Huawei y los destrozos de Trump

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/5/19 en: https://www.ambito.com/huawei-y-los-destrozos-trump-n5033166?fbclid=IwAR2rsnlcwUZfVXxLORczS9mo6-RaMMt996eGttaEbisjE8441AHKGowxiR0

 

Huawei y los destrozos de Trump

Patético. Era la Grecia antigua y ya Aristóteles sabía que la violencia era, siempre y necesariamente, destructiva; de hecho, la definía como aquello que intenta -desviar- destruir el desarrollo del cosmos. Y así lo replicaron científicos de la talla de Tomás de Aquino, pero en pleno siglo XXI todavía hay quienes no pueden superar la primitiva idea de que la violencia puede ayudar en la defensa o, peor, en el establecimiento de un “orden social”.
Y así va el mundo. Trump me recuerda a la Segunda Guerra Mundial (SGM). Según los Aliados, se hacía para liberar al mundo de tiranías y guerras -ya lo habían dicho en la Primera- y por supuesto, semejante incongruencia -guerrear para evitar la guerra- produjo el resultado opuesto: cercenaron las libertades de sus ciudadanos, empezando por aumentarles los impuestos y hasta llevarlos a la guerra para morir.Charlton Heston recordaba amargamente su vuelta de la SGM: “Nos habían dicho que era para terminar con las tiranías y vimos crecer otra peor”. Después de 60 millones de muertos y la destrucción masiva de propiedad privada, se consolidó la peor tiranía de la historia, la URSS, que finalmente cayó -el Muro de Berlín- como era lógico: en paz.

No siendo protagonista de la SGM, Trump encara su propia “guerra” -bien idiota- contra China. Utilizando el monopolio estatal de la violencia, impone barreras a los productos chinos provocando una destrucción inútil que sufren sus propios ciudadanos, que ahora pagarán más caros sus insumos mientras la balanza comercial no mejora, empeora.

Por la tensión entre EE.UU. y China, escenificadas a través de Google y Huawei, si los peores presagios se cumplen, la electrónica se encarecerá entre un 10% y un 15% para todos los occidentales. Porque impactará en los costos de producción de todas las empresas: las tarjetas de sonido y gráficas, circuitos impresos, pantallas, baterías, antenas, módems y demás componentes están llamados a elevar sus facturas que llegan desde China.

Por otro lado, según JP Morgan, deslocalizar la producción de sus iPhones de las plantas de Foxconn en Shenzhen, para llevarlas a EE.UU. significaría que Apple debería incrementar un 14% sus precios dado el encarecimiento por la mano de obra estadounidense. De modo que “podría resultar más barato para Apple seguir construyéndolos en China y pagar las tarifas”, según Wire. Por cierto, las acciones de Apple cayeron al conocerse la noticia.

Por otro lado, Huawei trabaja en su propio sistema operativo alternativo al Android de Google y al de Apple. Los fabricantes chinos acaparan un 43% del mercado mundial de móviles -mil millones de usuarios- con lo que no es descabellado pensar que puedan consolidar un tercer sistema operativo común. Y, sin dudas, se dispararán acciones judiciales de todo tipo: los abogados de Huawei, la organización de consumidores Facua, y los asesores legales Legalitas ya han insinuado hacerlo.

Y todo porque Trump teme la tecnología 5G que desarrollan los chinos, que podría servir para “espiar”. Y le teme porque la información es, precisamente, como he dicho muchas veces, la mejor defensa contra la violencia: de qué sirve el mejor ejército del mundo contra un insecto que puede conocer y anticipar sus movimientos. Por eso Washington censura a Wikileaks, entre otros medios de prensa. En fin, como broche, lo que va a lograr Trump, además, es un retraso en el desarrollo de las redes -y tecnología- 5G.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/18 en: https://www.libremercado.com/2018-06-03/carlos-rodriguez-braun-el-mito-de-la-incompetencia-del-estado-85269/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/libertad-digital/el-mito-de-la-incompetencia-del-estado/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

El desánimo global pesa más en Argentina

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/2/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/el-desanimo-global-pesa-mas-49612.htm

 

A pesar de que los organismos internacionales siguen tirando expectativas optimistas con respecto a la economía global, los mercados parecen desanimados y desconfiados.

 

 

Wall Street intenta tranquilizarse tras vivir una semana de vértigo que iba camino de ser la peor desde octubre de 2008, en plena crisis financiera. El índice Dow Jones logró cerrar el viernes pasado con un repunte del 1,4% aunque con mucha volatilidad. Aun así, se produjo una caída acumulada del 5,2% desde el lunes, la peor desde enero de 2016. El impulso final volvió a colocar al índice por encima de los 24.000 puntos y lo sacó de la zona de corrección. Pero ha visto evaporarse 2.200 puntos -casi 10%- desde el máximo histórico del 26 de enero.

Los mercados estadounidenses vivieron una auténtica montaña rusa que hacía subir y bajar las acciones durante toda la sesión. El lunes perdió, de un plumazo, 1.175 enteros, el mayor desplome en puntos de la historia. En porcentaje fue del 4,6%, la mayor caída desde 2011. El martes rebotó el 2,33%. El miércoles, cerró equilibrada. El jueves perdió otro 4,15%, el segundo mayor descenso histórico, en puntos. Durante toda la semana, las Bolsas europeas y asiáticas bailaron al ritmo que marcaba Wall Street y todas las grandes plazas cerraron el viernes con pérdidas.

Entretanto, los bonos del Tesoro, donde la tasa de interés de las letras a 10 años supera el 2,8%, su nivel más alto en cuatro años, se convierten en el puerto seguro para los inversores cuando sube el precio del dinero. Este trasvase del mercado de acciones al de renta fija se ve alimentado por una escalada del índice de volatilidad Cboe, que se movió entre los 30 y los 40 puntos, frente a menos de 10 a comienzos de año.

Los tres índices de referencia de Wall Street -Dow Jones, Nasdaq y S&P- entraron en zona en negativa para el año, al bajar a niveles de mediados de noviembre del pasado año. El desplome provocó que se evaporara el equivalente a 2,6 billones de valor bursátil en el S&P 500. En perspectiva, el desplome suma 3,5 billones en valoración desde las elecciones presidenciales.

La volatilidad se comió el 40% de lo ganado en la era Trump. Google, la segunda compañía cotizada, es el mayor perdedor en términos absolutos con más de 114.000 millones desde el máximo. Le sigue Apple, la mayor del parqué, con 83.000 millones. Las dos están en zona de corrección. Microsoft les sigue con 69.000 millones, Berkshire Hathaway con 63.000 millones y Exxon Mobil con 54.000 millones.

La remontada -por no decir burbuja- de los últimos nueve años en Wall Street estuvo, de hecho, subvencionada por una política monetaria extremadamente laxa por parte de la Fed. Y esta política se aleja cada vez más, ya que el dato de empleo de enero estaría mostrando que el crecimiento es sólido y que los salarios suben, lo que se interpreta como un incentivo para subir las tasas -según ya anticipan todos los analistas- con más agresividad para “contener la inflación”.

Por cierto, tras los sobresaltos de los últimos días, los inversores “clásicos”, los que creen en las perennes reglas del mercado bursátil, se preguntan en qué momento deberían comprar. “Las correcciones en los mercados suelen ser del 10%”, dice Levitt de Oppenheimer. “Estamos cerca de ese punto y después, las acciones suelen subir durante los siguientes meses”, concluye.

En cualquier caso, resulta evidente que “el optimismo que llevó a las acciones de EE.UU. a nuevos máximos se está agotando, al menos temporalmente”, explica Craig Burelle, analista de Loomis Sayles. Así, los inversores buscan activos de cobertura, prefiriendo los bonos del Tesoro a 10 años y para ello han desarmado posiciones, sobre todo en instrumentos de riesgo como el caso de las acciones y activos de emergentes al punto que los bonos de mercados emergentes soportaron la mayor salida de capitales en la historia.

Y, por cierto, en esta bajada global, los bonos argentinos vienen sufriendo una caída adicional como consecuencia de la mayor depresión local: en lo que va del año pierden 10% en la parte larga de la curva y 5,5% en los vencimientos a 2026. En tanto que los bonos brasileños, en la parte larga cayeron 7%, los mexicanos 4,85%, los de Perú 5,7% y los colombianos, puntualmente el bono a 2045, sufrieron una merma de 6,05% en lo que va del 2018.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El avance tecnológico crea empleo, no lo destruye

Por Iván Carrino. Publicado el 13/2/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/02/13/el-avance-tecnologico-crea-empleo-no-lo-destruye/

 

Los seres humanos tenemos una personalidad dual. Por un lado, nos fascinan los avances tecnológicos y nos agolpamos en la puerta de las tiendas Apple cuando la marca de la manzanita presenta sus nuevos teléfonos inteligentes.

Por otro lado, nos asustamos enormemente con las consecuencias que la tecnología puede tener en el nivel de empleo, ya que muchos avances tecnológicos, especialmente los aplicados a la producción, apuntan precisamente a sustituir mano de obra humana por máquinas y robots.

Ahora bien, ¿tenemos motivos para asustarnos? Si uno realiza una mirada superficial sobre el asunto, entonces concluirá rápidamente que sí. Cuando un robot o una máquina automatizada pueden realizar el mismo trabajo que realizaba un obrero en una fábrica pero en menos tiempo y por menos dinero, la amenaza se vuelve evidente.

Sin embargo, lo que este análisis superficial deja de lado es todo el empleo que se generará en otros sectores producto de la mejora de la productividad y la caída de los precios de los bienes de consumo.

El razonamiento es sencillo: si la caída en los costos se persigue para reducir los precios, entonces los consumidores dispondrán de mayores ingresos reales, que podrán gastar en nuevos bienes y servicios. Esos bienes y servicios deberán ser producidos por terceras personas, creando nueva demanda de trabajo.

Lo que te cuento hasta acá no es un mero ejercicio teórico. En un estudio realizado por Ian Stewart, Debapratim De y Alex Cole, de la consultora Deloitte, se prueba con datos esta teoría.

Para los economistas de la consultora, el discurso actual sobre la tecnología está “sesgado hacia los efectos destructivos que el cambio tecnológico tiene debido a la relativa dificultad para predecir su efecto creador sobre los puestos de trabajo”. Sin embargo, la tecnología, si bien modificó la estructura del empleo, ha creado empleo en términos netos por los últimos 144 años.

Los autores examinaron datos del censo de Inglaterra y Gales desde 1871 hasta el año 2014. Los resultados mostraron un marcado descenso en algunos tipos de trabajo, pero un aumento significativo en otros que más que compensó la baja en los sectores afectados.

El ejemplo más paradigmático es el de los trabajadores agrícolas. En 1871, el 6,6% de la fuerza de trabajo estaba abocada a tareas agrícolas. En 2014, ese porcentaje bajó a 0,2%, una reducción del 95 por ciento.

Otro caso es el de los trabajadores involucrados en lavanderías. En 1901, 200 mil personas sobre una población de 32,5 millones se ocupaban de lavar la ropa de los ingleses. En 2011, sólo 35 mil sobre una población de 56,1 millones realizaba el mismo trabajo. ¿Adónde fueron a parar los afectados por el “desempleo tecnológico”?

Aun cuando la tecnología destruye algunos trabajos, es creadora neta de empleo. Por un lado, porque el sector que produce las innovaciones tecnológicas está permanentemente demandando trabajadores que ayuden en esta tarea. Pero hay otro efecto derivado del avance tecnológico que afecta positivamente el empleo: es que los  precios bajos resultado de la tecnología estimulan la demanda de nuevos sectores, y nuevos bienes y servicios.

Así, los contadores, que en 1871 eran 9.832, se multiplicaron por 22, y en 2011 totalizaron 215.678. Algo similar sucedió con las enfermeras profesionales (se multiplicaron por 26), el personal de bares (se multiplicó por 4 desde 1951) y los peluqueros: en 1871 había un peluquero por cada 1.793 ciudadanos; hoy esa relación es 1 a 287.

Como afirman los autores, la tecnología crea empleo en servicios especializados (como contadores, profesionales de marketing, médicos y educadores) y también en aquellos sectores que no buscan atender las necesidades básicas de la población (bares, peluquerías y gimnasios, por ejemplo).

Es decir, con la tecnología, la división del trabajo se profundiza, crece la especialización y mejoran los niveles de vida. Y todo esto con mayores niveles de empleo.

En un análisis de datos más recientes, el mismo estudio muestra cómo fue cambiando la estructura del empleo en Inglaterra:

Si bien los trabajos manufactureros son cada vez menos, hubo un impresionante crecimiento en el sector servicios que más que compensó la caída. Entre 1992 y 2014, en medio de una verdadera revolución tecnológica, la cantidad de puestos de trabajo creció en nada menos que 5,8 millones.

La tecnología refleja el deseo del hombre de hacer la vida más fácil. Así, nos libera de realizar tareas que no nos gustan y nos fuerza a enfocarnos en las nuevas demandas de los consumidores.

Por los últimos 144 años de historia, además, ha sido creadora neta de empleo, y no hay motivos teóricos ni empíricos que nos hagan pensar que esta tendencia va a empezar a cambiar justo ahora.

Más que temerle, a la tecnología hay que agradecerle. Si no fuera por ella, estaríamos todavía trabajando la tierra y con una expectativa de vida de, como mucho, 40 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Algo para aprender: Irlanda salió de la crisis del 2008 y es un centro de inversiones tecnológicas

Por Martín Krause. Publicada el 17/3/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/03/17/algo-para-aprender-irlanda-salio-de-la-crisis-del-2008-y-es-un-centro-de-inversiones-tecnologicas/#.VuqpUnAcdNY.facebook

 

El Instituto Libertad y Desarrollo, de Chile, publica “Economía Internacional al Instante” que en su Nº 847 presenta un informe sobre Irlanda, el cual resulta de interés para países latinoamericanos que han de realizar reformas para poner sus economías en orden:http://www.lyd.org/lyd/EII/EII847Irlanda04032016.pdf

Al respecto, dice el Informe:

Irlanda no se vio tan afectada como otros países durante la crisis de 2008. Sorprendentemente sólo se mantuvo en recesión durante dos años, para luego dar cabida a una rápida y sostenida recuperación que se mantiene hasta hoy en día. En 2014 el tigre celta sorprendió con un crecimiento de 5,2%, el cual se explica principalmente por un crecimiento de 11% en la inversión ese mismo año. Sin embargo, la desaceleración mundial y la no tan auspiciosa recuperación de la Zona Euro explican la disminución en el crecimiento con respecto a 2014, obteniendo un 3,4% el año 2015. Bajo los factores anteriormente mencionados, se mantiene una proyección en torno al 3,2% para el año 2016, la cual sigue siendo una tasa de crecimiento elevada para la Zona Euro.

En cuanto a consumo privado, no hubo crecimiento por seis años seguidos, en 2014 comienza una leve recuperación, para luego fortalecerse 2015, con una expectativa de 2% y proyecciones en torno al 2% para 2016. La demanda interna junto a la inversión ha contribuido para mejorar el crecimiento del PIB desde 2013. Para la demanda interna se espera una leve desaceleración de las cifras en 2015 y 2016, con un crecimiento en torno al 3% y 2,5%, respectivamente.

La inversión total sufrió una importantísima caída desde la crisis. En 2006 alcanzaba niveles por sobre el 30% del PIB. Cinco años después, en 2011, esta cifra no superaba el 17,7%, habiendo sufrido una de las mayores caídas de inversión privada desde la Gran Depresión. El año 2014 la inversión alcanzó el 20,3% del PIB, y se espera que para los años 2015 y 2016 se encumbre hacia 20,8% y 21,6%, según cifras del FMI, lo cual apoya las expectativas positivas de crecimiento.

Irlanda ha logrado enfrentar las consecuencias de la crisis con perseverancia y buenas políticas públicas. El costo para el gobierno del Primer Ministro, Enda Kenny, fue altísimo, puesto que debió impulsar un importante recorte de sueldos en el sector público y aumentar la deuda pública del país seis veces para rescatar al sistema financiero. En la actualidad la ciudadanía y los inversionistas han recuperado la confianza en la conducción política y económica del país.

Quizás el aspecto más paradigmático en esta materia sea el nuevo impulso que se ha llevado adelante en materia de inversión tecnológica. Lo que partió como un incentivo tributario al ahorro, se ha trasformado ahora en un motor del crecimiento. Empresas como Google, Apple o Microsoft tienen sus oficinas centrales para Europa ubicadas en Irlanda, lo que se ha traducido en un aumento del 65% del volumen de negocios de las empresas irlandesas durante 2014, y lo más destacable de todo, un 70% de las pymes también lo ha hecho. La inversión tecnológica en Irlanda desde EE.UU. es cinco veces mayor al promedio de otros países europeos.

El aumento de la presencia de la industria tecnológica tiene dos motivos. Por una parte, la claridad de las reglas del juego y una institucionalidad confiable, sumado a una tasa efectiva de impuestos del 11,8%. En segundo lugar, la alta calidad del capital humano disponible, con amplias brechas de capacidad debido al desempleo que generó la crisis. De esta forma, Irlanda es hoy el segundo mayor exportador de software del mundo, y aloja nueve de las diez farmacéuticas más grandes. El país está catalogado dentro de los mejores lugares para hacer negocios del mundo.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Cuando la inmoralidad se impone

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 22/1/14 en:  

http://www.elheraldo.hn/Secciones-Principales/Opinion/Columnas/Cuando-la-inmoralidad-se-impone#.UuD0mhp8bOk.facebook

Cuenta Miguel Jiménez que los siete gigantes de Internet en España, las filiales de Apple, Google, Amazon, Facebook, eBay, Microsoft y Yahoo, gracias a tácticas totalmente legales de ingeniería fiscal, tributaron en 2012 solo 1,251,608 euros. Entre otras cosas, suelen trasladar el grueso de su facturación a países donde los impuestos son más bajos, como Irlanda o Luxemburgo. El colmo fue Apple, la segunda empresa con mayores beneficios del mundo, que declara pérdidas en España. Por su lado, el Financial Times mostró que la factura fiscal de 2012 de estos siete grupos en Gran Bretaña fue de € 54 millones, muy poco comparado con la dimensión de sus negocios.

Ahora, hay que ser mal pensado para creer que naturalmente las personas tienden a no pagar; por el contrario, lo natural es que las personas sepan recompensar a quienes les brindan un servicio eficiente. Como un fabricante que gana dinero gracias a buenos insumos, sería muy torpe que no los pagara y el proveedor quebrara porque moriría su negocio. Lo normal en el mercado natural -del orden natural aristotélico tomista- es que las personas cooperen voluntariamente y que se ocupen con mayor celeridad de lo que es más urgente: por caso, lo primero es comer y, gracias a que la producción y distribución de los alimentos está en manos del mercado funciona relativamente bien, no como la salud fuertemente estatizada.

Las personas huyen de los impuestos porque advierten que los gobiernos los malgastan, como se malgasta lo que no es propio ni ha sido obtenido moralmente -cedido voluntariamente por otra persona- a cambio de un servicio satisfactorio. Como ejemplo de malgasto, cuenta Doris Gómora que agentes antidrogas y fiscales de Estados Unidos negociaron en suelo mexicano con carteles del narcotráfico y permitieron, bajo acuerdos escritos, que los narcotraficantes siguieran operando, situación que incrementó la ya alta violencia de la “guerra contra las drogas” decretada por el gobierno.

Lo peor es que cuando las personas no pueden dejar de pagarlos la situación social empeora porque aquellos con más recursos económicos tienen mayor capacidad para derivar las cargas fiscales hacia abajo. Un empresario, por caso, sube precios, baja salarios, deja de invertir demandando menos mano de obra, etc. En consecuencia, los impuestos impactan más sobre los más débiles y así se crea la pobreza que, definitivamente, no es natural. Creada esta pobreza los gobiernos hacen asistencialismo con lo poco que dejan. Por caso, a pesar de “las misiones” chavistas –como la cuasi blasfema Misión Niño Jesús- y el Plan de la Patria, la mortalidad infantil aumentó 4,1% con respecto a 2012, y en lo que va del año en Venezuela murieron más de 114 menores de un año.

Eso sí, de seguir así, los venezolanos dejarán de recibir “mala onda” y todo será como el paraíso con alegres pajaritos que transmitirán mensajes de Chávez. Es que el gobierno chavista comenzó eliminando los medios radioeléctricos privados independientes, en el último año, Globovisión, que fue vendido a “empresarios” cercanos al oficialismo. Mientras ha creado medios audiovisuales estatales como Telesur, hasta la última creación, la televisora de la Fuerzas Armadas. Y ahora van por lo que queda de la prensa escrita a la que destruirán vía la falta de papel, dada la restricción de divisas para comprarlo.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.