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ANTHONY DE JASAY: UNA MENTE ORIGINAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se trata de uno de los intelectuales más sobresalientes en el campo de las ciencias sociales, específicamente de la economía y la ciencia política. De Jasay nació en Hungría en 1925, en Budapest completó su carrera de grado en ciencias agrarias y trabajó de periodista hasta que tuvo que fugarse de la opresión soviética en 1948. Se radicó en Austria durante dos años, luego de lo cual viajó a Australia país en el que estudió economía en la Universidad de Western Australia donde permaneció hasta que fue invitado como Research Fellow en el Nuffield College de la Universidad de Oxford, casa de estudios en la que permaneció de 1955 a 1962, período en el que publicó diversos trabajos en el Economic Journal y en el Journal of Political Economy.

 

En 1962 se radicó en Paris donde operó como banquero y financista hasta que en 1979 se mudó a Normandía, allí escribió sus obras más relevantes que fueron The State (Basil Blackwell, 1985), Social Contract, Free Ride: A Study of the Public Good Problem (Clarendon Press, 1989),  Market Socialism: A Scrutiny (Institute for Economic Affairs, 1990), Choice, Contract and Consent: A Restatement of Liberalism (Institute for Economic Affairs, 1991), las colecciones de ensayos bajo los títulos de Against Politics (Routledge, 1997) y Justice and its Sunrroundings (Liberty Fund, 2002). Esta última institución de Indianapolis, recientemente agregó dos nuevas colecciones bajo los títulos Economic Sense and Non Sense y Social Justice and the Indian Rope Trick.

 

La dedicatoria de uno de mis libros (sobre Jean Gustave Courcelle-Seneuil) publicado hace cinco años por la Universidad del Desarrollo en Chile rezaba así: “En homenaje al insigne maestro Anthony de Jasay, el más original, prolífico y sofisticado de los autores contemporáneos en el área de las ciencias sociales”.  Siendo rector de ESEADE lo invité a dictar clase, traduje varios de sus ensayos en la revista académica Libertas, organicé un seminario patrocinado por Liberty Fund en Buenos Aires en el entonces Plaza Hotel, dedicado a estudiar uno de sus libros en el que estuvieron presentes, entre otros, el propio autor, el premio Nobel  en economía James M. Buchanan, Hartmut Kliemt, Bruce Benson, Guido Pincione. Lo encontré en diversos foros, lo invité en mi carácter de miembro del Programa Académico de la Mont Pelerin Society como orador a la reunión en Río de Janeiro y tuvo la generosidad de comentar por la vía epistolar un ensayo de mi autoria que preparé para un seminario en el que participé en Seúl en 1995, trabajo titulado “Towards a Theory of Autogovernment” (publicado en Values and the Social Order, Aldershot, UK, Avebury Series in Philosophy, 1997, Gerard Radnitzky, ed., libro para el que también escribió de Jasay aunque no pudo estar presente en esa oportunidad). Seminario en el que tuvieron una destacada participación presencial Gordon Tullock, Antony Flew, Angelo Petroni, el antes mencionado Bruce Benson y Hans-Hermann Hope.

 

Para una magnífica síntesis del pensamiento de este tratadista al que hoy rendimos homenaje, puede consultarse la entrevista que le realizó Harmut Kliemt en “The Intellectual Portrait Series” A Conversation with Anthony de Jasay también de Liberty Fund. Por su parte, James M. Buchanan escribe sobre la antedicha Against Politics que “Aquí se encuentra la filosofía política como debería ser: temas serios discutidos con elocuencia, agudeza, coraje y un genuino conocimiento” y Richard A. Epstein anota sobre el mismo libro que “Su posición corresponde a una minoría sobresaliente de pensadores serios […] Los liberales clásicos partidarios del gobierno limitado siempre están empujados desde la izquierda, pero es importante reconocer que uno de los desafíos más potentes provienen del otro lado del espectro político”.

 

En estos temas como en otros, debe estudiarse con la mente abierta y sin prejuicios. Puede concordarse o no con el autor pero primero es menester escuchar con atención y sin telarañas mentales sus sofisticada y sesuda argumentación basada principalmente en la teoría de los juegos. Hay tres pasajes de Anthony de Jasay -Tony para los que tuvimos el privilegio de conocerlo- que ilustran y resumen muy bien el eje central de su tesis. En su ensayo titulado “La amarga medicina de la libertad” dice de Jasay que “Amamos la retórica y la palabrería de la libertad a la que damos rienda suelta más allá de la sobriedad y el buen gusto, pero está abierto a serias dudas si realmente aceptamos el contenido sustantivo de la libertad”. En el titulado “Hayek: algunas piezas ausentes” concluye que “La teoría más reciente sugiere que incluso el cumplimiento de contratos puede proveerse voluntariamente por parte de aquellos que pretenden beneficiarse con el respeto a esos arreglos, y no hay evidencia que un poder estatal organizado para su cumplimiento sea más eficiente y menos gravosos en términos de costos totales de transacción respecto a la provisión descentralizada y privada”, trabajos en los que trata de modo magistral las diversas facetas del dilema del prisionero, los bienes públicos, las asimetrías de la información y la externalidades en el contexto de lo que se ha denominado “la elección racional”.

 

Por último, la tercera cita la tomamos de una entrevista que en 2011 Aschwin Wolf concretó en The Independent Review (16, No. 2, otoño) en el que de Jasay consigna que “se elaboran bellísimas constituciones basadas en valores liberales como la libertad, la propiedad y el estado de derecho, la  independencia del poder judicial y así sucesivamente, explicando la superioridad moral y las ventajas prácticas del orden liberal que una constitución de este tipo produciría, lo cual muestra una confianza y una ingenuidad patéticas en que la constitución soñada producirá el resultado soñado”.

 

Desde luego que no es cuestión de rechazar sin más los detenidos estudios de Anthony de Jasay, lo cual demostraría cerrazón mental, escasa profesionalidad y muy poco entrenamiento académico, sino que su producción demanda análisis con detenimiento, digerirlos y, en su caso, discutirlos. Como queda dicho, puede coincidirse o disentir con el autor, pero lo que no puede desconocer el académico actualizado y vinculado a las ciencias sociales es la producción intelectual de este autor. En el mundo académico propiamente dicho, se coincida o no con trabajos de estatura intelectual, la averiguación está siempre abierta para examinar y debatir nuevas líneas de investigación.

 

Las ponderaciones sobre su obra son de muy diversas procedencias intelectuales: Roderik T. Long afirma que su trabajo “es inusualmente rico, provocativo y cubre un vasto territorio”, el antes referido Aschwin Wolf sostiene que “es el más grande pensador social de nuestro tiempo” y Frank van Dun concluye que “es uno de los más poderosos pensadores en temas políticos y sociales de todas las épocas”.

 

No en todos los casos los escritos de este autor son de fácil comprensión. A mí por lo menos, buena parte de sus textos me resultan dificultosos y me exigen varias lecturas para entender el significado de lo escrito. La versación de Anthony de Jasay es notable, sus miradas son siempre originales y su grado de elaboración para las explicaciones, argumentaciones de gran calado y concatenación de razonamientos resultan en verdad llamativas.

 

En el trabajo aludido de este autor sobre esa contradicción en términos conocida como “socialismo de mercado”, entre otras muchas cosas, explica lo autodestructivo que resulta la manía de sostener que aún aplicando la guillotina horizontal puede funcionar la competitividad. De Jasay refuta la peregrina idea de que es posible largar en la carrera por la vida desde posiciones patrimoniales niveladas por los gobiernos y, al mismo tiempo, cada cual estará incentivado a participar en el evento esforzándose por ganarlo, sin percibir que si se es consistente con las antedichas nivelaciones habrá que proceder de igual manera a la largada de la siguiente carrera con lo que se bloquea la posibilidad de que los ganadores trasmitan su patrimonio a la próxima generación, lo cual destruye los necesarios incentivos para el certamen (por si fuera de algún interés, consigno al margen que mi tesis de doctorado en economía aprobada en la Universidad Católica Argentina se tituló Influencia del socialismo de mercado en el mundo contemporáneo: una revisión crítica de sus ejes centrales).

 

De Jasay me recomendó muy diversas lecturas en distintas ocasiones. Todas fueron muy provechosas para mí. La última sugerencia fue la obra de Leslie Green The Authority of the State publicada por Oxford University Press de la que destaco muy especialmente el texto bajo el siguiente subtítulo: “The Prisoner´s Dilemma Dilemmas”, una cadena argumentativa densa pero sumamente fértil y elocuente.

 

En lo personal, ni bien se publicó el libro de mayor difusión de Thomas Piketty sobre el igualitarismo, escribí una crítica y después de ello he leído varios ensayos de gran valor sobre el tema, algunos centrados en puntos conceptuales y otros apuntan a su manejo (o desmanejo) estadístico, pero recientemente he leído el formidable de Anthony de Jasay que me parece el mejor de todos de lejos: “The Python that Eats Itself by the Tail: A Self-Contradictory Theory of Capitalism”.

 

Hace poco, Carlos Rodríguez Braun me propuso desde España que editemos juntos en castellano ensayos de este coloso del pensamiento. Aun no hemos conseguido financiación para lograr este objetivo. De Jasay estaba informado de este proyecto que recibió con entusiasmo, lo cual puso de manifiesto en varios correos que nos ha enviado a los dos con diversas reflexiones sumamente atinadas.

 

Lo dicho hasta aquí basta para una nota periodística sobre este escudriñador de la economía y la filosofía política que se ha apartado de la visión convencional para invitar a la exploración de un paradigma y un andamiaje conceptual diferente. Es inmensa la gratitud de  todos los que tuvimos el placer de tratarlo. Como queda consignado, hasta hace muy poco hemos mantenido numerosos contactos por la vía electrónica, a pesar de su edad y las dificultades que venía arrastrando en su capacidad ocular y otros problemas de salud más recientes (en uno  de mis últimos contactos epistolares le comenté un  libro reciente –The Problem of Political Authority de Michael Huemer- a lo que me contestó que ya no podía leer y que sus mails se los leían y se los escribían (conjeturo que su encantadora mujer a quien conocí en Cannes hace años). De cualquier modo, siempre fue muy solícito y generoso para atender consultas y comentarios varios. Sus enseñanzas perduran y algún día serán reconocidas más allá del mundo académico.  Recuerdo que hacen ya muchos años, la primera vez que escuché hablar del autor que vengo comentando fue por una recomendación de Emilio Pacheco, en vuelo Buenos Aires-Bariloche para un seminario en esta última ciudad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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DIOS, LA PSIQUE Y EL LIBRE ALBEDRÍO

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Nos parece que la religión no es un asunto de los domingos, es mostrar interés de donde venimos y hacia donde nos dirigimos. No es un asunto menor. Los hijos adoptados en algún momento muestran curiosidad por saber quienes son sus padres biológicos, ¿como no vamos a estar interesados el resto de los mortales (y ellos también) en saber acerca de un origen mas profundo y primero?

 

Es inexorable el principio, de lo contrario,  si las causas que nos dieron origen irían en regresión ad infinitum, literalmente nunca hubieran comenzado las causas que nos permiten estar donde estamos hoy. Llamar a la primera causa, Dios, Yahveh, Alá o lo que fuere no resulta relevante, lo importante es la idea necesaria de la primera causa, no como la contradictoria noción panteísta sino agente fuera de la naturaleza. Tampoco es cuestión de pensar que se debe ser religioso, ya bastantes trifulcas, torturas, inquisiciones y matanzas han  habido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad como para insinuar obligaciones que no son tales, solamente pensamos que se la pierden los que deciden cerrar los ojos sobre la pesquisa de marras.

 

No solo eso sino que la noción arrogante y absurda que nos fabricamos a nosotros mismos (lo cual sabemos que no es así) o que  todo ocurrió por casualidad no se condice con la realidad en cuanto a que la casualidad no existe, es siempre causalidad. Incluso los llamadas juegos de azar, por ejemplo, los dados responden a causas referidas a la velocidad con que se arrojan, el roce con el paño, el peso de los dados mismos etc. Cuando decimos que “por casualidad” nos encontramos con fulano o mengano es porque nos sorprendió el encuentro pero fue el resultado de nexos causales. Además, aceptando lo inaceptable, hay que preguntarse de donde surgió la posibilidad de la llamada casualidad. Por otra parte, sostener la hipótesis de que todo siempre estaba, es otro modo de pronunciarse sobre la antes referida concatenación de causas en regresión infinita con las consecuencias anteriormente señaladas (en ese supuesto no podría estar escribiendo lo que escribo en este instante). El Big-Bang es una posibilidad cierta pero se trata de lo contingente (puede estar o no estar), a lo que nos referimos es al ser necesario.

 

La humildad de pronunciarse en el sentido  que no somos el ombligo del universo sino que hay instancias que nos superan es una actitud compatible con el espíritu liberal de modestia en contraposición a la presunción del conocimiento y la correspondiente soberbia. La religatio, es decir la  relación con Dios, se traduce en lo que se conoce como el rezo (que no necesitan ser los sugeridos por otros) que es la forma que tenemos los humanos de darnos fuerza para encarar los problemas por los que atravesamos. Y no es que Dios hace o deshace cuando se le pide ya que esto estaría en contradicción con el ser perfecto ya que filosóficamente el movimiento,  es decir, el paso de potencia al acto es incompatible con el Acto Puro, lo contrario revelaría que le faltaría algo. Las fortalezas cuando las hay se han llevado a cabo en el momento uno (el comienzo del tiempo) ya que Dios conoce de antemano los problemas.

 

Esto último, el destino conocido por el ser perfecto, no es obstáculo para que tenga lugar el libre albedrío que es el eje central de la condición humana (Sto. Tomás de Aquino explica el punto con el  ejemplo de una persona que ve desde lo alto de una montaña a varios alpinistas que sin saberlo se encaminan al despeñadero sin que por ello se afecte su libertad). Si no fuéramos seres libres, no habría tal cosa como argumentación, racionalidad, ideas autogeneradas, responsabilidad individual, moral ni, desde luego, libertad. Seríamos loros, loros complejos, pero loros al fin por lo que ni siquiera podría “demostrarse” ni “saberse” sobre el determinismo físico (o materialismo filosófico) ya que lo racional, en este supuesto, está ausente.

 

El libre albedrío implica estados de conciencia, psique o mente independiente de los nexos causales inherentes a la materia ya que los kilos de protoplasma no deciden, eligen o prefieren  sino que están determinados. A su vez, aquellos estados de conciencia al no ser materiales no se extinguen lo cual significa la inmortalidad de la psique (alma en griego) y ese es nuestro destino que conjeturamos será mejor o peor según nuestra conducta sea mejor o peor.

 

Reflexionar sobre estos asuntos resulta de provecho para una detenida introspección. Sócrates mantenía que una vida no examinada no es una vida y Kant sostuvo que hay tres asuntos filosóficos centrales: “la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios”, lo mismo ha dicho Copleston y han subrayado otros pensadores.

 

Seguramente son muchos los motivos de la irreligiosidad pero estimamos que uno muy generalizado que provoca el alejamiento de la religión y un serio obstáculo para el acercamiento a esta esfera consiste en  gran medida en las escandalosas barrabasadas económicas y sociales con implicancias de grave inmoralidad y por tanto devastadoras consecuencias para el futuro de la civilización que lamentablemente han dicho y dicen ciertos representantes de iglesias oficiales (personalmente me he pronunciado públicamente siete veces sobre las ideas del actual Papa de la Iglesia católica), junto a disposiciones absurdas que han proclamado en diversos planos y conductas inaceptables que ahuyentan a fieles y bloquean a otros que por eso tienen una visión sumamente desfigurada de la religatio. Situación ésta que no sucede en el ámbito del deísmo, a saber la religión fuera de las iglesias oficiales. Sin duda que además de lo apuntado, los fanáticos que todo lo justifican son otro motivo preponderante del apartamiento de la religión.

 

Hay una cuestión de gran relevancia para lo que estamos discutiendo y se trata de quienes ignoran la religión basados en el positivismo que sostiene que una proposición no verificable empíricamente no tiene ningún significado cognitivo, pero como se ha dicho, esa misma proposición no es verificable. Además, como también se ha puesto de manifiesto, nada en la ciencia es verificable solo está sujeta a corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones. Por otra parte, si bien el decimonónico Círculo de Viena sistematizó el positivismo, contemporáneamente el principal difusor de esa tradición de pensamiento fue Alfred Ayer quien luego escribió en el trabajo compilado por R. A. Varghese titulado Great Thinkers on Great Questions que “El positivismo lógico murió hace mucho tiempo. No creo que sea verdad mucho de lo que dije en Lenguaje, verdad y lógica [probablemente el libro que fuera el más citado y ponderado por los positivistas modernos]. Creo que es una obra llena de errores”. Igual que en ciencias sociales, el tema de la religión no está sujeto al método hipotético-deductivo y al laboratorio propio de las ciencias naturales sino a razonamientos complejos que también derivan de la condición propiamente humana donde hay acción y no mera reacción.

 

Sin duda que muchas son las maneras por las que se inicia el abordaje de la religión. Whittaker Chambers -el célebre arrepentido de ser espía soviético y que luego contribuyó tanto a defender los valores de la sociedad libre- comenzó su religiosidad de manera peculiar. Escribe cuando le preguntan como abandonó las filas comunistas que “lentamente, con desgano, en agonía […] Poco después de mudarme a Washington al departamento de Alger Hiss [secretario de estado de F. D. Roosevelt, condenado por espía soviético], mi hija estaba ubicada en una silla y la estaba observando comer. Era lo más milagroso que ocurría en mi vida […] mis ojos se posaron en sus delicadas orejas, esas intrincadas y perfectas orejas. Mi pensamiento se dirigió a considerar que esas orejas no pueden haber aparecido por azar de una mezcla de átomos, que es la visión comunista[…] La libertad es una necesidad del alma y ninguna otra cosa […] Sin libertad el alma muere. Sin el alma no hay justificación para la libertad” y luego explica el significado del intento humano de acercarse a la perfección, a Dios, y los derechos naturales como mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva mas allá de la pretendida ingeniería social legislativa diseñada por el hombre.

 

Otra forma de acercarse a la religión queda consignada en un libro escrito por quien ha sido amigo del que esto escribe: Antony Flew, quien me obsequió un par de sus obras y quien participó con otras personas y conmigo en un seminario sobre la sociedad abierta muy a propósito de lo que aquí presentamos, que tuvo lugar en Seúl en agosto de 1995 patrocinado por la International Cultural Foundation, ponencias que fueron editadas en forma de libro bajo el título de Values and the Social Order. Voluntary versus Coercive Orders.

 

Flew fue un conocido ateo durante mucho tiempo, período en el que publicó varios libros sobre el tema, además de sus tratados sobre muy diversos aspectos de la filosofía política. En su última etapa de producción intelectual publicó un libro que refuta su posición anterior titulado en la traducción al castellano Dios existe, en el que incluye reflexiones de otros autores de peso en la misma dirección de su nueva postura, especialmente físicos de la talla de Einstein, Heisenberg y Planck.

 

Para sacarle todo el jugo que tiene este libro de Flew hay que leerlo con atención, pero en esta nota periodística menciono telegráficamente dos puntos. El primero es el abordaje que el autor hace del tema religioso que consiste en concentrarse en el análisis del ADN debido a la enorme complejidad del número y combinaciones de elementos para producir vida. El segundo punto estriba en su refutación a los escritos de Richard Dawkins quien extrapola las características exclusivas de los seres humanos a unos genes peculiares que asimilan al hombre a una máquina.

 

En todo caso, la religatio nos parece un terreno hospitalario y gratificante si se lo despoja de afirmaciones y actitudes que contradicen los valores y principios morales inherentes a la idea de Dios (y expresiones equivalentes). Lo dicho en este campo responde a observaciones que no significan para nada faltarle el respeto a los ateos y agnósticos que, igual que nosotros, asumen sus responsabilidades. De más está decir que el punto de vista aquí expresado no es para implantar en otras personas que tienen otras miradas, lo contrario resultaría incompatible con el valor de la libertad y las consiguientes autonomías individuales. Son reflexiones que nos parecen cruciales que incluyen el libre albedrío y la psique como temas conexos e inseparables.

 

Finalmente, hay quienes rechazan la religión por el llamado “problema del mal”, esto es, niegan el teísmo debido a que hay tantas desgracias, unas atribuidas a acciones de los hombres y otras a episodios de la naturaleza. Pues bien, la eliminación del mal significaría en última instancia la eliminación de las imperfecciones lo cual a su vez eliminaría la posibilidad del universo y la creación ya que constituye una contradicción en los términos la existencia de más de un Dios (una perfección) puesto que uno tendría lo que no tiene el otro. Lo dicho naturalmente para nada significa que el ser imperfecto y limitado -nosotros- pueda abarcar y contestar todo lo relativo al ser perfecto. De todos modos, tal vez sea el momento de reiterar lo consignado en Eclesiástico (27:7), “No elogiéis a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.