Dujovne: ¿Un ministro liberal?

Por Iván Carrino. Publicado el 29/12/16 en: http://inversor.global/2016/12/dujovne-un-ministro-liberal/

 

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El flamante Ministro de Hacienda escribió a favor de abrirse al comercio, bajar impuestos, reducir el poder sindical y congelar el gasto público. ¿Se viene el liberalismo?

En el año 2014 estuve en Ecuador, invitado por la Universidad San Francisco de Quito a un evento para conmemorar los 15 años de la dolarización. Uno de los paneles los compartí con el prestigioso economista, Lawrence White, quien fue consultado acerca del rol de los economistas en la política pública.

La respuesta de White fue bien concreta: los economistas están en la gestión pública para alertar a los políticos acerca de lo que no deben hacer. Así, frente a los planes megalómanos de los  políticos en  funciones, los economistas deben enfatizar las restricciones presupuestarias y las consecuencias no intencionadas de las políticas intervencionistas.

Por ejemplo, si el  gobierno quiere imponer un precio máximo, el economista le dirá que eso generará escasez y que mejor no tomar dicha medida. Si el gobierno, por otro lado, desea regalar viviendas a los necesitados, ahí estará el economista para sostener que eso implicará un aumento del gasto público que deberá financiarse con más impuestos, afectando el crecimiento económico.

Es en este marco donde siempre genera preocupación la salida de un Ministro de Economía. Durante los últimos años especialmente, la salida de los ministros o altos funcionarios del área económica del kirchnerismo implicaba eliminar un obstáculo a la hora de profundizar el intervencionismo.

Fue el caso de Lavagna, cuando gobernaba Kirchner, o de Martín Redrado, presidente del Banco Central durante el mandato de CFK.

Sin embargo, el cambio decidido por el gobierno de Macri hace pocos días no generó ningún nerviosismo. Además, tampoco parece implicar un mayor intervencionismo. De hecho, sería todo lo contrario.

Quien asumirá como Ministro de Hacienda a partir del lunes es Nicolás Dujovne, ex economista jefe del Banco Galicia y conocido por sus columnas periódicas en el Diario La Nación y en la señal de televisión Todo Noticias.

Su rol como columnista hace fácil la tarea de averiguar quién es y cómo piensa el futuro funcionario.

A la luz de sus notas, es probable pensar que estemos frente a un ministro contrario al intervencionismo y que entienda el valor de la libertad económica.

Nicolás Dujovne siempre fue crítico con kirchnerismo. En una nota de julio de 2015, lo definió como “un nacionalismo populista que expandió el gasto público y la influencia del Estado tanto como pudo, apropiándose para ello de cuanta caja se le cruzó por el camino” y que “cuando las cajas ‘heterodoxas’ se agotaron, los mecanismos de estiramiento del no ajuste se tornaron más costosos y derivaron en la imposición de medidas cada vez más disfuncionales (el cepo, las restricciones a las importaciones)”

Con elegancia y suavidad en los términos, la crítica de Dujovne no deja de ser demoledora.

Otro de los temas que tocó fue el debate por el tipo de cambio. El 26 de septiembre de este año sostuvo que el tipo de cambio no era el problema fundamental de la competitividad argentina, sino “los altísimos costos del transporte interno, el proteccionismo y la presencia de numerosos impuestos muy distorsivos”.

En su nota apuntó directamente contra el sindicalismo y especialmente al gremio de Camioneros, que “controla 15 ramas de actividad, que van desde todo el transporte de cargas por camión a nivel nacional e internacional, la logística petrolera, la distribución de alimentos…”.

Respecto del proteccionismo y la política comercial, Dujovne sostiene que trabar importaciones impide exportar, debido a que incrementa el costo de los insumos:

Si todos los insumos cuestan más en la Argentina, sólo les podemos exportar manufacturas a países con una estructura de protección similar a la nuestra, es decir, con insumos caros. No es casual que 60% de las exportaciones industriales de la Argentina vayan a Brasil, país con el que compartimos la anticuadísima estructura arancelaria que determina el Mercosur.

Otro problema que destaca del proteccionismo es el alto precio que pagan las familias por bienes como la indumentaria, la electrónica y los juguetes. Una economía más libre implicaría, de acuerdo al flamante Ministro:

… un fuerte aumento del ingreso disponible de las familias. A nivel macroeconómico, aumentar el ingreso disponible de las familias por esta vía implicaría un mayor nivel de inversión, y a nivel microeconómico, habría más familias capaces de acceder a una vivienda, de mejorar la educación de sus hijos o de ahorrar dinero en el banco o gastar en otros bienes: nacerían empresas que aún no conocemos y que nadie defiende.

Concluyendo que “sólo podemos ir en una dirección: más apertura, más competencia y mejores salarios.”

Amén.

El 5 de septiembre, el nuevo ministro también abordó la cuestión fiscal, y sostuvo que había tres claves para tener un país normal: banco central independiente, democracia republicana y un “fisco bajo control”.

En esa nota destacaba que el gobierno de Cambiemos tenía los dos primeros elementos dentro de su cartera,  pero que todavía faltaba para controlar al fisco. Dos semanas después, afirmaría que el gobierno jugaba “al fleje” en esta materia, sugiriendo que el exceso de gradualismo era una estrategia riesgosa.

Para combatir el déficit público, de sus notas se extrae que el gobierno debería tener una menor cantidad de empleados públicos y que, como Brasil, debería congelar el gasto en términos reales, al menos hasta 2026.

Las ideas que esbozó Dujovne durante este último tiempo como columnista de La Nación son todas muy razonables y necesarias para que la economía del país crezca de manera sostenible en el futuro.

Argentina necesita menos costos de producción, más apertura comercial y un sector público más chico. Sobre el nivel del gasto público, a uno le gustaría que, en lugar de congelarse, bajara en términos reales, pero debemos celebrar que un ministro de Hacienda esté dispuesto a debatir en serio sobre este tema.

La duda que tengo es si, en su rol de Ministro de Hacienda podrá llevar a la práctica siquiera alguna de estas ideas. La política es un mundo difícil y hoy en día deberá coordinarse con al menos otros 7 ministerios, un jefe de gabinete y dos vicejefes que toman todas las decisiones.

Dicen que cuando los teóricos y analistas llegan al poder, dejan las convicciones en la puerta de los ministerios. Esperemos que no sea éste el caso de Nicolás Dujovne.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ganancias: autónomos, el último orejón del tarro

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 25/12/16 en: http://economiaparatodos.net/ganancias-autonomos-el-ultimo-orejon-del-tarro/

 

Los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente

 

La entrega en capítulos para modificar el mínimo no imponible de ganancias y las escalas, estuvo concentrada solo en los empleados en relación de dependencia. Algo se habló de los monotributistas, pero los autónomos somos algo así como una casta inferior en el sistema tributario argentino. Tampoco se debatió el ajuste por inflación de los balances de las empresas para aplicar el impuesto a las ganancias. Tanto autónomos como las empresas pagamos un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes. Son solo aumentos de precios.

El caso de autónomos muestra el disparate sobre cómo se legisla impositivamente en Argentina. Tomo mi caso como ejemplo que también vale para abogados, médicos, etc.

Yo soy responsable inscripto. Ahora bien, emito facturas por asesoramiento y cuando tengo que liquidar ganancias tengo que deducir los costos de producción. En la mentalidad retrograda que impera en argentina costo de producción es solo algo material, los costos inmateriales no son considerados costos de producción.

Por ejemplo, si yo produjera chorizos, podría deducir del precio de venta el costo de la carne, el hilo, la tripa, etc. ¿Por qué? Porque el limitado tributarista que legisla puede ver el objeto que se está deduciendo del costo de producción. Puede ver el hilo, puede ver la tripa, etc. y por lo tanto entiende que ese es parte del costo de producción que hay que deducirlo del precio para determinar la ganancia.

Ahora, tomemos el caso de un economista que tiene que explicar la situación económica. Mis colegas saben muy bien que para hacer una presentación de una hora y media hay que leer nuevos papers, leer información nueva, buscar datos, cotejar la consistencia de los mismos. Relacionar las variables, etc. O sea, no es que los economistas nos paramos frente al auditorio y nos ponemos a hablar lo primero que se nos pasa por la cabeza (algunos lo hacen). Un trabajo serio requiere de un esfuerzo de búsqueda y elaboración de información, además de estudiar nuevos ensayos. Esto último sería parte del costo de producción o también podría ser considerado como si uno comprara un nuevo stock de capital.

Pero resulta que el tributarista no entiende que para hacer una presentación sobre la situación económica hay todo un costo de producción intangible que es el mencionado: buscar datos, procesarlos, relacionarlos con otros datos, leer información, papers, etc. Puesto en otra forma, el costo de producción del economista no es solamente el costo del cartucho de la impresora y el papel. El costo de producción es ese intangible que los tributaristas, como no lo ven, para ellos no existen. Al no considerarlo, el impuesto a las ganancias termina transformándose en un impuesto a los ingresos brutos, en mi caso es un impuesto del 35% a los ingresos brutos porque no puedo deducir casi nada como costo de producción.

Es más, en los profesionales nuestro físico tiene una determinada resistencia. A lo largo de los años se va desgastando y por lo tanto, siendo que nuestro físico es parte de nuestro stock de capital como profesionales, debería tener algún tipo de amortización. Lo digo muy seriamente. El resto físico que se tiene cuando uno está en los 35 años es muy diferente al que uno tiene cuando está en los 70 años.

Todas estas locuras impositivas responden a un estado que hace del aumento del gasto público su instrumento fundamental para captar votos. Para eso necesita tener recursos de los contribuyentes a como dé lugar y ese a como dé lugar significa establecer normas tributarias que van violando los derechos individuales. Documentación a la que el ente recaudador debería poder acceder por orden judicial y con causa fundada es requerida por funcionarios de recaudación impositiva violando el artículo 18 de la Constitución Nacional que establece que: “El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados”. En castellano básico, el ente recaudador viola la Constitución cuando exige ver papeles privados. Qué le facturo a un cliente, por qué le facturo, cómo me lo paga, son cuestiones de los particulares que el estado no puede meterse sin causa fundada. Sin embargo en Argentina aceptamos como normal esta violación como si fuese normal que el estado pueda usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos.

Asistimos, entonces, a un doble problema con el sistema fiscal. Por un lado es confiscatorio porque aplica tasas sobre utilidades inexistentes. Por otro lado es violatorio de los derechos individuales.

En todo el debate sobre ganancias, nunca no se consideraron los derechos individuales, sino que todo se limitó a ver hasta dónde se puede desplumar a la gallina (el contribuyente) sin que la gallina cacaree y a qué sector desplumar sin perder votos.

El problema de ganancias ha adquirido dimensiones que nunca se habían alcanzado en Argentina porque el gasto público no había llegado a los niveles que llegó con el kirchnerismo. Fue tal el despilfarro del gasto público que hubo que incrementar la carga fiscal hasta niveles asfixiantes. Y para poder recaudar esa asfixiante carga tributaria necesitan violar los derechos individuales.

Por otro lado, mucho se ha insistido con que el salario no es ganancia. Falso. El salario es el ingreso que tiene una persona por vender su trabajo. A ese ingreso se le deben descontar los gastos de producción y se llega a la ganancia de la persona en relación de dependencia. Desde el punto de vista económico el salario es el ingreso que recibe una persona por vender su trabajo, de la misma forma que el ingreso de un autónomo es lo que factura por vender sus servicios. Luego habrá que descontar los costos de producción y llegar a la ganancia sobre la que debería tributarse.

En síntesis, dentro de este disparatado sistema tributario, los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente. En Argentina no rige el principio de igualdad ante la ley, sino quién tiene mayor poder de extorsión política.

En definitiva, en nombre de la solidaridad social se castiga a los innovadores y a los que más ganan haciendo aquello que beneficia a sus semejantes, en tanto que los que tienen mayor presión de lobby y de extorsión política terminan siendo más iguales ante la ley que el resto de los ciudadanos, por eso somos un país decadente, porque se castiga al innovador, al que se esfuerza y al emprendedor y se beneficia al que quiere vivir a costa del trabajo ajeno.

En el listado, los autónomos somos los que salimos peor parados.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El verso de la brecha del ingreso

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-verso-de-la-brecha-del-ingreso/

 

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media

De acuerdo a los datos publicados por el INDEC la pobreza alcanza al 32,2% de los habitantes, dato que nuevamente se ha vuelto a publicar luego que el kirchnerismo escondiera la pobreza detrás del famoso argumento de Kicillof que era para no estigmatizar a los pobres. Aclaremos que el dato del INDEC está en línea con los datos que publica la UCA sobre pobreza, de manera que, si bien el ajuste parcial de algunos precios relativos que había dejado el kirchnerismo pudo haber aumentado un par de punto la pobreza heredada del kirchnerismo, es claro que 12 años de una economía cerrada, con sustitución de importaciones, estatizaciones, regulaciones de precio, control de cambios, aumento del gasto público, presión impositiva descomunal y planes sociales solo consiguieron aumentar la tasa de pobreza. El kirchnerismo es el ejemplo más categórico de lo letal que es el intervencionismo estatal, el estatismo y el estado benefactor para la calidad de vida de la población.

En este sentido, sería bueno que el macrismo reflexione y entienda que no es cuestión de administrar “bien” un sistema con incentivos perverso como el que dejó tantos pobres con el kirchnerismo. Tampoco tiene que concentrarse el gobierno en la distribución del ingreso. Hablar de la distribución del ingreso no tiene sentido, pero sí tiene sentido bajar la pobreza.

Respecto a la distribución del ingreso voy a dar un ejemplo de lo tramposo que puede ser el tema. Supongamos que en el momento 1 el sector que menos gana tiene un ingreso de 10.000 y el que más gana de 50.0000, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 5 veces.

Supongamos que vamos a una economía de mercado y el que, sin inflación, el que menos gana tiene un ingreso de 55.000 y el que más gana de 550.000. La diferencia entre ambos es de 10 veces. O sea, la distribución del ingreso empeoró respecto al momento 1 pero resulta que ahora el que menos gana multiplicó por 5,5 veces su ingreso respecto al que menos gana del momento 1 y encima gana más que el que más ganaba en el momento 1. ¿Cuál es, entonces, el problema que la distribución del ingreso haya “empeorado”? El problema no es la distribución del ingreso, que es en lo que se concentran los políticos populistas, sino el nivel de pobreza.

El problema es que los políticos, para conseguir más votos y retener el poder, apuestan siempre al corto plazo, esto es, suelen señalar como a los que más ganan como los responsables de la pobreza de los que menos ganan. Por eso hay que expoliarlos con impuestos. Hay que matar con impuestos a las empresas y a los que más ganan para redistribuir ese dinero entre los más pobres en nombre de la solidaridad social, la justicia social y todo lo que tenga como adjetivo social. Siempre queda bien para lucir sensible como político para conseguir más votos.

Ahora, ¿cuál es el resultado de este tipo de trampa política que se ocupa de perseguir a los que más ganan? Muy sencillo, al castigarse con mayor intensidad a los que invierten y son emprendedores se quitan los incentivos para invertir, generar más puestos de trabajo y mejorar la productividad, factores que permitirán aumentar el ingreso real de los que menos tienen. El progresismo y el populismo lo que logran es igualar hacia abajo. Que todos sean pobres en vez de que los más pobres sean cada vez más ricos y mejoren su calidad de vida.

Durante décadas Argentina ha tenido políticas de castigar impositivamente la inversión y perseguir a los innovadores obteniendo como resultado este 32% de pobreza. Porque, además, para poder incrementar la carga tributaria, el estado tiene que disponer cada vez de más poder arbitrario para expropiar impositivamente a la gente, creando inseguridad jurídica y espantando las inversiones.

Mucho bien le harían los políticos a los pobres si en vez de mirar a los ricos se miraran a sí mismos y se dieran cuenta que no es persiguiendo al innovador y al que invierte como se elimina la pobreza. Que el problema no es la distribución del ingreso, sino que el haber perseguido a las inversiones es lo que genera la pobreza.

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media, con gente sin agua potable, corriente eléctrica, ni cloacas, mala alimentación y sin un sistema de salud eficiente.

Vean la Venezuela chavista con su modelo socialista del siglo XXI. Ha sumergido al grueso de la población en la pobreza más aberrante. Los emprendedores y de mayor ingreso emigraron hace rato y la única gran diferencia en la distribución del ingreso es entre los jerarcas chavistas, que tienen todas las comodidades a punta de fusil (copiando el modelo de Fidel Castro) mientras el resto de la población revuelve la basura para encontrar comida y los saqueos están a la orden del día.

Con la historia de la distribución del ingreso, lo que se ha conseguido no es sacar a los pobres de la pobreza, sino bajar a la condición de pobres a la clase media, dejar a los pobres en la pobreza, hacer que los emprendedores emigren y ampliar la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero con la característica que los más ricos pasaron a ser los dirigentes políticos que decían que iban a reducir la brecha entre ricos y pobres. En síntesis, el negocio de los políticos ha sido el hablar de la brecha entre ricos y pobres. La dirigencia política ha sido la gran ganadora del verso de la brecha entre ricos y pobres.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE