El miedo a la vuelta k paraliza el cambio

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/7/16 en: http://economiaparatodos.net/el-miedo-a-la-vuelta-k-paraliza-el-cambio/

 

El miedo a la vuelta del kirchnerismo paraliza el cambio. La mejor forma de contribuir es debatir cómo hacer el cambio

Vengo notando que, aun entre amigos liberales, hay un temor reverencial a criticar públicamente la política económica del gobierno. Fueron tan nefastos los años del kirchnerismo que tienen pánico a que vuelvan los k. Con tal que eso no ocurra solo se animan a formular comentarios en privado. Muchos quedan como paralizados por miedo al kircherismo.

Por supuesto que más de uno que no es liberal pero también detesta los años de atropello del kirchnerismo también tiene pánico a que vuelva el kirchnerismo. Se produce una especie de autocensura y censura. Nadie puede objetar lo que hace el PRO en nombre de preservar el país de la vuelta del kirchnerismo, con lo cual, irónicamente, muchos antik terminan teniendo un comportamiento k en términos de libertad de expresión. Las agresiones más despiadadas que uno puede ver en las redes sociales pueden venir de gente que rechazaba las agresiones de los cibyerk por pensar diferente y ahora aplican el mismo criterio.

Tan profundo ha calado el peronismo en general y el kirchnerismo en particular que uno ve la política económica del PRO y no verifica cambios drásticos respecto a los que se venía haciendo. Digamos que por miedo a que vuelva el kirchnerismo o el peronismo en otra de sus formas terminan haciendo cosas parecidas a las que hacían el peronismo y el kirchnerismo, eso sí, reconociendo que tienen un comportamiento civilizado y permitieron recuperar ciertos valores.

Con solo comparar los festejos del bicentenario del 2010 que fueron simples actos partidarios kirchneristas marginando al resto de los argentinos con los festejos del bicentenario de la independencia en que el PRO, no solo gastó muchísima menos plata que el kirchnersimo sino que, además, fueron actos patrios, como los que se hacían cuando éramos chicos, cuando se incluía a todos los habitantes sin distinciones partidarias. Cuando flameaba la bandera argentina y no la de La Campora. Cuando se ponía la imagen de San Martín en vez de la del Che Guevara. No puedo dejar de reconocer que hay años luz con lo que se vivió hasta hace pocos meses atrás. Se respira civilización en vez de barbarie. Se respira respeto en vez de atropello.

Ahora, reconociendo el impresionante cambio de clima donde la agresión nunca proviene del gobierno, como era costumbre bajo el kirchnersimo cuando Cristina Elizabet Fernández usaba indiscriminadamente la cadena nacional y escrachaba por cadena nacional al primero que opinaba diferente, también es cierto que en el gobierno en materia económica no se animan a cambiar el rumbo de decadencia.

Posiblemente el kirchnerismo quede sepultado como uno de los tantos movimientos que tuvo el peronismo, como consecuencia del tsunami de escándalos de corrupción que destruyó todo a su paso. Además de Perón, luego vino la renovación con Cafiero, el menemismo, el duhaldismo, el kirchnerismo y ahora está por verse. El peronismo muta en sus formas para mantener su base populista y retener el poder.

Ahora, lo curioso es que el resto de los partidos políticos no se animan a formular propuestas económicas tan diferentes a las del peronismo. Me refiero tanto al radicalismo como al PRO. Todo se limita a mantener un gasto público gigante e ineficiente, una presión tributaria asfixiante, regulaciones, redistribución del ingreso y estatismo. Nadie quiere tocar el populismo peronista por miedo a que vuelva el peronismo y, por lo tanto, todo el esfuerzo para frenar al peronismo termina en seguir haciendo lo mismo que haría el peronismo si estuviera en el poder, pero siempre con formas más educadas. Digamos que el virus populista ha calado tan hondo en la dirigencia política argentina que, como decía Perón, todos terminan siendo peronistas.

Pero tal vez no sería un problema que todos fuesen peronistas si no fuera porque el peronismo es un cáncer que va destruyendo los valores más elementales que son los que pueden hacer de Argentina un país próspero.

No debe sorprender el costo político que pagó el gobierno con el aumento de las tarifas de gas ya que se limitó a actualizar una nefasta tabla tarifaria inventada por un personaje como De Vido. Si el PRO hubiese tirado al diablo esa nefasta tabla tarifaria heredada del kirchernismo y hubiera establecido una tarifa única, el promedio general de aumento del gas no pasaba de multiplicarlo por 4 o 5 en el peor de los casos. Por supuesto que el que pagaba $ 20 pesos por bimestre iba a pasar a pagar $ 400, es decir $ 200 por mes. Nadie si hubiese encontrado con miles de pesos de factura de gas que no puede pagar por querer “acomodar” la tablita de De Vido.

Es más, lo que dispuso transitoriamente el gobierno es que nadie puede pagar más de 5 veces el monto de la factura del mismo mes del año anterior. Es decir, si en mayo del año pasado alguien pagó una factura de gas por $ 200, ahora pagará $ 1.000. Pero lo curioso es que establece el límite de aumento al monto de la factura sin importar la cantidad de metros cúbicos que la gente consuma. Si en mayo del año pasado alguien pagó $ 200 por consumir 10 m3 de gas y en mayo de este año consume 10.000 m3 igual paga como máximo $ 1.000. Un disparate porque por un lado el gobierno dice que no hay gas y por el otro lado establece un sistema de ajuste que incentiva el derroche de gas.

Los parches sobre un sistema ineficiente no van a hacer que el sistema sea eficiente. Tampoco un sistema ineficiente se transforma en eficiente porque las personas que gobiernan se consideran mejores que los anteriores administrando un gasto público desorbitado, un sistema tributario que destruye la producción, una economía cerrada que desestimula la inversión, etc. Desafortunadamente la gente del PRO no cree que nuestro problema de fondo es un problema de sistema económico sino que cree que es un problema de gestión. Que un sistema con incentivos perversos puede ser gestionado eficientemente.

Por eso, la mejor forma de ayudar al gobierno a resolver la herencia recibida y de evitar que vuelva el kirchnerismo es debatiendo sin miedo caminos alternativos que nos saquen de este sistema ineficiente y vayamos hacia un sistema eficiente.

Cambiemo solía decir en la campaña electoral: sí se puede. Sin embargo cuando uno propone cambios estructurales todo es: no se puede.

Mi impresión es que sí se puede cambiar en serio, pero el cambio no debe limitarse a las personas sino al sistema. Pasar de un sistema con incentivos perversos a un sistema con incentivos positivos que conduzcan al crecimiento. El camino es debatir cómo salir del sistema nefasto que destruyó la Argentina, no como administrar mejor un sistema con incentivos perversos. Esa es la verdadera contribución que podemos brindarle al gobierno quienes no estamos en la función pública ni pertenecemos al PRO. Debatir cómo cambiar el sistema perverso por otro exitoso.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Contra la pobreza, afán de lucro

Por José Benegas. Pubicado el 19/9/13 en: http://opinion.infobae.com/jose-benegas/2013/09/19/contra-la-pobreza-afan-de-lucro/

 

 “La mitad de daño que se hace en este mundo se debe a gente que se quiere sentir importante. 

No es que quieren hacer daño, sino que el daño no les interesa”

T. S. Eliot

En The Truman Show (Peter Weir – 1988) el protagonista tiene un amigo asignado por los guionistas. Hay una escena con una carga dramática extraordinaria en la que Truman y su amigo artificial están conversando en un muelle, en la que el primero le habla al segundo de sus dudas, le abre el corazón como se hace con cualquier amigo de verdad. Pero éste no es de verdad, sus gestos son para la cámara, espera el efecto en el público, imagina cómo se ve él y respecto del otro se encuentra a una distancia afectiva abismal. De algún modo Truman lo percibe igual que lo ha hecho el resto del día con su trabajo, en su propia casa donde la rubia que hace de su mujer aprovecha cualquier ocasión para meter un PNT (publicidad no tradicional). Es un show, el rating es emotivo, lacrimógeno y en algún sentido limitado verdadero.Pero sólo verdadero dentro del juego. Los que lloran tienen que ser buenos, siempre es así en la ficción.

La televisión es a veces ficción también cuando pretende ser crónica. La ficción produce emociones impunes, irresponsables. Es gratuito sentirse compungido por la muerte del héroe, total no hace falta hacer nada por él. Los que van a rescatar al soldado Ryan siempre son los que están en la pantalla. Para eso hemos pagado la entrada.

El problema es cuando hay gente que no está jugando como Truman o cuando todo queda reducido a demagogia y manipulación y se ven los hilos. El que sufre se convierte en insumo de un espectáculo de novela. Pero no de novela de Balzac, sino de Migré. De repente alguien puede denunciar al falso amigo, al programa, por estar jugando con lo que no se debe, a la situación, y ser visto por los llorones como enemigo de la amistad. Todo puede pasar. Algo de eso ocurrió en el programa Periodismo para Todos del domingo.

Jorge Lanata ha cumplido un papel muy destacado en el final de un sistema horroroso de gobierno, de mistificación, manipulación y abuso llamado kirchnerismo. Sistema que no sólo incluye a los partidarios sino también a los que guardaron silencio o simularon oponerse mientras disfrutaban las mieles de pertenecer a la casta estatal. Esa en la que no existe la responsabilidad ni el despido ni la rendición de cuentas, en la que la vagancia es un pacto general. Todos se sienten parte de un club, antes que representantes de los que no son parte de él. La vida dentro del Estado es fácil y el kirchnerismo se ocupó de comprar a unos, asustar a otros y darles buena calefacción y viajes pagos al resto. Ese sistema en colapso encontró un Lanata que dejó la siesta y salió a contar lo que en el país se había estado silenciando en un contexto de la trata de empresarios, políticos, periodistas, faranduleros, músicos, militontos, etc. Por él una sociedad censurada y autocensurada recibe dosis terapéuticas de verdades todos los domingos. Lo curioso y anormal es que un programa aislado sea fuente de legitimación para habilitar temas viejos y romper el pacto de silencio. Pero en todo caso ese no es problema del periodista y ese mal que le pese es su lugar hoy.

A esta altura se preguntarán qué tiene que ver The Truman Show en todo esto. Bien, el domingo pasado tuvimos al amigo artificial y a la lágrima para mostrar una colecta en la ciudad de Los Ángeles, ni mayor ni menor que otras tantas que ocurren en la Argentina, pero que servía para mostrar cierta adhesión internacional al programa.

Una colecta mal pensada. Juntaban ropa que era fácil advertir que sería imposible de enviar con el estado de macumba económica general en el que el comercio es un atentado contra un engendro llamado “industria nacional”. Como casi todos creen en eso, creo que hasta el propio Lanata, cómo no iban a haber requisitos imposibles para mandar cosas gratis si parece que el fin de las aduanas es que tengamos que comprar cosas más caras. La campaña, por lo tanto, por más buena, simpática que fuera la gente de Los Ángeles, era un fracaso. La información podría haberse completado destacando la locura que significa que haya que dar alguna explicación diferente en ese caso que cuando se mandan zapatillas desde Chivilcoy. Pero el asunto no era mostrar otra cosa que la “bondad” en estado puro, una que era internacional y contarle a los gritos a la mano izquierda lo que había querido hacer la derecha. Así que hubo que pasarle a los argentinos exiliados de un país lleno de demagogia los videos del programa anterior, el que los había hecho llorar, para que vuelvan a llorar pero ahora en público, en el prime time de canal 13.

En el programa anterior se había mostrado a Truman padeciendo la falta de agua en el paraíso socialista que la generación idealista nos trajo robando unas cantidades importantes en el camino. Información relevante porque destruye el cuento de la “inclusión” que se supone que justifica el robo. ¿Qué cosa diferente tiene esta argentina post K a la anterior como no sea esa casta estatal privilegiada conociendo los restoranes de Las Cañitas? Truman era en este caso gente sumamente pobre, fuera de la frontera productiva que deja el elefante llamado sector público en el que viven los vivos. Y el amigo de Truman eran unas personas de Los Ángeles, que habían empezado como amigos de verdad y fueron convertidos previo casting en otro insumo.

El hashtag elegido por el programa (#ArgentinaUrgente) fue, no por casualidad, el de otra campaña demagógica oportunista de una década atrás llamada “el hambre más urgente”, que no consistía en juntar un peso, sino en sacar una ley que iba a terminar con el hambre, promovida por una cantidad de gente “buena” que sólo gente mala podía criticar.

Perdón por el escepticismo, alguna gente me quiso convencer de que no importaba toda esa demagogia si en definitiva aumentaban los volúmenes de donaciones. No creo que el fin justifique los medios, ni que los medios conduzcan a ningún buen fin. Así no se arreglan las cosas, los pobres necesitan empresas, caminos, gente que sea capaz de ganar dinero. Esos emprendedores que buscan beneficios son necesarios incluso para los que tienen una visión de criadero de la gente sin recursos. Porque los repartidores no tienen nada si antes no acumularon los emprendedores. Las personas a las que se etiqueta como “pobres” pueden darnos muchas lecciones de supervivencia y de cómo ganarse la vida, sólo si dejan de aplastarlos con impuestos y regulaciones y con impuestos y regulaciones a todas las personas con las que tendrían que tratar para salir adelante. Si dejan de aumentar el gasto público para para sostener a inescrupulosos pseudoartistas o burócratas que conjugan el verbo “articular” como modo de parasitar a la población.

Una de las peores cosas de estas exhibiciones impulsivas es que detrás de todo está la idea de que el afán de lucro y la solución de la pobreza son fuerzas en competencia, lo cual es una falsedad absoluta económica y también moral. No se puede dar sin producir. El que da si no es el que produce es un accesorio, un gerente del final de la cadena que empieza y se hace posible porque alguien obtuvo una ganancia. Esa ganancia además, y es lo más importante, ya redujo la pobreza mucho antes de ser regalada. Cuando no se regala, sigue combatiendo la pobreza por medio de la inversión o el ahorro. Si algo necesita la verdadera caridad para existir es previo afán de lucro y estas olas de invitaciones al sacrificio ignoran esa realidad, porque en nuestra cultura un tanto parasitaria el que produce no es un héroe, no da rating ni hace llorar.

La caridad en sí, como la amistad, no tiene un fin económico sino afectivo. La caridad no da de comer y por más que en un aspecto la caridad puede solucionar un problema inmediato, caridad no es colocar a otra persona en situación de dependencia total, convertirla en instrumento, en juguete para verse en el espejo como un falso héroe de una falsa moral.

Pero sobre todo la caridad no puede ser impostada y el hecho de desentenderse de los resultados ya nos permite saber a qué tipo pertenece. Hay caridades que no tendrían un punto de rating, no sirven como espectáculo. Está en los vínculos cercanos, esos que no son impunes, que generan responsabilidad y no pueden ser un toco y me voy. Esa cuesta, sobre todo desde el punto de vista afectivo. Y no es que valga por costar, pero sirve para medirla en su profundidad.

En otra parte del programa Lanata habló de una recaudación extorsiva hecha por Guillermo Moreno para supuestamente enviar ayuda a los inundados de La Plata. Ese botín no había llegado a destino y eso era lo que le preocupaba. Es decir, no había que devolverle el dinero a los dueños sino perfeccionar el crimen inicial, como si no estuviera mal o no tuviera consecuencias. Como si el la extorsión no fuera causa de pobreza.

Luchar contra la pobreza es poner una empresa. Y si no se puede poner una empresa denunciarlo. También es defender la legitimidad del afán de lucro y tratar a los reguladores como lo que son. Unos inútiles destructores de riqueza. La caridad, la verdadera y no la del Truman Show, es una maravilla para mejorar nuestros vínculos. Ricos no nos hará.

Sé que es muy fácil agarrar este artículo y presentarlo como un ataque a la gente de Los Ángeles, que será maravillosa, no lo dudo. O como un ataque a Lanata que con sus más  y sus menos le ha hecho un gran servicio al país mostrándole lo que no quería ver. Pero es sólo una opinión. Si estuviera muy equivocada a nadie le debería importar.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.