No, en Argentina no hay menos pobreza que en Alemania

Por Iván Carrino. Publicado el 11/6/15 en https://igdigital.com/2015/06/no-en-argentina-no-hay-menos-pobreza-que-en-alemania/

 

A veces, uno quisiera creer que nuestros políticos tienen algún tipo de límite. Sin embargo, las recientes declaraciones sobre la pobreza en Argentina y Europa despejan todo tipo de dudas. No lo tienen.

Por mi actividad laboral y académica de los últimos años, tuve la suerte de viajar al exterior en numerosas oportunidades. La última vez fue hace muy poco. De hecho, fue el último sábado, cuando tomé un avión con destino a Francia, desde donde escribo estas líneas.

Cada vez que viajo repito el ritual. Como a mi papá le gusta manejar, siempre voy hasta su casa (en la zona oeste del conurbano bonaerense), dejo ahí mi auto, y él me lleva hasta Ezeiza. Si fuera por mí, iríamos por el Acceso Oeste hasta la Avenida General Paz (que divide la ciudad de la provincia) y luego hasta la Autopista Richieri, que termina en el aeropuerto. Sin embargo, él prefiere ir por el Camino de Cintura, una ruta interna que atraviesa, entre otros, los partidos de Morón y de San Justo.

Ir por el Camino de Cintura con dirección a Ezeiza es una experiencia interesante, especialmente porque se observa un paisaje característico de muchas áreas metropolitanas de nuestro país. Más allá de la notable capacidad de trabajo de la población de estos lugares, la pobreza es una característica que se ve a simple vista. No hace falta buscar mucho para encontrar caminos en mal estado, semáforos que no andan, viviendas precarias y autos a punto de derrumbarse.

Estas imágenes no son fáciles de encontrar en Europa. Por si sirve de ejemplo, en mi trayecto desde el aeropuerto de Orly, en París, hasta mi hotel en la misma ciudad, vi dos Ferrari y ningún auto de más de 10 años de antigüedad. Lo que se observa, a simple vista, es un país rico.

Frente a esta realidad tan evidente, sin embargo, durante la última reunión de la FAO organizada en Roma, Cristina Fernández de Kirchner argumentó que Argentina tenía menos pobreza que Dinamarca. No dijo específicamente eso, pero al declarar que el nivel de pobreza en el país es del 5%, implícitamente nos situó en una mejor situación que la del país nórdico.

No contentos con esto, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández afirmó el martes que “países como Alemania no la están pasando bien en términos de pobreza, aunque no lo quieran creer. Tienen 20% de pobreza estructural”.

¡Alemania! El país menos afectado por la crisis de la zona euro, con 46.000 dólares de PBI per cápita y 4,7% de desempleo. ¿Cómo es posible que nuestros dirigentes intenten engañarnos de una manera tan descarada?

No podemos echarle la culpa al INDEC. En definitiva, dicha institución, que venía subestimando sistemáticamente los índices de pobreza y que, por ello, dejó de publicarlos, responde a la voluntad política de sus superiores en el Ministerio de Economía que, a su vez, responden al gobierno central. Es decir, a Cristina de Kirchner y Aníbal Fernández.

Sin embargo, sí pueden prestarse a confusión los números que emplea la mucho más seria división estadística europea, Eurostat. Es que si uno observa esos indicadores, encontrará que la gente que se encuentra en situación de “riesgo de pobreza” en Alemania es del 16,1%, lo que llama la atención viniendo de un país rico y con pleno empleo. Pero el problema es que “riesgo de pobreza” no es lo mismo que “pobreza”. Eurostat lo deja muy claro en su sitio web:

“La tasa de personas en  “riesgo de pobreza” indica la proporción de la población que tiene un ingreso disponible (luego de las transferencias sociales) que se encuentra por debajo de la línea de “riesgo de pobreza”, definida como el 60% de la mediana del ingreso disponible nacional después de las transferencias sociales.

Este indicador no mide la riqueza o la pobreza, sino un ingreso bajo en comparación con el resto de los residentes en determinado país, lo que no implica necesariamente un bajo nivel de vida

O sea, ese 16,1% no es un indicador de pobreza, sino de desigualdad y, como dice Eurostat, no implica un bajo nivel de vida. De hecho, los ingresos de este grupo social (calculados en un máximo de 975 euros para Alemania) son suficientes para alquilar un departamento, tener acceso  a internet, agua potable, teléfono celular, vestimenta e incluso uno o más automóviles. Y todo esto en una nación que cuenta con servicios públicos de primer nivel (rutas, seguridad, salud, educación y justicia).

Por último, es de destacar que si esta medición se aplicara a Argentina, nuestros niveles de pobreza serían más del doble de elevados que los de Alemania, como explica Javier Petersen en su nota de El Cronista:

“Si se toman los hogares por el ingreso total familiar, en el tercer trimestre del año pasado (último dato publicado por el INDEC) la media fue de 10.861 pesos. El 60% de eso da $ 6516,6. Según el propio cuadro del INDEC, la cifra supera el ingreso máximo que tenían los tres primeros deciles y también la mediana del cuarto decil, con lo que el “índice de pobreza” medido como en Alemania sería ligeramente superior al 35%.”

Es realmente increíble que nuestros dirigentes lancen tan disparatadas afirmaciones de una manera tan asidua. En esta oportunidad, queda claro que, en la búsqueda de ganar las elecciones de octubre, la mentira no será un freno a la hora de continuar con el relato.

Pero no tenemos que sorprendernos, ya que la mentira es la forma de hacer política de este Gobierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Hay vida fuera del cochecito

Por José Benegas: Publicado el 17/4/14 en http://josebenegas.com/2014/04/17/hay-vida-fuera-del-cochecito/

 

El gobierno de la señora Kirchner ha entrado en la etapa de la intrascendencia. No se puede hablar de debilidad porque el kirchnerismo logró que la ilegalidad en la que se maneja sea tomada como normalidad. Una década medieval digamos, con elementos de culto al jefe de la banda sorprendentes, que se ha naturalizado. Por lo tanto las señora no pierde el poder hasta los últimos días dado que éste sistema político que más que encuadrar en el marco constitucional está descripto en el Código Penal (antes de la reforma), sigue fluyendo en recursos. Todavía hay un año para mandar farándula jubilada con contratos a defender a tontas y locas la inflación, la inseguridad, la mentira, el latrocinio y la frase tonta del día. Hay más de un año para hacer rendir el negocio de TV farandulera lobbista de tratar la política con formato de Polémica en el Fútbol y legitimar la canchereada asaltante. Pero la intrascendencia tiene que ver con la imposibilidad de armar negocios de largo plazo. Algunos amiguitos buscan convertirse en simples empresarios del juego en la Florida, otros fantasean con venderle sus activos a los chinos y algunos han hecho tanta que en realidad planean su jubilación prematura con fotos en la revista Caras. Todos cuentan con que un país que toleró a los kirchner estará dispuesto a reciclarlos por un poco de cercanía a la torta, alguna invitación o contacto. El sueño argentino de convertirse en un gran chorro. Y si no de tener una selfie con alguno. A la vez en el orden político Capitanich habla para sí mismo. Sólo por costumbre los diarios siguen destacando sus falacias diarias como si fueran noticia, pero las novedades del corazón son ya más atractivas que su mala imitación de Aníbal Fernández. Lo que digan, lo que hagan, empieza a no importar y no porque no puedan hacer todavía mucho daño. Lo están haciendo, pero todos sabemos que la oposición está barrenando y mandando a confeccionar la ropa con la que piensa asumir sus futuros cargos, así que por qué ocuparse de algo de lo que no se ocuparon en los últimos diez años, salvo excepciones, en los que ellos y sus empleados cobraron sueldos exorbitantes para no molestar. Pero acá viene la falla del plan. Existe una cosa que se llama realidad. El plan Kirchner es extender el naufragio hasta el 2015, con endeudamiento, con la soja o con la bendición vaticana. Les da igual, mientras puedan llegar. Arreglar no piensan arreglar nada. La señora dejará un país con un gasto público atroz, en recesión con inflación, el nivel de impuestos más alto de la región, con la declaración de su Corte de que gran parte de los recursos que ya se gastaron eran inconstitucionales, esto es las retenciones, así que habrá que devolverlas en juicios cuyas sentencias vendrán en los años del próximo gobierno y tampoco se contará con esos recursos. Lo cual no deja de ser una buena noticia. La realidad no lee a Durán Barba, así es que plantea una de estas posibilidades que no negocia: 1. Reducir el gasto público drásticamente. 2. Aumentar la inflación y/o los impuestos 3. Bicicletear la situación con refinanciamiento. 4. Ignorar el problema. De la Rúa se encontró con una encrucijada similar, pero el país estaba en calma y no tomado por el robo tolerado. No estaban los resortes económicos, el poder judicial y muchas empresas cooptadas desde la facción oficial, al menos en un nivel comparable al actual. Recibió un pase complicado y su naturaleza radical lo llevó a optar por una combinación de las salidas 2, 3 y 4. Sabemos cómo le fue ¿no? Los políticos en general son así, se preguntan qué cosa puedo hacer para no enfrentar el problema. Cualquier cosa que les digan la agarran, pero los nuestros exageran. En el mundo ponen el freno varias cuadras antes del iceberg, no aceleran. Hay algo que podríamos aprender: después de un gobierno que despilfarra, eso fue al final el gobierno de Menem, no puede venir una Alianza explicando que se ha despilfarrado poco o con un criterio no demasiado sensible. Para encarar la solución número uno, la adulta, la que nos salva de verdad, se necesita una batalla cultural contra el espíritu adolescente y parasitario con el que los K convirtieron a la Argentina en un rebaño. El desafío es enorme, pero los políticos de la oposición no dan señales de enterarse de la cuestión. Es tan infantil la Argentina que para muchos la esperanza es que todos mientan, que hagan “la gran Menem”, esto es decir una cosa para la tribuna (ellos) pero hacer otra. Después que él se haga cargo de los costos y si el plan falla se puede retomar la droga moral del llamado progresismo, mandando al titiritero al matadero. Pero esa vía también está agotada. Es decir o el país se enfrenta a su problema de 70 años de mentalidad parasitaria peronista, que incluye a radicales, socialistas, militares y todas las nuevas variantes de la política o sencillamente desaparece ¿Será mucho decir desaparece? Ya no lo creo. El cambio cultural no consiste en convencer a la gente de que debe sufrir. Esa es la visión adolescente de hacerse adulto. Lo que el país debe entender es que hay una felicidad en aceptar la realidad, en madurar, que se debe dejar de sufrir por la estupidez porque la vida sin costo no existe. El problema siempre es que el beneficio sea mayor que el costo, no que no haya costos como quieren los niños malcriados y los “progresistas”, aunque esto tal vez sea una redundancia. ¿Queremos salir de la pobreza y la declinación económica? Se necesita todo eso que la progresía enseña a la gente a odiar: empresas, empresarios, afán de lucro, comercio, apertura. También deshacerse de todo lo que ellos aman: subsidios, regalos, protecciones, consuelos. Si el nefasto sistema educativo que todos veneran prepara masas de profesionales para ser empleados (cosa que es un gran error), es una locura que el sistema mismo emita su credo anticapitalista del modo cerrado y obstinado en que lo hace. Pero la coherencia hay que encontrarla en la manipulación. Nuestro sistema así como lo dejan los K es una gigantesca maquinaria de frustración que provee ovejas para el sacrificio. Sacrificios que aumentan la frustración, pero a su vez el protagonismo de la visión negra de la vida, de la visión impotente en la que la izquierda puede administrar la depresión general con más resentimiento. A otra cosa mariposa. El cambio político, la solución económica y la campaña electoral de una opción electoral que no quiera terminar como de la Rúa, deben alinearse en un único sentido. Nunca ha habido una facilidad tan grande para diferenciarse de todo el resto, el problema es que la progresía también inyectó su maquinaria de frustración entre los políticos opositores. Lo que dicen que no se puede hacer, se puede hacer, es lo único que vale la pena hacer y nadie lo ha probado. Por más que los encuestados contesten que hay que tirarse al río, sabemos que no hay que hacerlo (¿lo sabemos?). Mientras se prueban el traje tantos futuros presidentes a lo mejor alguien les quita el guante, porque eso que está implícito en nuestra constitución histórica hace felices a los países, hace feliz a la gente. La Argentina ya lo probó. Hay vida fuera del cochecito. 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.