Pobreza: cómo sacar las tres mochilas que pesan sobre los inversores

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 21/3/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/03/21/pobreza-como-sacar-las-tres-mochilas-que-pesan-sobre-los-inversores/

 

La Argentina es un país sin tiempo. Sin embargo como sociedad actuamos como si nos sobrara. Ante cada indicador económico y social discutimos las causas, los motivos y los culpables. Ríos de tinta derrochados con los ojos en la nuca.

Nos regocijamos buscando culpables y facturando responsabilidades que nunca se pagan. Quizás un psicólogo nos diga que la mejor manera de evitar el duro trabajo de encarar la solución sea perder el tiempo echando culpas.

La pobreza al 32%, inflación al 20%, crecimiento para este año con suerte al 3% son indicadores de un problema muy serio. La Argentina está en decadencia desde hace décadas.

Los historiadores deberán estudiar las causas, los motivos y quizás los responsables. Sin embargo, los gestores de política pública son los encargados de llevar a cabo las soluciones. Si los gestores hacen historia, estamos en problemas.

Sabemos lo que fue el kirchnerismo desde el punto de vista de la corrupción, el dislate económico y la brutal decadencia conceptual. El peor de los legados, sin duda. No obstante, refugiarse en la herencia es un error, un desgaste de energía inconducente.

El Gobierno debió explicitar el 11 de diciembre de 2015 el detalle del desastre recibido. No lo hizo. Ya está, pasó la oportunidad. Ahora debe encarar las soluciones para disminuir rápidamente la pobreza, bajar la inflación y encarar una senda de crecimiento sostenido. La mala noticia es que continúa con medidas inútiles como la proliferación de planes. La buena noticia es que aún se está a tiempo.

Hay tres motivos por los cuales los pobres son pobres. Más allá de causas últimas como cuestiones educativas y culturales. Los pobres son pobres porque: no tienen trabajo; trabajan pero no producen; trabajan, producen pero lo que producen no vale.

Si lo que falta es demanda de trabajo, tenemos un problema en el mercado laboral. No hay vuelta, por más que la mitología política nos diga otra cosa. Si la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, o bajan los salarios o bajan los costos laborales no salariales (legislación laboral).

Si una persona trabaja pero no produce, quiere decir que se esfuerza pero su esfuerzo no alcanza para transformar la materia. No tiene productividad. En este caso lo que falta es capital. A esa persona le falta una máquina, un bien de capital que lo ayude a producir más. Una persona que corta el pasto con la mano produce menos que lo que lograría ayudado por un tractor. La mitología política argentina pretendió solucionar la pobreza combatiendo al capital, el mejor amigo de los pobres. Nada ayuda más al trabajo que la inversión en maquinarias y equipos.

Por último, puede suceder que una persona trabaja, produce, pero lo que produce no vale. Por ejemplo, un cartonero, trabaja, carga cientos de kilos de cartón al día pero su esfuerzo vale 1,50 pesos el kilo (si tiene suerte). No tiene valor. En este caso, lo que hace falta es canalizar el esfuerzo hacia actividades más productivas. Falta apertura económica.

Por tanto, para solucionar la pobreza, contrariamente a lo que dice la liturgia política argentina, es necesario destruir las tres mochilas que pesan sobre los que invierten, crean trabajo y compiten. Esto es, la mochila fiscal, la regulatoria y la laboral.

La presión impositiva ronda el 45%-47% de los ingresos. En Argentina los impuestos son elevados, complejos y discriminatorios. No hay ni tiempo ni margen para la pinza de depilar. Debemos asumir una reforma impositiva revolucionaria. Es un delirio intentar cobrar con un sistema fiscal inviable. Debemos pensar en la derogación de la mayor parte de los impuestos nacionales y provinciales, y reemplazarlos por un impuesto único como los casos de Estonia e Irlanda, hoy los países que mayores inversiones reciben en Europa.

La mochila regulatoria frena, encarece y desanima proyectos de inversión nuevos y vigentes. La Argentina es una economía de permisos. Hay 800 mil empresas en el país que diariamente tienen que pedir permisos al Estado. Permisos para construir, comprar, vender, importar, exportar, producir, distribuir. Cada etapa productiva requiere un sello de un funcionario estatal. Para que un kilo de carne de pollo llegue a la mesa del lector, el sector avícola debió haber realizado 160 trámites diferentes. Según un estudio del Banco Mundial abrir una empresa en Argentina es cincuenta veces más caro que en Nueva Zelanda y catorce veces más engorroso. Las regulaciones condenan a un desocupado a ser piquetero antes que emprendedor. El permiso mata posibilidad.

En materia de legislación laboral, el subsidio al ausentismo, la elevada judicialización y los costos de la protección laboral disminuyen la demanda de empleo. Lejos de proteger al trabajador, la mochila laboral generó un ejército de desempleados.

La disminución de la pobreza no pasa por la distribución del ingreso ni por la proliferación de los planes sociales. Ya han demostrado el fracaso. Rotundo. La solución pasa por eliminar las mochilas que inhabilitan la productividad y el trabajo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Con Ollanta Humala, Perú sigue creciendo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/7/12 en http://www.lanacion.com.ar/1491376-con-ollanta-humala-peru-sigue-creciendo

La economía peruana sigue robusta. A pesar de la crisis externa, ha crecido un sólido 6,47% en mayo pasado respecto del mismo mes del año anterior. Así lo acaba de informar el Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú, que no deforma, ni manipula, las cifras oficiales. La mayoría de los sectores productivos muestran una evolución positiva. Especialmente el de la construcción, que creció un 15,84%; el de la actividad agropecuaria, que creció un 7,75% y el de los servicios, que creció un 7,92%. También aumentó sensiblemente la actividad manufacturera. En rigor, el único sector que registró una caída fue el de la pesca.

Una vez más, uno de los países del Pacífico -abiertos y con economías de mercado- crece a un ritmo más sostenido que los del Atlántico, estatistas y proteccionistas. Para el año en curso, con un segundo semestre que se vislumbra como algo más lento, Perú proyecta un crecimiento del 4,7%. Esto pese al notorio fortalecimiento del sol. El dólar en el Perú registra cotizaciones que hoy son las más bajas en más de 15 años.

Ollanta Humala ha mantenido una política fiscal y monetaria de corte ortodoxo, dentro de los parámetros económicos que han venido utilizando en el Perú de las últimas dos décadas, aunque con mayor acento en las políticas de inclusión.

Desde que, al inicio de su gestión, Humala designara a Luis Miguel Castilla en Economía y confirmara en el Banco Central de Reserva a Julio Velarde, todas las señales que emite su administración generan confianza y transmiten continuidad. Además, privilegian el estado de derecho.

 

Por todo esto no es sorpresivo que Humala mantenga el aplauso de sus partidarios, entre los que están ciertamente Alejandro Toledo y Mario Vargas Llosa. Pero también por esto, su ex rival, el excelente economista Pedro Pablo Kuczynski, sostiene que “el balance de la gestión económica del primer año del presidente Ollanta Humala ha sido bueno. El Perú sigue teniendo una de las tasas de crecimiento económico más altas de América latina, con la menor inflación”.

No obstante, de cara a la opinión pública, las cosas son para Humala un poco más complejas. Una encuesta urbana publicada por el matutino El Comercio , de Lima, elaborada recientemente por Ipsos Apoyo, Humala cierra su primer año de gestión con un 40% de aprobación y un 51% de desaprobación. Esos guarismos comparan razonablemente bien con los de sus predecesores. En efecto, al cierre de su primer año de gestión, Alejandro Toledo tenía tan sólo un 18% de aprobación y recibía un 76% de desaprobación. El caso de Alan García resultó un poco mejor que el de Toledo, desde que, siempre en idéntico período, el apista obtuvo un 32% de aprobación y un 64% de desaprobación.

 Según la encuesta mencionada, para el público entrevistado los éxitos más importantes de Ollanta Humala han tenido que ver con sus programas sociales (especialmente con los denominados: Pensión 65 y Beca 18). Hay también aplausos para su manejo del salario mínimo vital. La continuidad de la política económica -en cambio- merece la aprobación del 13% de los encuestados. Su giro en materia de política económica, la de apenas el 6%. En contraposición, la encuesta revela que para la gente lo peor del primer año de gobierno de Ollanta Humala han sido los conflictos sociales. Las quejas se refieren, asimismo, a sus dificultades de comunicación y a algún escándalo en torno a su ex vicepresidente.

Respecto de su problema socioeconómico más importante, que es el conflicto en Cajamarca con motivo del proyecto minero denominado Conga , la mayoría de los peruanos estima que -pese a todo- el proyecto se concretará y que el Estado debe seguir adelante con el mismo. Hablamos del 60% de los peruanos, en promedio. En los centros urbanos, esa aprobación es aún más alta.

La encuesta contiene algunos datos adicionales de interés. Por ejemplo, que el 57% de los peruanos legitima el uso de la fuerza respecto de las marchas callejeras no autorizadas. Porcentaje que aumenta cuando se trata de cortes de rutas o carreteras, donde el 74% del los peruanos se pronuncia a favor del uso de la fuerza para mantenerlas expeditas. Más aún, cuando se atenta contra la propiedad privada, donde el 79% de los peruanos defiende el uso de la fuerza para garantizarla, o cuando se pone en riesgo la integridad física de las personas, circunstancia en la que el 84% de los peruanos legitima el uso de la fuerza.

 Finalmente, respecto de la situación económica, el 61% de los peruanos la califica de “regular”. Además, un 69% de los encuestados sostiene que la situación económica es “similar” a la de los últimos 12 meses. Respecto del futuro cercano, los peruanos manifiestan un interesante grado de optimismo, desde que el 33% de ellos opina que en un año la situación económica general mejorará; mientras el 49% anticipa que se mantendrá sin cambios. Apenas un 12% de los peruanos opina que la situación económica en el corto plazo podría llegar a deteriorarse.

En síntesis, la reacción popular ante el primer año de gestión de Ollanta Humala luce positiva. Sin embargo, la falta de solución al enorme proyecto minero de Conga parece haber empezado a generar alguna inquietud.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.