La historia del liberalismo en diez capítulos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/28/la-historia-del-liberalismo-en-diez-capitulos/

 

A raíz de la Constitución de Cádiz de 1812 es que se usó por primera vez como sustantivo la expresión “liberal” y a los que se opusieron les endilgaron el epíteto de “serviles”, una carta constitucional que sirvió de antecedente para algunas que incorporaron igual tradición de pensamiento, entre otras, la argentina de 1853. Hasta ese momento el término liberal era utilizado en general como adjetivo, esto es, para referirse a un acto generoso y desprendido. Adam Smith empleó el vocablo en 1776 pero, como se ha observado, no en carácter de bautismo oficial como el referido sino como algo accidental de la pluma y al pasar aludiendo muy al margen a un “sistema liberal”.

Aquel documento, a contracorriente de todo lo ocurrido en la España de entonces, proponía severas limitaciones al poder y protegía derechos clave como la propiedad privada. En lo único que se apartaba radicalmente del espíritu liberal era en materia religiosa puesto que en su doceavo artículo se pronunciaba por la religión católica como “única verdadera” y con la prohibición de “el ejercicio de cualquier otra”, con lo cual proseguía con el autoritarismo español en esta materia desde que fueron expulsados y perseguidos los musulmanes de ese territorio que tanto bien habían realizado durante ocho siglos en materia de tolerancia religiosa, filosofía, arquitectura, medicina, música, agricultura, economía y derecho.

De cualquier manera la mencionada sustantivación del adjetivo abrió las puertas a una perspectiva diferente en línea con la iniciada por la anterior revolución estadounidense que dicho sea de paso afirmaba lo que se denominó “la doctrina de la muralla”, es decir, la separación tajante entre la las Iglesias y el poder político. Aquella perspectiva liberal española estuvo alimentada por pensadores que constituyeron la segunda versión de la Escuela de Salamanca (más adelante nos referiremos a la primera, conocida como la Escolástica Tardía). Jovellanos -si bien murió poco antes de promulgada la Constitución del 12- tuvo una influencia decisiva: fundó en Madrid la Sociedad Económica y tradujo textos del antes mencionado Adam Smith, Ferguson, Paine y Locke.

Decimos que esta reseña se fabrica como decálogo porque estimamos que la historia del liberalismo puede dividirse en diez capítulos aunque no todos signifiquen tiempos distintos ya que hay procesos intelectuales que ocurren en paralelo.

Pero antes de esta reseña telegráfica a vuelo de pájaro, es de interés subrayar una triada que conforma aspectos muy relevantes a nuestro propósito. En primer lugar, un sabio consejo de Henry Hazlitt en su primer libro publicado cuando el autor tenía 21 años, en 1916, reeditado en 1969 con un epílogo y algunos retoques de forma, titulado Thinking as a Science en el que subraya los métodos y la importancia de ejercitarse en pensar con rigor y espíritu crítico en lo que se estudia al efecto de arribar a conclusiones con criterio independiente.

En segundo término, es del caso recordar que el liberalismo está siempre en ebullición, no admite la posibilidad de llegar a metas definitivas sino de comprender que el conocimiento está compuesto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones para, en un contexto evolutivo, captar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que estamos envueltos.

Por último, es necesario subrayar que los liberales no somos una manada por lo que detestamos el pensamiento único y, por ende, en su seno hay variantes y debates muy fértiles puesto que no hay tal cosa como popes que dictaminan que debe y que no debe exponerse o con quien relacionarse.

Hecha esta introducción veamos los diez capítulos principales de la tradición de pensamiento liberal, de más está decir sin la pretensión absurda de mencionar a todos quienes han contribuido a esta rica corriente intelectual lo cual demandaría una enciclopedia y no una nota periodística.

Primero Sócrates, quien remarcó la idea de la libertad y las consecuentes autonomías individuales. Hijo de un escultor y una partera por eso decía que su inclinación siempre fue la de “parir ideas” y de “esculpir en el alma de las personas en lugar de hacerlo en el mármol”. Su muerte constituyó una muestra cabal de la degradación de la idea de la democracia: las votaciones para su exterminación fueron de 281 contra 275: por una mayoría de 6 votos se condenó a muerte a un filósofo de setenta años por defender valores universales de justicia.

En sus diálogos insistía en la importancia de sabernos ignorantes y de someter los problemas a la duda y a la confrontación de teorías rivales, en que un buen maestro induce y estimula las potencialidades de cada uno en busca de la excelencia (areté), crear curiosidades, fomentar el debate abierto y mostrar el camino para el cultivo del pensamiento a través de preguntas (la mayéutica) que abren las puertas al descubrimiento de órdenes preexistentes. En este contexto, el relativismo epistemológico es severamente condenado como un grave obstáculo al conocimiento de la verdad. También que el alma (psyké) como la facultad de adquirir conocimiento y la virtud como salud del intelecto (“la virtud es el conocimiento” era su fórmula preferida) y la desconfianza al poder y la prelación del espíritu libre.

Segundo, el derecho romano y el common law inglés como un proceso de descubrimiento y no de ingeniería social o diseño en el contexto de puntos de referencia o mojones extramuros de la norma positiva.

Tercero, la antes mencionada Escolástica Tardía del siglo XVI que se desarrolló principalmente en la Universidad de Salamanca, precursores agraciados de los valores y principios de la libertad económica y jurídica. Sus expositores más eminentes fueron Juan de Mariana, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria, Tomás de Marcado, Luis Saravia de la Calle y Diego Covarrubias.

Cuarto, Algernon Sidney y John Locke en lo que respecta al origen de los derechos, especialmente el de propiedad, el derecho a la resistencia a la opresión y la consecuente limitación al poder político, temas complementados en el siglo siguiente con una mayor precisión sobre la división de poderes expuesta por Montesquieu al tiempo que vuelve sobre aquello de “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

Quinto, la Escuela Escocesa integrada por Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson y sus predecesores Carmichael y Hutcheson que contribuyeron en la edificación sustancial de los cimientos del orden espontáneo de la sociedad libre, en sucesivos alumbramientos de un proceso que no cabe en la mente de ningún planificador puesto que el conocimiento está fraccionado y disperso, por lo que al intentar dirigir vidas y haciendas ajenas se concentra ignorancia.

Sexto, los textos de Acton y Tocqueville y más contemporáneamente Wilhelm Röpke que también la emprendieron contra los abusos del poder con énfasis en las manías del igualitarismo y la trascendencia de los valores morales. En esta etapa deben agregarse los nombres de los decimonónicos Burke, Spencer, Bentham, Mill padre e hijo, Constant, Jevons y Say en el nivel académico y Bastiat como un distiguido personaje en la difusión de las ideas liberales.

Séptimo, la Escuela Austríaca iniciada por la teoría subjetiva desarrollada por Carl Menger y continuada por Eugen Böhm-Bawerk aplicada a la teoría del capital y el interés. Retomó esta tradición Ludwig von Mises quien le dio un giro copernicano a la economía abarcando todos los aspectos de la acción humana en contraste con los enfoques neoclásicos y marxistas, al tiempo que demostró la imposibilidad de evaluación de proyectos y cálculo en una sociedad socialista. Un destacado discípulo de Mises fue Friedrich Hayek cuya obra, de modo sobresimplificado y al solo efecto de ilustrar, puede dividirse en tres segmentos. El primero referido a su opinión en cuanto a que la administración del dinero es una función indelegable del gobierno, en el segundo propone la privatización del dinero y en el tercero confiesa haber tenido otro shock como cuando estudió bajo la dirección Mises (que lo apartó de sus simpatías por la Sociedad Fabiana) al leer y comentar uno de los libros de Walter Block. En esta misma escuela sobresalen los trabajos de Israel Kirzner en los que señala los errores del llamado modelo de competencia perfecta que opera a contramano de la explicación del mercado como proceso y no uno de equilibrio, también los de Machlup en cuanto a la metodología de las ciencias sociales, de Haberler que resumió la teoría del ciclo, Dietze, Jouvenel y Leoni en el campo jurídico e incluso en el ámbito de las ciencias médicas y afines Roger J. Williams y Thomas Szasz.

Octavo, las escuelas de Law & Economics y de Chicago lideradas respectivamente por Aaron Director (quien convenció a los editores que publicaran Camino de servidumbre de Hayek) y Simons, Knight, Milton Friedman, Stigler y Becker, junto al Public Choice de Buchanan y Tullock. En paralelo, el importantísimo rol de los incentivos desarrollados por Robbins, Plant, Hutt, Demsetz, North y Coase.

Noveno, dentro de sus muchos aportes cabe resaltar el de autores como Karl Popper, John Eccles y Max Planck sobre los estados de conciencia, mente o psique en el ser humano distinto a su cerebro y a los otros kilos de protoplasma. Solo en base a esta concepción es posible la argumentación, las proposiciones verdaderas y falsas, las ideas autogeneradas, la responsabilidad individual y el sentido moral, a diferencia de lo que Popper definió como determinismo físico.

Y décimo, el cuestionamiento al monopolio de la fuerza desarrollado por Murray Rothbard, otro de los discípulos de Mises aunque este autor no coincidió con estos cuestionamientos del mismo modo que objetaron en una generación más joven Nozick y Richard Epstein. Entre otros, también participan de esta crítica al referido monopolio Benson, David Friedman, Hoppe y el antes mencionado Block, pero de un modo particularmente original y prolífico lo hizo Anthony de Jasay en gran medida en base a la teoría de los juegos. Respecto a este último autor es del caso tener presente que James M. Buchanan comentó su libro titulado Against Politics del siguiente modo: “Aquí nos encontramos con la filosofía política como debiera ser, temas serios discutidos con verba, ingenio, coraje y genuino entendimiento. La visión convencional será superada a menos que sus defensores puedan elevarse al desafío que presenta de Jasay”. En esta línea argumental, los temas fundamentales considerados por esta nueva perspectiva son los bienes públicos, las externalidades, los free-riders, el dilema del prisionero, la asimetría de la información, el teorema Kaldor/Hicks y el “equilibro Nash”. Un debate en proceso.

Aunque pertenece a una tradición opuesta a la que venimos comentando, es de interés considerar una fórmula que pretendía una revalorización dicha por Arthur C. Pigou por más que él mismo no haya entendido su propio mensaje en cuanto a que los economistas necesitan incluir “preferentemente más calor que luz” (more heat rather than light) en su disciplina en el sentido de que sin ceder un ápice en el rigor también trasmitir perspectivas estéticas y éticas inherentes a la libertad que dan cobijo a los receptores y completan el panorama. Es para tomar nota ya que en no pocas oportunidades las presentaciones liberales carecen de calor humano tal como marcó el antes citado Röpke quien en su libro traducido al castellano con el sugestivo título de Más allá de la oferta y la demanda nos dice: “Cuando uno trata de leer un journal de economía, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica”. Con razón el fecundo Thomas Sowell alude a la manía de presentar trabajos con ecuaciones innecesarias y lenguaje sibilino que decimos a veces se extiende a través de consejos a doctorandos que consideran que así impresionarán al tribunal, lo cual contradice lo escrito por el antes mencionado Popper: “La búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales, la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.

Esta es entonces en una píldora los ejes centralísimos de la larga y fructífera tradición de pensamiento liberal con sus exponentes más sobresalientes en la rama genealógica directa, pero debe enfatizarse que las etiquetas y las clasificaciones algunas veces encerrados en “escuelas” no siempre son de especial agrado de intelectuales de peso pues cada uno de ellos -así como también muchos otros no mencionados en el presente resumen- merecen no solo artículos aparte sino ensayos y libros debido a la riqueza de sus elucubraciones, lo cual he procurado consignar en escritos anteriores de mi autoría sobre buena parte de los autores mencionados. Antes la he citado a Mafalda, ahora lo vuelvo a hacer pero con otra de sus inquietudes que cubren las preocupaciones y ocupaciones de los autores a que hemos aludido en esta nota: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

FALACIAS DE LA EDUCACIÓN ESTATAL

Por Alberto Benegas Lynch (h). 

Traducción del inglés de  la conferencia pronunciada en la European Center of Austrian Economics Foundation de la Universidad de Lietchenstein, Vaduz, mayo 29 de 2015.

 

El primer punto que debe subrayarse es que la expresión “educación pública” es del todo inapropiada puesto que oculta la naturaleza de lo que se quiere trasmitir. Esto es así porque, en primer lugar, la educación privada es también para el público y, por otro, se recurre a esa terminología para enmascarar su verdadero significado bastante patético por cierto, del mismo modo que resultan horripilantes las expresiones “literatura estatal”, “periodismo estatal”, “arte estatal” y equivalentes, que constituyen contradicciones en los términos. En el caso que nos ocupa, sin embargo, se trata de educación estatal.

 

A través del empleo de la fuerza no puede encararse el proceso educativo, en último análisis resulta imposible enseñar los fundamentos de la libertad y la consiguiente independencia de pensamiento en base a la compulsión.

 

En la mayor parte de los países hoy, la denominada educación privada no es en rigor privada puesto que las secretarías y ministerios de educación están encargados de aprobar las respectivas estructuras curriculares. El sector privado, con algunas limitaciones, se ocupa de cosas tales como las características de los edificios y los uniformes, pero la esencia de lo que se ofrece en las casas de estudio es manejada por reparticiones burocráticas.

 

Estos procedimientos ilustran la columna vertebral de la hipocresía  fascista: se permite que la propiedad privada quede registrada a nombre de privados pero el gobierno usa y dispone de ella, en contraste con el comunismo que de una manera directa decide la abolición de la propiedad. Los dos sistemas operan en la misma dirección, uno de modo indirecto mientras que el otro lo hace de modo directo. Pero es importante subrayar que los dos sistemas distorsionan la contabilidad o la bloquean del todo ya que los precios relativos son falsificados o eliminados de cuajo, lo cual se traduce en la malasignación de los siempre escasos recursos, situación que deriva en una mayor pobreza.

 

En un país civilizado, los ministerios y las secretarías de educación deberían dejarse sin efecto y las acreditaciones, en los casos en los que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven de auditorías cruzadas y en competencia de responsabilidades por la calidad de los programas desarrollados en colegios y universidades.

 

La politización debería estar completamente ausente en un tema tan delicado e importante como la educación. Dado que todos somos diferentes en la mayor parte de los aspectos clave, especialmente desde la perspectiva psicológica, los respectivos programas ofrecidos deben ser diferentes al efecto de calzar con las diferentes potencialidades de las múltiples demandas. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que esas diferenciaciones lo son de un modo multidimensional en la misma persona por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante.

 

Cada uno de nosotros modificamos nuestra estructura cultural. Según sean nuestras inquietudes y actividades, no somos los mismos hoy respecto a lo que fuimos ayer ni seremos iguales mañana. Imponer verticalmente desde el poder programas educativos en el contexto de una especie de guillotina horizontal, es no entender que significa la educación, aunque aquello se lleve a cabo de modo descentralizado ya que siempre es el poder político el que tiene la última palabra cuando existen ministerios de educación o de cultura.

 

Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, reduce salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.

 

Más aun, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria es en general -a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales- no es lo mismo para una persona pobre que lo es para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.

 

Imaginemos una familia muy pobre que no está en condiciones de afrontar los costos de oportunidad que significa enviar a sus hijos a estudiar. En este caso, a través de los impuestos que,  como queda dicho, se afrontan vía la contracción de los salarios de los relativamente más pobres, están de hecho financiando los estudios de alumnos más pudientes.

 

Y si otra familia, con gran esfuerzo, puede enviar a sus hijos a estudiar, si realiza un análisis fiscal correcto los enviarán a instituciones estatales puesto que, de enviarlos a colegios y universidades privadas, estarían pagando un costo doble: uno a través de los impuestos para mantener la educación estatal y otro al financiar la matrícula y las cuotas en el ámbito privado.

 

Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son en general más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón de incentivos que hacen que las mal llamadas “empresas estatales” sean ineficientes. La mera constitución de esas “empresas” necesariamente implica derroche de capital puesto que los recursos son asignados en una dirección distinta de la que hubiera elegido la gente (y si fuera en el mismo sentido, no hay razón para la intervención gubernamental). La forma en que se consume café y se encienden las luces no sigue las mismas pautas en “empresas estatales” que en las privadas. Los incentivos y “la tragedia de los comunes” hace que se opere de modo ineficiente.

 

Se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Es cierto que este sistema exhibe un non sequitr : esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera de todas las existentes.

 

En cualquier caso, los vouchers también significan que principalmente son los pobres los que se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes y también, a pesar de que las mediciones de IQ son irrelevantes (como se ha demostrado, todos somos inteligentes pero para temas y campos muy diferentes), aquellos que no califican para las ofertas disponibles deben pagar los estudios de los mejor calificados, lo cual constituye también una injusticia flagrante.

 

Esto para nada significa que deben eliminarse los vouchers privados, muy por el contrario, éstos contribuyen a que se establezcan incentivos fértiles del mismo modo que lo hacen las becas que son financiadas voluntariamente en vista de las externalidades positivas que la buena educación reporta. El problema se suscita cuando se trata de vouchers estatales.

 

Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de la no-rivalidad y no-exclusión propios de los bienes públicos.

 

También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la “igualdad de oportunidades”. Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades pero no iguales. Si un jugador mediocre de tennis debe tener igual oportunidad al jugar con un profesional, debe imponerse una limitación a este último, por ejemplo, que juegue con una sola pierna y esta imposición se traduce en que su derecho ha sido conculcado.

 

Una misma línea argumental es aplicable al “derecho a la educación”. No hay tal cosa. Un derecho implica que como contrapartida hay una obligación. Si alguien obtiene como salario 100 en el mercado laboral, hay una obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si la misma persona alega que tiene “derecho” a obtener 200 que no obtiene con su trabajo lo cual es sin embargo garantizado por el aparato estatal, esto significa que otras personas serán compelidas a financiar la diferencia, lo cual lesionará sus derechos. Esta es la razón por la que el “derecho a la educación” -el reclamo sobre el bolsillo ajeno- es un pseudoderecho.

 

Soy plenamente conciente que la educación estatal es la vaca sagrada del momento, pero esto precisamente constituye un motivo adicional para desentrañar este peligroso mito.

 

Se ha afirmado que debería ayudarse a aquellos que cuentan con las condiciones intelectuales para aplicar a las ofertas educativas disponibles pero que no disponen de los ingresos suficientes. Esta es una aseveración indudablemente muy bien inspirada, pero para ello debería recurrirse a la primera persona del singular y no pretender el endoso a otros recurriendo a la tercera persona del plural. “Put your money where your mouth is” es una receta anglosajona que debiera tomarse muy en cuenta. En la misma dirección, debe considerarse que la solidaridad y la caridad nunca pueden ser provistas por el estado ya que, por definición, se trata de actos voluntarios y realizados con recursos propios.

 

En varios países el home schooling es utilizado como una defensa contra la invasión de la educación estatal. Hace un tiempo, The Economist estudió esta forma de educar desde los domicilios de los interesados de manera extensa, donde consignó las opiniones de los oficiales de admisión de varias de las universidades del Ivy League en Estados Unidos respecto a los candidatos a ingresar en esas casas de estudios provenientes del home schooling. Las opiniones eran coincidentes en señalar no solo las excelentes condiciones académicas de los candidatos sino que subrayaron el cuidado y la precisión en la forma de expresarse y la calidad de sus vestimentas.

 

Algunas personas han objetado el home schooling en base a la creencia de que este sistema no permite la socialización de unos alumnos con otros, lo cual no es cierto porque, precisamente, la preocupación y ocupación es mucha por programar reuniones sociales entre los jóvenes a través de deportes, bailes, certámenes de ajedrez, asociaciones varias, actividades en parroquias y equivalentes. Es notable el apoyo logístico que presentan los programas de estudio en Internet, lo cual no requiere que los padres conozcan los contenidos de las diversas asignaturas, solo se requiere que hagan el seguimiento de los estudios de su prole directamente o lo hagan a través de personas contratadas a tal efecto.

 

Cuando tiene lugar la educación estatal, en mayor o menor medida, tarde o temprano, aparece la indoctrinación debido a la necesaria intromisión del gobierno. Si los burócratas están a cargo de la educación de alguna manera inexorablemente influyen sobre los programas, los textos y las pautas a su cargo. Del mismo modo en que resulta vital la separación tajante entre la religión y el poder político, la educación demanda que no se politice si el objetivo fuera el establecimiento de una sociedad abierta.

 

En algunos países, en épocas en donde comenzó la irrupción de la educación estatal  se ha ocultado  el hecho de que con anterioridad existían escuelas privadas que en gran medida desaparecieron y fueron barridas del mercado debido a la alegada “gratuidad” de las primeras. El encandilamiento que produjo este fenómeno no permitió tomar nota del proceso que tenía lugar en el sector privado, en base a la filantropía, los centros educativos parroquiales y a las entidades típicas de la educación financiadas en este último caso con las matrículas y cuotas estudiantiles.

 

Se mantiene que los niños debieran contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas. No hay necesidad de introducir la compulsión para lo que la gente considera importante en la currícula educativa.

 

Es muy cierto que la educación es fundamental pero más importante aun es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del estado como era el sistema impuesto por Stalin y sus imitadores pasados y presentes porque la hambruna es segura. Cuando la política se hace cargo de la educación, aparece otro tipo de hambruna que es la espiritual y cultural.

 

En un plano más amplio, tal vez el clima que prepara con mayor fuerza para la antedicha hambruna intelectual es la corrupción de la democracia, originalmente propuesta como el respeto de las mayorías a los derechos de las minorías. Lamentablemente, de contrabando, el sistema a degenerado para instalar en cambio un sistema infame que se identifica con la cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.

 

Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas,  no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces. En contraste con este procedimiento, en Esparta se impuso un sistema militar y totalitario lo cual redundó en una sociedad que fue la menos ilustrada de aquél entonces, solo entrenada en la fuerza bruta que perseguía y agredía a los vecinos y disidentes interiores lo cual hizo tabla rasa con lo que se conoce como vidas privadas.

 

Roma contaba básicamente con un sistema educativo libre de regulaciones durante la República, lo cual se fue modificando durante el Imperio hasta requerir licencias para las escuelas y se persiguió y condenó a maestros cuyas enseñanzas eran desaprobadas por el gobierno.

 

En el mundo árabe, la educación estaba basada en el sistema libre de Atenas. Esta fue el motivo central que explica el progreso notable en arquitectura, medicina, economía, derecho, geometría, álgebra, filosofía, agricultura, literatura y música durante siglos, en lugar de los gobiernos fanáticos de nuestro tiempo que se inclinan a la estatización de la educación como un medio potente de indoctrinar a la gente para lograr propósitos políticos y  religiosos, tal como fue impuesto antes en algunos países cristianos a través del método criminal de la Inquisición y otros procederes autoritarios.

 

En España, durante los ocho siglos de gobierno musulmán, los historiadores han consignado el enorme progreso en los más variados campos que acabamos de mencionar, incluyendo la tolerancia para con judíos y cristianos.

 

Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue propagado en materia educativa, desde el siglo xvii se instaló el primer sistema de educación estatal en Alemania, en Suiza y en Francia. Ya en el siglo xviii la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica que impuso el sistema en 1920).

 

En Estados Unidos -excepto en New England- la educación era libre, lo cual cambió dramáticamente en el siglo veinte donde se revirtió la política en cuanto al establecimiento  compulsivo para atender colegios y la Secretaría de Educación se estableció en los años setenta. Originalmente, en las colonias, tuvo gran preponderancia e influencia la educación parroquial que respondía a diversas denominaciones religiosas. Más adelante, en algunas colonias en las que comenzó la educación estatal, ésta era financiada a través de la lotería del estado para no recurrir a la compulsión.

 

El argumento de que los colegios del estado y la correspondiente supervisión deben estar en manos gubernamentales para “fabricar un buen ciudadano” constituye un pobre argumento y una excusa burda para el antes referido adoctrinamiento. Esta es la razón por la que es errado suponer que cuanto más gaste el gobierno en educación la situación mejorará. Antes al contrario, a través de la politización la situación educativa se torna más difícil si es que se pretende contar con personas con criterios independientes en el marco de una sociedad de hombres libres.

 

La difusión de las ideas estatistas, colectivistas y autoritarias de Herder, Fichte, Hegel, Schelling, Schmoller, Sombart y List en colegios y universidades alemanas (las cuales fueron anticipadas parcialmente por Bismark en el terreno político) es uno de los principales motivos que explican la irrupción de Hitler. Y una vez que los nazis asumieron el poder, el sistema fue apoyado por intelectuales como Keynes, quien en el prefacio a la edición alemana de 1936 de su Teoría general escribió que “la teoría de la producción como un todo, que es a lo que apunta el presente libro, es mucho más fácilmente aplicable a las condiciones de un estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de los resultados producidos bajo las condiciones de la libre competencia y del laissez-faire”.

 

Quisiera cerrar esta presentación telegráfica con una cita de Ludwig von Mises de su obra The Free and Porosperous Commonwealth donde destaca que “hay en realidad solo una solución: el estado, el gobierno y las leyes no deben en modo alguno interferir con la educación. Los fondos públicos no deben utilizarse para esos propósitos. La educación y la instrucción de la juventud debe dejarse enteramente a los padres y a las asociaciones e instituciones privadas”.

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– Williams, Roger J. (1959) Free and Unequal: The Biological Basis of Individual Liberty, Austin, TX., The University of Texas Press.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Un artista que combina la publicidad con el arte

Publicado en https://www.facebook.com/notes/instituto-universitario-eseade/un-artista-que-combina-la-publicidad-con-el-arte/10153827274946056
Continuando con el Ciclo de Entrevistas a distintas personas vinculadas con ESEADE que tienen algo interesante para contar, hoy te presentamos a Pablo Mazza. Vamos a mostrarte a través de sus palabras toda su trayectoria para que puedas conocer a un artista que el mes pasado realizó su muestra en Espacio de Arte de ESEADE con una excelente convocatoria.
¿Podrás hacernos un breve resumen de tu carrera profesional? Mi carrera profesional empezó como amateur, de niño, cuando mis padres me enviaron al profesor del barrio a estudiar dibujo. Tenía seis años… de allí no pare. Estudie arquitectura, diseño gráfico y dirección de arte. Evidentemente todo de un modo u otro vinculado. Durante toda la década de los 90 el diseño fue la base de mi desarrollo, tuve mi propio estudio y trabaje para muchas agencias multinacionales de publicidad. También como periodista, en cortos de cine y en diseño industrial. Como ven, imposible no vivir relacionado con algún proceso creativo, de expresión. Es alimento en todo sentido. Respecto de mi arte, en el 2009 se produce un cambio grande cuando empiezo a pintar “digitalmente”, descubro un nuevo concepto de expresión y de vínculo con la gente. A partir de ese momento me lanzo a exponer en distinto ámbitos de Buenos Aires y el año pasado por primera vez en New York.
¿Cómo podés relacionar tus estudios de publicidad y tu interés por el arte? ¿En dónde lográs hacer esa conexión? Fue inevitable y fortuito a la vez. La conexión se produce cuando conozco al maestro German Gargano, justamente mientras estudiaba publicidad. Todo se comienza a unir a partir de asistir a su taller, lo cual generó en mi un cambio fundamental: redescubrir mi pasión por la pintura y trasladar el proceso de aprendizaje a mi trabajo como diseñador. Mis colores explotaron y mi forma de ver la gráfica comenzó a mutar. Busque siempre algo más, que la imagen no fuera netamente plana, sino que el que la consumía, el que la miraba pudiera ver en ello un plus. Un poco más allá. Una imagen más intelectualizada, no efectista.
Contanos como despertó en vos la necesidad de mostrar tus obras. Soy un comunicador nato, desde una perspectiva absolutamente real. Siempre quise contar cosas y el epilogo es justamente mostrar. Es una necesidad, me llena el poder transmitir un mensaje y que los otros sepan que hay alguien queriendo contar algo, pero lo que más me resulta, mas disfruto te diría es que justamente cada receptor encuentre su propia interpretación de mi cuento, de mi historia, como dije de mi mensaje. Que haya miles interpretaciones distintas me encanta, me inquieta y me subleva a no parar.
¿Por qué elegiste ESEADE para hacer tu presentación? Tener un solo exhibition en Buenos Aires no se presenta todos los días y ESEADE me brindo esa posibilidad. Elijo ante todo por el prestigio y por el soporte e impulso que le está dando al arte. A los consagrados y a los emergentes. Es un ámbito enriquecedor para el artista. Quienes llevan adelante el proyecto de la Licenciatura en Curaduría, liderados por Delfina Helguera son de intachable prestigio. Consagrados. Uno no puede más que crecer con ellos, son una fuente de conocimiento fantástica. Personas como Eugenia Garay Basualdo, Claudia Porccelana, Dr. Gabriel Miremont, Dr. José Puccinelli, María Elena Babino y muchos otros son todo aporte. Entonces, ¿por qué no exponer en ESEADE? Tengo que estar agradecido.
¿Qué le podés decir a las personas que están pensando en estudiar alguna de estas dos carreras en ESEADE (Publicidad y Curaduría)? ¿Cuáles son las ventajas y la pasión que despierta cada una de ellas y como podrían unirse en algún punto así como lo hiciste vos desde tu experiencia. En algún sentido lo que ya te conteste en la pregunta anterior ¿Qué mejor que aprender con los que más saben, con los mejores? En todos los ámbitos de la vida yo siempre quiero saber más, soy inquieto, estudio, investigo permanentemente y si bien me considero un autodidacta, es porque para poder serlo siempre tenés que tomar de los demás todo lo que puedan darte, y en ESEADE la gente es muy valiosa. Es gente que sabe. La publicidad, la curaduría, el diseño, el arte todo está ligado y sino miremos un poco para atrás. El ejemplo más emblemático -miembro del grupo La Nueva Figuración- y que cambio el curso de la pintura argentina: Jorge De la Vega. Artista plástico, dibujante, grabador, poeta, diseñador gráfico y creativo en agencias de publicidad. Un grande, alguien a quien admiro. Por lo tanto le diría a quienes el arte o la publicidad no le despierte pasión, que se queden en su casa!

EN TORNO A LA REALIDAD VIRTUAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es aparentemente paradójico pero la denominada realidad virtual es también real en el sentido que sucede, que existe, que la vivimos. La ciencia ficción en cambio existe en otra dimensión: está plasmada en las letras pero no sucede, no existe.

 

En un plano más ajustado, la realidad virtual consiste en una simulación de lo físico, aparenta algo que no es. Se produce una abstracción espacio-temporal con percepciones distintas. Es una réplica del mundo real y también una presentación de lo que no tiene correlato con lo que existe. Se trata de sensaciones artificiales que influyen en la visión, en el tacto, en el oído y en el olor.

 

En 1938 Antonin Artaud usó la expresión “realidad virtual” para referirse a ciertas obras teatrales para indicar que la vivencia era tan grande de lo representado que aparentaba lo real pero de modo virtual, esto es, no sucedía en el mundo real. En 1979, Myron Krueger aludía a la “realidad artificial” para referirse a representaciones que en diversos andariveles de la vida simulaban lo real y en 1982 Damien Broterick escribió una novela titulada “realidad virtual”, todo lo cual contribuyó a que esta perspectiva tomara más cuerpo.

 

Hoy en día la realidad virtual presta servicios notables a la humanidad. En medicina, en cirugía donde el profesional puede ensayar antes de toparse con un paciente, en astronomía por medio de viajes espectaculares al espacio, en la archiconocida aeronavegación a través de la simulación de vuelos, en arquitectura al efecto de dar rienda suelta a la creatividad, en la visita a museos, para fines educativos, la prueba de vestimenta, para marketing y en la contratación de espléndidos viajes virtuales por todas partes del mundo y también por lugares inexistentes con todo tipo de atractivos (por ejemplo, la sensación clara de estar montando a caballo con todo lo que rodea a la equitación incluyendo el olor del animal y al mover la cabeza y el cuerpo se captan nuevos paisajes y sonidos típicos del campo, y así con otras experiencias muy variadas).

 

Por supuesto que esta tecnología tridimensional puede también utilizarse para el mal del mismo modo que la aparición del martillo pudo y puede utilizarse para clavar un clavo o para romperle la nuca al vecino. Los usos inconvenientes y malsanos no son responsabilidad de la tecnología sino del uso desaprensivo y de la consiguiente estructura axiológica de los usuarios.

 

En el número de agosto del corriente año de la revista Time se publica un extenso artículo de Joel Stein que como nota de tapa se titula “The Surprising Joy of Virtual Reality and Why It´s About to Change the World” (“La sorpresiva satisfacción de la realidad virtual y por qué está por cambiar al mundo”).

 

En esa nota se mencionan algunos de los nombres de los nuevos creadores de la realidad virtual en 3D y a través de auriculares, anteojos y eventualmente un casco y guantes especiales vinculados a un ordenador que hoy ascienden a sumas de importancia pero que se pronostican grandes rebajas en el mediano plazo. Esos nombres son, por ejemplo, Palmer Luckey (dicho se de paso educado en home schooling), Xavier P. Ripoll, Ashley Granata y Alex Kipman. Muchos de los visionarios en esta materia están en contacto con Google, Samsung, Microsoft, Sony y Facebook para colaboraciones y proyectos conjuntos de diversa naturaleza (en Latinoamérica está haciendo punta la argentina Collateral Studio).

 

Hay una cuestión de la mayor importancia en este terreno. Se trata nada más y nada menos que de la libertad. En el mundo real al momento la libertad resulta estrangulada por aparatos estatales inflamados que acosan con regulaciones asfixiantes y medidas que recortan severamente los espacios privados.

 

El uso de la realidad virtual ofrece un paréntesis a ese desgaste diario y permite sanar psicológicamente si se recurre a ese mundo de modo sistemático y gratificante. En el plano de la realidad virtual,  cada uno es dueño de su destino sin interferencias prepotentes de un Leviatán desbocado (solamente el desplazarse sin migraciones, aduanas, pasaportes y energúmenos poniendo sellos, formulando preguntas insolentes y muchas veces sugiriendo cohecho para entrar lo propio de mejor calidad y precio ya de por si constituye una formidable recompensa). La vida terrena se vive una sola vez y el segundero pasa rápido. Cada uno es único e irrepetible por una sola vez en la historia de la humanidad. No hay tiempo que perder. El mundo virtual constituye un paliativo formidable a los avatares de la vida real jaqueada por muchos malos tragos.

 

No se trata para nada de evadir lo que sucede. Los problemas deben enfrentarse y resolverse. Es nuestro deber luchar contra las extralimitaciones del poder político y de cuanta valla se nos interponga para lograr nuestros proyectos de vida que no lesionen derechos de terceros. Esto es imprescindible, de lo contrario también nos quedaremos sin ese recreo de la realidad virtual porque el Gran Hermano la regulará,  limitará o eliminará. No nos podemos imaginar a personas conectadas con realidad virtual alguna en un Gulag. Nuestro deber moral es contribuir cotidianamente a limitar o eliminar al “ogro filantrópico” al decir de Octavio Paz, pero los ejercicios de realidad virtual, entre otras cosas,  nos permiten  juntar fuerzas.

 

Jim Blascovich en una de sus disertaciones sobre realidad virtual ejemplifica esos recreos mentales con el escape de diversas situaciones simplemente pensando en otra cosa que la que estamos atravesando (este orador manifiesta sus deseos que eso no ocurra mientras está hablándole a su audiencia). Pues la realidad virtual es una forma más acabada de esos recreos que nos tomamos.

 

Tengo en mi biblioteca un libro de vieja data (queda vieja debido al asombroso ritmo del progreso en este campo) que se titula Realidad virtual. Los mundos artificiales generados por ordenadores que modificarán nuestras vidas (publicado por Gedisa de Barcelona en 1994 de la edición estadounidense original de 1991) cuyo autor es Howard Rheingold. En ese trabajo, el autor subraya la importancia del juego “como un abrelatas mental para liberar ideas nuevas […] como una forma de organizar nuestros modelos del mundo y los modelos de nosotros mismos, de probar hipótesis sobre nosotros y el mundo y de discernir nuevas relaciones […] es una nueva manera de pensar hacia delante, de representar una simulación mental” (decimos nosotros que excluimos aquellos cuya meta es matar o destruir que solo fomentan la violencia y opaca grados de sensibilidad).

 

En el contexto de la utilidad de los juegos especialmente para los niños y los jóvenes, el autor lo cita al paleontólogo John Pfeiffer quien sostiene que los juegos se traducen en “imitación, simulación, una pizca de fantasía, la libertad de improvisar, de fabricar y de romper reglas y crear sorpresas […] la palabra misma [juego] lleva a confusión, es una zancadilla intelectual. Implica algo inútil, algo que no debe ser tomado en serio; y sin embargo todo lo que conocemos sobre evolución prueba que debe ser considerado muy seriamente”.

 

En esa obra se consigna la importancia de mirar cosas que se consideran “poco prácticas” como parte esencial de la condición humana, como son los valores estéticos, es decir, el arte en general que es para disfrutar mucho más allá de lo elemental de la alimentación, el descanso, la copulación y el negocio que debe tomarse como medio y no como fin de la vida.

 

En ese mismo libro, se destaca que Henri Bergson en La evolución creadora insiste en que una muestra de inteligencia consiste en la fabricación de objetos artificiales que satisfacen las necesidades culturales, esto es, las propiamente humanas. También la obra recuerda a Marshall Mcluhan que en Understanding Media señala que “la proporción y entrada auditiva y visual con respecto a la recepción dominante de la realidad fueron alteradas por la radio y los teléfonos y luego vueltas a alterar por la televisión; nosotros vemos y oímos y aprehendemos así del mundo de una manera diferente” a lo que Rheingold agrega que esto es ampliado en alto grado por la realidad virtual aunque cita al pionero en computación J. C. Licklider en cuanto a la pregunta clave sobre la necesidad de tomarnos el tiempo para evaluar hacia donde queremos ir antes de profundizar los descubrimientos al efecto de sopesar en quienes nos queremos transformar y, agregamos nosotros, para así canalizar nuestras conductas hacia una mayor excelencia y no retrotraernos a los primates.

 

Se ilustra en  el libro que venimos comentando la forma de dirigir las preguntas a lo no-convencional en busca de respuestas que exploren  otras avenidas que ensanchen  el conocimiento, hecho a que apunta el psicólogo Nathaniel Durlach. Se trata de subrayar que al trabajar con sordos-ciegos se comprueba la diversidad de métodos a que recurren para comunicarse. Por ejemplo, cuando “el oyente” coloca la mano en la cara del hablante, verificando el flujo de aire, la vibración laríngea, la posición de los labios y la tensión muscular y así decodifica en realidad el habla. En esta misma línea argumental, Durlach pronostica que en el futuro los humanos tal vez puedan oír el ultrasonido y ver los rayos infrarrojos o los ultravioletas superponiendo un equipo sobre el sentido correspondiente, y concluye que “si podemos ver lo invisible y oír con nuestros dedos ¿qué es una aptitud humana ´normal´?”.

 

Entonces, la tecnología permite descubrir nuevas dimensiones y paradigmas para progresar, siempre y cuando los instrumentos no se utilicen para la degradación del ser humano. En aquél sentido es que la realidad virtual hace de apoyo logístico para mejorar la calidad de vida si está rodeada de valores y principios éticos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

A RAÍZ DE CHARLIE HEBDO:

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Toda persona con un mínimo de sentido  común ha quedado horrorizada con el  ataque terrorista a la redacción de la célebre revista en París mencionada en el título de esta nota. Un acto espantoso en el que fueron asesinadas doce personas.

 

Este tema tiene dos aristas clave. La primera consiste en estar alertas frente a la buscada intención de confundir una religión con un acto criminal. Ya bastante ha sufrido la humanidad con guerras religiosas que en nombre de Dios, la bondad y la misericordia han achurado, degollado, amputado, torturado y quemado a cientos de miles de seres humanos. Los fanatismos religiosos a través de inquisiciones y demás atropellos a las libertades individuales se han constituido en bandas contrarias al mínimo respeto al derecho de cada cual para seguir el camino que estime pertinente siempre y cuando no lesionen igual posibilidad a otros.

 

En el caso que nos ocupa, es relevante apuntar que hay mil cuatrocientos millones de musulmanes en el mundo y la inmensa mayoría repudia el terrorismo y la devastadora alianza del poder con la religión y el consiguiente adoctrinamiento y acciones agresivas hacia otros pensamientos y preferencias. Aquellas mayorías siguen la tradición de la tolerancia, demostrada, por ejemplo, en España durante los ocho siglos de gobierno musulmán, circunstancia en la que el progreso ha sido portentoso en filosofía, medicina, derecho, economía, agricultura, música, geometría, álgebra y arquitectura. Afirman que el jihad es la guerra interior contra el pecado y citan el Corán que dice que quien mata a una persona será tratado como que mató a la humanidad y quien salva a una es como si salvara a la humanidad (en 5:31). Esto va para estar en guardia de la siempre estigmatizadora y xenófoba derecha.

 

El sentido del humor es central en la vida, especialmente la capacidad de reírse de uno mismo. Los acomplejados y débiles mentales no resisten el humor que muchas veces es más punzante que una faena de investigación que pone al descubierto debilidades y corrupciones de quienes sienten que deben estar o están en el centro del poder político y sus aliados circunstanciales.  Demás está decir que la impronta liberal no significa que se deba ser imprudente, pero no excluye la imprudencia, la impertinencia, el amarillismo y la zoncera siempre que no esté involucrada la lesión de derechos de otros. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y así fabrica su reputación.  El modo de expresarse de uno no es el modo de otro, pero todos deben tener el derecho de hacerlo en una sociedad abierta. En lo personal, la burla y el sarcasmo a sentimientos religiosos de otros o de los propios, de agnósticos o de ateos me disgusta grandemente pero parafraseándolo a Voltaire nada debería hacerse para prohibir semejantes manifestaciones, ni ninguna otra.

 

Por otro lado, en general, la ridiculización, la ironía y la satirización tienen muchas veces más fuerza que la articulación de argumentos serios. En esta nota rendimos homenaje a la tarea periodística que solo responde a los dictados de la conciencia de quien habla, escribe o dibuja.

 

La segunda arista se refiere a la indispensable libertad de prensa, para lo cual introduzco algunas partes de un artículo de mi autoría publicado en “La Nación” de Buenos Aires (abril 10, 2012). Esta libertad debe ser respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo porque el ventilar y debatir ideas es indispensable para acrecentar conocimientos y conocer opiniones varias sobre muy distintos temas, sino porque brinda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

 

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria”, “insolencia” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa.

 

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades  ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros, lo cual puede incluir ofensas difamatorias. Esta plena libertad de prensa desde luego incluye al humor y la caricatura, como es el caso hoy de Charlie Hebdo en donde se ha producido la tragedia que comentamos.

 

Esta plena libertad incluye presentaciones irreverentes y, sobre todo, el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema vigente, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios, aplicados también al caso de Charlie Hebdo con su frecuente inclinación de izquierda militante, lo cual resulta irrelevante para lo que decimos de la libertad de prensa.

 

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

 

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

 

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

 

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

 

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) energúmenos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede en varios puntos del planeta, vale el adjetivo).

 

La libertad de expresión constituye el eje central de la sociedad abierta, los espíritus totalitarios no comprenden ese valor inmenso al efecto de respirar el purificador oxígeno de la libertad; bien ha escrito Thomas Jefferson que “nuestra libertad depende de la libertad de prensa la cual no pude ser limitada sin perderlo todo”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.