¿Se pincha la burbuja en las bolsas?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 16/1/19 en: https://www.ambito.com/se-pincha-la-burbuja-las-bolsas-n5010827

 

Según habíamos anticipado se desinfla el mercado inmobiliario. En un año, el precio de las propiedades cayó 10,2% en dólares, según el Colegio de Escribanos de la CABA. Y caería más de no ser por propietarios que no venden por no contabilizar pérdidas, aunque muy probablemente es cierto que los precios siguen altos y seguirán bajando. Digo esto porque es un termómetro importante, pero ahora nos ocupa la subida de los mercados bursátiles en el inicio de año.

Las bolsas globales suben con fuerza en 2019. Pero el lunes, demostrando que el problema de fondo no es la guerra comercial -que parece mejorar-, bajaron por datos sobre el crecimiento global. En diciembre, se produjo la mayor caída (-4%) en dos años de las exportaciones, y también las importaciones de China que, aun así, en 2018 tuvo un superávit comercial récord con EE.UU.

El PBI chino desde 2014 -antes de Trump- crece menos del 7% y, según Reuters, Pekín rebajará las previsiones para 2019 a entre 6 y 6,5%, la peor en tres décadas, aunque muy arriba de la pésima perfomance del macrismo. En lugar de recurrir a la obra pública, según JP Morgan, China recortaría impuestos -por u$s300.000 M; 1,2% del PBI- y aranceles a la importación. Medidas auspiciosas si, en el conjunto, efectivamente suponen un achicamiento del peso asfixiante del Estado.

Además, la producción industrial de la Eurozona en noviembre tuvo la mayor caída en tres años: -1,7%. Y el PBI de Alemania creció 1,5% en 2018, el dato más débil en cinco años. A esto hay que agregarle el cierre parcial del Gobierno de EE.UU. por el que se pierden u$s1200 M semanales, según S&P Global. Irónicamente, en dos semanas más el costo superará los 5.700 M para la construcción del muro que desató el conflicto.

Trump amenaza con mantener el cierre por meses o declarar emergencia nacional, y los demócratas apelarían iniciando una batalla incierta. Así, en mi opinión, se está minimizando el hecho de que EE.UU. está gobernado con un alto nivel de irracionalidad y el mundo parece no advertirlo evidenciando que todo el globo está en manos de improvisados.

Ayer, las bolsas globales retomaron la suba alentados por la probable derrota del “brexit” en el parlamento británico. Derrota que se confirmó abriendo dos escenarios posibles: el más creíble es la postergación del “brexit” con lo que las bolsas podrían abrir hoy eufóricas; el segundo, por el contrario, es un “brexit” sin acuerdo, caótico.

Por otro lado, las tasas de interés siguen bajas y algunos papeles cayeron exageradamente en 2018. Por caso, el Ibex 35 cotiza a un PER de 12 veces, 15,7% menos que su media histórica y 4% menos respecto a la zona euro. Según FactSet, entre las acciones españolas, destacan los potenciales de ArcelorMittal (del 66%), Sabadell (44%), Ence y Meliá (ambos del 40%).

Ahora se está desarrollando la temporada de resultados en EE.UU. y 46 multinacionales del S&P 500 lanzaron avisos negativos sobre sus ingresos -muchas debido a la ralentización china- superando la media de los últimos cinco años. Aunque en los beneficios por acción el número de compañías que realizaron algún tipo de profit warning asciende a 72, debajo de la media histórica.

Más allá del último cuarto trimestre -que podría estar marcando una tendencia- en 2018 los beneficios del S&P 500 habrían crecido 20,3%, su mejor marca desde 2010, y los ingresos 8,9%, su mayor expansión desde 2011. Pero, según S&P Capital IQ, los beneficios por acción medios de los componentes del S&P 500 crecerán solo 5,6% en 2019.

Entretanto Argentina parece ser la reina de la burbuja. En 2019 el riesgo país cae más de 100 pb, con una fuerte recomposición de los bonos. Mientras tanto, el S&P Merval ganaba un 10% y la pregunta es si seguirá o caerá incluso a niveles peores que en 2018, en términos reales. En cuanto a los ADR, el volumen promedio de 2019 saltó un 17% contra el promedio de los últimos 30 días. En estos 15 días de enero, la renta fija argentina es la que mejor performance muestra en la región.

Ahora, la deuda estatal sube, la recaudación cae, la inflación no para, las tasas bajan poco y la caída del PBI prevista por los analistas -optimistas en mi opinión- llegaría al 1,9%. Y se dan situaciones bizarras como que habiéndose revaluado el dólar 105% en 2018, ahora el BCRA compra para bajarlo al tiempo que baja la tasa de referencia. Por cierto, estas compras supusieron una emisión de casi $ 6000 M, a lo que hay que sumarle el efecto de la adjudicación de Leliq que, solo el lunes, generó un efecto de expansión de $23.000 M y el BCRA seguiría inyectando pesos, azuzando la inflación.

Así, con un Estado que expolia al sector productivo -por vía de impuestos, inflación y endeudamiento/tasa altas- el PBI cae y Argentina se desinvierte: según la Fundación Capital, en el último trimestre de 2018 la inversión se contrajo 22,7% interanual, cayendo 4,9% en todo 2018, y durante 2019 se contraería 8%, bajando del 20,4% del PBI en 2017 a menos del 19% en 2019. Con lo que el rally alcista de la Bolsa de inicio de año no tiene asidero y se empieza a ver.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Trump perjudicará a México, pero también a Estados Unidos

Por Iván Carrino. Publicado el 10/1/17 en: http://www.ivancarrino.com/trump-perjudicara-a-mexico-pero-tambien-a-estados-unidos/

 

El nuevo presidente de Estados Unidos propone librar una guerra comercial con México para beneficiar a Estados Unidos. El resultado será una pérdida para ambos.

La izquierda en el mundo se encuentra en una encrucijada. Por un lado, desprecia a Donald Trump por su rechazo a la libre inmigración, por sus malas formas políticas, y por sus propuestas de desregulación económica.

Sin embargo, a la hora de hablar sobre comercio internacional, no hay nadie más proteccionista que el nuevo presidente norteamericano.

En una nota de hace unos meses, el Wall Street Journal sostenía sobre su postura proteccionista: “El Sr. Trump es tan delirante en temas comerciales, que hace que Hillary Clinton y los Demócratas parezcan sensatos”.

La más reciente novedad llega antes de que Trump asuma la presidencia. La empresa automotriz Ford decidió cancelar un proyecto de inversión de USD 1.600 millones en la localidad mexicana de San Luis de Potosí. La decisión se tomó con el objetivo de invertir USD 700 millones en una fábrica en Michigan, emblema de la industria automotriz y sede del primer documental de Michel Moore, quien narraba las penurias de una ciudad tras el cierre de la fábrica de General Motors y su traslado a México.

Este giro en la política de la empresa está directamente relacionado con las promesas de campaña de Trump, quien sugirió que quienes tercericen su producción en México, deberán sufrir altos aranceles a la importación de sus productos.

Es decir, si Ford elegía, para ahorrar costos, abrir una nueva fábrica en México, perdería ese beneficio a la hora de vender los autos allí producidos a Estados Unidos, porque el país subirá sus aranceles de importación.

Michael Moore, uno de los más críticos de Donald Trump, debería estar festejando esta decisión. En definitiva, gracias a la amenaza proteccionista, ahora habrá empleo en Michigan y las empresas lo pensarán dos veces antes de ir a México.

La lectura superficial de esta medida es precisamente esta: México perderá inversiones, pero las obtendrá Estados Unidos. Lo lamentamos hermanos mejicanos, pero nuestro presidente quiere que nosotros vivamos mejor, así que les toca perder para que nuestros trabajadores consigan empleo.

Sin embargo, esa no es toda la realidad y, si bien México evidentemente se verá perjudicado, también lo harán los propios norteamericanos.

Lo primero es muy fácil de ver. Si bajo amenazas directas o indirectas, las empresas norteamericanas reducen su inversión en México, el país de 122 millones de habitantes se perjudicará al tener menor demanda de mano de obra y menos empresas que compitan para subir los salarios de sus ciudadanos.

El stock de inversión extranjera directa de Estados Unidos en México era de USD 108.000 millones en 2014, con lo que se trata del principal inversor extranjero en ese país. Si se reduce este monto, México deberá hacer mayores esfuerzos por atraer inversión de otros países, de manera de mantener el crecimiento de su economía.

Si uno centra su mirada en lo que sucederá en Michigan, todo parece color de rosas. Ahora Ford, en lugar de llevarse su inversión al extranjero, hundirá USD 700 millones de capital en suelo estadounidense. Previsiblemente, esto genere demanda de materias primas, mano de obra, y haga crecer la producción de dicho estado.

Buena noticia para Michael Moore, pero no tan buena para el resto de los norteamericanos.

Es que cuando Ford decidió inicialmente invertir en México lo hizo para “mejorar la rentabilidad de la compañía”, ahorrando costos. Y lo que necesitan los Estados Unidos y cualquier país del mundo son empresas rentables.

Piénsese un instante en el accionista de Ford. Si la empresa es rentable, él recibirá un dividendo mayor. Con este mayor dividendo, podrá consumir más o bien aumentar su ahorro o sus inversiones. Si aumenta el ahorro, entonces habrá más fondos disponibles para realizar nuevas inversiones, porque bajará la tasa de interés. Si lo destina a inversiones, entonces subirá el precio de otras acciones que coticen en Estados Unidos, incrementando la riqueza del resto de los accionistas y posibilitando nuevos proyectos de inversión.

Otro efecto negativo del proteccionismo es que la inversión forzada de Ford competirá en el mercado por los recursos escasos (mano de obra, tierra, materias primas), subiendo sus precios. Esto funcionará como una barrera para que se desarrollen nuevos emprendimientos. En comercio internacional, esto se llama “distorsión en la producción”, ya que se sabe que una producción forzada por aranceles sustrae recursos valiosos de la sociedad, llevándolos a una industria determinada, pero en detrimento de todas las demás.

Es decir, la política de Trump puede ser positiva para la industria automotriz norteamericana, pero será desastrosa para la construcción, la minería, la agricultura, el comercio y el transporte, actividades que, entre otras, ascienden nada menos que al 99,1% del PBI estadounidense.

En la medida que se materialice, la demagogia proteccionista de Trump afectará con fuerza a México. Sin embargo, al reducir la rentabilidad de las empresas estadounidenses y subir el precio de los insumos de producción, también afectará a la economía norteamericana.

En definitiva, el cuento proteccionista siempre termina igual. Con una clase privilegiada, que subsiste al calor de la protección, y una sociedad mayormente empobrecida por las distorsiones que genera. En Estados Unidos no será diferente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Como salir del cepo sin morir en el intento

Por Aldo Abram: Publicado el 8/12/15 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2015/12/08/como-salir-del-cepo-sin-morir-en-el-intento/

 

Hay una gran preocupación por el impacto inflacionario que puede llegar a tener la normalización del mercado cambiario. Sin embargo, más allá de alguna aceleración inicial, lo que suceda a lo largo de 2016 dependerá de lo que haga el Banco Central.

En primer lugar cabe aclarar que es un error hablar de devaluación. El peso ya se devaluó (perder valor) durante estos años de control de cambio; pero, con el cepo, el Banco Central evitó reflejarlo en el valor oficial del dólar. Nos vendió la ficción de que la divisa norteamericana valía poco y, como los precios de todos los bienes se fijan en función de dicho tipo de cambio, los consumidores pudieron comprarlos relativamente más baratos.

Para entenderlo, tomemos como ejemplo un caso real. El productor de manzanas de Río Negro, como los costos de cosecha eran mayores al precio artificialmente bajo debido al atraso cambiario por el cepo,  tuvo que dejar pudrir en los árboles gran parte de su producción. Lo que pudo colocar en el mercado fue a valores muy bajos. Por ello, quiénes prestaron el servicio de comercialización y transporte se beneficiaron porque pudieron cargar un mayor margen y, aún así, llegar al consumidor con un precio bajo. Por ende, este último pudo pagar menos por las manzanas y, dado que esto se replica en todos los demás  bienes, gastar más en servicios, que tuvieron la oportunidad de subir mucho sus tarifas.

Así es como hoy podemos ver que los bienes que se comercializan internacionalmente están relativamente baratos respecto a los que están ultra protegidos y a los servicios cuyas tarifas no controla el gobierno. Al liberarse el cepo, el salto del dólar oficial para acomodarse a su valor real debería repercutir en un alza del precio de todos los bienes que dependen de él. Sin embargo, parte de ese impacto negativo lo tendrán que absorber, achicando sus márgenes, los servicios de comercialización y transporte que antes se veían artificialmente beneficiados por el dólar atrasado. No es casualidad que, durante los últimos años, el principal reclamo de los productores haya sido que “venden a un precio excesivamente bajo respecto al que efectivamente paga el consumidor”. Ahora, los intermediarios tendrán que “poner las barbas en remojo”; porque la gente tenderá a demandar menos y, si ellos no amortiguan el alza, perderán muchísimos compradores.

Hay que tener en cuenta que los consumidores no pueden gastar infinito, como deberán dedicar más recursos a los bienes básicos, también deberán bajar sus erogaciones en servicios, aunque no suban; por lo que sus proveedores deberán moderar el alza de sus valores para no perder más clientes. Si a esto le sumamos la voluntad del Gobierno de ir recuperando otro precio artificialmente atrasado, las tarifas de servicios públicos de algunos sectores de la sociedad, queda claro que los restantes prestadores de servicios no tendrán mucho margen de maniobra.

Por lo tanto, la clave para determinar la inflación de 2016 terminará siendo cuánto el Banco Central emitirá para financiar al futuro gobierno. A más emisión, más suba de los precios locles. Ahora, ¿cómo garantizar que el impacto negativo en el bolsillo de la gente sea lo más moderado posible?;

  1. Eliminando inmediatamente las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, tal como reclama la OMC. Los productores de esos bienes importables tendrán una fuerte alza en sus precios domésticos, ante una suba del dólar oficial superior 40%; por lo que no corresponde que los protejan. Además, es poco ético frente a una sociedad que estará haciendo un gran esfuerzo en materia económica.
  2. Bajar al mínimo posible todos los aranceles a la importación de bienes finales; ya que eso le pondrá un techo al abuso en el aumento de los precios de los bienes producidos localmente que compiten con ellos.
  3. Sacarle todos los subsidios a los servicios públicos que todavía reciben las empresas; ya que se habrán beneficiado con un aumento de los productos que fabrican y eso les permitirá pagar lo que corresponde por sus insumos. De paso, ese ahorro puede permitir hacer más gradual la quita de los beneficios a los sectores residenciales, que estarán enfrentando un aumento de su canasta básica.
  4. Eliminar, o reducir drásticamente, el valor mínimo del petróleo en la Argentina. Dado que este sector recibirá un aumento de precios por la suba del tipo de cambio, no es justo que el resto de la sociedad, encima, tenga que pagar aún más caro los combustibles para beneficiarlos. De esta forma, el alza de estos últimos podría ser muy moderada y, también, el subsidio a otorgarle a las empresas de transporte y electricidad.

Con estas recomendaciones y un manejo prudente de la política monetaria, se puede conseguir que se modere el impacto de la inflación que tengan que afrontar los argentinos por la necesidad inmediata de abandonar la ficción del cepo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .