Capitalismo, socialismo e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 4/11/19 en: https://www.libremercado.com/2019-11-04/carlos-rodriguez-braun-capitalismo-socialismo-e-igualdad-89158/

 

Si el capitalismo genera desigualdad, ¿qué diríamos del anticapitalismo?

Leí hace ya tiempo en El Mundo unas interesantes declaraciones de la entonces alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que afirmó:

El sistema capitalista genera desigualdad (…) Pero yo tengo confianza en la historia. Desde que en la Revolución Francesa se explicita la vocación de igualdad de los seres humanos, se han ido logrando cosas.

¿El capitalismo genera desigualdad? Confío en que cuando doña Carmena ejercía de jueza analizara los datos mejor. En las últimas décadas la desigualdad en el mundo se ha reducido, debido a que cientos de millones de personas han dejado atrás la pobreza extrema, especialmente en Asia y África. Esto lo reconocen los economistas de izquierdas, como Piketty, que por eso han cambiado el discurso y ahora se concentran en la desigualdad dentro de los países desarrollados, como si el internacionalismo proletario no fuera ya una bandera progresista.

Hablando de consignas de la izquierda, una seña de identidad del socialismo es la apropiación de la historia. De hecho, el mismo Karl Marx presumió de haber descubierto sus leyes, nada menos –una de las muchas cosas que debo a mi maestro Pedro Schwartz es que me aconsejara leer La miseria del historicismo de Karl Popper hace ya más de cuarenta años.

Cuando Manuela Carmena alude a la historia pensé en esa “fatal arrogancia” de la izquierda, y me fijé en otra de sus características, quizá la más sobresaliente desde la caída del Muro de Berlín. Cuando las personas de izquierdas hablan ahora del capitalismo, han dejado de considerar cuáles son sus alternativas. Por buenas razones, claro. Porque si el capitalismo genera desigualdad, ¿qué diríamos del anticapitalismo?

Por fin, me resultó revelador eso de indicar que la vocación igualitaria de la humanidad se explicitó en la Revolución Francesa, como si no hubiera habido ideas igualitarias explicitadas antes. Y como si el comunismo, el logro más siniestro y criminal del socialismo, no fuera una derivación de esa Revolución, cuya brutalidad es a menudo ignorada. Como la del socialismo real.

Lo cierto es que la admiración de los comunistas por la Francia revolucionaria era tal que, durante mucho tiempo, incluso después de compuesta La Internacional, los mítines del Partido Comunista concluían al son de La Marsellesa.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La envidia social

Por Gabriel Boragina. Publicado el 16/4/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/04/la-envidia-social.html

 

El discurso respecto de la “creciente desigualdad social”, es un problema que preocupa a pensadores, y también a la gente común desde muchísimo tiempo atrás. Por lo que será interesante hacer un somero análisis de los elementos que lo constituyen.

Entre los numerosos factores que influyen en el fenómeno por el cual se reclama una mayor igualdad social será de interés en esta oportunidad tratar algunos de los más importantes a nuestro juicio. Si rastreamos en la historia, podremos encontrar que conjuntos sociales fueron objeto de envidia por sus logros, a pesar de la gran contribución al progreso que dichos grupos representaron en el devenir histórico:

“Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.”[1]

Pero hay que destacar que el sentimiento de envidia no solamente existe respecto de los judíos, sino que esta fuertemente extendido a nivel mundial, en virtud de haberse potenciado a partir de la arenga marxista, el que en sus fundamentos básicos, ha sido aceptado por una amplia mayoría de personas. De allí que, la condena a la desigual distribución de la riqueza sea constante en prácticamente todos los ámbitos, desde el familiar, social, pasando por el escolar, universitario, hasta terminar en los medios de comunicación masivos, para no decir nada de la enorme cantidad de obras literarias y científicas que se ocupan del tema. Entre los economistas del mainstream es casi un dogma que la meta a lograr a como sea, ha de ser la igualación social, lo que -en distintos términos- no significa otra cosa que la más completa igualdad económica. Lo que se conseguiría igualando ingresos:

“… el delta o el diferencial de ingresos es simplemente lo que el público consumidor decide a través del plebiscito diario del mercado con sus compras y abstenciones de comprar. Es del todo contraproducente que los políticos prefieran la situación donde el diferencial sea menor con ingresos también menores para todos respecto a la situación en la que el delta es más grande pero los ingresos de todos resultan mayores. La envidia y la demagogia empujan a la primera de las situaciones descriptas en perjuicio de todos, especialmente de los más necesitados. Lo importante es que el promedio ponderado se eleve.”[2]

Desde otro ángulo, un fenómeno digno de mención es la vinculación entre la corrupción política, la moral social y la envidia. En tal sentido, el componente más importante que determina el voto a candidatos corruptos es uno que muy pocas veces se alude. Y es el principio moral de la sociedad. La corrupción aparece cuando la moral se relaja, como sucede en muchos países del mundo, lamentablemente. Cuando el electorado percibe que puede obtener ventajas de un político corrupto en función de -precisamente- su condición de corrupto, entonces su voto estará asegurado. En una sociedad virtuosa ocurrirá todo lo contrario. A su turno, existen sistemas socio-políticos que se encargan de corromper los valores morales, entre los cuales destaca por antonomasia el socialismo, con su prédica basada en la envidia y la hipocresía en no pocos casos. Esto socava los valores morales, implanta un relativismo moral y ético y deja las puertas abiertas a la más rampante de las corrupciones. Estoy convencido que este es el constituyente dominante. Es por esta razón que, existe un vínculo muy fuerte entre corrupción política y anticapitalismo.

Y eso ocurre porque la base del anticapitalismo es moral (o habría que decir mejor, antimoral). Los anticapitalistas lo son porque están alimentados por la envidia y el resentimiento hacia los exitosos, hacia los talentosos, contra el que sobresale en algo, lo que sea, no importa. En definitiva, este es el sofisma que destilan sus escritos y sus libros. Note el lector que es una constante en ellos. El primero de todos quizás, el que inició esta cruzada sistemática de envidia y resentimiento fue el padre intelectual de todos ellos, el mismísimo K. Marx. Luego lo siguió el no menos nefasto Keynes, quien bajo el *inocente* pretexto de querer *salvar* al capitalismo, intentó destruirlo.

“Por sugerencia de un ex alumno del doctorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que me envió el tape, acabo de escuchar una conferencia de Miguel Ángel Cornejo trasmitida desde Lima en el Estadio Nacional del Perú (ahora veo que hay varias de su autoría en Youtube). En estas líneas quiero mencionar uno de los ejes centrales de aquella presentación que estriba en su vehemente preocupación de que en nuestro continente latinoamericano en general se ha insistido hasta el cansancio que es una virtud el ser pobre y que constituye un galardón el sufrimiento. El orador dice que de este modo no vamos a ningún lado ya que esa actitud conduce al estancamiento cuando no al retroceso. Expresa Cornejo que se necesita una visión radicalmente distinta para progresar, cual es la admiración a los exitosos que han logrado sus sueños en base a procedimientos legítimos, cualquiera sea el ámbito de su acción. Decimos nosotros que, además del sano consejo de la emulación, se estimulan las tasas de capitalización (no la sandez del “efecto derrame”). Sostuvo con razón el orador que el lamento, la victimización, la envidia y el reclamo para que el fruto del trabajo de otros se destine coactivamente a paliar problemas son características destinadas a perpetuar el fracaso.”[3]

[1] Alberto Benegas Lynch (h). LA LLAMADA “CLASE SOCIAL” Y LA IDEA DE “RAZA”. Fuente: http://bit.ly/benegaslynch

[2] Alberto Benegas Lynch (h) “CONCENTRACIÓN DE RIQUEZA”. Fuente : http://bit.ly/benegaslynch1

[3] Alberto Benegas Lynch (h) “La fantasía del efecto derrame”. Fuente : http://bit.ly/benegaslynch3

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.