La “pax (cambiaria)”… del cementerio

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 6/8/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/08/06/la-pax-cambiaria-del-cementerio/

 

Dos semanas después de que Trump lamentara que la fortaleza del dólar estaba reduciendo la ventaja competitiva de EE.UU., irónicamente, sus últimas amenazas comerciales están provocando más alzas del billete que se ha apreciado frente a una amplia variedad de divisas de países emergentes. Después de que ordenara evaluar un aumento de los aranceles a bienes chinos desde el 10% hasta el 25%, inmediatamente el yuan se debilitó al nivel más bajo -contra el dólar- desde mayo de 2017 y ya se deprecia 5% en lo que va del año.

La fortaleza de la divisa estadounidense es generalizada tanto que el índice que pondera su tipo de cambio con las 10 mayores divisas del mundo está cerca de máximos de los últimos doce meses. Las monedas de los emergentes podrían perjudicarse mientras que la condición de refugio del dólar atrae los flujos que huyen de otros lugares por mayor aversión al riesgo, dada la guerra comercial. Muchos analistas como Sacha Tihanyi, estratega de mercados emergentes de TD, prevén que el dólar seguirá subiendo.

Pero Argentina, como siempre, a contramano, y el dólar baja. Ahora, ¿baja o lo están bajando a la fuerza? La pax cambiaria parece la pax de los cementerios: a costa de matar a todos en el mercado.

El dólar cayó debido a los cañonazos del gobierno. Las políticas oficiales están provocando tasas exageradamente altas que atraen a los inversores golondrina y destruyen al crédito productivo. Siguió subiendo la tasa de interés entre bancos en las “RIPO”, “Call Money”, “swaps cambiarios” y mercado secundario de Lebacs, con la suba de las tasas de interés implícitas operadas por el mercado financiero.

Además, el Gobierno anunció que las licitaciones diarias de dólares a través del BCRA -que ya pasaron de US$ 100 M a 75 M- desde este lunes 6 de agosto, serán de 50 M. Y el BCRA se mostró activo en el mercado de futuros vendiendo contratos de agosto. O sea, el oficialismo regala dólares que paga el sector privado, la parte eficiente de la economía.

Obviamente, una de las cosas que más teme el gobierno es el “pass through”, el traslado de la suba en la cotización del dólar a los precios, al IPC. A ver, inflación e IPC son cosas distintas. La inflación es exceso de emisión monetaria -en tiempo real- y no “exceso” de moneda en el mercado como cree el neoclasicismo.

De modo que la suba del dólar no es motivo directo de inflación, aunque sí puede impactar sobre el IPC. Y en todo caso, lo que producirá es un reacomodamiento en el consumo según varíen los precios relativos y la oferta y demanda. De hecho, el alza de los precios va por detrás de la divisa estadounidense. Según las empresas alimenticias, el valor que hoy pagan los consumidores por los artículos implica un dólar cercano a los $22,50, retraso que se debe a la caída de la demanda.

Quedó el trauma de que, en diciembre de 2015, el repunte de la divisa fue del 35% -por la salida del cepo- mientras que el IPC aumentó 41% en 2016, pero este aumento obviamente se debió a la inflación y no a la subida del dólar. En el primer semestre de 2018, el tipo de cambio acumuló una suba que, en su punto más alto, tocó el 55% frente a un crecimiento del IPC del 16%. En otras palabras, el traslado a precios, si lo hubo, no llegó al 33%. Según el IARAF, la experiencia muestra que, en promedio, el “pass through” argentino tras una devaluación ronda el 20%, porcentaje superior al de la mayoría de los países de la región.

El BCRA apuesta a 60 días más de pax cambiaria y prepara medidas para un “shock de confianza”. Mas bien deberá ser un shock eléctrico, a ver si logra revivir al mercado para entonces muerto. La autoridad monetaria lo dijo sin tapujos, la “prioridad pasa por estabilizar el mercado de cambios… no nos va a importar el nivel de actividad entretanto”.

El plan de los próximos 60 días incluye la disminución gradual del costo del dinero y un esquema para resolver el stock de Lebac, ya que el 15 de agosto vencen $ 578.524 M (64% del total). Lo que no se renueve conlleva emisión exagerada y eso sí impacta en la devaluación del peso. A favor de una renovación masiva, los bancos vienen incrementando su participación relativa en estos títulos y ya tienen alrededor de 40%, contra 30% de hace unos meses. Y uno de los rumores -coherente con el tipo de “pax” que ejerce este gobierno- dice que los bancos serán obligados a suscribir una mayor cantidad de Lebac.

En fin, las cosas encorsetadas por la fuerza, la paz a los cañonazos, tienen patas cortas. Además de matar al mercado -que es el único que produce riqueza- el dólar, más tarde o más temprano, de un modo u otro, se tomará revancha.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Cinco gráficos para entender la corrida cambiaria y la vuelta al FMI

Por Iván Carrino. Publicado el 10/5/18 en: http://www.ivancarrino.com/cinco-graficos-para-entender-la-corrida-cambiaria-y-la-vuelta-al-fmi/

 

La delicada situación financiera que atraviesa el país responde a cuestiones internacionales y domésticas. El pedido al FMI busca ganar tiempo para que no se hunda el gradualismo.

Argentina es como un adicto en tratamiento. Su adicción es el déficit fiscal, que cada determinado período de tiempo genera una crisis de deuda, un estallido inflacionario, o un control de capitales (cepo).

Esta vez, el tratamiento elegido por el “médico” no fue cortar en seco con el déficit, sino financiarlo por un tiempo… hasta que con alguna que otra medida, y el paso del tiempo, éste desapareciera.

La medida, el famoso “gradualismo”, tenía sentido en un mundo financiero que era excesivamente generoso en sus préstamos y que, en un momento dado, fue definido como un “tsunami de liquidez”.

Sin embargo, algo ha cambiado. La marea bajó y quedaron expuestos quienes nadaban desnudos.

A continuación, cinco gráficos que sirven para entender qué está pasando en el mundo y por qué estos acontecimientos afectan a la economía argentina de manera tan marcada.

Finanzas globales menos generosas

Lo primero que hay que notar para entender qué está pasando es que la tasa de interés de los bonos del tesoro americano, considerados como el summum de las inversiones seguras, pasó de rendir 1,5% en septiembre de 2016 a 3,0% en los últimos días.

Este rendimiento no solo mostró una aceleración hacia arriba, sino que está en el valor más alto de los últimos 4 años.

 La elevada tasa de los bonos americanos genera lo que se llama “vuelo a la calidad”. Los inversores internacionales deciden tomar su dinero y colocarlo en estos títulos, dejando opciones más riesgosas de lado. Esto hace caer el precio del resto de los bonos (como los de Argentina) y subir sus tasas de interés.

Otra cuestión que tenemos que mirar es el Índice de volatilidad financiera. El Índice VIX es un indicador que busca mostrar en dónde se ubica la aversión al riesgo de los inversores.

Si la volatilidad está en niveles bajos, se considera que los inversores están buscando inversiones riesgosas (como títulos de deuda o acciones de países emergentes), mientras que si ésta sube, se considera que los inversores se vuelcan a inversiones con menos riesgo, lo que contrae las condiciones de liquidez global.

Lo que se observa en el gráfico (que muestra el promedio móvil de 30 días del Índice VIX) es que la volatilidad pegó un fuerte salto en febrero de este año. Ese mismo mes fue cuando comenzó la turbulencia en el mercado de acciones de Estados Unidos. Nótese que, desde el 26 de enero (cuando el S&P500 tocó un máximo histórico) la bolsa de EE.UU. cayó 7%.

En términos de indicadores internacionales, lo último que debemos mencionar es lo que estuvo pasando con el valor del dólar. Al mismo tiempo que subía fuertemente la divisa en el mercado local y el BCRA vendía reservas de manera desesperada, el dólar también estaba apreciándose en el mundo.

A partir de mediados de abril, la fortaleza del dólar en el mundo, medida contra una amplia canasta de monedas, comenzó a acelerarse marcadamente. Un dólar más caro en el mundo necesariamente implica un dólar más caro en Argentina, con todo lo que eso implica para la psicología de los inversores y el intento por reducir la inflación.

País vulnerable

Como acabamos de ver, las condiciones de liquidez internacional se han modificado de manera significativa en los últimos meses. Eso siempre es un problema para quienes necesitan financiarse en los mercados, y muchos países han visto depreciarse sus monedas, así como una suba del riesgo país.

No obstante, a nuestro país la situación le pega de manera particular. ¿Por qué?

En primer lugar, porque, como destacaba la agencia internacional Standard & Poor’s en noviembre del año pasado, el país estaba en segundo lugar en su lista de los 5 países más vulnerables a la reversión del flujo de capitales.

De acuerdo con el informe:

La liquidez global sigue siendo excepcionalmente acomodaticia. Pero a medida que las condiciones monetarias avanzan gradualmente hacia la normalización, ¿qué mercados emergentes (EM) podrían ser vulnerables?

En orden descendente, Turquía, Argentina, Pakistán, Egipto y Qatar conforman el nuevo grupo de los “Cinco Frágiles”. En nuestra opinión, estos mercados podrían estar en mayor riesgo cuando las condiciones financieras globales eventualmente se endurezcan.

Para armar la lista, S&P considera siete variables, entre las que se encuentran el déficit de Cuenta Corriente como % del PBI y de los ingresos por Cuenta Corriente, las Reservas Internacionales, las necesidades de financiamiento extranjero, dos indicadores de deuda externa y, por último, la deuda pública denominada en moneda extranjera.

Obviamente, no nos va muy bien en ninguno de estos indicadores, y principalmente porque las necesidades de financiamiento –es decir, el déficit fiscal que acarrea el país- son grandes y muestran poca convergencia al equilibrio de acuerdo con las proyecciones del FMI.

Según las últimas proyecciones del Fondo, si bien el déficit primario irá convergiendo con el correr de los años, el resultado fiscal solo se morigerará, pero sin quebrar la barrera del 4% del PBI de acá a 2023.

A la luz de estos datos, y sin voluntad de acometer un ajuste fiscal mayor que restablezca la confianza, el gobierno decidió “jugar la carta del FMI” e iniciar conversaciones para pedir una línea de asistencia.

El FMI puede prestarle a la Argentina a una tasa más baja de lo que lo harían los mercados internacionales, evitando que el gobierno se financie en el mercado interno, lo que succionaría la poca liquidez que éste tiene.

Sin embargo, las pida el Fondo o no, lo que el país necesita son reformas estructurales profundas para no caer en una crisis y para devolverle la competitividad al sector privado. Si estas reformas no se llevan adelante, la asistencia del Fondo será solo un respirador artificial con efecto temporario…

¿Estará la clase política –es decir, gobierno, pero también oposición – a la altura de las circunstancias?

Esperemos que sí, pero las dudas son grandes.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.