No son errores de decisiones, es la falta de un plan

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/2/17 en: http://economiaparatodos.net/no-son-errores-de-decisiones-es-la-falta-de-un-plan/

 

El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades

Muchas personas, creo que de buena fe, suelen afirmar que si bien el gobierno no está haciendo reformas estructurales, es porque hay que ir de a poco para que no vuelvan los k. Aclaro que esta afirmación no me la han formulado funcionarios del gobierno. Si bien conozco a varios de ellos desde hace muchos años, no mantengo contacto con ningún funcionario del gobierno. Dejo en claro este punto para que nadie piense que esa frase me la ha dicho algún funcionario del PRO. Esa gente es, en realidad, víctima del pánico que tienen a que vuelvan los k. El argumento sería algo así como una autoextorsión. Se extorsionan a ellos mismos y al resto diciendo que o nos bancamos lo que hace el gobierno lentamente o vuelve la noche k.

Salvando las distancias, recuerdo que producido el golpe de 1976, los militares no querían hacer grandes reformas estructurales en el sector público porque argumentaban que con el terrorismo acechando, hacer cambios estructurales como por ejemplo reformar el sector público podía generar conflictividad social que alimentara las filas terroristas. El resultado es que la política económica de esos años fue horrorosa, los capitostes terroristas se mantuvieron vivos y, con el tiempo, tuvieron el poder.

Hoy se considera que no hacer reformas estructurales es la mejor forma de evitar el regreso k, con lo cual mantenemos la larga decadencia económica argentina. Y, por favor, no me corran con que se avanzó mucho eliminando el cepo cambiario y los controles de precios. En todo caso en la época de De la Rúa tampoco había cepo cambiario, había total libertad para comprar divisas, no había derechos de exportación para los granos y se podían exportar libremente y no por eso vamos a decir que tenía en orden la economía. Por el contrario, el descontrol del gasto público con déficit fiscal llevó a un creciente endeudamiento externo que, cuando se cortó, condujo a la crisis de 2001/2002 y la llegada de los k en 2003. Así que no tener cepo cambiario, ni controles de precios, ni prohibiciones de exportaciones o derechos de exportación no garantiza nada sobre el futuro político argentino.

El gran error de De la Rúa fue poner a un equipo económico progre al frente del ministerio de Economía como eran Machinea, Bein y Gerchunoff que luego de aplicar un impuestazo a la clase media y tomar deuda externa dejaron la economía peor de lo que la habían recibido. Lamentablemente, ante una situación económica más grave como la que heredó Macri, también puso al frente de la economía a un progre como Prat Gay y otros intervencionistas en diferentes áreas del gobierno, algo que no cambió con Dujovne ni el resto de los integrantes del área económica.

El punto a considerar no es solamente si las no reformas estructurales y el gradualismo en el cambio de precios relativos llevarán a buen puerto económico, sino si son la mejor forma de evitar que vuelva el corrupto y autoritario kirchnerismo.

Francamente no estoy tan seguro que el kirchnerismo esté definitivamente muerto. Las constantes malas noticias que significan el gradualismo (hoy suben la luz, mañana los combustibles, pasado el agua potable, etc.) pueden desgastar al gobierno y, dado que no hay gran oposición política, revivir o quitar de la agonía al corrupto kirchnerimo, salvo que la gente opte por Massa. Tal vez me equivoque y el kirchnerismo termine siendo cosa del pasado a pesar el gradualismo de Cambiemos. En ese caso, sin reformas estructurales, pasará otro período más de esta larga historia de decadencia económica argentina. Cambiemos habrá sido una frase más de campaña pero en la realidad tendría que haber sido continuemos.

Combatir el populismo autoritario del kirchnerismo con un “populismo democrático” no va a conducir a buen puerto porque todo populismo requiere de dosis crecientes de autoritarismo para sostenerse.

El gobierno no tiene que ver el proceso de toma de decisiones como el error. El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades. Cuando trabajamos en dos oportunidades con un grupo de economistas para establecer los lineamientos de un plan económico, al analizar dónde bajar el gasto público nos quedaba claro que el único rubro que no podía tocarse era el de los jubilados. Y el gobierno fue y se metió justo con ese tema.

Tanta importancia que le dan a las señales y el marketing político que les ordena Durán Barba, debería haberles dejado en claro que si bien no era un problema económico grosero que cada jubilado en promedio cobrara $ 20 menos, lo importante son las señales, la forma de comunicar las cosas según el marketinero político. Hasta en el marketing político cometen errores por falta de un plan.

En definitiva, me parece que revisar este desorden de tener fragmentado el área económica, el rechazo a tener un plan económico claro y con buena comunicación, la explicitación de la terrible herencia recibida y la decisión de abandonar el largo camino de la decadencia y comunicar un plan de largo plazo para entrar en una senda de crecimiento son los elementos que siguen faltando y los que le dan de comer a peronismo y al peronismo kirchnerista para criticar a Cambiemos. Si esto fuera un partido de tenis, el gobierno comete demasiados errores no forzados y pierde el set por errores propios, no por winners del adversario.

La mejor forma de espantar el fantasma del kirchenerismo no es asustar a la gente con su vuelta, sino pulverizándolo mostrando lo que dejó y encarando una política económica de cambio en serio. Una política económica que le permita a la gente ver una luz al final del túnel que entusiasme. Que se vea que el esfuerzo de hoy será la recuperación y el bienestar de mañana.

Obvio que para lograr cambiar la Argentina va a ser necesario terminar con muchísimos negocios “sociales” como el empleo público y los que viven de planes “sociales”. Justamente de eso se trata cambiar.

La gente está harta de pagar impuestos para financiar planes sociales, ñoquis y un estado que no presta el más mínimo servicio. Que el gobierno capte este mensaje, haga un plan y lo comunique. Tendrá un gran apoyo de la población y Cambiemos será un gobierno de cambio en serio.

El gobierno debe recapacitar y aceptar que ese humo que alguien les vendió diciéndoles que porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, fue puro humo. Las inversiones van a llover con Macri sentado en el sillón de Rivadavia pero con otra política económica totalmente diferente y dejar de hacer política como si estuvieran vendiendo un detergente y empezar a comunicar con claridad el nuevo rumbo económico.

De manera que a no confundirse, aquí no hay un error en la toma de decisiones. Aquí hay un error en la concepción misma del plan del gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Dos plazas

Por Sergio Sinay: Publicado el 10/12/15 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2015/12/dos-plazas-por-sergio-sinay-ya-no-es.html

 

Ya no es sólo la plaza del fanatismo y la intolerancia, ahora puede ser también la del consenso y el futuro. Y eso es un cambio de paradigma.

 

Dos plazas, dos discursos, dos actitudes, dos miradas. La plaza de la despedida fue fiel al estilo y al espíritu de la sombría década perdida. Un discurso atravesado por la autorreferencia, por el resentimiento, por la ingratitud, por la manipulación emocional. Convocando al insulto, desplegando la grosería como marca de fábrica, recitando el relato que niega lo obvio, que escapa a la responsabilidad y que evidencia una paranoia exasperada. Todo eso que, a fuerza de repetirse día a día durante doce años largos y brumosos, se había convertido en “normal”. Grandes tragedias colectivas del siglo XX se cocinaron al calor de la naturalización del fanatismo y de la intolerancia. El discurso de la despedida anidó el huevo de esa serpiente. Será necesaria mucha memoria y mucha justicia para que ese huevo se pierda sin que su cascarón (que quedó resquebrajado) se rompa y de nacimiento al monstruo. Quizás buena parte del discurso de la despedida (a cargo de una voz que afortunadamente ya no escucharemos en abusivas cadenas nacionales) haya estado teñido por el miedo a la justicia.

Fuera de eso, el discurso incluyó una última promesa incumplida, una más: “A las doce de la noche me convertiré en calabaza”. No lo hizo.

La plaza de la bienvenida se fue llenando de a poco, hasta colmarse, a partir de la voluntad de quienes aspiran a respirar nuevos aires, limpios de amenazas, de descalificaciones, de mentiras seriales, de autoritarismo, de corrupción criminal y asesina. Una plaza en la que ningún ausente fue insultado. En la provincia de Buenos Aires y en la nación los discursos propusieron nuevos paradigmas, apuntaron a cambios culturales. “Ustedes, ciudadanos, son nuestros jefes, por eso les pido que nos avisen cuando nos equivocamos”, dijo la gobernadora. “No les voy a mentir” aseguró el presidente. Parecen frases sencillas, casi naifs. No en este país. En la Argentina, esas y otras frases de ambos discursos, significan enormes compromisos, son en sí mismas el anuncio de transformaciones culturales. El riesgo de pronunciarlas es enorme. Si no se cumplen los precios serán altos.

El discurso de bienvenida habló del futuro, planteó visiones. El de despedida volvió a falsear el pasado, se basó en intereses egoístas y personales. El discurso de despedida volvió a excluir, como durante doce años se excluyó a los pobres ocultándolos y manoseándolos, se ocultó el fracaso educativo, la crisis energética, la complicidad con el narcotráfico, la ausencia de políticas contra la trata de personas, la inflación. Lo único que no se pudo ocultar fue la corrupción, porque es imposible esconder un elefante en un dedal.

El discurso de bienvenida fue inclusivo, convocó a todos (empezando por los adversarios políticos) con fecha y hora, para tareas concretas. Y empezó por lo que todos sabemos, salvo los necios: esto arranca con un país económicamente quebrado, cívicamente fracturado, internacionalmente aislado y moralmente arrasado. Justamente por eso aumenta el valor de la plaza de la bienvenida, su clima, la voluntad de futuro y de participación, la disposición al respeto, la predisposición a la escucha mutua. Todo eso en los ciudadanos. Y habrá que agregarle paciencia, constancia, generosidad. Y memoria, mucha memoria, para que los responsables no se evadan por las ventanas y las puertas traseras (algunas de las cuales quedan lejos, en Santa Cruz). O para que no adopten nuevos disfraces y traten de pasar inadvertidos.

La plaza de la bienvenida se pareció mucho a la de cualquier país que hace de la democracia una forma natural de vida y no un relato desquiciado. Ojalá se haga costumbre hasta que ya no nos cause asombro ni temblor. La plaza de la bienvenida fue de todos los que quisieron ir. Esa plaza, de larga historia, dejó de ser el feudo exclusivo de la intolerancia y el fanatismo. Ya no tiene dueños. Todo un símbolo.  Y esa sí es una buena nueva.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE. 

Turquía dice “no” al “sultanato” propuesto por Erdogan

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 11/6/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1800787-turquia-dice-no-al-sultanato-propuesto-por-erdogan

 

El domingo pasado, los ciudadanos turcos -que concurrieron pacífica y masivamente a las urnas- rechazaron, con inapelable claridad, las propuestas del ahora presidente, Recep Tayyip Erdogan en dirección a seguir concentrando el poder en sus propias manos.

Esta vez mediante la transformación del régimen político de su país, de naturaleza parlamentaria, en uno de corte “presidencialista”. El líder islámico, que ya lleva nada menos que 13 años enquistado en el poder de su país, sufrió una derrota particularmente dura cuando, ilusionado, iba por todo.

Una vez más se comprueba que una larga década de autoritarismo genera cansancio y provoca en los votantes explicables deseos de cambio. Particularmente cuando desde el poder se procura controlar y someter a la Justicia, se cercena la libertad de expresión y se procura manipular constantemente -a través de enormes multimedios estatales- la opinión pública.

El partido oficialista (“Justicia y Desarrollo”), que aspiraba a poder contar con una mayoría parlamentaria que le permitiera reformar la Constitución, no la logró y quedó ahora en minoría (con el 41% de los votos). En 2011 había logrado un 50%. Es la primera vez que esto le sucede al oficialismo desde 2002.

La derrota del gobierno fue particularmente dura en las regiones “kurdas” del este y sudeste del país y a lo largo de la pujante zona costera; en el Mediterráneo, en el Mármara y también en el Egeo. El partido de Erdogan quedó obligado a gobernar en coalición. O a convocar, eventualmente, a una nueva elección en 45 días, como alternativa desesperada.

La sombra de los años 90 -y toda su cuota de fragilidad política- ha vuelto a aparecer. Pero lo cierto es que el riesgo inminente de caer en una tiranía se ha alejado para los turcos, al menos por el momento.

Para los seguidores de Erdogan, en general de raigambre conservadora islámica, ésta es una imprevista piedra en un camino hacia concentrar aún más el poder en sus manos. Para la libertad, en cambio, es un auténtico soplo de esperanza.

Para los ciudadanos “kurdos” en particular -que componen el 15% de la sociedad turca- ésta fue una elección fundamental. Histórica, realmente. Ocurre que su partido, el izquierdista “Partido Democrático del Pueblo” -de la mano del carismático Selahattin Demirtas- obtuvo algo más del 13% de los votos y por primera vez tendrá una interesante representación parlamentaria, compuesta por 79 legisladores, casi la mitad de ellos son mujeres. Con ese caudal, apoyado ciertamente por el voto femenino y el de algunas otras minorías, el joven partido bloqueó, de hecho, las posibilidades de que Turquía pudiera de pronto caer en un peligroso “hiper-presidencialismo”, al que Erdogan aspiraba.

De esta manera, los “kurdos “seguramente podrán ahora comenzar a dialogar en paz con el resto de la sociedad, en un diálogo con visibles carriles institucionales dejando atrás las frustrantes décadas de violencia acumulada, que no logró solucionar los problemas de la identidad “kurda”.

Alineado con los seculares y con los liberales el partido de los “kurdos” hoy tiene claramente un interesante peso relativo en el arco de la oposición, que hasta ahora no había tenido. Pero también es cierto que no está atado a nadie y, al menos en teoría, por ello hasta podría eventualmente sellar un acuerdo de gobierno con el propio partido de Erdogan.

Lo sucedido no es, en rigor, demasiado inesperado. Desde las protestas de 2013, la disidencia opositora había crecido y los discursos y propuestas de Erdogan (cercado, además, por sospechas de corrupción) se habían radicalizado. Tan es así, que cualquier opositor se transformó de pronto en “conspirador” y en audaz “desestabilizador”, como ocurre también entre nosotros. Casi automáticamente. Por eso la elección ha resultado un verdadero “referendo” sobre la gestión de Erdogan. Del cual el líder oficialista ha salido visiblemente mal parado.

En materia de política exterior, lo sucedido puede tener algunas repercusiones inmediatas. Pese a que Erdogan no es, para nada, conocido como un político flexible.

  • Primero, seguramente se deberá recalibrar la relación con la insurgencia siria, aunque siempre a la luz de la pesadilla de los dos millones de refugiados sirios que hoy están en Turquía. Esto puede suponer no dejar a los “kurdos” enteramente librados a su suerte frente a las huestes del Estado Islámico, como sucediera en la ciudad fronteriza de Kobane, frente a las cámaras de televisión del mundo entero.
  • Segundo, sería prudente volver a acercarse a Europa. Y aprovechar lo sucedido para revisar la desteñida vinculación con la OTAN.
  • Tercero, sería quizás positivo tratar de recomponer, al menos formalmente, la relación con Egipto, que ha estado deteriorada desde que Erdogan endosara, en su momento, al gobierno (depuesto) de la Hermandad Musulmana.
  • Cuarto, parecería asimismo oportuno reexaminar la enfriada relación con Israel, hoy empantanada como pocas veces.
  • Quinto, particularmente en función del inocultable ascenso electoral de los “kurdos” que viven en Turquía, sería prudente reexaminar la activa relación con los “kurdos” de Irak, y con este último país, en general.

Lo sucedido es evidentemente el fracaso de una política polarizadora. Que se hundió en su vocación por dividir a Turquía. Entre “ellos” y “nosotros”. Y el de una deriva hacia el autoritarismo, peligrosamente creciente. Así como del agotamiento de las acusaciones fantasiosas sobre presuntos “complots” y actividades “terroristas” de la oposición. Y del esfuerzo descarado por tratar de controlar a jueces y fiscales, así como a las fuerzas de seguridad.

Más aún, es también el fracaso del abandono del pluralismo y del abuso de los recursos públicos, que llevó hasta a construir un grandioso palacio presidencial, propio de la épica de Las Mil y Una Noches, con un millar de cuartos y salas en su interior. Palacio que disparó -y alimentó- las acusaciones constantes contra Erdogan de ambicionar personalmente la creación de un verdadero “sultanato”.

Por todo esto, cuando uno de los líderes de la oposición -reflexionando sobre lo sucedido- dijera que estamos frente “al triunfo de la paz sobre la guerra, de la modestia sobre la arrogancia, y de la responsabilidad sobre la irresponsabilidad”, estuvo probablemente en lo cierto.

La sabiduría del electorado turco es una buena noticia para todos. Incluyendo a los perseguidos, como son muchos periodistas independientes, los dirigentes armenios y la comunidad gay. Para ellos, lo sucedido es un baño de ilusión acerca de un posible futuro mejor, más tolerante y menos agresivo.

Los fantasmas de Gezi Park, es cierto, todavía flotan sobre la sociedad turca. De alguna manera la están moderando e impulsando en dirección al respeto recíproco. Buenas noticias, por cierto, porque hasta ahora el camino de Erdogan parecía conducirla, casi inexorablemente, hacia la pérdida de sus libertades esenciales.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Por qué criticar a la oposición?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/12/14 en: http://economiaparatodos.net/por-que-criticar-a-la-oposicion/

 

¿Por qué el crítico del Kirchnerismo también lo es de la oposición?

Ya entrando en el tramo final del gobierno Kirchnerista, los distintos opositores presidenciales van incrementando su presencia en la opinión pública. Scioli, Macri, Massa, etc. Con su mayor presencia, también han aumentado las críticas a estos participantes políticos de aquellos que claramente son críticos del Kirchnersmo (me incuyo…). ¿Por qué es esto? ¿Por qué el crítico del Kirchnerismo también lo es de la oposición? Después de todo, el Kirchnerismo ha llevado el autoritarismo y desprecio por las instituciones a niveles pocas veces visto en la democracia Argentina. Si bien no hablo por terceros, sí es importante entender por qué la oposición no debe estar libre de críticas.

Lo primero a tener en cuenta es que no es lo mismo criticar al Kirchnerismo per se que criticar el autoritarismo y malas políticas económicas, sean o no del Kirchnerismo. Las transgreciones institucionales y el destrozo económico que este movimiento ha hecho es igual de criticable cuando es llevado adelante por la oposición. Si Macri, Massa, o Scioli hubiesen sido gobierno estos 10 años y hubiesen hecho exactamente lo mismo, serían igual de cuestionables. Estando a cargo del Poder Ejecutivo y con una notable presencia en ambas cámaras del Congreso es lógico que la mayor cantidad de críticas recaiga sobre el Kirchnerismo y que esto comience a cambiar a medida que distintos grupos opositores comienzan a ganar espacio. Para dar un ejemplo concreto. Que Scioli o Macri, por ejemplo, utilizen bienes del estado (es decir, de la gente) para promocionar sus respectivos partidos es tan reprochable como cuando lo hace el Kirchnerismo.

En segundo lugar, puede que sea tarea del político confundir a la gente, pero ciertamente no es la tarea del economista como economista (a diferencia del economista que se dedica a la política.) El deterioro fiscal es un problema que no se puede ignorar. Con una presión tributaria record y el acceso a los mercados internacionales cerrados, es inevitable que una reducción del deficit debe venir por el lado de un recorte de gasto público (también en niveles record.) Escuchar a los candidatos opositores hablar del futuro del país obviando este fundamental problema es preocupante. Es una ilusión errada o una falta de honestidad hacia el electorado hacerle creer que este problema no es serio o magicamente se arregla luego del cambio de gobierno. ¿Dónde estan los planes de reforma fiscal que vayan a poner fin al deficit estructural del país? ¿Qué hacen los economistas de la oposición que aún no se conocen planes concretos? Macri, por ejemplo, puede prometer la mayor obra de infraestructura del país si es elegido presidente, pero esta es una promesa no creíble sin un plan de equilibrio fiscal. ¿Dónde está ese plan? La misma pregunta recae sobre los otros presidenciables. ¿Dónde está el plan, concreto, para reducir el deficit fiscal y poner fin a la inflación?

En tercer lugar, se desdibujan cuáles son los límites que cada partido o candidato opositor está dispuesto a cruzar para obtener el poder. ¿Cuánto vale la promesa de respeto por las instituciones de un Scioli, un Massa, o un Cobos, que han sido parte central del Kirchnerismo? No es que el Kirchnerismo se volvió autoritario de golpe justo luego que ellos hicieron un paso al costado, el Kirchnerismo siempre lo fue. Quién no podía ver los sesgos autoritrios y anti-republicanos del Kirchnerismo en sus inicios bien haría en retirarse de la política en lugar de a millones de Argentinos a merced de sus decisiones políticas. ¿Dónde esta el límite, por ejemplo, del Pro si este partido se saca fotos con la imagen de un terrorista y asesino como el Che Guevara con el rostro de Macri, etc?

Con estos comentarios no quiero decir que no entienda la lógica de búsqueda de votos (median voter theorem 101), pero eso no quiere decir que no se deba medir con la misma vara a todos los opositores. ¿Acaso para el opositor el fin justifica los medios y él no debe ser criticado cuando hace cosas similares al Kirchnerismo? Se podrá argumentar que las circunstancias son excepcionales dado el nivel de autoritarismo del Kirchnerismo. Pero ese no es el punto. En primer lugar, si el político opositor realmente cree estar a la altura de las circunstancias, entonces no debe comportarse como un seguidor de encuestas y ser un verdadero líder de opinión pública. Si la oposición va a ser seguidora de encuestas, entonces es indistinto a quien se vota. Mal que le pese a la oposición, el Kirchnerismo ha sido mejor lider político (que su liderazgo no lleve a buen puerto es otro tema). En segundo lugar, recuerdo que cuando el Kirchnerismo estaba en sus inicio varios cuestionaban su sesgo autoritario. Las respuestas generales era que esas “pequeñas” transgreciones no eran para tanto y que los críticos exageraban, después de todo veníamos de una seria crisis económica. El tiempo le dio la razón a los que “exageraban.” ¿Vamos a cometer el mismo error?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

¿Qué es un default técnico?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 25/7/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/07/25/que-es-un-default-tecnico/

 

Argentina se encuentra a las puertas de entrar en nuevo default. Al, respecto, políticos, economistas y periodistas, entre otros, se refieren a esta situación como un “default técnico”. Esto es impreciso, por no decir incorrecto. Argentina puede entrar en “default”, no en “default” técnico. La diferencia, lamentablemente, no es una cuestión meramente semántica.

El default ocurre cuando el deudor no cumple con sus obligaciones de pago. Al no poder pagar, deudor y acreedores pueden, por ejemplo, reestructurar la deuda y acordar nuevas condiciones y montos de pago. “Default técnico” es un problema distinto. En un default técnico lo que no se cumple es una “cláusula técnica” del contrato de deuda. Por ejemplo mantener un mínimo ratio de liquidez. Los pagos de deuda, sin embargo, se siguen realizando normalmente. El deudor no deja de pagar a sus acreedores cuando cae en default técnico, sino que incumple un requisito que puede derivar en mayores tasas de interés o en la dificultad de emitir nueva deuda hasta que no se recuperen los ratios “técnicos” acordados con el acreedor. El default técnico, en la práctica, no aplica a deuda soberana, sino que aplica a deuda privada o corporativa. Un caso de default técnico soberano sería, por ejemplo, que, de acuerdo al contrato de deuda, el gobierno deba mantener un nivel de deuda sobre PBI menor a un valor límite. Si la deuda sobre PBI excede este límite pero sigue cumpliendo con los pagos, el país estaría en “default técnico”, no en “default.” ¿Es ésta, acaso, la situación que enfrenta el país?

Debería ser claro que Argentina se enfrenta a un posible “default” (con las consecuencias que ello implica), no a un posible “default técnico” dado que el país no estaría haciendo el pago correspondiente a su deuda de acuerdo a los fallos firmes de la justicia bajo la jurisdicción en que la misma Argentina emitió su deuda. No hay diferencia “técnica” entre no pagar un bono, o no pagar un bono cuando hay fallo firme al respecto. En ambos casos el pago es una obligación que el deudor debe afrontar. El contrato es claro en cuanto a que el pago se realiza cuando los fondos entran a la cuenta del acreedor. Que Argentina haya girado fondos en contra de la sentencia del Juez Griesa, y que el juez se haya referido en al menos dos audiencia a esto como “ilegal” no puede ser seriamente considerado “pago” ni muestra de “voluntad de pago”. La analogía de Shapiro es clara. El giro de fondos de Argentina no es válido como pago por el mismo motivo que un banco no acepta como válido un pago de hipoteca si usted deposita los fondos en una cuenta congelada por la justicia. ¿Consideraría usted serio intentar convencer al banco de que usted efectivamente pagó al ir explícitamente en contra del juez, y que la culpa es de la justicia? Pagar parte de la deuda no es pagar toda la deuda. Pagar parte de la deuda es default, no default técnico. Argentina no está incumpliendo un tecnicismo, Argentina no está honrando el pago de sus deudas.

El problema, como decía, no es meramente semántico o de tecnicismos. ¿Hablar de “default técnico” como si el mismo fuese un problema caído sobre el país desde el exterior no es acaso hacerle el juego al relato kirchnerista? Hablar de “default técnico” es dar a entender que no es que Argentina entra en default por la irresponsabilidad fiscal de su clase dirigente (responsabilidad que le cabe al Congreso), sino que Argentina entra en default técnico por un accidente que le es ajeno al país. Debe quedar en claro que el problema que veo no es hacerle el juego a una política económica con la que podemos o no estar de acuerdo. El problema es hacerle el juego a un gobierno con sobradas muestras de autoritarismo, enemigo de las libertades individuales, de la propiedad privada, y con un rechazo inocultable a los principios repúblicanos. Es más fácil para este tipo de gobiernos perpetuarse en el poder cuando terceros “inocentemente” le dan cabida al relato oficial confundiendo a la opinión pública.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Mis diferencias morales con el Papa Francisco

Por José Benegas. Publicado el 15/6/14  en: http://josebenegas.com/2014/06/15/mis-diferencias-morales-con-el-papa-francisco/

 

El Papa relacionó la “adoración al dinero y la guerra” como los signos de un sistema económico que “ya no aguanta”. En el centro de todo, sentenció el pontífice, tiene que estar el hombre y, como un signo de estos tiempos en los que pareciera que nos hubiéramos estado refiriendo solo al varón con esa palabra, agregó “la mujer”. También los jóvenes que en su interpretación son “excluidos por la desocupación”. Según él esto es pura maldad de la “economía”, en particular del culto al dinero.

Hay dos clases de creyentes. Están los creyentes en el catolicismo que aceptarán o no este diagnóstico, lo criticarán, reflexionarán o le darán algún crédito pero estarán dispuestos a revisarlo. Pero también están los que hacen ídolos, que adoran a las personas y entienden la religión como la suplantación del propio cerebro por la consigna de un líder. En este caso el Papa. Estos segundos crecen de modo exponencial, sobre todo en la Argentina. Gente que ofende y agrede ante la crítica al Papa. Mi recomendación es que no sigan los de este grupo leyendo. Supongo que si se tientan tendrían que confesarse o flagelarse, de manera que no me parece negocio.

Ahora si, voy a la cuestión que me interesa. Mis diferencias con el Papa Francisco no son económicas, son morales. No lo descalifico como persona, conozco su tipología porque he soportado muchos sermones en esta misma línea que en realidad si hace un culto del dinero pero al revés. Rechaza la producción y adora lo que el fruto de esa producción puede hacer por los que no producen. El Papa, y tantos curas idénticos que he conocido en mi vida religiosa, por más que lo verbalicen, no siguen a Francisco de Asis, sino a una versión populista de su figura. Tal cosa responde a una formación política, no religiosa, de la que América Latina en general es víctima.

Francisco de Asis descubrió el camino del desprendimiento como una forma de liberación interior. Renunció a los llamados bienes materiales. No estaba haciendo ninguna reforma económica porque buscaba la pobreza, no la rechazaba. Y también rechazaba al poder, ni siquiera aceptaba que sus seguidores sean designados cardenales de la Iglesia. Es una idea que siempre me parecido interesante y coherente. En algún momento, en algún aspecto todos practicamos algo de ese desprendimiento. Nos sentimos demasiado atrapados por algo que queremos y le ponemos un freno. Para el Francisco original, eso debía hacerse todo el tiempo y lo practicó porque era inmensamente honesto. Nunca hubiera sido Papa y jamás se codeó con ningún poderoso.

¿Es la doctrina franciscana compatible con el capitalismo? Por supuesto, los bienes están definidos por la subjetividad, no hay ninguna diferencia entre que unos busquen la felicidad cambiando el auto y otros regalándolo. Lo importante es que cada uno pueda seguir su plan de vida, como le parezca, con sus valores. Es muy valioso para todos que los otros lleven a cabo otros proyectos y poder observarlos, aprender y debatir sobre cómo es mejor vivir.

Pero la versión populista de aquella idea es por completo diferente. Ahí se trata de encontrar el pecado en el que produce, no de desprenderse de nada. Está siempre asociado al autoritarismo, esto es al estado que no es otra cosa que autoridad. Francisco de Asis con el estado no tenía ninguna relación. El falso franciscanismo es en cambio una forma de manipulación desde el no tener para condenar a los que tienen y proclamar que el fruto supuestamente mal habido del “culto al dinero” sea repartido, en lugar de quemado en una hoguera. Te culpo por lo que hiciste y me quedo con el producto.

El franciscanismo populista es política económica basada en condenas morales. Existe la misma diferencia entre ambas versiones que la que hay entre un nutricionista que nos aconseja bajar las calorías y el cocinero de un campo de concentración que nos sirve una sopa insulsa.

El adorado sistema educativo produce con mucho gasto candidatos a empleados. El proyecto del estado argentino y de la mayoría es que la gente esté preparada para tener buenos sueldos. Es decir, opera como un subsidio al empresario y esto es una gran distorsión, de la cual es autora la política, no la economía. Así como la guerra tampoco la hacen los empresarios sino los gobiernos. Un empresario que cuenta con un ejército, no es un empresario, es un gobierno. En todo caso los contratistas del estado o empresas asociadas al estado podrían estar interesados en una guerra ¿Por qué no se apunta esta crítica moral a la política?

El Papa casi no ha dicho nada condenando a la política. Y no lo ha hecho porque en su pensamiento moral el problema es el lucro como si fuera un pecado. El entiende que a esa “mala tendencia” hay que controlarla con el estado. En consecuencia es su pensamiento moral el que fomenta la guerra endiosando al monopolio de la fuerza como si tuviera funciones de control de la concupiscencia. Esa visión es la que fortalece a los contratistas del estado y crea los intereses que conducen a que la fuerza se use, para poder proveer insumos.

Advertí a los católicos del segundo grupo que no siguieran leyendo para que ahora no me digan que han encontrado una cosita que les serviría para negar la realidad del Papa más antiliberal de los últimos tiempos. Pero la realidad es esta: si, el Papa es estatista y negarlo es evadir la realidad. No es mi intención poner a la realidad en discusión sino discutir el pensamiento moral del Papa sobre la economía. Me podrán decir que la realidad bla bla bla. En tanto en este punto tal cosa es evasión pura del problema, los abandono en sus juegos. Supongamos que contrariamente a lo que digo el Papa suscribiría lo anterior. Pues entonces no pierdan el tiempo enojándose conmigo, festejen. No debería molestarles que diga lo mismo que interpretan, a mi juicio contra toda evidencia, que el Papa aceptaría.

Sigo con la cuestión del sistema educativo y su relación con este tema. El Papa también piensa que el ideal es que el sistema económico provea buenos sueldos. Aquí esta la gran contradicción. Buenos sueldos es buen dinero. Ah, pero podría ser sólo el dinero suficiente para subsistir ¿En qué parte de la Biblia dice que unos deben aportar a la supervivencia de otros? Me la perdí, si es que existe. Lo cierto es que somos dotados (por la casualidad o la providencia) de los medios de subsistencia. El sistema educativo (controlado) nos convence de que alguien nos pagará bien si pasamos varios años escuchando un “programa” cuyo fin es que el mundo se divida entre empresarios y empleados y nosotros seamos en general de la segunda categoría, para estar quejándonos de la maldad de los de la primera, con ayuda de todos los sermones.

Pero lo cierto es que para que haya buenos sueldos debe haber gente que haga “el culto al dinero”, al menos mucho más que nosotros. Aclaro, esto del culto al dinero es nada más que una etiqueta estigmatizante. La gente que se ocupa mucho más que nosotros por conseguir dinero no es muy diferente que la que se ocupa mucho más que nosotros de jugar al tenis y gana campeonatos. La diferencia es que los primeros nos son absolutamente indispensables, son una verdadera bendición de la vida. Con su iniciativa y riesgo la economía todavía subsiste a pesar del sistema educativo, a pesar de este parasitismo moral que intenta poner a los mejores de nosotros (si, los empresarios son los mejores de nosotros; no los que tratan con el estado, esos son lobbistas) en estado de culpa permanente, para ser parasitados. Y ese parasitismo moral impide entre otras cosas, que haya mejores sueldos.

¿Puede existir como problema moral la obsesión por el dinero? Claro, como por el tenis. Toda obsesión es mala, pero eso no agrega mucho. Ponerle a una ocupación el carácter de obsesión depende del punto de vista del observador. Desde afuera nadie puede afirmar que otro está obsesionado por algo, en cambio él si. Es una elección personal. Colgarle a otro esa etiqueta es una forma de manipulación. Y si esto se menciona como un “sistema económico”, entonces se está condenando a la función y se está convirtiendo en pecadores a todos juntos.

Seamos coherentes. Si creemos que estamos condenados por el culto al dinero de los empresarios, reclamemos que la gente renuncie a sus empleos, se están contaminando compartiendo el fruto del pecado. Nadie debiera aceptar sueldos de los herejes dinerarios.

El Papa no escucharía esto, no le interesaría adentrarse en los mecanismos que condena para ver hasta que punto está equivocado y está provocando un enorme daño moral y económico y ayuda a perpetrar enormes injusticias. Porque el vicio más común del moralista es encontrar una visión de cómo se divide el mundo entre buenos y malos que asegure la permanencia entre los primeros. Eso es lo que se defiende y la prueba es cómo se despreocupan los condenadores del lucro de los frutos que se obtienen siguiendo su pensamiento. De lo cual hay suficiente literatura como para no tener que detallarlo.

Tengo cero intención de ofender ni a los católicos pensantes ni a los católicos obedientes; tampoco al Papa por supuesto. Se que él ofende sin querer a gente que no lo merece. El remedio a eso es responder, no callarse. Creo que la justicia es más importante que el Papa y que de las cosas más importantes a debatir están las falsas éticas que nos condenan a la insatisfacción, la división innecesaria y al autoritarismo.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Una década para no olvidar

Por Julián Obiglio. Publicado el 30/5/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130530.php

Hay una imagen del 25 de mayo de 2003 que quedó grabada en mi memoria: Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación y mientras festejaba genuinamente su momento triunfal, hacia malabares con el Bastón presidencial, jugaba a revolearlo, a que se le caía.

La falta de interés mostrada por ese símbolo, que representa el poder y la responsabilidad que el presidente recibe en representación de todo el pueblo (no solamente del que lo votó), fue una señal de los tiempos que vendrían.

Los antecedentes institucionales del recién llegado a la Capital Federal no eran buenos. Los Kirchner nacieron a la vida política en Santa Cruz, donde forjaron una fortuna considerable. Primero al calor de la dictadura militar (o al menos consintiéndola) y luego, en democracia, escalando en la jerarquía de poder del Estado provincial. Encabezaron una gestión plagada de denuncias de corrupción, en la que no se respetaron principios esenciales de la vida institucional. Los ataques a la independencia judicial y a la libertad de prensa vieron allí sus primeros pasos.

La crisis de 2001 hizo que la sociedad pidiera renovación, y que la política aceptara cualquier opción, sin siquiera preguntarse si ello podría implicar un salto de 30 años hacia atrás. Así el Bastón llegó al desconocido gobernador patagónico, y cuatro años después, aquel pasaba a manos de su esposa.

Durante los primeros cuatro años del matrimonio patagónico, se obligó a la sociedad a abrir una puerta al pasado que la mayoría pensaba definitivamente cerrada, y las divisiones que todos pensaban que habían quedado atrás, volvieron a florecer. Los nuevos (viejos) paradigmas, el relato, los abusos y tantas otras cuestiones, demostraron que los vicios habían viajado desde el lejano Sur, profundizándose en su ascenso nacional.

Las sospechas de corrupción en la obra pública, el dinero que florecía en el baño de una Ministra, los grupos violentos que se adueñaban de las calles, y las relaciones carnales con regímenes poco apegados a los principios democráticos fueron sólo algunas de las alarmas que sonaron en la sociedad.

Ante la ausencia de líderes opositores con propuestas, valores y relato alternativo, Cristina Fernández ganó las elecciones del 2007 y las que le siguieron en 2011.

Trabas y controles a los sectores más productivos de la economía, ataques constantes al periodismo, cooptación de medios y periodistas, conformación de un fenomenal aparato de propaganda, diseño de una justicia a medida, corrupción generalizada en la dirigencia oficialista, restricciones a la libertad y soledad internacional son la herencia que el segundo mandato de la señora de Kirchner dejará a nuestra golpeada sociedad.

Transcurrió una década desde aquel jugueteo con el Bastón presidencial y en ese tiempo tuvimos muchas posibilidades de ver a los Kirchner en su propio espejo: el que reflejaba la imagen lejana de sus comienzos en Santa Cruz y la otra más cercana, la del autoritarismo, la codicia y la impunidad.

Estoy convencido de que hoy la sociedad está pidiendo un cambio de rumbo, de estilo, de talante, de valores y de visión. El trabajo de quienes tenemos la voluntad y la responsabilidad política de representar a esa sociedad está en lograr convertir dicho reclamo en una verdadera alternativa política, para dejar definitivamente atrás una década que dividió a los argentinos y puso en riesgo las bases democráticas que con tanto esfuerzo recuperamos en 1983.

Tenemos frente a todos nosotros la posibilidad de empezar de nuevo. De pasar la página y no volver a mirar atrás nunca más. La democracia nos brinda una nueva oportunidad. El cambio empieza este año con las elecciones legislativas y se consolida en el 2015. Es hora de que finalmente decidamos crecer y demos inicio a un tiempo de progreso, de igualdad de oportunidades y de honestidad. Sin dudas la década que viene es mucho más importante que la década que pasó.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.