La Escuela Austríaca de Economía (2° parte)

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/03/la-escuela-austriaca-de-economia.html

 

“Muchas de las ideas de los principales economistas austriacos de mediados del siglo XX, tales como Ludwig von Mises y F.A. Hayek están fundadas en las ideas de economistas clásicos tales como Adam Smith y David Hume, o en las de algunas figuras de principios del siglo XX como Knut Wicksell, además de Menger, Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser.”[1]

Confluyen en las vertientes de la Escuela la de los autores clásicos de los cuales aquí solo se dan algunos pocos nombres. Habría que agregar a Edmund Burke, Adam Ferguson, John Locke, Herbert Spencer y varios otros más que, desde posturas más o menos afines, confluyeron en un núcleo de ideas que daría punto inicial a la Escuela Austríaca de Economía. No obstante, se pueden encontrar algunos denominadores comunes en la diversidad de los nombres citados. Y esos puntos coincidentes son la coincidencia de todos ellos en la necesidad de la libertad y la propiedad privada como basamentos de toda economía sin las cuales ninguna economía podría llegar a merecer ese nombre. De todos ellos, Ludwig von Mises es quizás el más enfático a este último respecto.

“Esta diversidad de tradiciones intelectuales en la ciencia económica es todavía más evidente entre los economistas de la Escuela Austriaca en la actualidad, quienes han recibido la influencia de algunas de las figuras más relevantes de la economía contemporánea. Estos incluyen a Armen Alchian, James Buchanan, Ronald Coase, Harold Demsetz, Axel Leijonhufvud, Douglass North, Mancur Olson, Vernon Smith, Gordon Tullock, Leland Yeager y Oliver Williamson, además de Israel Kirzner y Murray Rothbard. Mientras que algunos pueden afirmar que una única Escuela Austriaca de economía opera dentro de la profesión económica en la actualidad, también se podría argumentar con cierta sensatez que el rótulo “austriaco” ya no posee ningún significado sustantivo.”[2]

Ciertamente el rótulo “austríaco” ha perdido todo su significado como para designar con precisión los postulados de la escuela, pero resulta ser que ha alcanzado su arraigo a través de una tradición que se mantiene en nuestros días y resulta bastante difícil de erradicar. Maxime si se tiene en cuenta -como bien dice el párrafo – la multiplicidad de aportes que han realizado a la escuela intelectuales que -en principio- son ajenos a la misma o empezaron siéndolo y finalmente terminaron adhiriéndose a sus proposiciones. Algunos autores, como el profesor Alberto Mansueti, han preferido -con acierto a nuestro juicio- utilizar las palabras “escuela austriana” y referirse a sus miembros como “austrianos”. De todas maneras, más que de las etiquetas, nos interesa ocuparnos de los contenidos, y en este sentido las contribuciones de todos los mencionados (faltan muchos nombres más, por cierto) son de una importancia y relevancia fundamental.

Veamos seguidamente algunas de las propuestas más relevantes de nuestra escuela:

“Proposición 1: Sólo los individuos eligen.  El hombre, con sus propósitos y planes, es el principio de todo análisis económico. Sólo los individuos eligen; las entidades colectivas no hacen elecciones. La tarea principal del análisis económico es hacer inteligible el fenómeno económico, apoyándolo en los propósitos y planes de los individuos. La tarea secundaria de la economía consiste en indagar las consecuencias no intentadas o no previstas que pueden surgir como consecuencia de las elecciones individuales.”[3]

Toda acción es individual y toda acción es fruto de una decisión, mucho o poco meditada, pero, siempre deliberada que es lo que va a desembocar en una acción, la cual -por definición- solo puede ser individual y humana. No hay actos no deliberados ni automáticos en el campo de la acción humana. Aun las conductas más impulsivas han sido fruto de un cierto grado de deliberación sobre la misma. De tal suerte que, no cabe sino metafóricamente hablar de acciones “colectivas” lo cual no es más que una impropiedad, tal como cuando de ordinario se alude a “decisiones” de países, naciones, gobiernos, sociedades, grupos, etc.”. Sólo pueden concebirse estas últimas expresiones en un sentido puramente figurado, pero nunca literal. La acción siempre es humana y siempre es individual, no colectiva.

“Proposición 2: El estudio del orden del mercado versa fundamentalmente sobre el comportamiento de intercambio y las instituciones dentro de las cuales tiene lugar el intercambio. El sistema de precios y la economía de mercado se entienden mejor bajo el término “catalaxia”, y la ciencia que estudia el orden de mercado cae bajo el dominio de la “cataláctica”. Estos términos se derivan de la palabra griega katalaxia –que significaba la acción de intercambiar y convertir a un extraño en amigo, como consecuencia del intercambio. La cataláctica centra el análisis en las relaciones de intercambio que surgen en el mercado, la negociación que caracteriza el proceso de intercambio, y el contexto institucional en el que estos intercambios tienen lugar.”[4]

En un campo más amplio aún, toda relación social implica acciones de intercambio de todo tipo, pero esos intercambios (que pueden ser, incluso, de ejemplo, afectivo o familiares) adquieren interés para la cataláctica cuando se realizan por un precio, entendido como síntesis del entrecruzamiento de valores dispares que son, en suma, los que motivan a los agentes económicos a intercambiar. Es cuando alcanza sentido entonces esta última locución “agentes económicos”. Para que exista cataláctica, entonces, han de haber relaciones de intercambio dentro de un proceso que se denomina de mercado. Los elementos de este proceso se distinguen como de oferta y demanda. Friedrich A. von Hayek ha caracterizado el sistema de precios como un tablero de señales que ofician de guía pare indicar -tanto a compradores como a vendedores- dónde existen escaseces relativas que son -en definitiva- los renglones a los cuales se orientarán los recursos, dando lugar a un mecanismo más: el de inversión.

Sin precios, sin propiedad privada y sin moneda, sencillamente, no hay mercado, y sin mercado no hay economía. Por eso, se dice que constituyen tres pilares fundamentales para la existencia de un verdadero sistema económico.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar

[2] Peter J. Boettke , Ibidem.

[3]Peter J. Boettke, Ibidem.

[4] Peter J. Boettke, Ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Argentina: Porqué el gobierno no debe endeudarse

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 25/4/16 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/04/argentina-porqu%C3%A9-el-gobierno-no-debe-endeudarse.html

 

La mayoría de los economistas, que pretenden imponer planes de vida a los demás, afirman que no es bueno ni malo que lo gobiernos se endeuden y,  continúan diciendo, que todo depende cuáles son los motivos que dan origen a la deuda en cuestión. En la Argentina de hoy, el gobierno tuvo que acudir al empréstito externo ante un fallo judicial adverso, consecuencia de  15 años de default, pero en modo alguno una situación extraordinaria debe convertirse en regla de política económica.

Desde el sito oficial del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas, se afirma que el ministro Alfonso Prat-Gay calificó como “tremendamente exitosa” la emisión de bonos de deuda que lanzó la Argentina (con una demanda de más de 60 mil millones de dólares), del pasado martes 19 de abril. Al mismo tiempo, la principal autoridad del ministerio afirmó que ahora “empieza un nuevo camino que nos llevará a la inversión y al trabajo digno”.

Con igual fuente, se destacan otras opiniones del ministro: “Esta es la demanda más grande de la historia para un bono o acción de un Gobierno o empresa de mercados emergentes. Está posiblemente entre las 20 más grandes de la historia para una emisión de un país que todavía hoy está en default”. Prat-Gay también resaltó que el Gobierno no está “en una etapa de ajuste; al contrario, estamos poniendo el foco fiscal en los más débiles y vulnerables”, “la salida del default supone un impulso para la atracción de inversiones que permitirán el desarrollo del ambicioso plan de infraestructura que tiene el Gobierno del Presidente Mauricio Macri”.

En razón de lo expuesto, el ministro estaría dispuesto a volver a colocar deuda en el segundo semestre del año si observa (como estima el equipo de Finanzas) que las tasas posteriores al pago a los holdouts se reducen considerablemente. Todo ello, presuntamente sujeto a una hipotética mejora de los indicadores económicos.

Pues bien, ¡las cartas están echadas! Como indica el antiguo y popular axioma del derecho: a confesión de parte, relevo de pruebas. El gobierno implementará medidas activas de política económica sustentadas en la fundamentación keynesiana, dicho sea de paso, a pesar de los esfuerzos realizados por el Banco Central y a pesar de la generalizada creencia de que el gobierno de Macri es de raíz liberal.

Este tipo de argumentación sugiere que se formule la siguiente pregunta, ¿es necesario confiar al gobierno, una vez más, como en los últimos setenta años, el tipo de políticas que nos llevaron a esta crisis? La opinión de Axel Leijonhufvud deja en claro una interesante visión al respecto: “En nuestros días, muchos economistas prominentes entienden que la obra de Keynes tiene fallas tan profundas, está incluso tan colmada de errores, que no es necesario estudiarla. De hecho, prevalece la opinión de que la revolución keynesiana en lo tocante a la política macroeconómica fue un interludio infortunado que hoy ya ha sido superado”.

Pero no es cierto que “Keynes ha muerto”, el intervencionismo de los gobiernos es una amenaza cierta y creciente para la economía del globo. Y el keynesianismo, en sus múltiples vertientes, representa la más sofisticada estrategia para socavar los derechos de los contribuyentes. En los hechos, su síndrome florece en las oficinas de Hipólito Irigoyen 250 de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas de la República Argentina −antes con Axel Kicillof, ahora con Alfonso Prat-Gay−.

Kicillof, en su infructuoso intento de financiar el déficit con endeudamiento externo, tuvo que ajustarse al único instrumento que le quedaba, la expansión monetaria. Prat-Gay, en cambio, hará realidad el sueño de su antecesor: dar rienda suelta a la deuda pública.

Se debe tener bien presente que la deuda pública a largo plazo es un argumento extraño y perturbador, principalmente, porque en ninguna empresa humana existen valores eternos. La deuda pública a largo plazo presupone la estabilidad del poder adquisitivo del dinero. Y esa idea de estabilizar el poder adquisitivo de la moneda surgió del deseo de crear una esfera inmune al incesante fluir de las cosas humanas, tal la soberbia exposición de Ludwig von Mises.

Manera extraña, si la hay, de ver a la ciencia económica, y que llevó a conjeturar la asunción de una tasa libre de riesgo. Un concepto teórico de la economía que consiste en la existencia de una alternativa de inversión sin riesgos para el inversionista. El planteamiento ofrece un rendimiento seguro en unidades monetarias a plazos prefijados, donde no existen riesgos crediticios ni de reinversión ya que, vencido el período, se dispondrá inexorablemente del efectivo. En la práctica, se suele asociar el concepto con el rendimiento de los bonos a diez años del Tesoro Estados Unidos. Como la inversión es libre de riesgo, se considera que la probabilidad de no pago de un bono emitido por Estados Unidos, al plazo indicado, es cero.

Países como el nuestro, en cambio, y todos los demás del orbe, según su riesgo implícito serán catalogados conforme la metodología del J. P. Morgan Chase. Un estándar de puntos básicos que expresa la prima de riesgo con base al comportamiento de la deuda soberana. La penalidad será más alta cuanto menor sea la certeza de que el país honre sus obligaciones, y viceversa.

Los préstamos públicos rara vez han sido redimidos honrando el reembolso de su capital. Más bien, la corriente ha sido siempre ir acumulando nuevas deudas sobre las antiguas, así lo refleja la historia financiera del último siglo. Y su resultado, además de ahuyentar los capitales privados invertidos en esos países, son la pobreza y el atraso de los supuestos beneficiarios.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.