PIENSO, LUEGO SOY CONSPIRACIONISTA. Sobre los que consideran que los anti-cuarentena somos unos imbéciles

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 25/5/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/05/pienso-luego-soy-conspiracionista-sobre.html

 

 

La verdad siempre dudé de la honestidad de Cristina Kirchner.

De su marido también dudé.

De Aníbal Fernández también.

De……

¡Pero qué imbécil, soy un conspiracionista!!!!!

¿No me doy cuenta, acaso, de que nada de eso está probado???

Nunca me gustaron las teorías conspirativas. Son ingenuidades antes el orden espontáneo, y lo he escrito: https://puntodevistaeconomico.com/2017/05/11/la-conspiracion-de-las-teorias-conspirativas/ Tampoco he basado mi oposición al arresto domiciliario, llamado cuarentena, en ninguna de ellas, y desafío al que piense lo contrario a que la encuentre: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-completo.html.

Pero últimamente he notado que los cuarentenistas (entre los que se encuentran conservadores y gente que cree que es liberal) se divierten considerándose “gente seria” que “no presta oídos a estupideces”, como nosotros, los paranoicos, trasnochados y lunáticos que nos permitimos dudar, que nos permitimos pensar más allá de la OMS y las opiniones del omnipotente Fauci.

Vuelvo a decir: una cosa es ser partidario de que La Tierra es plana y el que piense lo contrario es parte de una confabulación internacional; una cosa es ser nazi y pensar en una estrategia judía de dominación universal, y otra cosa es dudar, hacer preguntas, inquirir sobre cosas que no encajan del todo. Sospechar que Al Capone no era el Angel Gabriel NO era ser conspiracionista. Sospechar que Néstor Kirchner tenía negocios dudosos NO es ser conspiracionista. Sospechar en el 78 que los militares argentinos no eran nenes de mamá NO era ser conspiracionista. ¿Tengo que dar más ejemplos? Estimados cuarentenistas, distingan las cosas, no somos imbéciles.

Tal vez se diviertan con la pobre Chinda Brandolino, que mezcla el antisemitismo con su pericia médica (ENTRE PARÉNTESIS, MUCHOS CATÓLICOS QUE AHORA LA CRITICAN BIEN QUE LES ENCANTABAN SUS VIDEOS ANTI-ABORTO DONDE HACÍA LO MISMO…………………) o con Judy Mikovitz que no tiene cómo demostrar sus acusaciones contra Fauci. Pero el reportaje a la Dra Dolores Cahill no es lo mismo. Ah no, pero “cómo te atreves”, me dijo alguien, como si le hubiera enviado un video porno. Tampoco son lo mismo las ideas NO conformes con la cuarentena de ya cientos de profesionales independientes, que pueden ver en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/mas-voces-en-disidencia-con-la.html, y en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html, y la lista sigue aumentando (curiosamente, de uno de ellos, el Dr. Erikson, un fan cuarentenista dice que tiene  “intereses económicos”: conspiración para unos, no para otros…..).

¿Es ser un paranoico preguntarse por qué las medidas tomadas en todo el mundo favorecen tanto a todos los gobiernes e ideas estatistas? ¿Es ser un lunático preguntarse por qué las voces disidentes son sistemáticamente silenciadas, ridiculizadas, NO consultadas? ¿Es ser un imbécil preguntarse por qué las “clínicas” abortistas están abiertas y las iglesias cerradas? ¿Es ser un infradotado preguntarse por qué ningún gobierno mundial consulta a los que piensan precisamente en medidas de NO encierro, justamente las medidas que a los gobiernos NO convienen para nada? ¿Desconfiar de los gobiernos, o sea ser liberal, es una estupidez?

Ninguno de los que nos permitimos dudar tenemos la certeza total. Justamente, de eso padecen los otros. Los que dudamos simplemente decimos: si consideras que hay que quedarse en casa, hazlo, proclámalo, convence a los demás, pero obligarlo……… Ah qué fácil…………. Y algo más importante aún: los que escuchamos y posteamos videos de voces disidentes no lo hacemos porque les otorguemos el conocimiento total. Justamente, porque estamos mostrando lo limitado del conocimiento, ante el cual un señor llamado Hayek (liberales cuarentenistas, si quieren les paso bibliografía) señaló la importancia de la NO planificación central, en TODAS las áreas. Esto es: si los Erikson y etc. piensan de un modo y los Fauci y etc. piensan de otro, ¿por qué no un debate público ante el cual todos podamos decidir y pensar y, finalmente, tomar nuestras propias decisiones?

O sea: lo único que falta, cuarentenistas, más soberbios que Adán y más autoritarios que Torquemada, es que se burlen de los que piensan diferente. Qué fácil: el que no piensa como ustedes es un paranoico imbécil. Gracias genios. Si son tan sabios espero que les vaya bien en sus decisiones propias. A los demás, déjennos en paz, y espero que dentro de un tiempo tengan la delicadeza de pedir disculpas.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

El Relato Anti-Liberal de Cambiemos

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 6/3/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/03/06/el-relato-anti-liberal-de-cambiemos/

 

En la política Argentina, la palabra “relato” hace referencia a la manipulación de los datos económicos durante el gobierno Kirchnerista. El “relato” era, en definitiva, una descripción inexistente de la realidad económica y social del país (por ejemplo, sostener que Argentina tiene menos pobres que Alemania o que la inseguridad es una mera sensación como insistía el Jefe de Gabinete Anibal Fernández.)

En los últimos meses se nota una creciente incomodidad por parte de Cambiemos con los economistas. En especial con los llamados “economistas liberales,” aquellos profesionales que piden que la Argentina se mueva hacia a una economía libre y abierta. Lamentablemente, en su incomodidad Cambiemos está creando su propio relato, el relato anti-liberal. O quizás, en el fondo, la incomodidad sea en realidad con algunos resultados económicos y fiscales de su propia gestión.

La reciente nota del Lic. Rodrigo Pena es un claro ejemplo de este relato anti-liberal de Cambiemos. La columna está dirigida a Jose L. Espert. A mi entender, Pena tergiversa los dichos de Espert al punto tal de ridiculizarlo. Una estrategia muy mal vista en cualquier debate donde prima la seriedad. Pero el punto de este post no es discutir los detalles y números de ambas columnas, sino llamar la atención sobre dos fenómenos que se vienen repitiendo en Cambiemos: (1) La tergiversación (ridiculización) de los “economistas liberales” y (2) el uso de descalificativos desde el poder.

Lamentablemente Cambiemos se está sintiendo muy cómodo con ridiculizar la posición de profesionales que no coinciden con algunas de sus políticas económicas. Las respuestas del gobierno son muy bienvenidas, pero deben ser sobre posturas existentes, no sobre propuestas inexistentes.

Pero el problema no es sólo de tergiversación. Pena comete el innecesario agravio de hablar de economistas “plateistas” con una clara connotación peyorativa. Decepciona que un Secretario de estado lleve la discusión al plano personal. Hacia el final de la nota, Pena compara a los economistas plateistas con la tribuna en un partido de fútbol, donde los plateistas gritan e insultan a los profesionales que están en el campo de juego. Mientras Pena sería un profesional en el campo de juego, Espert (y los “economistas liberales”) sería un mero plateista que grita incoherencias económicas. Un artilugio muy por debajo de lo que se espera de un Secretario de estado. Decepciona también que tanto funcionario de Cambiemos (por ejemplo Federico Pinedo, Marcos Peña, Laura Alonso) feliciten una nota que comete esta falta de seriedad profesional.

El de Pena no es el único caso, tiempo atrás el Diputado Fernando A. Iglesias (también por Cambiemos) se refirió a “economistas liberales” como “liberalotes,” también en un claro tono despectivo con descripciones significativamente tergiversadas. Al menos Pena fue más caballero, dado que al menos identificó a quién se refería como “plateista.” A pesar de los reiterados pedidos (mio incluido), Iglesias nunca aclaró quienes serían los “liberalotes” y quienes serían los “liberales.” Criticar, tergiversar, y sobre todo calificar sin identificar a los destinatarios es también una práctica muy mal vista en debates que pretenden ser serios.

Como los kirchneristas, en este tema, Cambiemos también esta faltando a la honestidad intelectual de ofrecer una representación fiel de sus críticos. Los críticos de Cambiemos, vale aclarar, soportan una presión fiscal agobiante a cambio de servicios públicos que dejan muco que desear. Quizás la gente de Cambiemos haría bien en auto-reflexionar y dejar estas mañas de la vieja política de lado. Cambiemos debería aplicar menos energía en ridiculizar y calificar profesionales comprometidos con la economía del país y más energía en hacer posible tantas de las reformas necesarias pero aún pendiente en materia económica.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Abal Medina: cómo vender humo con emergencia social

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/11/16 en: http://economiaparatodos.net/abal-medina-como-vender-humo-con-emergencia-social/

 

“Cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable” Séneca 

Abal Medina, actual senador que perteneció al gobierno más corrupto e inepto de la historia argentina, presentó un proyecto de ley que empieza de esta forma: “Artículo 2º. Instruyese al Ministerio de Desarrollo Social a crear un millón (1.000.000) de nuevos puestos de trabajo”. Al leer este artículo uno no puede menos que lamentarse de haber perdido 6 años estudiando economía cuando la cosa era tan fácil de solucionar. Se escribía en un papel: ordeno crear puestos de trabajo y listo.

Cuando uno ve este tipo de cosas, se da cuenta que estamos en manos de gente totalmente incapacitada para ejercer un cargo público, al menos incapacitada para ejercerlo sin hacerle daño a la población. O tal vez le hacen daño deliberadamente a la población para perjudicar al gobierno.

Sin duda que la economía argentina tiene que generar un verdadero tsunami de inversiones porque necesita resolver un problema de desocupación que consiste en darle salida laboral al flujo y al stock. ¿A qué me refiero con el flujo y el stock? El flujo es que cada año se incorporan al mercado laboral unos 250.000 jóvenes. Es decir, hay que tener inversiones eficientes que generen una demanda laboral de, al menos, 250.000 nuevos puestos de trabajo. Pero además hay que resolver el stock de no menos de 2 millones de empleados públicos (en los tres niveles de gobierno) que el kirchnerismo disfrazó de ocupados en cargos públicos que no producen nada útil para el contribuyente. Y, finalmente, hay que crear puestos de trabajo para los millones de personas que viven de planes sociales y se acostumbraron a no trabajar.

Claramente que semejante problema, que es realmente monumental, no se soluciona con el voluntarismo que pretende aplicar Abal Medina. Por otro lado, cuando uno lee detenidamente el proyecto de ley aprobado, no encuentra cómo piensa crear esos puestos de trabajo. En rigor, Abal Medina vende su ley como la idea de pasar de la cultura del subsidio a la cultura del trabajo, pero en rigor lo único concreto que pide Abal Medina en su proyecto de ley es un aumento de salarios con la creación del Salario Social Complementario y un incremento del 15% de los valores vigentes, en cada mes, de la Asignación Universal por Hijo y Asignación por Embarazo para Protección Social. Se manda un escrito de 10 páginas para, en definitiva, esconder un aumento de los llamados planes sociales y ni siquiera cuantifica ni el monto del gasto ni la forma de financiarlo. Sobre crear en serio trabajo, su proyecto se limita a vender humo.

Frente a este tipo de propuestas claramente demagógicas, tenemos a un gobierno paralizado por la competencia populista. Creyendo que la elección de medio término del próximo año solo puede ganarse con las mismas herramientas económicas que usó el kirchnerismo, Cambiemos sigue con un gasto público que asfixia al sector privado y una carga tributaria que paraliza cualquier proyecto de inversión y, por consiguiente, de nuevos puestos de trabajo.

Cambiemos apuesta a llegar a las elecciones de 2017 con una economía levemente en alza. Para ello espera que el blanqueo genere algún tipo de reactivación en el mercado inmobiliario, que la soja, el maíz y el trigo muevan la economía y que tomando deuda externa la obra pública estimule algo la actividad. Con eso se da por conforme para llegar a octubre de 2017 con un kirchnerismo que, posiblemente, termine desarticulado. Es difícil imaginar candidatos a diputados y senadores k presentables siendo que Cristina Fernández se rodeó de los peores elementos de la sociedad para gobernar. Su estilo autoritario la llevó a buscar a colaboradores dispuestos a cometer cualquier acción perversa con tal de agradar a su líder. El resultado es que CF no tiene candidatos potables para presentar. ¿A quién va a presentar como candidatos que le sean incondicionales? ¿A Boudou, D’Elía, Hebe de Bonafini o Aníbal Fernández? El peronismo no k irá por su lado, tal vez alineado con Massa o Urtubey, de manera que con llegar sin un desborde económico, Cambiemos puede tener buenas chances de ganar las elecciones del próximo año, aunque tampoco tiene tantas espadas ganadoras. En todo caso lo favorece el hecho de no tener a nadie de fuste enfrente.

Mientras tanto, Cambiemos se escuda en que solo mira para adelante y no busca revanchismos dejando intacta la cantidad de empleados públicos que no baja porque dicen que mientras no se creen puestos de trabajo en el sector privado no pueden reducir el plantel estatal. En rigor están enrollados. Si para reducir la cantidad de empleados públicos primero tiene que haber inversiones, eso exige que bajen los impuestos. Y para bajar los impuestos sin agrandar el déficit, tienen que bajar el gasto, pero como no quieren bajar el gasto imaginan una reactivación milagrosa que les evite hacer las reformas estructurales. Mientras tanto el sector privado sigue perdiendo puestos de trabajo. El ajuste lo sufre el sector privado y el sector público sigue gordo y pipón.

El argumento que utiliza el gobierno para sostener a los más de 2 millones de empleados públicos que fueron incorporados por el kirchnerismo de no buscar revancha es bastante endeble, porque ese exceso de personal tiene un costo. No es gratis. Alguien lo paga. Y lo paga el sector privado con impuestos y caída del ingreso. No hay argumento moralmente sostenible para mantener ese exceso de personal porque el sector privado sufre despidos y pérdida de poder adquisitivo.

En síntesis. De un lado de la política está la ignorancia típica del populismo que puede verse en el proyecto de ley presentado por Abal Medina y por otro lado, un Cambiemos que, por ahora, no está dispuesto a cambiar la política económica de fondo heredada del kirchnerismo dada las especulaciones políticas de cara a las elecciones de 2017.

Para terminar, el gobierno se la pasa hablando de hacer una buena gestión. Si no se sabe hacia dónde se va. Cuál es la visión global del país, el gobierno va a seguir navegando (gestionando) bien, pero sin rumbo. Como decía Séneca: “cuando no sabes hacia donde navegas, ningún viento es favorable”.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Qué cambió y qué no en Argentina?

Por Martín Krause. Publicado el 29/10/15 en: http://diario.latercera.com/2015/10/29/01/contenido/opinion/11-201339-9-que-cambio-y-que-no-en-argentina.shtml

 

EL RESULTADO de las elecciones del pasado 25 de octubre fue una sorpresa para todos, incluyendo a los candidatos más informados, los encuestadores o los agentes del servicio secreto. Nadie pudo ver el cambio que se estaba gestando que cambió la situación política de la noche a la mañana.

Todo parece anunciar que Argentina ha emprendido un camino de cambio, siendo precisamente éste uno de los argumentos centrales del mensaje de una alianza que se llama -y cómo va a ser de otra forma- Cambiemos.

La lógica de esto es tan simple como clara: uno de los argumentos más usados por candidatos de todo tipo que se enfrentan a un gobierno que lleva muchos años es, precisamente ese: hay que cambiar.

La gente entiende el mensaje. Eso le permite no tener que decir mucho acerca del contenido del cambio, algo que hubiera causado un alto costo político, porque los necesarios cambios que se aproximan en este país serán dolorosos.

Pero todo gobierno puede realizar los cambios que el consenso general de las ideas le permite realizar. Entonces, la pregunta sobre Argentina es: ¿qué profundidad tiene el pedido de cambio que se expresó en las urnas?

La respuesta es mixta. La gente votó por un cambio cansada de la prepotencia de un gobierno que se pelea con todo el mundo; intolerante y matón. Quiere un gobernante moderado, amable, y, si puede, simpático. Básicamente una persona normal. María Eugenia Vidal es el principal ejemplo de esto, y lo más contrapuesto a su gran derrotado: Aníbal Fernández. La gente quiere, también, alguien que administre al Estado con mayor eficacia, que tenga ideas creativas sobre la gestión de los recursos públicos, que logre mejoras en la seguridad, la salud y la educación: Macri tiene esa imagen.

Esta demanda de moderación y eficacia va a tener su impacto en la calidad de las instituciones: se busca un gobierno que respete la división de poderes y la independencia de la justicia; que no pretenda controlar los medios con recursos públicos; que acepte ciertos controles al poder, que respete la autonomía de gobiernos provinciales y municipales.

Y no mucho más. El argentino sigue siendo profundamente estatista y anti-yanqui. Por eso, Macri ha dicho que no dará marcha atrás con la estatización de las pensiones, o de la empresa petrolera YPF, e incluso tal vez de la deficitaria Aerolíneas Argentinas. Y va a tener mucho cuidado en la necesaria mejora de las relaciones con los fondos buitres, el FMI y el gobierno de los Estados Unidos.

Además, y en virtud del pasado reciente, el argentino teme profundamente un cambio brusco que genere un cataclismo económico. No quiere más crisis como la del 2001. Ni como la de 1989, ni como otras anteriores.

Esto enfrenta al próximo gobierno con un serio dilema: la gente no quiere escuchar sobre esos problemas ni que le digan nada de ajustes. Sin embargo, con un déficit fiscal rondando 8% del PIB y un Banco Central quebrado y sin dólares; con miles de millones de dólares que se deben de importaciones, de dividendos no transferidos o de contratos a futuro de dólares, la perspectiva a corto plazo es aterradora.

Ante la gangrena que corroe a la economía argentina, el dilema del próximo gobierno es o trato de curarla con remedios en dosis moderadas y me arriesgo a que me devore la enfermedad; o procedo a operar a un paciente que se cree que tiene un simple resfriado. La anestesia es clave, y en el caso argentino tiene nombre: dólares, y muchos. ¿Generará el nuevo gobierno suficiente confianza para atraerlos o conseguirlos? Eso es lo que definirá su suerte en el verano que se aproxima.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

No sólo se trata de ganar

Por Mario Serrafero.

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logró un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente a quien se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal, parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia. Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarita Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballotage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quien más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él, sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara, Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Mario D. Serrafero es Doctor en Ciencia Política y en Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Es investigador del Conicet. Escribió el libro Reelección y sucesión presidencial . Es profesor de Análisis Institucional en ESEADE.

No sólo se trata de ganar

Por Enrique Aguilar:

 

Las elecciones del 25 de octubre tuvieron un gran impacto. El Kirchnerismo ingresó en un cono de sombras y Cambiemos obtuvo un resultado sorprendente. Scioli obtuvo el 36,86% y Macri el 34,33%. El oficialismo y Scioli esperaban ganar en primera vuelta. ¿Qué pasó? La pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar, la fotografía de las PASO dieron la primera pista, con una oposición de más del 50% distribuida en dos espacios. Faltaba saber que, para la primera vuelta, Scioli había llegado a su techo, en cambio sus oponentes tenían para crecer.  Hubo errores en la campaña, pero todos los cometieron. Como se dijo oportunamente, la actitud y el comportamiento de Scioli podían ubicarlo como candidato oficial, pero ello no aseguraba su triunfo electoral. Scioli bajó el porcentaje de votos respecto de las PASO. ¿Lo abandonaron kirchneristas defraudados por ciertos gestos de equidistancia –como el gabinete que presentó- o independientes frente a la continuidad de su prokirchnerismo? El problema siempre fue el mismo: el lugar de Scioli. Su posición gelatinosa y su palabra siempre evasiva con un discurso obediente de Cristina, pero dando mensajes de diferencia. Discurso esquizofrénico que probablemente no retuvo a todo el kirchnerismo y seguramente no conquistó independientes. La sensación de fracaso tiene un nombre: Cristina. Ayudó mucho a los resultados prohijando la candidatura de Aníbal Fernández y de Martín Sabbatella, luego de la defección de Florencio Randazzo, quien se había rebelado frente al maltrato presidencial. María Eugenia Vidal logro un triunfo histórico en la Provincia de Buenos Aires. Ese bastión peronista iba a convertirse en el reducto del kirchnerismo duro. Vidal es una dirigente que se le reconocen no pocas virtudes. Y Aníbal es el prototipo de funcionario que hace gala de su contracción al trabajo, pero también de  algunos vicios como la soberbia, la prepotencia y el sofisma discursivo. Fue un espada importante para el estilo político preferido por Cristina: la confrontación y la humillación del opositor. No hacía falta un votante muy sofisticado para advertir estas características, sin entrar a considerar aspectos más turbios. Para Aníbal parte de su derrota se explica por “fuego amigo”. En el peronismo/kirchnerismo ha comenzado un proceso de pase de facturas y de transformaciones.

Macri triunfó en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza y sus candidatos a intendentes destronaron a varios barones del cono urbano. ¿Fue exitosa la estrategia de campaña? Según los resultados, para muchos sí. No obstante, en vistas de los mismos resultados, también podría lanzarse la hipótesis de que podría haber ganado en primera vuelta, con el acuerdo adecuado. En todo caso, necesitará algo más que los votantes del 25 de octubre si quiere triunfar. Hasta ahora, Macri cosechó votos impensados incluso contra la estrategia diseñada por sus asesores de campaña. Pero algunos aciertos parecen propios: elegir bien a sus candidatos, como Vidal en la provincia y, en su oportunidad, Michetti para la vicepresidencia.  Los acuerdos que no se hicieron antes, seguramente se harán en este tramo. Pero algo queda claro, los votos son de los electores y más allá de qué acuerdos se hagan, en esta instancia, si la cuestión es cambio o continuidad, el eje será votar por el kirchnerismo y su herencia aguada o un rumbo distinto con cambio de figuras incluido.

Margarista Stolbizer fue víctima del voto estratégico/voto útil y Massa resistió muy bien y hasta aumentó lo logrado en las PASO. Scioli y Macri apuntarán a sus electores. Los primeros discursos de los candidatos, luego de los resultados, iniciaron la campaña. Scioli se recostó aún más en el regazo kirchnerista y tensó la supuesta oposición entre el Estado representado por el kirchnerismo y el mercado, encarnado por Macri. ¿Cuántos más votos conseguirá en ese espacio y con ese discurso? Macri parece haber vuelto al lugar de donde partió: el cambio. Dejó atrás aquel discurso apresurado luego de la elección de Capital. Massa dio guiños de que está más cerca de Macri que de Scioli. En su discurso la palabra “cambio” se repitió varias veces.

El  22 de noviembre habrá nuevas elecciones. Será el primer ballottage que se llevará a cabo en el país. En 2003, Menem no concurrió a la segunda vuelta y Néstor Kirchner fue ungido presidente. Esta vez, los dos candidatos concurrirán a la contienda. La clave de la elección son los votos de Massa, más del 21%. Los dirigentes del massismo –aunque no Massa- pueden estar más cerca de Scioli, pero sus votantes probablemente no. ¿Qué hará Massa? Podría hacer un acuerdo con Scioli o con Macri, pero ello no será concluyente para los comicios. Los votos son de los electores y un aire de cambio se ha expresado en las urnas. La masa flotante de votantes responderá al supuesto cambio de época –o no- más allá de los que digan los dirigentes.

No sólo se trata de ganar. Los acuerdos serán más importantes para la gobernabilidad de la futura gestión que para el triunfo en la próxima elección. En este sentido, quién más requiere un acuerdo es Macri. Scioli necesita captar el voto que le es esquivo por su cercanía con Cristina, pero si ganara la gobernabilidad no estaría amenazada. Fue el candidato que ganó en las PASO con el 38,4%, que triunfó en la primera vuelta con el 36,86% y si gana en la segunda, su legitimidad saldrá fortalecida por la ciudadanía. Cuenta además con el apoyo de gobernadores peronistas y la primera minoría de la Cámara Baja y la mayoría en el Senado. A esta altura, su triunfo en segunda vuelta sería una suerte de gesta y hasta el kirchnerismo lo vería con mejores ojos. Revertiría un cambio de expectativas. Para él sólo se trata de ganar. Pero para Macri no es suficiente. La teoría del “PRO puro” siempre tuvo patas cortas, más allá del espacio común construido con el radicalismo y la Coalición Cívica. Y más allá de que una masa flotante de votantes se decante naturalmente hacia él por hartazgo o sensación de fin de ciclo del kirchnerismo.

No se trata sólo de ganar, sino de asegurar las condiciones que le permitan gobernar. Si ganara Macri habría revertido sus resultados anteriores. Sería un presidente que obtuvo en las PASO  24%,  que perdió en primera vuelta con el 34,33% sostenido por una coalición conformada presumiblemente por un 30% de su espacio y un 4% de votantes útiles que, si gana en segunda vuelta, se incrementaría en más de un 16%. Habrá triunfado por un mix de coalición real y coalición negativa. Un presidente que revierte los resultados de la primera vuelta significa que tiene menos rechazos de quien sale segundo en esta instancia, pero no necesariamente tiene resuelto el tema legitimidad. Deberá construirla a lo largo de su gestión y para ello tendrá que tener la posibilidad de gobernar adecuadamente. Pero a nivel federal tendrá inexorablemente un gobierno dividido con un Senado opositor y con una Cámara Baja donde no es mayoría. Su fortaleza es la Ciudad de Buenos Aires y en el gobierno de la Provincia necesitará aliados. Un acuerdo con Massa, en esta instancia y frente a la segunda vuelta no parece absolutamente necesario. Si es que existe un cambio de época los votantes fluirán casi naturalmente.  Pero tarde o temprano deberá realizarse un acuerdo que podrá ser una coalición legislativa o una coalición de gobierno. El principal fantasma que revolotea sobre un presidente que ha revertido los resultados de la primera vuelta, ha obtenido una mayoría (artificial) en la segunda y que obviamente no cuenta con un respaldo equivalente en las instituciones de gobierno es creer en la (inexistente) solidez de su triunfo. La segunda vuelta determina ganadores, pero no presidentes con relativa capacidad de gobierno.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

 

 

El derrumbe del candidato inevitable.

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 28/10/14 en: http://labandaoccidental.blogspot.com.ar/2015/10/el-derrumbe-del-candidato-inevitable.html

 

Tras varios meses en los que se buscó instalar la idea de que Daniel Scioli era el presidente “inevitable“, ya casi consagrado en las urnas, el desempeño que tuvo en la primera vuelta resultó decepcionante para los propios, que se están hundiendo en la desazón.
La retórica de la épica política, carente de sustancia, los llevó a su propio callejón sin salida. A pesar de que Daniel Scioli es el más presentable de los candidatos del Frente Para la Victoria, esto no alcanzó para que lograra salir del estrecho círculo del kirchnerismo.
Convenció a los convencidos, pero no logró salir de ese margen.
Mauricio Macri, en cambio, logró ubicarse como el candidato con más expectativas para ganar la presidencia.
El escenario que veníamos planteando desde hace tiempo, de que el centro de la disputa era la Provincia de Buenos Aires, fue el que prevaleció. Allí, la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal triunfó cómodamente sobre Aníbal Fernández, derrumbando esa idea instalada por muchos analistas políticos de que no había corte de boleta en el distrito más poblado de Argentina. Ya lo adelantamos: esa aseveración era falsa, y se comprobó abundantemente el domingo.
Daniel Scioli, que hizo toda su carrera política bajo el ala de presidentes -Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner- no puede desarrollar su propia personalidad como candidato a la primera magistratura. Siempre se transformó en una copia del presidente de turno, como un Zelig de la política argentina. En el momento crucial en que estuvo al frente del escenario, sólo, como protagonista, no supo ya quién era él. De allí esa aseveración tan extraña de que habrá “más Scioli que nunca”.
El triunfo de María Eugenia Vidal le ha dado una estocada letal a las ambiciones presidenciales de Daniel Scioli, a lo que se suma el desbande desordenado del Frente Para la Victoria, con acusaciones a su propio candidato. Una persona honorable defiende a su partido y candidato hasta el último momento, en las buenas y en las malas; pero esto no es así en estos días. Acostumbrados a ser una máquina de agravios, una metralla de agresión verbal, se han lanzado histéricamente a lanzar una campaña del miedo sin sustento, mostrando una debilidad pasmosa.
Sergio Massa, de reconocida habilidad, interpretó rápidamente el mapa y probablemente negocie un acuerdo de gobernabilidad con Mauricio Macri. Y así lo harán, en menor grado, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Sáa. Cambiemos, entonces, se convertirá en el eje de una gran coalición de gobierno que puede y debe restaurar la plena vigencia de las instituciones, la independencia del Poder Judicial y el funcionamiento del Congreso como el gran escenario de los debates por venir.
¿Qué debería hacer Mauricio Macri de cara a la segunda vuelta? En principio, no prestar demasiada atención a Daniel Scioli, que está enfrascado en discusiones con Hebe de Bonafini, Carta Abierta y el resto del kirchnerismo duro. Debe ir al debate, tal como lo ha hecho poco tiempo atrás con los otros candidatos de la oposición. Mauricio Macri debe seguir hablando a los ciudadanos, ganar su confianza, ir proyectando sus grandes metas para la presidencia. Mientras Scioli se desvanece y no puede recuperar la iniciativa, Macri está transmitiendo una gran confianza de cara al mañana. En esto lo ayuda María Eugenia Vidal, la nueva estrella de la política argentina, fortalecida por su triunfo tras meses del ninguneo más desembozado por parte de sectores del periodismo y de la política.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Ex investigador Senior part time del Departamento de Investigaciones y Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Nepotismo: ni para todos ni para todas

Por Iván Carrino. Publicado el 18/8/15 en: http://opinion.infobae.com/ivan-carrino/2015/08/18/nepotismo-ni-para-todos-ni-para-todas/

En la semana que pasó, se volvió viral el caso de Delfina, la hija del ministro de Defensa Agustín Rossi, quien, con solo 26 años y una escasa experiencia laboral, fue designada directora del Banco Nación. El Nación es el banco estatal más importante del país y, al cierre del año pasado, administraba activos por 380.881 millones de pesos, un monto superior al total de las reservas del Banco Central.

Uno pensaría que para ser miembro del directorio de un banco, nada menos que la posición de mayor responsabilidad dentro de la institución, no solamente hace falta haber estudiado, sino también contar con experiencia en el sector. Por ejemplo, en la misma página web del Nación puede verse un espacio donde jóvenes estudiantes y jóvenes graduados pueden dejar su CV para comenzar su carrera laboral en la entidad. Y de eso se trata, de comenzar la carrera, desde los puestos de menor jerarquía hacia los de mayor jerarquía, de manera de ir conociendo no solo el funcionamiento del banco, sino también las características de la industria, los clientes, etcétera.

Pero nada de eso sucedió en el caso de la hija de Rossi. El expediente, tal como explicó Aníbal Fernández, llegó al escritorio del jefe de gabinete y este lo firmó “con mucho orgullo”.

Es simple: la designación de Delfina Rossi no dependió de la capacidad, ni del estudio, ni de la experiencia de la joven, sino de la firma de Aníbal Fernández, a quien tampoco se le conoce experiencia en el manejo bancario.

Ahora bien, alguno podrá argumentar que también en el ámbito privado sucede, a menudo, que el que ocupa cargos de jerarquía no es el más idóneo, sino aquel que tiene mejor relación con el de arriba. Es cierto, a veces hay factores intangibles que pesan en estas decisiones y la confianza o la afinidad pueden derivar en un ascenso laboral. Sin embargo, la diferencia está en que, en el sector privado, si la persona contratada o ascendida no resulta apta para el cargo, el costo es asumido por el dueño de la compañía.

En el caso de la administración pública y sus organismos, la situación es diferente. Dado que el Banco Nación tiene acceso ilimitado al presupuesto público por ser una empresa estatal, el costo de las malas decisiones administrativas no es afrontado por nadie en particular, sino por todos los argentinos, que financiamos coactivamente con nuestros impuestos las aventuras de dicha empresa.

El caso de Delfina Rossi no es el único. De hecho, el directorio del Nación también está conformado por un compañero de colegio de Máximo Kirchner, el consuegro de Julio de Vido, y una militante de La Cámpora (organización que logró una verdadera colonización del Estado). Además, hace poco también se conoció que Alejandro Vanoli, presidente del Banco Central, nombró a su pareja y a su hijo en la planta permanente del organismo.

Es que esta es una característica intrínseca del modelo de Estado presente que patrocina el kirchnerismo. A mayor Estado, más y mayores son las empresas estatales, más y mayores son los fondos públicos administrados por funcionarios, más y mayores son las regulaciones y, finalmente, más y mayores son las posibilidades de que aparezcan la discrecionalidad y el nepotismo.

El caso de la hija de Rossi es uno más de esos que nos indigna y nos preocupa como sociedad. Y hasta que no haya un cambio profundo de sistema seguiremos indignándonos con los eternos beneficiarios de la prebenda y el privilegio.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El Modelo es Victoria Xipolitakis

Por Gabriela Pousa: Publicado el 15/7/15 en: http://economiaparatodos.net/el-modelo-es-victoria-xipolitakis/

 

Argentina es un país sin casualidades. El lugar donde desde hace una semana se habla de Vicky Xipolitakis es el país de Cristina. Es coherente que lo sea. Los Kirchner han consagrado la vulgaridad. Lograron que los artistas ya nada tengan que ver con el arte. Los iconos populares están a la altura de la dirigencia, no desentonan. Ambos buscan el protagonismo a cualquier precio, ambos son capaces de negar a la madre y hacen de la mentira una patología.

El kirchnerismo ha institucionalizado un relato muy distante de la realidad que experimentan los ciudadanos. Lo mediático y lo cultural no escapan a ello, son fiel reflejo de los modelos que vemos a diario. Una jefe de Estado capaz de derribar una estatua porque no le gusta verla cuando abre la ventana, no difiere sustancialmente de una vedette capaz de entrar a la cabina de mando aéreo-comercial.

Ambas rompen los cánones de la civilidad. El respeto les es anticuado, el Cambalache de Discépolo se ha hecho carne en lo cotidiano. Todo vale y nada es sancionado. 

De ese modo, la política irradia inverosímiles y los medios se nutren del espanto. Del otro lado está la gente consumiendo un espectáculo burdo y grotesco sin significado pero con intencionalidad. La polémica acerca de qué apareció primero, si el huevo o la gallina, se traslada al tejido social, y no hay respuesta que sacie a la hora de preguntar si la oferta que brindan es lo que el pueblo quiere ver y comprar, o se lo consume porque no hay opción a algo más.

Las alternativas son en extremo débiles y fugaces pero cuando están, muestran que todavía hay gente que las elige como si en esa elección recobraran algo de la dignidad mancillada por la vulgaridad. Esa es la dialéctica de la vida cultural que impuso el kirchnerismo en Argentina. Como sostuviera en uno de sus ensayos Alain Finlielkraut, la “cultura zombie” ha venido a reemplazar el acto intelectual.

Véase que incluso el militante es entendido como un autómata que responde a estímulos de un jefe. No crea, no razona, gracias si empatiza. Hay una necesidad de masificarlo todo de modo que nada sobresalga, nada que escape a lo llano distraiga. De esa forma se unifican las conductas y se manipula con más facilidad a una sociedad.

Desde lo aparentemente cultural impulsan a la rebelión como lo muestran claramente las letras que vociferan las murgas oficiales: una rebelión falsa pues refiere a la impuesta desde Balcarce 50. No deja espacio a interrogantes, acepta solo respuestas. 

El modo de “conquistar” es desacralizando aquello que nos confirma como seres únicos, irrepetibles y desiguales. La cultura fue siempre diferencial. El afán nacionalista apunta muchas veces a ese fin cerrando las opciones a una cultura cosmopolita e imponiendo un “arte” prefabricado, local, vulgar y chato. Se creó una industria del espectáculo donde solo se demanda lo que la autoridad ofrece, y en esa oferta encontramos saciedad. Aspirar a más es una actitud que discrimina.  

La barbarie se ha apoderado tanto de la política como de lo mediático. A la sombra de esa realidad, crece la intolerancia al mismo tiempo que el infantilismo. La mandataria obra como infante imponiendo su voluntad más allá de cualquier norma o pauta social. Y esa es la conducta que pretenden sea imitada. Un pueblo infantil, sin capacidad de raciocinio, sin discernimiento, distraído solo con lo que le dan, es la aspiración kirchnerista de máxima.

La “década ganada” no es la época del burgués sino la del ciudadano-niño. El primero sacrificaba el placer de vivir a la acumulación de riquezas y situaba, según la fórmula de Stefan Zweig, “la apariencia moral por encima del ser humano demostrando una impaciencia equivalente ante las exigencias del orden moral y del pensamiento”. El segundo quiere, ante todo, divertirse, relajarse, escapar a los rigores por vía del ocio, y ésta es la razón por la cual el gobierno se apodera de la industria cultura, la genera o degenera, en verdad.

Se vacían las cabezas para llenar los ojos, y todo es circo, show que iguala y logra transformar al espectador en un “fan”. Una categoría sin otra reglas que las del enceguecido, cerrado a todo lo demás, capaz de morir y matar por una iconografía azarosa y furtiva, por héroes de barro sobre un falso pedestal. “Néstor no se murió , Néstor vive en el pueblo….”, basta un ejemplo.  Así, la cultura del videoclip domina a la conversación y lo razonable: nada se soluciona ya con discursos, con razón, sino con vértigo, música, masas y efecto de shock. 

Los recitales han reemplazado a las palabras a la hora de emprender ciertas causas. Un alimento no perecedero a cambio de rock es la manera de ayudar. Adiós a la cultura del sacrificio y del trabajo. Todo es de una liviandad que asusta, todo es rápido, coyuntural. La cultura, en cambio, siempre es perenne, lo culturoso es lo fugaz, no perdura más allá de un presente que quiere prolongarse incansablemente. 

Por todo esto, en Argentina nada es casual. Ha habido y hay una domesticación de la voluntad individual para sustituirla por una voluntad colectiva. Los modelos y referentes que se nos da tienen esas características: el desparpajo, lo irrespetuoso, lo amoral. La pretensión de igualdad a su vez, se impuso venciendo las diferencias inherentes a los seres humanos. Un pueblo así domesticado aceptará con mayor facilidad a un Aníbal Fernández gobernando que un pueblo ilustrado.

La ignorancia y la vulgaridad son ya políticas de Estado. Las desventuras de Xipolitakis, en este contexto, no son sino el resultado de un proceso que ha pugnado por idiotizar al ciudadano. La vedette es el modelo de ciudadano pretendido por la jefe de Estado: sumido en la frivolidad que no exige, no involucra. Es justamente eso lo que se quiere: un pueblo no involucrado, que acepte desde la mansedumbre, que no diga demasiado. En síntesis, que esté distraído para que el gobierno mientras tanto pueda hacer y deshacer sin sentirse custodiado.

Asimismo, se impone la creencia de que lo serio es aburrido y lo solemne queda descartado. ¿Por qué sino una Presidente puede bailar el Himno Nacional sin siquiera sonrojarse? Todo sirve al show, aún lo que alguna vez fue sagrado. Las fechas patrias se convirtieron en fines de semana largos, los actos en los colegios se reemplazaron por feriados. El despojo es total: somos un árbol sin raíces y consecuentemente, sin posibilidad de ramificar. 

Entretenidos, olvidamos las responsabilidades, dejamos que todo lo resuelvan los demás. Lástima que “los demás” son precisamente, los que gobiernan, es decir los kirchneristas: los propulsores de la bajeza y la falta de ética.

El gobierno ya no determina apenas un modelo económico, más o menos ortodoxo para administrarnos, sino que irrumpe estableciendo el modo de vida que debemos llevar, los gustos que debemos saciar... Imponen de alguna manera, a Xipolitakis y su escandaloso actuar como parámetro, y dejan apenas tres opciones al ciudadano: la de ser un zombie, la de ser un frívolo o un fanático.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

La guerra contra el dinero en efectivo

Por Iván Carrino. Publicado el 16/6/15 en: https://igdigital.com/2015/06/la-guerra-contra-el-dinero-en-efectivo/

 

Los gobiernos de todo el mundo están librando la guerra contra el uso del dinero en efectivo. Sin embargo, sus motivos no son más que excusas para aumentar la recaudación y el control sobre sus propios ciudadanos.

Hoy es mi primer día en la oficina de Buenos Aires después de haber asistido a una reunión de trabajo en las afueras de París. Desde allí, terminamos de pulir los últimos detalles del nuevo servicio de análisis económico de Inversor Global: El Diario del Lunes, a cargo de quien escribe estas líneas, y el cual te invito a conocer haciendo clic en el link.

Pero dejame contarte algunas cosas que me quedaron marcadas del viaje a Francia. Las diferencias entre Francia y Argentina son notables. A contramano de lo que opinan la presidenta o Aníbal Fernández, los países europeos tienen un nivel de vida envidiable. La pobreza, tal como la conocemos en nuestro país, no existe. Claro que hay gente que tiene ingresos bajos en comparación con la media, pero con ese ingreso tienen acceso a una calidad de vida con la que muchos aquí apenas pueden soñar. Una situación lamentable, especialmente cuando hubo una época en que eran los europeos los que venían a nuestras costas en busca de un destino mejor.

Sin embargo, a pesar de las diferencias, hay algo en lo que Argentina y Francia se parecen. Ambos gobiernos le declararon la guerra al dinero en efectivo.

Recientemente, el presidente del Banco Central de la República Argentina, Alejandro Vanoli, afirmó que en su institución trabajan para “reducir el uso del dinero físico”. Esta política bien podría provenir del Ministerio de Economía de Francia, que en septiembre reducirá el tope máximo legal de pago en efectivo desde los EUR 3.000 de hoy hasta solo EUR 1.000. No contentos con esto, si cualquier cliente bancario decide retirar más de EUR 10.000 de su cuenta, entonces el banco deberá reportar la transacción a la TRACFIN, la autoridad de lavado de dinero francesa, análoga de nuestra UIF (Unidad de Información Financiera).

Los supuestos beneficios de eliminar el uso de dinero en efectivo son la lucha contra el crimen, el terrorismo y el narcotráfico, ya que estos “negocios” son intensivos en el uso de cash.

Sin embargo, los motivos reales son otros. En primer lugar, lo que buscanlos gobiernos es aumentar la recaudación. Con una economía totalmente bancarizada, la evasión de impuestos es mucho más difícil, mientras que el control centralizado es mucho más fácil. De conseguir el objetivo, los gobiernos podrán seguir con sus políticas de gasto público sin control, ya que podrán subir los impuestos sin el riesgo de incrementar la evasión.

Otro de los motivos es que una bancarización total de la economía facilitaría las políticas de “estímulo al consumo” de los bancos centrales, ya que estos podrían imponer penas al atesoramiento (en la forma de tasas de interés negativas), sin arriesgarse a generar una fuga de depósitos. Sería el paraíso de los keynesianos, que desprecian el ahorro y adoran el consumo.

El dato llamativo es que en Argentina el motivo fundamental para librar la guerra contra el dinero en efectivo no es ni remotamente cercano a ninguno de los anteriores. En realidad, lo que sucede aquí es que el dinero en efectivo es cada vez más incómodo de usar debido a que el billete de máxima denominación (de ARS 100) pierde poder de compra día a día, por lo que se hace necesario llevar en la billetera cantidades cada vez  mayores. Frente a esto, el pedido de muchos sectores es que se imprima un billete de mayor denominación (digamos, de ARS 500 o ARS 1000), para facilitar las operaciones económicas de los ciudadanos.

Sin embargo, acceder a este pedido implicaría reconocer el nivel de inflación que tiene el país, que se encuentra entre los más elevados del mundo. Pero como el gobierno no quiere hacerlo, opta por sumarse a esta nueva moda mundial. No emitimos billetes mayores, se argumenta, porque queremos que la gente se bancarice.

Lo más interesante de todo es que uno de los principales exponentes del equipo económico de la oposición, el economista Federico Sturzenneger, respalda al Gobierno en esta iniciativa. De hecho, hace poco, en un artículo publicado en La Nación, pidió expresamente, no solo que no se emitieran billetes de ARS 500, sino que se eliminaran todos los billetes, para dificultar las transacciones de la “economía informal”.

Como puede observarse, la guerra contra el efectivo es universal y se nutre de las más diversas justificaciones posibles. Desde la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad hasta el combate contra la economía informal y, por último, el torpe intento de ocultar la inflación.

Pero todas estas justificaciones son absurdas. Si se quiere combatir la inseguridad, el camino no es que no haya efectivo en las calles para robar, sino que la ley se haga cumplir y el gobierno proteja con eficacia y eficiencia los derechos de propiedad de las personas. Por otro lado, si se quiere bajar la informalidad de la economía, debería probarse primero reduciendo las regulaciones leoninas y la presión tributaria récord que tenemos en el país, no complicando aún más la vida diaria de las personas.

La guerra contra el efectivo es una nueva artimaña de los gobiernos para avanzar sobre los espacios de libertad de la ciudadanía. Tal como ya lo anticipó Federico Tessore en su comentada Presentación que realizó ayer, el Gobierno argentino es experto en esta materia y no va a desaprovechar la oportunidad. Así que mantengámonos alerta.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.