Consecuencias de la arbitrariedad de Kicillof

Por Adrián Ravier. Publicado el 5/2/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/02/05/consecuencias-de-la-arbitrariedad-de-kicillof/

 

“¡Los mismos que nos dijeron durante diez años que el dólar valía un peso, son los que hoy nos quieren convencer de que vale 13!”, fue la frase arrojada por Kicillof ante el lógico pedido de la prensa de hacer preguntas tras el anuncio del Jefe de Gabinete acerca de la flexibilización cambiaria. Un par de días más tarde, en la ya famosa entrevista que Kicillof ofreció a un diario alineado al oficialismo, éste planteó que el tipo de cambio adecuado para los objetivos del gobierno era de $8. Lo que Kicillof nunca explicó es por qué el tipo de cambio a $13 le parece exagerado, y por qué un tipo de cambio a $ 8 le parece adecuado. Mi análisis de la situación, se resume en una palabra: “arbitrariedad”.

Lo cierto es que para conocer cuál es el precio libre de un mercado, se requiere permitir que las personas interactúen libremente en ese mercado. Si restringimos un mercado, entonces ya no tendremos un precio libre, sino un precio intervenido, el cual se sostendrá en la medida que pueda mantenerse la intervención y sus costos. Con un mercado desdoblado, tenemos que hacer dos análisis distintos. En el caso del mercado “oficial”, tenemos que comprender que el gobierno puede obligar al sistema bancario argentino a vender “sus” reservas al precio que desee. En este caso, Kicillof eligió $ 8, y una forma de comprender la arbitrariedad y lo infundado de esa decisión es cómo el BCRAdebe intervenir diariamente perdiendo reservas para que su precio no se eleve. En el caso del mercado informal o “blue”, la oferta y demanda restringida de aquellas personas físicas y jurídicas -que podemos definir como “no privilegiados”- y que no pueden acceder a la arbitraria y baja cotización oficial, han fijado un precio de equilibrio en torno a los $ 13.

Necesito aquí hacer un paréntesis. Nótese la arbitraria pretensión de nuestro Ministro de Economía de prohibir a las empresas que compren divisas, si éstas no son importadoras –está claro que si son importadoras igualmente hay trabas-, con la cuasi-obligación keynesiana de que éstas reinviertan el dinero y eviten su atesoramiento. El origen del inmoralcontrol estatal del dinero de las empresas parte sin dudas de la creencia marxista-keynesiana que sigue Kicillof de creer que un “fin superior” –quién sabe cuál es en este caso- está por encima de las libertades individuales. Lo cierto es que estas personas físicas y jurídicas, aún violando la “legislación de turno” –no puedo decir “ley”- se animan a comprar divisas a precios elevados -en relación con el dólar “ahorro”- porque tienen expectativas lógicas de que la depreciación del peso será más elevada aún que el diferencial que están pagando en la compra de la divisa.

El problema que surge aquí es que al comparar el circulante con las reservas netas del BCRA, llegamos a la conclusión de que hay más de $20 por cada dólar, lo que implica que las presiones sobre el dólar “blue” continuarán hacia arriba. Más aún en un contexto en el que el BCRA ha perdido toda independencia y sólo monetiza los déficits fiscales del gobierno, el que a su vez se resiste a achicarlo. Esto garantiza un contexto en el que las reservas caen, pero además el circulante en pesos se amplía. La suba constante del dólar “blue” en los últimos meses nos muestra en definitiva la evolución alcista de las expectativas de la gente que fácilmente toma conciencia de la situación real que el gobierno intenta ocultar. Al margen, hay que señalar que la flexibilización cambiaria y el dólar oficial a $ 8, abren aquí un primer negocio “especulativo” en una clase media o clase media alta que se ve beneficiada por la arbitrariedad del gobierno y puede comprar el “dólar ahorro” a $ 8 para venderlo en el mercado informal a $ 13.

¿Por qué Kicillof entonces plantea este desdoblamiento ante su evidente fracaso? Porque en los próximos meses llegarán las cosechas y el BCRA enriquecerá nuevamente sus reservas con nuevas divisas de los expoliados productores agropecuarios argentinos. Numerosos analistas concluyeron que ni siquiera esos “impuestos” podrán saldar las pérdidas de reservas de los meses previos, pero de poco importa esto, si el saldo que se pierde no compromete el objetivo principal que es llegar a 2015 sin el requerido “ajuste”. Una vez más, el gobierno argentino intentará patear los problemas a sus sucesores. La crisis estallará tarde o temprano, sea en manos de Kicillof, o de su sucesor, pero está claro quiénes serán los responsables. A Kicillof le agrada comparar el noventismo menemista con el kirchnerismo. No toma conciencia que aquellos errores del “neoliberalismo” los está repitiendo. Después de todo, los mismos que le decíamos a Menem que el dólar no valía $1 somos los que ahora le decimos a Kicillof que no vale $ 8.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Lágrimas que no secaron

Por Gabriela Pousa. Publicado el 2/9/13 en http://www.perspectivaspoliticas.info/lagrimas-que-no-secaron/

Borges solía rescatar cuán bueno era sentir asombro cuando todos sienten costumbre, de allí que aún pueda decirse que no todo esta perdido para los argentinos. Y es que cada discurso de la Presidente parece “maravillar” a gran parte de la sociedad sumida en la duda existencial: ¿Cristina Kirchner es o se hace? La respuesta es bastante incierta. A ello, la jefe de Estado suma cataratas de tuits corroborando las presunciones. El problema existe, se lo ve, se lo palpa. Algo pasa, algo no está bien con la mandataria.

Por otra parte, los argentinos somos expertos en ver la paja en el ojo ajeno, entonces la cuestión adquiere formas inéditas. Desde debates en sobremesas hasta consultas solapadas a especialistas en psiquiatría, pasando por diagnósticos perfectos emanados de páginas médicas colgadas en el ciberespacio. El corolario es claro: la conducta de la Presidente de Argentina roza lo demencial.

No se trata de faltar el respeto a la investidura, se trata de entender por qué un país signado para ser potencia se halla en pleno siglo XXI, después de años de escuchar que se ha crecido a tasas chinas, en una majestuosa decadencia.

Frente a la conducta ciertamente peculiar de quien detenta la titularidad del Ejecutivo Nacional, la reacción popular se justifica y la incredulidad de muchos se excusa. Aunque la reiteración de lo inexplicable se perpetúe, no termina de convertirse en costumbre, un buen síntoma. Sacando al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no hay otro caso de arbitrariedad emocional similar.

Cualquiera de nosotros, de tener un familiar en una circunstancia parecida, consultaría o tomaría medidas. Pero ¿qué hacer con Cristina? No es pariente, no es de la familia. Un alivio, pensamos. Sin embargo, su conducta nos involucra, sus actos inevitablemente repercuten en los nuestros. Cristina se mete en nuestra casa queramos o no. Maneja la heladera, acecha en la cocina, decide por nosotros qué se lleva a la mesa.

Genera broncas, fomenta odios, rechazos, adhesiones ya en pocos, y también preocupa. Preocupa o debiera preocupar por la simple razón de que está donde está por el voto popular. Y esta Cristina de hoy, que azora con sus elucubraciones vulgares en 140 caracteres es la misma que ganó elecciones en dos oportunidades porque la gente se pudo comprar un plasma en 12 cuotas, o en verano viajar a la costa, porque no se les había ocurrido todavía poner cepo al dólar, o porque Jorge Lanata no mostraba la bóveda en cámara. Pero la esencia no se modificó ni se modifica.

Es decir, ¿cómo es que los argentinos no advertían que la pobreza crecía o qué los funcionarios se enriquecían? ¿Era necesario que apareciera un periodista mostrando la evidencia? Si lo era, también deberíamos preocuparnos. ¿Dónde vivimos todos estos años? ¿O fue necesario que nombrarán a César Milani al frente del Ejército para entender que se usó y se jugó con los derechos humanos?

El kirchnerismo no cambió, ¿acaso sí lo hizo la población? Me gustaría dar una respuesta certera y afirmativa, pero recordemos que Lanata mostró la desnutrición de Barbarita en Tucumán diez años atrás, es decir mucho antes de mostrar el crecimiento de las villas y el “hambre de agua” en las provincias… Parece que nos mirábamos el ombligo, no más.

Hoy, Barbarita ya adolescente abandonó sus estudios y sigue viviendo en la marginalidad. Votó en blanco porque ni siquiera conoce el significado de ese sufragio. Una cosa es la mala memoria de un pueblo y otra muy distinta es hacer la vista gorda porque “en casa se come bien”. Si no se puede apelar a la objetividad, al menos evitemos la hipocresía antes que se convierta en una característica intrínseca de la Argentina.

Lo que sí se puede afirmar es que Cristina sigue siendo Cristina. La misma que culpó al gobierno de Estados Unidos de conspirar en su contra porque Antonini Wilson quedó varado con su valija en una aduana argentina. Aquella que se atragantó con una tostada una mañana al ver “al pelado ese”, que justamente ocupaba el Ministerio de Economía español. No es otra, es la que también acaba de culpar de ladrón a Sebastián Piñera, y hace unos años llamó “golpista” a Julio Cobos, su propio vicepresidente para luego cambiarlo por el impoluto Amado Boudou…

No hay diferencias. Posiblemente su debut en las redes sociales haya puesto aún más en evidencia su particular modo de proceder, pero de novedoso hay poco o nada tal vez. Frente a esta realidad insoslayable cabe preguntarse quizás por la salud mental de todos los que venimos soportando “caprichos” y arbitrariedades de la dirigente sin demandar cambios estructurales, sin haber podido frenar la irracionalidad de la confrontación gratuita y constante antes. ¿O acaso la sinrazón que creemos observar hoy no existía ayer?

Lamentablemente, hace diez años que el kirchnerismo viene actuando de idéntica manera, a lo sumo es probable que antes tuviera un poco más ordenada las cuentas pero Barbarita lloró de hambre en la TV mucho antes, diez años antes. no hay casualidades. Ahora bien, ¿sigue la sociedad argentina siendo aquella capaz de rifar su destino porque la economía todavía no salpica? A juzgar por los resultados de las elecciones internas, podría decirse que no.

Hay atisbos al menos de un cambio un poquito más profundo en la ciudadanía. Por primera vez, la corrupción irrumpe como límite a las arbitrariedades de una administración, por primera vez un aumento tramposo de sueldos no lo es todo a la hora de emitir el voto, por primera vez hay un genuino hartazgo frente a la soberbia y la mentira. Después de una década no parece ser poco aunque el tiempo sigue siendo el único recurso no renovable, y consecuentemente debería tenérsele más respeto a él que a nadie.

En 10 años muchos argentinos han quedado en el camino, un número siempre impreciso tal vez no perdió plata pero sí sueños y esperanzas, ¿cómo no hacerlas pesar a la hora de decidir, de optar?

El cambio real va a llegar a esta geografía cuando el bolsillo deje de ser el órgano más sensible de los argentinos, cuando más que asombro y costumbre, la actitud de un mandatario cause vergüenza propia y ajena, y se reaccione en consecuencia; cuando la economía no sea el termómetro de la felicidad; y la moral, la educación y la salud pesen más que el LCD, el 0km o qué se hará después de Navidad.

Hasta tanto no se asiente ese cambio en cada uno, el inconsciente colectivo seguirá eligiendo la comodidad y el confort del cortoplacismo. La salud mental de la Presidente es importante claro está, pero también lo es la salud mental de la sociedad que se olvidó de Barbarita, y hoy mirá otras chicas iguales a ella como si su desnutrición fuese novedad.

La discusión podría ser eterna como aquella del huevo o la gallina. Como sea, ciudadanía y dirigencia, de una u otra forma se asemejan, de modo que la autocrítica no debería ser sino bienvenida.

A pesar que las encuestas parecen descontar minuto a minuto votos al magro caudal electoral del gobierno, hay consultoras que hablan de un repunte de la imagen oficial, ¿será porque Cristina y sus funcionarios de golpe osaron decir la verdad? Como sea, asombra que todavía alguien les crea.

Qué no sea menester que nos muestren la miseria que sabemos que existe por TV para entender… Nada ha variado esencialmente en todos estos años de canibalismo político bajo el nombre de kirchnerismo. Muy por el contrario, todo se ha devaluado. La excepción a la regla es el llanto de Barbarita, es la contra figura de Cristina, es la realidad frente al relato. Para ella sólo ha variado su edad, ni siquiera sus cumpleaños.

 

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Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

Los abusos de la AFIP, Lorenzetti y la cuarta enmienda

Por José Benegas: Publicado el 28/6/13 en http://josebenegas.com/

Parece una ironía que el titular del cuerpo del Estado encargado de velar por las garantías de las que gozan los habitantes del país, se manifieste víctima de un acto extorsivo por parte de la AFIP después de diez años en los que estos episodios se han hecho rutina. Sería igual de paradójico que un comisario asaltado en plena calle. La Corte tiene a su cargo velar por la constitucionalidad del accionar estatal igual que el comisario cuidar nuestra seguridad.

La agencia que dirige el señor Etchegaray contestó del modo en que siempre justifica el uso arbitrario de sus poderes contra disidentes, molestos y competidores: se trata de la rutina de su trabajo de recaudación.

La llave de la solución de este problema la tiene curiosamente la Corte, pero no defendiéndose en lo personal, sino reafirmando las garantías constitucionales explícitas e implícitas en nuestro sistema constitucional en beneficio de todos nosotros.

Si la AFIP o cualquier organismo estatal tienen derecho a investigar a cualquier ciudadano porque si, entonces determinar cuándo lo hacen como venganza o intimidación requiere un juicio sobre las intenciones, la prueba de cuyos presupuestos es imposible y no puede ser puesta a cargo de los ciudadanos indefensos.

La clave la da la Cuarta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que establece:

“El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil…”

Las garantías solucionan el problema de la prueba de las intenciones dejando fuera de toda posibilidad el abuso de poder. Se prohíben los allanamientos sin orden judicial, no porque todo allanamiento pueda estar motivado en violar derechos de las personas, sino solo porque ese poder abre la posibilidad a la indefensión del ciudadano y se quiere evitar que siquiera sea posible.

La Cuarta Enmienda, una de las diez aprobadas dos años después de la sanción de la Constitución de Estados Unidos a propuesta de James Madison, protege contra el arresto y la investigación penal arbitrarias. No puede haber una investigación que no se base en un “motivo verosímil” (“probable cause”). Debe haber algún elemento que permita al agente público entender que se pudo haber cometido un delito y a partir de ahí iniciar su trabajo. Está vedado en particular que el motivo de la investigación sea la persona en sí. La garantía consiste en que nadie puede ser puesto bajo vigilancia para ver si se le encuentra algo, lo que es una derivación del principio de inocencia y una razonable limitación a los funcionarios públicos para que no usen su poder con fines propios. Si esta prohibición se violara, cualquier elemento incriminante que se obtuviera en la pesquisa sería nulo.

Las investigaciones de la AFIP conducen directo a la aplicación de la ley penal tributaria, sus “salidas de pesca” sobre opositores, molestos, pero también sobre cualquier ciudadano al azar, tendrán consecuencias penales eventualmente. Además de afectar el derecho de propiedad.

Sumemos la arbitrariedad en si de la legislación y la regulación tributaria, entonces llegaremos al fondo del problema, que es que no solo Lorenzetti y los disidentes están en peligro, sino cualquier persona bajo una forma de privación permanente de los derechos ciudadanos en función de la “santa recaudación”

Por aplicación del principio de la Cuarta Enmienda, absolutamente compatible con el espíritu de nuestra propia Constitución inspirada en la norteamericana, la AFIP no debería contar con la facultad de realizar las llamadas inspecciones integrales solo para ver si que encuentra o de modo preventivo de infracciones. Una inspección impositiva debería estar justificada en un “motivo verosímil” en el sentido de que se hubiera producido una ilegalidad frente a una inconsistencia o una denuncia proveniente de un denunciante indentificable y responsable frente a lo que denuncia. Porque tampoco superaríamos la cuestión con un militante de la Cámpora denunciando o un anónimo.

El Estado solo puede hacer ese tipo de controles al boleo en sus propios organismos (donde no lo hace), como un método para controlar en qué se van los impuestos que nos hace pagar. Eso es lo coherente con nuestra calidad de ciudadanos y la de los funcionarios públicos de servidores nuestros.

Pero mientras se permita que rija la doctrina de la “santa recaudación” bajo la cual cualquier arbitrariedad es admisible para que la caja estatal siga llena, no se va a resolver el problema de las supuestas extorsiones caso por caso.

La responsabilidad principal está en los jueces, pero también está en manos de los legisladores limitar los poderes de la AFIP en consonancia con el espíritu de nuestra Constitución Iiberal. De otro modo este gobierno podrá pasar, pero quedarán intactos los mismos mecanismos perversos para que los usen otros abusadores.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El monotributo en épocas de inflación

Por Julián Obiglio. Publicado el 16/4/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130416.php

En los últimos días el director de la AFIP ha manifestado que nuevamente habrá un incremento en las cuotas del Monotributo, afectando así a más de un millón y medio de contribuyentes que adhieren al régimen. El Régimen Simplificado para Pequeños contribuyentes, más conocido como Monotributo, fue sancionado por el Congreso en 1998. El espíritu del nuevo tributo era incorporar a la economía formal a aquellas personas que no podían pagar sus impuestos debido a los elevados costos que imponía el Régimen General (IVA y Ganancias). La idea era sencilla: establecer un pago único mensual que reemplazara al Impuesto a las Ganancias, el Impuesto al Valor Agregado y los aportes a la seguridad social. La cuota del monotributo se integra, así, de un componente tributario (sustituyendo el IVA y Ganancias) y una contribución previsional (Salud y Jubilación). Antes del 2008 la carga tributaria de un monotributista rondaba el 5% de su facturación, mientras que hoy se ubica en un promedio del 10% ¿Qué sucedió? El monto de la cuota mensual ha subido en mayor medida que los montos de las categorías sobre las cuales se calcula el pago mensual. Es decir, si antes una persona facturaba anualmente unos $72.000 tenía que pagar $3.192, hoy tiene que abonar $5.412. Además, los incrementos de las cuotas las ha realizado arbitrariamente el organismo fiscalizador, sin un criterio claro y objetivo. En un contexto de alta inflación como la actual es sumamente necesario que los incrementos en los montos de la cuota del monotributo sigan una pauta preestablecida (un índice de precios creíble y real, por ejemplo) y que no dependan del humor del funcionario de turno. Como elemento adicional, los sucesivos cambios en este régimen tributario han aumentado las condiciones que debe cumplir un contribuyente para permanecer en el régimen (cantidad mínima de empleados, superficie máxima del negocio, consumo máximo de electricidad, etc.).

Es así que tenemos tres problemas: primero; el aumento en la carga tributaria para los monotributistas en los últimos años, segundo; el incremento de la complejidad del régimen y tercero; la discrecionalidad para incrementar el monto de las cuotas mensuales. Es menester entonces solucionar estos problemas mediante la reducción de la carga tributaria, la simplificación del régimen y la implementación de un sistema automático de actualizaciones en los montos de los componentes tributario y previsional. De esa manera estaríamos regresando al espíritu del legislador en los orígenes del régimen: incorporar a las personas a la economía formal, mediante un régimen pagable, simple y transparente.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

A CFK la traicionaron sus palabras:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/5/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3484

La semana pasada, en uno de sus habituales discursos, la presidente Cristina Fernández afirmó: “Esta Argentina es una Argentina y, fundamentalmente, esta Presidenta, también quiero en ese sentido porque soy la que toma las decisiones obviamente, es absolutamente responsable y previsible, absolutamente responsable y previsible”.
Esta afirmación me llamó la atención por dos razones, en primer lugar porque si Argentina fuera tan previsible debería tener, en este momento, un tsunami de inversiones dada la liquidez que hay en el mundo y lo escasos países en los que se puede invertir porque están en recesión. Sin embargo, como comentaba en otra nota, de acuerdo a los datos de CEPAL, en 2011 Argentina solo capturó el 4,7% de la Inversión Extranjera Directa de América Latina, mientras que Brasil se llevó casi el 50% del total de esas inversiones.
Francamente, decir que Argentina es previsible cuando Moreno, sin órdenes escritas, cambia las reglas de juego todos los días, es casi una humorada. Nadie puede afirmar que Argentina es previsible cuando de un día para otro la AFIP, sin explicación previa, cambia los criterios por los cuales la gente puede o no puede comprar dólares. Nadie sabe con qué criterios se mueve la AFIP para autorizar una compra de dólares. Eso no es previsibilidad, es arbitrariedad. Digo, no solo Argentina no es previsible, sino que es arbitraria. Y, como se sabe, las decisiones arbitrarias son la antítesis de la previsibilidad. Para que quede más claro, lo único previsible de la Argentina actual es la imprevisibilidad.
Pero la parte que más me llamó la atención del discurso de Cristina Fernández es cuando afirma: “esta Presidenta, también quiero en ese sentido porque soy la que toma las decisiones obviamente, es absolutamente responsable y previsible, absolutamente responsable y previsible”. En rigor, corrijo mi afirmación cuando digo que me llamó la atención, sino que me confirmó lo que pensaba: Cristina Fernández no cree en las instituciones sino en una especie de gobierno autoritario o dictatorial.
Es que no es la presidente la que tiene que ser previsible en un país que se considere una democracia republicana, sino las reglas de juego que imperan en esa sociedad. Son su normas, códigos, leyes, costumbres y reglas las que regulan las relaciones entre los particulares y no la previsibilidad de una persona lo que le otorgar previsibilidad a un país.
En las sociedades chicas, donde todos se conocen, cada uno sabe quién es el cumplidor, el estafador, el que merece crédito, el que no lo merece, el que cumple su palabra, el que no la cumple. En cambio en una sociedad con millones de personas que realizan contratos entre personas que no se conocen, nadie sabe si la otra parte va a cumplir con lo pactado. Por eso existen las instituciones. Para eso está la justicia, que debe ser independiente. Para hacer cumplir las leyes y los contratos y el Estado tiene el monopolio de la fuerza para que se cumplan los contratos, sino la justicia sería una expresión de deseos.
Y aquí viene otro punto, para que en una sociedad amplia, con millones de personas haciendo contratos, puedan llevarse a cabo los mismos, es decir, haya comercio, inversiones, etc., se necesitan reglas previsibles y eficientes. Por eficientes quiero decir que tienen que atraer al inversor, permitir que la gente desarrolle su espíritu innovador. Y por previsibles quiero decir que esas reglas no cambien todo el tiempo. Por lo tanto, quién tiene que ser previsible no es el presidente de un país, sino sus instituciones, y el presidente se limita a administrar el país bajo esas instituciones que le permiten a la gente trabajar, invertir, desarrollarse, etc.
Cuando Cristina Fernández habla que ella es previsible y responsable y nada raro va a pasar con el dólar o los depósitos, lo que no está diciendo es que ella cree que las instituciones no son relevantes, que lo único relevante son las decisiones que ella tome. En definitiva, la postura de Cristina Fernández es la de un dictador o autócrata que es la contracara de la democracia republicana.
Ella confunde cantidad de votos obtenidos con calidad institucional. Los votos son solo un mecanismo de elección para determinar quién tendrá parte del poder dentro de una república. Las instituciones son las que permiten construir un país, no la previsibilidad o razonabilidad de Cristina Fernández que, dicho sea de paso, es bastante imprevisible en lo que puede hacer o mandarle a hacer a Moreno, y la razonabilidad de muchas de sus medidas es más que discutible.
Se me ocurre que en esa frase quedó en evidencia su convicción de creer más en la persona salvadora de la patria que una democracia republicana. Afirmar que nadie tiene que temer porque ella es previsible y responsable implica decir: no tengan miedo que soy una autócrata buena. Lo que muchos pensamos sobre su idea de gobierno, lo confirmó con esta frase.
La complicada situación económica actual es fruto de ese populismo típico de los gobiernos autocráticos. Hasta ahora el kirchnerismo tuvo mucho viento de cola a favor y una economía con elevada inversión hecha en el pasado que le permitió al gobierno financiar su populismo. Ahora se le presenta un serio problema que difícilmente puedan resolver. Por un lado queda poco margen para seguir financiando populismo y, por otro lado, el mundo ya no juega a favor, sino que juega en contra. Brasil devalúa el real, la economía mundial anda a los tumbos y, para colmo, la cosecha de soja no será tan buena. Así como el inicial margen interno para financiar populismo y el viento de cola llevó al kirchnerismo a sus años de mayor poder político, este nuevo escenario de falta de recursos para más populismo y el mundo con viento de frente pueden llegar a mostrar que el kirchnerismo no fue otra cosa que un gigante con pies de barro.
En definitiva, CFK se comporta como si los votos otorgaran impunidad para llevarse por delante las instituciones. Lo que no tiene en cuenta es que el mercado no otorga impunidad y ahí la gente vota todos los días. Por la suba del dólar blue, pareciera que, por ahora, el voto es no positivo.
 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.