abrir esta nota entre objetivistas y subjetivistas no tiene asidero a menos que se trate del subjetivismo radical o que el objetivismo pretenda abarcarlo todo —objetivismo radical— y así desconocer la teoría subjetiva del valor, retrotrayéndonos a interpretaciones erradas de antaño que rechazaran la utilidad marginal que tantas penurias costó su parición.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Revolución Bolchevique, 100 años de horror

Por Iván Carrino. Publicado el 21/10/17 en:  http://www.ivancarrino.com/revolucion-bolchevique-100-anos-de-horror/

 

“En el insomnio, la conciencia no se consuela por no haber participado directamente en los asesinatos y las traiciones.

Porque no sólo mata el que asesta el golpe, sino los que han avivado su odio”.

Esto fue lo que confesó Eugenia Guinzburg en sus memorias, publicadas por primera vez en 1967 en Italia, pero escritas entre 1949 y mediados de los años ’50.

Guinzburg era una joven profesora de historia y periodista orgullosa de la revolución bolchevique. Había nacido en 1904 en Moscú pero se trasladó junto a su familia a Kazán, donde estudió Ciencias Sociales.

A mediados de la década del ’30, a sus 31 años, se la acusó de actividades “contrarrevolucionarias” y se la sentenció – en un juicio de siete minutos- a 10 años de prisión. La separaron de sus dos hijos, uno de los cuales tenía tres años, y del resto de su familia, de un día para el otro. Al primero de ellos no lo volvió a ver jamás, puesto que murió durante la Segunda Guerra Mundial.

Su condena inicial de 10 años se estiró a 18. Fueron largos períodos en los cuales conoció la crueldad y la miseria de los Gulag. En su libro “El Vértigo” relata con detalles las condiciones extremas de frío, hambre, humillaciones, torturas y enfermedades que los reclusos debían enfrentar. Ella, de hecho, casi pierde la vida a causa de una avitaminosis.

Un régimen de odio y terror

El caso de Guinzburg es solo uno de los millones que ocurrieron. Se estima que entre 10 y 20 millones de personas perdieron su vida en los campos de trabajo del régimen comunista soviético.

Si bien algo similar a dichos campos existía antes de la revolución de octubre de 1917, lo cierto es que a partir de la llegada de Stalin al poder, los Gulag se convirtieron en los lugares de reclusión y castigo de todo aquel que pudiera considerarse un enemigo político de la revolución.

El sistema comunista, supuestamente instaurado para abolir las clases sociales y redimir a los trabajadores oprimidos, terminó siendo una maquinaria de opresión y terror, donde casi estaba prohibido pensar de manera crítica.

Este devenir trágico y repudiable no resulta sorprendente para los estudiosos de las bases filosóficas del comunismo. La ideología marxista sobre la cual se erigió el sistema mostraba un irreconciliable conflicto entre clases explotadoras y explotadas. La única salida a este conflicto era la dictadura del proletariado y el “gobierno del pueblo”.

Sin  embargo, una vez que se le da a un  grupo de personas el poder absoluto y se concede que son ellos quienes representan “al pueblo”, todos los que cuestionen al poder estarán cuestionando a esa entidad idealizada. De ahí a ser considerados enemigos de la revolución hay un solo paso. Y de ser enemigo de la revolución a dejar de ser considerado persona y confinado a la miseria del Gulag, otro.

La filósofa y novelista rusa Ayn Rand lo explicaba claro:

Dado que no existe una entidad tal como “el público”, dado que éste no es sino una cantidad de individuos, todo conflicto presunto o implícito entre el “interés público” y los intereses privados significa que deberán sacrificarse los intereses de ciertos hombres en favor de los intereses y los deseos de otros.

Puesto que el concepto es tan convenientemente indefinible, su uso depende sólo de la habilidad de una pandilla que proclama: “El público soy yo” y sostener esa aseveración con el uso de la fuerza.

No solo Stalin, sino todos los líderes comunistas sostuvieron que “el público eran ellos” y que todo elemento contrario a sus decisiones era pasible de ser acomodado con la fuerza del estado.

Un desastre económico

La revolución bolchevique no solo se puso como objetivo “expropiar a los expropiadores”, sino que planteaba que su sistema económico sería increíblemente superior al del anárquico capitalismo occidental.

El comunismo, al centralizar las decisiones de producción en el órgano de representación de los trabajadores, llevaría a la sociedad desde el “reino de la necesidad” al “reino de la libertad”.

Lo segundo, a la luz de lo que recientemente vimos con la carnicería de los Gulag, es claro que no sucedió. Los bolcheviques se cargaron la libertad antes que cualquier otra cosa.

Ahora en términos de la economía, el reino de la necesidad recrudeció. Es que al mismo tiempo que la Unión Soviética enviaba cohetes al espacio, su sistema productivo no era suficientemente efectivo para alimentar a su población.

Las hambrunas de 1921 y de 1932-33 son un ejemplo cabal y dramático de lo mal que funcionó la economía soviética.

Esto tampoco fue sorprendente para los economistas.

Una economía sin propiedad privada ni precios no puede dar lugar a la producción eficiente.

Además, la propiedad estatal hace desaparecer los incentivos a producir mayores bienes y servicios y de mayor calidad. Una vez derribado el Muro de Berlín, los productos soviéticos desaparecieron del mercado, prueba contundente de que detrás de la Cortina de Hierro nada servía realmente a los consumidores.

Centenario y símbolos del horror

El 25 de octubre de este año se cumple el primer centenario del día en que el Partido Bolchevique tomó el poder en Rusia.

El sistema político que se impuso de allí en adelante, y que perduró por siete décadas, fue una dictadura que persiguió, encarceló y condenó a muerte a millones de ciudadanos.

El sistema económico fue igualmente cruel, privilegiando las decisiones de la burocracia por encima de las de la gente operando en libertad.

A 100 años del comienzo del horror, es llamativo que siga habiendo partidos políticos y jóvenes desinformados que exhiban banderas y remeras con el símbolo de la hoz y el martillo.

A la luz de los datos, parece buen momento para reconsiderar dicha actitud.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

EL EGOÍSMO RODANTE

Por Sergio Sinay: Publicado el 19/5/16 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2016/05/normal-0-21-false-false-false-es-mx-x.html

 

Cuando la publicidad transmite modelos de vida y pensamiento que empeoran que empeoran el mundo 

 

Poco después del triunfo bolchevique en Rusia, en octubre de 1917, Alisa Zinóvievna Rosenbaum, nacida en 1905, se exiliaba en los Estados Unidos con su familia. Con los años, nacionalizada estadounidense, sería autora de obras como El manantial y La rebelión de Atlas. También cambiaría su nombre por el de Ayn Rand. Así se convirtió en la mentora y deidad de lo que se conoce como egoísmo ético. Sin disimulo y sin pudor esta corriente aboga por un individualismo fundamentalista e implacable, rechaza toda idea de bien común o de limitación de los propios horizontes en bien de propósitos comunitarios. Los ve como una mutilación de la libertad y propone rebelarse ante eso sin miramientos. Sólo los zánganos y los mediocres, sostiene, pueden hablar de altruismo, cooperación, compasión, empatía y otras debilidades, gracias a las cuales se aprovechan para vivir del esfuerzo y la inteligencia de una minoría de individuos brillantes, tenaces, inteligentes, corajudos y bellos. Meritorios, en fin.

 

En el dogma de Rand pensar en los otros equivale a sacrificar la propia vida. No vale la pena. Quien ayuda a otro o se preocupa por él lo daña, sostenía esta filósofa, le dice que es incapaz de velar por sí mismo y, además, se entromete en una vida ajena. Lo mismo, según su argumento, hace el Estado cuando dicta leyes, las hace cumplir, cobra impuestos o arbitra la vida de una comunidad para resguardo del bien común. Rand exponía sus argumentos de una manera sencilla, elemental, furibunda y desvergonzada. Les decía a los egoístas recalcitrantes que está muy bien ser así y que no está mal pensar en uno mismo y en el propio bien. Por supuesto que no lo está, siempre y cuando ello ocurra en un marco donde se recuerde que todos somos apenas parte de un todo que nos significa y confirma. Pero el egoísta ético no se caracteriza solo por pensar en sí (cosa que todo ser humano debe hacer como principio elemental de supervivencia), sino por su incapacidad terminal de pensar en el otro, de registrarlo y reconocerlo, de percibir que le es necesario para su propia existencia (incluso para su propia existencia egoísta). En el egoísmo ético muchos valores sobran, estorban, perjudican al “más apto”, al “más fuerte”, al “mejor”.

 

Si donde Rand, fiel a sus ideas, escribe capitalismo, se leyera “nacionalsocialismo”, y donde dice “los más aptos, creativos e individualistas”, se leyera “arios”, “raza superior” y cosas parecidas, asomarse a sus libros provocaría cierto escalofrío. Ayn Rand (muerta en 1982) contó en su momento, y cuenta todavía, con legiones de seguidores, buena parte de los cuales están entre quienes tienen poder económico y político (el presidente Macri, sin ir más lejos, mencionó alguna vez a La rebelión de Atlas como su lectura favorita) o entre quienes aspiran a tenerlo. También entre quienes creen que el mundo sería extraordinario si no fuera porque existen los demás y sus necesidades.

 

En estos días un corto publicitario de General Motors activó las ideas de Raynd (mostrándolas como novedad propia, con un lenguaje ampuloso y pueril, como el de su autora original) para presentar el modelo Cruze de Chevrolet. Un coche, parece, solo para “meritócratas”. Es decir, para seres especiales, ajenos a la chusma de esforzados ciudadanos arrasados por minucias como la inflación desbocada, los aumentos salvajes, la angustia por el futuro y la negritud del horizonte de sus hijos. No es para gente que trabaja doce horas ni que ve morir sus sueños y proyectos porque todo, desde la suerte a las regulaciones, se les pone en contra, mientras se consume el tiempo de sus vidas y mientras tecnócratas teóricos, divorciados de la realidad, le explican por qué el dolor de hoy será el goce de mañana.

 

En el corto de Chevrolet las personas no parecen tales sino muñecos de siliconas, prototipos de una raza superior, y los escenarios semejan salidos de Un mundo feliz (la distopía imaginada por Aldous Huxley en 1931, mundo carente de dolor, frustración, deseo y vida). En su Introducción a la filosofía moral, James Rachels (1941-2003) recuerda que el egoísmo ético no responde a preguntas como ¿quién decide el mérito? y ¿qué me hace tan especial? Y apunta: “Al no contestar estas preguntas, resulta que es una doctrina arbitraria, como lo es el racismo”. En este caso es también egoísmo rodante.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

NUEVA RELACIÓN CONTRIBUYENTE – ESTADO

Por Jorge Montrucchio: Publicado el 6/3/16 en http://jorgemontrucchio.blogspot.com.ar/2016/03/nueva-relacion-contribuyente-estado.html

 

“Si el Estado me dice la bolsa o la vida, ¿por qué debo obedecer y darle el producto de mi esfuerzo? Me sentiría indigno si lo hiciera.”

Henry David Thoreau

 

Hace décadas que el sector público argentino cae en periódicas crisis.  La causa se repite pero cuesta que dirigentes y la mayoría del pueblo la acepten.  Una enfermiza compulsión a gastar por encima de lo ingresado: los déficits crecen y explotan con asiduidad.  La casta política cree que los recursos son inagotables, que el maná cae del cielo porque Dios es argentino y demás mitos como que el Estado nunca quiebra y que equilibrar cuentas significa aplicar un insensible y salvaje ajuste.

 

La inflación ha sido un elemento recurrente para financiar el dispendio estatal. Una vez que se echó a andar a la máquina de imprimir billetes, hasta la hiperinflación no paramos (1989: 3079% anual) y actualmente nos ubicamos en el podio con un deshonroso 3er.lugar (Tasa anual de inflación 2015, reporte del FMI: Venezuela, 273,7%; Ucrania, 43,3%; y Argentina, 26,9%).

 

También se utilizó el endeudamiento, interno y externo, para sostener el gasto del Estado.  Esto derivó en defaults y, al no honrar nuestros compromisos, se generó el lógico aislamiento con el que el mercado somete al incumplidor.  Por consiguiente, también se afecta el comercio exterior debido a la suba de costos de financiamiento y el endurecimiento de condiciones comerciales.

 

Puede afirmarse que el balance de la dirigencia política argentina, desde el restablecimiento de la democracia, ha sido nefasto en materia de administración de la cosa pública.  Las fiestas son pagadas por los asfixiados ciudadanos, que hacen ingentes esfuerzos para cumplir con una presión tributaria efectiva que ya supera el 38% del PBI. Expoliación mayúscula con casi nula contraprestación de servicios estatales eficientes. Arthur Fraser lo puso en claro cuando dijo: “Los impuestos transforman al ciudadano en súbdito, a la persona libre en esclava y al Estado (nuestro supuesto servidor) en dueño de nuestras vidas y haciendas. Cuanto mayores son los impuestos y más insidiosa la acción recaudatoria, más súbditos y más esclavos somos del Estado.” 

 

Cabe preguntarse, entonces, ¿qué sucederá con la fiesta de despilfarro y destrozo integral de la economía que ha causado el kirchnerismo?  Para la actual administración, sin duda, estamos ante la peor de las herencias pues al desastre económico cabe sumarle el pisoteo institucional y la exacerbación de la violencia política.

 

Frente a este desolador panorama, el ineludible ajuste de las cuentas públicas le corresponde, en primera instancia, al Estado nacional.  Retardarlo con gradualismo, cubierto de eufemismos alusivos a una mal entendida sensibilidad social, implica seguir recargando a los mismos contribuyentes que pagan, de modo que poco puede esperarse en materia de genuina recuperación económica.  Así seguiremos empantanados, extendiendo injusticias y promoviendo la conflictividad de las pujas redistributivas entre corporaciones.  El marco institucional – económico se daña y puede visualizarse lo que señaló Ayn Rand: “Una sociedad que roba a un individuo el producto de su esfuerzo…no es estrictamente hablando una sociedad, sino una revuelta mantenida por violencia institucionalizada.  Aquél que produce mientras otros disponen de su producción es un esclavo.”

 

La convivencia en una sociedad organizada bajo la órbita estatal demanda una relación contractual entre Estado y soberano.  El sostenimiento económico del primero proviene de los recursos extraídos compulsivamente a los contribuyentes, pero se olvida que este aporte exige una contraprestación.  Los políticos habitualmente se quedan en la faceta redistributiva porque les brinda mayor apoyo electoral,por lo tanto dan rienda suelta a pilas de argumentaciones falaces que sigan justificando el saqueo.  Vale recordar a Adam Smith, padre de la Economía Política, quién mencionó6 principios básicos de toda política impositiva:

 

  • Principio de Justicia: cada uno debe contribuir de acuerdo a sus respectivas capacidades.
  • Principio de Generalidad: todos deben pagar o nadie debe quedar exento, de acuerdo a sus particulares capacidades contributivas.
  • Principio de Uniformidad del Impuesto: todos somos iguales frente al impuesto, sea por criterio objetivo, que es la capacidad contributiva; o por criterio subjetivo, que es la igualdad en el sacrificio.
  • Principio de Certidumbre: el impuesto debe ser fijo y no arbitrario (en fecha, forma, cantidad de pago, etc.).
  •  Principio de Comodidad: el impuesto debe recaudarse en la época y en la forma más conveniente al pago del contribuyente.
  • Principio de Economía: la diferencia entre lo que se recauda y lo que ingresa al Estado, debe ser lo más pequeña posible.

 

Casi nadie presta atención a la estructura recaudatoria, sea en presión tributaria y calidad del proceso de liquidación impositiva.  Resulta tan importante uno como el otro.  Urge recuperar principios republicanos que respeten al ciudadano:a) como agente creador de riqueza, por ende se lo debe rapiñar lo mínimo posible; b) como contribuyente, simplificandolos procedimientos de liquidación y facilitando medios y formas de pago; c) como ciudadano: administrando con responsabilidad y eficiencia, rindiendo cuentas del uso del dinero aportado por el soberano.

 

Cuando se evita revisar la carga impositiva, se está dando por descontado su carácter inexorable. Fue impuesta por gobiernos, ergo constituye una obligación ineludible.  Eso está alejado de la realidad económica pues una política impositiva justa debe minimizar la exacción a la producción ymaximizar el disfrute del valor aportado por el ciudadano al proceso productivo.

 

 

Otro mito sobre el Estado tiene que ver con la política de contratación.  La sociedad no cuestiona cuando se toma empleados ni para qué funciones, el papá Estado lo decidió entonces está bien.  Cuando sucede lo contrario surgen los cuestionamientos porque se piensa que todo despido per se es malo.  Sería deseable que la nueva relación entre Estado y contribuyente muestre una relación transparente donde se explicite toda contratación, con detalle de funciones y sueldos, y el respectivo diagrama de funciones del área dentro del organigrama del organismo público a fin de evaluar su utilidad o agregado de valor.  Así se estaría justificando la erogación y respetando al pagador de impuestos.

 

En tanto las medidas gubernamentales no contengan una reformulación integral del sistema impositivose estará obrando por el camino más corto y fácil de diseminar los costos en millones de personas sin poder de lobby.  Esa ruta facilista va minando las fuerzas productivas, alentando la informalidad y generando un contexto donde impera la mala asignación de recursos, quitando productividad a la economía en su conjunto.  El ciudadano se ve doblegado por un círculo vicioso en el cual la expoliación traba el progreso; al respecto James Dale Davidson expresó: “Los políticos no se limitan a exigirte tu dinero: quieren tu espíritu. Quieren doblegarte con sus impuestos hasta que te veas indefenso. Si subvencionamos la pobreza y el fracaso, lo que obtenemos es precisamente más pobreza y más fracaso.” 

 

A modo de conclusión, repasemos números sobre los agentes económicos, independientes y olvidados, que no pertenecen a corporaciones y aún aguardan respuestas del gobierno.  Según el Censo 2010 la PEA en ese año ascendía a 18 millones de personas, de los cuales 12.833.173 eran obreros o empleados, en tanto los independientes (sea patrones, trabajadores por cuenta propia o trabajador familiar) ascendía a 5.243.573.  Las PYMES rondan las 600.000 al 2015, informacióndel Ministerio de la Producción. Los monotributistas superan los 2.250.000 (Infoabe, 11/09/2013).

 

Estos números muestran a un segmento relevante de la economía argentina.  ¿Quién los escucha?Los emprendedores, independientes, autónomos y pequeños y medianos comerciantes y empresarios conforman el gen del crecimiento económico, máxime cuando el Estado nacional se ve obligado a despedir cientos de miles de personas que podrían ser absorbidas por este sector si se les quitara trabas a su desarrollo.  Estos postergados agentes económicos saben lo que es competir, enriquecen el mercado con su oferta, ansían movilidad social y tienen alto potencial para crecer.  Hoy se hallan atados, en muchos casos no pueden blanquearse por los costos elevados y absurdos de la formalidad, y además por los sobrecostos que genera la maraña burocrática y el Estado gigante; en definitiva, se encuentran estancados frente al progreso.

 

El gobierno tiene una deuda grande ante este grupo de ciudadanos.  Fomentar su desarrollo se traduce en dejarlos libres para crear riqueza y así beneficiar al prójimo, reduciendo la cantidad de tributos (¡hoy ascienden al vejatorio número de 96!, aporte del Dr. Antonio Margariti), las alícuotas y los esquemas y escalas impositivas. La responsabilidad de un cambio revolucionario en la política tributaria recae en el PE al igual que en el PL, de acuerdo a lo establecido en la CN. Su horizonte debe llamar a una nueva relación contractual entre ciudadano y Estado nacional, que legitime aporte y contraprestación y, simultáneamente, potencie el crecimiento económico, recuperando la dignidad y soberanía del ciudadano.  ¡Cambiemos ya!

 

Jorge Montrucchio es Periodista especializado en Política y Economía. ES Master en Economía y Ciencias Políticas DE ESEADE

 

Pobreza fuente de riqueza

Por Armando Ribas. Publicado en: http://www.laprensapopular.com.ar/17789/pobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=8&utm_content=http%253A%252F%252Fwww.laprensapopular.com.ar%252F17789%252Fpobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas

 

Cada vez se hace más evidente la tendencia socialista de ignorar que en nombre de la igualdad aumenta la pobreza y surge la riqueza de los que la reparten. Desde hace 2500 años Aristóteles advirtió: “Cuidado porque los pobres siempre serán más que los ricos”. Ese riesgo se está corriendo en Argentina y también en el mundo Occidental, al cual pertenece la América Latina. Pobreza mediante se genera un proceso que culmina en una oligarquía democrática, que representa el sistema antitético al que generara riqueza por primera vez en la historia. Ese sistema se basó en que las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías. Así escribió James Madison en la Carta 51 de El Federalista: “En una sociedad bajo la cual la facción más poderosa se puede unir y oprimir a la más débil, puede decirse que reina la anarquía, como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro contra la violencia del más fuerte”.

Al respecto de esa problemática fue David Hume quien sabiamente previno que el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas. Pero el problema está presente aun en los propios Estados Unidos. Basta oír el reciente debate de los candidatos a presidente del partido demócrata. Al oír hablar a algunos de ellos, con Hillary Clinton a la cabeza, pareciera estar oyendo a los políticos latinoamericanos, con honrosas excepciones tales como fueran en Argentina Sarmiento y Mitre. O sea está presente la temática de la desigualdad social creada por el sistema capitalista. Por tanto la llegada al poder se basa no en la igualdad de oportunidades sino de resultados.

La consecuencia de esa supuesta preocupación por los pobres y la igualdad, que en algunos casos puede ser producto de un sentimiento y un error de concepción, en la práctica es el principio por antonomasia para llegar al poder e ignorar el sistema ético político que generó riqueza por primera vez en la historia. Y como dice Ayn Rand: “La compasión no genera una hoja verde y menos una hoja de trigo”. Así no podemos ignorar que a través de la historia la riqueza pertenecía a los que tenían el poder. O sea los monarcas y la aristocracia. Riqueza que en términos de los bienes que hoy están a nuestro alcance o nuestros deseos era una ficción.

La riqueza no la crea la naturaleza, sino que por el contrario tal como lo señala William Bernstein en su “The Birth of Plenty”: “Antes de la era moderna, hambre, enfermedades y guerras, más a menudo que no, abrumaban la inclinación humana de procrear”. Ya en el siglo XVII el terremoto de Lisboa en el que murieron cientos de niños produjo una discusión que todavía está presente. Rousseau culpo del desastre al hombre por haber construido la iglesia. Por supuesto Voltaire le refutó diciendo: “Que culpa tenían esos niños de la construcción de la Iglesia”. La creación de riqueza partió  de la organización de un sistema de gobierno en el que se tomaba en cuenta la naturaleza humana y no la pretensión de cambiarla y así surgió la libertad.  Es un hecho evidente que es la naturaleza la que ha creado al hombre con distintas capacidades de ahí resulta la creación la fortuna, que no solo favorece a quien la crea sino a la sociedad en su conjunto. Por ello Adam Smith dijo: “El individuo en la persecución, frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente, que cuando realmente intenta promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

Ese principio sin lugar a dudas es fundamental para establecer el sistema de libertad que genera riqueza, y que en la actualidad está amenazado, no solo por el socialismo, sino que el surgimiento del recalentamiento global se ha unido a la desigualdad como la excusa para descalificar éticamente al sistema capitalista. Si Marx viviese no solo diría que es la explotación del hombre por el hombre sino también el destructor de la naturaleza. O sea es la nueva excusa en la búsqueda del poder y la descalificación de la creación de riqueza. Así son los ricos también culpables de la posible destrucción de la naturaleza, Y en esa descalificación se ignora que los ricos también viven en la tierra. Tanto así que se produjo una reunión de 80 empresarios de las principales empresas americanas para acordar como financiar el costo de eliminar las causas del recalentamiento.

Otro factor en desmedro del sistema capitalista, que como he repetido hasta el cansancio no es económico sino ético, político y jurídico y la economía la consecuencia de la acción de los hombres en concordancia con el sistema. Así se ha pretendido culpar  a los bancos y al sistema financiero por la crisis del 2007 en Estados Unidos. Así se ignora que la misma resultó de la ley de Carter por la cual se establecía que todos los americanos tenían derecho a una casa propia. Entonces se crearon Fannie May y Freddie Mac con el propósito que prestaran a quienes no alcanzaban a tener un ingreso promedio. La consecuencia fue el denominado Bubble (Burbuja). O sea la culpa de la crisis no fue de los bancos sino de la política del gobierno que fue el que creó las condiciones para que se iniciara la especulación. Según Stephen Moore en su artículo publicado por Heritage Foundation en la actualidad Freddie Mac y Fannie May están de nuevo prestando en las mismas condiciones que durante la crisis del 2004-2007. Por ello considera que Estados Unidos no ha aprendido nada y está de nuevo al borde de otra crisis.

El sistema financiero es el sistema sanguíneo de la economía. Por supuesto es fundamentalmente especulativo, pues todo accionar cuyo resultado depende del futuro es fundamentalmente especulativo. Pero debe tenerse en cuenta que los resultados de esa especulación y que generan crisis se deben a factores externos. Por ello haber salvado al sistema bancario vía el Federal Reserve es una obligación de su accionar como prestamista de última instancia. Ya debiéramos saber que no puede existir un sistema bancario de reservas fraccionarias sin la existencia de un prestamista de última instancia. En si ese salvataje a quien protege fundamentalmente no es a los dueños de los bancos, sino a todos los depositantes.

Pero volviendo directamente a la pobreza y sus efectos políticos, no cabe la menor duda de que es el origen de la demagogia implícita en el sistema socialista y por supuesto en el llamado populismo. Y el socialismo por definición  desconoce directa o indirectamente el derecho de propiedad, y por supuesto el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que está implícito en el concepto de la mano invisible. Y es un hecho incontrovertible que cuando en nombre de las mayorías y de la igualdad se desconoce el derecho de propiedad no hay creación de riqueza. China es el mejor ejemplo reciente por el salto que dio entre Mao Tse Tung y Deng Tsiao Ping.

Y es un hecho que cuando el gasto público alcanza o supera el 50 % del PBI el nivel de los impuestos determina una violación paladina de los derechos de propiedad. Es un hecho reconocido que cuanto mayor es el nivel del gasto público en búsqueda de la igualdad, menor es la tasa de crecimiento de la economía. Esa es la causa de la crisis de la Unión Europea La consecuencia es una mayor pobreza en tanto que la riqueza restante pasa al poder político. Y por ello es que igualmente genera una mayor corrupción que según CATO se desarrolla en Bruselas. Y ni que hablar de los países de América Latina.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.