El gobierno es un divague

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/2/19 en: https://alejandrotagliavini.com/2019/02/25/el-gobierno-es-un-divague/

 

Por profesionalismo evito títulos “subjetivos”, este no lo es. La situación ha tomado un cariz que lo serio es, precisamente, decir que se está perdiendo objetividad, sentido común y lógica.

Macri dijo que “los argentinos no quieren volver para atrás” pero el PBI no deja de caer, vamos para atrás. Entretanto en la Rosada aseguraban que “En diciembre de 2019, la economía estará más sana que en 2015”. ¿Tanto cuesta ser realista y aceptar los datos -oficiales- que muestran lo contrario?

Dicen que baja la inflación. Imposible. Para empezar no entienden que este fenómeno es el exceso de emisión de moneda en tiempo real. Así, “absorber” pesos del mercado no tiene sentido porque, una vez emitido el exceso, precisamente vía aumento de precios, el mercado equilibró la oferta y demanda. Si a posteriori se retira moneda del mercado ofreciendo tasas altas, se provoca una “emisión negativa” es decir, en tiempo real se baja artificialmente la demanda de dinero, no los precios.

Además, están los números. Dice el gobierno que está bajando “desde los registros de septiembre y octubre de 2018”. Entre noviembre y enero, el aumento mensual de los precios fue de entre 2,5% y 3,2%, la mitad que septiembre. ¡Qué alentador! ¿Pero, y si es verdad que en febrero superará el 3,5% y que sigue subiendo?

Según el oficialismo, el índice de precios mayoristas es un anticipo y aumentó 0,6% en enero, acumulando 2% en el último trimestre, el crecimiento más bajo desde fines de 2016. La realidad es que esta baja -circunstancial- nada tiene que ver con la inflación, sino que, por el contrario, muestra recesión en aumento, y la contrapartida es una caída mayor en la demanda de dinero.

Por esta ridiculez de creer que “absorbiendo” dinero baja la inflación, el BCRA volvió a subir las tasas -Leliq casi en 50%- aumentando la “bicicleta”, destruyendo la producción. Insólitamente, lo hacen para “frenar” al dólar como si su precio provocara inflación y no al revés.

A ver, el precio del dólar tiene que subir porque es, precisamente, otro precio y dada la inflación debe acomodarse, por oferta y demanda, para equilibrar al mercado. Con un dólar artificialmente planchado, el precio en dólares de los productos debería aumentar al ritmo de la inflación -de los costos- lo que los deja fuera de competencia. Así es como las exportaciones caen.

Insólitamente el gobierno dice que esta “construyendo una macroeconomía más sana… hacia el déficit cero… un tipo de cambio competitivo y estable, con superávit comercial… Este es el camino para reducir la inflación”. Sin palabras, de no creer. Y remata argumentando que van a reactivar “a partir de las exportaciones, la continuidad de la baja de tasas y la recuperación de salarios y jubilaciones”. Por cierto, las ventas minoristas cayeron 11,6% en enero, 13 meses consecutivos de baja.

Economía estimaba que las exportaciones crecerían arriba de 20% en 2019. Y la realidad muestra que, por el contrario, caen. Bajaron 4,7% interanual en enero y la cosa va para peor -por el desfasaje dólar/inflación- a pesar de los pronósticos -basados en deseos imaginarios- del gobierno y muchas “consultoras” al punto de prometer un superávit comercial en 2019 al nivel del 2012.

Si todavía hubo superávit -no por mucho tiempo- de US$ 372 M en enero frente a los US$ 1.000 M proyectados, se debe a la recesión, la destrucción de la producción que logró que las importaciones cayeran 26,5%.

Pero el gobierno no se escapa de la realidad con sus solas fuerzas, además de las “consultoras” hay otros “expertos”. Por caso, cuando está claro que el problema es un exceso de Estado parasitario sobre el mercado cada vez más expoliado, la “mejor escuela de negocios”, ubicada en Pilar, propone ahondar el problema. En un informe afirma que “el rol contractivo de las erogaciones del sector público sobre gastos de inversión y consumo… brinda sustento a la contracción”.

O sea, la baja del gasto estatal provoca la recesión económica. Dios nos libre de estos “expertos”, como el FMI asegura que “se están logrando avances importantes”. Claro, al ser un banco (multi) estatal es, necesariamente, estatista y estatizante y, entonces, considera que la consolidación del Estado es un “avance”.

Divagues de lado, el diario económico global más prestigioso, The Wall Street Journal, en un editorial -“Brexiteers for Argentina”- asegura que “El Brexit no funcionará con el modelo económico… inflacionario de Argentina”, sino convirtiendo a Gran Bretaña “en un Hong Kong o Singapur, con baja regulación, bajos impuestos y libre comercio…”.

Según Came, de cada “$ 100 que entran a una pyme, 46 va a impuestos”, y queda mucho por sumar. Así, según O. Ferreres, la Inversión Bruta Interna Mensual cayó 5,6% interanual en 2018, y va para peor. Los Procedimientos Preventivos de Crisis se duplicaron durante el macrismo, y ahora se conocieron los casos de Coca Cola, Avianca, Editorial Atlántida, y Fate que asegura que el problema se agudizó con las retenciones a las exportaciones industriales -una alícuota del 8%- y la disminución del reintegro a dichas ventas.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Están en contra de las ‘low cost’ porque cuidan sus privilegios, que son los ‘high costs’ que pagamos nosotros

Por Martín Krause. Publicada el /12/16 en: http://bazar.ufm.edu/estan-las-low-cost-cuidan-privilegios-los-high-costs-pagamos/

 

Hace unos días participé en un panel sobre “Economía” organizado por Hacer y Estudiantes por la Libertad, en el cual pude escuchar las acertadas críticas a ciertos aspectos de la política económica argentina, en particular, a la situación fiscal y el gasto público, un problema que, en general, todos los economistas reconocen. El tema, por supuesto, es qué se puede hacer y cuánto se puede avanzar, las que son preguntas políticas más que económicas. Y el carácter político de esas preguntas deriva, en última instancia, en ciertas ideas y valores que predominan en la sociedad.

Y, en muchos aspectos, se sigue mostrando una matriz claramente populista: en un país donde el populista de turno ha otorgado privilegios a tal o cual sector, luego cada intento de reducirlos genera una resistencia que, en algunos casos, hasta puede ser violenta. Nadie quiere resignar nada, y el Estado no da un buen ejemplo porque tampoco resigna nada, y afloja ante la más mínima resistencia.

Ahora, uno de los últimos casos, tiene que ver con el cambio en la presidencia de la compañía aérea estatal, Aerolíneas Argentinas, y las supuestas causas. Hay otras, pero me voy a concentrar en una de ellas: la supuesta resistencia de la presidente ante el posible ingreso de nuevos competidores en el mercado, especialmente algunas ‘low cost’.

Escuchaba a un periodista en la radio alabar a la funcionaria, la que se habría ido en virtud de que quería ‘defender a la empresa estatal’. Hoy, el secretario de la Asociación de Personal Aeronáutico figura diciendo que “decididamente vamos a impedir el arribo de las ‘low cost’.

“Vamos a impedir” no suena muy bien. Más bien, suena a que vamos a violar los derechos de otros. Y esos derechos son los de todos los ‘consumidores’ o ‘pasajeros’ argentinos a quienes se les quiere impedir tener el derecho a elegir, y la posibilidad de poder viajar más barato.

Se da prioridad a tener una “empresa estatal” de bandera, como si fuera un gran orgullo nacional, orgullo que nos costaba 700 millones de dólares al año y ahora, al menos ha costado 300. Y tienen prioridad, por supuesto, los sindicatos: la empresa no es para servir a los ciudadanos que quieran o necesiten viajar, la empresa es para los gremios y los empleados. Y los beneficios que estos tienen los pagarán, por ejemplo, los que viven en Formosa y se tienen que tomar un ómnibus por 24 horas para visitar a alguien en Buenos Aires. Todo eso, por supuesto, en nombre del pueblo y la empresa “nacional y popular”.

Donde más ciegos son es en aferrarse a ese pequeño privilegio, que no solamente perjudica a quienes quieren viajar, sino que a ellos mismos. En todas las desregulaciones que han tenido lugar en los últimos tiempos, principalmente en Estados Unidos y en Europa, el resultado ha sido una explosión de nuevas empresas, en la cantidad de vuelos y en el número de trabajadores en la industria, sin contar los beneficios de todos los vinculados con el turismo y otros.

Pero no, todo eso se sacrificará en aras de ese pequeño coto de caza que algunos quieren sostener. Estar en contra de las ‘low cost’ significa, de una forma u otra, estar a favor de las ‘high cost’.

Para embarrar el tema lo máximo posible he visto que sostienen que se estarían dando privilegios a Avianca porque habría comprado la empresa que era del padre de Macri. Todo puede ser en este país, pero en tal caso, corresponde que no exista tal privilegio como tampoco los que tienen ahora. Por más que fuera cierta, esa denuncia no hace mella en el argumento en favor de más competencia.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).