A la herencia K se le agrega ahora la herencia Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/12/a-la-herencia-k-se-le-agrega-ahora-la-herencia-cambiemos/

 

El Gobierno ha desperdiciado 3 años y monedas con la historia del gradualismo

Ahora, en su último año de Gobierno de CambIemos, aparece de nuevo el fantasma de que el kirchnerismo pueda tener la posibilidad de acceder al poder. Sería imperdonable que luego del esfuerzo que tanta gente hizo para frenar a esa asociación ilícita que llegó al Ejecutivo, vació la Argentina a puro latrocinio, produciendo uno de los saqueos más grandes de su historia, esa legión de delincuentes tenga alguna chance de volver a revolear bolsos con euros gracias al inmovilismo del gobierno y, por sobre todas las cosas, por no haber denunciado en su momento la terrible herencia recibida.

Lo cierto es que si en octubre se produce la polarización esperada entre Cambiemos y el kirchnerismo y el primero retiene el poder, tendrá que lidiar de nuevo con la herencia recibida y con la propia herencia, ya que en estos 4 años habrán agregado otros problemas a los ya heredados por el kircherismo como es el caso de la deuda pública para financiar el déficit fiscal por el gasto público que no se animaron a bajar.

El desafío que la Argentina tiene por delante para entrar en serio en una senda de crecimiento sostenido es de una magnitud insospechada que no se resuelve con retoques en el tipo de cambio, en la tasa de interés o haciendo artilugios financieros ni aplicando aspirinetas al tema fiscal.

Los 163 impuestos nacionales, provinciales y municipales que detectó el IARAF implican un aumento sobre los 96 impuestos nacionales, provinciales y municipales que ya había detectado Antonio Margariti en 2015, si mal no recuerdo.

Pero esa maraña de impuestos se explica por el fenomenal aumento del gasto público consolidado a partir de la llegada del kirchnerismo al gobierno en 2003.

Como puede verse en el gráfico, el gasto público consolidado pasó de un promedio del 31,5% sobre el PBI en la década del 90, cuando ya el gasto público era alto, a un máximo de 47,1% en 2016. O sea que el gasto consolidado aumentó 15,6 puntos porcentuales del PBI. Para ponerlo de otra forma, si quisiéramos volver a los niveles de gasto público consolidado respecto al PBI de los 90, habría que bajar el gasto consolidado unos USD 77.000 millones o, si se prefiere, habría que reducir un 34% el gasto público consolidado actual.

Si eso no se quiere hacer, entonces habrá que soportar una carga tributaria consolidada que pasó del 23% del PBI en 2003 al 41,7% del PBI en 2018 y que tampoco alcanza para evitar el déficit fiscal.

Como consecuencia del aumento del gasto público, la carga tributaria casi se duplicó desde el inicio del kirchnerismo a la actualidad, haciendo estragos en el endeudamiento público, disparando el peso de los intereses de la deuda sobre la recaudación impositiva y afectando el nivel de empleo privado.

Deterioro de la economía real

La recesión de 2018 comienza en abril de ese año. Si tomamos la cantidad de puestos de trabajo del sector privado en blanco en marzo de 2018 y los comparamos con los de noviembre del mismo año vemos una caída de 158.000 puestos sin considerar a los autónomos ni a los monotributistas. En cambio, en el mismo período, el empleo público consolidado (nación, provincias y municipios) aumentó en 43.900 puestos. Todos estos datos son de la Secretaría de Trabajo.

Tomando todo el período de Cambiemos, el empleo privado en relación de dependencia cayó en 102.000 puestos de trabajo y el empleo público consolidado creció en 58.800 puestos de trabajo. Es muy clara la evidencia que es el sector privado el que está sufriendo los efectos del ajuste, mientras los tres niveles de gobierno tiemblan ante la posibilidad de reducir un solo puesto de trabajo en el Estado.

Por un lado el que pierde puestos de trabajo es el sector privado y, por otro lado, el único rubro en que el Gobierno bajó el gasto público fue en subsidios económicos que tienen como contrapartida el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Puesto de otra forma, como corresponde y apoyo, el gobierno fue eliminando los subsidios económicos, en particular los que mantenían artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos, y la gente empezó a pagar más por dichos servicios, pero al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo no bajó otros gastos del Estado para aliviar la carga impositiva.

De manera que el sector privado paga lo que corresponde por los servicios públicos pero no tiene alivio de la presión impositiva porque tiene que seguir sosteniendo a piqueteros, infinidad de planes sociales que Carolina Stanley decidió que son un derecho de los que reciben esos planes, sin aclarar de dónde surge ese derecho ni quién tiene la obligación de mantener a otro para que no trabaje y a legiones de empleados públicos que son intocables. Como si en Argentina hubiese prerrogativas de sangre y de nacimiento.

Para que tengamos una idea, el gasto público corriente (incluidos los intereses de la deuda pública) disminuyeron 3,6 puntos del PBI en la era Cambiemos, pero 2 puntos de esos 3,6 se explican por menos subsidios económicos, que es lo mismo que decir mayores tarifas de los servicios públicos pero no baja de impuestos.

Además, el Gobierno bajó 3,6 puntos el gasto corriente pero aumentó el gasto en intereses en 1,6 puntos del PBI que pasaron de 2% en 2015 a 3,6% en 2018, incluyendo los interés intrasector público.

En síntesis, el Gobierno ahorró 2 puntos del PBI en gastos corrientes cobrando más tarifas, pero otros 1,6 puntos del PBI se le fueron en intereses de la deuda para financiar el gradualismo. Puro costo para el sector privado.

Expectativas sin fundamentos 

Desde el Gobierno dicen que a medida que la economía crezca, se va a poder bajar el gasto público, y la oposición, que habla sin mirar los números, se espanta del ajuste salvaje y dice que esto se resuelve con crecimiento. Me permito advertir que ambos deliran. La Argentina no puede crecer con este gasto público ni carga tributaria. Así que decir que esto se resuelve bajando el gasto público y dejando de mentir con que la salida es el crecimiento sin que se baje el gasto previamente.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo se rompe este círculo vicioso por el cual el Gobierno dice que no se puede bajar el gasto hasta que no haya inversiones y sabemos que no hará inversiones con esta carga impositiva? Lamentablemente, Cambiemos no sólo desperdició la oportunidad de contar la herencia recibida, sino que además se endeudó para no cambiarla. Se endeudó para pagar los sueldos en vez de endeudarse para financiar la reforma del estado. Si antes uno podía pensar en bajar los impuestos para atraer inversiones a un ritmo mayor al que se bajaba el gasto público y financiar el déficit hasta que hubiese equilibrio con endeudamiento, ahora ese instrumento no lo veo.

De manera que, desafortunadamente, el mayor ritmo de ajuste tendrá que venir por el lado del gasto público para poder reducir la carga tributaria y atraer inversiones para crecer. Una combinación de baja del gasto público, con reducción de impuestos y reforma laboral podría romper el círculo vicioso en el que estamos metido. Dicho de otra forma, el famoso gradualismo dejó una herencia más pesada que la que se recibió y tendrá costos políticos que pagar más altos que si se hubiese aplicado una política de shock desde el inicio contando la herencia recibida.

Las 3 bases para el mejor ajuste

¿Dónde bajar el gasto? En los programas sociales (ya he explicado varias veces cómo hacerlo), en las jubilaciones de aquellos que nunca aportaron al sistema y Cristina Fernández de Kirchner agregó terminando de quebrar a un sistema de reparto inviable, y en el empleo público.

Esto debería ser acompañado por el ajuste por inflación de los balances en una primera etapa y luego la reducción de las tasas impositivas. Tal vez habría que pensar en pasar de un Impuesto a las Ganancias a un flat tax. Considerando que la salida más rápida para crecer está en las exportaciones, la reducción de derechos de exportación hay que retomarla en forma inmediata.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher consolidaron su liderazgo cuando pagaron el costo político de enfrentar a la mafia de los sindicatos. Reagan con los controladores aéreos y Tatcher con los mineros. Mostrada la convicción de avanzar en las reformas, la confianza renace y las inversiones pueden llegar.

En síntesis, para lograr romper el círculo vicioso de decadencia en el que estamos sumergido hace falta un plan económico consistente, ejecutado por personas de trayectoria y prestigio y una fuerte y clara convicción del presidente de pagar el costo político que haya que pagar para llevar adelante ese plan.

En ese contexto no hay lugar para funcionarios que sigan difundiendo la demagogia diciendo que quienes reciben un plan social no tienen que agradecer nada porque es su derecho a vivir del trabajo ajeno, ni tampoco hay para los especialistas en roscas políticas que pueden servir para ganar una elección pero luego no sirven para sacar al país de la decadencia, al contrario, lo terminan hundiendo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

NUEVA RELACIÓN CONTRIBUYENTE – ESTADO

Por Jorge Montrucchio: Publicado el 6/3/16 en http://jorgemontrucchio.blogspot.com.ar/2016/03/nueva-relacion-contribuyente-estado.html

 

“Si el Estado me dice la bolsa o la vida, ¿por qué debo obedecer y darle el producto de mi esfuerzo? Me sentiría indigno si lo hiciera.”

Henry David Thoreau

 

Hace décadas que el sector público argentino cae en periódicas crisis.  La causa se repite pero cuesta que dirigentes y la mayoría del pueblo la acepten.  Una enfermiza compulsión a gastar por encima de lo ingresado: los déficits crecen y explotan con asiduidad.  La casta política cree que los recursos son inagotables, que el maná cae del cielo porque Dios es argentino y demás mitos como que el Estado nunca quiebra y que equilibrar cuentas significa aplicar un insensible y salvaje ajuste.

 

La inflación ha sido un elemento recurrente para financiar el dispendio estatal. Una vez que se echó a andar a la máquina de imprimir billetes, hasta la hiperinflación no paramos (1989: 3079% anual) y actualmente nos ubicamos en el podio con un deshonroso 3er.lugar (Tasa anual de inflación 2015, reporte del FMI: Venezuela, 273,7%; Ucrania, 43,3%; y Argentina, 26,9%).

 

También se utilizó el endeudamiento, interno y externo, para sostener el gasto del Estado.  Esto derivó en defaults y, al no honrar nuestros compromisos, se generó el lógico aislamiento con el que el mercado somete al incumplidor.  Por consiguiente, también se afecta el comercio exterior debido a la suba de costos de financiamiento y el endurecimiento de condiciones comerciales.

 

Puede afirmarse que el balance de la dirigencia política argentina, desde el restablecimiento de la democracia, ha sido nefasto en materia de administración de la cosa pública.  Las fiestas son pagadas por los asfixiados ciudadanos, que hacen ingentes esfuerzos para cumplir con una presión tributaria efectiva que ya supera el 38% del PBI. Expoliación mayúscula con casi nula contraprestación de servicios estatales eficientes. Arthur Fraser lo puso en claro cuando dijo: “Los impuestos transforman al ciudadano en súbdito, a la persona libre en esclava y al Estado (nuestro supuesto servidor) en dueño de nuestras vidas y haciendas. Cuanto mayores son los impuestos y más insidiosa la acción recaudatoria, más súbditos y más esclavos somos del Estado.” 

 

Cabe preguntarse, entonces, ¿qué sucederá con la fiesta de despilfarro y destrozo integral de la economía que ha causado el kirchnerismo?  Para la actual administración, sin duda, estamos ante la peor de las herencias pues al desastre económico cabe sumarle el pisoteo institucional y la exacerbación de la violencia política.

 

Frente a este desolador panorama, el ineludible ajuste de las cuentas públicas le corresponde, en primera instancia, al Estado nacional.  Retardarlo con gradualismo, cubierto de eufemismos alusivos a una mal entendida sensibilidad social, implica seguir recargando a los mismos contribuyentes que pagan, de modo que poco puede esperarse en materia de genuina recuperación económica.  Así seguiremos empantanados, extendiendo injusticias y promoviendo la conflictividad de las pujas redistributivas entre corporaciones.  El marco institucional – económico se daña y puede visualizarse lo que señaló Ayn Rand: “Una sociedad que roba a un individuo el producto de su esfuerzo…no es estrictamente hablando una sociedad, sino una revuelta mantenida por violencia institucionalizada.  Aquél que produce mientras otros disponen de su producción es un esclavo.”

 

La convivencia en una sociedad organizada bajo la órbita estatal demanda una relación contractual entre Estado y soberano.  El sostenimiento económico del primero proviene de los recursos extraídos compulsivamente a los contribuyentes, pero se olvida que este aporte exige una contraprestación.  Los políticos habitualmente se quedan en la faceta redistributiva porque les brinda mayor apoyo electoral,por lo tanto dan rienda suelta a pilas de argumentaciones falaces que sigan justificando el saqueo.  Vale recordar a Adam Smith, padre de la Economía Política, quién mencionó6 principios básicos de toda política impositiva:

 

  • Principio de Justicia: cada uno debe contribuir de acuerdo a sus respectivas capacidades.
  • Principio de Generalidad: todos deben pagar o nadie debe quedar exento, de acuerdo a sus particulares capacidades contributivas.
  • Principio de Uniformidad del Impuesto: todos somos iguales frente al impuesto, sea por criterio objetivo, que es la capacidad contributiva; o por criterio subjetivo, que es la igualdad en el sacrificio.
  • Principio de Certidumbre: el impuesto debe ser fijo y no arbitrario (en fecha, forma, cantidad de pago, etc.).
  •  Principio de Comodidad: el impuesto debe recaudarse en la época y en la forma más conveniente al pago del contribuyente.
  • Principio de Economía: la diferencia entre lo que se recauda y lo que ingresa al Estado, debe ser lo más pequeña posible.

 

Casi nadie presta atención a la estructura recaudatoria, sea en presión tributaria y calidad del proceso de liquidación impositiva.  Resulta tan importante uno como el otro.  Urge recuperar principios republicanos que respeten al ciudadano:a) como agente creador de riqueza, por ende se lo debe rapiñar lo mínimo posible; b) como contribuyente, simplificandolos procedimientos de liquidación y facilitando medios y formas de pago; c) como ciudadano: administrando con responsabilidad y eficiencia, rindiendo cuentas del uso del dinero aportado por el soberano.

 

Cuando se evita revisar la carga impositiva, se está dando por descontado su carácter inexorable. Fue impuesta por gobiernos, ergo constituye una obligación ineludible.  Eso está alejado de la realidad económica pues una política impositiva justa debe minimizar la exacción a la producción ymaximizar el disfrute del valor aportado por el ciudadano al proceso productivo.

 

 

Otro mito sobre el Estado tiene que ver con la política de contratación.  La sociedad no cuestiona cuando se toma empleados ni para qué funciones, el papá Estado lo decidió entonces está bien.  Cuando sucede lo contrario surgen los cuestionamientos porque se piensa que todo despido per se es malo.  Sería deseable que la nueva relación entre Estado y contribuyente muestre una relación transparente donde se explicite toda contratación, con detalle de funciones y sueldos, y el respectivo diagrama de funciones del área dentro del organigrama del organismo público a fin de evaluar su utilidad o agregado de valor.  Así se estaría justificando la erogación y respetando al pagador de impuestos.

 

En tanto las medidas gubernamentales no contengan una reformulación integral del sistema impositivose estará obrando por el camino más corto y fácil de diseminar los costos en millones de personas sin poder de lobby.  Esa ruta facilista va minando las fuerzas productivas, alentando la informalidad y generando un contexto donde impera la mala asignación de recursos, quitando productividad a la economía en su conjunto.  El ciudadano se ve doblegado por un círculo vicioso en el cual la expoliación traba el progreso; al respecto James Dale Davidson expresó: “Los políticos no se limitan a exigirte tu dinero: quieren tu espíritu. Quieren doblegarte con sus impuestos hasta que te veas indefenso. Si subvencionamos la pobreza y el fracaso, lo que obtenemos es precisamente más pobreza y más fracaso.” 

 

A modo de conclusión, repasemos números sobre los agentes económicos, independientes y olvidados, que no pertenecen a corporaciones y aún aguardan respuestas del gobierno.  Según el Censo 2010 la PEA en ese año ascendía a 18 millones de personas, de los cuales 12.833.173 eran obreros o empleados, en tanto los independientes (sea patrones, trabajadores por cuenta propia o trabajador familiar) ascendía a 5.243.573.  Las PYMES rondan las 600.000 al 2015, informacióndel Ministerio de la Producción. Los monotributistas superan los 2.250.000 (Infoabe, 11/09/2013).

 

Estos números muestran a un segmento relevante de la economía argentina.  ¿Quién los escucha?Los emprendedores, independientes, autónomos y pequeños y medianos comerciantes y empresarios conforman el gen del crecimiento económico, máxime cuando el Estado nacional se ve obligado a despedir cientos de miles de personas que podrían ser absorbidas por este sector si se les quitara trabas a su desarrollo.  Estos postergados agentes económicos saben lo que es competir, enriquecen el mercado con su oferta, ansían movilidad social y tienen alto potencial para crecer.  Hoy se hallan atados, en muchos casos no pueden blanquearse por los costos elevados y absurdos de la formalidad, y además por los sobrecostos que genera la maraña burocrática y el Estado gigante; en definitiva, se encuentran estancados frente al progreso.

 

El gobierno tiene una deuda grande ante este grupo de ciudadanos.  Fomentar su desarrollo se traduce en dejarlos libres para crear riqueza y así beneficiar al prójimo, reduciendo la cantidad de tributos (¡hoy ascienden al vejatorio número de 96!, aporte del Dr. Antonio Margariti), las alícuotas y los esquemas y escalas impositivas. La responsabilidad de un cambio revolucionario en la política tributaria recae en el PE al igual que en el PL, de acuerdo a lo establecido en la CN. Su horizonte debe llamar a una nueva relación contractual entre ciudadano y Estado nacional, que legitime aporte y contraprestación y, simultáneamente, potencie el crecimiento económico, recuperando la dignidad y soberanía del ciudadano.  ¡Cambiemos ya!

 

Jorge Montrucchio es Periodista especializado en Política y Economía. ES Master en Economía y Ciencias Políticas DE ESEADE