FIN ÚLTIMO DEL SER HUMANO, DIOS, FELICIDAD Y EL CAMINO A UN EXISTENCIALISMO CRISTIANO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 28/2/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/02/fin-ultimo-del-ser-humano-dios.html

 

Anexo al cap. 37 del libro III de mi comentario a la Suma Contra Gentiles
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El sentido de este tema, hoy

Pero ¿qué le dice todo esto al hombre actual, tanto creyente como no creyente? ¿Qué sentido tiene decir hoy que la felicidad está en Dios, si Dios está en duda y, además, incluso para el creyente, la felicidad tiene que ver con bienes legítimos —familia, trabajo, amigos, hobbies, recreación, salud física—, cuya carencia ocasiona enormes sufrimientos?

Tal vez tengamos que recordar una vez más ese camino existencialista cristiano que mencionamos antes[1], en uno de los anexos del capítulo13 del libro I[2].

  1. a) Ante todo, al ser humano actual le es muy difícil despertar de la matrix —haciendo una analogía con la famosa película— de la alienación. Vivimos aferrados a la existencia inauténtica (Heidegger): cumplimos, cual bote arrojado a corrientes diversas, los mandatos sociales de nuestra época; como mucho, si no nos va mal, elegimos una carrera (sin saber bien por qué), un cónyuge, trabajamos, sin saber tampoco por qué o para qué, y luego parece que todo quedara librado a la suerte. Si tenemos suerte, tenemos dinero y salud; si no, estamos en problemas. En ambos casos hay un ruido sordo, una pregunta que tortura nuestra mente —igual que en la película—: qué sentido tiene todo, qué sentido tiene la vida, pero mejor no meterse mucho con eso; si mucho, escuchar desde una lejanía respetuosa a filósofos y pensadores que se metan con ello. Y cuando el desamor, la muerte, las enfermedades golpean la puerta de nuestra dormida existencia, nos despertamos en una bruma de depresión y angustia.
  1. b) Todo esto hasta que las situaciones límite (Jaspers) nos golpean y un Morpheus menos simpático que el de la película nos invita a tomar la pastillita roja. La pastilla roja es hacerse la pregunta más eludida por gran parte del pensamiento actual. Es la pregunta metá-fisicá: ¿por qué soy, si puedo no ser?
  1. c) ¿Puedo no ser? Esa es la pregunta. No es una pregunta que surja de la arbitrariedad de la sola voluntad de quien quiera formularla; es una pregunta que surge de la capacidad de darse cuenta de que hemos sido “arrojados al mundo” y no sabemos por qué. La pregunta implica dar un “más allá de” la física y la biología. ¿Por qué hemos nacido, si podríamos no haberlo hecho? La pregunta no se responde desde el big bang o la evolución. ¿Por qué has nacido tú, por qué he nacido yo, cuando todo podría haber sido sin nosotros? La pregunta es precisamente lo que el creyente puede compartir con el no creyente sobre la finitud de la propia existencia. La pregunta no nace de un intelecto sin un recorrido vital, sino de la madurez existencial. La pregunta tiene sentido en sí misma pero quien es aún muy niño —y no precisamente en el sentido evangélico— no la verá y seguirá aferrado a sus juguetes.
  1. d) Una vez que se ve el sentido de la pregunta, viene la que sigue: si puedo no ser, ¿cuál es el sentido de mi vida? No de “la” vida en general, sino de “mi” vida, porque evidencia existencialmente al yo que, aunque intersubjetivo, muestra sin embargo la falsedad existencial y teorética de toda filosofía que niegue el yo. El yo es concomitante con el “mi”. ¿Cuál es el sentido demi vida, si pude no haber sido? ¿Por qué soy?
  1. e) Es precisamente ahí donde la respuesta del creyente tiene sentido para todos: porque la finitud no podría “ser” si no fuera por lo infinito; o sea: Dios. Es una respuesta que puede ser aceptada por un no creyente en la medida que la finitud sea la vía por la cual pueda ver lo no finito.
  1. f) Pero la respuesta lleva a otra pregunta. De acuerdo, no hemos sido arrojados al mundo, como si este “arrojamiento” implicara una imposibilidad de respuesta, sino que hemos sido creados por Dios. Pero nuestro ser personal implica el yo, la pregunta por el sentido propio de “mi” vida. Toda vida tiene sentido, porque ha sido creada por Dios, pero la persona tiene un sentido personal. Cada uno hemos sido creados “yo”.
  1. g) Entonces, para encontrar el sentido de nuestra vida, hay que ir a lo más esencial de ese “yo”. Hay que preguntarse quiénes somos. Eso es la vocación. La vocación no es una carrera, una elección: es descubir quiénes somos; no es cuestión de elegirlo, sino de descubrirlo. El libre albedrío que sigue es ser fiel o no a ese descubrimiento de esa esencia individual originaria.
  1. h) La vocación no es tampoco un “hacer”: es “ser” quienes somos. El hacer tiene sentido cuando es el despliegue del ser personal. Si no, es actuar a lo loco, sin sentido, volviendo a la alienación, a la existencia inauténtica.
  1. i) Cuando se encuentra la más profunda verdad, la verdad sobre uno mismo, la vida entera se convierte en el despliegue de esa verdad y la voluntad quiere un bien: ser fiel a esa verdad. Como consecuencia, el descubrimiento de esa vocación y serle fiel implica el despliegue de la inteligencia y de la voluntad, no solo en la línea de la esencia humana, sino también en la línea de nuestra esencia individual.
  1. j) Ese despliegue implica por tanto el proyecto personal. Ahí los diversos “emprendimientos”, las diversas actividades de la vida, no son ya escapismos al sinsentido de misma, sino, al contrario, un resultado natural de su sentido.
  1. k) Esos proyectos son verdaderas participaciones en el bien total. Son cosas buenas, pero no cualquier cosa: son despliegues que nos plenifican, y verdaderas participaciones en el bien total (Dios).
  1. l) Por tanto, la relación de todo esto con Santo Tomás es que verdaderamente la plenitud de nuestra existencia implica llegar a Dios, y el despliegue de nuestros proyectos personales no es Dios, pero sí verdaderas participaciones en Dios, en la medida que respondan a nuestra esencia individual. Si del despliegue de esos proyectos resultaran honores, fama o recursos dinerarios, la virtud de la templanza es necesaria para estar desprendido de todo ello, sabiendo que todo ello es vacío si viene sin el despliegue de la vocación personal. La felicidad consiste, por consiguiente, en llegar a Dios a través del despliegue de nuestra vocación personal.
  1. m) Pero hay otro desprendimiento que es necesario, donde se puede introducir en toda vocación (la laical incluida) la espiritualidad carmelita de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Santa Teresita o Edith Stein. Significa ponerlo todo en la providencia divina, para de desprendernos incluso de nuestros emprendimientos. No quiere decir esto abandonarlos, sino seguir ejecutándolos desprendidos de ellos mismos y más aún de un anhelado “éxito”, porque su florecimiento queda en manos de Dios. Podemos “querer” así que nuestros proyectos se realicen, agregando “mas no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esto es indispensable para la felicidad personal. Al poner todo en Dios, nuestra voluntad se identifica con la suya.
  1. n) Pero falta un aspecto esencial. No podemos encontrar nuestro propio bien, si nos miramos a nosotros mismos. De igual modo que un profesor, cuando da clase, se concentra en sus alumnos, y solo así la clase sale bien, el ser humano debe poner la mirada en el otro, para solo así desplegar su propio bien. Hay que mirar al otro en tanto otro: ello significa amar al otro buscando su bien más allá de cualquier cálculo de beneficio que ello nos pueda reportar. Esto solo se advierte en la experiencia vital de la misericordia, que siempre tiene la gracia de Dios como ayuda, sea que la experiencia de ser el buen samaritano la tenga un creyente o un no creyente que no sabe que Dios está en él. Por lo mismo todo proyecto personal debe ser intersubjetivo: implica descubrir de qué modo personal encuentro mi plenitud en el encuentro con el otro. Solo allí, en el encuentro con esa mirada al otro —sea el otro el cónyuge, el amigo, el paciente, el alumno o el cliente— puedo encontrar lo que significa amar a Dios por Dios mismo, sin buscar directamente “la actualización de nuestras potencias”. Y eso solo se logra cuando por gracia de Dios nos enamoramos de Cristo en la Cruz, que por pura misericordia está muriendo por nosotros. Es ahí, solo ahí, en esa participación en la cruz de Cristo, donde se encuentra el sentido a todo sufrimiento que podamos tener.
  1. o) Finalmente, toda la psicoterapia profunda, sobre todo Freud y Frankl, debe ser un ejercicio permanente de autoreflexión sobre sí mismo, porque, después del pecado original, vivimos cubiertos por toneladas de conflictos, resultado de neurosis no asumidas, sino negadas permanentemente por racionalizaciones y escapismos. Así no podemos llegar “normalmente” nunca al descubrimiento del “sí mismo” y de la vocación personal, excepto que la gracia de Dios opere secretamente un milagro que queda sabiamente oculto ante los ojos de los demás. La psicoterapia profunda forma parte, por tanto, de la autoeducación permanente en la indispensable tarea del descubrimiento de sí para salir de la matrix de la alienación. Que Freud no haya visto las implicaciones espirituales de sus propuestas no las invalida en sí mismas.
  1. p) La felicidad, está en Dios, en un enamoramiento de Dios que permite emprender, estando desprendido; que permite ver al otro en tanto otro, que permite amar el misterio de Dios en tanto Dios, asumir el misterio de la providencia de Dios, con sus dones, pruebas, sufrimientos y bromas. Así es que, en el siglo XXI y en cualquier siglo,Santo Tomás tiene razón: la felicidad está en Dios, vive en Dios, es Dios.

 

 

[1] Ver al respecto Welte, B.: Ateísmo y religión, en Teología, Tomo VI/1, nro. 12, 1968; Mandrioni, H.: La vocación del hombre; Guadalupe, Buenos Aires, 1976; Stein, E.: Ser finito y eterno, op. cit., cap. 1.

[2] “… Por eso la “existencia” de Dios aparece como un planteo prescindible de la vida. Cuando se le plantean al hombre actual las pruebas de la “existencia” de Dios, hay que tener en cuenta ciertas transformaciones importantes. Primero, el término existencia es entendido como un sujeto cuya existencia transforma a una clase vacía en una clase no vacía, y ya dijimos que ello no tiene nada que ver con Dios. Segundo, el hombre actual ha absorbido a Kant sin darse cuenta: la metafísica es reducida a una fe sin sustento racional. Tercero, el término “prueba” remite a una prueba científica en los términos que el positivismo la planteó, esto es, como el test de una hipótesis, que ya sabemos, desde Popper et alia, que no “prueba” nada, pero ello el hombre actual también lo ignora. Cuarto, y lo más importante: ¿qué importancia tiene para la vida de cada persona la existencia de Dios?

Antes de “definir” existencia (donde comienzan todos los problemas) hay que reflexionar sobre lo que llamamos compromiso existencial, que pasa por una experiencia vital que pasa a su vez por un acto radical de amor al otro en tanto otro. Para una madre, ¿importa que su hijo exista? Antes de dar una respuesta in abstracto, la madre contesta que sí, que le importa que su hijo exista. Ello, a su vez, cuando ama a su hijo como las verdaderas madres aman a sus hijos. Esto es, con un compromiso existencial por el cual la existencia del otro demanda de uno mismo un compromiso ético, esto es, actos de sacrificio y misericordia por el otro que estamos dispuestos a realizar. Ese conocimiento por connaturaleza, del amor al otro en tanto otro, que se da en actitud natural, es una condición para una reflexión teórica sobre el significado de la existencia a la cual estamos unidos previamente por el afecto.

Siguiendo esta misma línea de experiencia vital, la existencia que importa surge por la experiencia de la muerte (situación límite). Importa la existencia cuya muerte duele por el compromiso existencial que tenemos para con esa existencia. La muerte del otro conduce siempre a una pregunta que trasciende la biología y la física actual: ¿por qué? ¿Por qué tenía que morir?

Esto comienza a resolver uno de los problemas que está más presente en nuestros planteos. Desde el principio hemos dicho que no se puede negar el horizonte de creación desde el cual el cristiano ve el mundo, y a la vida y a la muerte. Por eso habíamos dicho “… Por supuesto, tenemos que ver aún de qué modo no es una petición de principio partir de que ´… el ente participado tiene una diferencia entre quod est y est´ cuando ello presupone a Dios creador que se quiere demostrar; ya dijimos que hay un círculo hermenéutico entre razón y fe pero aún debemos profundizar en cómo mostrar mediante una analogía esa participación ontológica a quien no afirme a Dios creador”. Llega el momento de establecer esa analogía.

La analogía que el cristiano filósofo (o sea, el cristiano que da razón de su fe) puede hacer es la siguiente. Primero, tenemos que plantear el tema solo como una respuesta a una pregunta que surja de los pasos anteriores del compromiso existencial y el surgimiento de la muerte como problema. Eso es, la persona que se plantea la pregunta por Dios, lo que sea ha planteado es el tema del sentido de la existencia, una vez que por una situación límite la muerte lo ha sacudido como algo que le muestra que la propia existencia está atravesada por una pregunta que ni la biología ni la física pueden contestar: ¿por qué “soy”? Aquí está la principal analogía con el ser creado. El ser creado podría no haber sido creado. Pero a aquel que no acepte ello como premisa, puede haber experimentado que su propio ser está afectado radicalmente por la muerte, una muerte que se plantea como “¿qué sentido tiene nuestra vida ante la muerte”? Por supuesto, es una analogía que tiene su límite, sobre todo en aquel que está convencido de que su existencia actual es fruto de la transformación de una existencia anterior. Pero aquel que ve su radical “poder no haber nacido” como un radical “poder no haber sido” está preparado para ver una radical finitud de su existencia como una analogía con el ser creado de la cual parte el cristiano. Esto es: cristiano y quien duda de Dios creador tienen una analogía en común: los dos saben que podrían no haber sido. Lo que ocurre es que el primero conoce la causa de su ser y el otro no. Por supuesto, reiteramos que todo esto presupone haber pasado de una existencia inauténtica, donde se vive en la no conciencia de la finitud de la propia existencia, a una existencia auténtica donde surge la pregunta por el sentido de la propia vida una vez que la persona ha madurado lo suficiente desde un punto de vista moral.

Los puntos anteriores implican la elaboración de un existencialismo cristiano abierto a la razón, en diálogo razón-fe, reasumiendo la tradición agustinista de la vida interior y asumiendo un punto de la modernidad del cual no hay vuelta atrás: el paso por el sujeto y lo inter-subjetivo.

Una vez lograda esta analogía, Dios vuelve a tener importancia porque es la respuesta a una pregunta que tiene sentido: ¿qué sentido tiene la propia existencia? Y en ese sentido, sin petición de principio, se puede re-elaborar existencialmente el punto de partida de la prueba: “el ente participado tiene una diferencia entre quod est yest”. Esto es, el que duda de la creación y de Dios creador (no el que no está en un horizonte judeocristiano) puede estar convencido, sin embargo, de que no necesariamente existe y del sentido por la pregunta por el sentido (existencia auténtica) y esa radical finitud existencial, más esa moralidad de esa existencia finita, lo re-ubica en el punto de partida de la prueba de Santo Tomás.

Esta prueba, como vimos, ha sido re-ubicada en las instancias de la vida interior. No es una táctica sino un auténtico progreso de la armonía razón-fe, donde el otro en tanto otro tiene una mayor radicalidad ontológica que cualquier cosa no personal.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

“No se comprende cómo hay argentinos que siguen votando por el peronismo”

Entrevista a Mario Vargas Llosa, realizada por Andres Oppenheimer. Publicada el 9/1/15 en http://www.infobae.com/2015/01/09/1620046-vargas-llosa-no-se-comprende-como-hay-argentinos-que-siguen-votando-el-peronismo

 

El consagrado escritor peruano Mario Vargas Llosa fue el orador central del evento que organizó este viernes el Bank Julius Baer en el hotel Conrad de Punta del Este, al que asistió Infobae. Entrevistado por el periodista Andres Oppenheimer, el premio Nobel de Literatura ofreció un minucioso análisis de la realidad política latinoamericana y también dio su punto de vista del ataque terrorista en París que conmueve el mundo.

“Tengo una gran admiración por Argentina -confesó-. Siempre recuerdo, y me gusta recordarles a quienes ya lo han olvidado, que fue un país del primer mundo cuando tres cuartas partes de Europa eran del subdesarrollo”.

El intelectual indicó que el país a comienzos del siglo XX la Argentina “tenía un sistema educativo que fue el mejor del mundo” y fue el primer país que acabó con el analfabetismo.

“Argentina fue un extraordinario país, con una cultura asombrosa. Fue la nación más ilustrada de América Latina”, insistió. Y entonces se preguntó: “¿Cómo es posible que un país con esa tradición viva la catástrofe política y económica que es hoy día?“. De inmediato dio con la respuesta: “Por razones puramente políticas, no son razones económicas, nadie ha invadido Argentina”.

Vargas Llosa fue claro en identificar lo que a su juicio torció el destino del país: “La razón del fracaso, de la catástrofe Argentina, tiene un nombre: es el peronismo. No hay ninguna duda, es el peronismo“.

Fue entonces que reflexionó: “No se comprende cómo existen argentinos que sigan votando” por el peronismo. “¿Cómo es posible esa perseverancia en el error? No se entiende”, ahondó.

Reconoció luego su “esperanza” en que las elecciones presidenciales de octubre resulten en un “cambio” y que ” el peronismo sufra la derrota que merece”. Y no ocultó su favoritismo por uno de los candidatos: el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. “Queridos amigos argentinos, no se equivoquen una vez más: ¡voten por Macri! Voten por Macri. Yo estoy dispuesto a hacer campaña por Macri”.

Durante la entrevista, el escritor y ensayista fue consultado acerca de si la caída del precio del petróleo derivará en el fin del ciclo del gobierno bolivariano en Venezuela. El panorama que dio sobre la realidad que enfrenta ese país fue por demás sombrío. “Hace 10 años el chavismo era una alternativa, que presentaba la utopía del igualitarismo y el estatismo que podía seducir a las mayorías. Hoy ese peligro está totalmente descartado. Venezuela es una catástrofe, un colapso económico con el segundo índice de criminalidad más alto del mundo”. Y aseveró que “Venezuela se ha empobrecido con el chavismo”.

De todos modos, evaluó que esa fuerza está cada vez más debilitada. “El apoyo popular al chavismo es minoritario. (Nicolás) Maduro solo puede ganar las elecciones con un fraude descomunal, crímenes, injusticia, encerrando a los opositores, destrozando la libertad de prensa“, afirmó.

“A esta altura, la mayoría de los venezolanos sabe que el chavismo ha sido una mentira y una catástrofe. Una dictadura que ha fracasado estrepitosamente. Así como cayó el muro de Berlín, la dictadura de Maduro va a caer, ojalá que caiga pacíficamente; si no, va a caer por las malas. No porque lo impulsen los designios imperialistas de los EEUU, sino por la angustia, la insatisfacción, la indignación de la gente en Venezuela”, dijo. Y observó: “Es una vergüenza que gobiernos democráticos no denuncien la dictadura, o peor, que se manifiesten solidarios con Maduro en lugar de con los verdaderos demócratas venezolanos. Maduro es un dictador corrupto y asesino”.

En otro tramo de la charla surgió de manera inexorable la noticia que acapara la atención de la comunidad internacional en las últimas horas: el brutal atentado terrorista contra la revista Charlie Hebdo, en París. Al respecto, dijo: “Occidente debe tener la clara conciencia de que hay una guerra que enfrentar; sin vacilaciones, sin complejo de inferioridad, porque está en peligro la esencia misma de la cultura de la libertad“.

Vargas Llosa vaticinó que “el terrorismo islámico es tan anacrónico que no va a alcanzar una victoria nunca” y remarcó que las principales víctimas de sus atrocidades no son los judíos ni los cristianos sino los propios musulmanes. “Por eso hay que mantener la cabeza fría, no todos los musulmanes son culpables. Debemos actuar con justicia”, acotó.

Por último, evaluó que “quienes defienden la democracia no deben caer en la complacencia ni en una actitud pasiva”. Y exhortó a “atacar a los multimillonarios que financian el terror”.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

DEL PERVERSO POLIMORFO AL PERVERSO POLIBULLYING

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/5/14 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/05/del-perverso-polimorfo-al-perverso.html

 

Se ha olvidado, hoy en día, que Freud caracterizó al bebé como un perverso polimorfo. Es uno de los conceptos claves de su psicoanálisis, tapado luego por la apropiación frankfurtiana-marxista de Freud, por las permanentes acusaciones de pansexualismo, por el desprecio de las neurociencias, por el rechazo, en última instancia, a un diagnóstico psicológico-cultural que puso el dedo en una llaga crucial de la existencia humana.

 

El asunto es que el bebé es, efectivamente, un perverso polimorfo. Todas las conductas que en la vida adulta llamaríamos perversas, el bebé las tiene como un conjunto de pulsiones indiferenciadas, resumidas, si se quiere, en la pulsión de vida y de muerte, invisibles y casi inofensivas, en sus miradas, gestos, sonrisas y llantos, que nos derriten a los adultos.

 

¿Qué ocurre entonces? Que el rol paterno es el rol que mediante sus “no” incorpora, a este tierno perverso, las normas básicas familiares y sociales (si hay alguna diferencia) que luego como adulto le producen ese “malestar de la cultura”, otro de los diagnósticos más desafiantes de Freud. Esos “no” son incorporados desde la más tierna infancia en el pre-consciente mediante una “represión” que nada tiene que ver con el control que luego el adulto tiene que ejercer sobre sus pulsiones conscientes. Es la canalización de las pulsiones originarias hacia conductas adaptadas y socializadas, que tienen el precio, obviamente, de neurosis diversas –histeroides, fóbicas, angustia, ansiedad- cuyos síntomas derivan en conflictos que luego deben ser psicoanalíticamente tratados según su intensidad. O sea que la visión de Freud como alguien que habría propuesto la liberación de las pulsiones originarias como “solución”, no podría ser más falsa; equivale de decir que santo Tomás era ateo o que Mises era marxista (bueno, sé que hay algunos que lo dirán). Sin la incorporación de los “no”, en el preconsciente durante la primera infancia (que luego evolucionan hacia el super-yo y el principio de realidad) el sujeto se convierte precisamente, en la vida adulta, en un psicótico o un perverso. El adulto normal que no lo es, no lo es y está muy bien que no lo sea, con el inevitable precio, desde luego, de ser el neurótico woodyallinesco, en diversos grados, y el psicoanálisis es precisamente el modo de minimizar el sufrimiento de las neurosis.

 

Por lo tanto, la ausencia del rol paterno, la caída del rol paterno por las crisis sociales que ponen en tela de juicio todo tipo de autoridad, la paradójica presencia de padres ausentes, ya sea físicamente, y-o porque son casi adolescentes que no pueden y no se atreven a ser adultos frente a sus hijos, y la disgregación de lazos familiares elementales, conducen a la producción en masa de perversos y psicóticos en la vida adulta, cuyo proceso patológico es ya casi irreversible. Expresan sus pulsiones de vida y de muerte de manera socialmente inadaptable y pueden cometer los crímenes más horribles con la misma ausencia de culpa que un adorable bebito de dos meses tira su bracito ante su hermanita más grande o, al contrario, la abraza. Claro, 20 años más tarde, si no hubo rol paterno, ello se convierte en asesinato o incesto.

 

Ciertos tipos de violencia a la cual estamos asistiendo tienen que ver con todo esto. Que una adolecente sea asesinada cruelmente por sus pares, a golpes, “porque se hacía la linda” o cosas por el estilo, puede tener muchos orígenes, pero hay que tener en cuenta el diagnóstico de Freud, del Freud auténtico, luego destrozado por los que lo utilizaron para todo lo contrario. Freud era un médico, un neurólogo, tierna e ingenuamente positivista y muy conservador. Atento a los aspectos más oscuros de la naturaleza humana, logró darse cuenta del poder de nuestras pulsiones originarias, y cómo andamos por la vida arrastrándolas en el inconsciente reprimido y transformadas en neurosis de diversa intensidad. El psicoanálisis fue siempre un modo de hacer consciente el origen de esos conflictos y por ende de dar al paciente una mayor auto-conciencia de su interior de tal modo de encontrar una canalización positiva a esos conflictos. El psicoanálisis, lejos de ser la absurda liberalización que muchos suponen, es la re-incorporación del rol paterno perdido o desdibujado, pérdida que produjo que el adorable bebito perverso polimorfo se convirtiera en una bomba de tiempo.

 

Por lo tanto, las formas de violencia que más nos horrorizan y sorprenden tienen su causa, entre otras, en la caída del rol paterno. Rol paterno que no tiene por qué ser autoritario: puede ser y debe ser dialogante, pero “tiene que” ser. El niño y el adolescente captan perfectamente la presencia del adulto firme, que no grita, cuya sola presencia impone los valores que vive. El niño y el adolescente captan perfectamente que ese adulto, si es tal, no va a gritar, no va a levantar la mano, pero no va a ceder, va a decir, de una u otra manera, “no”. No son necesarias muchas palabras. Pero si el supuestamente adulto es otro niño, inmaduro y caprichoso, que para colmo grita, pega y llora como otro bebé, lo que saldrá de allí es algo terrible: será el conjunto de noticias que hoy nos llenan de perplejidad y de horror.

 

 

Por qué la caída del rol paterno, daría para más. Por ahora, sería bueno que quienes se decidan a ser padres –si es que lo deciden, porque muchas veces no- se preguntaran si pueden serlo.

 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.